130 años del estreno de Esclarmonde (14-05-2019)

A día de hoy, la ópera “Esclarmonde” es una gran desconocida entre la obra de Jules Massenet, pese a que es una de sus obras más logradas, aunque también de las más difíciles de cantar. El 130º aniversario de su estreno nos lleva a recordar esta magnífica ópera, una de las obras maestras del compositor francés.

El dramaturgo y libretista francés Alfred Blau (autor del libreto de “Sigurd” de Ernest Reyer, entre otras óperas), huyendo del conflicto de la Comuna de París en 1871, se refugia en Blois, y en su biblioteca encuentra una antiguo poema de gestas medieval, “Parthénopéus de Blois”, escrito por el monje benedictino Denis Pyramus en torno a 1170 o 1180, en el que recupera el tema de Eros y Psique pero cambiando de sexo los roles. Si bien Blau saca el nombre de Esclarmonde de otra novela de caballería, “Huon de Burdeos”, utiliza la obra de Pyramus para la elaboración de un libreto operístico, que él escribe en prosa y su colaborador Louis de Gramont versifica. Terminado en 1882, ofrecen su trabajo al compositor belga François-Auguste Gevaert, que lo rechaza. 

El 1 de agosto de 1886 Jules Massenet ve “Parsifal” de Wagner en Bayreuth, y la ópera le impresiona notablemente. Se desconoce cómo y cuándo exactamente llega a sus manos el libreto de “Esclarmonde”, pero lo cierto es que ve en ella posibilidades de aplicar el estilo wagneriano a su propio estilo en una ópera. Parece que a finales de ese mismo año comienza a componerla. Pero será en la primavera de 1887 cuando el trabajo despegue del todo. Es entonces cuando Massenet conoce a la soprano estadounidense Sibyl Sanderson y queda impresionado por sus impresionantes dotes vocales, de enorme extensión, capacidad para la coloratura y, al mismo tiempo, enorme potencia. Viendo en ella a la protagonista ideal de su ópera, avanza rápidamente en la composición. El estreno se programa para la inauguración de la Exposición Universal de París de 1889 (la misma para la que se construye la famosa Torre Eiffel). 

Será el 14 de mayo de 1889 cuando se estrene “Esclarmonde” en la Opéra-Comique parisina con gran éxito, alcanzando las 50 representaciones en sólo 4 meses. El éxito se extiende por otros teatros de ópera de Europa e incluso de Estados Unidos, pero la tremenda dificultad de su papel protagonista hace que pocas sopranos sean capaces de interpretarlo, y tras la muerte de Sanderson en 1903 el propio Massenet permite que la obra caiga en el olvido. A partir de entonces apenas se representa hasta los años 70, en los que comienza a recuperarse, aunque sigue siendo una ópera sumamente infrecuente, por desgracia. 

Comenzamos a repasar, como siempre, el argumento de la ópera. Como en este caso no disponemos de una traducción al español del libreto, dejamos un enlace con el original francés. 

La ópera comienza con un prólogo. Estamos en Bizancio, en algún momento de la Edad Media. Allí el emperador bizantino Phorcas anuncia ante el pueblo que abdica en favor de su hija Esclarmonde, lo que sorprende a todos. Anuncia que ella deberá permanecer oculta a todos, cubierta por un velo, hasta que cumpla los 20 años, momento en el que, en un torneo, se elegirá a su esposo. Todo esto se debe a que es la forma de poder mantener su dominio de las artes mágicas que ha aprendido de su padre. El pueblo alaba a su nueva emperatriz. Mientras, Phorcas habla con su otra hija, Parséïs, la única que conoce el lugar de su retiro y se despide de su hija. Escuchamos el prólogo con Clifford Grant como Phorcas y dirigido por Richard Bonynge, no sin dejar de atender la belleza melódica y la magistral orquestación:

Comenzamos el primer acto. Estamos en una terraza del palacio imperial, donde Esclarmonde piensa en su amado caballero Roland, a quien ama irremediablemente pese a no conocerlo en persona. Lamenta ser la única a la que le está prohibido ese amor. Escuchamos el aria “Roland! Roland!” cantada por Denia Mazzola:

Aparece en ese momento su hermana Parséïs, que la encuentra triste. Esclarmonde le cuenta que una ley injusta la condena a estar aislada de los demás. Parséïs le dice que, al controlar las artes mágicas, puede recorrer el mundo y buscar al rey o caballero que quiera que sea su esposo, pero ella le dice que ya ama a alguien, Roland, Conde de Blois, que estuco tiempo atrás en Bizancio, aunque no pudieron encontrarse, pero ahora esta lejos, en Francia. Parséïs le dice entonces si no puede dirigir sus pasos a través de algún hechizo. Escuchamos el dúo con Joan Sutherland como Esclarmonde y Huguette Tourangeau como Parséïs:

Esclarmonde entonces le responde que no es suficiente con amar, que él tendría que amarla también, por lo que se siente desgraciada. Escuchamos la escena con las mismas intérpretes:

Aparece en ese momento Énéas, el caballero errante al que ama Parséïs. Ella le pide que les cuente sus batallas, de sus lejanos viajes. Énéas les dice que ha conocido a un héroe que supera a todos, Rolando, lo que sorprende a las dos hermanas. Roland le ganó en combate, pero en vez de matarlo, le llamó hermano y ahora son amigos. Pero Énéas dice que el Rey de Francia Cleomer le quiere casar con su hija, lo que desespera a Esclarmonde. Parséïs entonces despide a Énéas, no sin prometerle verle esa misma tarde de nuevo. Escuchamos la escena con las mismas intérpretes y con Ryland Davies como Énéas:

Desesperada, Esclarmonde decide hacer algo: esa misma noche conducirá a Roland a una isla mágica para seducirlo. Pero para no perder sus poderes, no se quitará el velo cuando esté con él. Y comienza su invocación para realizar el hechizo. Escuchamos de nuevo a las mismas intérpretes:

Esclarmonde continúa su invocación a los diferentes espíritus para que conduzcan a su amado Roland a donde ella desea. Ella y su hermana contemplan la visión fantasmagórica: Cleomer está de caza, mientras Roland descansa sobre la hierba. Aparece entonces un ciervo blanco, y Rolando lo persigue. Llega así al mar, donde sube a un barco que le espera para conducirlo a la isla mágica de Esclarmonde. Ella despide a su hermana para unirse a su amado. Escuchamos el aria que cierra el primer acto, “Esprits de l’air” cantada por Alexandrina Pendatchanska:

Comenzamos el segundo acto. Estamos en la isla mágica de Esclarmonde, de noche. Allí está Roland, alucinando por no saber dónde está. Un coro de espíritus le saluda. Él los sigie hasta una terraza donde se queda dormido. Aparece entonces Esclarmonde, y los espíritus desaparecen. Besa la frente de Roland, que despierta en ese momento. Le pregunta si es ella quien le ha llevado allí, a lo que ella responde afirmativamente. Le dice que es una mujer que le ama. Extasiado, él le dice que también la ama. Esclarmonde le promete gloria y riquezas si se casa con ella. Él no está muy dispuesto a  aceptar sin ver su rostro, oculto por el velo, pero ella le hace elegir: si no acepta sus condiciones, se irá. Él le pide que se quede, y ella le promete que es bella. Comienza así una noche de amor (no entremos en más detalles ni obviedades). Escuchamos el dúo de amor con Joan Sutherland y Jaume Aragall:

Terminada la noche, Roland está en un palacio encantado. Ella no quiere revelarle su nombre real, por lo que se presenta como la Adorada, pero él la llama Felicidad. Ella le obliga a jurar que no dirá nada a nadie de lo que ha sucedido esa noche. Ella lo devuelve a Francia, donde Cleomer lucha contra los musulmanes; Roland alcanzará así la gloria, mientras ella reaparecerá cada noche junto a él. Seguimos escuchando a los mismos intérpretes que antes:

Esclarmonde le entrega una espada mágica, la espada de San Jorge, que le da la victoria a aquel que cumpla siempre su juramento, pero se partirá si la coge un perjuro. Entonces, la hoja de la espada se ilumina. Seguimos escuchando a Sutherland y Aragall: 

Roland se postra ante la espada, que se apaga cuando él la coje. Entonces ambos se despiden pensando en volver a encontrarse por la noche y recordándose ambos la necesidad de mantener sus juramentos. Escuchamos el final del segundo acto de nuevo con Joan Sutherland y Jaume Aragall:

Comenzamos el tercer acto. En la plaza de Blois, el pueblo se reúne ante el Rey Cléomer huyendo del ataque musulmán a la ciudad, que está en llamas. El Rey se siente viejo para poder evitar la conquista de la ciudad. Necesitan un milagro para evitar la conquista, ya que no aceptan el precio de 100 vírgenes que exige el líder musulmán. Escuchamos a Robert Lloyd como Cléomer:

Pasa entonces una procesión encabezada por el Obispo de la ciudad, que recuerda al pueblo la necesidad de confiar en Dios, que levantará a un liberador. Se escuchan entonces unas trompetas que anuncian al enviado de Sarvégur, líder musulmán, que quiere saber si se cumplirán sus demandas, que son denegadas por el pueblo y el Rey. Cuando todos se preguntan quién podrá salvarles, aparece Roland que se ofrece voluntario para un combate singular contra Sarvégur. Cuando el enviado se va, Roland anima al pueblo a armarse. Los hombres le siguen, mientras el Obispo les dice a las mujeres y a los niños que recen a Dios pidiendo su ayuda. Escuchamos la escena con Jaume Aragall como Roland, Robert Lloyd como Cléomer y Louis Quilico como el Obispo:

El Obispo y el pueblo suplican a Dios que tenga piedad de ellos y proteja a su defensor Roland. Se escuchan entonces los gritos de victoria de los franceses: Roland ha vencido. Escuchamos la escena con Louis Quilico como el Obispo:

El Rey Cléomer quiere recompensar a su héroe dándole la mano de su hija Bathilde, algo que el Obispo aprueba. Roland empieza a temblar y al final rechaza la oferta, pero no quiere contar el motivo, ya que juró callar. El rey se siente ofendido, pero tiene que perdonar al salvador de la ciudad, mientras el Obispo decide descubrir el secreto de Roland y hacerle hablar. Escuchamos al mismo reparto que antes:

El pueblo alaba a su salvador Roland, mientras éste sólo desea que llegue la noche para poder volver a reunirse con su amada.Escuchamos de nuevo a Jaume Aragall:

Cambiamos de escena: Roland está en sus aposentos en el Palacio Real. Se escucha al pueblo aclamarlo desde fuera, mientras él sigue esperando a su amada. Volvemos a escuchar a Jaume Aragall:

Roland entonces vuelve a rogar a su esposa que sea fiel a su juramento de volver cada noche, que será como si fuera la primera. Escuchamos el monólogo de Roland “La nuit bientôt sera venue” cantada por Jaume Aragall:

Aparece entonces el Obispo de Blois, que insiste en saber los motivos por los que ha rechazado a la hija del Rey. Roland responde que juró no contestar, pero el Obispo insiste en que se confiese, ya que ningún juramento de silencio tiene validez ante Dios, y le amenaza con que su silencio le puede causar renunciar a la vida eterna, lo que convence a Roland de la necesidad de contarlo. Escuchamos a Louis Quilico y Jaume Aragall:

Roland le cuenta que no sabe quién es su esposa, una mujer o un hada quizá. El Obispo piensa que ha sido seducido por la belleza de una mujer, pero Roland le dice que no ha podido ver su rostro. Le cuenta cómo se reúne cada noche con él, y el Obispo piensa que es una magia diabólica, pero Roland le contesta que entonces no le habría ordenado salvar su patria. El Obispo se entera entonces que esa misma noche se reunirá con él en ese mismo palacio, y decide hacer algo para librarlo del sortilegio al que, cree, está sometido. Seguimos escuchando al mismo reparto que antes:

El Obispo se despide de Roland diciéndole que pida perdón a Dios, ya que por el momento él no puede absolverlo. El caballero obedece y suplica el perdón. Seguimos escuchando a los mismos intérpretes:

Nada más desaparecer el Obispo se escucha la voz de Esclarmonde (incluye un Sol sobreagudo que desconozco si fue interpretado por la Sanderson en el estreno). Roland se queda preocupado pensando que ha roto su juramento, pero luego piensa que confesarlo a Dios no es traicionarlo. Aparece Esclarmonde para cumplir su juramento y reencontrarse con el caballero, pero entonces llega el Obispo con otros monjes, con la intención de exorcizarla. El Obispo le arranca el velo que cubre el rostro de Esclarmonde, por lo que Roland contempla por primera vez su hermoso rostro. Ella lamenta que Roland haya traicionado su juramento, por lo que esa es la primera y la última vez que la verá, ya que no puede volver. Él quiere seguirla, pero los monjes se lo impiden y el Obispo se enfrenta a ella, que se va maldiciendo al caballero, que se muestra desesperado por perderla. Escuchamos el final del tercer acto con Dominique Gless como Esclarmonde, dando ese Sol sobreagudo:

Comenzamos el cuarto acto. Nos trasladamos a un claro de un bosque de las Ardenas. Silvanos y ninfas bailan, cuando llega un heraldo que proclama que se va a celebrar el torneo en Bizancio por el que el vencedor obtendrá la mano de la Emperatriz Esclarmonde. Escuchamos la escena dirigida por Richard Bonynge:

Aparecen Énéas y Parséïs. Comentan que el día del torneo se acerca, pero el trofeo del torneo, Esclarmonde, está en manos de malos espíritus. Ambos han ido al lugar donde se ha retirado el Emperador Phorcas para poder saber qué le pasa a Esclarmonde. A Parséïs no le agrada la idea de ir a donde su padre, y le confirma a Énéas que sólo confía en él. Ella entonces pregunta a los Silvanos por un anciano que vive allí, y ellos le señalan una cueva cercana. Escuchamos la escena con Ryland Davies y Huguette Tourangeau:

En ese momento aparece Phorcas, siendo consciente de que ha llegado la fecha del torneo que decidirá quién será el esposo de su hija Esclarmonde, pero no sabe por qué se encuentra tan angustiado. Entonces ve a Parséïs y a Énéas. Pregunta por Esclarmonde, y Parséïs le dice que ha abandonado Bizancio, lo que Phorcas interpreta como una maldición. Escuchamos la escena con Clifford Grant y Huguette Tourangeau:

Parséïs le cuenta al emperador que Esclarmonde quiso elegir ella misma a su esposo, Roland, y que cada noche iba mágicamente a donde él y regresaba cada mañana, hasta que una mañana algo pasó. Ambos piden el perdón para Esclarmonde, pero Phorcas se niega, su hija le ha traicionado y debe ser castigada, así que invoca a los espíritus para que la lleven a su presencia. Escuchamos la escena con los mismos intérpretes:

Una adormecida Esclarmonde aparece. Sin ver a su padre, recuerda su amor por Roland, su traición, a los monjes echándola, y lamenta su suerte. Los espírirus la llevaron entonces a su isla, donde ha permanecido dormida hasta entonces, y ahora, al despertar, lo recuerda todo. Escuchamos el aria de Esclarmonde “D’une longue torpeur” cantada por Joan Sutherland:

Esclarmonde entonces ve a su padre y le pide perdón, pero él se lo niega por su sacrilegio. El cielo pide una retribución a cambio de su traición. Tiene dos opciones: o renuncia a él, o tendrá que matarlo. Phorcas, Parséïs y Énéas le recomiendan que elija olvidarse de él. Seguimos escuchando a los mismos intérpretes:

Esclarmonde entonces confirma que renuncia a él, aunque le preocupa cómo pueda esto afectar a Roland. Seguimos escuchando a los anteriores intérpretes:

Los espíritus se encargan de que aparezca Roland para que Esclarmonde le rechace, le diga que renuncie a ella, que la olvide. Cuando ambos están solos, ella afirma perdonarlo pero le pide que le abandone. Él se niega, pero ella le dice que ya no es digna de él, que tenía un gran poder pero su traición le ha hecho perderlo. Escuchamos a Joan Sutherland y Jaume Aragall:

Roland dice que no le importa la gloria, sólo deseaba volver a verla, y ahora que lo ha conseguido no piensa abandonarla. Esclarmonde parece sucumbir y estar dispuesta a huir con él, pero escucha unas voces subterráneas que le recuerdan que entonces Roland morirá. Esclarmonde entonces le dice que le tiene que abandonar. Roland insiste en saber si es que ya no le ama, y Phorcas también le obliga a contestarle: ella dice que no quiere amarlo ya, lo que sirve para expiar su crimen. Esclarmonde y Phorcas desaparecen y dejan solo a un desesperado Roland. Él escucha entonces la llamada al torneo y decide acudir para morir de forma digna. Escuchamos la escena con Sutherland y Aragall:

Comienza entonces el Epílogo. Volvemos a la misma escena del prólogo, a la basílica de Bizancio. Phorcas ha reunido de nuevo al pueblo para presentar al ganador del torneo que será el esposo de Esclarmonde. El pueblo ensalza a la Emperatriz mientras mandan llamar al ganador. Ella se muestra temerosa de quién será su esposo. Phorcas habla con el caballero, que se niega a revelar su nombre, pero entonces Esclarmonde reconoce su voz y se da cuenta de que es Roland. Pero él no sabe quién es la Emperatriz, y cuenta que se presentó al torneo buscando una muerte gloriosa, y que rechaza la gloria y el trono. Incluso rehúsa ver a la Emperatriz, ya que sólo ama a una persona. Pero Phorcas ordena retirar el velo de Esclarmonde y entonces Roland se da cuenta de quién es la Emperatriz. Al verla ya no quiere morir, sino vivir junto a ella. Con la pareja de nuevo junta, todos los elogian, dando fin así a la ópera con un poco frecuente final feliz. Escuchamos el epílogo con el mismo reparto que los vídeos previos:

Terminamos así nuestro repaso a “Esclarmonde”, sin añadir ese reparto ideal tradicional por la falta de grabaciones discográficas, con la esperanza de que futuras programaciones teatrales sitúen esta ópera en el lugar que le corresponde en el repertorio operístico como una de las obras maestras de Massenet. 

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