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In Memoriam: Kirk Douglas (05-02-2020)

Era el penúltimo actor del Hollywood clásico que nos quedaba. La pasada semana nos dejaba el mítico Kirk Douglas, a los 103 años de edad, dejando a los cinéfilos aún más huérfanos de un pasado dorado que ya queda cada vez más lejano en el tiempo. Motivo de más para repasar su extensa carrera.

El nombre real de Kirk Douglas era Issur Danielovitch, y nació el 9 de diciembre de 1916 en Nueva York. Era hijo de una familia de inmigrantes judíos procedentes del este de la actual Bielorrusia, entonces parte del Imperio Ruso, y su lengua materna era el Yiddish. Tenía 6 hermanas, y su familia no tenía recursos económicos, así que Izzy, como era conocido, tuvo que trabajar desde muy pequeño. Consiguió aún así acceder a la universidad, a cambio de trabajar allí como jardinero. Destacó entonces en diversas disiciplinas: lucha libre, debate y teatro. 

Su talento para el teatro fue conocido en la Academia de Arte Dramático de Nueva York, que lo aceptó tras graduarse. Fue entonces cuando adoptó el nombre artístico de Kirk Douglas. Allí conoció a Lauren Bacall, que sería fundamental en su carrera posterior, además de ayudarle en su maltrecha economía ocasionalmente. 

Graduado en 1939, comenzó a actuar en Broadway, pero con el estallido de la II Guerra Mundial se alistó en la Marina, donde sirvió hasta 1944, cuando fue licenciado por heridas de guerra. Un año antes, en 1943, se había casado con la actriz Diana Dill, con la que tuvo dos hijos: Michael, el más conocido, en 1944, y Joel en 1947. 

De regreso de la guerra trabajó en Broadway antes de ser reclutado en Hollywood: Lauren Bacall le recomendó a Hal B. Wallis, quien estaba en busca de una nueva estrella masculina. Douglas superó el casting para su siguiente película, “El extraño amor de Martha Ivers”, por delante de otros actores como Richard Widmark y Montgomery Clift, debutando por tanto en el cine con la citada película de Lewis Milestone acompañando a Van Heflin y Barbara Stanwyck, interpretando precisamente a su marido:

Con una carrera todavía por perfilar, en 1948 protagoniza una comedia, género infrecuente en su filmografía: “Mi querida secretaria”:

En 1949 trabaja en la primera gran película de su filmografía: “Carta a tres esposas”, de Joseph L. Mankiewicz, interpretando al esposo de una de esas tres mujeres que temen que sea su correspondiente marido quien va a fugarse con la amiga que les ha escrito la intrigante carta: 

Pero la película que le lanzará definitivamente a la fama será “El ídolo de barro”, de Mark Robson, estrenada también en 1949, y en la que interpreta a un violento boxeador con problemas para ganarse la vida y su relación con su hermano, interpretado por Arthur Kennedy:

Este papel le vale la primera de sus tres nominaciones al Oscar, que no ganará nunca (se sospecha que uno de los motivos por los que no gana nunca es por su marcada ideología izquierdista, odiada por los magnates de Hollywood). En ese momento queda claro que los papeles en los que más se luce Kirk Douglas son personajes muy intensos, de carácter fuerte, en los que luce más natural y realista, ya que son los que más se adaptan a su propia personalidad. 

Su siguiente papel remarcable viene en 1950 de la mano de Michael Curtiz, en el drama musical “El trompetista”, en el que trabaja con su vieja amiga Lauren Bacall:

En 1951 trabaja con dos de los mejores directores de Hollywood. El primero, William Wyler, lo dirige en “Brigada 41”, drama ambientado en una comisaría en el que interpreta a un violento policía, junto a Eleanor Parker:

El otro será Billy Wilder, con quien trabaja en “El gran carnaval”, película muy crítica con el amarillismo de la prensa que no fue muy exitosa:

Son años en los que Kirk Douglas trabaja frecuentemente en westerns, pero es en el género dramático donde obtiene sus mayores éxitos, especialmente en 1952 con “Cautivos del mal”, drama de Vincente Minelli en el que interpreta a un tiránico director de cine odiado por todos sus compañeros de trabajo, entre ellos Lana Turner, Walter Pidgeon o Gloria Grahame:

Por este papel Kirk Douglas recibe su segunda nominación al Oscar.

