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30 años de la muerte de Greta Garbo (15-04-1990)

A veces asociamos la fama (y más aún la fama de Hollywood) con grandes fiestas, entrevistas constantes y posados en las más prestigiosas revistas de moda. Pero ha habido quienes han evitado esa imagen a toda costa y han guardado celosamente su intimidad. El caso que hoy nos ocupa sólo consiguió con ese misterio robre su vida y con su temprana retirada aumentar aún más su leyenda y la curiosidad sobre su persona. Cuando se cumplen 30 años de su muerte recordamos a una de las mejores actrices de la historia, la Divina, Greta Garbo.

El nombre real de Greta Garbo era Greta Lovisa Gustafsson, y nació en Estocolmo el 18 de septiembre de 1905. Era la menor de tres hermanos en una familia proletaria. Desde muy joven fue evidente su pasión por la interpretación y su carácter de líder, pese a su retraimiento. Participó en funciones teatrales y dirigía a sus amigos jugando a actuar. Su formación académica fue básica, lo propio en la época para una niña de clase baja.

A finales de 1919 su padre contrajo la gripe española y, pese a los cuidados de Greta, murió a comienzos de 1920. Por esas fechas ella trabaja como dependienta en el Centro Comercial PUB de la capital sueca, y fue elegida como modelo publicitaria. Poco después, el director de los anuncios audiovisuales la elige para participar en un spot de ropa femenina. Poco después la contrataron como extra en algunas películas, mientras comienza a estudiar arte dramático en Estocolmo.

En 1924, el director finlandés Mauritz Stiller la contrata para un papel protagonista en “La leyenda de Gösta Berling”:

La película fue un éxito considerable y consigue que tanto Garbo como Stiller sean llamados a Hollywood. Antes de partir a América Greta protagoniza el film alemán “Bajo la máscara del placer” de Georg Wilhelm Pabst. 

Con Stiller como su mentor, la persona que le enseña cómo ser una actriz, ambos permanecen seis meses en Nueva York antes de que la Metro. Tras viajar a Los Angeles, Greta Garbo es contratada para protagonizar “Torrente”, adaptación de una novela de Vicente Blasco Ibañez (autor de moda gracias a las películas de Rodolfo Valentino “Sangre y arena” y “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”), pero para su decepción Stiller no va a ser el director. 

En 1926 rueda otra adaptación de Blasco Ibañez, “La tierra de todos”, que inicialmente iba a dirigir Stiller, pero su mal nibel de inglés y sus problemas para adaptarse al sistema de trabajo de los estudios provocaron que fuera sustituido por Fred Niblo. La película fue un éxito y Greta Garbo fue la nueva estrella de la MGM:

Ese mismo año, Greta Garbo protagoniza “El demonio y la carne”, junto a John Gilbert, con quien mantiene un romance y está a punto de casarse. Su interpretación está considerada la más erótica que se había visto en Hollywood hasta la fecha:

Greta Garbo protagoniza otros 7 film mudos, dos de ellos junto a Gilbert (“Anna Karenina” en 1827 y “La mujer ligera” en 1928; el primero dirigido por Edmund Goulding y el segundo por Clarence Brown). Su estatus como la estrella femenina de la Metro y una de las mejores actrices de Hollywood es indudable ya en 1928. Pero entonces llega el sonor. Y la Garbo tiene un marcado acento sueco…

La Metro es reacia a trasladar a su gran estrella al recién nacido cine sonoro. Bueno, en realidad la Metro es reacia en sí al sonoro, siendo el último de los grandes estudios en hacerlo. Pero llega 1929 y ya no hay marcha atrás. ¿Será la Garbo otra más de tantas actrices que no superarán la prueba de fuego de ser oída por el público?

En 1929 protagoniza “Anna Christie” (estrenada en 1930), de la que además rueda un remake en alemán poco después. Era la primera vez que el gran público iba a escuchar su voz y su acento. La película fue de hecho publicitada con el eslogan “Garbo habla”:

Y Garbo habló. ¡Vaya si hablo! La película fue un enorme éxito y la fama de La Divina, como era conocida la Garbo, no hizo más que crecer. Su confirmación como estrella del cine sonoro llega pocos meses después con “Romance”, dirigida, igual que “Anna Christie”, por Clarence Brown. La película es un drama en el que interpreta el papel de una mujer de vida “delicada” que tendrá problemas para ser aceptada por su más estable amor, en un tipo de papel frecuente en esta etapa de su carrera. En esta película trabaja junto a uno de los actores habituales de su filmografía, Lewis Stone, si bien su partenaire es el mucho menos conocido Gavin Gordon:

Por primera vez Greta Garbo consigue ser nominada al Oscar, pero por partida doble, ya que será nominada como mejor actriz por ambas películas, si bien no consigue ganarlo. El premio le será siempre esquivo. 

Son los años previos al Código Hays, la censura que operó en Hollywood desde 1933 hasta más o menos 1960. La puritana sociedad americana deja ver en este tipo de películas su morbo por ver esos personajes “depravados”, de mala vida, a los que no les permiten entrar en su entorno. Greta Garbo repite papeles más o menos similares en sis siguientes películas, como “Inspiración”, de nuevo dirigida por Clarence Brown, en la que comparte protagonismo con un joven Robert Montgomery y, de nuevo, con Lewis Stone:

Similar situación encontramos en “Susan Lenox”, que en este caso protagoniza junto a un recién llegado Clark Gable que palidece a su lado:

También en 1931 protagoniza “Mata Hari”, interpretando a la exótica espía ejecutada en la I Guerra Mundial. Su erotismo brilla aquí como nunca, junto a la estrella de cine mudo Ramón Novarro y actores habituales de su filmografía como Lionel Barrymore o, de nuevo, Lewis Stone:

Hay que decir aquí que el acento latino de Novarro queda mucho peor que el acento sueco de la Garbo. El posterior desarrollo de las carreras de ambos lo confirma.

