Centenario de Ingrid Bergman (29-08-2015)


No es fácil encontrar en el cine un rostro más bello que el suyo. Pero, al margen de su espectacular belleza, destacaba por una enorme sensibilidad que le permitía emocionar al público en los diversos papeles que nos regaló a los cinéfilos. Y es que un día como hoy hace 100 años nacía en Estocolmo una mujer llamada a conquistar Hollywood, una actriz con mayúsculas, una artista, una estrella a fin de cuentas, y de paso una de mis actrices favoritas: la gran Ingrid Bergman. Y por cierto, también se cumplen 33 años de su muerte, sí, el mismo día que cumplía 67 años.




Debutó en el cine sueco con 19 añitos de nada. Realizó varias películas en su Suecia natal (rechazando filmar películas en Alemania, ofrecimiento que le hizo el ministro de propaganda Nazi, Joseph Goebbels), de entre las que destaca “Intermezzo”. Tanto le gustó la película al productor norteamericano David O. Selznick, que compró los derechos para producir una versión en inglés del título, con la misma Bergman de protagonista. Y así llegó en 1939 su primer rol en Hollywood, un drama con la música como telón de fondo que protagonizaría junto a un monstruo de la interpretación (y que ese año participaba también en una película histórica: “Lo que el viento se llevó”), Leslie Howard. La película, “Intermezzo”, no ha gozado de gran fama y no es fácil de encontrar (pero sí, la he visto):

En todo caso, Ingrid ya apuntaba maneras, lo que se confirmó en 1941 interpretando a la Ivy Pearson del Jekyll/Hyde de Spencer Tracy:

Aún así, parecería que su carrera no terminaba de despegar, corría el riesgo de ser otra de tantas actrices de futuro prometedor que se quedaron en eso. Pero tuvo un inesperado cambio de suerte…

Qué decir de su Ilsa Lund. Confieso que tengo que secarme las comisuras de los labios cada vez que la veo. Casablanca es desde hace años mi película favorita, y ella tiene mucho que ver. Está espectacular al lado de un Humphrey Bogart también enorme y rodeado de un reparto de lujo (Claude Rains, Paul Henreid, Peter Lorre, Sidney Greenstreet…) en una película que nadie esperaba que tuviera semejante éxito… pero lo tuvo.

Todavía no sé por qué Casablanca, que se estrenó en 1942, no entró en los Oscars de ese año, sino en los del 43, llevándose los premios a mejor Película y Director, pero por el que Ingrid no fue nominada: en 1943 fue nominada por su siguiente película, la adaptación de la novela de Hemingway “Por quién doblan las campanas”, en la que la acompañaba otro actor de su talla: Gary Cooper:

Bendito corte de melena, por cierto, que salvó una de las escenas más emblemáticas de Casablanca… pero esa es otra historia.

Repitió nominación al año siguiente por “Luz que agoniza”, esta vez acompañada del rey del melodrama, el francés Charles Boyer y de Joseph Cotten:

Y como suele ser habitual cuando se interpreta a personajes con problemas de cordura, esta vez no hubo ninguna Jennifer Jones que le arruinara la fiesta: el Oscar fue para ella. El primero de 3 (sólo igualada por Meryl Streep y superada por otra qué tal, Katherine Hepburn):

Al año siguiente, 1945, fue de nuevo nominada por su papel en “Las campanas de Santa María” (donde compartía cartel con el ganador del Oscar a mejor actor del año anterior, Bing Crosby), pero seguramente lo más destacado de ese año fue su primera colaboración con el mítico Alfred Hitchkock, en “Recuerda”, acompañada esta vez por Gregory Peck (sí, ya veis que sus parejas cinematográficas tenían un nivel que ya quisieran la mayoría de actrices… Bette Davis o Joan Crawford, por ejemplo):

Este fue el preludio a una de sus mejores interpretaciones, al año siguiente, en su segunda colaboración con el director inglés: “Encadenados”:

Junto con Rebeca, esta es mi peli favorita de Hitch. Nunca Cary Grant estuvo tan espectacular como intérprete, y acompañados encima por Claude Rains o Louis Calhern… pero no, no hubo nominación al Oscar. Injusticias de la vida (tanto en su caso como en el de Cary Grant, que se lo merecía igualmente).

