Crónica: El Caserío por Ópera de Cámara de Navarra (05-05-2017)


Nunca había escuchado El Caserío, zarzuela de Jesús Guridi, hasta la pasada semana, como preparación para esta función de zarzuela en el Baluarte de Pamplona. No es que me suela apetecer mucho ir a Pamplona a algún concierto, porque está claro que tengo gafe, siempre pillo lluvia o niebla en la carretera, y esta vez no fue la excepción: a la vuelta la lluvia no paraba y un tramo de niebla llegando ya a Andoain me provocó frenar de golpe y quedarme completamente agarrotado del mal rato que pasé. Pero claro, había que ir aunque sólo fuera por volver a ver a Igor y a Iker…




Escuchando El Caserío en casa, me quedé con la impresión de que Jesús Guridi no es precisamente un gran compositor vocal, que es mucho más interesante en su faceta orquestal (las 10 melodías vascas, la sinfonía pirenaica…), algo que se nota en los fragmentos orquestales de la zarzuela, con mucho la parte más interesante de una obra que carece de grandes momentos (salvo quizá la romanza de Santi “Sasibil, mi caserío”). Inluso los ritmos folclóricos vascos se aprecian mejor en los ritornellos orquestales que en las partes vocales. Pensé también que podía haber hecho una zarzuela en euskera, pero luego cambio de opinión al escuchar el “Pello Josepe tabernan dala” y ver que no entiendo nada porque está en dialecto vizcaino.

Vamos ya a comentar la función. Antes de nada dejamos un enlace de la producción.

La producción de Koldo Tainta era bonita y sencilla, destacando un árbol en medio del escenario que nos trasladaba a un ambiente rural. Quizá menos sentido encontré a los dos paneles móviles que se cambiaban de posición a lo largo de la obra, a los que sólo encontré sentido en determinados momentos, como cuando hacían de las paredes del frontón donde se celebra el partido de pelota. Las proyecciones de fondo ayudaban sin duda a la ambientación de cada escena, y con un vestuario que acentúa el costumbrismo vasco de la obra, escénicamente fue satisfactoria.

La Orquesta Goya, dirigida por Máxi Olóriz, cumplió con solvencia, destacando en los momentos instrumentales, donde el director pudo lucir mejor los ritmos vascos de la partitura, con algún crescendo muy logrado. Acompañó con corrección a los cantantes, sin desajustes evidentes ni tapar las voces. La Coral San Andrés de Villaba cumplió también con solvencia en una obra en la que tienen numerosas intervenciones.Me pareció especialmente afortunada su entrada por las escaleras del auditorio, ya que al comenzar a cantar te veías envuelto por el sonido del coro que todavía estaba descendiendo hacia el escenario, teniendo a miembros del coro en los laterales o incluso por detrás de mi localidad, con lo que te sientes más integrado dentro de la función.

El Grupo de Danzas Mikelats se encargó de los aurreskus y fandangos que aparecen en la partitura. No es mi fuerte este tipo de bailes (por cierto, muy similares en su forma de bailar a la tradicional jota navarro-aragonesa), pero en todo caso contribuyeron a darle una ambientación muy vasca a la acción.

El Caserío cuenta con 9 personajes, de los cuales 4 son solamente hablados, siendo los encargados de interpretarlos correctos en su labor, destacando siempre sus facetas más cómicas.

El personaje de Inosensia lo interpretó la soprano Carolina Moncada. Es un papel casi completamente actoral, de marcado carácter cómico, perfectamente resuelto por su parte, que al final de la obra cuenta con una intervención cantada en el dúo con Txomin que termina en parejita. Canto correcto eclipsado quizá por su faceta cómica, que fue la que se queda más en la memoria del público.

Txomin lo interpretó Iker Casares. Su increíble talento cómico ya me es de sobra conocido; ya desde su primera aparición provoca carcajadas. Por otra parte, es el papel con mas enjundia vocal que le he visto hasta ahora, con varias intervenciones, como el mencionado dúo con Inosensia o el enfrentamiento de bertsos con José Miguel. Hubo algunos agudos más pálidos que otros, hubo algunos momentos menos audibles que otros, lo que nos deja claro que no es un problema de medios, pero en general sus intervenciones cantadas fueron muy correctas, sin ningún fallo remarcable. En las partes de tenor cómico tiene poca competencia, ya que canta mejor de los habitual en este tipo de voces, y su talento interpretativo está fuera de cualquier duda.

La protagonista, Ana Mari, fue interpretada por Noemí Irisarri. Es el de Ana Mari un papel bastante ingrato, al carecer de romanza propia o momentos de gran lucimiento, pero no por ello es un papel poco exigente, ya que los dúos le obligan a darlo todo. Y ella lo dio, aunque había momentos en los que los agudos sonaban algo ásperos, frente a otros en los que sonaban mucho más limpios. Tendría que volver a escucharla para saber si es un problema de tesitura (que la parte le quede demasiado aguda) o simplemente de algún momento en el que no consiguió atacar las notas de la mejor forma. La ausencia de romanza es quizá lo que más le perjudica al no tener un momento en el que lucir sus posibilidades (es una cantante expresiva, eso ya pudimos comprobarlo, pero es que se echa en falta ese momento en el que todo el protagonismo sea para ella y lo pueda dar todo).

José Miguel, el plotari juerguista que es casi el anti-héroe de El Caserío, fue interpretado por Igor Peral. Comenzó su primera intervención bajando las escaleras del aditorio, y ahí la cosa no pintó muy bien, con una voz más bien opaca, perjudicada sin duda por la posición de espaldas a la mayor parte del público. Inmediatamente comienza un dúo con Ana Mari en el que las cosas mejoraron sin duda, con buen fraseo, gusto cantando y unos agudos potentes y bien proyectados que parece que vayan a romper los tímpanos de los espectadores, aunque el registro central no terminaba de estar tan bien emitido como el agudo, perjudicado posiblemente por cantar buena parte del dúo tumbado. Tonterías que desaparecieron inmediatamente a medida que la obra avanzaba, donde a parte de una perfecta caracterización escénica demostró que el papel le queda pequeño (su romanza “Yo no sé qué veo en Ana Mari” parece un calco de la de Nadir de “Los pescadores de perlas” de Bizet pero en cutre, sin muchas posibilidades de lucimiento). Se siente cómodo en el papel; obvio, no arriesga, no tiene opciones de dar todo lo que su voz le permite. Sigo a la espera de escucharle en algún rol operístico protagonista y comprobar si las expectativas que en él tengo puestas se cumplen.

El protagonista de El Caserío es el indiano Santi, soltero, desesperado por a quién le va a dejar su querido caserío Sasibil en herencia, que trama un engaño para conseguir emparejar a sus sobrinos, Ana Mari y José Miguel, aunque al final le suponga un disgusto. Santos Ariño demostró sus tablas y su experiencia en el papel; la voz quizá no esté en su mejor momento, y sacó adelante los momentos más dramáticos (el enfrentamiento con José Miguel del tercer acto) más a base de tablas que de medios vocales. Pero a cambio en los momentos más líricos su fraseo, su legato, la belleza de su línea de canto se imponen, cun una romanza “Sasibil, mi caserío” de manual y una tremendamente emotiva frase final. A mí desde luego me dejó muy buen sabor de boca.

En fin, una buena función de zarzuela, con momentos divertidos, pero que te deja un poco en plan “quiero más, esto me sabe a poco”. El problema, desde luego, es de Guridi. A los cantantes espero tener ocasión de verles de nuevo en papeles que les den más juego.



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