300 años de Maria Teresa de Habsburgo (13-05-2017)


Muchas veces en la historia se nos quiere transmitir la imagen de monarcas todopoderosos y ambiciosos, frente a esposas pusilánimes y sin carácter, en un intento de defender el patriarcado machista que los sectores más conservadores, o mejor dicho, retrógrados de la sociedad, siguen queriendo imponer en la sociedad actual. Pero es que hay demasiados personajes que les han salido rana a los que defienden tamaña patraña: desde reyes pusilánimes y sin voluntad hasta reinas tan ambiciosas como los hombres, o incluso más. Tal es el caso del personaje que hoy nos ocupa, Maria Teresa de Habsburgo, o Maria Teresa I de Austria, que nació hace 300 años.




Para entender al personaje tenemos que comenzar a hablar del contexto histórico. Los Habsburgo han sido posesores de la corona imperial desde hace casi 300 años, pese a que el título de Emperador es electivo (en el momento de Maria Teresa, por 9 príncipes electores, tres de ellos príncipes-arzobispos). Obviamente, al título de Emperador sólo puede optar un hombre.

Pero, además del Imperio, los Habsburgo tienen una serie de posesiones territoriales propias: Austria, el Tirol, Estiria, Carintia, Carniola, Bohemia, Moravia y Silesia, todas ellas parte del Sacro Imperio, además de Hungría, que se encontraba ya fuera de los límites Imperiales. Para entenderlo un poco mejor vamos a poner dos mapas. El primero nos muestra los principales estados que forman el Sacro Imperio Romano-Germánico en 1700 (el Sacro Imperio es una federación de ciudades libres, arzobispados independientes y ducados, principados y finalmente también reinos):

El territorio patrimonial de los Habsburgo no aparece completo (en naranja), pero vemos otros de los principales estados alemanes, como Brandemburgo, Sajonia, Baviera y Hannover.

Vemos ahora otro mapa, mucho más detallado, pero que requiere ampliar el mapa:

Vemos aquí mucho más detalladamente la división de estados del Imperio hacia 1650. Los territorio de los Habsburgo aparecen en verde (se ve claramente que es el más grande de los estados imperiales), y eso que sólo aparecen sus posesiones dentro del Imperio (no aparece Hungría, vamos).

María Teresa de Habsburgo es nieta, sobrina e hija de Emperadores. Su abuelo fue Leopoldo I, que se casó 3 veces. Dado que en los dominios de los Habsburgo imperaba la Ley Sálica, que impedía que las mujeres pudieran acceder al trono, sólo los hijos habidos con su tercera esposa podían sucederle (con su segunda esposa sólo tuvo hijas, y con la primera había tenido dos hijos varones que no llegaron a los 2 años de vida). Con la tercera, Leonor Magdalena de Palatinado-Neoburgo, tuvo dos hijos, de los que sobrevivieron dos, José y Carlos.

Leopoldo era hijo de Fernando III de Habsburgo y de María Ana de Habsburgo, perteneciente a la rama española de la familia, siendo hija de Felipe III de España y hermana de Felipe IV. De hecho, la primera esposa de Leopoldo había sido su prima María Teresa, hija de Felipe IV.

En 1700 muere Carlos II de España sin descendencia. Muerto un año antes su candidato José Fernando de Baviera, que era su sobrino-nieto, con apenas 5 años de edad, había dos opciones para la sucesión: su sobrino-nieto Felipe de Anjou, o su primo segundo Carlos de Habsburgo (que era demás sobrino de la reina viuda Mariana de Neoburgo). En ambos casos se trataba de los hermanos menores, permitiendo así que los hermanos mayores heredaran el trono que les correspondía (el delfín Luis, hermano de Felipe de Anjou y nieto de Luis XIV, el de Francia, aunque al morir antes que el Rey le pasó los derechos a su hijo, y José, el hermano mayor de Carlos, las posesiones de los Habsburgo austriacos y el Imperio). Comienza entonces una guerra por la sucesión en España en la que se involucran varios países europeos, defendiendo cada uno de ellos sus intereses.