En 1954 la Fisney cuenta con él para protagonizar “20.000 leguas de viaje submarino”, adaptación de la novela de Julio Verne en la que comparte pantalla con Paul Lukas, Peter Lore o James Mason, que interpreta al personaje de Nemo. Douglas puede aquí lucir su talento cómico:

Divorciado desde 1951 por sus habituales infidelidades, en 1954 Kirk Douglas se casa por segunda vez, con la productora Anne Budyens, con la que permanece casado hasta su muerte. Tiene dos hijos: Peter en 1955 y Eric en 1958. 

En 1956 rueda otro de sus mayores éxitos, “El loco del pelo rojo”, de nuevo a las órdenes de Vincente Minnelli, en el que interpreta al pintos Vincent Van Gogh, acompañado por Anthony Quinn interpretando a Gaugin. Quinn gana el Oscar a mejor secundario, mientras Douglas vuelve a quedarse a las puertas del premio a mejor actor en la que fue su tercera y última nominación:

En 1957 trabaja en el que probablemente sea suwetsern más célebre, “Duelo de titanes” de John Sturguess, interpretando a Doc Hollyday, junto a su amigo Burt Lancaster que interpreta al sheriff Wyatt Earp:

En 1955 Kirk Douglas había fundado su propia productora, Byrna Productions. En 1957 es gracias a su productora que por fin consigue salir adelante “Senderos de Gloria”, adaptación de la novela antibélica de Humphrey Cobb ambientada en la Primera Guerra Mundial que dirige Stanley Kubrick y que el propio Douglas protagoniza:

En 1958 es productor y protagonista de “Los Vikingos”, cinta de aventuras históricas en la que comparte protagonismo con Tony Curtis y Janet Leigh:

En 1957 vuelve a protagonizar un wetsern de John Sturges, “El último tren de Gun Hill”, en el que tiene que enfrentarse a Anthony Quinn:

En 1960 de nuevo produce y protagoniza una película de Stanley Kubrick, en este caso la famosa “Espartaco”, en la que interpreta al mítico rebelde romano junto a un magnífico reparto que incluye a Jean Simmons, Tony Curtis, Jean Simmons, Laurence Olivier, Charles Laughton o Peter Ustinov, entre otros: 

Hay que destacar que Douglas se encargó de que en los títulos de crédito apareciera el guionista Dalton Trumbo, vetado a causa de la caza de brujas. 

Kirk Douglas regresa al teatro a comienzos de los años 60. En esos años también se especializa en cine en interpretar a militares. Buena prueba de ello son sus dos películas estrenadas en 1965. La primera es “Primera victoria”, drama dirigido por Otto Preminger, ambientada tras el bombardeo de Parl Harbour, y en la que comparte protagonismo con John Wayne, Brandon de Wilde o Patricia Neal: 

La otra es “Los héroes de Telemark” de Anthony Mann, film sobre la resistencia noruega durante la invasión nazi que protagoniza junto a Richard Harris y Michael Redgrave:

En 1967 vuelve a compartir pantalla con John Wayne en el western “Ataque al carro blindado”, en el que ambos lideran un pequeño grupo que planea asaltar un carro blindado que transporta dinero:

En 1969 trabaja a las órdenes de Elia Kazan en “El compromiso”, junto a Faye Dunaway y Deborah Kerr. Me pregunto qué supondría para alguien como Douglas, que recuperó la carrera de Dalton Trumbo, trabajar a las órdenes de un delator como Kazan:

En 1970 vuelve a trabajar a las órdenes de Joseph L. Mankiewicz en “El día de los tramposos”, un western crepuscular e irónico que protagoniza junto a Henry Fonda:

La carrera posterior de Kirk Douglas es en general poco interesante. En 1973 debuta como director en “Pata de palo”, adaptación de La isla del tesoro trasladada al western, que protagoniza junto al joven Mark Lester: 

Y repite tras las cámaras en una segunda ocasión, en 1975, con el western “Los justicieros del Oeste”:

En 1979 se pasa al género de la ciencia-ficción con “Saturno 13”, dirigida por Stanley Donen:

