Comentando la ceremonia de entrega de los Oscars 2018 (24-02-2019)

Comenzaba la gala de los Oscars 2018 con la actuación estelar de Queen, grupo al que la película “Bohemian Rhapsody” ha vuelto a poner de moda. Era probablemente una estrategia para atraer el interés del público hacia una ceremonia con un varios problemas serios: el primero, el deseo de complacer al público televisivo americano con decisiones absurdas que eran anunciadas y finalmente descartadas (premio a la película más popular, entrega de premios durante la publicidad… cada decisión más descabellada que la anterior y mostrando una mayor falta de respeto a lo que premian los Oscars, el cine, no los telespectadores); y el segundo, la dudosa calidad general de las películas nominadas. 

Vamos a ir comentando lo más pormenorizadamente las diferentes categorías nominadas de estos Oscars 2018. Como siempre, ignoraremos los premios a los cortometrajes y al documental (aunque la ganadora en esta categoría, “Free solo”, que nos cuenta la escalada en libre del Capitan de Yosemite de ese genio de la escalada que es Alex Honnold me resulta atractiva, con lo que me gusta a mí el mundo del alpinismo y la escalada). Vamos a comentar el resto de categorías, por tanto. 

Los efectos visuales recayeron en “First man”, la película de Damien Chazelle ignorada en las categorías principales (interpretativas, dirección, película e incluso banda sonora, después de haber ganado el globo de oro en esta categoría). No me entusiasmó la película, lenta y pesada. Mi apuesta era “Ready player one”, una de las películas más frescas e interesantes del 2018. Porque, por muy bonita, y en el fondo triste, que sea “Christopher Robin”, pintaba muy poco en la ceremonia. 

Los premios de sonido y el de mejor montaje fueron a manos de “Bohemian Rhapsody”, en los tres casos cumpliéndose mi apuesta por este título, que no es magistral pero al menos sí consigue meternos en el film. El premio a mejor maquillaje y peluquería estaba cantado para “Vice”; lo que no estaba tan cantado es que una de las mejores películas de entre las nominadas se llevara sólo este triste premio técnico, cuando podía haber aspirado a mucho más. Pero, por desgracia, tras la más combativa edición pasada, el giro conservador de esta edición (apenas roto por los magníficos discursos de Spike Lee o de Barbra Streisand) le impedía a una película tan políticamente incorrecta y claramente anti-republicana optar a los premios que merecía. 

El peloteo de la academia a Black Panther y a Roma fue evidente incluso en los premios técnicos. Roma ganaba el premio a mejor fotografía (premio que se llevaba el propio Cuarón), frente a dos opciones mucho más interesantes como eran Cold War y La favorita. La cinta de Marvel se llevaba, por otro lado, los premios a diseño de producción y vestuario, desterrando a las películas de época como La favorita, Mary Poppins returns y María, Reina de Escocia. Ese peloteo a Black Panther fue igualmente evidente cuando vimos a buena parte del extenso reparto salir a entregar premios a lo largo de la ceremonia. 

Decepcionantes los premios musicales. El Oscar a mejor canción de Shallow estaría cantado, pero no merecido, y se vio demasiado durante la actuación de Lady Gaga y Bradley Cooper: él, con la voz destrozada que parece la de un fumador empedernido de 70 años; ella, gritando como una loca, sin profundidad interpretativa, aburrida (tampoco fue mejor la interpretación que hizo Jennifer Hudson de “I’ll fight”, llena de sonidos feos y agudos abiertos). Mi favorita era, obviamente, “The place where lost things go” de Mary Poppins returns, si bien Disney se equivocó al elegir esta canción para la nominación: es una nana bonita, pero musicalmente tampoco es la canción más conseguida de la película, en la que destaca ese magistral número final, “Nowhere to go but up”, que merecería por sí sola un detallado análisis para descubrir la riqueza musical y dramática de una de las mejores canciones escuchadas en cines en los últimos años. Ya sé que soy de los pocos defensores de esta película, pero bueno… y claro, Marc Shaiman también se quedó sin el premio a mejor banda sonora, que fue a parar a Ludwig Görasson por su partitura de Black Panther, que tampoco me aportó gran cosa. Más interesantes eran sin duda las partituras de Alexandre Desplat para “Isla de perros” (pero, después de ganar el año pasado, este año no tenía opciones) o la muy sencilla pero en el fondo dramáticamente eficaz partitura de Nicholas Britell para la, por otro lado, bastante aburrida, “El blues de Beale Street”. 

