Crónica: La música de las galaxias en Kursaal (06-05-2017)


Las grandes bandas sonoras sinfónicas no pasaban por su mejor momento en los años 70. Desaparecidos los grandes exponentes del género (Steiner, Korngold, Tiomkin, Rózsa, Waxman, Newman),y con otro grande del género, Maurice Jarre, volcado cada vez más en el mundo de los sintetizadores, las estrellas eran los mucho más eclécticos Jerry Goldsmith o Bernard Herrmann. Tampoco las bandas sonoras de Morricone de esa época son de carácter sinfónico (sus famosos spagetti-western), y hacían que el no muy conservador Elmer Bernstein pareciera un compositor a la antigua. Y eso cuando se componían bandas sonoras y no se pasaba directamente al uso de piezas de música clásica insertadas sin ton ni son en la acción (y sino volved a ver Kramer contra Kramer, estrenada en 1979). Sólo John Barry y, a su manera, Nino Rota, mantenían ese carácter sinfónico de las bandas sonoras. Y ahí llega en 1977 el estreno del primer episodio de Star Wars, con esa música sinfónica tardorromántica que devuelve al panorama cinematográfico el estilo de las grandes bandas sonoras del Hollywood clásico. Un estilo que perdura en toda la saga y que, con motivo del 40 aniversario de su estreno, ha dado lugar a esta gira de La música de las galaxias que nos ha traído la Film Symphony Orchestra a Donostia.




En una banda sonora de las dimensiones de la que John Williams ha compuesto para las, hasta ahora, 7 entregas de la saga, es lógico encontrar influencias musicales de todo tipo: jazz, ritmos y percusiones de Strawinsky, metales wagnerianos o mahlerianos, grandeza flemática digna de Elgar o de Holst, melodías de arrebatadora belleza que podrían salir de la pluma de Puccini, Tchaikovsky o Massenet, maderas mucho más independientes que nos van a recordar a Steiner… La música de las galaxias es un compendio de influencias musicales románticas y tardorrománticas con influencias del jazz y la música americana de comienzos de siglo.

En un vídeo que he podido ver en Facebook, el director de la Film Symphony Orchestra, Constantino Martínez-Orts, decía que los que se emocionan con la música de algunos grandes compositores clásicos se iban a emocionar con La música de las galaxias. Yo lo veo un poco un error de enfoque: por lo general los melómanos clásicos somos también cinéfilos, y para muchos de nosotros la música de muchos de los grandes compositores de bandas sonoras es una pieza de concierto tan digna como una sinfonía de Mahler (y eso ignorando que Korngold, quien a parte de ganar dos Oscars, fue además un digno compositor de música sinfónica, como demuestra su sinfonía y sus conciertos, en especial el de violín, así como de ópera, destacando la maravillosa y recientemente recuperada Die tote Stadt). Es más bien el público cinéfilo, el friki de Star Wars, el que puede ver a través de la magnífica partitura de John Williams que esos compositores clásicos (románticos sería una mejor definición si no se hubiera pervertido tanto el significado de la palabra) que consideran viejos, rancios, alejados de su mundo, forman parte de su vida de una forma que son incapaces de imaginar.

Y hay que reconocer que Constantino Martínez-Orts puso de su parte durante el concierto, con esas pequeñas introducciones explicativas de cada pieza, mencionando a muchos de los compositores que he mencionado hasta ahora, comentando anécdotas o incluso explicaciones de tipo didáctico (como por ejemplo qué es una caja y su uso en las marchas). Quizá se echó en falta ahondar un pelín más en qué es un leitmotiv y su uso en Star Wars, pero hay que reconocer la tremenda labor del director, que hablaba demasiado rápido, con problemas para vocalizar y casi asfixiado, obvio teniendo en cuenta el enorme esfuerzo físico que supone dirigir estas piezas y la tremenda pasión que pone en ellas.

No voy a hacer, como en otras ocasiones, ir comentando una por una cada una de las piezas, ya que en más de un caso me resulta difícil individualizar cada una. Prefiero centrarme en los detalles más destacados. Y, antes de todo, destacar el trabajo de iluminación, los juegos de luces que se incluían por primera vez en una gira de la Film Symphony Orchestra, con algunos momentos realmente sublimes, como esa luz cenital en el tema de Yoda, simplemente perfecta.

La primera parte del concierto se centró en la música que John Williams compuso para la trilogía original. Abría el concierto, como no podía ser de otra forma, el tema principal, reconocible por todo el público. A continuación escuchamos temas concretos de personajes, así como música que acompaña a las batallas. Hay que tener en cuenta que, en una película de acción, las batallas, persecuciones y demás no cuentan con grandes líneas de diálogo, por lo que, a parte del ruido de disparo de blasters y demás, son escenas que auditivamente quedarían muy pobres si no fueran acompañadas por una buena música. Aquí Williams toma, hasta cierto punto, la estética de Erich Wolfgang Korngold, que componía unas bandas sonoras que eran en realidad óperas sin palabras, es decir, que la música por sí sola ya nos sirve para poder seguir lo que está sucediendo. Fueron 3 de estas escenas las que se presentaron en La música de las galaxias: ¡Aquí vienen! del episodio IV, “El campo de asteroides” del episodio 5 y “La batalla del bosque” del episodio VI. Musicalmente, además de temas sobradamente conocidos de la saga, se podía apreciar con claridad la influencia de otros compositores (creo recordar que era en ¡Aquí vienen! cuando parecía que estuviéramos escuchando el Júpiter de Los planetas de Holst).