En 1932 protagoniza “Como tú me deseas”, su primera película junto a Melvyn Douglas, pero la película que más destaca ese año es “Gran Hotel”, de Edmund Goulding, en la que la Garbo encabeza un reparto de estrellas que incluye a John Barrymore, Joan Crawford, Wallace Beery y sus habituales acompañantes Lionel Barrymore, Lewis Stone y Jean Hersholt. De nuevo Greta Garbo interpreta a un personaje más o menos público, en este caso una bailarina, pero mostrándonos de una forma diferente, menos glamourosa, su vida privada:

Greta Garbo tiene por esa época intención de interpretar a Juana de Arco, pero la MGM rechaza la idea. Así, tras el rodaje de “Como tú me deseas”, su contrato con la Metro concluye (pese a ser la estrella más taquillera de la compañía) y la Garbo se va un año a Suecia. Regresa sólo con la condición de elegir sus proyectos, siendo el primero “La reina Cristina de Suecia”, que dirigirá Rouben Mamoulian. Garbo insiste, frente al criterio de la Metro, en que su partenaire sea John Gilbert, que se encuentra en decadencia (éste será su penúltima película y morirá pocos años después), lo que demuestra el poder que tiene la actriz. Con un reparto completado por unos insuperables Lewis Stone y C. Aubrey Smith, pese a sus problemas con la recién nacida censura (la Garbo viste de hombre o besa a una mujer en la película), es un gran éxito, y deja para nuestras retinas esa escena final, ese rostro hierático pero a la vez absolutamente expresivo, que es una leyenda del séptimo arte:

En 1934 potagoniza “El velo pintado”, adaptación de la novela de W. Somerset Maugham que dirige Richard Boleslawski y que co-protagoniza Herbert Marshall. La Garbo aquí es una esposa adúltera que termina enamorándose de su sacrificado esposo, un médico que la lleva al interior de China al foco de una epidemia de cólera:

Por esas fechas David O’Selznick quiere producir una adaptación cinematográfica de la recién estrenada obra teatral “Amarga Victoria” con Greta Garbo y Fredric March como protagonistas, pero la Garbo tiene otras intenciones (la película no se rodará hasta 1939, con Bette Davis como protagonista, y Selznick ya no estará en las tareas de producción): tras su éxito como Cristina de Suecia, los dramas históricos parecen ser lo que mejor se adapta a su estilo, e insiste en protagonizar “Anna Karenina”, con el propio March como el Conde Vronski. Dirigida por Clarence Brown y con un repartazo de lujo en el que destaca el tiránico Karenin de Basil Rathbone y el debutante Freddie Bartholomew como el pequeño hijo de Anna, la MGM tiene pocas expectativas puestas en esta adaptación de la novela de Tolstoi:

Ceguera la de la Metro, porque la película fue un rotundo éxito. Aún con un reparto de enorme talento, Greta Garbo destaca en todas sus escenas, haciendo una interpretación memorable de la protagonista, y recibiendo a cambio un elevadísimo salario. Los Oscars la ignoraron (imperdonable), pero la asociación de críticos de cine de Nueva York le otorgó el premio a mejor actriz. 

Greta Garbo trabaja cada vez menos. Amagos con su retirada son suplidos con apenas un estreno anual, en proyector que ella misma elige. Para 1936, su elección es otra heroína literaria: “La dama de las camelias”. Dirigida por George Cukor, famoso por su habilidad en sacar lo mejor de sus actrices, la Garbo brilla aquí como nunca antes lo había hecho. El productor Irving Thalberg sitúa a su lado al veterano Lionel Barrymore y a un joven casi desconocido, Robert Taylor, que consigue (todo un mérito) no ser sepultado por el inmenso talento de la actriz sueca en su mejor papel. La muerte de Thalberg durante el rodaje afectó seriamente a la Garbo, potenciando si cabe una interpretación aún más lograda del final de la película:

La película es, de nuevo, un enorme éxito. Aquí la academia de Hollywood ya no tenía excusa posible y, pro primera vez desde 1930, Greta Garbo consigue ser nominada al Oscar, si bien de nuevo no lo gana. Sí gana, como ya había hecho el año anterior, el premio de la crítica de Nueva York. 

la MGM entonces le ofrece protagonizar uno de sus proyectos más ambiciosos: interpretar a la protagonista de “Maria Walewska”, la condesa polaca amante de Napoleón, en la película dirigida por Clarence Brown en 1937. Charles Boyer será el intérprete de Napoleón, y el actor francés demostrará ser el único actor dramático capaz de brillar a la misma altura interpretativa que ella: 

Pero en esta ocasión la película es un fracaso. La Metro se da cuenta de que la estrella de la Garbo está acabada (cruel mundo en el que un año eres el rey y al siguiente ya estás pasado de moda). Se le considera “veneno para la taquilla”. A punto de concluir su contrato con la Metro, Greta Garbo se retira a Suecia una temporada. No estrena nada en 1938. De vuelta en Hollywood, la MGM decide que lo mejor es dar un giro a su carrera y probar en un género que el era ajeno: la comedia. Al menos se podrá promociar la película con el eslogan “Garbo ríe”. Por suerte para ella, la comedia en cuestión no es otra que “Ninotchka” de Ernst Lubitsch, genial comedia que ironiza sobre la Rusia soviética con el ácido humor que caracteriza a su guionista, un tal Billy Wilder. Y emparejada además con Melvyn Douglas y rodeada por un reparto en estado de gracia, Greta Garbo vuelve a ganarse el favor del público:

Y es que cuando juntas a tres genios absolutos como Garbo, Lubitsch y Wilder, ¿qué puede salir mal? Imposible. Ninotschka es una película simplemente memorable, que le valió su última nominación al Oscar (evidentemente no tenía nada que hacer para ganarlo frente a la Scarlett O’Hara de Vivien Leigh). 

