Crónica: Musika Música 2017 en Bilbao (04-03-2017)


La temática del festival Musika Música 2017 que se celebró entre los días 2 y 5 de marzo giraba en torno a los compositores bohemios. Hacía ya varios años que no iba a ningún concierto de este festival, pero este año tenía algunas propuestas que resultaban tentadoras, así que fui el sábado 4 a 3 conciertos.




No deja de resultar un tanto curiosa la programación de este Musika Música 2017 con Bohemia como hilo conductor, teniendo en cuenta que los compositores representados eran nacionalistas checos (Antonin Dvorak, Bedrich Smetana y Leos Janacek) junto con el bohemio de nacimiento Gustav Mahler, quien por contra no tiene esos lazos de unión con la música bohemia; el contraste entre el conservador Dvorak, tan similar en sus sinfonías a Brahms, y el mucho más avanzado Mahler es brutal, a parte de que en la obra de Mahler percibimos seguramente más influencias vienesas que bohemias. En ese sentido he echado de menos un poco más de atrevimiento a la hora de programar obras sinfónicas más atrevidas (Janacek, que de hecho no era bohemio sino moravo,  entraba sólo en la música de cámara, ni rastro de su sinfonietta o de su Misa Glagolítica; bohemios eran también Zdenek Fibich, Josef Suk, con su maravillosa sinfonía Asrael, o Bohuslav Martinu, y si metemos al moravo Janacek podemos también meter a otro moravo, nacido en Brno, Erich Wolfgang Korngold). Y tampoco se arriesgaba mucho con la considerable obra sinfónica de Dvorak, sus poemas sinfónicos y oberturas que apenas aparecieron, en favor de sinfonías más conocidas. Quizá en ese sentido la programación de cámara podía resultar más atractiva, pero como lo mío es la música sinfónica, comento lo que eché de menos en la programación.

Por problemas de entradas agotadas (hace años que no iba y no recordaba que hubiera esos problemas con las entradas, aunque parece que es lo normal) me quedé sin poder ver el concierto de chelo de Dvorak (el mejor concierto de chelo jamás escrito) del sábado al mediodía, así que, con las entradas de los conciertos de cámara igualmente agotadas, fui al auditorio principal del Euskalduna a un programa interesante de la Orquesta Sinfónica de Euskadi: el famoso “Moldava” de Smetana (que no recuerdo haber visto nunca en vivo) y la magnífica 8ª sinfonía de Dvorak. La orquesta estaba conducida por Thierry Fischer, que en el Moldava había momentos en los que dejaba caer sus manos, como si dejara que la música fluyera igual que lo hace el río. En una obra de gran belleza melódica, el resultado fue realmente hermoso. En la sinfonía quizá destacó más los aspectos más dramáticos de la partitura, aunque en los dos últimos movimientos salieron esos aires más alegres, más festivos, más danzarines, en los que los movimientos de sus pies seguían el ritmo del baile; era difícil no ponerse a bailar, de hecho. La orquesta respondió con muy buen nivel al entusiasmo del director, y pese a algún ritmo quizá algo lento, el resultado fue muy satisfactorio. Magnífica labor de las cuerdas graves, en especial los chelos. Las sinfonías de Dvorak son todas realmente maravillosas, y es muy difícil no disfrutar con ellas.

