Comentando el Concierto de Año Nuevo 2019

Como de costumbre, comenzamos este 1 de enero con el Concierto de Año Nuevo 2019. Ya sabemos que los valses de Strauss y compañía son una buena forma de empezar el año de buen humor (si es que la falta de sueño lo permite). Y, como ya hemos hecho en años anteriores, iremos comentando en directo el concierto para así poder publicar este post en cuanto concluya.

Este año debuta en el concierto el alemán Christian Thielemann, una de las batutas más interesantes del panorama actual, en especial en lo que respecta al repertorio germano: Wagner, Beethoven, Brahms, Richard Strauss… Habrá que ver si se maneja con igual soltura en la música de los salones de baile de la Viena Imperial. En todo caso, a priori, suena tremendamente interesante, aunque es cierto que en el programa se echan en falta más valses, abundando polcas o marchas. Esperemos que Thielemann no caiga en el error en el que cayó el mediático Gustavo Dudamel en su aburridísimo concierto de hace 2 años. Por cierto, hay que decir que Thielemann es el primer alemán al que se encarga dirigir el concierto, ya que todos los germanos que se han encargado de dirigirlo eran austriacos. 

Nos trasladamos a la Musikverein de Viena para comenzar a las 11:15 de la mañana con la retransmisión del Concierto de Año Nuevo 2019. Y comienza con una obra del poco conocido (pero últimamente frecuente en los conciertos de años nuevo) Carl Michael Ziehrer, la March Schönfeld, una marcha enérgica y suficientemente chispeante para abrir el concierto como uno espera. Destacar el juego de dinámicas que mantiene Thielemann en una obra que no tiene la inspiración de las marchas de su rival Strauss Jr., pero que se escucha con gusto. 

Seguimos con Josef Strauss, y su Vals “Transacciones”, que, como señala mi paisano Martín Llade, se compuso para celebrar el inicio de relaciones diplomáticas entre los imperios austriaco y japones hace ya 150 años. Imágenes de jardines japoneses adornan la interpretación. Lo que en su hermano mayor Johann suele ser exuberancia, en Josef es sensibilidad, es mucho más cuidadoso con orquestaciones, mucho más sutiles, y más atento a dinámicas. Y parece que este estilo le sienta bien a Thielemann. Y parece que tampoco tenga muchos problemas con el rubato, en el que no pocos directores han patinado. 

Continúa el Concierto de Año Nuevo 2019 con la Danza de los Elfos de Josef Hellmesberger Jr., obra que se antoja igualmente sutil en texturas orquestales, como sutil es también el movimiento del maestro alemán. Música de gran belleza, hay que reconocer.

Y por fin llega Johann Strauss Jr. con una polka rápida, “Express”, de ritmo obviamente trepidante. De nuevo destacar el control de dinámicas, de crescendos y diminuendos, que impone Thielemann con gesto adusto, lejos de los ampulosos movimientos de otros directores. La versión ha conseguido ser vibrante, como cabía esperar. 

Y, por fin, un vals de Strauss Jr., “Estampas del mar del Norte”, en la que de nuevo Thielemann brilla con un comienzo sumamente sutil, de exquisita belleza y, a diferencia de las piezas anteriores, un ritmo pausado, sosegado, que extrae toda la belleza melódica de la pieza. De nuevo demuestra un dominio absoluto del rubato al comenzar el tema principal, de manual. Magnífica interpretación, sin duda. 

Y termina la primer parte del Concierto de Año Nuevo 2019 con una polca del menor de los Strauss, Eduard, “Con franqueo extra”, de ritmo trepidante, en la que la Orquesta Filarmónica de Viena luce toda su capacidad, absoluta precisión incluso a ritmos tan veloces. 

Y llegamos así al intermedio, momento para descansar o ver el documental musical que se emite como cada año. 

Comenzamos la segunda parte del Concierto de Año Nuevo 2019 con la Obertura de la segunda opereta más famosa de Johann Strauss Jr., “El barón gitano”. Y de nuevo, si algo se aprecia, es que, con un gesto mínimo, Thielemann domina la orquesta, extrae todos los matices de la partitura. Ritmo sorprendentemente pausado hasta llegar a los pasajes más agitados, de nuevo un rubato exquisito (no hay otra palabra para definirlo, de verdad), lo que demuestra un dominio absoluto del estilo vienés. Una trepidante coda conlcuye una interpretación que confieso que me ha encantado. 

El concierto prosigue con una polka de Josef Strauss, “La bailarina”, con un Thielemann más “bailarín” de lo habitual, en otra birllante interpretación.

Y, para continuar, otro vals de Johann Jr., “Vida de artista”, en el que podemos disfrutar del ballet. De nuevo magnífico el arranque en pianísimo de la obra. Tremendamente sutil la interpretación del tema central, que me ha sorprendido por su ligereza. En un director tan acostumbrado a repertorios muy pesados como Wagner, se hace extraña tanta liviandad. Sin con ello suprimir la espectacularidad de la obra en los momentos clave. El final, electrizante. Magnífico de nuevo. 

