Crónica: “Marina” de Arrieta en Donostia (07-09-2016)


En este 2016 en el que Donostia es Capital Europea de la Cultura, la asociación local de zarzuela, la Asociación Lírica Sasibil, ha organizado dos programas en una misma semana, tarea nada fácil para una organización como ésta: dejando la zarzuela “La alegría de la huerta” para el fin de semana, se embarcaron también en la representación de la versión operística de “Marina” de Emilio Arrieta los días 6 y 7 de septiembre en el Teatro Victoria Eugenia. Yo fui a la segunda función.




Confieso que no conocía Marina, y estuve escuchándola unos días antes para prepararme. Y no, no es una obra maestra del género, pero eso no quita que tenga momentos de gran inspiración, además de permitir el lucimiento de sus intérpretes, en especial el papel protagonista de Marina, una soprano de coloratura de factura más bien belcantista (aunque la ópera fuera estrenada en fechas tan tardías como 1871).

Antes de nada dejo un enlace del programa de la función.

No es el Victoria Eugenia un teatro muy apropiado para representaciones operísticas, por las reducidas dimensiones tanto de escenario como de foso orquestal. Así, la puesta en escena fue muy sencilla, con palés de madera apilados formando torres, consiguiendo de una forma un tanto sui generis el ambiente costero en el que transcurre la acción.

Sobre la orquesta, la propia de la asociación, dirigida por Arkaitz Mendoza, sonó en el preludio un tanto falta de chispa, causada en mi opinión por una sección de cuerdas demasiado reducida (desconozco si es por el tamaño de la propia orquesta o el del foso que no permitía un plantel más amplio), pero en el resto de la función cumplió su labor con acierto. Arkitz Mendoza se dedicó a acompañar a los cantantes, sin taparles en ningún momento, lo que es de agradecer, al margen de que, a diferencia de La tabernera del puerto de hace unos meses, aquí se notaba que había habido más ensayos y por tanto la coordinación fue perfecta en todo momento.

Sobre el coro, también el propio de la asociación, decir que tiende a cantar demasiado en forte, pero cumplió con su papel con corrección, salvo en algún desajuste al comienzo del “La novia no parece”.

Del reparto, nada que decir sobre los pocos comprimarios, salvo quizá destacar el buen hacer del Capitán Alberto de Eneko San Sebastián.

Y vamos ya con el cuarteto protagonista. El más flojo fue el Pascual de Iosu Yeregui; sinceramente, no sé cuál es su problema, si es que no imposta bien la voz, o si es que intentaba oscurecer artificialmente su timbre para sonar a verdadero bajo (que no sonaba como tal). Por lo demás, hay que decir que no tuvo problemas con la tesitura en ningún momento, al margen de que se debería mejorar la emisión de ciertas notas.

Como Roque, Alberto Arrabal paseó su enorme voz y su gran talento interpretativo por el escenario. En el primer acto fue donde estuvo más flojo, con algunos agudos emitidos de forma algo tosca. Una vez la voz calentó, sus prestaciones subieron de nivel en el segundo y, sobre todo, el tercer acto, con una magnífica intervención en el Brindis y un bellísimo “Dichoso aquel que tiene”, con la dificulad que le supone recoger su enorme voz para cantar en piano, y que en mi opinión fue uno de los mejores momentos de la noche. Lo cierto es que yo veo en Roque a un barítono más lírico, y en ese sentido a Arrabal el papel se le quedaba pequeño.

El Jorge de Quintín Bueno fue también de menos a más, aunque en su caso los problemas fueron notorios durante toda la función. Y es que ya desde su entrada, con el “Costas las de Levante”, pudimos comprobar que su voz es apenas audible en el registro central, mejorando notablemente en una zona aguda emitida limpiamente y de considerable volumen. Cuanto más aguda fuera la parte que cantaba, mejor sonaba, hasta el punto de rematar con un sobreagudo (¿un Re bemol podría ser?) el segundo acto.

Y terminamos con la protagonista, la Marina de Ximena Agurto, voz de soprano más bien ligera, sin problemas para las páginas de coloratura que tiene su papel. Canta con gusto y sin problemas de tesitura, siendo mejores sus agudos en pianísimo (bellísimo el del final del “Pensar en él”) que en forte, que sonaban un poco demasiado vibrados. Pero en general la suya fue una interpretación de muy buen nivel.

Lo cierto es que, en mi opinión, pudimos disfrutar de una buena función, con momentos muy disfrutables y un trío protagonista que en general cumplió con creces lo que les pedían sus personajes. Pese al poco aforo (el tercer piso del teatro estaba prácticamente vacío), diría que la unción fue un éxito a la hora de recuperar el patrimonio zarzuelero (y en este caso también operístico español) que tanto necesita de la labor de asociaciones como esta para recuperar el lugar que le corresponde. Esperemos que la próxima tenga más éxito de audiencia para poder seguir.



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