Visto el éxito de la Garbo en su nueva faceta cómica, la MGM decide repetir fórmula: comedia, Melvyn Douglas… y con George Cukor como director, ese director que había hecho brillar a la actriz como nunca en “La dama de las camelias”. ¿Qué podía salir mal? ¿No tenía atractivo ver a la Garbo bailando o esquiando? Así, en 1941 se estrena “La mujer de las dos caras”:

La película consigue un cierto éxito comercial en Estados Unidos, pero la crítica la masacra. Al a Garbo le afectan las críticas, pero el mayor problema viene cuando la II Guerra Mundial impide que la película triunfe en Europa. Pendiente de un nuevo rodaje para la Metro, los problemas económicos terminan haciendo que éste se suspenda. Espera a que termine la guerra para retomar su trabajo, impaciente, pero al mismo tiempo temerosa de los resultados. Rechaza muchos proyevtos, y otros simplemente se caen por diversos problemas. Nada menos que Alfred Hitchcock quiere dirigirla en “El proceso Paradine”, pero tras las pruebas de cámara, la Garbo rechaza participar. El último proyecto en el que está realmente involucrada es una adaptación de “La duquesa de Langeais”, adaptación de la obra de Balzac que debe dirigir Max Ophüls; llega incluso a desplazarse en 1949 a Roma para el rodaje, pero problemas económicos llevan a la suspensión del proyecto. Poco después rechaza protagonizar “El crepúsculo de los dioses” de Billy Wilder. Su retirada del cine es ya definitiva.

Alejada de Hollywood y de la vida pública, Greta Garbo lleva una vida considerablemente diferente a la que cabría esperar, huyendo de la prensa y evitando atraer la atención incluso cuando se encuentra con amigos de la jet-set newyorkina. Como había hecho previamente cuando había estado nominada, rechaza asistir a la ceremonia de entrega de los Oscars de 1954 en los que es galardonada con un merecidísimo Oscar honorífico. Retirada desde 1953 en su apartament Newyorkino, donde se dedicaba a coleccionar obras de arte, había obtenido poco antes, en 1951, la nacionalidad americana. Manteniendo una vida misteriosa, paseaba por Nueva York tratando de pasar desapercibida y ocultando su aspecto. En 1984 supera un cáncer de mama, padece desde poco después problemas renales que le obligan a pasar diálisis. Ingresada a comienzos de 1990 en un hospital, muere el 15 de abril del mismo año a consecuencia de una neumonía y problemas renales, e los 84 años de edad. 

Ser tan celosa de su vida privada sólo contribuyó a aumentar su leyenda. Los fans del cine suspiramos por todos aquellos proyectos en los que pudo haber participado y, al final, por un motivo u otro, nunca llegaron a buen puerto. Pero en su breve carrera y no muy extensa filmografía encontramos motivos de sobra para convencernos de que el mito de la Divina está más que fundado. Sí, Greta Garbo fue una de las mejores actrices a las que nunca podremos ver en la pantalla. 

In Memoriam: Kirk Douglas (05-02-2020)

Era el penúltimo actor del Hollywood clásico que nos quedaba. La pasada semana nos dejaba el mítico Kirk Douglas, a los 103 años de edad, dejando a los cinéfilos aún más huérfanos de un pasado dorado que ya queda cada vez más lejano en el tiempo. Motivo de más para repasar su extensa carrera.

El nombre real de Kirk Douglas era Issur Danielovitch, y nació el 9 de diciembre de 1916 en Nueva York. Era hijo de una familia de inmigrantes judíos procedentes del este de la actual Bielorrusia, entonces parte del Imperio Ruso, y su lengua materna era el Yiddish. Tenía 6 hermanas, y su familia no tenía recursos económicos, así que Izzy, como era conocido, tuvo que trabajar desde muy pequeño. Consiguió aún así acceder a la universidad, a cambio de trabajar allí como jardinero. Destacó entonces en diversas disiciplinas: lucha libre, debate y teatro. 

Su talento para el teatro fue conocido en la Academia de Arte Dramático de Nueva York, que lo aceptó tras graduarse. Fue entonces cuando adoptó el nombre artístico de Kirk Douglas. Allí conoció a Lauren Bacall, que sería fundamental en su carrera posterior, además de ayudarle en su maltrecha economía ocasionalmente. 

Graduado en 1939, comenzó a actuar en Broadway, pero con el estallido de la II Guerra Mundial se alistó en la Marina, donde sirvió hasta 1944, cuando fue licenciado por heridas de guerra. Un año antes, en 1943, se había casado con la actriz Diana Dill, con la que tuvo dos hijos: Michael, el más conocido, en 1944, y Joel en 1947. 