Toca volver a la Polka, en este caso también de Johann, “La bayadera”, con la que regresamos a los ritmos más rápidos, pero siempre con un absoluto control del volumen, atenuado, lejos de buscar el espectáculo con exceso de decibelios. Thielemann está demostrando ser más intelectual que efectista, buscando más la calidad que el delirio del público. 

Regresamos al pequeño de los Strauss, Eduard, con la polka “Noche de ópera”, en otro prodigio de sensibilidad.

Continúa el Concierto de Año Nuevo 2019 con dos piezas extraídas de la única ópera de Johann Strauss Jr., “Ritter Pásmán”. La primera es el “Vals de Eva”, que ya comienza de forma inusual, con sonidos de cacería, hasta llegar un tema más propio de vals, aunque, como en todas las obras escuchadas hasta ahora, más liviano de lo que estamos acostumbrados. No es éste un concierto de año nuevo de valses famosos, sino de obras poco frecuentes y de sonoridades peculiares, en las que el maestro alemán encuentra un terreno cómodo para lucir su talento en la batuta. Y, tras el vals, unas Czardas, danzas típicas húngaras, acompañadas por el ballet. Tardan en entrar esos ritmos típicos de Hungría, pero cuando lo hacen encontramos reminiscencias de Brahms y una gran actuación del ballet. 

Y continuamos con una obra más conocida de Strauss, la Marcha egipcia. Y Thielemann comienza con un ritmo bastante pausado, y de nuevo sin abusar de volumen, pero con un resultado magnifico, con ese colorido exótico (que no egipcio, pero bueno), y la orquesta cantando (no conocía yo versión cantada de esta obra, la verdad). Me ha gustado mucho también la interpretación. 

Continuamos con un vals de Josef Hellmerberger, “Entreacto”, un vals muy breve, de duración similar a la de una polka, con un ritmo circular, en el que Thielemann vuelve a lucir so absoluto dominio del rubato. Bajo su batuta, estos valses adquieren una belleza de corte intimista realmente sublime. A destacar el magnífico final. 

Otra obra de Johann Strauss hijo, la polka “Elogio de las mujeres”, continúa el concierto. Thielemann aquí se ha movido más de lo que nos ha acostumbrado hasta ahora, agachándose para indicar la intensidad de volumen, que, en este caso, sí ha sido la tónica general del concierto: nada de abusar de fortes, interpretaciones muy matizadas.

Para concluir con el programa oficial del Concierto de Año Nuevo 2019 Thielemann ha elegido la que probablemente sea la obra maestra de Josef Strauss, la música de las esferas, que a priori va a ser el bombazo del concierto. Y a posteriori sólo queda decir que ha sido delicioso. El control de los crescendos ha sido sublime. Vamos, igualito que Barenboim hace unos años (entiéndase la ironía). Qué precisión en los gestos la de Thielemann, mínimos, pero suficientes para transmitir a la orquesta lo que desea conseguir. Una absoluta delicia que nadie debería perderse. 

La primera propina, como no podía ser de otra forma, es una polka de Johann Strauss Jr., “A paso de carga”, de ritmo enérgico. Thielemann sonríe más de lo habitual en esa perpetua seriedad que le caracteriza: ha llegado el momento de disfrutar, y la obra es ideal para ello. 

Y termina el Concierto de Año Nuevo 2019 como terminan todos, con las dos propinas tradicionales. La primera, quizá la canción más conocida de la dulce Viena, “En el bello Danubio azúl”. Tras la felicitación de año nuevo, comienza definitivamente la interpretación del celebérrimo vals. Antes de nada, señalar la calidad de la orquesta, esa calidez de las trompas, ese bellísimo color de los chelos, que nos hacen soñar con su increible calidad y esa magia que transmiten al interpretar esta pieza tan conocida pero que, en sus manos, nunca cansa. Y el control del rubato por parte de Thielemann es simplemente sublime; sé que me repito, pero es lo que hay: un vals sin rubato no es un vals, pero no todos lo entienden; él lo hace a la perfección. El final, absolutamente magistral. 

Y, para concluir, la obra más famosa de Johann Strauss Sr., la “Marcha Radetzki”, dedicada al ominoso general austriaco que reprimió la Revolución de 1848. Por cierto, este año se cumplen 170 años de la desaparición del patriarca de la familia Strauss. Y la seriedad de Thielemann no le impide dirigir los aplausos del público con la precisión que ha demostrado a lo largo de todo el concierto. De nuevo brillante el final, y brillante final del Concierto de Año Nuevo 2019. 

Christian Thielemann no ha decepcionado en su debut en este concierto de año nuevo: ha sido simplemente magistral, uno de los grandes, y sin duda de los mejores directores en activo. Sólo nos queda esperar que este 2019 podamos disfrutar de tan buena música como la que ha comenzado el año y que esa felicidad que nos ha transmitido Thielemann dure todo el año.

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