Crónica: Don Giovanni de Opus Lirica en Donostia (21-02-2020)

En su intento por conseguir establecer una temporada de ópera estable en Donostia, este año la compañía Opus Lirica proponía “Don Giovanni“, una de las óperas más famosas no ya de Mozart, sino del repertorio operístico internacional. Hasta tal punto que desde el verano de 2016 ya he tenido ocasión de verla dos veces más: una en Bilbao y la otra en la propia Donostia. No sé yo si se podría hablar de una cierta “saturación” de Don Giovannis. 

Supongo que ya lo habré comentado en otras ocasiones, pero “Don Giovanni” es una ópera con la que no consigo llevarme bien. Creo que el principal problema es mi incapacidad de empatizar con ninguno de los personajes. Además, la obra conjuga magníficos momentos musicales con otros que aportan poco, y las 3 horas de función se terminan antojando largas. 

Comentamos ya la función, la primera de las dos que se ofrecieron, dejando antes un enlace a la ficha técnica. 

La escenografía de Fermín Blanco era demasiado sencilla, sin ningún cambio para las numerosas escenas diferentes de la obra, aunque, sin aportar nada, tampoco molestó. La dirección escénica de Pablo Ramos y Carlos Crooke fue en general correcta, destacando quizá el enfoque más cómico de lo normal dado a Leporello. 

La Orquesta Opus Lirica respondió con corrección a las demandas de la partitura. La dirección de Iker Sánchez fue en general rápida (algo que se notó mucho en la obertura) y por momentos excesiva de volumen, tapando a los solistas en no pocos momentos. Consiguió en todo caso algunos momentos de una belleza que merece ser destacada, en especial en el acompañamiento del “Mi tradì quell’alma ingrata”. El coro Donostia Opera Abesbatza también estuvo correcto. 

Vamos ya con los solistas. Alessandro Tirotta lució un timbre interesante para el comendador, siendo perjudicado en su escena final con Don Giovanni por su posición, muy retrasada en el escenario, que le hizo poco audible. 

Voz pequeña la de Juan Laborería, que en todo caso lució un canto correcto en su Masetto, algo que ya es bastante decir si tenemos en cuenta algunos de los “referentes” discográficos que cantan bastante peor. 

Igualmente voz pequeña la de María Martín, aunque es lo habitual en el personaje de Zerlina. Cantó con gusto y resolvió con solvencia el papel, brillando más, en mi opinión, en el “Vedrai, carino” que en el “Batti, batti, oh bel Masetto”. 

Me sigo repitiendo: voz pequeña la de Francisco Corujo como Don Ottavio. Es un cantante que luce un muy buen gusto en su fraseo, y su “Dalla sua pace” fue interesante, pero en el “Il mio tesoro intanto” las agilidades no fueron demasiado afortunadas. 

Ainhoa Garmendia se hacía cargo del papel de Donna Anna. Lo habitual es que este papel lo canten sopranos de voces más grandes, más “dramáticas”, y hubo momentos en los que hubiera sido preferible una voz con más cuerpo. Lució sus habituales pianísimos, aunque personalmente en este caso me aportaron poco. También los agudos sonaron algo tirantes por momentos, pero por lo menos hay que reconocer que en su prueba de fuego, el “Non mi dir”, estuvo a buen nivel, cantando perfectamente esos picados que tantas veces se cantan mal. 

Lo mejor de la noche, en mi opinión, fue la Donna Elvira de Miren Urbieta. Se nos anunció antes de comenzar que estaba con gripe, pero apenas nos enteramos; algún agudo problemático al comienzo y poco más. El suyo fue sin duda el mejor “Mi tradì” que he escuchado en vivo, y fue uno de los momentos en los que más disfruté. 

Xavier Casademont compensaba un canto digamos “poco ortodoxo” con un talento escénico considerable, destacando, como ya hemos mencionado, el lado más cómico de Leporello. Algunas de sus “gracias” me molestaron un poco (el final del aria del catálogo), pero por lo general nos hacía reír, y fue muy aplaudido por ello al final. 

Marcello Guzzo se hacía cargo del protagonista Don Giovanni. Su voz de barítono lírico y un considerable buen gusto en el fraseo le permitió lucirse en los pasajes más líricos, en especial en el “Deh, vieni alla finestra”. Cantó todas las notas del “Fin ch’an dal vino”, que tampoco es poca cosa. Pero en otros momentos su voz resultaba poca cosa para el personaje, que necesitaría un mayor dramatismo. 

Seguimos con la incógnita de saber qué pasará con el proyecto de Opus Lirica. El Kursaal no estaba lleno, pero la asistencia tampoco creo que fue mala el viernes, a la espera de lo que sucediera en la segunda función. En todo caso, tras este “Don Giovanni” y la Flauta del año pasado, diría que Mozart se le atraganta a la compañía: no, no ha sido ni mucho menos un desastre, todo fue correcto. Pero la corrección puede terminar en aburrimiento (fue mi caso, aunque ya he mencionado que tengo un problema con este título). Opus Lirica ha hecho cosas mejores, y puede volver a hacerlas, cosa que espero con todas mis fuerzas. 

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