De regreso de la guerra trabajó en Broadway antes de ser reclutado en Hollywood: Lauren Bacall le recomendó a Hal B. Wallis, quien estaba en busca de una nueva estrella masculina. Douglas superó el casting para su siguiente película, “El extraño amor de Martha Ivers”, por delante de otros actores como Richard Widmark y Montgomery Clift, debutando por tanto en el cine con la citada película de Lewis Milestone acompañando a Van Heflin y Barbara Stanwyck, interpretando precisamente a su marido:

Con una carrera todavía por perfilar, en 1948 protagoniza una comedia, género infrecuente en su filmografía: “Mi querida secretaria”:

En 1949 trabaja en la primera gran película de su filmografía: “Carta a tres esposas”, de Joseph L. Mankiewicz, interpretando al esposo de una de esas tres mujeres que temen que sea su correspondiente marido quien va a fugarse con la amiga que les ha escrito la intrigante carta: 

Pero la película que le lanzará definitivamente a la fama será “El ídolo de barro”, de Mark Robson, estrenada también en 1949, y en la que interpreta a un violento boxeador con problemas para ganarse la vida y su relación con su hermano, interpretado por Arthur Kennedy:

Este papel le vale la primera de sus tres nominaciones al Oscar, que no ganará nunca (se sospecha que uno de los motivos por los que no gana nunca es por su marcada ideología izquierdista, odiada por los magnates de Hollywood). En ese momento queda claro que los papeles en los que más se luce Kirk Douglas son personajes muy intensos, de carácter fuerte, en los que luce más natural y realista, ya que son los que más se adaptan a su propia personalidad. 

Su siguiente papel remarcable viene en 1950 de la mano de Michael Curtiz, en el drama musical “El trompetista”, en el que trabaja con su vieja amiga Lauren Bacall:

En 1951 trabaja con dos de los mejores directores de Hollywood. El primero, William Wyler, lo dirige en “Brigada 41”, drama ambientado en una comisaría en el que interpreta a un violento policía, junto a Eleanor Parker:

El otro será Billy Wilder, con quien trabaja en “El gran carnaval”, película muy crítica con el amarillismo de la prensa que no fue muy exitosa:

Son años en los que Kirk Douglas trabaja frecuentemente en westerns, pero es en el género dramático donde obtiene sus mayores éxitos, especialmente en 1952 con “Cautivos del mal”, drama de Vincente Minelli en el que interpreta a un tiránico director de cine odiado por todos sus compañeros de trabajo, entre ellos Lana Turner, Walter Pidgeon o Gloria Grahame:

Por este papel Kirk Douglas recibe su segunda nominación al Oscar.

En 1954 la Fisney cuenta con él para protagonizar “20.000 leguas de viaje submarino”, adaptación de la novela de Julio Verne en la que comparte pantalla con Paul Lukas, Peter Lore o James Mason, que interpreta al personaje de Nemo. Douglas puede aquí lucir su talento cómico:

Divorciado desde 1951 por sus habituales infidelidades, en 1954 Kirk Douglas se casa por segunda vez, con la productora Anne Budyens, con la que permanece casado hasta su muerte. Tiene dos hijos: Peter en 1955 y Eric en 1958. 

En 1956 rueda otro de sus mayores éxitos, “El loco del pelo rojo”, de nuevo a las órdenes de Vincente Minnelli, en el que interpreta al pintos Vincent Van Gogh, acompañado por Anthony Quinn interpretando a Gaugin. Quinn gana el Oscar a mejor secundario, mientras Douglas vuelve a quedarse a las puertas del premio a mejor actor en la que fue su tercera y última nominación:

En 1957 trabaja en el que probablemente sea suwetsern más célebre, “Duelo de titanes” de John Sturguess, interpretando a Doc Hollyday, junto a su amigo Burt Lancaster que interpreta al sheriff Wyatt Earp:

En 1955 Kirk Douglas había fundado su propia productora, Byrna Productions. En 1957 es gracias a su productora que por fin consigue salir adelante “Senderos de Gloria”, adaptación de la novela antibélica de Humphrey Cobb ambientada en la Primera Guerra Mundial que dirige Stanley Kubrick y que el propio Douglas protagoniza:

En 1958 es productor y protagonista de “Los Vikingos”, cinta de aventuras históricas en la que comparte protagonismo con Tony Curtis y Janet Leigh:

En 1957 vuelve a protagonizar un wetsern de John Sturges, “El último tren de Gun Hill”, en el que tiene que enfrentarse a Anthony Quinn:

En 1960 de nuevo produce y protagoniza una película de Stanley Kubrick, en este caso la famosa “Espartaco”, en la que interpreta al mítico rebelde romano junto a un magnífico reparto que incluye a Jean Simmons, Tony Curtis, Jean Simmons, Laurence Olivier, Charles Laughton o Peter Ustinov, entre otros: 

Hay que destacar que Douglas se encargó de que en los títulos de crédito apareciera el guionista Dalton Trumbo, vetado a causa de la caza de brujas. 

