130 años del estreno de Cavalleria rusticana (17-05-2020)

No es frecuente que haya un título operístico concreto que dé comienzo por sí solo a un nuevo movimiento artístico, pero sí que hay un caso muy generalmente admitido (aunque más que discutible): en general se considera que un día como hoy hace 130 años nacía en Italia el verismo, ese movimiento operístico vinculado con el realismo, al que daba comienzo la ópera de la que hablamos hoy: Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni.

El editor milanés Edoardo Sonzongo comenzó en los años 80 a convertirse en editor musical, algo difícil en una época dominada por los Ricordi. Comenzó por tanto editando obras estrangeras, en especial de compositores franceses. Pero había que buscar una forma de atraer clientes italianos, y para ello convocó en varias ocasiones concursos operísticos: las candidatas debían ser óperas breves, en un acto, de compositores que aún no hubieran logrado estrenar ninguna obra, y las tres que resultaran vencedoras se estrenarían a coste del editor. Una de las ediciones de este concurso se presentó en 1888.

El compositor livornés Pietro Mascagni se encontraba en situación de presentarse al concurso, ya que no había todavía estrenado ninguna ópera (de hecho, ni siquiera había terminado una, sólo había comenzado la que años después se estrenaría como “Pinotta”), pero en esos momentos se encontraba en Cerignola, en la provincia de Foggia, ya que en 1886 había sido invitado por el alcalde de la localidad para dirigir la banda municipal. Por este motivo tarda en enterarse del concurso, y cuando lo hace quedan apenas dos meses para que se cierre la inscripción, Recurre de inmediato a su amigo y paisano el poeta Giovanni Targioni-Tozzetti para que le escriba un libreto que cumpla las condiciones del concurso. Éste selecciona como tema “Cavalleria rusticana”, una de las 10 novelas que formaban parte de “Vita dei campi”, escrita por Giovanni Verga y publicada en 1880. La obra seguía la estética realista tan de moda en la época, con triángulos amorosos (cuadriláteros en este caso) y finales violetos. Targioni-Tozzetti elige como colaborador para la elaboración del libreto al libretista Guido Menasci, y poco a poco le van pasando el libreto de la ópera, que Mascagni consigue terminar justo a tiempo para entregarla en plazo. El jurado tiene ahora que examinar las 70 óperas presentadas al concurso, y el 5 de marzo de 1890 se hace público el resultado: las finalistas, que serán representadas en Roma, son “Labilia” de Nicola Spinelli, “Rudello”, de Vincenzo Ferroni, y “Cavalleria rusticana”, de Pietro Mascagni.

Lo que menos se esperaban Mascagni y Targioni-Tozzetti es que al concurso se iba a presentar otra ópera basada en la misma obra, “Mala Pasqua”, de Stanislao Gastaldon. Gastaldon se retiró del concurso cuando vio la posibilidad de estrenar la ópera (así se aseguraba la representación, ya que si no quedaba entre las tres finalistas del concurso sus posibilidades eran nulas). El Teatro Costanzi de Roma acogió el estreno el 9 de abril de 1890, seis semanas antes del estreno de la obra de Mascagni (y por tanto quitándole el puesto de ser la primera ópera verista), con gran éxito de público, aunque no de crítica.

Cavalleria rusticana se estrena finalmente en el mismo Teatro Costanzi de Roma el 17 de mayo de 1890 siendo la segunda de las tres finalistas en representarse (Labilia se había estrenado el 7 de mayo , mientras “Rudello se estrenará el 28 del mismo mes; las tres fueron estrenadas por el mismo reparto: la soprano Gemma Bellincioni y su pareja, el tenor Roberto Stagno). El éxito fue absoluto e inmediato, y Mascagni terminaría siendo proclamado campeón de la competición. En seguida consiguió hacer olvidar el precedente éxito de “Mala Pasqua!”, que cayo en el más absoluto de los olvidos (el pobre Gastaldon seguirá unos años más provando suerte en la ópera antes de pasarse definitivamente a la composición de canciones, siendo especialmente recordado por una de ellas, la famosa “Musica proibita”). Otros compositores, en general vinculados también a la editorial de Sonzogno, como Leoncavallo, Giordano o Cilea, seguirán con una estética similar a la de “Cavalleria rusticana” (algo que el propio Mascagni, tan ecléctico él, no hizo), afianzando la nueva estética verista en los escenarios teatrales del momento. Desde su mismo estreno, “Cavalleria rusticana se ha convertido en una de las óperas más populares entre los melómanos”, siendo a menudo representada junto a una ópera de estilo similar, “Pagliacci” de Ruggero Leoncavallo.

Vamos ya a repasar el argumento de “Cavalleria rusticana”, para lo que dejamos, como siempre, un enlace al libreto de la ópera traducido.