Trabajando cada vez más en televisión, todavía consigue, pese a su edad, tener algunos papeles protagonistas en cine. Así, por ejemplo, en 1986 vuelve a trabajar con su amigo Burt Lancaster en la comedia criminal “Otra ciudad, otra ley”:

La Academia quiso compensar el hecho de no haberle dado nunca el Oscar, así que en 1996 le dieron un Oscar honorífico:

En 2003 trabaja en la película “Cosas de familia” junto a su hijo Michael, su nieto Cameron y su primera esposa, Diana (la madre de Michael):

Kirk Douglas se despidió del cine dos años después, en 2005. Prácticamente retirado de la vida pública, en ocasiones todavía aparecía junto a su familia en alguna entrega de premios, convertido en una leyenda vida de Hollywood. Superados los problemas cardíacos de finales de los 90, disfrutó de una sorprendente longevidad, que terminó el pasado 5 de febrero, cuando ya llegaba a los 103 años. Fue enterrado pocos días después en el Westwood Village Memorial Park de Los Angeles. 

Kirk Douglas era, como ya hemos dicho, casi el último exponente del Hollywood dorado (sólo nos queda ya Olivia de Havilland), y como tal uno de los últimos exponentes de una forma diferente de entender y hacer cine, además de ser de los últimos en haber trabajado con los grandes directores  e intérpretes de ese pasado que, tras su muerte, se convierte aún más en mítico. 



Comentando la ceremonia de entrega de los Oscars 2019 (09-02-2020)

Llegaban por fin los Oscars 2019 (antes de lo normal, por cierto), que este año eran menos “interesantes” de lo normal, ya que los premios principales estaban cantados… o no. Hubo sorpresa final (algo que se está convirtiendo ya en habitual), que me hace estar todavía más en desacuerdo con los premiados. 

Vaya por delante que este año no he tenido ocasión de ver la ceremonia (en España si no tienes Movistar es prácticamente imposible), así que he tenido que seguir la ceremonia a través de los comentarios de Radio Nacional. Cotorreos que apenas seguían los premios (a veces estaban a punto de ni siquiera decir quién había ganado cada premio) y comentarios chauvinistas (ya se sabe, los de España son los mejores y todo eso) que hicieron que seguir la ceremonia fuera un tostón monumental. 

Así que, sin poder comentar nada de las actuaciones musicales, de los presentadores, de los discursos de los premiados, del In Memoriam, de los asistentes y ausentes… vamos a comentar el palmarés. 

Los premios entregados en esta ceremonia de los Oscars 2019 han estado en general bastante repartidos entre las principales películas nominadas. Destacar de entre las que se han ido de vacío “Los dos Papas”, con 3 nominaciones (destacable por las actuaciones de Hopkins y Pryce, pero que tampoco podía aspirar a más nominaciones), Star Wars IX, con otras 3 (este año los premios técnicos estaban disputados, y el gran John Williams tenía pocas opciones de premio, pese a su magnifica partitura) y, sobre todo, “El irlandés”, que no ha conseguido ver premiada ninguna de sus 10 nominaciones. No protesto: el cine de Scorsese por lo general me interesa muy poco, y más si vuelve por enésima vez al mundo de la mafia (qué pesadez siempre con los mafiosos… a mí esas pelis no me gustan. No, al menos, si el mafioso no es Humphrey Bogart, claro). Y, en este caso, lo más remarcable de la película era su eterna duración, lo que aún le resta más puntos. 

De los premios técnicos, dos (montaje y efectos sonoros) fueron para “Le Mans 66”, premios más que merecidos en una película que me gustó mucho pese a que el tema de las carreras de coches me interese más bien poco (lo que considero un mérito de la película). “1917”, mi gran esperanza en estos Oscars 2020, se llevaba mejor fotografía, mejor sonido y mejores efectos visuales, todos ellos merecidísimos. Mejor maquillaje era para “El escándalo” (confieso que no reconocí a John Lithgow en la película, así que deduzco que el maquillaje estaba muy conseguido, sí), mientras el premio a mejor vestuario iba a parar a mi película favorita de esta edición, “Mujercitas” (y era mi apuesta en este premio, aunque los zapatos de Jojo Rabbit también habría merecido ganar). Por último, “Érase una vez en Hollywood” se llevaba uno de sus dos premios en la categoría de diseño de producción, recuperando esa acertada estética sesentera. 

