Crónica: Jérusalem de Verdi en ABAO-OLBE (19-11-2019)

El proyecto Tutto Verdi de ABAO_OLBE llega a su penúltimo título con este “Jérusalem” que aquí comentamos. Y si hace pocos días comentaba al hilo del aniversario del estreno de “Oberto” que a veces hay títulos que se conocen y se representan más por ser obras de quien son que por sus valores musicales o teatrales, creo que ayer esto se confirmó. 

Ya sabemos que “Jérusalem” en una adaptación francesa de “I lombardi” (ópera que pudimos ver en ABAO a comienzos de este mismo año). Los artículos que acompañan el programa de mano de la función de ayer (de gran interés, por supuesto) destacan las novedades musicales que incluye esta obra (la más interesante, en mi opinión, el final del tercer acto) y los cambios dramáticos que acercaban la historia al público francés y trataban de hacerla más creíble. Y ahí es donde más puedo disentir: en I lombardi, Pagano mata a su padre; en “Jérusalem” Roger hiere a su hermano, pero no lo mata, de ahí que me cueste aún más comprender la ya de por si enrevesada trama tan decimonónica. Si a eso sumamos que Verdi no controlaba el estilo francés, pues tenemos una ópera de muy poco interés que, lo peor de todo, se hace pesada (y eso que, afortunadamente, no se incluyó el ballet. Y sé que estoy siendo poco ortodoxo, yo que detesto los cortes en la ópera, pero seamos sinceros: Verdi escribiendo ballet tiene nulo interés). 

Pasamos ya a comentar la función, antes de lo cual dejamos un enlace del programa. 

La escenografía de Paco Azorín no me gustó. Muy minimalista, un único escenario para toda la ópera. No conozco “Jérusalem”, apenas conseguí escucharla un par de veces para prepararme la función, así que me cuesta seguir el argumento, y más uno tan enrevesado como este. La escenografía no me ayudaba en nada a seguir la acción dramática. Tampoco me convenció la dirección escénica de Francisco Negrín, empeñada en añadir mucho movimiento, en mantener en escena a personajes que desentonan, e incluso distraen por momentos, y que en no pocas escenas me resultó incomprensible. 

Gran labor de Francesco Ivan Ciampa frente a la Orquesta Sinfónica de Bilbao, que sonó con la suficiente chispa que exige cualquier ópera del primer Verdi. La batuta se encargó de moderar el volumen para no tapar a los solistas y los acompañó con precisión. 

Ya hemos comentado en otras ocasiones que el Coro de la ópera de Bilbao ha seguido una trayectoria ascendente en los últimos años. Pero ayer no debió ser su noche, o quizá no era su ópera. En especial las notas agudas de los tenores sonaron demasiado justas. Lo mejor fue sin duda el coro final, de gran impacto. 

Muchos solistas comprimarios que en muchos momentos es difícil saber qué papel cantan. Correctos el Oficial de Gerardo López, la Isaure de Alba Chantar y el heraldo y el soldado de David Lagares. Un tanto falto de rotundidad el Emir de Deyan Vatchkov y destacable el Raymond de Moisés Marín. 

Falto de volumen y rotundidad Pablo Gálvez como el Conde de Toulouse, quizá porque su voz es todavía demasiado joven para el papel. 

Fernando Latorre destacó en su labor actoral, cuando la dirección escénica le exigía tener siempre el brazo alzado, o incluso arrastrarse para salir del escenario por una portilla. Vocalmente fue solvente, aunque una voz más gruesa tampoco habría estado mal para el legado papal. 

Jorge de León nos regaló buenos momentos en un papel que tampoco es el más adecuado para su voz, el de Gaston. El cantante canta con gusto, frasea, y muestra una voz potente y hermosa. El ataque al agudo no es del todo ortodoxo, pero una vez atacado, este suena brillante. 

Rocío Ignacio hacía frente al temible papel de Hélène, que le obligó a sacar todas sus armas canoras y la puso en apuros en los momentos más exigentes. Sus coloraturas eran por momentos un tanto atropelladas y el agudo tiende a ser algo opaco, pero canta con gusto y tuvo momentos de lucimiento, destacando quizá su primer monólogo, el “Ave Maria”.

El mejor de la noche fue el Roger del veterano Michele Pertusi. A su voz se le notan ya los años, pero al intérprete también, y era un gusto ver todos sus recursos para frasear, sus formas de colorar la voz para intentar transmitirnos algo en un personaje que por lo demás es bastante plano. Realmente magnífica su gran escena del primer acto, que proviene de I lombardi con poquitos cambios. Ha sido un placer haber podido volver a escucharle tras 8 años ausente en Bilbo. 

No será este “Jérusalem” una función memorable, porque la ópera tampoco da para más, pero seamos sinceros, es poco probable que volvamos a tener la ocasión de ver esta ópera en el futuro, así que tampoco era cuestión de dejar pasar la oportunidad. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.