Nos trasladamos a Sicilia en la segunda mitad del siglo XIX, tras la anexión de la isla al Reino de Italia (casi contemporánea a El gatopardo, por tanto, aunque los ambientes son completamente opuestos). En concreto nos trasladamos a Vizzini, en las laderas del Etna, en la provincia de Catania. La localidad contaba en la época con más de 10.000 habitantes, por lo que no es precisamente una aldea. La ópera comienza con un breve preludio, que escuchamos dirigido por Gianandrea Gavazzeni:

A telón cerrado escuchamos al protagonista, Turiddu, cantar una siciliana dedicada a su amante Lola, con la que ha pasado una noche de pasión. La siciliana en cuestión está escrita de hecho en dialecto siciliano, a diferencia del resto de la ópera, en italiano estándar (algo muy poco verista, por cierto, aunque claro, a ver quién entiende siciliano…). Tras la siciliana el preludio sigue su camino por otros tres minutos, avanzándonos algunas de las melodías que vamos a escuchar a lo largo de la ópera. Escuchamos la siciliana “O lola” cantada por Giuseppe di Stefano:

Se alza el telón, y por fin vemos la plaza del pueblo de Vizzini. Es la mañana del domingo de Pascua. Estamos cerca de la iglesia y junto a la taberna de Mama Lucia, la madre del pichabrava de Turiddu. Poco a poco aparecen en la plaza hombres y mujeres que vulven de sus trabajos en el campo, preparados para ir a misa en un día festivo tan señalado. Escuchamos el coro “Gli aranci olezzano” dirigido de nuevo por Gianandrea Gavazzeni:

Aparece entonces Santuzza, la prometida de Turiddu. Llega a donde Mama Lucia para ver si ella sabe dónde está su hijo. La tabernera al principio se muestra algo esquiva (¿sospecha algo pero no quiere saberlo? Nunca he terminado de entender lo que le pasa a esta mujer), pero al final le dice que ha ido a comprar vino al Francofonte (pueblo vecino). Santuza le dice que es imposible, ya que le han visto en el pueblo esa noche. Sorprendida, Lucia dice que no ha vuelto a casa, y a continuación invita a Santuzza a entrar en la casa, algo a lo que la joven se niega, ya que ha sido traicionada por su prometido. Lucia entonces quiere saber más de su hijo. Escuchamos el breve dúo con Elena Obraztsova como Santuzza y Fedora Barbieri como Mama Lucia:

Son interrumpidas por la llegada del carretero Alfio, esposo de Lola, feliz de poder estar todo el día viajando pero sabiendo que en casa le espera su amada Lola, y los del pueblo le aclaman envidiosos de su vida. Escuchamos su aria de entrada “Il caballo scalpita” cantada por Ettore Bastianini:

Alfio le pide entonces a Mama Lucia una copa de vino, pero ella le dice que se le ha acabado y que Turiddu ha ido a comprar más, pero Alfio le dice que no se ha movido del pueblo, porque lo ha visto temprano cerca de su casa. Santuzza le impide a Lucia decir nada más. Alfio se va y les dice a las dos mujeres que vayan a la iglesia. Escuchamos la breve escena con Elena Obraztsova, Fedora Barbieri y Renato Bruson:

Se escucha un coro dentro de la iglesia y los demás desde fuera, incluidas Santuzza y Mama Lucia, cantan sus alabanzas al Señor resucitado, en un espectacular “Innegiamo”, uno de los mejores momentos de la ópera. Comparto aquí el vídeo de las funciones de ABAO de 2015 que tuve ocasión de ver en vivo y que en esta escena me puso la carne de gallina, con Daniela Barcellona como Santuzza:

Todos entran en la iglesia dejando solas a Mama Lucia y a Santuzza. Lucia le pregunta a Santuzza por qué le ha hecho callar ante Alfio, y entonces Santuzza cuenta lo que la ópera ha omitido de la novela: Turiddu estaba enamorado de Lola antes de irse al servicio militar, pero al volver se la encuentra emparejada con Alfio (en la ópera dicen que ya está casada, no así en la novela), y busca un nuevo amor para apagar la anterior llama (o para dar celos a Lola y volver a beneficiársela). La cuestión es que Lola, presa de los celos, vuelve a los brazos de Turiddu y son amantes. Santuzza está destrozada por la traición y le pide a Lucia que vaya a la iglesia a rezar por ella, mientras ella se queda esperando a Turiddu para hablar con él. Escuchamos el aria de Santuzza “Voi lo sapete, o Mama” cantada por Giulietta Simionato:

Permítaseme hacer aquí un inciso: si bien estamos acostumbrados a que Santuzza la cante una mezzo, la estrenó una soprano, Gemma Bellincioni, y escuchamos aquí su grabación del aria, con acompañamiento de piano, grabada en 1903 (su marido, Roberto Stagno, quien fuera el priemr Turiddu, no grabó ningún registro, ya que murió en 1897):

Inmediatamente aparece Turiddu buscando a su madre, y se soprende al ver a Santuzza, que todavía no ha ido a la iglesia. Al saber que ella quiere hablarle intenta esquivarla, pero ella no se lo permite: le miente diciendo que ha estado en Francofonte, pero Santuzza le dice que le han visto cerca de casa de Lola, y ha sido el propio Alfio quien se lo ha dicho. Turiddu entonces se enfurece, sabiendo que si el marido se entera está muerto. Santuzza entonces intenta que el enfurecido Turiddu le confiese que ama a Lola, Turiddu le dice que no la ama, pero que no piensa aguantar esos estúpidos celos, y Santuzza dice estar dispuesta a perdonarlo, pero está sufriendo demasiado. Escuchamos esta primera parte del dúo con Beniamino Gigli y Dusolina Giannini: 