Leopoldo muere en 1705 y el trono Imperial pasa a su hijo, José I. Éste estaba casado con Guillermina de Hannover, con quien tuvo dos hijas y un hijo, el heredero, Leopoldo José, quien por desgracia murió poco antes de cumplir el año de vida. José defendió toda su vida los derechos de su hermano al trono español, pero una epidemia de viruela en 1711 lo truncó todo: esa epidemia no sólo se lleva por delante al Gran Delfín Luis (padre de Felipe de Anjou), sino también al Emperador, con 32 años de edad. Tenía todavía oportunidades de engendrar un heredero varón, pero la viruela truncó su sucesión, que pasaba por lo tanto a su hermano Carlos. Y ahora, con Carlos como Emperador, ningún otro país iba a apoyarle en sus pretensiones al trono español; era darle demasiado poder. Poco después, Felipe de Anjou conseguirá derrotar a las tropas enemigas y ser coronado Rey de España.

Carlos pasa a ser emperador con el nombre de Carlos VI:

En 1708, durante la Guerra de Sucesión Española, se casa en Barcelona (ciudad que le apoya en sus pretensiones al trono imperial) con Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel. Todavía sin descendencia, en 1713 proclama la Pragmática sanción, que impedía la división de sus posesiones entre varios herederos y permitía el acceso de las mujeres al trono (lo que podía dar lugar a problemas: en ausencia de heredero varón, sus sobrinas, hijas de su hermano el Emperador José I, podían alegar tener derechos a la sucesión). Todo parece arreglarse en 1716 cuando nace Leopoldo Juan, su primer hijo. Pero para su desgracia, el archiduque apenas sobrevive 6 meses.

Isabel Cristina no tarda en volver a quedarse embarazada, pero… ¡Oh disgusto! Nace una niña. El 13 de mayo de 1717, el mismo día de su nacimiento, es bautizada como Maria Teresa Walburga Amalia Cristina de Habsburgo, siendo sus madrinas su abuela y su tía, las dos emperatrices viudas. Desde ese momento se convierte en la heredera de las posesiones de los Habsburgo, desplazando a sus primas.

Siendo la heredera, se esperaría que su padre se hubiera esmerado en darle una educación a la altura, pero esto no ocurrió. Educada por jesuitas, no aprendió ni a escribir ni a hablar con corrección, y en general la educación que recibió estaba más centrada en el campo de las artes (dibujo, danza y, sobre todo, canto, llegando a participar en representaciones operísticas que su padre organizaba en palacio), propio de una reina consorte, en vez de la formación que requería una monarca. De hecho, incluso le impide montar a caballo, algo que será necesario para su coronación como Reina de Hungría. Y es que Carlos siempre esperó poder engendrar un hijo varón. Pero no; en 1718 nace otra niña, Maria Ana, y en 1724 nace Maria Amalia, que además vivirá sólo 6 años.

Así era Maria Teresa de Habsburgo de joven:

Fuera o no la heredera, había que concertar un buen matrimonio para Maria Teresa de Habsburgo. Su padre planeó un compromiso en 1723 (cuando ella tenía 6 años…) con Leopoldo Clemente, heredero del ducado de Lorena. Su padre había luchado al servicio de los Habsburgo, y era una buena alianza. Pero cuando el joven Leopoldo se dispone a partir para Viena (desde Lunéville), contrae la viruela y muere a los 16 años.

La alternativa obvia para el matrimonio de Maria Teresa de Habsburgo era el hermano pequeño de Leopoldo, y nuevo heredero del ducado de Lorena, Francisco Esteban, quien parte para Viena en el lugar de su hermano. Pese a todo, Carlos baraja otras opciones, como casarla con Federico de Prusia (futuro Federico el Grande, el peor enemigo que tuvo Maria Teresa), algo no factible por ser él protestante, o casarla con el príncipe Carlos de Borbón (futuro Carlos III de España), algo a lo que se oponían otras potencias europeas. Además, a Maria Teresa le gustaba Francisco. Pero éste deja Viena para ocupar el ducado de Lorena sin que se concrete ningún compromiso, en 1729.

