100 años sin Francisco José I de Austria (21-11-2016)


Un día como hoy de hace 100 años moría, a los 86 años, el hombre que había dirigido buena parte del destino de Europa en el siglo XIX y que seguiría haciéndolo durante parte del siglo XX (para mal en la mayoría de los casos): el Emperador Francisco José I de Austria.




Ya hablamos de sus orígenes, primeros años de reinado y situación familiar (como su matrimonio con Isabel de Baviera, la famosa Sissi) en este post, que conviene leer antes de seguir con este.

Francisco José I de Austria no era un personaje propio de su tiempo, era un ser anacrónico que buscaba recuperar la gloria del Imperio. Y es que desde el siglo XV los Habsburgo han controlado el área centroeuropea. Pero una serie de sucesos le llevarán a perder cada vez más control en la región.

En sus inicios, Francisco José se apoya fundamentalmente en el Vaticano (que es quien rige en la práctica las leyes civiles del país) y en Rusia, que le ayuda a derrotar a la desleal Hungría. Pero Francisco José comete el error de no apoyar a su aliada en la Guerra de Crimea, lo que provoca el aislamiento del Imperio, que además se encuentra en una situación de debilidad económica que obliga a subir los aranceles, lo que le genera oposición interna por parte de los liberales.

Francisco José I de Austria trata de mantener el equilibrio interno del Imperio, pero la política exterior no le es favorable. En 1848 gana la guerra que le declara Victor Manuel de Saboya (futuro Victor Manuel II de Italia) en un intento de arrebatarle el Milanesado. Pero la situación cambia cuando, en 1859, Napoleón III de Francia se alía con Victor Manuel y, el 24 de junio, derrotan a las tropas imperiales en la batalla de Solferino. Napoleón III redacta un tratado de paz que no satisface a Victor Manuel pero que perjudica claramente a Francisco José, el Tratado de Zurich, que Francisco José se ve obligado a firmar el 10 de noviembre de 1859. Por este tratado terminan las guerras de Austria contra Francia y Saboya. Francia le quita a Saboya Niza y, atención, Saboya (la casa real pierde su territorio original… ¡como para estar satisfecho Victor Manuel, claro!), pero lo que ahora será el Piamonte se anexionará el Milanesado que estaba en manos de Austria (tras una curiosa maniobra, en la que primero Austria cede el Milanesado a Francia y luego Francia se lo cede al Piamonte), además de los ducados de Parma y Toscana, controlados por ramas laterales de los Habsburgo, y el ducado de Parma, en manos de los Borbones. Austria mantiene sólo el Véneto de entre sus posesiones italianas (cosa que tampoco agrada a Victor Manuel, que ansía tener ese territorio también bajo su control). El nuevo Reino de Italia ya está en marcha.

Mientras tanto, en los territorios alemanes, los enfrentamientos entre Austria y Prusia, la nueva potencia dominante, crecen. Prusia, en su afán por hacerse con el control de los estados alemanes, empuja a Austria a apoyarle en la guerra contra Dinamarca conocida como Guerra de los Ducados, en 1864, por la que Dinamarca, derrotada, pierde el Schleswg-Holstein, su frontera sur:

Para aclarar el mapa, la frontera original es la línea violeta, pero tras la guerra, Dinamarca pierde los territorios en azul (la frontera actual es la línea blanca). Los territorios se reparten entre Austria (Ducado de Holstein, el de más al sur) y Alemania (Ducados de Schleswig, el de más al norte, y Lauenburg, uno más pequeño en el sureste).

Pero no deja de ser todo una estrategia de Prusia, ya que ninguno de los dos estados queda satisfecho por el reparto. Otto von Bismarck, canciller prusiano, entabla negociaciones con Napoleón III de Francia en caso de guerra contra Austria: Francia permanecerá al margen, y Prusia se compromete a ayudar al Reino de Italia para anexionarse el Véneto (abriendo así dos frentes ante Austria para facilitar su victoria). Napoleón espera una guerra larga en la que le toque actuar de intermediario y conseguir concesiones territoriales, contando con la derrota de Prusia… pero el buen ojo de Napoleón III es comparable al de Francisco José I de Austria: miopía absoluta.

Prusia provoca la guerra contra Austria al entorpecer la gestión austriaca sobre el ducado y, finalmente, tras asegurarse de la no intervención de Rusia, enviar tropas para la anexión.

Austria protesta en la Confederación Germánica (por cuyo control lucha contra Prusia), siendo apoyada por varios estados alemanes, y finalmente declara la guerra el 14 de junio de 1866. Grave error que pagará muy caro, porque Prusia, gracias a un sistema ferroviario que consigue transportar tropas rápidamente, invade parte de Bohemia (mientras de paso conquista el Ducado de Hannover, que había apoyado a Austria) y avanza hacia Eslovaquia. Mientras tanto, Italia avanza sin mucho éxito por los valles del Trentino, que Garibaldi quiere anexionar.

