160 años del nacimiento de Gustav Mahler (07-07-2020)

En su época fue un destacado director de orquesta, pero en la actualidad es uno de los compositores más conocidos para el público clásico, uno de los máximos exponentes del tardorromanticismo sinfónico. En el 160 aniversario de su nacimiento repasamos la figura de Gustav Mahler.

Gustav Mahler nació el 7 de julio de 1860 en la localidad de Kaliste, en el centro de Chequia. Su familia era judiogermana, de clase baja, si bien su padre, Hermann, al convertirse en cochero, mejoró la posición de la familia, incorporándose a la pequeña burguesía local. Sus padres tuvieron en total 14 hijos, de los que sobrevivieron la mitad; Gustav era el segundo, pero el mayor de los que sobrevivieron.

A los pocos meses del nacimiento de Gustav, la familia se trasladó a Jihlava, ciudad de mayor tamaño en la frontera entre Bohemia y Moravia. Si bien era una ciudad de mayoría germanoparlante, Mahler siempre se sintió fuera de lugar en un territorio fundamentalmente checo. En Johlava, el pequeño Mahler entra en contacto con la música tradicional checa, así como con las músicas de baile y con las marchas militares, que suponen sus primeras experiencias musicales. Tras descubrir un piano en casa de sus abuelos, aprendió a tocarlo a corta edad y fue calificado como niño prodigio. Tras estudiar música en la localidad, demostrando sus dotes como intérprete y haciendo sus pinitos en la composición, en 1871 su padre lo envía a estudiar a Praga, aunque no durará mucho allí.

En 13 de abril de 1875 muere su hermano Ernst, con 13 años, lo que afecta profundamente a Gustav. Tras ello, comienza a componer una ópera, Herzog Ernst von Schwaben, que, como la mayor parte de sus obras juveniles, no se ha conservado, por desgracia. Poco después se traslada a Viena, para estudiar en el Conservatorio. Allí tiene sus primeros contactos con la dirección orquestal, además de hacerse amigo de otro estudiante, Hugo Wolf, y ser testigo de la rivalidad musical entre los bandos conservador y progresista.

Terminados sus estudios en el Conservatorio y tras un fugaz paso por la universidad, Gustav Mahler comienza a trabajar como director operístico en diversas ciudades: Bad Hall, Ljubliana o Kassel, ciudad en la que estrenará su primera obra, la música escénica para “Der Trompeter von Säckingen”, perdida excepto un fragmento, conocido como “Blumine”, que incorporaría a la primera versión de su primera sinfonía para luego eliminarlo de la versión definitiva. Lo escuchamos dirigido por Simon Rattle:

Gustav Mahler tuvo tormentosas relaciones con diversas mujeres. En Kassel tuvo un romance con la soprano Johanna Richter, lo que le llevó a escribir unos poemas que poco después transformará en lieder, conocidos como “Lieder einer¡s fahrenden Gesellen”, que escuchamos cantados por Janet Baker y dirigidos por John Barbirolli:

Algún tiempo después, utilizó algunas de sus melodías en su primera sinfonía. 

Gustav Mahler se caracterizaba por ser un director exigente dado a largos ensayos y a tener problemáticas relaciones con los músicos de la orquesta y con sus superiores. Huyó en cuento pudo de Kassel para dirigir la Ópera alemana de Praga, en la que demostró sus dotes en óperas de Mozart y Wagner, dos de sus especialidades. De allí paso a Leipzig, donde estrenará “Die Drei Pintos”, ópera inacabada de Carl Maria von Weber que él mismo se encargará de concluir. Escuchamos su interludio, dirigido por Mikhail Pletnev: 

Entre 1888 y 1891 Gustav Mahler dirige la Ópera Real de Budapest, encontrándose con una difícil situación política, con la pugna entre los conservadores húngaros y los progresistas que buscaban ampliar el repertorio de la ópera, algo a lo que Mahler contribuyó poderosamente. Es en esta ciudad donde, el 20 de noviembre de 1889, estrena su Primera Sinfonía, conocida como “Titan”, y, por aquel entonces, formada por 5 movimientos, que poco después pasarán a ser 4. La obra, compuesta al final de su estancia en Kassel, no tuvo éxito en el estreno, algo que a día de hoy, habituados como estamos a concepciones dramáticas y cromatismos tonales más acentuados, nos parece increible. Escuchamos esta magistral obra dirigida por Georg Solti:

Tras abandonar Budapest, pasa a dirigir la Ópera de Hamburgo, de la que amplia su repertorio estrenando el “Eugene Oneguin” de Tchaikovsky en alemán. También en Hamburgo dirige la segunda interpretación de su primera sinfonía, todavía denominada “Poema sinfónico” por su fuerte carácter programático. A partir de 1893 decide pasar los veranos componiendo en las diversas cabañas que adquirirá para dicho propósito. Termina entonces una obra que había comenzado en 1888, con lo que originalmente fue un poema sinfónico de caracter fúnebre, que se transformará en el primer movimiento de su Segunda Sinfonía, conocida como “Resurrección”, obra de hora y media de duración y 5 movimientos, con un final coral sobre un texto de Klopstock que evoca como nadie más ha podido esa idea de la resurrección. Escuchamos la obra en la magistral versión de Leonard Bernstein, de la que conviene no perderse esos minutos finales: 

Esta vez sí, el estreno, que tiene lugar el 13 de diciembre de 1895 en Berlín, es un gran éxito. 

A continuación comienza a componer su Tercera Sinfonía, que termina hacia 1896, pero que no conseguirá estrenar completa hasta 1902 (habrá estrenos de algunos de los movimientos de la obra en años anteriores), una obra de dimensiones aún mayores que la precedente: más de hora y media de duración y 6 movimientos, dos de ellos vocales: el cuarto, un solo para contralto conletra de Nietsche y el quinto, para contralto y coro femenino e infantil, sobre uno de los poemas de la recopilación “Des Knaben Wunderhorn”. Escuchamos esta obra, de nuevo dirigida por Bernstein:

El objetivo de Mahler era dirigir la Ópera de Viena, pero su condición de judío dificultaba el nombramiento, así que en 1897 se convierte al catolicismo y no tarda en conseguir el puesto. Pero su estancia no será fácil: por un lado, el bando conservador, enemigo de la música programática y el cromatismo y defensor de las formas tradicionales, no ve con buenos ojos al Mahler compositor y todavía tiene un gran peso en la cultura musical de la época, si bien su líder, Johannes Brahms, había muerto pocos meses antes (habría que decir en todo caso que, aunque a Brahms le pudiera horrorizar la música compuesta por Mahler, le tenía en alta estima como director de orquesta). Por otro, el creciente antisemitismo que se extiende por la capital imperial. Mahler, por ejemplo, estrena en Viena “Dalibor” de Smetana, rechazada por los nacionalistas alemanes por ser una obra checa. No parece que a Mahler le importaran mucho esas monumentales idioteces, ya que añadió un buen puñado de óperas de diverso origen al repertorio de la Ópera vienesa. Mahler se involucra en la producción operística al completo, colaborando con los escenógrafos, además de seguir con su discutible hábito de realizar arreglos y reorquestaciones de las obras que dirige (aplicable tanto a óperas como al repertorio sinfónico que dirige). 

En 1899 retoma la composición que había abandonado tras su llegada a Viena. Compone un ciclo de lierder sobre “Das Knaben Wunderhorn” y después su Cuarta Sinfonía, en 4 movimientos, siendo el último un lied con texto extraido también de la misma recopilación de poemas. Esta sinfonía se estrena en 1901 en Munich, y la escuchamos a continuación dirigida por Rafael Kubelik: 

Las siguientes composiciones de Gustav Mahler serán dos ciclos de Lieder, ambos sobre textos del poeta alemán Friedrick Rückert. El primero de ellos, terminado en 1902, será conocido como “Rückert-Lieder”, una recopilación de 5 poemas del autor, de entre los que destacan algunas de las canciones más famosas de Mahler, como “Um Mitternacht” o “Ich bin der Welt abhanden gekommen” (mi favorito con diferencia). Escuchamos el ciclo dirigido por Leonard Bernstein y cantado por Thomas Hampson:

El segundo ciclo, comenzado en 1901 pero terminado en 1904, y que se estrenó junto al anterior en 1905, es conocido como “Kindertotenlieder”, compuesto también por 5 piezas. Lo escuchamos con la contralto Kathleen Ferrier y dirigido por Bruno Walter:

Entre 1901 y 1902 Gustav Mahler comienza a componer también una nueva sinfonía, que estrena en 1904: será la Quinta Sinfonía, con 5 movimientos pero, esta vez, sin participación de voces humanas, rasgo característico de sus siguientes obras, ajenas igualmente a la música programática, aunque eso no significa que Mahler se adhiera al conservadurismo musical. Escuchamos esta sinfonía dirigida por Georg Solti:

Tras ella, entre 1903 y 1904 compone su Sexta sinfonía, la más dramática de todas, en cuatro extensos movimientos. Esta obra se estrena en 1906, y la escuchamos dirigida por Claudio Abbado:

A continuación, entre 1904 y 1905, compone su Séptima sinfonía, que estrena en Praga en 1908. Escuchamos esta sinfónica de nuevo en la batuta de Claudio Abbado:

A finales de 1901, Gustav Mahler había conocido a Alma Schindler, alumna del compositor Alexander von Zemlinsky. Pese al mal comienzo, la pareja se casó a comienzos de 1902 y tuvieron 2 hijas: Maria, nacida en 1902, y Anna, nacida en 1904. La relación de la pareja fue complicada, en parte por el difícil carácter del compositor, que no permitía que su esposa compusiera, frustrando sus planes. La situación personal y familiar del compositor se complica en 1907: las campañas antisemitas en su contra se acrecientan de tal forma que inicia conversaciones para dirigir la Metropolitan Opera House de nueva York y así poder abandonar Viena. Tras firmar un contrato con la institución, marcha a su casa de verano, pero allí sus dos hijas enferman, y Maria termina muriendo. Justo después se le diagnostica una enfermedad cardiaca que le impedirá realizar grandes esfuerzos físicos. 

En medio de esta situación, Mahler se traslada a Estados Unidos, donde dirige por primera vez el 1 de enero de 1908. Eso no implica que Mahler no regrese a Europa; no sólo continúa haciéndolo en verano para componer, también lo hace para estrenar su Octava sinfonía, la última de sus composiciones que estrenó en vida, el 12 de septiembre de 1910, en Munich, en el que fue el mayor éxito que había tenido ninguna obra suya hasta la fecha. Se trata de un retorno a la sinfonía coral, en una obra articulada en dos movimientos, cada uno basado en un texto diferente:  el primero, en el himno cristiano “Vieni, creator Spiritus”, y el segundo, en el Fausto de Goethe. Escuchamos la obra dirigida por Leonard Bernstein:

El verano de 1908, inmediatamente posterior a su debut en Nueva York, Gustav Mahler comienza a componer una obra ambiciosa, a la que se niega a denominar “sinfonía” probablemente por motivos supersticiosos, ya que habría sido su novena, número que habitualmente solía ser el último de los grandes compositores (como Beethoven, Schubert, Bruckner o Dvorak) y que termina al verano siguiente. Basada en unos poemas chinos recién publicados en su traducción alemana, la obra, conocida como “Das Lied von der Erde” (la canción de la tierra) es un conjunto de 6 “canciones”, 3 de ellas para tenor y otras 3 para contralto, siendo la duración de la última similar a la de los otros 5 juntos. El propio Mahler añade unos versos finales a ese “Der Abschied” (el adiós) que es probablemente una de sus obras maestras, con esos “Ewig” finales que se pierden en el tiempo. Escuchamos la obra dirigida por Leonard Bernstein, con René Kollo y Christa Ludwig como solistas:

Durante los veranos de 1908 y 1909 no sólo compuso Das Lied von der Erde, también su Novena sinfonía. Esta obra supone el regreso de Gustav Mahler a las sinfonías completamente instrumentales, y se estrenó en Viena en 1912, dirigida por Bruno Walter. Aquí la escuchamos dirigida por Claudio Abbado:

En la misma línea, en 1910 comienza a componer una nueva obra, la que sería su Décima sinfonía. Pero ese verano sólo consigue concluir el Adagio, que escuchamos a continuación dirigido por Leonard Bernstein:

En noviembre de 1910, Gustav Mahler regresa a Nueva York para reanudar sus compromisos allí. Enferma a comienzos del año siguiente, cuando se le diagnostica una endocarditis bacteriana, que sin tratamiento con antibióticos, desconocidos en la época, era difícilmente superable. En abril, gravemente enfermo, regersa a Europa; permanece unos días en un sanatorio parisino antes de trasladarse a Viena a comienzos de mayo. El 18 de mayo de 1911 Gustav Mahler moría a los 50 años, habiendo dejado sus últimas obras sin estrenar y su última sinfonía inacabada. Fue enterrado en el Cementerio de Grinzing. 

Siendo un compositor tan conocido en la actualidad, se hace extraño que Gustav Mahler fuera tan poco conocido en los años posteriores a su muerte. Pero en aquella época la aparición de la Segunda escuela de Viena, creadora del dodecafonismo, cambió los gustos de un público que ahora veía a Mahler y su música tonal como algo del pasado. Y después, el nazismo, que con su antisemitismo prohibió la música del compositor. Afortunadamente, en la actualidad hemos superado esos absurdos prejuicios y podemos disfrutar de la obra de uno de los compositores más ambiciosos de la historia de la música, creador de sinfonías de magnitud nunca vista y de un gran dramatismo que describe muy bien su tumultuosa y difícil vida. 



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