Cien años sin John William Waterhouse (10-02-2017)


Un día como hoy hace 100 años nos dejaba el más tardío de los pintores pre-rafaelistas, John William Waterhouse. Quizá por ser precisamente el último ha sido ignorado durante buena parte del siglo XX, pero un repaso a su obra nos permitirá descubrir a un magnífico pintor.




Se desconoce la fecha exacta del nacimiento de John William Waterhouse, sólo hay certeza de que fue bautizado el 6 de abril de 1849. Habría nacido probablemente el mes de enero de ese mismo año (para hacernos una idea, la hermanda pre-rafaelista se estableció un año antes, en 1848, lo que nos permite ver lo tardío que fue al incorporarse a esta corriente artística). Lo que sí sabemos es que nació en Roma, donde su padre, William,  se encontraba trabajando como pintor (también su madre Isabella era pintora).

En 1954 la familia se mudará a Londres, estableciéndose en South Kensington, muy cerca del Victoria and Albert Museum. Nino, como era llamado de niño por su familia John William Waterhouse, aprendió a pintar junto a su padre, hasta ingresar en 1871 en la Royal Academy of Art, en principio para estudiar escultura, pero cambiando finalmente sus estudios por los de pintura.

Su infancia en Italia probablemente influyó en la primera parte de su obra, ambientada generalmente en el antiguo Imperio Romano, siguiendo con ello la temática (y en buena medida la estética) del pintor neoclásico-romántico victoriano Laurence Alma-Tadema. Podemos ver estas temáticas en sus primeras obras, como por ejemplo en “Gone, but not forgoten”:

Aunque también veremos influencias orientalistas en sus obras tempranas, como en esta “Escena de una calle de El Cairo”, pintado, al igual que la anterior, en 1873, pero con un dibujo mucho más nítido:

Pero el primer gran éxito de John William Waterhouse vino en 1874, cuando presenta en la exhibición de verano de la Royal Academy of Art su obra “El sueño y su medio-hermano la muerte”:

Probablemente la muerte de sus dos hermanos menores poco antes a causa de la tuberculosis inspirara esta obra de carácter mitológico. En la mitología griega, Hipnos es la personificación del sueño, mientras que Tánatos, su hermano (generalmente identificado como su gemelo, aunque no en este caso) personifica la muerte no violenta. Así, Hipnos aparece aquí iluminado en primer plano, mientras Tánatos, de mayor tamaño (y mayor edad, suponemos) aparece en un fondo más sombrío. La magistral obra recuerda al estilo de Alma-Tadema, aunque es un tanto más sombrío, algo lógico si tenemos en cuenta las circunstancias que le llevaron a pintar esta obra.

El éxito de esta obra le lleva a John William Waterhouse a participar en prácticamente todas las exposiciones de verano de la Royal Academy fo Art hasta 1916, con sólo dos excepciones en esos más de 40 años.

Hay que tener en cuenta que la obra de John William Waterhouse no es muy abundante (118 pinturas) y que muchas de ellas se encuentran en colecciones privadas, lo que es una verdadera lástima.

En 1874 pinta también otra obra de claro carácter clásico, “El el persitilo”:

En los siguientes años, John William Waterhouse realiza un viaje por Europa, teniendo especial predilección por Italia, lo que seguirá marcando su obra en los siguientes años, de temática clásica. Así, de 1877 tenemos “Niño enfermo llevado al templo de Esculapio”:

En 1878 pinta “Remordimientos de Nerón tras el asesinato de su madre”:

La influencia de Alma-Tadema es especialmente notable en obras como el “Dolce far niente” de 1880:

O también en el “Mercado de flores de Grecia”, pintado ese mismo año:

En “La consulta del oráculo”, de 1882 (aunque hay otras dataciones de esta obra que la sitúan en 1884), podemos notar, pese a la temática claramente clásica, una cierta influencia del orientalismo, tanto en el colorido como en el escenario:

Pero en una de sus obras maestras de este periodo, el “Diógenes” de ese mismo año, volvemos a ver claramente la estética neoclásica de Alma-Tadema:

En 1883 pinta otra obra de temática histórica, aunque situada en la parte final del Imperio Romano, ya cristiano, con  “Los favoritos del Emperador Honorio”, recuperando la historia que cuenta que, cuando le dijeron al joven emperador que Roma había sido destruida, éste se asustó pensando que se referían a su gallina Roma, importándole poco lo que le sucediera a la ciudad:

La obra, de nuevo perfectamente ambientada en unos decorados más o menos historicistas, nos presenta a ese emperador joven, desinteresado de los asuntos políticos, tímido y más cómodo con sus aves que con los humanos.

En 1885 pinta un tema dela historia romana pero ahora de carácter cristiano, “Santa Eulalia”:

John William Waterhouse nos pinta a la mártir de 12 años desnuda (y se puede dudar que tenga sólo 12 años) en el momento en el que, justo después de su muerte, una milagrosa nevada comienza a caer para cubrir su cuerpo hasta que pueda recibir cristiana sepultura.

En 1883 John William Waterhouse se casa con Esther Kenworth, hija de un profesor de arte, con la que tendrá dos hijos que morirán de niños. En 1885 pinta un retrato de su mujer, uno de los pocos retratos en su obra:

En 1885 pinta también “Los buenos vecinos”, obra de carácter costumbrista pero ambientada en su época, en lugar de en tiempos históricos:

La temática de los cuadros de John William Waterhouse cambia por esta época, acercándose a la temática de la hermandad pre-rafaelista (aunque él nunca llegue a formar parte de tal hermandad), siendo sus temáticas ahora la mitología griega y las leyendas medievales, así como las obras de Shakespeare, aunque sin abandonar del todo las temáticas de la antigua Roma. Y de entre estas nuevas temáticas, Waterhouse siente fascinación por las hechiceras y magas, por lo que “El círculo mágico”, de 1886, sin ser la representación de una maga concreta, es un buen antecedente de las obras que veremos posteriormente en su carrera:

En 1888 pinta un idealizado retrato de la reina Cleopatra, con una visión más bien negativa del personaje, con una mirada siniestra que nos muestra más a una manipuladora asesina que a una seductora:

Justo la expresión contraria a la que vamos a encontrar en otra obra de ese mismo año, “La Dama de Shalott en el bote”, la primera obra que dedica al mítico personaje que se enamora del caballero Lancelot. La vemos aquí aceptando su triste destino final, con una expresión dolorosa:

Atención especial merece la riqueza cromática de la obra.

En 1889 pinta por primera vez uno de los temas más frecuentados por los pre-rafaelistas, el de “Ofelia”, la amada de Hamlet, de final no menos trágico que la anterior:

En 1890 vuelve a sus temas costumbristas ambientados en la antigua Roma con “La ofrenda romana”:

Dijimos que a John William Waterhouse le fascinan las figuras de las hechiceras legendarias, y en 1891 pinta por primera vez a la hechicera Circe, que embruja a Ulises para que permanezca junto a ella en lugar de regresar a su hogar en Ítaca. En “Circe ofreciendo la copa a Ulises” vemos a la hechicera en el momento de ofrecer a Ulises la bebida mágica que le hará olvidar su hogar. Pero a Ulises sólo lo vemos reflejado en el espejo que se encuentra tras el trono de Circe:

Ese mismo año pinta otro episodio de la Odisea de Ulises en “Ulises y las sirenas”, describiéndonos el momento en el que el héroe se tiene que enfrentar a otras hechiceras, unas sirenas representadas aquí en su aspecto original, mirad mujer y mitad ave, que con su canto atraen a los embrujados marineros hacia los arrecifes para hacerlos naufragar y poder devorarlos. Los marineros han tapado sus oídos con cera, mientras Ulises, atado al mástil del barco, puede disfrutar del canto de sirenas sin riesgo para su vida:

No faltan en esta obra elementos que nos recuerden a los simbolistas, entre los que a menudo se incluye a los pre-rafaelistas.