La mejor película de animación fue “Spider-Man, un nuevo universo”, que tampoco me aportó nada (a mí que me den una de Peter Parker, no esa paranoia que se han inventado de universos paralelos y demás rollos), por lo que mi apuesta iba para Wes Anderson y su “Isla de perros”. En la categoría de película de habla no inglesa, el premio para “Roma” estaba cantado, superando a otra película con opciones, “Cold War”. 

Los premios a los guiones fueron irregulares. Muy merecido el de guión adaptado para Spike Lee y compañía por la magnífica “Infiltrado en el KKKlan”, muy por encima de las demás nominadas, en una de las películas más interesantes de la temporada. El de guión original para Peter Farrelly y compañía por “Green Book” me parece mucho más discutible, al competir con propuestas mucho más interesantes, como “El reverendo” o, sobre todo, “Vice”. Pero si en el guión adaptado se apostó por lo políticamente incorrecto, en guión original se optó por ser demasiado políticamente correctos. 

Vamos ya con los premios interpretativos. En la categoría de actriz secundaria, el premio estaba casi cantado para Regina King: la nominación de Marina de Tavira por “Roma” suena a chiste y no es sino otra muestra del peloteo de la Academia a Roma; Rachel Weisz y Emma Stone competían ambas por “La favorita”, lo que les restaba posibilidades. Regina King tiene una buena interpretación y varios momentos destacables en “El blues de Beale Street”, pero la película no es nada del otro mundo y de hecho apenas obtuvo nominaciones, prueba de que Barry Jenkins está muy sobrevalorado después del incomprensible éxito de “Moonlight”. Quien debería haber ganado es, en mi opinión, una estupenda Amy Adams, magnífica como la señora Chenney en “Vice”, pero suma una nueva nominación sin premio, y ya van 6, con sólo 44 años. 

La categoría de actor secundario tampoco ha sido especialmente acertada. Sigo sin comprender qué le ven a Mahersala Ali, que a mí me deja más bien frío en “Green Book”, pero es que sus contendientes no tenían tampoco muchas opciones: Adam Driver está correcto en “Infiltrado en el KKKlan”, pero no tenía opciones de ganar; Sam Rockwell es un muy creíble George Bush Jr. en “Vice”, pero no va a ganar dos años seguidos; lo de Richard E. Grant suena tan a chiste como cualquier otra nominación de la poco destacable “¿Podrás perdonarme algún día?”, que quizá tenga su tirón en USA, pero no desde luego aquí; y la nominación de Sam Elliott era otra forma de peloteo a la mediocre “Ha nacido una estrella”, que lo único que hizo fue quitar la merecida nominación (que la tuvo en los BAFTA y los Globos de Oro) de Timothée Chalamet, espléndido en “Beautiful boy”, uno de los mejores actores del momento y que habría sido el merecido ganador este año. 

Vamos con mejor actriz. Y esto duele. Duele porque Glenn Close no es que ya se merezca un Oscar por su carrera, es que además está magnífica en “La buena esposa”, pero al final Olivia Colman le ha arrebatado el Oscar por su histriónica y, me temo, históricamente poco acertada, interpretación de la Reina Ana en “La favorita”, película que tampoco me ha entusiasmado, precisamente. El resto de nominadas es mejor ignorarlas: La peli de Melissa McCarthy es absolutamente prescindible, lo de Lady Gaga en “Ha nacido una estrella” sólo puede provocar risa y lo de Yalitza Aparicio es de nuevo absolutamente incomprensible. Entre las nominadas se echaban en falta Nicole Kidman, Julia Roberts y, por qué no, Emily Blunt. 

