El Archiduque Rodolfo de Habsburgo y la tragedia de Mayerling


Ya dije en el post dedicado a la cripta imperial de Viena que en otro post hablaría de uno de los personajes más fascinantes (en mi opinión, claro) enterrados en ella, el Archiduque Rodolfo de Habsburgo, hijo de Francisco I de Austria y Sissi. Pues bien, ha llegado el momento.




Pero por la trascendencia que tuvieron los sucesos que acabaron con la vida del Archiduque, es necesario explicar antes el contexto histórico, comprender el reinado de su padre, por lo que vamos a retroceder un poco más en el tiempo y contar la historia del Emperador.

Cuando nace Francisco José, en 1830, hijo mayor de Francisco Carlos de Habsburgo y de Sofía de Baviera, nada indicaba que terminaría siendo emperador. Y es que Francisco Carlos era el segundo hijo del Emperador Francisco II, que tras la derrota en las guerras napoleónicas y la desaparición del Sacro Imperio Romano Germánico pasó a ser Francisco I de Austria. El sucesor natural del Emperador era su hijo mayor, Fernando I. Pero la endogamia familiar resultó en un emperador mentalmente inestable, incapaz realmente de gobernar, por lo que, en un intento de evitar que el absolutismo pudiera entrar en crisis, se creó un consejo real que ejercía la regencia, encabezado por el canciller Metternich. Además, Fernando no tuvo descendencia con su mujer, María Ana de Saboya (hay de hecho dudas sobre si el matrimonio llegó a ser consumado…). Y así, en este clima absolutista, se desata la Revolución de 1848. Desde Francia se extiende a michos otros rincones de Europa, afectando de lleno al Imperio Austriaco. Era en general una revolución de carácter liberal, que quería acabar con el absolutismo, pero en el caso del Imperio Austriaco se añadía el factor nacionalista, ya que el imperio era un conglomerado de distintas nacionalidades (germanos, checos, eslovacos, polacos, ucranianos, rumanos, serbo-croatas, eslovenos, italianos… y sobre todo ha de destacarse a los húngaros).

El Emperador se enfrentaba a tres serios problemas: el primero, la revolución liberal vienesa, de carácter fundamentalmente burgués, que buscaba acabar con el absolutismo imperial; el segundo, los intentos de las distintas regiones de separarse, de independizarse, destacando el caso húngaro, que en ausencia de burguesía fue dirigido por una nobleza que en la práctica inicia una guerra de independencia, con lo que el Imperio corre el serio riesgo de desmembrarse; y el tercero, relacionado con el anterior, es la revolución en los estados alemanes, que buscan su unificación. Y Austria era un estado alemán, que corría el riesgo de ser absorbido por una gran Alemania.

Fernando así se ve obligado a forzar la dimisión de Meternich y a formar nuevos gobiernos de carácter liberal, cuatro en pocos meses, pero de poco sirve, la debilidad del imperio es cada vez mayor. La represión liderada por el general Radetzky en Italia provoca la dimisión de muchos miembros liberales del gobierno, que queda así de nuevo en manos absolutistas.  Así fue como un influyente miembro del gobierno, el príncipe Felix de Schwarzenberg, instaura una dictadura que presiona a Fernando a abdicar en favor de su joven sobrino de 18 años.

Y así es como un joven guapete, elegante, todo un caballero, pero también un personaje que parece nacido cinco siglos atrás, obtiene la corona imperial: Francisco José I:

No, ahorraos el suspiro, en el retrato tenía 21 años, pero con la edad se puso muy feo, y además era un personaje de mucho cuidado.