Tras sufrir numerosas pérdidas humanas en su ejército, la derrota austriaca en la batalla de Lámacs, el 22 de julio, obliga a Austria a solicitar un armisticio con Prusia. En sólo 7 semanas Prusia ha derrotado al todopoderoso Imperio Austriaco.

Las consecuencias para Austria son la desaparición de la Confederación Germánica (sustituída por la Confederación Alemana del Norte, liderada por Prusia, que se ha anexionado buena parte de los estados septentrionales de Alemania, que será el germen del Imperio alemán que surgirá tras la Guerra Franco-Prusiana de 1871), con su pérdida de control sobre los estados alemanes, y la pérdida del Véneto (pese a que el armisticio se firme demasiado pronto como para que Italia consiga conquistar el Trentino, que permanece en manos Austriacas).

La debilidad interna en la que queda el Imperio lleva a un aumento de los movimientos nacionalistas que termina en 1867 con la transformación en el Imperio Austro-Húngaro, dando una notable autonomía a Hungría, aunque siga bajo el control de Francisco José I de Austria, que se aferrará a ese control.

Tras la pérdida del dominio austriaco sobre centroeuropa, los esfuerzos de Francisco José I de Austria se centran ahora en aumentar su control sobre los Balcanes. Tras algunas negociaciones entre Rusia y Austria, comienza la Guerra ruso-turca de 1877-1878, que llevará a la independencia de Rumanía, Bulgaria, Serbia y Montenegro. El avance ruso llega a tal punto que son los ingleses los que impiden que éstos lleguen a la misma Estambul.

Y es que Rusia quiere aumentar su control sobre los Balcanes para asegurarse una salida al Mediterráneo (que no tiene; la salida al Mar Negro se ve bloqueada por los estrechos del Bósforo y los Dardanelos, controlados completamente por el Imperio otomano), pero sus avances asustan a las potencias europeas, que convocan el congreso de Berlín entre junio y julio de 1878 para modificar el Tratado de san Stefano con el que terminó la Guerra. Y es que al Reino Unido no le interesaba un debilitamiento excesivo del Imperio otomano, y quiere alejar los máximo posible a los rusos del Bósforo. De ahí que Bulgaria se divida en dos, una provincia otomana y un estado títere del sultán, mientras Serbia permanecerá bajo control ruso. Pero aquí es donde entra en escena Austria, que buscando aumentar su dominio en la zona, consigue el control de Bosnia-Herzegovina, gracias al apoyo de Alemania, que traiciona a una ilusa Rusia que esperaba su apoyo. El destino del Impero Austro-Húngaro queda así ligado al apoyo de Alemania, mientras el movimiento paneslavista que viene desde Rusia fomenta los nacionalismos en los estados balcánicos.

Mientras, Francisco José I de Austria sufre varios reveses familiares. El primero, en 1867, fue la ejecución en México de su segundo hermano, Maximiliano, que había sido coronado Emperador de México a instancias de Napoleón III pero que lo abandonó cuando ya no le interesaba y fue derrotado por el presidente Benito Juarez. Francisco José mantenía una relación muy estrecha con su hermano, por lo que su pérdida resultó muy dolorosa.

A la muerte del heredero al trono, su único hijo, el Archiduque Rodolfo, en 1889 (del que hablábamos en el post que enlacé al comienzo), se sumó el asesinato, en 1898, de su esposa Isabel por parte del anarquista italiano Luigi Lucheni en Ginebra. Pese a que Sissi apenas estaba en Viena, pasando su vida viajando, Francisco José estaba enamorado de su esposa, por lo que su muerte le afectó profundamente.

Pero además la muerte de su único hijo abría un importante problema sucesorio. Y es que, dado que la ley impedía que una de sus hijas heredara el trono, había que buscar un heredero barón en su familia. Ya hemos dicho que su hermano Maximiliano había muerto ejecutado en 1867, sin descendencia. Francisco José I de Austria tenía otros dos hermanos, pero el pequeño, Luis Victor, con quien no mantenía tan buenas relaciones, fue apartado de cualquier posibilidad de heredar el trono: había rechazado casarse con Isabel de Brasil (bajo propuesta de su hermano Maximiliano para poder sucederle como emperador de México) y era conocido por todos que era homosexual. Un escándalo en 1877 provocó su caída en desgracia, al ser sorprendido manteniendo sexo con un menor en los baños centrales de Viena, lo que provocó que el emperador lo “exiliara” al castillo de Klessheim, cerca de Salzburgo, donde Luis Victor moriría en 1919.

A Francisco José I de Austria le quedaba pues un hermano, el tercero, Carlos Luis:

Pero Carlos Luis murió de tifus en 1896, si bien en 1889 ya había renunciado a su derecho al trono en favor de su hijo mayor, Francisco Fernando.

