225 años del estreno de “Die Zauberflöte” (30-09-2016)


El 30 de septiembre de 1791, hace exactamente 225 años, Wolfgang Amadeus Mozart estrenaba, apenas 24 días después de la anterior, su última ópera, “Die Zauberflöte” (o “La flauta mágica”) en el Theatre auf der Wieden de la capital austriaca, que se convertirá en una de sus grandes obras maestras y una de las óperas más famosas de la historia.




Mozart, que obviamente no sabía que apenas le quedaban dos meses de vida, se veía con problemas económicos, los mismos que también afectaban a su amigo Emanuel Schikaneder, que además de cantante era el empresario teatral que llevaba el Theatre auf der Wieden desde 1789, por lo que el compositor decide componer una ópera que consiga arreglar la situación financiera de ambos. Era un teatro en el que se representaban sobre todo Singspiel, un tipo de ópera alemana en el que Mozart ya había trabajado en otra de sus obras maestras, “Die Entführung aus dem Serail”. El propio Schikaneder escribió el libreto, del que se desconoce la fuente de inspiración directa, pero que presenta la curiosidad de cambiar de estilo al poco del comienzo, pasando de una especie de cuento de hadas al principio en una fábula sobre la masonería, grupo al que ambos pertenecían y que acababa de ser prohibida por el emperador José II.

Mozart escribe cada papel de “Die Zaberflöte” pensando en los miembros de la compañía que van a cantar cada papel (incluyendo al propio Schikaneder, que cantará el papel de Papageno en el estreno), lo que le permite escribir arias de gran complejidad vocal poco habitual en el Singspiel. El propio Mozart dirigió el estreno, y la ópera alcanzó en seguida un gran éxito, consiguiendo su representación nº 100 en Noviembre de 1792, éxito que Mozart no disfrutará por su prematura muerte.

La obra musicalmente nos anticipa ya el próximo romanticismo. Pero antes de entrar en materia para contar el argumento, dejo un enlace del libreto y su traducción al español.

Comenzamos con la obertura, una obra maestra de mayor duración de la habitual en Mozart, y cuya melodía (también bastante lenta para lo habitual en Mozart y de considerable solemnidad) anticipa a ciertas obras sinfónicas de Beethoven. La escuchamos en la magnífica interpretación de Otto Klemperer:

Comienza “Die Zauberflöte”. En un paisaje rocoso, coronado por un templo, aparece un joven príncipe japonés, huyendo perseguido por una serpiente de la que no puede defenderse al haber perdido su arma. El príncipe se desmaya por el terror cuando del templo surgen tres damas que matan a la serpiente y que, al ver al príncipe (que es muy guapete por lo visto) babean por el cosa fina. Pero tienen que ir a avisar a su señora, y las tres se pelean por quiénes van y quién se queda a vigilar al joven, hasta que deciden ir las tres, prometiendo volver para ver a tan apuesto joven. Vamos a escuchar este comienzo con el Tamino de Piotr Beczala:

Entonces Tamino despierta y se encuentra sorprendido al ver a la serpiente muerta a sus pies y sin saber qué ha pasado. Entonces aparece en escena un extraño personaje, disfrazado de pájaro, con una jaula a su espalda y una flauta de pan: es Papageno, el pajarero, que usa su flauta como reclamo, pero que suspira por poder cazar también alguna chica. Y así tenemos la famosa aria “Der Vogelfänger bin ich ja”, que escuchamos al gran Hermann Prey:

 Tamino interroga a Papageno para saber dónde está; éste, que no conoce el mundo fuera de su entorno, de su cabaña, le dice que vive cazando pájaros para la reina Astriflamante, a quien Tamino reconoce como la Reina de la Noche. Papageno presume de haber matado él a la serpiente, pero entonces aparecen las tres damas, quienes le ponen un candado en la boca por mentir; ellas le dicen que fueron ellas quienes le salvaron y entregan a Tamino un retrato de la hija de la reina; o el retrato tiene mucho Photoshop o la princesa tiene que ser guapísima, porque Tamino se enamora al instante de ella. Y así tenemos uno de los momentos más célebres de “Die Zauberflöte”, el aria de Tamino “Dies Bildnis ist bezauberns schön”, que escuchamos al gran Fritz Wunderlich:

Las damas entonces le cuentan a Tamino que la Reina, tras oír sus palabras, ven en él a quien puede salvar a su hija, secuestrada por el malvado Sarastro, que vive en un castillo fuertemente vigilado cerca de allí. Entonces aparece la reina, narrando su dolor y el de su hija, y diciéndole a Tamino que, si vuelve victorioso, la princesa será suya. Y así tenemos mi momento favorito de toda “Die Zauberflöte”, el aria “O zittre nicht”, que Mozart compuso para su cuñada Josepha Hofer, que debía tener una voz espectacular, ya que este aria comienza como una pieza para soprano lírica, pero hacia el final comienza una tremenda parte de coloratura que termina en un Fa sobreagudo, nota al alcance de pocas, y que escuchamos aquí en la maravillosa versión de Lucia Popp:

Cuando la reina y las damas se van, se quedan sólo Tamino y Papageno, que no puede hablar por el candado que tiene en la boca. Entonces reaparecen las tres damas y le quitan el candado. Regalan a Tamino para su misión una flauta mágica, y obligan a Papageno a acompañarle, aunque él cobardemente intenta librarse. A él le dan unas campanillas, que al igual que la flauta serán indispensables para su victoria. Además, les indican que tres muchachos les guiarán en su camino. Escuchamos así el quinteto “Hm Hm”:

Cambiamos de escena. Ahora estamos en una sala del castillo de Sarastro, donde Monostatos, un siervo negro de Sarastro, lleva a Pamina, a quien desea con lujuria, pero ella intenta rechazarle. Entonces aparece Papageno, que ha conseguido colarse en el castillo, y al verse Monostatos y él, se asustan y el siervo huye:

Papageno recupera su valor pensando que, si hay pájaros negros, también puede haber humanos negros. Entonces se presenta ante Pamina y le cuenta que un príncipe viene a su rescate. Entonces ambos cantan al amor en el dúo “Bei Männern, welche Liebe fühlen”:

Cambiamos de lugar. Tamino está en un bosque antes tres puertas por las que acceder al castillo de Sarastro. Los tres niños de los que hablaron las damas le dan un consejo: ser firme, paciente y callado:

Tamino entonces se dispone a entrar por alguna de las puertas, pero en las laterales oye que le hacen retroceder, y sólo consigue acercarse a la central cuando aparece un sacerdote, el orador, que le dice que va buscando venganza. Tamino afirma que busca vengarse del malvado, pero el orador le dice que no lo va a encontrar entre ellos: Tamino es víctima de un engaño, que ha creído lo que le ha dicho la reina, pero que Sarastro no es malvado. Escuchamos esta escena en las voces de Nicolai Gedda y Dietrich Fischer-Dieskau:

Tamino sigue sin saber si Pamina vive aún, cosa que unas voces le confirman. Él toca su flauta y acuden todas las criaturas ante él, pero Pamina no. Al tocar de nuevo, responden las campanillas de Papageno. Escuchamos de nuevo a Nicolai Gedda:

Pamina y Papageno se apresuran para acudir a la llamada de Tamino, pero entonces aparece Monostatos; para evitar ser capturados, Papageno hace sonar sus campanillas, y Monostatos y los soldados se ponen a bailar:

Pero se escuchan cantos en alabanza de Sarastro, y ambos se encuentran ante él. Pamina le pide perdón, y le confiesa que de qien quería huir era de Monostatos; Sarastro le informa que lo sabe, pero no le puede dejar volver con su madre, porque eso destruiría su felicidad. Entonces entra Monostatos con Tamino, a quien ha capturado, y pide que sea castigado, pero el castigado es él; Sarastro manda introducir a Tamino y Papageno al templo de las pruebas, y aquí termina el primer acto de “Die Zauberflöte”, en el que el cuento de hadas acaba de transformarse en una iniciación masónica. Escuchamos ese final con Kurt Moll como Sarastro, Kathleen Battle como Pamina, Francisco Araiza como Tamino y Heinz Zednik como Monostatos:

Comenzamos el segundo acto de “Die Zauberflöte”.