Sería un criajo al llegar al trono imperial, pero no dudó en sofocar con sangre y fuego las revoluciones, especialmente en el caso de Hungría. Antes la incapacidad de su ejército, pidió la ayuda del zar de Rusia, con lo que en 1849 los húngaros son derrotados. El 6 de octubre de 1849 es fusilado en Pest, mientras 13 líderes militares fueron fusilados o ahorcados en Arad (actual Rumanía) bajo las burlas de los austriacos: son los conocidos como 13 mártires de Arad. Francisco José suprime el rango de reino que todavía conserva Hungría y da comienzo a un período de restauración del absolutismo y de centralismo político, en el que el alemán se convierte en el idioma de enseñanza obligatoria en todo el imperio. Y todo esto sin haber llegado todavía a los 20 años…

El Imperio austriaco estaba en esos momentos prácticamente aislado políticamente del resto de estados europeos, rivales todos, con la excepción de Rusia. Pero cuando en 1853 Francisco José rechaza ayudarles en la Guerra de Crimea, su aislamiento es ya total. Sería un trabajador incansable, un hombre de despacho, pero su gestión no pudo ser más funesta.

Pero ese mismo 1853 hay otro importante asunto que capta nuestra atención. y es que el Emperador tiene ya 23 años, y ya va siendo hora de que se case, ya que necesita tener un heredero que le suceda. Su madre, Sofía de Baviera, hija del Rey Maximiliano I de Baviera, busca como candidata a una de sus sobrinas, hija de su hermana Ludovica y del duque Maximiliano de Baviera. La elegida es la hija mayor, Elena, que cuenta con 19 años. El principal problema es que no ha sido educada como se esperaría de una emperatriz, por lo que su madre le somete a un rápido proceso de aprendizaje del ceremonial propio de la corte. Se planea un encuentro en la bellísima ciudad austriaca de Bad Isch, al que Elena decide acudir acompañada de su hermana pequeña de 16 años, Isabel. Tremendo error por su parte…

Y es que Francisco José no se fijó para nada en Elena, sino que cayó rendido al encanto de la pequeña Isabel. Para decepción de todos, decide casarse con ella. Pero si ya hemos mencionado que Elena no había sido educada como cabría esperar de una corte europea, lo mismo nos podemos esperar de Isabel, que había pasado buena parte de su vida en el campo, alejada de la corte de sus primos, el Emperador de Austria y el Rey de Baviera.

¿Era Isabel, más conocida como Sissi, tan guapa como para que el emperador cayera a sus pies? Pues no lo sé, juzgad vosotros mismos:

La ciudad de Viena a veces parece un parque temático dedicado a la figura de la Emperatriz. Por supuesto, se visitan sus habitaciones en el Palacio de Schönbrunn, mientras la audioguía te cuenta todos los detalles imaginables sobre ella, desde su dieta hasta sus hábitos. Y no hablemos ya del Palacio de Hofburg, en el que hay un museo dedicado enteramente a la Emperatriz en el que podemos ver incluso el estilete con el que la asesinó el anarquista italiano Luigi Lucheni el 10 de septiembre de 1898 (Sissi tenía entonces 60 años). Y es que la fama que trajo a la figura de Sissi las películas alemanas de los años 50 que protagonizaron Romy Schneider y Karlheinz Böhm (hijo, por cierto, del director de orquesta Karl Böhm) parece que no pasa de moda, y su figura adorna casi cualquier recuerdo imaginable en las tiendas de souvenirs de toda la ciudad.

Pero las películas idealizan mucho su historia de amor, por supuesto. No se puede negar que Francisco José estaba enamorado de ella, y que seguramente los primeros años fueron razonablemente felices, aunque ella nunca llevó bien el asfixiante protocolo de la corte vienesa y añoraba la libertad que había tenido en su infancia en las montañas bávaras. Aún así, al año siguiente de su matrimonio tuvieron a su primera hija, Sofía Federica, en 1855, y un año después nació la segunda hija, Gisela.

