130 años del estreno del Otello de Verdi (05-02-2017)


Hace apenas dos meses hablábamos del Otello de Rossini con motivo del 200 aniversario de su estreno, y hoy nos toca hablar de otra adaptación de la obra de William Shakespeare, el Otello de Verdi, estrenado 70 años más tarde.




Las diferencias del Otello de Verdi con respecto al de Rossini son numerosas, siendo la más importante que el de Verdi se apega mucho más a la obra de Shakespeare, dándole la importancia debida al personaje de Yago, relegando a Roderigo a un papel muy secundario, apareciendo el personaje de Cassio… eso sí, el de Verdi suprime el primer acto de la obra de Shakespeare, por lo que toda la acción de la ópera va a transcurrir en Chipre, mientras que en la de Rossini la acción transcurre íntegramente en Venecia.

Vamos ahora con la historia de la composición de Otello. Giuseppe Verdi había estrenado “Aida” en 1871, y después decidió retirarse de la composición de óperas. A punto de cumplir 60 años, en la cumbre de su carrera artística, rico y famoso, era un buen momento para retirarse, tal como años antes había hecho Gioacchino Rossini (quien se retiró siendo bastantes años más joven que Verdi, por cierto), quizá componiendo obras de menores dimensiones, y dejar paso a nuevas generaciones de compositores, que hasta entonces habían estado eclipsados por su figura. Pero esta decisión de Verdi no fue del agrado de su editor, Giulio Ricordi, consciente de la gran pérdida económica que suponía que Verdi se negara a componer nuevas óperas, que a buen seguro iban a ser grandes éxitos.

Giulio Ricordi consigue el apoyo del director de orquesta Franco Faccio, amigo de Verdi y que había dirigido la primera función italiana de Aida; ambos cenan en otoño de 1879 en la casa milanesa de Verdi y le lanzan una propuesta que sabían que le iba a resultar tentadora al maestro: Otello.

No podían jugársela. Verdi estaba convencido de su retirada, así que cualquier propuesta tenía que ser irresistiblemente atractiva para él. Y por todos era sabido la fascinación que Verdi sentía por Shakespeare, aunque sólo hubiera compuesto una ópera basada en una obra del inglés, “Macbeth”, estrenada en 1847 y cuya revisión de 1865, poco exitosa, disgustó notablemente al maestro. También era conocido que durante los años 50 había trabajado en un “Re Lear” que nunca vería la luz, desgraciadamente. También era sabido que Verdi, una vez alcanzada la fama, era muy selectivo con sus proyectos, y que le daba una gran importancia al sentido dramático de la acción, y Otello era uno de esos argumentos que podían entusiasmarle.

Franco Faccio contó para ello con la colaboración de un compañero de estudios, el compositor y libretista Arrigo Boito. Esto no deja de suponer un peligro, ya que ambos eran conocidos wagnerianos (lo que supuso un distanciamiento temporal entre Verdi y Faccio años atrás), y la única ópera compuesta hasta entonces por Boito, “Mefistofele”, había sido un fracaso en su estreno precisamente acusada de wagnerianista. Pero Boito era un libretista muy capaz, que ya había escrito (aunque bajo seudónimo) el libreto de “La Gioconda” de Amilcare Ponchielli, y tenía ya más o menos acotada la estructura básica del libreto, con las reducciones correspondientes.

Aunque Verdi se mostró reacio a componer una nueva ópera, le sorprendió el esbozo que había preparado Boito, y pocos días después se encontró con el libretista. Pese a todo, Verdi sigue reacio a componer una nueva ópera, por lo que Ricordi le propone algo que Verdi ya había rechazado años atrás: revisar una ópera anterior, “Simon Boccanegra”, para la que Arrigo Boito escribe nuevas escenas, siendo esta nueva versión estrenada en 1881.