Vamos con la música. Me alegró mucho que Elton John se haya llevado el segundo Oscar de su carrera gracias a la canción de “Rocketman”, película que, por otro lado, se ha quedado injustamente fuera de la carrera de los premios principales. Y la banda sonora premiada en los Oscars 2019 ha sido, de nuevo predeciblemente, la de Hildur Guðnadóttir para “Jocker”. Partitura interesante, cierto, pero que tampoco era la mejor en mi opinión (mi favorito en esta categoría era Alexandre Desplat por “Mujercitas”, aunque los otros 3 nominados también se lo hubieran merecido).

El premio a la mejor película de animación ha recaído en “Toy Story 4”. No ha sido seguramente el año más interesante en esta categoría, y era bastante predecible la victoria de la última entrega de Woody y Buzz, pese a no ser ni de lejos la mejor de las 4. 

Llegamos ya a la parte de estos Oscars 2019 que se pone más interesante. Había dos películas nominadas en la categoría de mejor película internacional que contaban con nominaciones en otras categorías (bueno, en realidad 3: Honeyland, la macedonia, estaba nominada también en la categoría de mejor documental): la surcoreana “Parásitos” y la española “Dolor y Gloria”, del siempre querido por la academia Pedro Almodóvar. Eran sin duda las grandes favoritas, aunque el premio para Bong Joon-ho estaba casi cantado: “Parásitos” parte de una idea original interesante, pese a sus excesos finales, y es por ello sin duda mucho más interesante que esa suerte de memorias del manchego que sólo consiguió atraer mi atención en la parte de su niñez (bueno, y la actuación de Julieta Serrano, pero eso es ya otro tema), siendo el resto excéntrico y aburrido. Así que la victoria de “Parásitos” me parece justa. Justísima. 

Los Oscars 2019 en las categorías de guiones fueron una de cal y una de arena, en mi opinión. Indiscutible el mejor guión adaptado para Taika Waititi por la genial “Jojo Rabbit”, una de las películas que más me han gustado de la temporada de premios. Sí, incluso por encima del magistral trabajo de Greta Gerwig en “Mujercitas” (que era mi película favorita). Otra cosa fue ya el mejor guión original: descartada “1917” , magnífica película pero con un guión bastante breve (alerta spoiler: desde que, a mitad de película, muere Dean-Charles Chapman (nuestro querido Tommen Baratheon), George McKay apenas tiene con quien hablar a lo largo de buena parte del resto del metraje), y descartando también a Tarantino, que no es ninguna novedad que es un cineasta que no me interesa, había dos mganíficos guines perfectamente premiables: Rian Johnson por “Puñales por la espalda” (única nominación de la película) y Noah Baumbach por “Historia de un matrimonio”. Los giros de la primera eran magistrales, mientras el realismo conseguido por Baumbach resultaba especialmente impactante. Con dudas, mi apuesta fue por Baumbach. Pero aquí fue cuando ya comenzó a olerse lo que iba a suceder al final de la ceremonia: victoria de la surcoreana “Parásitos”. Ya comentaré más adelante mi opinión al respecto. 

Los premios interpretativos en estos Oscars 2019 fueron perfectamente predecibles, si bien ninguno de ellos era mi favorito en su categoría. Quizá el que más me convenció fue el de Laura Dern por “Historia de un matrimonio” (único premio para la película), que está espléndida, pero mi favorita era Florence Pugh por su magistral Amy March en “Mujercitas”, la mejor de la filmografía. 

A ver, ¿en serio Brad Pitt puede ganar un Oscar? Yo no me lo explico, desde luego. Es cierto que era el único de los 5 que no ha ganado nunca, pero también es cierto que ninguno de los nominados me entusiasma mucho (vaya por delante que no he podido ver todavía “Un amigo extraordinario”, por la que estaba nominado Tom Hanks), al margen de que se ha señalado que la mayoría de los nominados son casi protagonistas (en el caso de Hanks, incluso, sin el “casi”, por lo que parece). Echaba en falta que hubieran sido nominados Timothée Chalamet (el mejor Laurie imaginable, aunque de nuevo es casi protagonista), Willen Dafoe por “El faro” o Jamie Bell por “Rocketman”, que habría añadido interés a la categoría. De los nominados, la interpretación que me ha resultado más interesante ha sido la de Joe Pesci (aunque Anthony Hopkins esté espléndido como Benedicto XVI), pero desde luego Pitt era la última opción. Para mí, porque está visto que para la Academia no. 

