120 años del estreno de Zazà de Leoncavallo (10-11-2020)

Hoy día, el nombre de Ruggero Leoncavallo nos suena exclusivamente por la que siempre ha sido considerada su obra maestra, la célebre “Pagliacci“. Pero Leoncavallo fue autor de unas 10 óperas, la mayoría completamente desconocidas en la actualidad. Por ello, coincidiendo con el 120 aniversario de su estreno, vamos a recordar una de sus mejores obras, la bellísima “Zazà”. 

Es bien sabido que Leoncavallo, que se solía inspirar en momentos de su vida para sus obras, pasó varios años de su juventud en París, donde sobrevivió como pianista en cabarets y cafés. Ya en “La Bohème” había plasmado esos recuerdos suyos, pero cuando en 1898 se estrena la obra teatral “Zazà” de Pierre Berton y Charles Simon, encuentra la obra perfecta para transmitir esos ambientes y esas músicas que tan bien había conocido. Como acostumbraba, escrigió el mismo el libreto, y consiguió finalmente estrenar la ópera (su 5ª ópera) el 10 de noviembre de 1900 en el Teatro Lirico de Milán, dirigida por Arturo Toscanini y con Rosina Storchio como protagonista. La obra tuvo un considerable éxito durante unos años, pero no tardó en caer del repertorio, siendo a día de hoy casi imposible de ver, por desgracia. 

Comenzamos ya a repasar el argumento de la ópera, dejando antes un enlace al libreto

La obra comienza con un breve preludio instrumental que escuchamos dirigido por Maurizio Berini.

Comenzamos el primer acto. Estamos en la ciudad francesa de Saint-Etiènne, cerca de Lyon, en los últimos años del siglo XIX. La acción del priemr acto se desarrolla en el Café Alcazar, del que vemos el escenario y, detrás, el camerino de la cantante Zazà. Escuchamos el piano y las canciones de cabaret que canta desde el escenario Floriana, mientras unos clientes piden sus consumiciones. Terminada la canción; Floriana se reúne con ellos mientras los payasos ocupan su lugar en el escenario. Comentan que se estrena una nueva revista que debe protagonizar Zazà, por lo que Floriana desea que no tenga éxito:

Floriana expone sus celos del estrellato de Zazà cuando esta aparece acompañada del cantante Cascart, quien la descubrio: 

Zazà saluda y pregunta si han llegado Bussy, el autor de la revista, y su amigo Dufresne, y se muestra decepcionada al enterarse que no han llegado aún, por lo que se retira a su camerino para prepararse, aunque el propietario del café, Duclou, le dice que no hay prisa:

Cascart y Zazà conversan entonces sobre sus posibles proyectos, ya que tienen una oferta de Marsella, oferta económicamente rentable. Cascart afirma que no quiere dejar a Zazà. Recuerdan cuando ella cantaba en las tabernas, ganando poco, y lo poco que ganaban se lo quedaba su madre. Escuchamos la escena con Ermonela Jaho y Stephen Gaertner:

Ante la acusación de Cascart, Zazà defiende a su madre, recordando que su padre las abandonó cuando ella era pequeña, y le da pena lo que sufrió, rechazada por todos. Escuchamos su aria “Lo sai tu che vuol dire” cantada por Ermonela Jaho:

Ambos se retira. Aparece Anaide, madre de Zazà, quejándose como siempre, y recordándole a Augusto sus épocas de cantante. Anaide entra en el camerino de su hija, queriendo hablar a solas con ella sin que esté Cascart, por lo que vemos que hay una rivalidad entre ambos, pero Zazà se fía más de él. Anaide se hace la insultada para pedirle dinero a su hija, y tras conseguir convencerla se va porque llega el turno de Zazà de salir al escenario:

Llega entonces Bussy, autor de la revista que interpreta Zazà, Ella se muestra decepcionada al ver que llega solo, y al enterarse que Dufresne se ha quedado con Floriana finge no importarle, hasta que ambos se retan para ver si ella es capaz de seducirlo:

llega Cascart con Michelin y Courtois, y van todos a vever cuando Cascart ve a Dufresne con Floriana y les invita a unirse:

Floriana se niega a entrar, y tras una sucesión de insultos con Zazà ambas comienzan a pelear. No consiguen ser detenidas hasta que se avisa que llega el momento de que ella y Cascart salgan al escenario:

Bussy y Dufresne se quedan en el camerino mientras los demás van al auditorio a aplaudir a Zazà. Bussy le pregunta a su amigo qué opinión tiene de Zazà, y éste le dice que es peligrosa, porque le seduciría sin problemas, pero en su situación no puede tener una situación así, así que prefiere rehuirla:

Dufresne cuenta que es imposible no caer embrujado ante Zazà, ya que ella vencerá siempre, por lo que es mejor alejarse. Escuchamos su aria “È un riso gentil” cantada por Roberto Alagna:

Pensando en su apuesta con Zazà, que ya ve ganada, Bussy le cuenta a Dufresne que ella suspira por él. En ese momento se escuchan los aplausos del público:

El público pedía que Zazà y Cascart cantaran la canción “Il bacio”, que es lo que escuchamos a continuación:

Ante el éxito de la actuación, se propone ensayar la revista que preparan, pero Bussy dice no poder ensayar con Zazà, y propone que su puesto lo tome Dufresne, quien acepta, mientras ella se prepara para conquistarlo:

Zazà comienza su juego de seducción al quedarse a solas con Dufresne; le oregunta por Floriana, y cuando éste le dice que no tiene un ideal concreto, ella le contesta que busca un amor entero para ella. Dufresne insiste en ensayar, pero ella quiere cambiarse de ropa; llama pidiendo ayuda a su doncella, pero es una trampa, ya que le ha pedido que se vaya, así que le pide ayuda a él para quitarse el corsé. Prosigue su intento de seducción, pero la fría respuesta de él la incomoda, y entonces un asistente del teatro toca la campana (Dufresne salvado por la campana… de momento), y ella jura vengarse por su indiferencia. Escuchamos el dúo con Clara Petrella y Giuseppe Campora:

Regresan todos, listos para la revista. En ese momento Dufresne cambia de opinión y besa en el cuello a Zazà, quien responde encantada y se entretiene, no saliendo a escena cuando le corresponde y exigiendo hacerlo cuando le apetezca. Escuchamos así el final del primer acto:

Comenzamos el segundo acto. Estamos en la sala de estar de la casa de Zazà. Milio (nombre de pila de Dufresne) se prepara para un largo viaje de cuatro meses a América, al que no puede llevar a Zazà por no tener los medios económicos para ello:

Zazà lamenta lo que sufre cuando Milio se va a París, y ahora, cuatro meses sin él, preguntándose si al volver seguirá amándola, son demasiado: 

Milio le dice que no hay elección, que ya lleva tres meses postergando el viaje, pero al final la insistencia de ella le hace pensar en volver a retrasar el viaje. Pero debe partir a París de inmediato:

Ambos se preparan para salir. Milio va a pasar por el hotel para recoger su equipaje y ella irá a despedirlo a la estación, quejándose de que los dos días que durará su viaje son demasiado:

En cuanto Milio se va, Zazà se asoma a la ventana para verlo alejarse. En sus palabras, que idealizan a Milio, vemos cuanto lo ama. Escuchamos el monólogo de Zazà, con esa melodía tan melancólica al final, cantado por Ermonela Jaho:

Mientras Zazà se prepara para salir de inmediato, suena la campaña que anuncia una visita: es Anaide, su madre, pero ela se va corriendo diciéndole que volverá:

Anaide muestra su descontento con el cambio en Zazà, que ya no da fiestas ni recibe a nadie, ni siquiera a Cascart, por lo que prefiere que Milio no regrese. Ahora incluso echa de menos a Cascart, al que antes odiaba:

En ese momento llega Cascart, que quiere hablar con Zazà. Al ver que no está pretende esperarla en silencio, pero Anaide le obliga a hablar. Muestra su enfado con el nuevo amor de Zazà, y Cascart le dice que sabe algo sobre Milio:

Llega Zazà y se sorprende de encontrar juntos a su madre y a Cascart. Anaide prefiere irse para que Cascart pueda hablar con ella:

Cascart le habla de las ofertas laborales: ir a Marsella o volver al Alcázar. Ella rechaza ambas, la segunda por tener demasiados conocidos alrededor, por lo que Cascart se da cuenta de que es cosa de Milio:

Cascart intenta hacerla recapacitar, recordándole que es el viejo amigo que la sacó de la miseria, y no puede impedir que un capricho eche a perder su arte. Escuchamos el aria de Cascart “Buona Zazà” cantada por Tito Gobbi:

Zazà desea que su vida junto a Milio perdure, pero Cascart cree que eso la arruinaría, incluso si se casaran. Le dice que todo puede cambiar, puede amar a otro, y entonces ella rechaza haber amado a Cascart en el pasao:

Ella confiesa que la extraña relación que tenía con él no era amor, a diferencia de lo que tiene ahora. Él le pide que despierte, o que si no será peor si Milio la sustituye por otra. Ella lo cree imposible, pero Cascart le dice que en París sorprendió a Milio con una mujer, que deducen que es su amante. Sorprendida, Zazà decide partir de inmediato a París para descubrir lo que sucede. Escuchamos el final del segundo acto:

Comenzamos el tercer acto. Estamos ahora en París, en casa de Milio. Él está abatido, sabiendo que, cuando al día siguiente regrese a Saint-Étienne, será para despedirse para siempre de su amada Zazà, ya que su bella historia de amor tiene que terminar. Escuchamos el aria de Milio “O mio piccolo tavolo” cantada por José Carreras:

Aparece entonces la señora Dufresne (porque lo que tiene Milio en París no es una amante, es una esposa), que se dispone a salir con Milio, mientras da instrucciones al mayordomo sobre la dama a la que espera, una tal Dunoyer. Mientras el mayordomo fuma un cigarro de su señor y lee las noticias, escuchamos la canción de las lavanderas en el Sena:

Llaman a la puerta. Al ver a una mujer, Marco, el mayordomo, deduce que es la señora Dunoyer, cuando en realidad es Zazà. Él le dice que la señora ha salido un momento para ir a la estación a despedir a su marido que parte para Lyon. Cuando el mayordomo las deja solas (a Zazà y a su criada Natalia) ambas observan la casa:

Mientras observa la casa, Zazà ve que es mucho más elegante que la suya, y se da cuenta de que Milio tiene un amor en París, no un capricho, lo que la hace enloquecer:

Tras planteaser interrogar al mayordomo para saber quién es la mujer, ve una carta y se da cuenta de que la mujer en realidad es la esposa de Milio. Zazà decide quedarse, pensando que Milio está cansado de esa relación y que dejará a su esposa para irse con ella:

Pero en ese momento llega una niña a la habitación: es Totò, la hija de Milio. La conversación que tiene con la niña le hace recordar su triste pasado, con su madre trabajando cuando ella era niña y su padre que las abandonó. Mientras Totò toca un Ave Maria al piano, ella reflexiona sobre el futuro que le espera a la niña si su padre la abandona. Así, cuando vuelve la señora Dufresne, se disculpa por el error de haberse equivocado de puerta y se va, para sorpresa de la señora. Escuchamos el final del tercer acto cantado por Renée Fleming:

Comenzamos el cuarto y último acto de Zazà. Regresamos a Saint-Ètienne, a la sala de estar de la protagonista. Anaide y Malardot esperan a Zazà. Malardot se queja porque todos esperan verla cantar y él se está quedando sin beneficios:

En ese momento llega Zazà, siendo recibida por su madre. Natalia le informa a Cascart, que también llega en ese momento, lo que ha sucedido en París. Zazà no quiere contarle en ese momento a su madre lo que ha pasado, porque está destrozada. Se enfada entonces al ver a Malardot, y le dice que no le queda otra que cantar esa noche, y entonces le echa a él y también a su madre. Natalia le pide a Cascart que intente consolarla; el piensa que no tiene sentido porque ella no le va a escuchar, pero Zazà le escucha y le pide su consejo:

Cascart entonces le dice que su dolor no ha terminado, ya que la decepción por descubrir que Milio está casado es muy grande. Escuchamos el aria “Zazà, piccola zingara”, el momento más famoso de toda la ópera, cantada por Robert Merrill: 

Cascart le convence de que tiene que dejarlo, pero no le parece buena idea que lo deje en persona, ya que podría perderse. Pero en ese momento Natalia informa que Milio está llegando. Cascart se va avisándole de que se arrepentirá:

Entra Milio y Zazà lo abraza con locura, por lo que él se da cuenta de que algo pasa. Ella le dice que ha soñado que lo perdía. Disimulando como puede, hace que se sienten a la mesa para comer:

Zazà le pregunta qué novedades hay de París; Milio le responde con insustancialidades, mencionando los perros amaestrados del circo que fue a ver con unos amigos. Zazà le dice que a ella no la lleva nunca, comienza a ponerse nerviosa y le dice que Cascart le ofrece un contrato en Marsella, pero ella lo rechaza porque Milio no tiene negocios allí. Él le dice que vaya, que él se va de viaje, pero eo altera más a Zazà. Así, cuando él dice que se va solo, ella le dice que es mentira, que va con su mujer:

Ella le confiesa que lo sabe todo, pero que él debería habérselo dicho antes, porque así no le habría amado. Ella, que antes tenía una vida muy diferente, ahora se ha enamorado, sueña con una familia estable, pero eso es imposible. Escuchamos su monólogo cantado por Regina Resnik:

Milio se defiende: los dos están hechos para amarse el uno al otro, es inevitable. Zazà sabe que la historia de su amor ha terminado, u entonces dice que volverá a donde su hija. Milio se da cuenta de que Zazà ha estado en París, ha visto a Totò, y ella le dice que ha estado en su casa y ha hablado con su esposa:

Milio enfurece al enterarse. Zazà se da cuenta de que Milio no va a dejar a su esposa, que todavía la ama y ella no es más que un amor que sobra; si no, Milio no se enfadaría de que su esposa lo sepa todo. Ella entonces le miente y le dice que se lo ha contado todo, por lo que Milio, enfurecido, la insulta:

Milio se pregunta cómo puede haber amado a Zazà teniendo a su esposa, y más viendo ahora como es ella realmente. Escuchamos su monólogo “Ed ora io mi domando” cantado por Tito Schipa:

Zazà le dice entonces que se vaya, que vuelva a su casa, donde podrá estar en paz porque su esposa no sabe nada. Milio le pregunta por qué le ha mentido, y ella le dice que así sabe lo que hay en su corazón. Milio se va definitivamente: 

En ese momento Zazà se arrepiente de lo que ha hecho y llama desesperadamente a Milio desde la ventana, pero él no vuelve: se ha ido definitivamente, para su desesperación. Escuchamos el final de la ópera cantado por Ermonela Jaho:

Termina así nuestro repaso de la tristemente olvidada “Zazà”, que tiene algunos de los momentos más bellos e inspirados de su autor.  La falta de grabaciones discográficas con intérpretes interesantes, en incluso los cortes de las disponibles nos hacen no poder terminar con el tradicional Reparto ideal. 

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