En 1892 John William Waterhouse vuelve a representar a la hechicera Circe en otro episodio de su leyenda en “Circe envidiosa”. Circe está enamorada de la divinidad marina Glauco, pero él la rechaza por estar enamorado de la hermosa ninfa Escila, así que Circe echa un veneno al agua que transforma a su rival en un monstruo marino que será el terror de los marineros que atraviesen el estrecho de Mesina. La expresión amenazante de Circe recuerda a la de Cleopatra que comentamos antes:

En 1983 pinta “Náyade”, o una ninfa contemplando al dormido Hylas, de quien hablaremos más adelante:

En 1893 pinta también dos versiones de “La bella dama sin piedad”, basada en el poema de John Keats, quien embruja a un caballero para convertirlo en uno más de sus esclavos:

En 1894 vuelve a pintar a “Ofelia”, peligrosamente cerca del agua donde terminará ahogándose:

Y pinta también una nueva escena de la dama de Shalott, que desde su torre sólo puede contemplar Camelot a través del reflejo en un espejo, ya que si lo mira directamente por la ventana sufrirá desgracias. Pero al ver a Lancelot se enamora de él y lo mira directamente. John William Waterhouse pinta precisamente ese momento en el que se gira para poder mirar directamente a Lancelot:

En 1895 dibuja a “Santa Cecilia”, la patrona de los músicos, en una estética claramente pre-rafaelista, ambientada en una época medieval (algo que vemos claramente en el libro que sostiene en sus manos) en lugar de la época de su martirio durante el Imperio Romano:

En 1896 pinta a “Pandora”, la primera humana según la mitología griega, en el momento de abrir la caja que desatará todos los males de la humanidad:

Ese mismo año pinta “Hilas y las ninfas”. Hilas era el hijo del Rey Teodamante, asesinado por Heracles (o Hércules), quien perdonó la vida al joven y lo tomó como escudero (y como amante). Ambos embarcan en el Argo junto con Jasón en la expedición de los Argonautas, pero Hera, siempre pendiente de fastidiar a su odiado hijastro, hace que, durante una escala en Pegea, las ninfas de la fuente lo raptan. Heracles parte en su búsqueda pero no lo encuentra, ya que las ninfas se lo han llevado y le han concedido la inmortalidad. Waterhouse nos vuelve a pintar el momento clave de la acción, cuando Hilas se acerca al agua atraído por las ninfas:

En 1898 pinta a otro personaje shakespeariano, en este caso “Julieta”, muy acorde con la edad del personaje:

Siguiendo con su serie de pinturas mitológicas de dioses y mortales, pinta en 1899 (pero no termina hasta 1900) “El despertar de Adonis”, otra de sus obras maestras:

Y termina en 1900 esta serie de pinturas mitológicas con una escena de gran dramatismo, “Ninfas hallando la cabeza de Orfeo”:

Repite en esos años el tema de las sirenas, como en esta pintura de 1900:

O en esta otra de 1901:

En 1902 tenemos dos pinturas que muestran influencia del renacimiento italiano en su tratamiento de los decorados arquitectónicos. La primera es “La bola de cristal”:

Y la otra es “El misal”. Destacar en ambos cuadros el uso de arcos de medio punto en lugar de los arcos apuntados góticos:

Por estos años, la obra de John William Waterhouse experimenta un notable cambio. Por influencia del impresionismo, sus pinturas se vuelven más luminosas, empleando colores más claros y suaves, que también contribuirán a reducir el dramatismo de las escenas. Un buen exponente de ello es “Boreas”, de 1903:

Esta influencia del impresionismo se plasma sólo en la paleta cromática, ya que su dibujo sigue siendo igual de nítido, perfectamente delineado. Un buen ejemplo de ello es el “Eco y Narciso” de 1903, en el que vemos a la enamorada Ninfa contemplando al bello Narciso que se mira en su reflejo en el agua. Pese a la temática mitológica que enlaza esta obra con sus producciones anteriores, se podría decir que el estilo de este cuadro es más neoclásico que pre-rafaelista:

Mucho más oscuro y próximo a su estilo anterior es “Las danaides”, de 1903 o 1904, en el que vemos a las hijas de Danao en el Hades llenando ese jarro sin fondo como castigo por asesinar a sus esposos:

Entre 1903 y 1904 pinta dos cuadros dedicados a Psique, que pese a ser más oscuros, nos muestran a la protagonista con una túnica muy similar a la de Eco en el anterior “Eco y Narciso”. De 1903 es “Psique abriendo la caja dorada”:

Y de 1904 es “Psique abriendo la puerta del jardín de Cupido”, siendo este último más luminoso y más próximo al neoclasicismo:

En 1905 pinta una “Lamia”, presentada de nuevo la figura de una fatal seductora:

Pese a ser un mito griego, John William Waterhouse nos sitúa la escena en el medievo, retornando al estilo pre-rafaelista previo.

Retornando a las hechiceras mitológicas, en 1907 pinta “Jasón y Medea”, con Medea preparando alguno de sus venenos:

Pero en 1909, con “Gather Ye Rosebuds While Ye May”, que toma el título de un poema de Robert Herrick, volvemos a una escena mucho más luminosa:

Ese mismo año pinta una nueva visión de la “Lamia”, pero esta vez sola, sin esa visión malvada del personaje, en una escena mucho más apacible:

En 1910 pinta una nueva “Ofelia”, adaptada a su nuevo estilo:

Y en 1911 pinta una nueva versión de Circe en “La hechicera”, pero de nuevo vemos que ahora no se encuentra en plena acción, sino en una escena más apacible, alejada del dramatismo de las versiones anteriores:

En 1912 pinta “Penélope y los pretendientes”, que pese a la oscuridad propia de una escena de interior tiene una estética claramente neoclásica:

Las influencias del impresionismo son más obvias en “Canción de primavera” de 1913:

Poco frecuentes las escenas religiosas en la obra de John William Waterhouse, en 1914 pinta una “Anunciación” de gran belleza:

En 1916 vuelve a pintar una escena del poema de “La Dama de Shalott”, cuando afirma “Estoy cansada de sombras”, refiriéndose con las sombras a los reflejos que tenía que ver a través del espejo. Destaca en esta obra el contraste entre el oscuro interior de la torre de la dama, de estética plenamente pre-rafaelista, y el luminoso exterior:

En 1916 pinta también “Un cuento del Decamerón”, en el momento en el que uno de los jóvenes fugitivos de la Florencia asolada por la peste se dispone a contar una historia a sus compañeros. La temática medieval, tan propia de los pre-rafaelistas, se compensa aquí con el brillo y la luminosidad del color:

También en 1916 pinta a una de las protagonistas de “La tempestad” de Shakespeare, “Miranda”:

Y también un “Tristán e Isolda” de estética plenamente pre-rafaelista, en el momento en el que se disponen a beber del falso veneno (el filtro de amor):

En 1915 se le había diagnosticado un cáncer a John William Waterhouse, lo que no redujo su ritmo de trabajo, pero finalmente el 10 de febrero de 1917 moría a consecuencia de la enfermedad, siendo enterrado en el londinense Kensal Green Cemetery. Su esposa, que le sobrevivió hasta 1944, será enterrada a su lado.

Olvidado durante buena parte del siglo XX, la figura de John William Waterhouse ha sido recuperada en los últimos años para situarla en el lugar que le corresponde como uno de los últimos pintores románticos y un artista de gran talento.



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