170 años del estreno de Lohengrin (28-08-2020)

Para muchos, en especial para quienes no somos especialmente wagnerianos, “Lohengrin” es una de nuestras óperas favoritas del compositor. Por ello, aprovechamos el 170 aniversario de su estreno para repasar la historia de la ópera. 

Richard Wagner llevaba desde comienzos de la década de 1840 barajando diversos proyectos de tinte histórico, si bien poco después los abandonará para centrarse en relatos de carácter más bien mítico. La causa fue el regalo que le hizo su amigo Samuel Lehrs: la antología de leyendas “Der Sagenschatz und die Sagenkreise des Thüringerlandes” de Ludwig Bechtein. Esta obra incluye los relatos de Tannhäuser, que será el primero en el que trabaje Wagner, y Lohengrin. 

Terminada de componer Tannhäuser (y a pocos meses de su estreno), Wagner comienza a escribir el bosquejo de Lohengrin en verano de 1845, durante su estancia en el balneario de Mariembad (actualmente Mariánské Lázne, en la República Checa), en la época en la que era maestro de capilla en Dresde. La base literaria principal de la obra, en todo caso, sería “Parzival”, de Wolfram von Eschenbach, que retoma la historia del caballero del cisne que contaba con una larga historia entre los trovadores. Tras realizar diversos arreglos, que incluyen modificar el final de la obra, Wagner planea poder estrenar la ópera en Berlín, tras la representación en octubre de su ópera anterior, Rienzi. Pero ésta fracasa, por lo que el estreno de la nueva ópera se va al traste. 

Wagner termina la orquestación en 1848, cuando interpreta algunos pasajes en Dresde. Habiendo estrenado durante su estancia en Dresde sus dos óperas anteriores, “Der fliegende Holländer” y “Tannhäuser”, era de esperar tener la misma suerte con “Lohengrin”, pero todo se torció cuando en primavera de 1849 estalla en la ciudad la revolución conocida como “Alzamiento de mayo”, una suerte de prolongación de la revolución europea de 1848, en este caso con un marcado carácter a favor de la unificación alemana. Wagner apoyaba la revolución, y cuando esta fue sofocada por las tropas sajonas y prusianas, tuvo que exiliarse en Zurich. Cualquier esperanza de estrenar la ópera en Dresde o en Berlín se desvanecía. 

Fue entonces cuando llegó en su auxilio su gran admirador, Franz Liszt. Su puesto en la corte de Weimar le permitió programar el estreno de “Lohengrin” para el 28 de agosto de 1850.  La obra obtuvo un considerable éxito. Wagner, exiliado, no pudo acudir al estreno, y de hecho no verá su obra completa hasta 1861, cuando se representa en Viena (ya se había estrenado previamente en esta ciudad, en 1858). 

Siguiendo la estela de la ópera romántica alemana, lejos todavía de los sueños megalomaníacos posteriores del compositor, “Lohengrin” cuajó rápidamente en el repertorio de los teatros alemanes, siendo además una de las primeras óperas del compositor en estrenarse en otros países. Cabe destacar, en este caso, que fue la primera de sus óperas que se representó en Italia, en concreto en Bolonia, en noviembre de 1871, lo que le permitió a Giuseppe Verdi acudir a una de las funciones.  La popularidad de la ópera no decayó nunca, y a día de hoy sigue siendo una de las más representadas de su autor. 

Comenzamos el repaso de la ópera, para lo que dejamos, como siempre, un enlace del libreto

“Lohengrin” comienza con un preludio relativamente extenso (pero bastante más breve que el de su anterior obra, “Tannhäuser”, y también más breve que los de “Rienzi” o “Der fliegende Holländer”), un tema tranquilo, lento, casi místico, que retomaremos en el tercer acto, en la narración del protagonista. Escuchamos la obertura dirigida por Rudolf Kempe:

Comenzamos el primer acto. Estamos en Amberes, a comienzos del siglo X, durante el reinado de Enrique I el Pajarero, Duque de Sajonia y Rey de Francia Oriental (por tanto, entre el año 919 y el 836). En una pradera junto al río Escalda, el rey está sentado bajo el roble de la justicia, rodeado por los nobles y por el pueblo de Brabante. Anunciado por cuatro trompetistas, un heraldo llama a los habitantes a jurar obediencia a Enrique. El Rey entonces cuenta que hay peligro en oriente por los ataques húngaros, pero al buscar la ayuda de la ciudad se encuentra con que falta el príncipe y están todos divididos. Escuchamos la introducción con Theo Adam como el rey Heinrich y a Dietrich Fischer-Dieskau como el heraldo: 