El segundo concierto de este Musika Música 2017 que vi fue ya a las 6:30 de la tarde: un arreglo para orquesta de cámara realizado por Ian Farrington de la maravillosa sinfonía nº 1, “Titán”, de Gustav Mahler. Como digo yo, una Titán siempre apetece, aunque el formato no dejara de ser sorprendente en una obra con grandes requerimientos orquestales. Nicholas Collon dirigía la británica Aurora Orchestra, con, si mal no recuerdo, 15 músicos; uno por cada sección de cuerdas, uno por cada sección de maderas, trompa, trompeta, trombón, arpa, timbales y percusión. Esta singular agrupación instrumental hacía que por momentos la obra sonara extraña, al destacar instrumentos que en una versión orquestal pasan desapercibidos, siendo los más beneficiados los de madera. Pero además deja mucho más desnudos a los de cuerda, que en vez de arroparse entre varios compañeros, tienen que hacer frente por sí solos a cada pasaje; así habría que destacar la labor del contrabajo en el comienzo del 3º movimiento. El cuarto movimiento fue quizá el que sonó más extraño y por momentos más pobre, pero hay que reconocer que en él hubo momentos magníficos que llegaron a ponerme los pelos de punta; es el movimiento más espectacular de la obra, pero también el que tiene las melodías más bellas, y ahí hubo momentos realmente sobresalientes. Y es que la Titán es tan buena que se disfruta incluso cuando está mal ejecutada, y aquñi, pese a lo extraño de la propuesta, la ejecución no fue mala en absoluto. Una forma distinta de aproximarse a una obra que ya tenemos muy vista.

El último concierto del Musika Música al que fui (y principal motivo de mi viaje a Bilbo) fue la 2ª sinfonía de Mahler, “Resurrección”, que la Orquesta Sinfónica de Bilbao, dirigida por Yaron Traub, ofrecía a las 9 de la noche. Junto a la orquesta actuaban la Sociedad Coral de Bilbao, la soprano María Espada y la mezzo Ainhoa Zubillaga, en sustitución de la prevista María José Montiel, que al parecer se encontraba indispuesta (y que sí había cantado la obra dos días antes).

La 2ª de Mahler es una de las obras cumbre de la música, por dimensiones tanto de tiempo (unos 80 minutos, con un 5º movimiento que supera la media hora) como de efectivos requeridos (una orquesta con más de 100 intérpretes, además de coro y dos solistas), además del enorme poder expresivo que alcanza en su apoteósico final. Es una obra compleja de ejecutar, larga y cansada para los músicos, y en la que además se esperan con ansias los dos últimos movimientos (ya que aquí, a diferencia de en su tercera sinfonía, el 1º movimiento no es de los mejor que escribió Mahler, lo que no significa en todo caso mala calidad musical, pero quizá falta más belleza melódica o momentos de gran impacto). Yaron Traub dirigía con entusiasmo la obra, en la que la orquesta sonó razonablemente bien en su cometido, hasta llegar al 4º movimiento, en el que comienza la participación vocal.

El citado 4º movimiento, “Urlicht”, es un sólo de la mezzo con acompañamiento orquestal. La sustituta Ainhoa Zubillaga solventó su participación con buen gusto (es a fin de cuentas un lied en medio de una sinfonía), pero con algún problema para hacerse oír, quizá por una orquesta que debería haber sonado algo más suave.

En el 5º movimiento, la prueba de fuego de la obra, fue donde se vieron los mayores problemas: los metales tuvieron unas cuantas pifias (pese a los magníficos solos de trombón) y Traub abusó de la potencia de sonido de la percusión que llegaba a tapar al resto de la orquesta en los momentos más espectaculares. Soprano y contralto resolvieron con solvencia sus partes, pero el coro podía dar más de sí: un buen comienzo en pianísimo no ocultaba la falta de cohesión de sus voces, y pese a momentos realmente brillantes (esa espectacular frase “Sterben werd ich, um zu leben!” fue realmente impactante), hubo otros descoordinados, como la frase final, “Zu Gott wird es dich tragen!”, en el que en el primero de los tres “Zu Gott” las voces graves se hicieron oír demasiado por encima del resto, ocultando la armonía, que de esta forma sonó un tanto extraña. En todo caso, era la segunda vez que veía en vivo esta obra, otra de esas que verías en vivo una y otra vez sin cansarte, y confieso que me emocioné, pese a echar de menos a mi admirado Orfeón Donostiarra (llamadme chauvinista si queréis).

En resumen, el viaje para este Musika Música 2017 mereció la pena por la posibilidad de disfrutar de tres conciertos que me hicieron pasar un muy buen rato, que es de lo que se trata a fin de cuentas.



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