La categoría de mejor actor no recogía ni de lejos las mejores interpretaciones del año, y por ello Rami Malek ha sido el justo ganador de entre los nominados por su Freddie Mercury de “Bohemian Rhapsody”: Viggo Mortensen está sin duda correcto en “Green Book”, pero la película no vale como para ganar; Willen Dafoe es un magnífico actor, pero demasiado mayor para interpretar a Vincent Van Gogh y, además, la película tampoco es nada reseñable; lo de Bradley Cooper es otro chiste, ya el sólo hecho de llamarle “actor” es demasiado premio para lo suyo; y Christian Bale tiene como mínimo tantos ticks histriónicos como Malek. Faltaban en la lista Ethan Hawke, magnífico en “El reverendo”, el joven pero siempre magnífico Lucas Hedges (por partida doble, tanto en “Ben is back” como en “Boy erased”), Steve Carell por “Beautiful Boy” y, sobre todo, quien debería haberse llevado el premio este año, el espléndido Robert Redford de “The old man and the gun”. 

Era demasiado obvio que el premio al mejor director iba a ser para Alfonso Cuarón. Y yo sigo sin entender qué le ven a Roma: su argumento apenas da para un corto (y la peli dura dos horas y media, ahí es nada), es lenta, pretenciosa, carente de elementos dramáticos (ni siquiera tiene banda sonora”, juega a eso de innovar en la narrativa cinematográfica pero no aporta nada. Ha sido también criticada por querer limpiar conciencias, y quizá no le falta razón: “mira qué bien tratan los burguesitos mexicanos a la chacha indígena”… A mí me habría gustado que hubiera ganado Spike Lee por una película valiente y peleona como él siempre acostumbra, pero tratada esta vez con un sentido del humor que se agradece. Pero probablemente la América de Trump no habría perdonado a Hollywood semejante afrenta. Y, por el mismo motivo, se descarta a Adam McKay por “Vice”. 

La candidatura de mejor película era de las más abiertas de la noche. Muchos daban por segura la victoria de “Roma”, e incluso critican la cobardía de la academia por no premiarla… olvidando que es la academia de cine estadounidense, no mexicana. ¿Cómo nos pondríamos si, pongamos el caso, “Bohemian Rhapsody” ganara el Goya o el Cesar o el David de Donatello a la mejor película? ¡Pero si no es española/francesa/italiana! Pues aquí igual: Roma es una película 100% mexicana, rodada en español y mixteco, que no tiene por tanto cabida en los premios fuera de la categoría de película en lengua no inglesa. Seamos un poquito consecuentes. El problema es que este año tampoco ha habido ninguna película realmente remarcable. De hecho, alguna de las nominadas es más bien mediocre (Ha nacido una estrella, por ser más específico). “Infiltrado en el KKKlan” o “Vice” eran las mejores opciones, pero, a diferencia del año pasado, Hollywood ha querido ser este año muy políticamente correcto y jugar a premiar a una película mucho menos molesta, “Green Book”, aunque su calidad sea un tanto dudosa. Pero al menos no ofenderá a los blancos puritanos republicanos que, de otro modo, quizá dejen de ir al cine. Pues eso, pura cobardía de unos premios que buscan más el beneficio económico que la calidad artística. 

Durante el “In memoriam” (en el que destacaron nombres como Burt Reynolds, Milos Forman, nuestra Yvonne Blake, Bruno Ganz o Albert Finney, echándose en falta al recientemente desaparecido Stanley Donen, espero que por falta de tiempo para que así aparezca en la del año que viene) el cada vez más mediático director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel interpretó el tema “Leaving Home” de la banda sonora de “Superman” del gran John Williams. 

No hubo presentador en la ceremonia. Tampoco creo que se echara de menos… la gran Anne Hathaway lució en Facebook su sentido del humor al decir que podía ser peor y poner una foto suya con james Franco cuando presentaron la gala, esa que todo el mundo odia. Julia Roberts, tan estupenda como siempre, encargada de entregar el premio a la mejor película, cerró con brevedad la gala; ella es grande y puede permitírselo. 

Conclusión final: mal año para el cine. 

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