En ese momento son interrumpidos por Lola, que llega cantando alegramente. Al ver a Turiddu le pregunta si ha visto a Alfio, y ante su negativa se soprende al verlos en la plaza en vez de en misa. Santuzza no se puede callar y comienza entonces una lluvia de puñaladas traperas de las que la bruja de Lola parece salir vencedora, pero dejándole el marrón a Turiddu mientras ella se va a la iglesia. Escuchamos la escena con Carlo Bergonzi, Fiorenza Cossotto y Adriane Martino (una Lola que sabe sacar partido a su breve papel con un sarcasmo único):

Turiddu está cada vez más enfadado con la actitud de Santuzza. Ella entonces le suplique que no la abandone, pero él cree que le está espiando y quiere que deje de seguirlo. Las súplicas de Santuzza no tiene efecto. La cosa se va calentando, y ante la actitud cada vez más amenazante de Santuzza Tuiddu la arroja al suelo para librarse de ella y entra en la iglesia diciendo que no tiene miedo a sus amenazas, a lo que ella le maldice: “A te la mala pasqua, spergiuro” (de ahí viene el título de la ópera de Gastaldon). Escuchamos el dúo con Carlo Bergonzi y Fiorenza Cossotto, ya que es mi versión favorita de la maldición:

En ese momento aparece Alfio, pregujntando si queda mucho para que termine la misa. Santuzza le dice que ya va a acabar, pero entonces le dice que Lola le está poniendo los cuernos con Turiddu. Alfio se muestra asombrado, y entonces Santuzza le dice que Turiddu le ha robado el honor (vamos, que se ha beneficiado a las dos, como mínimo), pero Lola le ha robado a Turiddu. Alfio muestra su carácter agresivo amenazándola con arrancarle el corazón como sea mentira, pero ella le jura por su dolor que es la realidad, y entonces Alfio clama venganza, sangre, para lavar la afremta, mientras Santuzza comienza a darse cuenta de lo que ha hecho. Escuchamos el dúo de Santuzza y Alfio con Renata Tebaldi y Ettore Bastianini:

Mientras esperamos a que la gente salga de misa, Mascagni nos regala un bellísimo intermezzo para relajar un poquito la tensión que acabamos de vivir. Es probablemente el momento más famoso de “Cavalleria rusticana”, y vamos a escucharlo dirigido por el propio compositor:

Ha terminado la misa y la gente se agolpa en la plaza, preparados para volver a sus casas. Turiddu va en busca de Lola, que quiere irse a casa porque no ha visto a Alfio. Turiddu entonces llama a todos para invitarles a una copa de vino. Escuchamos el coro “A casa, amici”, dirigido por Gianandrea Gavazzeni:

Turiddu canta ntonces un brindis al vino que les da alegría, que luego todos cantan a coro. Escuchamos el brindis “Viva il vino spumeggiante” cantado por Giuseppe di Stefano:

Aparece Alfio, y Turiddu le ofrece una copa de vino, pero Alfio la rechaza, por lo que Turiddu, desafiante, le arroja el vino a los pies. Todos se dan cuenta de lo que sucede y se llevan a la preocupada Lola a casa. Una vez solos, Turiddu acepta el desafío de Alfio mordiéndole en la oreja. Afirma saber que es culpable y que se dejaría matar, pero entonces se acuerda de Santuzza, a quien se había prometido, y que se quedará sola si él muere, lo que le hace decidirse aún más a matar a Alfio en el duelo. El carreteroi le dice que le espera detrás del huerto. Escuchamos la escena con Giuseppe di Stefano y Rolando Panerai:

Nada más irse Alfio aparece Mama Lucia, ajena a todo. Turiddu se despide de ella y le pide que cuide de Santuzza si no vuelve, antes de salir corriendo. Asustada, Lucia sale detrás de él, pero es detenida por Santuzza. La plaza se llena de gente, que sabe lo que ocurre. Y entonces se escucha a una mujer gritar que han matado a Turiddu (no hay ninguna mención a las trampas que hace Alfio para apuñalarlo en el duelo a navajazos). Escuchamos el final de “Cavalleria rusticana” con el aria “Mamma, quel vino è generoso” de Turiddu cantada por Carlo Bergonzi:

Terminamos nuestro repaso a “Cavalleria rusticana” con un Reparto Ideal:

Turiddu: Giuseppe di Stefano o Carlo Bergonzi. 

Santuzza: Fiorenza Cossotto o Giulietta Simionato.

Alfio: Ettore Bastianini.

Lola: Adriane Martino. 

Mama Lucia: Fedora Barbieri. 

Dirección de Orquesta: Gianandrea Gavazzeni. 

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