Pero Francisco Fernando no era del agrado del emperador, y además estaba empeñado en casarse con la condesa Sofía Chotek, que no tenía el rango necesario para ser emperatriz. Francisco José se negó a conceder el permiso del matrimonio hasta que la insistencia del Papa león XIII, del emperador alemán y del ruso le convencieron de que era mejor aceptar ese matrimonio, a cambio de que fuera morganático, es decir que ella no tendría el mismo estatus que él y que sus descendientes no tendrían ningún derecho al trono.

Mientras tanto, las tensiones nacionalistas no hacen más que crecer, por lo que Francisco José, en un intento de frenar la expansión nacionalista serbia, decide hacer algo que estaba contemplado en el Tratado de Berlín: anexionarse Bosnia-Herzegovina el 6 de octubre de 1908. Serbia se altera, y es apoyada por Rusia (y, sorprendentemente, por Italia, en teoría aliada de Austria y Alemania, que busca mantener el statu quo en la región), Reino Unido se mantiene neutral y Alemania, pese a su apoyo a Austria, frena los deseos de su Jefe del Estado Mayor del Ejército Franz Conrad von Hötzendorf de comenzar una guerra contra Serbia, mientras retiene por el otro lado a Rusia. Pero la llama está a punto de prender.

La política de Francisco Fernando es más bien pacifista y federalista. Fue él quien evitó la participación de Austria en las Guerras de los Balcanes de 1912 y 1913, que terminaron por expulsar casi en su totalidad a los Otomanos de Europa y diseñaron prácticamente el mapa actual de la región, con la independencia de Albania defendida por Italia.

Esto no contenta a los nacionalistas serbios, que en su idea de construir la Gran Serbia quieren anexionarse Bosnia-Herzegovina. Y así fue como, durante una visita a Sarajevo, la capital de la provincia austriaca de Bosnia-Herzegovina, el 28 de junio de 1914, un miembro del grupo terrorista nacionalista serbio “Mano negra”, Gavrilo Princip, dispara a Francisco Fernando y a su esposa Sofía, que mueren poco después.

Francisco José I de Austria no puede dejar pasar el hecho de que un pro-serbio (que, por cierto, no será condenado a muerte por ser menor de edad) haya asesinado a su heredero, por lo que envía un ultimatum a Serbia, que ésta rechaza, lo que lleva finalmente a la declaración de Guerra el 28 de julio (algo que Hötzendorf llevaba años esperando).

Austria contaba con tener el apoyo de los miembros de la Triple Alianza: Italia y Alemania. El Kaiser alemán no dudó en apoyar el castigo a Serbia, esperando que Rusia se mantendría al margen, pero su sorpresa fue que esto no sucedió: Rusia envía tropas a Serbia, y pese a los esfuerzos tanto del Kaiser como del Zar, comienza la movilización de tropas por parte de ambos bandos, mientras Francia se prepara para la revancha contra Alemania tras su derrota en la Guerra Franco-Prusiana de 1871. Alemania, viéndose en peligro por las movilizaciones de tropas, exige que éstas se detengan, pero al no suceder esto, declara la guerra a Rusia el 1 de agosto y, al invadir Bélgica, declara la guerra a Francia el 3 de agosto, lo que provoca que Reino Unido, temeroso de el aumento de la hegemonía alemana en Europa, declare la guerra a Alemania el 4 de agosto. Ha comenzado la Gran Guerra, la que ahora conocemos como I Guerra Mundial.

Francisco José I de Austria, que llega al poder gracias a la Revolución de 1848, termina su carrera con la I Guerra Mundial. Pero no vivirá para ver su derrota: El 21 de noviembre de 1916 moría en Viena a los 86 años, en paz mientras Europa se desangraba y una entera generación de alemanes, austriacos, franceses o ingleses desaparecía en las trincheras de esa tremenda atrocidad que fue la I Guerra Mundial. Una vida nada fácil, con graves problemas familiares (el heredero al trono será finalmente un nieto de Carlos Luis, Carlos, hijo de Otto, que tampoco tenía las simpatías del emperadory que había muerto en 1906) no justifica a un personaje incapaz de hacer frente a los avances del mundo de su época, que se mantenía anclado al pasado y que pecó de pasividad ante las reclamaciones nacionalistas de los territorios bajo su control y de precipitarse en su declaración de guerra a Serbia (aunque aquí es Alemania la que tiene una gran culpa, ya que esperaba aumentar so dominio sobre Europa de forma más rápida a través de la guerra). Las consecuencias de su política terminaron con la II Guerra Mundial o con las recientes guerras de los Balcanes, extendiendo su influencia hasta casi un siglo después de su muerte. Una marca de sangre y muerte que permanecerá siempre sobre su figura.

 



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