La vuelta al cine de Renée Zellweger le ha supuesto su segundo Oscar, en esta ocasión como mejor actriz protagonista (el que ganó por “Cold mountain” fue como secundaria). Zellweger ES Judy Garland en todo momento, se mimetiza con ella. Pero cuando voy al cine, más que ver imitaciones (para eso ya veo “Tu cara me suena”), me gusta ver interpretaciones nuevas, creadas desde 0. Y ahí estaba una inmensa Scarlett Johansson (que, hay que destacar, nunca había sido nominada al Oscar con anterioridad, aunque este año se estrenara por partida doble: protagonista por “Historia de un matrimonio” y secundaria por “Jojo Rabbit”, donde también luce espléndida); en la película de Baumbach está casi a la altura de Adam Driver, y esa es una interpretación que debería haberle reportado un Oscar sin discusión. Pero ya sabemos lo que le gustan a la Academia las imitaciones y/o caricaturas, y eso le valió la victoria a Zellweger. 

Y vamos ya con mejor actor. Indiscutible: Joaquin Phoenix llevaba tiempo exigiendo un Oscar (en mi opinión debería habérselo llevado por “Gladiator”). Pero… ¿por Jocker? Para empezar, la película me repugnó: su abuso del feísmo hace que al final ese Jocker sea imposible de creer, y al no conseguir empatizar, no consigue legitimar la violencia del personaje (que, por otro lado, si ese era el objetivo la de la película, mal vamos). Pero, además, Phoenix, aun con algunos momentos remarcables, está por lo general demasiado histriónico, incluso caricaturesco, muy lejos de la magnífica interpretación que Heath Ledger nos dejó de este personaje (y que le valió un Oscar). A su lado estaba la magistral interpretación de Adam Driver en “Historia de un matrimonio”, una de esas interpretaciones electrizantes, que te dejan un nudo en la garganta; una interpretación que debería haber sido ganadora, sin duda. Se echaban en falta, por otro lado, las nominaciones de Taron Egerton por “Rocketman” y la de Christian Bale por “Le Mans 66” (los Oscars 2019 tenían opciones de sobra para elegir en esta categoría), mientras me sobraba la de Antonio Banderas por “Dolor y Gloria”, que no me resultó ni creíble ni, mucho menos, emocionante, con ese intento de copiar los tics y la forma de hablar de Almodóvar. 

Terminamos con estos Oscars 2019 con las dos categorías que se dejan siempre para el final: director y película. Por lo general considero que la mejor película debe premiar también a su director (entiendo que no es necesario, pero es muy difícil que en estas categorías mis opiniones vayan por separado). Y en este caso así ha sido: Parásitos ganaba, yo diría que por sorpresa, ambos premios. ¿Era la mejor película? En mi opinión no, ni mucho menos. Mi favorita era “Mujercitas”, fantástica adaptación de la famosa novela de Louisa May Alcott que sorprende por el enfoque moderno que le da Greta Gerwig, pero ella no fue nominada en la categoría de directores (en masculino, sí, porque, de nuevo, no había directoras nominadas… es cierto que no siempre es posible nominar a una, pero en este caso era tan fácil hacerlo…). Así que, e vista de las poquísimas posibilidades que tenía, me decantaba por “1917” de Sam Mendes, magistral cinta bélica, una virguería técnica y un mensaje impactante. Magníficas eran, igualmente, “Historia de un matrimonio” y “Jojo Rabbit”. Incluso Le Mans 66 era una gran película (aunque no para ganar en la categoría principal, por supuesto). El resto de las nominadas no son de mi gusto, así que no diré nada. Es decir, para mí hay un puñado de películas que están por encima de “Parásitos”. Pero además hay que recordar un pequeño detalle: los Oscars son los premios de la Academia del cine amer… perdón, estadounidense. Por tanto, se supone que debe premiar a películas estadounidenses, aceptando que por motivos linguísticos incluya películas británicas, o incluso australianas, canadienses y demás, por la gran permeabilidad entre profesionales del cine de esos países. Pero ¿tiene sentido que una película nominada en la categoría de Mejor Película Internacional aparezca como candidata en otros premios? Mi opinión es que no: para eso estarán los premios de la Academia de la nación a la que corresponda.  Y mucho menos que una misma película gane en ambas categorías; ya estuvo a punto de suceder el año pasado con “Roma”, y este año finalmente ha sucedido con “Parásitos”. Se critica a la Academia por premiar sólo a profesionales anglosajones, y es cierto; en Hollywood trabajan innumerables profesionales afroamericanos, latinos, asiáticos… a los que se debería tener más en cuenta a la hora de repartir los premios. Pero si en lugar de premiar a estos profesionales premiamos películas producidas en países con poca o ninguna conexión con la industria americana, flaco favor les estamos haciendo a esas “minorías” locales. Así que sí, considero que la victoria de “Parásitos” en un verdadero sinsentido que pervierte el sentido de los Oscars. Y sospecho que seré de los pocos en pensarlo, de acuerdo. 