Pero en 1733 estalla la Guerra de Sucesión Polaca, que termina en 1738 con el Tratado de Viena. Por este tratado, Austria gana algunas posiciones en Italia (Parma y Piacenza), pero Francisco de Lorena debe ceder el ducado de Lorena para el destronado rey Polaco Estanislao I, que era además suegro de Luis XV, con lo que a su muerte el ducado de Lorena pasaría a formar parte del Reino de Francia. A cambio, se le entrega a Francisco el Gran Ducado de Toscana, que no tenía quien lo gobernara desde la muerte sin descendencia de Gian Gastone de Medici en 1737. Además, Francia y España se comprometían a aceptar la Pragmática sanción de Carlos, lo que permitía que estos estados reconocieran a Maria Teresa como gobernadora de los territorios de los Habsburgo si su padre no conseguía un heredero varón. Dado que el tratado se había escrito en 1735 (aunque se firmara 3 años después), la boda entre Maria Teresa y Francisco pudo celebrarse el 12 de febrero de 1736:

Además de entrometerse en la Guerra de Sucesión Polaca, Carlos, que había ganado territorios a los turcos tras la Guerra Austro-Turca de 1716-1718, se mete en la Guerra Ruso-Turca de 1735-1739, por la que pierde esos territorios anteriormente ganados, y que dejan al estado en bancarrota y con un ejército muy debilitado. Y, finalmente, el 20 de octubre de 1740, tras consumir al parecer amanita phalloides, la más venenosa de las setas, Carlos VI murió sin descendencia masculina, por lo que la heredera era Maria Teresa de Habsburgo.

Maria Teresa se encuentra con un estado en quiebra, un ejército mermado y sin experiencia política, ya que su padre no la había entrenado. Además, los ministros de su padre eran incompetentes, y ella tiene que fiarse del criterio de su marido. Y entonces surgen los problemas: varios estados que habían acordado aceptar la pragmática sanción ahora se niegan a ello, en especial la vecina Baviera, ya que el Duque Carlos Alberto de Wittelsbach estaba casado con Maria Amelia de Habsburgo, una de las hijas de José I, y exige su parte de la herencia. Mientras, Federico de Prusia invade Silesia, zona minera de gran importancia para Austria. Federico le presenta un ultimátum: o le cede por lo menos parte de Silesia, o se alía con sus enemigos. A Francisco le parece buena idea, pero eso supone una violación de la Pragmática Sanción que impedía la separación de los territorios patrimoniales de los Habsburgo, así que Maria Teresa se niega.

Necesitada de militares con experiencia, saca de la prisión al mariscal Neipperg, a quien su padre había encarcelado por sus fracasos frente a los turcos. Mala idea; se repite el fracaso, y la situación de Maria Teresa de Habsburgo es cada vez más delicada: se llega a plantear incluso la división de sus territorios entre los principales estados Europeos. Pero tiene un golpe de surte: Hungría le da su apoyo, siendo coronada como “Rey” el 25 de julio de 1741.

Pero por los demás sitios le llueven puñales: tras la traición de Prusia, Francia y Baviera, llegan la de Sajonia y la de Bohemia, que quiere a Carlos de Baviera como Rey. Ejércitos franceses cruzan el Rin y, uniéndose a las fuerzas bávaras,  se dirigen hacia Viena, pero, por suerte para Maria Teresa, cambian de objetivo y se dirigen hacia Praga, que es conquistada.

Además, está pendiente el tema de la elección Imperial, algo a lo que Maria teresa no puede optar, siendo el candidato su esposo Francisco. Pero la elección, que tiene lugar en Frankfurt, muestra a otro candidato con más opciones: Carlos de Baviera. De hecho, su hermano Clemente Augusto es el Arzobispo elector de Colonia. El 24 de enero de 1742 Carlos es coronado Emperador como Carlos VII, el primer Emperador no perteneciente a los Habsburgo desde el siglo XV.

