Crónica: Der fliegende Höllander en ABAO (21-01-2020)

La de este Der fliegende Höllander es la primera crónica que escribo sobre la representación de una ópera wagneriana, lo que ya nos indica lo infrecuente que es el alemán, uno de los compositores básicos del repertorio teatral internacional, en la programación de ABAO. Quizá por ello la asociación bilbaina ha realizado una notable labor en busca del mejor resultado posible, buscando a un director de prestigio y a un reparto acostumbrado al repertorio, encabezados por una de las pocas estrellas operísticas que quedan el galés Bryn Terfel, que debutaba así en la temporada bilbaina. 

Vaya por delante que el riesgo de programar “Die fliegende Höllander” no es comparable al de otras óperas del compositor, tanto por sus dimensiones (apenas dos horas y media, siendo la ópera wagneriana de repertorio más breve) como por ser la más representada de todas. Aún adelantándonos algunas características de su dramaturgia posterior, esta ópera temprana de Wagner es todavía una obra bastante tradicional, y por tanto musicalmente asequible a cualquier público, siempre que el resultado musical sea solvente, lo que fue el caso. 

Antes de comentar la función dejamos, como siempre, un enlace con la ficha de la producción. 

Fea escenografía de Hank Irwin Kittel, una especie de casco de barco metálico moderno, aunque con sus troneras para cañones, y una puerta/escotilla elevada, por la que aparecían y desaparecían los personajes. Tampoco la dirección artística de Guy Montavon resultó sugerente, muy estática con todos excepto con Senta, a la que obliga a pasarse un buen rato andando en bicicleta, a arrastrarse por el suelo e incluso a que la quilla de ese varco volador que era el Hollandés, con aspecto muy fálico, se le acercara de forma más que sugerente. De la labor de Montavon habría que destacar, en todo caso, la iluminación, que frente a la gris escenografía nos regalaba algún momento visualmente hermoso. 

La Orquesta Sinfónica de Bilbao respondió en general a buen nivel, con algún desafine de los metales (en una partitura en la que estos tiene más participación de la habitual), bien guiada por Pedro Halffter. Hasta la fecha sólo había tenido ocasión de ver al director en repertorio pucciniano (Manos Lescaut y La Boheme en ABAO-OLBE y una ya lejana Fanciulla sevillana) siempre a enorme nivel, por lo que la duda estaba en si tendría un nivel parejo en Wagner. En mi opinión así fue, con unos tempi en general lentos (en una ópera de mayores dimensiones esto quizá podría resultar bastante molesto, pero en este caso no importaba tanto) pero siempre manteniendo la tensión. La obertura sonó de maravilla y hubo algunos momentos instrumentales de enorme belleza. 

El coro en Der fliegende Höllander tiene considerable peso, y por ello el Coro de la Ópera de Bilbao se vio reforzado por el Coro Easo, que cantó desde el foso, siendo especialmente remarcable esa especie de duelo de coros marineros del comienzo del tercer acto. También hay que destacar la labor de las voces femeninas al comienzo del segundo acto. 

Por el contrario, Der fliegende Höllander no requiere un número importante de solistas, apenas 6, dos de los cuales son comprimarios. De ellos, Roger Padullès fue un Steuermann con voz bella y cantó con gusto, pero se vio algo falto de potencia. Itxaro Mentxaka, por su parte, lució sus tablas escénicas como una irreprochable Mary.

El ingrato papel de Erik recayó en Kristian Benedikt, una especie de Heldeltenor de voz potente, timbre oscuro y agudos opacos. No es desde luego el tipo de voz que requiere Erik, lo que se vio en la imposibilidad de Benedikt de afrontar los pocos floreos que tiene en su dúo con Senta del segundo acto, ya que su voz es demasiado grave, demasiado robusta, en un papel que pide una voz más lírica. Mejor, en todo caso, su intervención del tercer acto. 

Muy satisfactorio fue sin duda el Daland de Wilhelm Schwighammer, de voz bella, sin problemas de tesitura y muy acertado dramáticamente, sabiendo sacar partido a su bellísimo monólogo del segundo acto. 

La Senta de Manuela Uhl me temo que va a dar mucha discusión: para algunos será una voz demasiado lírica en un papel que pide una voz más dramática; en mi opinión, la suya es la voz que requiere Senta: una soprano lírica de timbre bellísimo, claro, ataques precisos alas notas, sin portamentos, y gran capacidad dramática. Tiene, en todo caso, dos problemas que lastraron un tanto su interpretación: el extremo agudo siena muy apurado, y a la voz le falta por momentos la potencia necesaria para hacerse oír (ya sabemos que esto, en el Euskalduna, en un handicap importante). Aún con estos peros, su interpretación me resultó muy satisfactoria. 

Vamos por último con el protagonista de la ópera, Der fliegende Höllander, esto es, el Holandés Errante, interpretado por una figura de primerísimo nivel como es Bryn Terfel. La edad no perdona a una voz que no hace mucho fue imponente: el registro grave se muestra un tanto débil, y disimula sus problemas vocales con un fraseo agresivo, a veces demasiado agresivo. Pero su imponente presencia escénica, sus tablas, su conocimiento del rol, le permiten disimular sus carencias para ofrecernos un holandés sumamente convincente, algo sin duda imprescindible en el personaje que lleva encima casi todo el peso de la ópera. 

Con un reparto que en general resultó más que satisfactorio, este Der fliegende Höllander, que tuvo una razonable acogida de público, es una demostración de que, si quiere, ABAO puede ofrecer óperas wagnerianas de buen nivel. Esperemos que se animen a programarlo más. 

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