Kirk Douglas regresa al teatro a comienzos de los años 60. En esos años también se especializa en cine en interpretar a militares. Buena prueba de ello son sus dos películas estrenadas en 1965. La primera es “Primera victoria”, drama dirigido por Otto Preminger, ambientada tras el bombardeo de Parl Harbour, y en la que comparte protagonismo con John Wayne, Brandon de Wilde o Patricia Neal: 

La otra es “Los héroes de Telemark” de Anthony Mann, film sobre la resistencia noruega durante la invasión nazi que protagoniza junto a Richard Harris y Michael Redgrave:

En 1967 vuelve a compartir pantalla con John Wayne en el western “Ataque al carro blindado”, en el que ambos lideran un pequeño grupo que planea asaltar un carro blindado que transporta dinero:

En 1969 trabaja a las órdenes de Elia Kazan en “El compromiso”, junto a Faye Dunaway y Deborah Kerr. Me pregunto qué supondría para alguien como Douglas, que recuperó la carrera de Dalton Trumbo, trabajar a las órdenes de un delator como Kazan:

En 1970 vuelve a trabajar a las órdenes de Joseph L. Mankiewicz en “El día de los tramposos”, un western crepuscular e irónico que protagoniza junto a Henry Fonda:

La carrera posterior de Kirk Douglas es en general poco interesante. En 1973 debuta como director en “Pata de palo”, adaptación de La isla del tesoro trasladada al western, que protagoniza junto al joven Mark Lester: 

Y repite tras las cámaras en una segunda ocasión, en 1975, con el western “Los justicieros del Oeste”:

En 1979 se pasa al género de la ciencia-ficción con “Saturno 13”, dirigida por Stanley Donen:

Trabajando cada vez más en televisión, todavía consigue, pese a su edad, tener algunos papeles protagonistas en cine. Así, por ejemplo, en 1986 vuelve a trabajar con su amigo Burt Lancaster en la comedia criminal “Otra ciudad, otra ley”:

La Academia quiso compensar el hecho de no haberle dado nunca el Oscar, así que en 1996 le dieron un Oscar honorífico:

En 2003 trabaja en la película “Cosas de familia” junto a su hijo Michael, su nieto Cameron y su primera esposa, Diana (la madre de Michael):

Kirk Douglas se despidió del cine dos años después, en 2005. Prácticamente retirado de la vida pública, en ocasiones todavía aparecía junto a su familia en alguna entrega de premios, convertido en una leyenda vida de Hollywood. Superados los problemas cardíacos de finales de los 90, disfrutó de una sorprendente longevidad, que terminó el pasado 5 de febrero, cuando ya llegaba a los 103 años. Fue enterrado pocos días después en el Westwood Village Memorial Park de Los Angeles. 

Kirk Douglas era, como ya hemos dicho, casi el último exponente del Hollywood dorado (sólo nos queda ya Olivia de Havilland), y como tal uno de los últimos exponentes de una forma diferente de entender y hacer cine, además de ser de los últimos en haber trabajado con los grandes directores  e intérpretes de ese pasado que, tras su muerte, se convierte aún más en mítico. 



Comentando la ceremonia de entrega de los Oscars 2019 (09-02-2020)

Llegaban por fin los Oscars 2019 (antes de lo normal, por cierto), que este año eran menos “interesantes” de lo normal, ya que los premios principales estaban cantados… o no. Hubo sorpresa final (algo que se está convirtiendo ya en habitual), que me hace estar todavía más en desacuerdo con los premiados. 

Vaya por delante que este año no he tenido ocasión de ver la ceremonia (en España si no tienes Movistar es prácticamente imposible), así que he tenido que seguir la ceremonia a través de los comentarios de Radio Nacional. Cotorreos que apenas seguían los premios (a veces estaban a punto de ni siquiera decir quién había ganado cada premio) y comentarios chauvinistas (ya se sabe, los de España son los mejores y todo eso) que hicieron que seguir la ceremonia fuera un tostón monumental. 

Así que, sin poder comentar nada de las actuaciones musicales, de los presentadores, de los discursos de los premiados, del In Memoriam, de los asistentes y ausentes… vamos a comentar el palmarés. 

Los premios entregados en esta ceremonia de los Oscars 2019 han estado en general bastante repartidos entre las principales películas nominadas. Destacar de entre las que se han ido de vacío “Los dos Papas”, con 3 nominaciones (destacable por las actuaciones de Hopkins y Pryce, pero que tampoco podía aspirar a más nominaciones), Star Wars IX, con otras 3 (este año los premios técnicos estaban disputados, y el gran John Williams tenía pocas opciones de premio, pese a su magnifica partitura) y, sobre todo, “El irlandés”, que no ha conseguido ver premiada ninguna de sus 10 nominaciones. No protesto: el cine de Scorsese por lo general me interesa muy poco, y más si vuelve por enésima vez al mundo de la mafia (qué pesadez siempre con los mafiosos… a mí esas pelis no me gustan. No, al menos, si el mafioso no es Humphrey Bogart, claro). Y, en este caso, lo más remarcable de la película era su eterna duración, lo que aún le resta más puntos. 

De los premios técnicos, dos (montaje y efectos sonoros) fueron para “Le Mans 66”, premios más que merecidos en una película que me gustó mucho pese a que el tema de las carreras de coches me interese más bien poco (lo que considero un mérito de la película). “1917”, mi gran esperanza en estos Oscars 2020, se llevaba mejor fotografía, mejor sonido y mejores efectos visuales, todos ellos merecidísimos. Mejor maquillaje era para “El escándalo” (confieso que no reconocí a John Lithgow en la película, así que deduzco que el maquillaje estaba muy conseguido, sí), mientras el premio a mejor vestuario iba a parar a mi película favorita de esta edición, “Mujercitas” (y era mi apuesta en este premio, aunque los zapatos de Jojo Rabbit también habría merecido ganar). Por último, “Érase una vez en Hollywood” se llevaba uno de sus dos premios en la categoría de diseño de producción, recuperando esa acertada estética sesentera. 