Cuando todo parecía perdido, Maria Teresa de Habsburgo insiste en algo peligroso: una campaña de invierno contra Baviera dirigida por el mejor general austriaco, Hevenhüller. El 24 de enero de 1742, el mismo día en el que Carlos de Baviera es coronado Emperador, las tropas austriacas conquistan la capital bávara, Munich. Sólo recuperará sus territorios gracias a la ayuda de Federico de Prusia, y se verá obligado a negociar la paz con Austria, aunque seguirá intentando conseguir apoyos para volver a la guerra. Pero en 1745, Carlos muere.

Ahora ya no hay candidato alternativo, y Francisco de Lorena pasa a ser el nuevo Emperador, Francisco I, el 13 de septiembre de 1745, reconocido como tal incluso por Federico de Prusia. El Tratado de Aquisgrán, de 1748, pone fin a la Guerra de Sucesión Austriaca, devolviendo a cada estado sus territorios originales, excepto Silesia, que se queda en manos de Prusia.

Francisco relaja las costumbres de la hasta entonces estricta corte vienesa, importa el color en el vestir (frente al negro imperante hasta entonces, por influencia de España), crea el zoológico del palacio real y el jardín botánico, tiene intereses culturales, pero en política su esposa es la que lleva las riendas. Por lo demás, aunque la pareja está enamorada, Francisco es mujeriego; Maria Teresa se ve obligada a aceptar a sus amantes, no sin ataques de celos. Pese a todo, en 20 años (1737-1756) tuvieron 16 hijos.

Constantemente embarazada, Maria Teresa de Habsburgo no puede estar en los frentes de combate, pero su espíritu belicista pervive, y no puede perdonar la afrenta que le supuso perder Silesia por el Tratado de Aquisgrán, así que busca aliados contra Prusia, encontrándolos en Francia, Rusia, Suecia y Sajonia. Prusia se ve así rodeada de enemigos, así que se adelanta y comienza la Guerra de los Siete Años invadiendo Sajonia en otoño de 1756. Después ataca Bohemia, pero el ejército austriaco, fortalecido por las reformas llevadas a cabo por Maria Teresa, logra derrotarle y echarle de Bohemia.

Prusia pasa entonces a la defensiva, y se producen diversos avances que Austria no es capaz de aprovechar, seguidos de nuevos retrocesos. Pero la Guerra no tiene sólo como escenario Silesia, sino las colonias americanas e Indias entre Francia y Gran Bretaña. Gran Bretaña y el Electorado de Hannover (ambos en poder de Jorge II de Gran Bretaña) derrotan a Francia, mientras Rusia y Suecia se retiran de la Guerra por la muerte de la zarina Isabel I, sucedida por Pedro III, que, gran admirador de Federico de Prusia, firma la paz con él. En los otros frentes Gran Bretaña se impone a Francia, y la guerra termina en 1763 sin cambios para Austria: Silesia seguirá bajo control prusiano; Prusia pasa a ser ahora la potencia dominante en el entorno alemán, sustituyendo a Austria.

Ya incluso durante la Guerra, Maria Teresa de Habsburgo comienza a buscar compromisos matrimoniales provechosos para sus hijos, con los que tenía una relación de superioridad muy distinta a la que tenía con ellos su padre Francisco. Con una descendencia tan elevada, no era tarea fácil:

En 1760 casa a su hijo mayor y heredero, José, con Isabel de Borbón-Parma. Pero al año siguiente, su segundo hijo (y su favorito), Carlos José, muere a punto de cumplir los 16 años de viruela, algo que afectó seriamente a Maria Teresa (no tanto a José, con quien no se llevaba bien; el mayor ni siquiera fue a visitar a su hermano cuando estaba enfermo). El miedo a la viruela, que le había robado ya varios hijos, fue creciente. De viruela morirá además la primera esposa de José, Isabel, en 1763. Se arregla un segundo matrimonio para José, que sólo tiene una hija (Maria Teresa, como su abuela, que muere además de neumonía a los 8 años, en 1770), con Josefa de Baviera, que tiene lugar el 23 de enero de 1765.

