Crónica: Casado y soltero en el Gayarre (08-09-2018)


La compañía navarra Nueva Babel está inmersa en un proyecto de recuperación de la obra del también navarro Joaquín Gaztambide, uno de los primeros maestros zarzuelísticos del siglo XIX, caído hoy en el olvido. Así, la representación de su zarzuela breve “Casado y soltero”, que, según el programa de mano, llevaba más de 50 años sin ser representada en Europa, era una de esas ocasiones que no conviene perderse.




Como ya he mencionado, “Casado y soltero” es una zarzuela breve, de poco más de una hora de duración, que apenas requiere de un quinteto de solistas, con un argumento lleno de enredos cómicos, como no podría ser de otra forma, en general bastante efectivos, y con números musicales de conjunto, sin apenas ocasiones de lucimiento de los solistas.

Dejamos, antes de nada, un enlace de la producción.

La dirección de escena corría a cargo de Alejando Aranda, que trasladaba la acción a comienzos del siglo XX, sin que este cambio resultara en absoluto chirriante. La entrada al patio de la mansión de los Condes servía de marco para las diferentes situaciones que se suceden a lo largo de la obra. Por delante pasaban los actores que interpretaban el entremés “Los piropos”, que resultó demasiado largo para la reducida duración de los números musicales de la zarzuela, así como los personajes principales, que podían entrar al patio para celebrar un pequeño banquete o un improvisado baile (para el que se contó con 4 bailarines).

Musicalmente, no se ofreció la versión original de la obra, sino una reducción para piano, percusión y trío de maderas (flauta, clarinete y fagot) que corría a cargo de Rinaldo Zhok, quien también dirigía la función desde el piano. No deja de ser una lástima no poder escuchar la versión orquestal de la obra, pero hay que reconocer que la reducción estaba muy conseguida.

De entre los solistas, resulta difícil juzgar la labor de la Condesa de Natalia Salvatierra, ya que su voz apenas resultaba audible. Correcta en escena. Hay que decir en todo caso que, en general, las voces femeninas resultaron poco audibles.

Raquel Fernández sacó adelante el papel de Baltasara a base de tablas escénicas, dándole gracia a un personaje un tanto desagradable. Vocalmente correcta siempre teniendo en cuenta su limitado volumen.

Lorena Ferreiro se hacía cargo del papel de Inés, y se percibía una voz de timbre bello, de correctas coloraturas y a una intérprete matizada, pero, de nuevo, la falta de volumen jugaba en su contra.

Las voces de ellos, por el contrario, resultaron perfectamente audibles. Iker Bengoetxea sacó un gran partido escénico a su papel de Manuel, demostrando ser un buen tenor cómico que afrontaba sin problemas los extremos de su tesitura, que tampoco son muy exigentes. Iba sobrado de voz para el personaje y conseguía hacerse oír en los números de conjunto.

La mejor voz de la noche fue, en todo caso, la de Gerardo Bullón, barítono de voz potente y canto noble, magnífico igualmente en escena en un personaje que tira más de ironía que de comicidad. Grata sorpresa, quedando a la espera de poder volver a escucharle.

Una función breve, amena y divertida esta de “Casado y soltero” de Gaztambide, que nos recuerda cuánto trabajo nos queda todavía por hacer para recuperar y/o incluir en el repertorio habitual de nuestros teatros tantas y tantas obras maestras, o por lo menos tantas obras que merecen la pena, del repertorio operístico y zarzuelero. El aforo del Gayarre volvió a demostrar lo difícil que es conseguirlo, por lo que sólo nos queda aplaudir la labor que realizan asociaciones como Nueva Babel en este sentido.



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