Sissi le tenía un gran cariño a Hungría, y preparó un viaje en 1857 junto al Emperador en el que se empeñó en llevar consigo a sus dos hijas. Pero en el viaje ambas pequeñas enfermaron, seguramente de tifus: Gisela lo supero, pero Sofía Federica murió con sólo 2 añitos… Sissi no se recuperaría nunca de la depresión que sufrió a consecuencia de este hecho, pero le trajo también otras consecuencias: su suegra (que para colmo era su tía), un personaje tan insoportable como su hijo, le prohibió a Sissi encargarse de la crianza de Gisela y también del hijo que tuvo un año después, en 1558, el Archiduque Rodolfo de Habsburgo (heredero al trono, ya que las mujeres no podían ocuparlo, cosas de la Ley Sálica). Por este motivo, Sissi y sus hijos tuvieron relaciones distantes durante toda su vida; solo mantendría una estrecha relación con una cuarta hija, nacida 10 años después del heredero, en 1868, María Valeria.

Pero la señora suegra Sofía la lió todavía más: tras el nacimiento de Rodolfo le convenció a Sissi de que no volviera a quedarse embarazada. Algo que suponía un gran riesgo: si el heredero moría antes que su padre (cosa nada extraña, por cierto), iba a haber problemas… y creedme que los hubo. Para poder evitar nuevos embarazos, en aquella época la única solución era la abstinencia, por lo que Sissi se encargó de buscarle una amante a su marido (cosa que se dice que él no llevó muy bien) y tuvo la excusa perfecta para permanecer cada vez más apartada de la corte, a menudo realizando largos viajes.

Así, la crianza que sufrió Rodolfo lo marcaría de por vida. Se le educó para ser un férreo emperador absolutista, pero en el fondo se parecía más a su madre, tanto en temperamento como en ideales políticos. Y es que no hay que olvidar que, por muy absolutista que fuera Francisco José, defendiendo la legitimidad divina de su autoridad, otros miembros de la corte no compartían esas formas de pensar, empezando por su hermano Maximiliano (futuro emperador de México). Y tampoco la propia Sissi, que amaba enormemente Hungría y que consiguió lo que casi parecía un milagro: en el año 1867 Hungría recupera la categoría de reino que había perdido 18 años atrás, siendo entonces un imperio dual, conocido como Imperio Austro-Húngaro. Rodolfo se uniría a grupos liberales y nacionalistas húngaros, para enfado de su padre.

Además, era un mujeriego, y su matrimonio en 1881 con la princesa Estefanía de Lieja, hija de Leopoldo II de Bélgica, fue un desastre. Las infidelidades fueron constantes. Y más desde que en 1888 conoció a una baronesa húngara, María Vetsera, de 17 años:

Y aquí surge la tragedia: la noche del 30 de enero de 1889, ambos aparecen muertos en el pabellón de caza de Mayerling, próximo a Viena. Y entonces se habló de un pacto de suicidio, aunque lo cierto es que nadie se creyó que el joven Archiduque fuera a suicidarse…

Hay varias películas que narran lo que pudo suceder esa noche, quizá la más destacada “Mayerling” de Terence Young, con una crepuscular Ava Gardner muy adecuada como Sissi, el gran James Mason como un severo Francisco José y una pareja protagonista llena de encanto, Omar Sharif y Catherine Deneuve. En ella se sigue con la hipótesis del suicidio, a consecuencia de la obligación a la que Francisco José somete a Rodolfo de no volver a ver a María: ella toma veneno y el se pega un tiro en la cabeza, mientras escuchamos el adagio del Spartacus de Katchaturian… todo muy bonito, todos muy guapos… pero todo muy poco creíble.

Y es que desde el primer momento nadie se creyó la historia del suicidio (lo que se contó fue que ambos tenían heridas de bala en la cabeza, por lo tanto habría que entenderlo como un pacto de suicidio en el que Rodolfo primero dispara a su amante y luego se suicida, ya que la pistola estaba a su lado). Se ocultaron los detalles del suceso, se hablaba de la presencia de extraños en Mayerling y de la presencia de heridas en el cuerpo de Rodolfo (incluso de que le habrían cercenado una mano de un sablazo y la habrían sustituido con un guante relleno de paja). Por otra parte, si se trataba de suicidas, no podían ser sepultados en suelo sagrado, pero Francisco José se empeñó en que Rodolfo fuera enterrado en la cripta de los capuchinos de Viena, el panteón imperial de Habsburgo, por lo que el Vaticano tuvo que abrir una investigación, que terminó con el permiso para que fueran enterrados en tierra sagrada (pese a la oposición del cardenal Rampolla, lo que le costaría a éste el papado años después… pero ya hablaremos de eso en otro momento). María fue enterrada en el monasterio de Heiligenkreuz:

Ahora vamos a ver qué podemos explicar de lo que pasó.