A la vista del éxito obtenido con su colaboración con Boito, Verdi finalmente se decide a componer esa nueva ópera (que él inicialmente pensaba titular “Iago”). El trabajo de Boito es sorprendente por su fidelidad a los momentos esenciales de la obra de Shakespeare, pero suprimiendo personajes y escenas superfluas para mejorar el desarrollo dramático de la obra y adaptarla a las exigencias operísticas. Y no será la última colaboración de Verdi y Boito: Verdi todavía compondrá una ópera más, “Falstaff”, basada de nuevo en una obra de Shakespeare, estrenada en 1893.

La nueva ópera habría de estrenarse en el Teatro de La Scala de Milán, dirigida por supuesto por Franco Faccio y protagonizada por los mismos intérpretes que estrenaron la revisión de “Simon Boccanegra”, el tenor Francesco Tamagno como Otello y el barítono Victor Maurel como Yago, mientras que el papel de Desdemona lo cantaría la esposa de Faccio, Romilda Pantaleoni. El estreno tuvo lugar finalmente el 5 de febrero de 1887, siendo un auténtico éxito (como era de esperar, por otro lado; Verdi tuvo que salir a saludar 20 veces al terminar la función). Pese a todo, Verdi no estaba del todo satisfecho con la interpretación de Tamagno, perfecto en los pasajes más dramáticos pero corto de lirismo en los más íntimos, como el bellísimo dúo de amor del primer acto.

Pese a las considerables dificultades que representa cantar el papel protagonista, al alcance de pocos tenores, el Otello de Verdi sigue siendo una de sus óperas más populares y representadas, y considerada una de sus obras maestras. De hecho, dramáticamente supone un importante salto, al ocultarse (que no eliminarse) los números cerrados, unidos de alguna forma por el fluir musical, acercándolo al desarrollo dramático del drama wagneriano, aunque desde puntos de vista diferentes (precisamente por ello Verdi no abandona completamente los números cerrados, base de la tradición operística italiana que él representaba).

Antes de pasar a resumir la acción, dejo un enlace del libreto.

Comenzamos el primer acto del Otello de Verdi. No tenemos aquí obertura o preludio. No es la primera vez que Verdi lo suprime (tampoco los encontramos en Il Trovatore o en Don Carlo, por ejemplo), pero esta vez la supresión es ya definitiva (lo que, por cierto, le aleja de Wagner, que pese a suprimir los preludios en la tetralogía, los recupera en su última ópera, “Parsifal”, estrenada pocos años antes). La acción empieza inmediatamente.

Nos encontramos en la isla de Chipre, que en esa época (finales del siglo XV) era una posesión veneciana que los turcos trataban de conquistar. Estamos en una noche de tormenta, en el puerto, junto al castillo del gobernador veneciano de la isla, el moro Otello. Una tormenta sacude el mar, mientras la nave de Otello intenta atracar en el puerto tras un combate naval contra los turcos. Allí están el capitán Cassio, el caballero Roderigo, el antiguo gobernador Montano y el alférez de Otelo, Yago. Este último desea que el barco se hunda y Otello muera. Pero la nave consigue finalmente atracar. Escuchamos la introducción, “Una vela”:

Otello se sube a la muralla y comenta que los musulmanes han sido derrotados, para regocijo del pueblo. Tenemos así uno de los pasajes más célebres y difíciles de cantar del Otello de Verdi: el “Esultate”, un breve monólogo que requiere una voz de gran potencia para producir el impacto necesario. Por otro lado, este breve monólogo no deja de ser una cavatina tradicional, aunque tratado de una forma mucho más coherente con el desarrollo dramático. Escuchamos el pasaje en la magnífica voz de Mario del Monaco:

Una vez Otello se retira, la gente descarga el material del barco. Mientras, Yago se acerca a un desesperado Roderigo, que está enamorado en secreto de Desdemona. Yago le promete que la conseguirá, que él se encargará de eso, porque odia a Otello por haber nombrado capitán a Cassio en lugar de a él.