Nos queda ahora otro año por delante para ver qué películas serán premiadas en la próxima edición de los Oscars. Y esperemos que eso significa que nos espera un año de buen cine. 

Centenario del nacimiento de Michael Anderson (30-01-2020)

Puede que su nombre no sea especialmente sonado, pero alcanzó un cierto prestigio entre los años 50 y 70, dirigiendo un puñado de films bastante recordados. Hoy, cuando se cumplen 100 años de su nacimiento, recordamos al director cinematográfico británico Michael Anderson. 

Michael Joseph Anderson nació en Londres el 30 de enero de 1920 en el seno de una familia fuertemente vinculada al teatro, ya que sus padres, Lawrence y Beatrice, eran actores de teatro, como también lo había sido su tía-abuela, Mary Anderson, conocida por haber sido una de las primeras intérpretes shakesperianas en Estados Unidos antes de trasladarse a Inglaterra tras casarse, y que regresó a la interpretación en la época del cine mudo bajo el nombre de Mary Navarro. No es de extrañar así que en 1936, con 16 años, entre a trabajar en los británicos Estudios Elstree, primero en labores de producción y, a partir de 1938, como asistente de dirección, además de trabajar ocasionalmente como actor. 

En 1939 se casa con Betty Jordan, con quien tiene 5 hijos, entre los cuales se encuentra Michael Anderson Jr., nacido en 1943, que será un destacado actor juvenil en los años 60. 

Michael Anderson trabaja como asistente de director hasta 1942, colaborando con directores de la talla de Anthony Asquith, antes de servir en el ejército durante la II Guerra Mundial. Es en este momento cuando conoce a Peter Ustinov, con quien colaborará a su regreso del ejército en dos películas que dirige el propio Ustinov. Finalmente, en 1949, ambos escriben el guión de “Private Angelo”, comedia bélica que protagoniza el propio Ustinov y en la que Anderson figura por primera vez como director, junto al propio Ustinov. 

A partir de ese momento, Michael Anderson comienza a trabajar como director en solitario, si bien en sus comienzos no alcanzará mucho éxito. Hasta que, trabajando para la productora británica ABPC dirige la película bélica “Misión de valientes”, protagonizada por Richard Todd y Michael Redgrave (actor habitual en su filmografía), recordada sobre todo por algunas secuencias que se parecen mucho (demasiado) al episodio IV de Star Wars (serán por tanto un referente para George Lucas, entiendo):

En 1956 rueda la primera adaptación de la famosa novela de George Orwell “1984”, protagonizada por Edmond o’Brien y de nuevo con Michael Redgrave en el reparto: 

Mientras tanto, en Estados Unidos, le productor teatral de Broadway Mike Todd quiere dirigir una adaptación de la famosa novela de Julio Verne “La vuelta al mundo en 80 días”, pese a carecer de experiencia cinematográfica. Tras pelearse con el director original, John Farrow, contrata a Michael Anderson, impresionado por su trabajo en “Misión de valientes” y por recomendación de Noël Coward. Así, Anderson se estrena en Hollywood con una película de altísimo presupuesto, repleta de cameos y protagonizada por David Niven, Shirley McLaine y Cantinflas: 

Michael Anderson no podía estrenarse con mejor pie en Hollywood: la película gana el Oscar a mejor película y él mismo es nominado como mejor director (su única nominación). 