Entonces avanza el Conde Friedrich von Telramund, pariente del difunto Duque de Brabante, quien al morir le confió el cuidado de sus dos hijos, Elsa y el heredero, el pequeño Gottfied. Un dia ambos hermanos se fueron al bosque pero Elsa regresa sola y no sabe responder qué le ha sucedido a su hermano. Telramund ha renunciado a casarse con ella, como le correspondía, y en su lugar se ha casado con la princesa frisia Ortrud. Ahora, ante el rey, acusa a Elsa de asesinar a su hermano, y reclama para él el título de Duque de Brabante, ya que es el pariente más cercano y además su esposa también tiene derecho a él. Escuchamos su monólogo cantado por Hermann Uhde:

Ante las dudas del rey al oir su relato, Telramund acusa a Elsa de haber asesinado a su hermano para así poder ser ella la duquesa de Brabante junto a su amante secreto. El rey pide que compadezca Elsa para poder iniciar el juicio, por lo que el heraldo la llama. Escuchamos la escena con el mismo reparto de antes:

Aparece Elsa, y nadie es capaz de creerla culpable al verla, pero al ser interrogada por el rey es incapaz de decir nada. Escuchamos la entrada de Elsa dirigida por Lorin Maazel:

Elsa cuenta que, sumida en el dolor, suplicó su ayuda al cielo, por lo que todos piensan que está soñando. Sigue contando que en un sueño se le apareció un caballero, al que ahora espera para defenderla. Escuchamos el aria de Elsa “Einsam in trüben Tagen” cantada por Elisabeth Grümmer:

Para Telramund esta es la confesión de que Elsa tiene un amante. Se muestra ofendido por tener que demostrar su acusación, por lo que se prepara para combatir por su honor, no sin antes recordarle al rey sus servicios en combate. Heinrich entonces decide que la acusación se resuelva mediante juicio divino en un combate a vida o muerte, algo que tanto Telramund como Elsa aceptan. Telramund espera que Elsa elija como el caballero que la representará en combate a su secreto amante. Escuchamos la escena con Gottlob Frick, Dietrich Fischer-Dieskau y Elisabeth Grümmer:

Elsa entonces ofrece la corona ducal de su padre, así como su mano, al caballero que la defienda. El Rey pide que comience el juicio. Escuchamos la escena con el mismo reparto:

El heraldo llama al caballero que quiera defender a Elsa a presentarse, pero nadie responde, lo que parece confirmar la acusación de Telramund. Elsa le pide al rey que vuelva a hacer el llamamiento, cosa que se le concede. Elsa entonces le pide de rodillas a Dios que aparezca el caballero que la defendió en el sueño. Aparece entonces por el río un cisne que arrastra una barca, en la que va un caballero. Todos piensan que es un milagro, por lo que Telramund y Ortrud están aterrados. Escuchamos la escena con el mismo reparto:

El caballero es Lohengrin, aunque no conoceremos su identidad hasta el final de la ópera. Despide al cisne que le ha traído, al haber cumplido éste su misión. Todos quedan fascinados al ver al caballero. El caballero saluda al Rey, quien le pregunta si ha sido enviado por Dios. El caballero responde que ha sido enviado para defender a una joven acusada falsamente. Elsa le acepta como su protector y acepta casarse con él si sale vencedor en el combate. El caballero pone una condición para casarse con ella: nunca debe preguntarle su nombre o su origen, lo que ella acepta, jurando que mantendrá su fe en él. El caballero entonces se presenta como el defensor de la inocencia de Elsa. Los nobles, fascinados con el caballero, tratan de convencer a Telramund de que retire su acusación, pero Telramund se niega. El heraldo da las instrucciones para el comienzo del combate: nadie más debe intervenir y no se puede usar magia o hacer trampas. Escuchamos la entrada de Lohengrin con Gundula Janowitz como Elsay un magnífico James King como el caballero (lástima que no esté igual de magnífico a lo largo de toda la ópera):

Heinrich dirige entonces una plegaria a Dios para que proteja al inocente. Todos confían en el juicio divino, excepto Ortrud, que sólo confía en la fuerza de su marido. Escuchamos la plegaria cantada por Gottlob Frick:

Da comienzo el combate por orden del Rey. Tras varios asaltos, Lohengrin logra derribar a Telramund, pero decide perdonarle la vida. Todos celebran su victoria, que proclama la inocencia de Elsa. Telramund lamenta su derrota, mientras Ortrud se muestra inquieta por la identidad del caballero. Escuchamos el final del primer acto de Lohengrin con Jess Thomas como el caballero y Elisabeth Grümmer como Elsa:

Comenzamos el II acto. Es de noche. Estamos en el castillo de Amberes, ante la catedral. Frente a la catedral se encuentran unos decaídos Telramund y Ortrud. Telramund quiere marchar al exilio, pero Ortrud está planeando su venganza. Él quiere huir para limpiar su conciencia, dejar a su esposa, ya que fue ella la que le empujó a acusar a Elsa. Fue Ortrud quien afirmó haber visto como Elsa ahogaba a su hermano. Ortrud acusa a Telramund de haber perdido el combate, no por juicio divino, sino por su cobardía, y entonces revela que a magia que protege al caballero desaparecerá si él confiesa su nombre y su origen. Pero sólo una persona puede hacer que lo cuente: Elsa. Tiene por tanto que sembrar dudas en Elsa, acusando al caballero de utilizar magia. Telramund ahora se muestra convencido de lo que le cuenta su mujer. Escuchamos el extenso dúo cantado por Hermann Uhde y Astrid Varnay:

Elsa en ese momento aparece por un balcón, necesitando que el aire la refresque. Está enormemente agradecida por la llegada del caballero al que ahora ama. Mientras, Ortrud y Telramund planean su venganza. Escuchamos el monólogo de Elsa cantado por Gundula Janowitz:

Otrud entonces la llama, y trata de despertar compasión en Elsa, al hablar de su triste situación y acusarla de envidia por la felicidad que tuvieron ella y Telramund. Elsa sucumbe a la trampa y se prepara para dejarla entrar al castillo. Escuchamos el dúo con Elisabeth Grümmer y Christa Ludwig:

Nada más desaparecer Elsa, Ortrud invoca a sus dioses, Woran y Freia, para que le den éxito a sus ardides y así derroten a los apóstatas cristianos. Escuchamos la invocación en voz de Christa Ludwig:

Elsa ahora sale del castillo y se encuentra con Ortrud. Ésta finge humildad y gratitud ante la atención que le muestra Elsa, y le dice que quiere agradecérselo contándole el futuro: le sugiere que la misma magia que trajo al caballero puede volver a llevárselo. Elsa se muestra confiada de su amor, lo que le permite a Ortrud explorar formas de socavar su confianza. Entonces ambas entran al castillo. Escuchamos el dúo con Elisabeth Grümmer y Christa Ludwig:

Escondido, Telramund ve como Ortrud entra en el castillo, y sabe que con ello la desgracia caerá sobre Elsa y el caballero, ya que nada impedirá que Ortrud consiga sus fines. Su único deseo ahora es vengarse de quienes provocaron su desgracia. Escuchamos la escena cantada por Hermann Uhde:

Pasa la noche (ventajas del teatro), amanece y la plaza se va llenando de nobles que acuden para la anunciada boda de Elsa con el caballero. Escuchamos el coro dirigido por Rudolf Kempe:

Aparece el heraldo, y anuncia que Telramund ha sido condenado al destierro, y que cualquiera que lo ayude sufrirá la misma pena, siendo así el conde maldecido por todos. También anuncia que el Rey ha ofrecido al caballero el título de Duque de Brabante, pero éste lo ha rechazado, prefiriendo ser Protector de Brabante, yq eu todos deberán unirse a la guerra (contra los húngaros, suponemos) al día siguiente. Cuatro nobles, antiguos fieles de Telramund, no se muestran satisfechos con esta última decisión, y quieren que alguien plante cara al caballero; Telramund aparece y les dice que va a acusarlo de engañar a Dios, por lo que los cuatro lo esconden del pueblo. Un cortejo de pajes anuncia la llegada de Elsa. Escuchamos la escena con Eberhard Wächter como el heraldo y Ernest Blanc como Telramund:

Todos los presentes le hacen un pasillo a Elsa mientras esta camina hacia la catedral, alegrándose por su cambio de destino. Entre las acompañantes de Elsa se encuentra Ortrud, lo que incomoda a las demás. Escuchamos el coro de procesión dirigido por Rudolf Kempe:

Ortrud ahora se enfrenta a Elsa cuando están a punto de entrar en la catedral. Se acabó la humildad, va a reclamar lo que cree que le corresponde y vengarse por lo que le han hecho sufrir. Elsa trata de imponerse, pero Ortrud acusa al caballero de ser un desconocido, a diferencia de Telramund, del que todo el pueblo conoce sus virtudes. Sugiere que el desconocido tiene algo que esconder, provocando la duda entre los presentes. Elsa lo defiende: ganó un juicio divino, y Telramund lo perdió. Ortrud entonces acusa al caballero de haber empleado magia en el combate. Escuchamos el enfrentamiento con Elisabeth Grümmer y Christa Ludwig:

Cuatro trompetas anuncian la llegada del Rey Heinrich, acompañado por el caballero, ahora protector de Brabante. El Rey se sorprende al ver el revuelo que hay en la plaza, y el caballero ve a Ortrud, a quien se enfrenta, mientras Elsa le pide ayuda. El caballero tiene miedo de que las palabras de Ortrud hayan podido afectar a Elsa. Escuchamos la escena con James King, Gundula Janowitz y Karl Ridderbusch como el Rey:

Aparece entonces Telramund y ante todos acusa al caballero de servirse de la magia en el combate en el que le venció, y le pide que se identifique. Escuchamos la escena con Hermann Uhde:

El caballero se niega a revelar su identidad, ni a Telramund ni al Rey ni a nadie; sólo Elsa tiene el derecho a preguntárselo. Ni el Rey ni el pueblo le obligan a revelar su identidad si ello le supone estar en peligro ante sus enemigos, pero Ortrud, Telramund y el propio caballero se dan cuenta de que la duda ha brotado en el corazón de Elsa. Ella no quiere traicionarlo y ponerle en peligro, pero aún así duda en su interior. Escuchamos la escena con Wolfgang Windgassen, Birgit Nilsson, Hermann Uhde, Astrid Varnay y Theo Adam:

El Rey Heinrich le pide entonces al caballero que responda a Telramund, pero no le obliga a revelar su identidad. Telramund se acerca a Elsa y le pide que le deje mutilar al caballero para que se revele su identidad, pero el caballero lo sorprende y lo aleja. Le dice a ella si quiere preguntarle algo, al ver sus dudas, pero ella muestra confianza en él y se dirigen al interior de la catedral para casarse. Aún así, el gesto de Ortrud demuestra que las dudas corroen su corazón. Escuchamos el final del segundo acto de Lohengrin con el mismo reparto que en el vídeo anterior:

El tercer acto de “Lohengrin· comienza con un preludio orquestal, que continúa sin ruptura en una marcha nupcial (el momento más famoso de la obra), que nos sitúa en la cámara nupcial de los recién casados. Escuchamos el preludio y la marcha dirigidos por Rudolf Kempe:

Una vez solos, ambos confirman su felicidad. Elsa recuerda cuando se le apareció en un sueño, y comienza a preguntarse por al identidad del misterioso caballero, para desesperación de éste. Él trata de distraerla, diciéndole que él no necesitó saber quién era ella para enamorarse. Ella le responde que debe confiar en que ella no le contará el secreto a nadie. Él le dice que ha confiado ciegamente en ella al fiarse de su juramento en el juicio, y cuenta que sus sacrificios son compensados por disfrutar de su amor. Ella malinterpreta sus palabras pensando que era feliz antes y que algún día querrá volver a su pasado y la abandonará. El caballero trata en vano de calmarla, pero ella, enloquecida, cree ver llegar al cisne que lo trajo para volver a llevárselo; lo único que puede devolverle la cordura es saber quién es el caballero, su nombre y su origen, y formula las fatales preguntas, para desesperación del caballero. Aparece entonces Telramund y los cuatro caballeros con el propósito de matarlo, pero Elsa le avisa, le lanza su espada y el caballero mata de inmediato a Telramund, mientras los otros caballeros, aterrados, se ponen de rodillas ante él y Elsa se desmaya. El caballero pide a los cuatro nobles que lleven el cadáver de Telramund ante el Rey; llama entonces a las doncellas para que vistan a Elsa, reanimada ya, para compadecer ante el Rey, cuando el caballero desvelará su identidad. Escuchamos el extenso dúo cantado por Sándor Kónya y Elisabeth Grümmer:

Cambiamos de escena. Volvemos a la pradera del primer acto. Amanece. Llegan los nobles, y poco después lo hace el Rey Heinrich. Llegan todos preparados para marchar a la guerra hacia el este. El Rey se sorprende por la ausencia del protector de Brabante. Escuchamos la escena cantada por Gottlob Frick:

Llegan entonces los cuatro nobles con el cadáver de Telramund, siguiendo las órdenes del caballero. Aparece entonces Elsa, visiblemente triste. Aparece entonces el caballero, aclamado por todos los presentes. El Rey le dice que todos le esperaban para que los guíe al combate. Escuchamos la escena de nuevo con Gottlob Frick:

El caballero entonces dice que no puede acompañarlos al combate: viene a realizar una acusación. Primero: mató a Telramund en defensa propia cuando éste le atacó, por lo que todos confirman su inocencia. Entonces acusa a Elsa de dejarse engañar para traicionarle: faltando a su promesa, le ha preguntado su nombre y origen, y ahora, delante de todos, se ve confesado a revelarlo, para consternación de todos, incluso del Rey, que preferiría no saberlo. Escuchamos la escena con Jess Thomas y Gottlob Frick:

El caballero cuenta que procede de una lejana ciudad llamada Monsalvat, en la que custodian el Grial un grupo de caballeros, los caballeros del Grial, a los que éste les da un mágico poder que los hace invencibles siempre que se desconozca su origen, y cuando son descubiertos deben desaparecer. Él es uno de esos  caballeros, Lohngrin, hijo del Rey Parsifal. Todos quedan conmovidos por la narración. Llama la atención que, siendo un pasaje bastante recitado, todavía tiene una musicalidad que las óperas posteriores de Wagner pierden.  Escuchamos ahora a Sándor Kónya cantar la versión completa del monólogo, incluyendo la segunda estrofa que se cortó en el estreno  (probablemente por la incapacidad del tenor Carl Beck de interpretarla) y desde entonces se ha cantado en pocas ocasiones. Magnífica versión la de Kónya, por cierto:

Lohengrin ahora le reprocha a Elsa que le haya obligado a contar su origen, ese origen que había sacrificado por estar junto a ella, ya que desde que la vio se enamoró de ella. Elsa le suplica que se quede para poder ver su arrepentimiento, pero él está obligado a marchar: el castigo para Elsa será precisamente perderlo. Escuchamos la escena con Jess Thomas y Elisabeth Grümmer:

El Rey y los nobles le suplican ahora que se quede con ellos para acompañarlos al combate. Lohengrin les dice que en ese caso el Grial le privaría de todo poder, pero le anuncia al Rey que obtendrá una victoria definitiva ante sus enemigos, que no volverán a invadir Alemania. Aparece entonces el cisne, enviado por el Grial para llevarse a Lohengrin. Escuchamos la escena con Jess Thomas:

Lohengrin se acerca triste al cisne, al que hubiera preferido no acompañar esta vez. Entonces le dice a Elsa que un año ha su lado hubiera servido para que volviera su hermano Gottfried, Para cuando vuelva, él le entrega una trompa, un anillo y una espada. Se despide de Elsa justo cuando aparece una altiva Ortrud echando a Lohengrin, y cuenta que el cisne es en realidad Gottfried, a quien ella hechizó con una cadena atada a su cuello; ahora el caballero se lo lleva con él, impidiendo su retorno. Lohengrin entonces reza, y aparece la paloma del grial, que ha mencionado en su narración; Lohengrin suelta al cisne, que se hunde en el agua y en su lugar aparece Gottfied. Ortrud muere al romperse su hechizo. Ahora que vuelven a tener un Duque de Brabante, Lohengrin se va, llevada su barca por la paloma. Escuchamos el final cantado por Nicolai Gedda, poco asiduo al repertorio wagneriano pero que aquí da una lección de cómo se debe cantar Lohengrin (grabación en vivo, no es trampa del estudio):

Terminado el repaso de la ópera, terminamos con un Reparto Ideal:

Lohengrin: Sándor Kónya.

Elsa: Elisabeth Grümmer.

Telramund: Hermann Uhde.

Ortrud: Christa Ludwig.

Rey Heinrich: Gottlob Frick. 

Heraldo: Eberhard Wächter.

Director de Orquesta: Rudolf Kempe. 

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