Vamos con la música. Me alegró mucho que Elton John se haya llevado el segundo Oscar de su carrera gracias a la canción de “Rocketman”, película que, por otro lado, se ha quedado injustamente fuera de la carrera de los premios principales. Y la banda sonora premiada en los Oscars 2019 ha sido, de nuevo predeciblemente, la de Hildur Guðnadóttir para “Jocker”. Partitura interesante, cierto, pero que tampoco era la mejor en mi opinión (mi favorito en esta categoría era Alexandre Desplat por “Mujercitas”, aunque los otros 3 nominados también se lo hubieran merecido).

El premio a la mejor película de animación ha recaído en “Toy Story 4”. No ha sido seguramente el año más interesante en esta categoría, y era bastante predecible la victoria de la última entrega de Woody y Buzz, pese a no ser ni de lejos la mejor de las 4. 

Llegamos ya a la parte de estos Oscars 2019 que se pone más interesante. Había dos películas nominadas en la categoría de mejor película internacional que contaban con nominaciones en otras categorías (bueno, en realidad 3: Honeyland, la macedonia, estaba nominada también en la categoría de mejor documental): la surcoreana “Parásitos” y la española “Dolor y Gloria”, del siempre querido por la academia Pedro Almodóvar. Eran sin duda las grandes favoritas, aunque el premio para Bong Joon-ho estaba casi cantado: “Parásitos” parte de una idea original interesante, pese a sus excesos finales, y es por ello sin duda mucho más interesante que esa suerte de memorias del manchego que sólo consiguió atraer mi atención en la parte de su niñez (bueno, y la actuación de Julieta Serrano, pero eso es ya otro tema), siendo el resto excéntrico y aburrido. Así que la victoria de “Parásitos” me parece justa. Justísima. 

Los Oscars 2019 en las categorías de guiones fueron una de cal y una de arena, en mi opinión. Indiscutible el mejor guión adaptado para Taika Waititi por la genial “Jojo Rabbit”, una de las películas que más me han gustado de la temporada de premios. Sí, incluso por encima del magistral trabajo de Greta Gerwig en “Mujercitas” (que era mi película favorita). Otra cosa fue ya el mejor guión original: descartada “1917” , magnífica película pero con un guión bastante breve (alerta spoiler: desde que, a mitad de película, muere Dean-Charles Chapman (nuestro querido Tommen Baratheon), George McKay apenas tiene con quien hablar a lo largo de buena parte del resto del metraje), y descartando también a Tarantino, que no es ninguna novedad que es un cineasta que no me interesa, había dos mganíficos guines perfectamente premiables: Rian Johnson por “Puñales por la espalda” (única nominación de la película) y Noah Baumbach por “Historia de un matrimonio”. Los giros de la primera eran magistrales, mientras el realismo conseguido por Baumbach resultaba especialmente impactante. Con dudas, mi apuesta fue por Baumbach. Pero aquí fue cuando ya comenzó a olerse lo que iba a suceder al final de la ceremonia: victoria de la surcoreana “Parásitos”. Ya comentaré más adelante mi opinión al respecto. 

Los premios interpretativos en estos Oscars 2019 fueron perfectamente predecibles, si bien ninguno de ellos era mi favorito en su categoría. Quizá el que más me convenció fue el de Laura Dern por “Historia de un matrimonio” (único premio para la película), que está espléndida, pero mi favorita era Florence Pugh por su magistral Amy March en “Mujercitas”, la mejor de la filmografía. 

A ver, ¿en serio Brad Pitt puede ganar un Oscar? Yo no me lo explico, desde luego. Es cierto que era el único de los 5 que no ha ganado nunca, pero también es cierto que ninguno de los nominados me entusiasma mucho (vaya por delante que no he podido ver todavía “Un amigo extraordinario”, por la que estaba nominado Tom Hanks), al margen de que se ha señalado que la mayoría de los nominados son casi protagonistas (en el caso de Hanks, incluso, sin el “casi”, por lo que parece). Echaba en falta que hubieran sido nominados Timothée Chalamet (el mejor Laurie imaginable, aunque de nuevo es casi protagonista), Willen Dafoe por “El faro” o Jamie Bell por “Rocketman”, que habría añadido interés a la categoría. De los nominados, la interpretación que me ha resultado más interesante ha sido la de Joe Pesci (aunque Anthony Hopkins esté espléndido como Benedicto XVI), pero desde luego Pitt era la última opción. Para mí, porque está visto que para la Academia no. 

La vuelta al cine de Renée Zellweger le ha supuesto su segundo Oscar, en esta ocasión como mejor actriz protagonista (el que ganó por “Cold mountain” fue como secundaria). Zellweger ES Judy Garland en todo momento, se mimetiza con ella. Pero cuando voy al cine, más que ver imitaciones (para eso ya veo “Tu cara me suena”), me gusta ver interpretaciones nuevas, creadas desde 0. Y ahí estaba una inmensa Scarlett Johansson (que, hay que destacar, nunca había sido nominada al Oscar con anterioridad, aunque este año se estrenara por partida doble: protagonista por “Historia de un matrimonio” y secundaria por “Jojo Rabbit”, donde también luce espléndida); en la película de Baumbach está casi a la altura de Adam Driver, y esa es una interpretación que debería haberle reportado un Oscar sin discusión. Pero ya sabemos lo que le gustan a la Academia las imitaciones y/o caricaturas, y eso le valió la victoria a Zellweger. 