Dos años después volvería a las pantallas por partida doble: acompañando de nuevo a Charles Boyer en “Arco de Triunfo” y como la heroína histórica “Juana de Arco” de Victor Fleming, que le reportó na nueva nominación al Oscar. En todo caso, no fue un año especialmente afortunado: “Arco de triunfo” apenas es recordada, y “Juana de Arco” peca del estilo ultraconservador de Fleming, en un film apologista católico y mojigato (propio de la época, es cierto), con una visión del personaje que no le pega a la Bergman, que no se encuentra cómoda en un personaje para el que está mayor y que está idealizado casi hasta la caricatura, muy poco creíble:

Por curioso que parezca,  su estancia en Hollywood estaba llegando a su final. Rodaría todavía un tercer y último título dirigida por Hitchcock, “Atormentada” (una de los pocos films de Hitchcock que transcurre en el siglo XIX, en Australia en concreto) acompañada por otro monstruo, Joseph Cotten. Pero ese mismo año, 1949, la visión de una película, “Roma, città aperta” de Roberto Rossellini, cambiaría su vida.

La actriz escribió al director italiano solicitándole trabajar con él… ¿y quién es el guapo que se iba a negar a trabajar con ella! Así que Ingrid abandonó Estados Unidos, dejando allí a su esposo Petter Lindström y a su hija Pia para pasar unos meses en Italia… bueno, esa era la teoría. Porque mientras rueda, en 1949, “Stromboli”, inicia una relación con Roberto, fruto de la cual nace en 1950 su hijo Roberto. Ingrid se divorcia de Petter y se casa con Roberto el 24 de mayo de 1950, tres meses después del nacimiento de su primer hijo. Y el escándalo fue mayúsculo. Estados Unidos y la propia Suecia la criticaron enormemente, Hollywood la rechazó, fruto de esa patética doble moral (ni que fuera la primera actriz – o actor – que ponía los cuernos a su marido/mujer o incluso se divorciaba sin que pasara nada… pero claro, Roberto era italiano), hasta el punto de declararla persona non grata en Estados Unidos. Mientras tanto filma otros 5 films con su marido y tienen dos hijas, las gemelas Isabella e Isotta, nacidas en 1952. Veamos una escena del primero, “Stromboli”:

En todo caso, el matrimonio no terminó bien, en buena medida fruto del fracaso comercial de los films que hicieron juntos, y terminaron divorciándose en 1957.

Ese mismo año rueda a las órdenes del gran director francés Jean Renoir “Elena y los hombres”:

Y vuelve finalmente al mercado angloparlante rodando en Inglaterra “Anastasia”, a las órdenes de Anatole Litvak y acompañada de Yul Brynner:

Pese a tener más edad de la aconsejable para interpretar a la princesa rusa, legendariamente superviviente al asesinato de toda la familia imperial, Ingrid volvió a cuajar una interpretación formidable que le sirvió para ganar su segundo Oscar en un país, Estados Unidos, en el que (casi) todos le habían rechazado. De hecho, el Oscar fue recogido por uno de los pocos amigos que siguió conservando en Hollywood, y quien quizá fuera de hecho su mejor pareja cinematográfica: Cary Grant:

Yul Brynner también ganaría ese año el Oscar a mejor actor, pero por el film “El rey y yo”, protagonizado por la gran perjudicada por la victoria de Ingrid, la igualmente enorme Deborah Kerr. La actriz inglesa nunca ganaría un Oscar, cosa que la academia intentó compensar con un premio honorífico que no estaba a la altura de su enorme talento.

Bueno, sigamos con Ingrid. Su primera reaparición pública en Estados Unidos fue en la entrega de los Oscars, presentando nada más y nada menos que el premio a la mejor película de 1958 (entregados en 1959, obviamente), presentada de nuevo por Cary Grant y acogida con un caluroso aplauso por la audiencia que le había perdonado su affaire con Rossellini:

De hecho, Ingrid se volvió a casar en 1958 con el productor sueco Lars Schmidt, del que se divorciaría en 1975.