Sobre los temas, empleados a modo de leitmotiv a lo largo de la saga, Constantino no paraba de repetir la importancia del uso de las trompas. Y sonaron deliciosas en el tema de Leia, pero a partir de ahí la cosa se complicó, con sonoras desafinaciones de trompas y demás metales, en incluso en algún momento de las maderas (un oboe, si no me equivoco), frente a unas cuerdas y una percusión siempre brillantes. De todos los temas habría que destacar por su belleza el de Yoda, el aire tribal del desfile de los Ewoks y la clara influencia de Massenet en el final del tema de Leia (ese concertino acompañado por el arpa sonaba a la meditación de Thais).

Terminaba la primera parte con una pieza puramente jazzística, La banda de la cantina, un chute de buen rollo que animó a un público menos numeroso de lo habitual (se veían demasiados espacios libres, cuando en otras ocasiones la Film Symphony Orchestra ha agotado las localidades).

La segunda parte constaba de música extraída de los episodios I, II y VII (no se interpretó nada del episodio III, porque realmente la única música original relevante que tiene requiere del uso de un coro del que no se dispone). Tras “El desfile de la bandera” comparado con las cuádrigas de Ben Hur de Miklós Rózsa, llegaba el bellísimo tema de Anakin, un tema de cuerdas que termina con los acordes de la marcha imperial: sí, John Williams ya nos cuenta, dos episodios antes, quién es Anakin, y lo hace simplemente a través de la música. Es cierto que, viendo la película, no nos damos cuenta, pero escuchando la pieza de forma aislada es algo tan evidente que cualquiera se da cuenta, aún sin entender de música ni saber qué es un leitmotiv (los acordes de la marcha imperial serían el leitmotiv de Darth Vader).

Jar Jar Binks es un personaje odiado y por tanto prescindible, y podía parecer que su tema musical también lo era, pero aportaba un estilo muy distinto al resto de piezas. El uso de las maderas de forma grotesca, en especial del del fagot, recordaba al tema del perro en “Desde que te fuiste” de Max Steiner.

Seguía el concierto con el que quizá sea mi tema favorito de toda la saga, Across the stars, el tema de amor de Padmé y Anakin. Es un tema de gran belleza melódica, que podría haber salido de la pluma de Puccini, pero con una fuerza dramática que nos lleva directamente a Tchaikovsky. Además, aquí la función bebe más del estilo de Steiner que del de Korngold: la música no describe nada, sino que realza las emociones, los sentimientos de la escena. Y buena falta que hace, porque ya sabemos que George Lucas no sabe dirigir (ni escribir) escenas románticas, y sólo la bellísima melodía de John Williams consigue aportar ese romanticismo y esa belleza que faltan en esas escenas.

Continuaban sonando temas que quizá nos sean desconocidos a la mayoría, del episodio VII (en mi caso, sólo lo he visto una vez y no me dejó muy buen sabor de boca, así que no conozco la nueva música que compuso John Williams). Lo más destacable de todo fue en mi opinión el último tema, “Los pasos del jedi”, donde me sorprendió escuchar claramente reminiscencias incluso de Dvorak. La cultura musical de Williams en sin duda bastísima y puede recurrir a innumerables fuentes para conseguir el efecto deseado.

Antes se había interpretado la Marcha de la resistencia, una marcha en la que Williams prescinde de la caja. Es cierto que esto es algo extraño en Williams, pero esas primitivas marchas de ópera tampoco usaban caja (recordemos la sencilla marcha triunfal de trompetas de Aida, o la casi olvidada marcha de la coronación de El profeta de Meyerbeer, a la que yo encuentro unas vagas similitudes con el tema de Superman, nada menos).

Terminaba la segunda parte de La música de las Galaxias con un clásico de la Film Symphony Orchestra, El salón del trono y los títulos finales del episodio IV. Aquí la influencia más notable es la de Elgar, con ese aire tan solemne, tan flemático, tan british a fin de cuentas que tenía el compositor inglés, y que tan buen efecto hace en esa escena en la que Leia les pone las medallas a Luke, Han Solo y Chewaka.

El entusiasmo del público, que quedó notablemente satisfecho (y con razón) se vio compensado esta vez con sólo dos propinas (el titánico esfuerzo de orquesta y director no les dejaría fuerzas para más). Una, obvia, se echaba de menos en el programa: la Marcha imperial. La otra, una repetición de La banda de la cantina, que tanto había triunfado. No se podía pedir mucho más, aunque yo eché de menos el tema festivo que cierra el episodio VI (ese en el que los ewoks usas cascos de guardias de asalto imperiales a modo de xilófono).

Otro éxito que se apunta la Film Symphony Orchestra y su carismático director, Constantino Martínez-Orts, con esta La música de las galaxias. Estamos ya en espera de la gira 2017 en la que se anuncian temas tan llamativos como los de La La Land, Hook, La misión, Casablanca (que conste que no es la mejor partitura de Steiner; me gustaría verles interpretar otras partituras suyas como las de Jezabel, Murieron con las botas puestas, La extraña pasajera… y sobre todo, la maravillosa música de Centauros del desierto) y esa maravilla de Ernest Gold que es Éxodo. Sin duda volverán a sorprendernos y a regalarnos otra gran noche de música de cine.



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