En el año 1945, cuando la II Guerra Mundial estaba a punto de concluir, el monasterio de Heiligenkreuz fue bombardeado por tropas soviéticas, y una bomba desplazó la placa de granito que cubría la tumba de María Vetsera. Un joven físico que estaba en el lugar, Gerd Holler, fue llamado para examinar los restos de la baronesa antes de volver a enterrarlos, y comprobó que sus huesos no presentaban heridas de bala, lo que echaba por tierra la idea de que Rodolfo le hubiera disparado. María no murió a consecuencias de un disparo. Holler esperó a que se abriese el archivo secreto vaticano para comprobar los resultados de la investigación que se realizó para ver si sus cuerpos podían ser enterrados en terreno sagrado, y esta investigación había llegado a la conclusión de que la pistola sólo había sido disparada una vez. Y la víctima habría sido Rodolfo. Es por ello que su cabeza estaba vendada cuando el cuerpo fue presentado en Viena:

Si María no murió a consecuencias de un disparo, la información inicial era falsa. Y a ver, no es una cosa en la que sea fácil equivocarse. Por lo tanto, desde el principio se quiso ocultar algo. Si el cuerpo de Rodolfo presentaba magulladuras y heridas, impropias de un suicidio por disparo, María podría haber muerto a consecuencia de una paliza. Y la presencia de extraños en Mayerling añade credibilidad a la idea del asesinato.

Pero entonces el asunto es ¿quién querría matar al Archiduque Rodolfo de Habsburgo? Por lo general se barajan dos opciones. Por un lado, se sospecha de los servicios secretos austriacos, que acabando con él eliminaban a un incómodo liberal del seno de la familia imperial, con lo que las políticas absolutistas de Francisco José presentarían menos objeciones. Por otra, se acusa a los servicios secretos franceses, que estaban deseosos de que Rodolfo diera un golpe para acabar con la política absolutista de su padre, pero el Archiduque se negaba a hacerlo y los franceses terminarían desesperando.

Y ahora nos vienen con que se han encontrado con unas cartas escritas por María Vetsera despidiéndose de su familia, volviendo a la hipótesis del suicidio… vamos, que seguimos sin saber lo que pasó. Sería interesante poder analizar los restos de Rodolfo (desconozco si está embalsamado o no) para ver si nos añade alguna respuesta. Mientras tanto, el misterio pervive.

Por lo demás, la muerte del heredero, el Archiduque Rodolfo de Habsburgo, afectó enormemente a su madre, que a partir de entonces vistió siempre de negro. Y afectó a la sucesión real, que pasó al sobrino del Emperador, Francisco Fernando, aunque Francisco José no le tuviera en alta estima… en todo caso, su asesinato en 1914 en Sarajevo impidió su llegada al trono… y terminó con la I Guerra Mundial y, de paso, con la dinastía Habsburgo. Siglos de historia que desaparecían de forma trágica. Continuamos contando la historia de Francisco José en este post.



Un comentario sobre “El Archiduque Rodolfo de Habsburgo y la tragedia de Mayerling”

  1. Muy bueno el blog y reconfortante leer una versión distinta a la del suicidio, a la cual se han abonado un gran número de personas a lo largo de la historia.
    En la biografía de Sissi escrita por Jean des Cars, el escritor presenta un informe redactado a raíz de unas declaraciones hechas por Zita en su regreso a Austria. Allí, se deja en claro, que la hipótesis del suicidio fue un invento que tenía por objetivo evitar lo que años más tarde lograría el atentado en Sarajevo.
    Y coincido, sería muy interesante poder analizar los restos de Rodolfo.

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