En 1958 estrenó dos importantes films, que le valieron dos nominaciones a los globos de Oro, en distintas categorías: por un lado como actriz dramática en “El albergue de la sexta felicidad”, la última película que rodaría el gran actor británico Robert Donat:

Y, por el otro, una genial comedia del gran Stanley Donen, “Indiscreta”, la segunda y última vez que compartiría pantalla con Cary Grant. Especialmente recomendable su baile (y el de Cary Grant, también). Los años habrían pasado, pero ella seguía conservando una elegancia y una belleza al alcance de pocas. Y además demostró su gran talento para la comedia:

Por esos años comienza a trabajar también en televisión y a intensificar su trabajo en teatro (destacar que en 1956 interpretó la obra “Té y simpatía”, que protagonizaría en cine Deborah Kerr… sería interesante poder contrastar la interpretación de ambas). De ahí que sus apariciones cinematográficas se fueran espaciando. Pero aún tenía algunos importantes regalos que hacernos.

El primero fe en 1961, de nuevo dirigida por Anatole Litvak, el director que le dio su 2º Oscar. Basada en la novela “Aimez-vous Brahms?” de la escritora francesa Françoise Sagan, su papel en “No me digas adiós” le iba como un guante por edad y temperamento. La mujer emparejada en una relación abierta con un hombre de su edad (Yves Montand) que se enamora de un apasionado joven (Anthony Perkins), aunque al final lo rechaza por miedo a que este la abandone por su edad, para al final comprender que volver con su antiguo amante es el mayor error que podía cometer y que se ha quedado completamente sola. Su interpretación (especialmente en la escena en la que el joven sale huyendo de la casa de ella y ella grita desesperada desde la escalera, y la escena final) era digna de ganar todos los premios imaginables… pero fue ignorada por los premios (como lo fue también la impresionante y delicada interpretación de Anthony Perkins). Injusticias de la vida:

La música que acompaña al vídeo es precisamente el 3º movimiento de la 3ª sinfonía de Brahms, que puede escucharse durante la película.

En 1969 vuelve a la comedia con “Flor de cactus”, acompañada de Walter Matthau y una jovencísima Goldie Hawn. De nuevo lució su bis cómica en una película que merece la pena ver:

En 1975 participa en el film coral de Sidney Lumet “Asesinato en el Orient Express”, acompañada de gente como Albert Finney, Martin Balsam, Richard Widmark, John Gielgud, Anthony Perkins, Sean Connery, Michael York, Lauren Bacall, Wendy Hiller, Vanessa Redgrave… con semejante reparto, hacer un remake es un suicidio absoluto, y sino, que se lo pregunten a Kenneth Branagh:

Pero poco importan sus acompañantes, quién terminó llevándose el Oscar fue ella, en este caso a mejor secundaria. El pobre Albert Finney, nominado como actor protagonista, no compartió la misma suerte:

Y todavía tendría tiempo a una última nominación al Oscar, en este caso como mejor Actriz protagonista, por su última película, “Sonata de Otoño”, en la que trabajó bajo las órdenes del gran director sueco Ingmar Bergman (con quién, pese a compartir apellido, no tenía relación de parentesco):

Y siguió activa hasta el fin de su vida: de hecho, ganó su último globo de oro y un Emmy póstumo por su papel televisivo en “Una mujer llamada Golda”, donde interpretaba a la primera ministra israelí Golda Meir:

Ingrid levaba enferma de cáncer de mama desde 1975, y el rodaje de la miniserie supuso un enorme esfuerzo para su deteriorada salud, ya terminal. Murió pocos meses después en Londres. Su cuerpo fue incinerado y la mayor parte de sus cenizas arrojadas al mar en Suecia, en la zona donde ella veraneaba desde 1958. Una parte de las cenizas fue, en cambio enterrada junto a la tumba de sus padres en el cementerio norte de su ciudad natal, Estocolmo, lo que nos permite poder visitar su tumba:

Lo confieso, hablar de Ingrid Bergman me emociona (creo que es evidente después de la parrafada que he soltado). Tengo auténtica predilección por ella, nunca me ha decepcionado en ninguna de las películas en las que la he visto, aunque estas no siempre sean de la calidad esperable (Arco de triunfo, por ejemplo), y sin duda está en mi podio de actrices favoritas. Y si alguien se pregunta por qué, os recomiendo que volváis a ver el vídeo de “Casablanca” y escuchéis la dulzura con la que dice “Play it, Sam. Play “As time goes by”. Sí, el tiempo ha pasado, pero su memoria permanece en los corazones de quienes amamos el cine.



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