Nos encontramos en un bosque con palmeras. En él aparecen Sarastro y un grupo de sacerdotes, y escuchamos la marcha de los sacerdotes:

Los sacerdotes y Sarastro conversas sobre si ambos candidatos serán capaces de superar las pruebas de iniciación (ya estamos en plena simbología masónica), y Sarastro semuestra convencido de que Tamino, aunque príncipe, es un hombre capaz de superar la dureza de las pruebas. Sarastro manda traer a Tamino y Papageno, y canta una invocación a Isis y Osiris (Egipto era parte de la simbología masónica), en este bellísimo “O Isis und Osiris” que canta Josef Greindl:

Pasamos ahora a una sala, en una noche con tormenta. Allí unos sacerdotes llevan a Tamino y Papageno para que pasen sus pruebas de iniciación. Papageno está aterrado por la tormenta. Dos sacerdotes les interrogan para saber si están dispuestos a superar las pruebas; Tamino responde afirmativamente, mientras Papageno muestra su cobardía. Entonces los sacerdotes le dicen que Sarastro tiene una mujer para él si supera las pruebas, llamada Papagena. Pero les dan un mandato a ambos: verán a sus amadas, pero no podrán hablarles. Entonces los dos sacerdotes les advierten de las tretas femeninas que han hecho caer a tantos hombres, en el dúo “Bewahret euch von Weibertrücken” que cantan Gerhard Unger y Franz Crass:

Los dos sacerdotes se van y dejan todo en penumbra, pero entonces aparecen las tres damas afirmando que ambos morirán en ese lugar. Papageno se asusta, pero Tamino consigue callar y superar las tretas femeninas, mientras las damas afirman que la Reina de la Noche está en el castillo. Escuchamos el quinteto con Fritz Wunderlich como Tamino y Hermann Prey como Papageno:

Entran los sacerdotes que felicitan a Tamino por superar la prueba, aunque todavía le quedan más por superar, mientras le dicen a Papageno que sea un hombre.

Cambiamos de escena. Nos vamos a un jardín en el que duerme Pamina, y al que Monostatos ha conseguido entrar sin permiso. Allí canta un aria en la que lamenta no poder disfrutar como los demás del amor por ser negro. Escuchamos el aria en voz de Gerhard Unger:

Del suelo surge la Reina de la Noche, que al enterarse por su hija que Tamino va a hacer las pruebas de iniciación, le da a Pamina un puñal con el que debe matar a Sarastro, y en su famosa aria “Der Hölle Rache” le dice que no será ya hija suya si no lo mata. Escuchamos el aria en voz de Diana Damrau, y en el vídeo podemos ver la partitura para ver la dificultad de la página, con varias ascensiones al Fa sobreagudo:

La Reina desaparece y Monostatos sale de su escondite y le promete a Pamina que él cumplirá el encargo a cambio del amor de Pamina, por lo que ella le rechaza. En el momento justo aparece Sarastro, y Pamina le pide perdón por el odio que su madre le tiene por miedo a perderla. Sarastro canta entonces la bellísima aria “In diesen heil’gen Hallen”, en la que afirma que en su castillo no hay lugar para el odio, sino para el amor. Escuchamos el aria en voz del gran Martti Talvela:

Cambiamos de escena. Estamos ahora en una sala, a la que los sacerdotes conducen a Tamino y Papageno con la instrucción de no hablar. Tamino obedece, pero Papageno no puede, y se queja por no recibir ni siquiera agua; aparece entonces una vieja a la que le pide agua, y ésta se la da. Papageno, aburrido, no hace más que preguntarle. Ella le dice que tiene 18 años, provocando la risa de él, que le dice si tiene un amor. Ella le contesta que sí, pero 10 años más mayor, que se llama Papageno. Ella es Papagena, pero un rayo le hace desaparecer.

Aparecen entonces los tres niños de nuevo, que les traen a Tamino y Papageno tanto comida como la flauta y las campanillas que Sarastro les había quitado. Animan a Tamino a seguir así y a Papageno a cerrar el pico:

Mientras Papageno come, Tamino toca su flauta, y aparece Pamina, que se sorprende al ver que su amado no le habla, y canta su desesperación pensando que el amor ha muerto en su corazón. Escuchamos el aria “Ach, ich fühl’s” en la voz de Lucia Popp:

De nuevo cambiamos de escenario en “Die Zauberflöte”. Ahora estamos en una sala abobedada a la que entran los sacerdotes cantando otra plegaria a Isis y Osiris, seguros de que Tamino superará sus pruebas:

Sarastro felicita a Tamino por haber superado dos pruebas, pero le quedan todavía otras dos. Entonces hace traer a Pamina y le dice que tienen que despedirse. Sarastro le promete que volverán a verse si Tamino supera las pruebas, pero Pamina no se encuentra tan segura. Estamos en el magnífico trío “Soll ich dich, Teurer”, que escuchamos a Gundula Janowitz, Gottlob Frick y Nicolai Gedda:

Mientras, Papageno busca en otro lugar a Tamino, pero se encuentra solo. Aparecen entonces unos sacerdotes que le confirman que no ha superado sus pruebas. Papageno no se preocupa, no es el único que no las ha pasado, él sólo busca una mujer. Y ahí tenemos el aria “Ein Mädchen oder Weibchen” que canta Simon Keenlyside:

Entonces vuelve a aparecer la mujer mayor, que le pide a Papageno que le sea fiel y será siempre suya, pero él titubea. Al hacerlo, ella se convierte en una jovencita, pero los sacerdotes no le dejan acercarse a Papageno, porque todavía no es digno de ella.