Mientras, estando en Innsbruck, el 18 de agosto de 1765, Francisco sufre una apoplejía y muere en el palacio de la localidad. Maria Teresa de Habsburgo sufre enormemente la muerte de su esposo, hace convertir en capilla la habitación en la que murió, se corta su larga melena rubia y viste de luto por el resto de su vida. Su hijo José pasará a ser el nuevo Emperador, como José II. Las diferencias con su madre son importantes, en especial en política religiosa, ya que, aunque ambos son monarcas ilustrados, José defiende la libertad religiosa de protestantes y judíos, algo de lo que Maria Teresa no quiere ni oír hablar.

En 1767, una nueva epidemia de viruela arrasa Viena. Josefa, la esposa de José, que ha tenido que sufrir el desprecio de su marido (que seguía enamorado de su primera esposa) se contagia de la enfermedad. Como José se niega  atenderla, son Maria Teresa y su hija Maria Isabel las que la atienden, con lo que ambas se contagian de la enfermedad, aunque sobreviven. No así Josefa, que muere el 28 de mayo. Maria Teresa entonces se empeña en que su hija Maria Josefa rece en la Cripta Imperial ante el sarcófago abierto de Josefa, y la archiduquesa también muere de viruela (aunque los avances científicos nos permiten saber hoy que el contagio no se debió al hecho de rezar ante el ataúd de su cuñada, ya que para entonces estaba incubando la enfermedad). Maria Teresa se siente culpable por la muerte de su hija, y como medida preventiva, decide vacunar contra la viruela a sus hijos, además de promover la vacunación de los niños vieneses, lo que cambia la visión negativa que los médicos austriacos tenían sobre este nuevo método.

En 1775 implanta también una reforma educativa en los territorios de los Habsburgo para conseguir la educación universal, aunque no consigue todos los objetivos deseados y se encuentra con fuerte oposición.

Las relaciones con su hijo, que además del nuevo emperador era su corregente desde 1765, fueron difíciles por las diferencias de criterio y los fuertes caracteres que ambos tenían. Maria Teresa amenazó con abdicar en varias ocasiones, pero en el fondo se sentía muy atada al poder.

A medida que pasaban los años, Maria Teresa de Habsburgo sufría cada vez más problemas de salud; además, parece poco probable que realmente se recuperara de la viruela. El 29 de noviembre de 1780, con 67 años, moría finalmente, a causa de un supuesto resfriado. Fue enterrada junto a su esposo en la Cripta Imperial de los Habsburgo en Viena.

Por suerte para ella, no vería el triste destino de su hija menor, Maria Antonieta (tampoco lo verían sus hermanos José II y Leopoldo II), a quien había casado con el delfín Luis, futuro Luis XVI de Francia.

El de Maria Teresa de Habsburgo fue un reinado con luces y sombras: mujer de gran carácter, no se dejó dominar por los hombres a su alrededor, ni siquiera por sus peores enemigos (Federico II de Prusia ocupa el lugar más destacable de esta categoría), defendió sus derechos y sus territorios a capa y espada y afrontó diversas medidas modernizadoras, pero en el fondo seguía siendo una mujer conservadora que no entendía el sentido de muchas reformas necesarias y que a menudo se opuso a ellas frente a su hijo. Eso sí, hay que reconocer que sus incipientes reformas fueron el germen de la modernización de Austria, que en el siglo XIX se convertiría en un poderosísimo Imperio. En fin, Maria Teresa de Habsburgo fue una de las más influyentes mujeres de la ilustración, y un ejemplo del histórico poder que han tenido las mujeres, aunque intenten contarnos lo contrario.



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