Pero Anderson regresa al Reino Unido, donde tiene pendiente terminar su contrato con la ABPC de rodar 5 películas: ya ha rodado 4, y en 1958 estrena la quinta, “Sombras acusadoras”, thriller de intriga protagonizado por Anne Baxter y Richard Todd: 

Michael Anderson todavía no regresa a Hollywood: en 1959 rueda “Luces de rebeldía”, drama irlandés ambientado en el conflicto del IRA contra el Reino Unido, protagonizado por James Cagney y Don Murray, en una película que destaca por sus peculiares enfoques de cámara, que a veces se convierten en los ojos de su protagonista, en especial en la escena en la que recibe una paliza de un oficial británico: los puñetazos se dirigen directamente a la cámara, para hacernos meternos más en la película:

Ese mismo año es contratado por la MGM para rodar un proyecto inicialmente pensado para Hitchcock, thriller naval protagonizado por Gary Cooper y Chartlon Heston, y con un casi debutante Richard Harris como villano de la función:

Su siguiente trabajo para la MGM, en 1960, es “Los jóvenes canívales”, drama inspirado en la vida de Chet Baker y protagonizado por Robert Wagner y Natalie Wood:

Y en 1961, Michael Anderson regresa al género del thriller con “Sombras de sospecha”, que empareja a Deborah Kerr con un Gary Cooper que tiene aquí su último papel: 

Su siguiente trabajo relevante tiene lugar en 1965: el film bélico “Operación Crossbow”, ambientado en la II Guerra Mundial y que cuenta con un reparto de lujo, encabezado por George Peppard, Sophia Loren y Trevor Howard

En 1963 se había publicado la novela “Las sandalias del pescador” del escritor australiano Morris West con gran éxito, por lo que en 1964 la MGM adquirió sus derechos para llevarla al cine. Cuando va a comenzar el rodaje, a finales de 1967, el director Anthony Asquid enferma de gravedad (morirá poco después, a comienzos de 1968), por lo que es sustituido por Michael Anderson. Pero la ambiciosa película, estrenada en 1968, que cuenta la historia de un Papa eslavo, Cirilo (interpretado por Anthony Quinn) que tiene que hacer frente a múltiples problemas, es un rotundo fracaso comercial:

Tras unos años sin trabajar, durante los cuales se casa por segunda vez, con Vera Carlisle, en 1969, Michael Anderson regresa a la dirección en 1972 con la cinta histórica “La Papisa Juana”, antes de dirigir en 1974 “Culpable sin rostro”, drama judicial ambientado en la India británica protagonizado por Michael York:

El último gran éxito de Michael Anderson llegará en 1976 con “La fuga de Logan”, historia futurista protagonizada de nuevo por Michael York y su antiguo compañero Peter Ustinov, además de darle un pequeño papel a su hijo Michael Anderson Jr., en una película rompedora en su época por su estética y sus efector especiales, que hoy resultan trasnochados:

En 1977 estrena “Orca, la ballena asesina”, protagonizada por Richard Harris y Charlotte Rampling, que fue un fracaso por sus similitudes con “Tiburón”:

Casado en 1977 por tercera vez, con la actriz canadiense Adrienne Ellis, se traslada junto a ella a Canadá en 1981, obteniendo la ciudadanía canadiense. Su carrera posterior se centra principalmente en el rodaje de miniseries para televisión, junto con alguna que otra película olvidable. De sus trabajos televisivos destacaremos, por su magnífico reparto, el telefilm “Yooung Catherine”, sobre la vida de Catalina la Grande de Rusia, protagonizado por Julia Ormond y Vanessa Redgrave:

En 1999 Michael Anderson estrena su última película, “Pinocho y Geppetto”, con Martin Landau interpretando al juguetero:

Pese a gozar todavía de un buen estado físico, Michael Anderson se retiró del mundo del cine. Finalmente, un fallo cardíaco acabó con su vida el 25 de abril de 2018, cuando contaba con 98 años.