Crónica: Orquesta Sinfónica de Euskadi en Donostia (08-08-2020)

La Orquesta Sinfónica de Euskadi fue la encargada de abrir esta edición tan “peculiar” de la Quincena Musical donostiarra. Sabemos de sobra los complicados momentos que vivimos, especialmente complicados para la cultura, que siempre necesitada de ayudas económicas, ve ahora como sus ingresos se reducen aún más por las limitaciones de aforo y la implementación de otras medidas de seguridad resulta especialmente complicado.

Todo muy cuadriculado para entrar y salir del recinto, mascarilla obligatoria durante todo el concierto… incluso teniendo en cuenta las limitaciones de aforo, el auditorio del Kursaal se veía tristemente vacío. Pero ahí estábamos un buen puñado de aficionados deseando poder volver a disfrutar de la música en vivo, de algo que nos resulta casi tan necesario que respirar. Y creo que todos agradecíamos a la Quincena (y a todos los intérpretes y agrupaciones que tomarán parte en ella) el hacer posible esta nueva edición, aunque sea en “pequeño formato”. 

2020 se anunció como “Año Beethoven”, al celebrarse el 250º aniversario del músico de Bonn. Sus fans estarán de enhorabuena, y los que no lo somos tanto pues nos toca aguantarnos. Era por tanto de esperar que el programa (de una hora de duración y sin intermedios, cosas de las medidas de seguridad) iba a estar dedicado a su música. Al frente de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, Semyon Bychkov eligió dos obras razonablemente conocidas del compositor. Dejamos un enlace con el programa.

Comenzó el concierto con la Obertura de “Coriolano”, que en su batuta sonó especialmente dramática, muy bien resuelta, aunque quizá se echó de menos un mayor contraste en las dinámicas, siendo deseable un menor sonido en los pasajes en piano. 

A continuación le llegó el turno a una de las grandes sinfonías del alemán, la tercera, conocida como “Heroica”. Con sus considerables dimensiones (tres cuartos de hora, muchísimo para la época en la que fue compuesta), confieso que es una obra que se me “hace bola”, no es desde luego de las obras del compositor que más me emocionan. 

Comenzaba el primer movimiento con solvencia, luciendo la Orquesta Sinfónica de Euskadi su capacidad de interpretar una partitura de complicada ejecución, como es habitual en el compositor. El dramatismo en la interpretación se vio aún más acentuado en el segundo movimiento, la famosa marcha fúnebre, en la que quizá se echó de menos un tempo algo más lento. La batuta de Bychkov, con ese dramatismo que le caracteriza, pecaba quizá de “ruidosa”, de exceso de sonido, en especial en los dos últimos movimientos, pero eso no quita que fuera una interpretación vibrante con la que consiguió hacerme disfrutar de una obra que se me resiste un tanto. 

Esperamos que esta fatídica situación mejore cuanto antes y podamos volver a tener una Quincena como las de antes, con orquestas internacionales, ópera escenificada y demás, pero mientras tanto, tendremos que disfrutar con lo que podemos tener, y ayer la Orquesta Sinfónica de Euskadi tuvo una buena noche al mando de Bychkov, y creo que nos hizo pasar una buena noche al público, que aplaudió con ganas, aunque no hubo propina.

Crédito fotográfico: Quincena Musical.

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