Y vamos ya con mejor actor. Indiscutible: Joaquin Phoenix llevaba tiempo exigiendo un Oscar (en mi opinión debería habérselo llevado por “Gladiator”). Pero… ¿por Jocker? Para empezar, la película me repugnó: su abuso del feísmo hace que al final ese Jocker sea imposible de creer, y al no conseguir empatizar, no consigue legitimar la violencia del personaje (que, por otro lado, si ese era el objetivo la de la película, mal vamos). Pero, además, Phoenix, aun con algunos momentos remarcables, está por lo general demasiado histriónico, incluso caricaturesco, muy lejos de la magnífica interpretación que Heath Ledger nos dejó de este personaje (y que le valió un Oscar). A su lado estaba la magistral interpretación de Adam Driver en “Historia de un matrimonio”, una de esas interpretaciones electrizantes, que te dejan un nudo en la garganta; una interpretación que debería haber sido ganadora, sin duda. Se echaban en falta, por otro lado, las nominaciones de Taron Egerton por “Rocketman” y la de Christian Bale por “Le Mans 66” (los Oscars 2019 tenían opciones de sobra para elegir en esta categoría), mientras me sobraba la de Antonio Banderas por “Dolor y Gloria”, que no me resultó ni creíble ni, mucho menos, emocionante, con ese intento de copiar los tics y la forma de hablar de Almodóvar. 

Terminamos con estos Oscars 2019 con las dos categorías que se dejan siempre para el final: director y película. Por lo general considero que la mejor película debe premiar también a su director (entiendo que no es necesario, pero es muy difícil que en estas categorías mis opiniones vayan por separado). Y en este caso así ha sido: Parásitos ganaba, yo diría que por sorpresa, ambos premios. ¿Era la mejor película? En mi opinión no, ni mucho menos. Mi favorita era “Mujercitas”, fantástica adaptación de la famosa novela de Louisa May Alcott que sorprende por el enfoque moderno que le da Greta Gerwig, pero ella no fue nominada en la categoría de directores (en masculino, sí, porque, de nuevo, no había directoras nominadas… es cierto que no siempre es posible nominar a una, pero en este caso era tan fácil hacerlo…). Así que, e vista de las poquísimas posibilidades que tenía, me decantaba por “1917” de Sam Mendes, magistral cinta bélica, una virguería técnica y un mensaje impactante. Magníficas eran, igualmente, “Historia de un matrimonio” y “Jojo Rabbit”. Incluso Le Mans 66 era una gran película (aunque no para ganar en la categoría principal, por supuesto). El resto de las nominadas no son de mi gusto, así que no diré nada. Es decir, para mí hay un puñado de películas que están por encima de “Parásitos”. Pero además hay que recordar un pequeño detalle: los Oscars son los premios de la Academia del cine amer… perdón, estadounidense. Por tanto, se supone que debe premiar a películas estadounidenses, aceptando que por motivos linguísticos incluya películas británicas, o incluso australianas, canadienses y demás, por la gran permeabilidad entre profesionales del cine de esos países. Pero ¿tiene sentido que una película nominada en la categoría de Mejor Película Internacional aparezca como candidata en otros premios? Mi opinión es que no: para eso estarán los premios de la Academia de la nación a la que corresponda.  Y mucho menos que una misma película gane en ambas categorías; ya estuvo a punto de suceder el año pasado con “Roma”, y este año finalmente ha sucedido con “Parásitos”. Se critica a la Academia por premiar sólo a profesionales anglosajones, y es cierto; en Hollywood trabajan innumerables profesionales afroamericanos, latinos, asiáticos… a los que se debería tener más en cuenta a la hora de repartir los premios. Pero si en lugar de premiar a estos profesionales premiamos películas producidas en países con poca o ninguna conexión con la industria americana, flaco favor les estamos haciendo a esas “minorías” locales. Así que sí, considero que la victoria de “Parásitos” en un verdadero sinsentido que pervierte el sentido de los Oscars. Y sospecho que seré de los pocos en pensarlo, de acuerdo. 

Nos queda ahora otro año por delante para ver qué películas serán premiadas en la próxima edición de los Oscars. Y esperemos que eso significa que nos espera un año de buen cine. 

Centenario del nacimiento de Michael Anderson (30-01-2020)

Puede que su nombre no sea especialmente sonado, pero alcanzó un cierto prestigio entre los años 50 y 70, dirigiendo un puñado de films bastante recordados. Hoy, cuando se cumplen 100 años de su nacimiento, recordamos al director cinematográfico británico Michael Anderson. 

Michael Joseph Anderson nació en Londres el 30 de enero de 1920 en el seno de una familia fuertemente vinculada al teatro, ya que sus padres, Lawrence y Beatrice, eran actores de teatro, como también lo había sido su tía-abuela, Mary Anderson, conocida por haber sido una de las primeras intérpretes shakesperianas en Estados Unidos antes de trasladarse a Inglaterra tras casarse, y que regresó a la interpretación en la época del cine mudo bajo el nombre de Mary Navarro. No es de extrañar así que en 1936, con 16 años, entre a trabajar en los británicos Estudios Elstree, primero en labores de producción y, a partir de 1938, como asistente de dirección, además de trabajar ocasionalmente como actor. 

En 1939 se casa con Betty Jordan, con quien tiene 5 hijos, entre los cuales se encuentra Michael Anderson Jr., nacido en 1943, que será un destacado actor juvenil en los años 60. 

Michael Anderson trabaja como asistente de director hasta 1942, colaborando con directores de la talla de Anthony Asquith, antes de servir en el ejército durante la II Guerra Mundial. Es en este momento cuando conoce a Peter Ustinov, con quien colaborará a su regreso del ejército en dos películas que dirige el propio Ustinov. Finalmente, en 1949, ambos escriben el guión de “Private Angelo”, comedia bélica que protagoniza el propio Ustinov y en la que Anderson figura por primera vez como director, junto al propio Ustinov. 

