Crónica: Norma de Bellini en Baluarte (07-02-2020)

“Norma”, la obra maestra de Vincenzo Bellini, es todo un reto, en especial para pequeñas compañías de provincias. Y ya se sabe que los retos tienen un gran riesgo de terminar en fracaso. En el caso de “Norma”, el principal problema viene de la considerable dificultad vocal de sus protagonistas, por lo que no es nada fácil conseguir solistas que consigan defender la parte con solvencia. Era por tanto un gran riesgo el que corrían la Fundación Baluarte y AGAO programando esta ópera. Y en esta ocasión el riesgo bien mereció la pena. 

Comentaba antes de comenzar la representación que “Norma” es una ópera que me “costó”. Ni siquiera sé por qué, pero no se me quedaba grabada. La he escuchado en numerosas ocasiones, y la he visto en vivo dos veces, y aún así hace pocas semanas escuchaba la escena final como si fuera la primera. Y según escuchaba ese “In mia man alfin tu sei”, o ese “Deh, non volerli vittime”, más me fascinaba el inmenso talento del joven compositor catanés que tan pronto nos dejó. Pocas óperas están a la altura de semejante genialidad, lo que hace todavía más agradable poder volver a disfrutarla en vivo. 

Comentamos ya la primera función de las representaciones pamploneas, dejando antes, como siempre, un enlace al programa de la función. 

José Miguel Pérez-Sierra, batuta experimentada en el terreno del belcanto, dirigía a la Orquesta Sinfónica de Navarra con buena mano y acompañando con precisión a las voces. La obertura comenzó un tanto lenta de más, pero no tardó en coger velocidad, ritmo y chispa, terminando de forma vibrante. Impecable labor orquestal. Muy bien igualmente el coro de AGAO, sacando partido a sus intervenciones, desde la sutileza del acompañamiento del célebre “Casta diva” hasta la violencia del segundo acto. 

No es “Norma” una ópera que requiera muchos solistas: apenas 6, con 3 papeles de peso, un secundario y dos comprimarios. Solventes y perfectamente audibles fueron estos: la Clotilde de Itsaso Loinaz Ezcaray y el Flavio de Julio Morales. 

Sobresaliente fue el Oroveso de Simón Orfila, que  supo a poco en un personaje que resulta demasiado breve y sin páginas de gran lucimiento. Supo hacerse notar gracias a su labor actoral, con fiereza al comienzo, pero conmovido y conmovedor en la brutal escena final. Fue sin duda todo un lujo poder contar con un cantante de su nivel. 

Grata sorpresa la Adalgisa de Susana Cordón. Si bien su voz resulta un tanto demasiado vibrada, lució buena línea de canto y una más que notable capacidad para las pirotecnias: así, atacó sin portamento, staccato, los agudos del “O rimembranza”, a diferencia de lo que hizo Norma, y solventando con aparente facilidad las coloraturas del “Si, fino all’ore estreme” en perfecta compenetración con su compañera. 

Solvente fue el Pollione de Sergio Escobar. Tiene el arrojo necesario para el papel, habitualmente interpretado por tenores más spinto de lo habitual en el belcanto, como es su caso. Improvisó en las repeticiones del “Meco all’altar di Venere” y en la caballetta posterior, “Me protege, me difende”, si bien evitó los agudos extremos. Su canto heroico no impidió una correcta línea de canto belcantista, y destacó tanto el el trío del final del primer acto como en la escena final. 

Francesca Sassu llevaba sobre sus espaldas (o sobre su garganta) el peso de la función. A su “Casta diva” le faltó una mejor respiración que le permitiera lucirse en sus prolongadas frases, y tampoco lució unos extremos fáciles ni un gran volumen. Lo compensaba con una cuidada línea de canto y un cuidadoso fraseo dramáticamente muy acertado. Tuvo junto a Susana Cordón el que posiblemente fuera el momento más bello de la noche, el “O rimembranza”, y consiguió ponerme la carne de galina en el “Deh, non volerli vittime”. 

Lo peor de la función fue sin duda el público: toses interminables, móviles sonando, cuchicheos… En todo caso, se respiraba una sensación de satisfacción. Sin unos medios que serían los de desear, Baluarte y AGAO no sólo habían sobrevivido a una “Norma”, sino que habían aprovado con buena nota. Es una lástima que la temporada lírica de la capital navarra no ofrezca este año más títulos escenificados, porque dejó muy buen sabor de boca, que, esperemos, se repita el próximo año. 

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