Comienza ya el final de “Die Zauberflöte”, ya no hay recitativos hablados.

En un jardín reaparecen los tres niños, convencidos de que Tamino vencerá cuando sea de día, pero entonces ven a Pamina que, desesperada lleva un puñal con el que quiere suicidarse. Ellos intentan detenerla, pero no lo consiguen hasta que le confirman que Tamino la ama de verdad:

Cambiamos de escena. Nos encontramos ante dos montañas, una de fuego y otra con una cascada. Allí dos hombres armados le dicen a Tamino que es donde debe superar dos pruebas ante los 4 elementos. Tamino está dispuesto a superarlas:

Pero entonces aparece Pamina, que quiere atravesar las pruebas junto a él. Los hombres armados acceden, y ambos se enfrentan a las pruebas con la ayuda de la flauta mágica, que el padre de Pamina talló del corazón de una encina milenaria en medio de una tormenta; la flauta les guiará en las pruebas. Primero atraviesan la montaña de fuego, y después ascienden la montaña de la cascada y así consiguen superar las pruebas. Ya pueden ser felices juntos, porque Tamino ha superado sus pruebas de iniciación, y los sacerdotes les invitan a entrar en el templo de Isis que se haya sobre la montaña. Escuchamos la escena con Edith Mathis y Nicolai Gedda:

¿Y quépasa mientras con el pobre fracasado Papageno? Corretea por un jardín con su silbato llamando a Papagena, pero ella no aparece. Ve una cuerda colgando de un árbol, y decide suicidarse, pero antes se da otra oportunidad: silbará tres veces a ver si hay respuesta. Pero no la hay. Y justo en ese momento vuelven a aperecer los 3 muchachos para detenerle. Él les dice que no entienden su dolor, pero ellos le recuerdan sus campanillas. Él lo hace y allí aparece Papagena, que ya planean los hijos que van a tener. Volvemos a escuchar el Papageno de Simon Keelyside:

Terminamos las dos escenas que quedan de “Die Zauberflöte” con un único vídeo.

Monostatos ha guiado al interior del castillo a la Reina y a las damas, que piensan destruir a todos a cambio de que Monostatos se quede con Pamina. Pero entonces son engullidos por la tierra. Aparece el templo de Isis, donde están Sarastro, Tamino, Pamina y los 3 muchachos. Sarastro afirma que el sol a derrotado a la noche y la ópera termina espectacularmente con un bellísimo coro en el que se vuelve a alabar a Isis y Osiris y a bendecir a la pareja que ha logrado superar las pruebas, en un final lleno de esperanza. Escuchamos este final con Diana Damrau como Reina y René Pape como Sarastro:

Este es uno de esos finales que te dejan con los pelos de punta.

Terminamos, como siempre, con un Reparto Ideal:

Tamino: Fritz Wunderlich o Nicolai Gedda.

Pamina: Lucia Popp.

Sarastro: Josef Greindl o Martti Talvela. O René Pape, más actual.

Königin der Nacht (Reina de la noche): Lucia Popp (sí, la mejor en los dos papeles).

Papageno: Hermann Prey.

Monostatos: Heinz Zednik.

Sprecher: Dietrich Fischer-Dieskau.

Director de Orquesta: Otto Klemperer.



2 comentarios sobre “225 años del estreno de “Die Zauberflöte” (30-09-2016)”

  1. Buen repaso, Natan! Y muy bien el dato preciso: la última ópera estrenada, que no la última ópera.

    Como fan del gran Papageno, pregunto: ¿y si no fuera ni un cobarde ni un fracasado? ¿Y si, simplemente, le diera lo mismo encontrar la Verdad y la Luz, y quisiera seguir feliz como una perdiz con su vida en el bosque, con sus pájaros, su comida y su vino? La vida sencilla frente a la vida ilustrada, y elige vida sencilla.

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