Mientras tanto, una vez cesada la tormenta, el pueblo enciende una hoguera y celebra la victoria. Escuchamos el coro “Fuoco di gioia” dirigido por Victor de Sabata:

Yago quiere hacer beber más a Cassio, quien afirma que ya ha bebido demasiado, pero Yago le convence de beber en honor de la boda de Otello y Desdemona. Cassio habla maravillas de Desdemona, y Yago aprovecha para convencer a Roderigo de que Cassio es su rival, un seductor que ama a Desdemona, y que es necesario emborracharle. Yago entonces canta un brindis, “Inafia l’ugola”, y emborracha a Cassio, mientras le convence a Roderigo de que insulte a Cassio para provocar una pelea que arruine la primera noche de amor de Otello y su amada Desdemona. Aparece entonces Montano para llamar a Cassio a su función de capitán, pero Roderigo se burla de él por estar borracho. Cassio se dispone a atacarlo, pero Montano se interpone, el borracho Cassio se ofende y le ataca, comenzando una pelea de espadas en la que Cassio hiere a Montano. Escuchamos el brindis y la escena de la pelea con el Yago de Leo Nucci:

Yago se ha encargado de que el tumulto crezca hasta que suenen las campanas, por lo que no arda en aparecer Otello, que al ver que Cassio ha herido a Montano y que con el tumulto han despertado a Desdemona, destituye a Cassio como capitán, para alegría de Yago. Otello encarga a Yago restituir la paz en la ciudad. Escuchamos esta escena con Roberto Alagna como Otello:

Solos en la explanada frente al puerto quedan Otello y Desdemona. Él se siente tranquilo en los brazos de ella, y recuerdan cuando él le contaba todos sus sufrimientos y ella se compadecía de ellos. Otello sólo haya la paz en brazos de Desdemona, y besándola, se retiran al castillo. Tenemos aquí uno de los mejores momentos del Otello de Verdi, el dúo de amor “Gia nella notte densa” (ese que Tamagno no llevaba demasiado bien), un número cerrado pero enlazado con la escena precedente por la melodía orquestal que desemboca en el bellísimo solo de chelo que abre el dúo, y que escuchamos en las voces de Jon Vickers y Mirella Freni:

Y así termina el primer acto del Otello de Verdi. Muy tranquilito, sí, pero la tranquilidad se acabará en seguida…

Comenzamos el II acto del Otello de Verdi, que no tiene desperdicio, ni musical ni dramáticamente hablando. Y es que Yago se ha vengado de Cassio, pero no de Otello… por ahora.

Estamos en el interior del castillo de Otello, junto al jardín. Yago trata de animar a Cassio recordándole a su amada Bianca, y le dice que si quiere recuperar su puesto de capitán, tiene que hablar con Desdemona, que es quien controla a Otello, y que ella pasará por el jardín poco después junto a su doncella Emilia, que es la esposa de Yago. Escuchamos la introducción a este segundo acto con Tito Gobbi:

Yago hace que Cassio se esconda en espera de Desdemona, y entonces nos muestra su verdadero carácter malvado, que él cree inspirado por un malvado dios. Estamos así ante el magnífico “Credo” que escuchamos cantado de nuevo por Tito Gobbi. Se puede cantar mejor (mucho mejor, de hecho), pero su interpretación vocal y gestual es perfecta para el personaje shakespeariano:

Aparece entonces Desdemona por el jardín, y Yago hace que Cassio vaya a buscarla. Ambos son amigos, tienen confianza el uno con el otro, y Yago pretende aprovecharse de eso para darle celos a Otello, pero necesita que el moro aparezca para ver lo que está pasando, cosa que efectivamente ocurre. Yago, haciendo como que no sabe que Otello está presente, afirma sentirse preocupado, pero ante la pregunta de Otello, se niega a contestar, se muestra callado, como queriendo ocultar algo… hasta que suelta la indirecta de los celos, que no tardan en calar en Otello. Escuchamos este dúo con Mario del Monaco y Tito Gobbi:

Yago es muy listo, pero Otello es muy tonto, porque en seguida sospecha por dos tonterías que le cuenta Yago…

Un grupo de personas pasa por el jardín a ofrecer flores y regalos a Desdemona. Escuchamos el coro:

Desdemona se reúne con Otello para suplicarle que perdone a Cassio, lo que enfurece a Otello, que siente estallar su cabeza. Ella le cubre la frente con un pañuelo (atención a las vueltas que va a dar ese pañuelo…), pero Otello lo tira al suelo y Emilia lo recoge. Desdemona trata de calmar a Otello y pedirle perdón por lo que haya hecho mal, pero Otello se consume por dentro. Mientras, Yago le arrebata el pañuelo a Emilia y le obliga a callar. Mientras, Otello hace salir a todos. Escuchamos la escena con Plácido Domingo y Margaret Price:

Escuchamos ya seguido lo que queda de acto. Por cierto, Woody Allen usará esta música en la escena culminante de la magistral Match point.

