Crónica: Le Prophète en Deutsche Oper Berlin (06-03-2020)

¿Ha llegado el momento de una “Meyerbeer Renaissance”? Tendría todo el sentido del mundo que las óperas de uno de los compositores más populares del siglo XIX vuelvan a las programaciones de los teatros de ópera internacionales. Significativo es en este sentido el regalo que a los operófilos no ha hecho la Deutsche Oper de Berlín, al programar en un fin de semana 3 de sus óperas. La primera de ellas, el vienes día 6, “Le Prophète”. 

“Le Prophète” es la tercera Grand-Opéra de Giacomo Meyerbeer, estrenada más de 10 años después de su obra anterior, “Les Huguenots”, y por tanto tiene diferencias sustanciales en el estilo y en la tipología vocal, en especial la del tenor: sin Nourrit, que se había suicidado en 1839, la línea de canto de Leyde no es tan aguda, y demanda una voz algo más pesada, más “dramática”. No consigue Meyerbeer alcanzar el nivel que había logrado con su ópera anterior (que sigue siendo su gran obra maestra), pero eso no significa que “Le Prophète” no sea una magnífica ópera que todo operófilo debería poder ver en vivo. Y mejor si es con el nivel de calidad musical que han conseguido en esta ocasión en Berlín. 

Antes de comentar la función dejamos, como siempre, un enlace con la ficha de la producción. 

Fea pero eficaz la escenografía de Pierre-André Weitz: una estructura giratoria que cambiaba con gran rapidez, consiguiendo por lo menos reflejar los numerosos y variados escenarios en los que transcurre la acción. La dirección escénica de Olivier Py es eficaz con los solistas, pero abusa del uso de figurantes que despistan la atención de la acción principal. Deduzco que quiere mostrarnos los horrores de la guerra en una constante orgía de violencia y sexo, pero desdibuja el conflicto religioso. Discutible es además el final, con Leyde pegándose un tiro en lugar de hacer estallar el Palacio matando consigo a los anabaptistas. Suya es también la coreografía del ballet, que no aportaba nada al desarrollo de la acción, excepto quizá en la bacanal final. 

Magnífica labor de la Orquesta de la Deutsche Oper, que respondió con alto nivel a la dirección de Enrique Mazzola. La dirección fue vibrante, atenta a los solistas, sin taparlos nunca, acompañándolos con precisión y consiguiendo el impacto necesario en las escenas más espectaculares, incluyendo una gran lectura de la famosa Marcha de la Coronación. Igualmente magnífico el Coro de la Deutsche Oper, que tiene importantes intervenciones en esta ópera, y necesario destacar la impresionante labor del coro infantil: la combinación de orquesta, coro, coro infantil y solistas convirtió el concertante final del IV acto en un momento tan espectacular como cabría esperar de Meyerbeer, que al menos a mí consiguió ponerme la carne de gallina. 

Vamos ya con los solistas. Al Conde Oberthal de Seth Carico le faltó quizá un poco de autoridad en la voz, aunque cantó con corrección y mostró un sobresaliente trabajo actoral. Muy compenetrados los 3 anabaptistas: Derek Welton como Zacharie, Thomas Lehman como Mathisen y Gideon Poppe como Jonas, con su cansina repetición del “Ad nos, ad salutarem undam”. En concreto el tenor Poppe lució gran volumen, pero un agudo tirante. 

Deliciosa la Berthe de Elena Tsallagova, con una voz bellísima y un estilo belcantista que le permitió lucirse en su aria del primer acto, mientras tuvo la potencia y el arrojo necesario para superar los dos últimos actos. 

Gratísima sorpresa la Fidès de Clémentine Margaine, con un timbre oscuro, una voz potente y un enorme carisma escénico. Su lectura de esa prueba de fuego que es el “O prêtes de Baal” fue sobresaliente, pese a algún ligero problema con las terribles coloraturas del “Comme un éclair”. Siendo quizá mi momento favorito de la obra, lo disfruté mucho más de lo que habría esperado. 

Y qué decir del Jean de Leyde de Gregory Kunde… años llevamos diciendo eso de que canta muy bien “mientras le dure la voz”… pues le sigue durando, y cómo. Sin problemas de tesitura, con un centro no especialmente grande pero sí perfectamente proyectado, con un agudo deslumbrante, una adecuación estilística envidiable, unas tablas escénicas sorprendentes y un buen gusto infalible. Si en su relato del sueño quizá se echó en falta recurrir al mixto en los agudos, lo hizo en otros momentos de la noche, con un “Roi du ciel” memorable. Y tiene mérito que, después de eso, llegara aparentemente intacto de voz y fuerzas al final, en un papel que tiene que ser agotador. He visto bastantes veces a Kunde en vivo, y este Leyde puede ser una de sus mejores creaciones, sin duda. 

Acostumbrado a los teatros cercanos, señalar que me sorprendió tanto la notablemente baja media de edad del público como el silencio durante la función: ni móviles, ni toses. En Alemania se vive la ópera de otra manera, está claro. Sólo eso explica que Se haya vuelto a representar “Le Prophète” después de haberse representado hace 3 años. Como en aquella ocasión me fue imposible ir, yo lo agradezco, ya que he podido disfrutar de una sobresaliente función de “Le Prophète”. 

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