A partir de ese momento, Michael Anderson comienza a trabajar como director en solitario, si bien en sus comienzos no alcanzará mucho éxito. Hasta que, trabajando para la productora británica ABPC dirige la película bélica “Misión de valientes”, protagonizada por Richard Todd y Michael Redgrave (actor habitual en su filmografía), recordada sobre todo por algunas secuencias que se parecen mucho (demasiado) al episodio IV de Star Wars (serán por tanto un referente para George Lucas, entiendo):

En 1956 rueda la primera adaptación de la famosa novela de George Orwell “1984”, protagonizada por Edmond o’Brien y de nuevo con Michael Redgrave en el reparto: 

Mientras tanto, en Estados Unidos, le productor teatral de Broadway Mike Todd quiere dirigir una adaptación de la famosa novela de Julio Verne “La vuelta al mundo en 80 días”, pese a carecer de experiencia cinematográfica. Tras pelearse con el director original, John Farrow, contrata a Michael Anderson, impresionado por su trabajo en “Misión de valientes” y por recomendación de Noël Coward. Así, Anderson se estrena en Hollywood con una película de altísimo presupuesto, repleta de cameos y protagonizada por David Niven, Shirley McLaine y Cantinflas: 

Michael Anderson no podía estrenarse con mejor pie en Hollywood: la película gana el Oscar a mejor película y él mismo es nominado como mejor director (su única nominación). 

Pero Anderson regresa al Reino Unido, donde tiene pendiente terminar su contrato con la ABPC de rodar 5 películas: ya ha rodado 4, y en 1958 estrena la quinta, “Sombras acusadoras”, thriller de intriga protagonizado por Anne Baxter y Richard Todd: 

Michael Anderson todavía no regresa a Hollywood: en 1959 rueda “Luces de rebeldía”, drama irlandés ambientado en el conflicto del IRA contra el Reino Unido, protagonizado por James Cagney y Don Murray, en una película que destaca por sus peculiares enfoques de cámara, que a veces se convierten en los ojos de su protagonista, en especial en la escena en la que recibe una paliza de un oficial británico: los puñetazos se dirigen directamente a la cámara, para hacernos meternos más en la película:

Ese mismo año es contratado por la MGM para rodar un proyecto inicialmente pensado para Hitchcock, thriller naval protagonizado por Gary Cooper y Chartlon Heston, y con un casi debutante Richard Harris como villano de la función:

Su siguiente trabajo para la MGM, en 1960, es “Los jóvenes canívales”, drama inspirado en la vida de Chet Baker y protagonizado por Robert Wagner y Natalie Wood:

Y en 1961, Michael Anderson regresa al género del thriller con “Sombras de sospecha”, que empareja a Deborah Kerr con un Gary Cooper que tiene aquí su último papel: 

Su siguiente trabajo relevante tiene lugar en 1965: el film bélico “Operación Crossbow”, ambientado en la II Guerra Mundial y que cuenta con un reparto de lujo, encabezado por George Peppard, Sophia Loren y Trevor Howard

En 1963 se había publicado la novela “Las sandalias del pescador” del escritor australiano Morris West con gran éxito, por lo que en 1964 la MGM adquirió sus derechos para llevarla al cine. Cuando va a comenzar el rodaje, a finales de 1967, el director Anthony Asquid enferma de gravedad (morirá poco después, a comienzos de 1968), por lo que es sustituido por Michael Anderson. Pero la ambiciosa película, estrenada en 1968, que cuenta la historia de un Papa eslavo, Cirilo (interpretado por Anthony Quinn) que tiene que hacer frente a múltiples problemas, es un rotundo fracaso comercial:

Tras unos años sin trabajar, durante los cuales se casa por segunda vez, con Vera Carlisle, en 1969, Michael Anderson regresa a la dirección en 1972 con la cinta histórica “La Papisa Juana”, antes de dirigir en 1974 “Culpable sin rostro”, drama judicial ambientado en la India británica protagonizado por Michael York:

El último gran éxito de Michael Anderson llegará en 1976 con “La fuga de Logan”, historia futurista protagonizada de nuevo por Michael York y su antiguo compañero Peter Ustinov, además de darle un pequeño papel a su hijo Michael Anderson Jr., en una película rompedora en su época por su estética y sus efector especiales, que hoy resultan trasnochados:

En 1977 estrena “Orca, la ballena asesina”, protagonizada por Richard Harris y Charlotte Rampling, que fue un fracaso por sus similitudes con “Tiburón”:

Casado en 1977 por tercera vez, con la actriz canadiense Adrienne Ellis, se traslada junto a ella a Canadá en 1981, obteniendo la ciudadanía canadiense. Su carrera posterior se centra principalmente en el rodaje de miniseries para televisión, junto con alguna que otra película olvidable. De sus trabajos televisivos destacaremos, por su magnífico reparto, el telefilm “Yooung Catherine”, sobre la vida de Catalina la Grande de Rusia, protagonizado por Julia Ormond y Vanessa Redgrave:

En 1999 Michael Anderson estrena su última película, “Pinocho y Geppetto”, con Martin Landau interpretando al juguetero:

Pese a gozar todavía de un buen estado físico, Michael Anderson se retiró del mundo del cine. Finalmente, un fallo cardíaco acabó con su vida el 25 de abril de 2018, cuando contaba con 98 años.