Yago, que no ha salido, piensa utilizar ese pañuelo que le ha robado a su esposa para conseguir sus objetivos. Mientras tanto, Otello se siente atormentado por los celos (sigo preguntándome por qué, no tiene ninguna prueba), y tras culpar a Yago de su sufrimiento, se despide de sus días de gloria. Yago trata de calmarlo, pero sólo consigue desatar más la furia de Otello. Yago lo aprovecha para sembrar más dudas en Otello, diciendo que así trata a quienes le cuentan la verdad. Otello duda, pero Yago sabe jugar bien sus cartas (¿qué pruebas necesitas, verles juntos?), y entonces le cuenta otra mentira. Le dice que vio como Cassio, dormido, hablaba en sueños con su amada Desdemona y de la mala suerte que tiene ella por haberse casado con Otello (Yago sabe muy bien usar las frases que más puedan herir a Otello). Éste siente ya que todo se confirma, por mucho que Yago disimule diciendo que no es más que un sueño. Entonces le dice que hay una prueba más: ha visto que Cassio tiene un pañuelo que Otello reconoce como el que le regaló como prueba de amor a Desdemona. Otello estalla, clama sangre, venganza, y jura venganza, juramento al que se une Yago. Escuchamos todo este final con Mario del Monaco y renato Capecchi:

Espectacular ese juramento que cierra el segundo acto del Otello de Verdi.

 Comenzamos el tercer acto. Estamos en la Gran sala del castillo de Otello, en la que se abre un balcón en la nave trasera. Yago y Otello son interrumpidos por un heraldo que avisa de que la nave que lleva a los embajadores venecianos ya se está acercando al puerto. Otello se libra del heraldo y continúa su conversación con Yago, que le propone esconderse en el balcón para oír la conversación que va a tener con Cassio. Pero llega Desdemona, y Yago se aleja, no sin antes azuzar más a Otello mencionándole el pañuelo. Escuchamos el comienzo del 3º acto del Otello de Verdi con Mario del Monaco y Tito Gobbi:

Comienza un falso dúo de amor. Otello y Desdemona se saludan, pero en Otello se percibe una actitud extraña. Desdemona, ajena a lo que sucede, insiste en hablar sobre Cassio, pero al oír su nombre Otello afirma que su enfermedad le ha vuelto a atacar y le pide a Desdemona que le vende la frente con su pañuelo. Esa saca uno, pero no es el que Otello quiere: quiere ese que le regaló, ese que fue tejido por una maga y que posee un poder que puede resultar peligroso si el pañuelo se pierde o es regalado a otro. Desdemona no tiene el pañuelo, y Otello le obliga a buscarlo inmediatamente. Pero Desdemona se lo toma a broma, pensando que lo hace para evitar el tema de Cassio. La furia de Otello finalmente le hace darse cuenta de que no es broma, y finalmente Otello le acusa de ser impura, pese a que ella jure ser casta. Desdemona se encuentra sorprendida de la actitud feroz de Otello, y llora implorando su perdón, pero Otello se muestra sarcástico insistiendo en su culpabilidad. Desdemona pregunta cuál es su pecado, y Otello le acusa de adúltera (sin mencionar con quien), algo que ella niega jurando por el cielo. Otello entonces finge calmarse, y dando la mano a su esposa, la dirige hacia la puerta por la que ella acaba de entrar, para pedirle perdón por haber pensado que ella es… no, sigue pensándolo, su opinión no cambia, y la llama “puta” a la cara (lo de cortesana es un eufemismo, que acompañada por el término vil ya nos dice que no es un término neutro, sino un claro insulto). Escuchamos el dúo “Dio ti giocondi” con Mario del Monaco y Renata Tebaldi:

Atormentado por el dolor, Otello le dice a dios que podía haberle castigado de cualquier otra forma y él lo habría aceptado, pero le ha atacado en lo que más le duele, en lo único que aliviaba sus penas. Ahora ya busca la confesión de Desdemona y su muerte. Tenemos así el magnífico monólogo de Otello “Dio mi potevi scagliar” que le escuchamos a Mario del Monaco:

Yago aparece avisando de que llega Cassio y Otello se esconde en el balcón para poder oir la conversación de Yago y Cassio. Cassio entra dubitativo, afirmando que esperaba encontrar a Desdemona, lo que ya alarma al oculto Otello. Yago le dice que su futuro está seguro, que pronto verá a Desdemona, y que mientras tanto le hable de su amor, diciendo en voz baja el nombre de Bianca para que Otello no lo escuche y crea que hablan de Desdemona. Cassio da a entender que es un amor fugaz y ríe, provocando mayor furia de Otello. Yago le pregunta si hay una nueva mujer, y Cassio le cuenta que una mano desconocida le ha hecho llegar un pañuelo, pero que desconoce quién ha sido. Otello no ha sido capaz de oír esta parte de la conversación, pero Yago le hace una seña para que se acerque y le pide a Cassio que le enseñe el pañuelo para que Otello vea que es el de Desdemona. Cassio admira el pañuelo, pero se escuchan trompetas que anuncian la llegada de los embajadores y Cassio huye para no encontrarse con Otello. Éste sale seguro de la infidelidad de Desdemona y dispuesto a matarla. Yago le convence para que, en vez de envenenarla, la estrangule en la cama, donde pecó, pero que mientras tanto mantenga las formas y aparezca ante los embajadores. Yago se encargará de Cassio. Y se escucha el coro que anuncia la entrada del embajador. Escuchamos esta escena con Ramón Vinay como Otello y Giuseppe Taddei como Yago:

Entra el embajador, Lodovico (que aunque en el Otello de Verdi no se mencione, en la obra de Shakespeare sabemos que es pariente de Desdemona). Saluda a Otello y le entrega el mensaje del Dux. Viendo que Cassio no está pregunta por qué y Yago le dice que ha tenido problemas con Otello. Desdemona afirma esperar que Otello le perdone pronto, y Otello la insulta en público ante la estupefacción de todos y la incredulidad de Lodovico. Otello hace llamar a Cassio, lo que desconcierta a Yago. Escuchamos esta escena con Ildebrando D’Arcangelo como Lodovico y Plácido Domingo como Otello:

Otello lee el mensaje del Dux, en el que se le informa que debe volver a Venecia (lo que desespera a Roderigo, que ve como Desdemona se le escapa) y que su sucesor será Cassio. Y mientras lee el mensaje, sigue maltratando a Desdemona. Tras dejar todo en manos de Cassio, afirma que se irán al día siguiente, y entonces maltrata a Desdemona y la arroja al suelo delante de todos. Emilia y Lodovico levantan a la dolorida Desdemona, que no entiende por qué su marido la maltrata, provocando la compasión de todos. Mientras, Yago apremia a Otello a vengarse y le promete encargarse de Cassio, para lo que recurre a Roderigo. Si algo le pasa a Cassio, Otello no podrá partir, por lo que convence a Roderigo para que mate a Cassio esa noche. Estamos así ante un tradicional concertante en el que cada personaje canta su parte hasta que todas se van superponiendo en una armonía perfecta. Pero en lugar de terminar como una estructura cerrada, aquí el propio Otello rompe el concertante al echar a todos a gritos. Mientras todos salen, Desdemona intenta calmar a su esposo, pero éste la maldice, provocando el horror de todos, que le dejan solo. Abrumado, Otello se desmaya, mientras Yago se burla de él y fuera se escuchan las alabanzas a Otello del pueblo. Escuchamos así este magnífico final del tercer acto del Otello de Verdi con Plácido Domingo como Otello, Gilda Cruz Romo como Desdemona, Sherrill Milnes como Yago y Kurt Moll como Lodovico:

Comenzamos el cuarto y último acto del Otello de Verdi. Estamos en la alcoba de Desdemona, de noche. Emilia le pregunta si Otello estaba más calmado. Desdemona le dice que eso le ha parecido, que le ha pedido que le espere. Mientras, pide a Emilia que saque su traje nupcial, y que cuando muera quiere ser enterrada con él. Está tan triste que no hace más que recordar la canción que cantaba Barbara, la doncella de su madre, que fue abandonada por el hombre al que amaba. Canta así la canción del sauce, que termina diciendo “Él nació para su gloria, yo para amarlo y para morir”. Emilia va a retirarse, pero Desdemona tiene malos presagios, la llama y ambas se abrazan antes de separarse. Una vez que Desdemona se queda sola, reza su Ave Maria, tras lo cual se retira a la cama. Escuchamos la escena completa cantada por Victoria de los Ángeles:

Al momento aparece Otello, que contempla a Desdemona y la besa tres veces, recuperando la melodía del dúo de amor del primer acto. Estamos ante un breve pasaje sinfónico de gran belleza, que se rompe cuando Desdemona despierta y ve a Otello. Él le pregunta si ha rezado, si tiene algo más que confesar, porque no quiere matar también su alma. Desdemona se da cuenta de que Otello la va a matar, y suplica su piedad, pero Otello insiste en su culpabilidad, y por primera vez le dice que le ha sido infiel con Cassio. Ella entonces pide que llame a Cassio para que él le confirme que no es verdad, pero Otello le dice que Cassio está muerto. Desdemona llora al sentirse traicionada y perdida, pero eso enfurece todavía más a Otello, que la estrangula. Escuchamos esta escena con Mario del Monaco y Gabriella Tucci:

Alguien toca a la puerta: es Emilia, que viene a contarle a Otello que Cassio ha matado a Roderigo; Cassio sigue vivo, para desesperación de Otello. Pero entonces se escucha una voz: es Desdemona, que está agonizando, confirma su inocencia y afirma que nadie la ha matado antes de expirar. Otello entonces afirma haber sido él quien la ha matado por ser la amante de Cassio, y que se lo pregunte a Yago para asegurarse, pero Emilia se da cuenta de lo que está pasando y llama a todos. Llegan Cassio, Yago y Lodovico. Emilia le pregunta entonces a Yago si creía que Desdemona era infiel, cosa que él confirma, pero Otello saca entonces el tema del pañuelo, que vio en manos de Cassio. Emilia cuenta que Yago se lo quitó (pese a las amenazas de éste), y Cassio afirma que apareció en su casa. Aparece entonces Montano, que ha escuchado del moribundo Roderigo todo el plan de Yago, y Otello se da cuenta de que ha caído en la trampa de Yago, quien sale huyendo. Varios hombres salen a capturarle, y Otello coge una espada para salir en su busca, pero Lodovico le reclama el arma. En un principio parece que Otello les va a atacar:

Pero Otello se da cuenta de que su final ha llegado, deja caer la espada y se dirige junto a su amada, a quien ahora reconoce como pura. Sin que nadie se dé cuenta, extrae de su traje una daga que llevaba oculta, y se suicida, muriendo besando a Desdemona (y recuperamos de nuevo el tema del dúo de amor del primer acto). La ópera termina así en pianísimo, algo muy poco frecuente. Escuchamos este monólogo final, “Niun mi tema”, cantado por el último gran Otello, Gregory Kunde:

Y así termina el Otello de Verdi, una obra dramáticamente dolorosa pero magistral tanto musical como teatralmente. Sería interesante analizar el tema de la violencia de género en la obra verdiana, pero eso lo dejamos para otra ocasión. Terminamos el repaso a este Otello de Verdi, como siempre, con un Reparto ideal:

Otello: Mario del Monaco.

Desdemona: Renata Tebaldi, Mirella Freni o Victoria de los Ángeles.

Yago: Sherrill Milnes.

Cassio: Piero di Palma.

Director de Orquesta: Herbert von Karajan.



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