Crónica: “Bohemios” en Donostia (09-09-2017)


Como cada año, la Asociación Lírica “Sasibil” abre la temporada con una representación de zarzuela en el teatro Victoria Eugenia. En este caso tocaba “Bohemios”, de Amadeu Vives. No suelen ser las elecciones de Sasibil zarzuelas poco conocidas, pero para quienes tenemos todavía mucho trabajo por delante en este repertorio, no sirve para descubrir joyas como esta obra.




Antes de nada, una reflexión: cada año suelen darse más de mil representaciones de operetas vienesas como “La viuda alegre” de Léhar o “El murciélago” de Strauss. Ellos saben cuidar su patrimonio, mientras aquí seguimos menospreciando la zarzuela, género a menudo considerado menor (incluso por los propios compositores en algunos casos) pero que esconde páginas realmente inspiradas que merecerían una mucho mayor difusión, tanto entre nuestras fronteras como en el exterior. A todo esto, no estaría de más que las funciones de Sasibil aparecieran en Operabase, la página web imprescindible para estadísticas, para poder dejar el pabellón zarzuelero algo más alto dentro de su exigüidad.

Vamos ya con la crónica de la función. Y, como siempre, antes de empezar dejamos un enlace del programa.

La escenografía de “Bohemios”, dividida en tres escenas, fue sencilla pero cuidada: muy bien resuelta la primera escena con sus dos partes diferenciadas, la habitación de Roberto y la escalera. Sencilla la segunda escena en la calle y más barroca la tercera, con la orquesta tocando en escena. La dirección escénica corría a cargo de Iosu Yeregui, a quien estamos más acostumbrados a ver cantando como bajo. Al margen de la comicidad lograda por los actores, habría que destacar en este sentido la aparición de actores en la platea del teatro en el intermedio entre la primera y la segunda escena, que resultó eficaz para animar al público.

Arkaitz Mendoza dirigía la Orquesta de Sasibil, de modestas dimensiones, con su precisión habitual, siempre atento a los cantantes (algo que se pudo ver mejor que nunca en esa tercera escena en la que dirigía en el propio escenario, haciendo sus pinitos como actor; ya sólo nos falta que cante…), marcándole las entradas. Idéntica precisión se percibía con los miembros de la orquesta, que respondieron con buen nivel, en especial en los pasajes operísticos que se insertaron en la acción; a destacar la introducción de la Barcarola de “Les contes d’Hoffmann” de Offenbach o el impecable solo de clarinete dela introducción del “E lucevan le stelle” de “Tosca” de Puccini, pese al ritmo lento en exceso elegido. Era también en esos momentos operísticos en los que más se notaba el desequilibrio orquestal, con obras que exigen más efectivos en el foso. En todo caso, visto lo visto, apetece ver a Mendoza dirigir algo de más enjundia… una “Tosca” completa, por ejemplo.

El Coro de Sasibil no tuvo su mejor noche. Ellas estuvieron correctas, pero a ellos se les notó incómodos en la zona aguda en el coro de la segunda escena. Muy bien, en cambio, el Bohemio de Eneko San Sebastián en la misma escena.

Buen trabajo actoral el de Koldo Torres como Marcelo y,sobre todo, el de Ángel Walter como Girard, uno de los que más carcajadas provocó en el público.

Los breves papeles de Juana y Pelagia fueron interpretados por Klara Mendizabal y Paula Iragorri, un tanto histriónicas en algún momento. Su falta de entidad vocal fue compensada con la incorporación de la citada Barcarola de Offenbach, muy bien resuelta por Mendizabal en la zona aguda, mientras en el caso de Iragorri se echó de menos algo más de seducción al comienzo, algo más de cuerpo vocal, mejorando notablemente a medida que avanzaba la canción.

Algo similar le ocurrió a Consuelo Garrés como Pelagia, un papel vocalmente minúsculo, al que se le añadió el aria “O mio babbino caro” del “Gianni Schicchi” Pucciniano, que cantó sin problemas de voz, pero sin apianar en los agudos, que es lo que le da la gracia a una página tan conocida.

Magnífico interpretativamente el Víctor de Iker Casares, con una comicidad que aparentemente le sale natural. Vocalmente resolvió con solvencia su participación en la introducción de la obra, haciéndose oír incluso cuando cantaba junto a Roberto (con e torrente de voz que tenía su intérprete). No tan bien resuelta su participación en la segunda escena, en la que no se le escuchó del todo bien.

David Baños se hacía cargo del papel de Roberto. Con problemas en las partes habladas, en las que se atascó en demasiadas ocasiones, supo lucirse vocalmente, con una voz potente, de agudo fácil aunque algo forzado en su emisión, algo que se notó en especial en ese “E lucevan le stelle” que se le añadió. Mejor en mi opinión en las partes zarzueleras (en especial en el final) que en la ópera.

Lo mejor de la noche fue en mi opinión la Cosette de Elisa de Pietro, de voz bella y coloratura fácil y perfectamente audible, destacando en especial en su bellísima romanza “La niña de los ojos azules”, en la que sólo le faltó arriesgar algo más en el agudo.

El público, de edad notablemente más avanzada que el que suele acudir a la ópera (asignatura pendiente de la zarzuela, sin duda, el tema de la edad media del público), disfrutó, se rió y dio rienda suelta a su dudosa educación entrando tarde, hablando y hasta cantando en medio de la función. Simplemente desesperante, casi me arruinan una noche zarzuelera más que digna, que me dejó un muy buen sabor de boca. Claro que con una obra tan bella como “Bohemios” no es difícil.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.