Crónica: Les Huguenots en Deutsche Oper Berlin (08-03-2020)

“Les Huguenots” es una ópera que me ha fascinado desde que la descubrí, hace no demasiados años, y tenía unas ganas impresionantes de poder verla en vivo. Así que no puedo dejar de agradecer a Deutsche Oper Berlin que me haya dado la posibilidad de ver en un mismo fin de semana tres óperas de Giacomo Meyerbeer, primero “Le Prophète“, después “Dinorah” y por último estos “Les Huguenots” que pasamos a comentar.

Antes de entrar en detalles sobre la función dejamos, como siempre, un enlace a la ficha de la producción.

No especialmente hermosa la escenografía de Giles Cadle, de la que quizá habría que destacar el cuarto acto, con esa galería de retratos que recordaba a la del castillo de Beauregard, y el tejado de la iglesia del quinto acto. Poco apropiada la dirección escénica de David Alden, que contribuía muy poco a hacer clara la trama, mezclando por ejemplo sin sentido a católicos y hugonotes en la misma iglesia en el tercer acto, o haciendo que los solistas cantaran tumbados algunos de sus pasajes más exigentes. Destacar en todo caso la muy bien resuelta escena de la muerte del trío protagonista. 

De nuevo la orquesta de la Deutsche Oper respondió a muy buen nivel, pero se vio lastrada por la pesada dirección de Alexander Vedernikov, incapaz de extraer toda la chispa y espectacularidad de la partitura. Los monólogos de los solistas se antojaron eternos por la lentitud, mientras algunas de las escenas más espectaculares, como el final del segundo acto, quedaron demasiado descafeinadas. Mejoró en todo caso la cosa en los dos últimos actos, y el juramento de los puñales resultó suficientemente impactante. Muy bien de nuevo el coro. 

Sobre el ballet no voy a hablar, ya que fue suprimido casi en su totalidad. Puede que no me convenciera la coreografía del de “Le Prophète”, pero prefiero poder escucharlo a que me lo corten así. 

Vamos ya con el extenso reparto que exige Les Huguenots. Bien Andrei Danilov como el hugonote Bois-Rose, sonoro en su importante intervención del tercer acto. El sexteto de católicos estaba formado por Paul Kaufmann como Tavannes, Jörg Schörner como Cossé, Padraic Rowan como Merú, Stephen Bron como De retx y Alexei Botnarciuc en el doble papel de Thoré y Maurevert. Fueron solventes en sus cometidos, si bien los dos tenores, Tavannes y Cossé, mostraro problemas en la zona aguda, omitiendo en varias ocasiones los agudos escritos. 

Dimitris Tiliakos demostró buen gusto como Nevers en el primer acto, y la voz sonaba suficiente, pero en sus posteriores intervenciones se vio superado por la tesitura y por el mayor dramatismo de la parte. Solvente y bien cantado el Saint-Bris de Derek Walton, superando sin aparente dificultad el juramento de los puñales.

Gratamente sorprendido por el Urbain de Irene Roberts: desenvoltura escénica, voz hermosa y unas coloraturas impecables le hicieron llamar la atención en una parte que no es fácil pero tampoco demasiado extensa. 

Liv Redpath empezó un tanto apurada su Marguerite de Valois, con un “O beau Pays” suficiente pero sin brillo, perjudicada quizá por estar recostada en un diván. Sus prestaciones mejoraron considerablemente a medida que avanzaba el segundo acto, dejando mucho mejor sabor de boca en su dúo con Raoul. 

El mejor solista de la noche fue sin duda Ante Jerkunica como Marcel, con un timbre oscuro y una voz potente que le dieron realce a su parte. Muy convincente su “Piff, paff”, suficientemente emotivo en el dúo del tercer acto con Valentine y especialmente brillante en el último acto, fue un lujo poder escucharle. 

Bien resuelta la Valentine de Olesya Golovneva, ya incluso desde su entrada en el segundo acto, luciendo una voz potente que se hacía oír por delante del coro. Muy bien a nivel expresivo en su dúo con Marcel del tercer acto y en su monólogo del cuarto, tuvo sus mejores momentos en el dúo con Raoul y en el último acto, dejando un muy buen sabor de boca en un papel nada sencillo. 

El tenor Anton Rositskiy cargaba sobre su espalda con el peso de la función en su papel de Raoul de Nangis, que es a fin de cuentas el protagonista de Les Huguenots. La voz sonaba más o menos adecuada para el papel, aunque no fue especialmente sutil, emitiendo por ejemplo los Does sobreagudos de su dúo con Valentine de pecho (cuando la partitura especifica que son en pianísimo, y por tanto deberían ser cantados en mixto). En todo caso lució una extensión envidiable (magnífico Reb sobreagudo en el dúo con Valentine), e incluso se atrevió con el sobreagudo del “Plus blanche”, aunque aquí el resultado no fuera tan positivo. El terrible papel superó sus fuerzas, lo que se notó especialmente en su monólogo del quinto acto “Aux armes, mes amis”, si bien mejoró en el resto del acto. 

La cuestión es que, con un resultado mejorable pero suficiente, he podido por fin ver “Les Huguenots” en vivo (y otras dos óperas de Meyerbeer), con el miedo que había ya a posibles cancelaciones a causa del coronavirus. Sólo dos días después, Berlín anunció que suspendía todas sus actividades musicales. Por los pelos este fin de semana meyerbeeriano tuvo lugar. Y afortunadamente estuve allí para disfrutarlo. Gracias a la Deutsche Oper por haberlo hecho posible. 

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