50 años de la muerte de Claude Rains (30-05-2017)




Hay actores (y actrices, no es cuestión de género) que, aunque  hayan ejercido toda su vida de secundarios, se convierten en verdaderos robaescenas, quitándoles el protagonismo a actores a menudo de talento muy inferior. De entre esos grandes secundarios de la historia, hay unos pocos que podrían disputarse el mérito de ser el mejor secundario de la historia; para mí, el campeón es quien hoy nos ocupa, Claude Rains. Ese actor al que todo fan del cine clásico conoce aunque no identifique.




William Claude Rains nació el 10 de noviembre de 1889 en Londres. No tuvo una infancia fácil en absoluto; él mismo afirmaba que se había criado en la ribera equivocada del Támesis. Su padre era el actor Fred Rains, que tuvo con su mujer Eliza 12 hijos, de los que sólo 3 sobrevivieron; el resto murió por malnutrición. Claude tenía problemas de pronunciación, además de un marcado acento de los bajos fondos londinenses. Abandonó temprano la escuela para vender periódicos y así ayudar económicamente a la familia, además de cantar en el coro de la iglesia.

Desde niño vivió por dentro el mundo del teatro acompañando a su padre. Ya con 10 años interpretó un pequeño papel, y después ejerció distintas labores dentro del teatro hasta dedicarse a la interpretación. Y en 1913 decide trasladarse a Nueva York, pensando que allí tendrá mejores oportunidades laborales. Pero no tardará en volver a Londres.

Y es que en 1914 estalla la I Guerra Mundial, y Claude Rains se enrola en el ejército, en el que sirve junto a actores como Basil Rathbone, Ronald Colman o Herbert Marshall. Será durante la guerra, en un ataque con gas, cuando pierda el 90% de visión de su ojo izquierdo. Pese a todo, alcanza el grado de capitán:

Terminada la Guerra, Claude Rains permanece en Londres, donde alcanza gran prestigio como actor. Llama así la atención de Sir Herbert Beerbohn Tree, que acababa de fundar la Royal Accademy of Dramatic Art. Se encarga de que Rains reciba clases de dicción que cambian por completo su forma de hablar, dándole un acento mucho más aristocrático. Poco después comienza a dar clases de interpretación en la propia academia, teniendo como alumnos a Charles Laughton o John Gielgud, ambos actores que siempre admiraron a su profesor, y posteriormente también pasarían por sus clases Laurence Olivier o Vivien Leigh. En la academia conocerá también a su primera esposa, Isabel Jeans. En total, Claude Rains se casó 6 veces, divorciándose de las 5 primeras, y tuvo una hija, Jennifer, con su cuarta esposa. Según contó John Gielgud, cuando era profesor, todas las alumnas suspiraban por él, ya que al parecer de joven no carecía de atractivo (aunque cinematográficamente no hayamos conocido esa faceta suya).

Y es que, pese a participar como secundario en una película muda inglesa en 1920, su debut real en el cine fue bastante tardío. En 1927 se traslada a Nueva York para trabajar en Broadway, y así en 1932 hace una audición para una película, pero no consigue el papel. Pero cuando en 1933 la Universal planea dirigir una versión de “El hombre invisible”, la primera opción, Boris Karloff, es rechazada por problemas de contrato, y cuando el proyecto cae en manos del director James Whale, él insiste en darle el papel a Rains. Y así es como debuta en el cine, en una película en la que sólo se le ve en los últimos segundos, pero cuya voz tiene un protagonismo inédito hasta la fecha:

Tras realizar varias películas menores, en general dentro del género de terror, firma un contrato con la Warner, que aprovecha mucho mejor su talento, y comienza a destacar en 1936, cuando ejerce de villano en “El caballero Adverse”, protagonizada por Fredric March y Olivia de Havilland:

Los siguientes años Claude Rains será el villano por excelencia de las películas de aventuras de la Warner, como en “El príncipe y el mendigo” de 1937, donde coincide por primera vez con Errol Flynn:

En este género, su papel más significativo es en 1938 en “Robin de los bosques”, interpretando al Príncipe Juan, junto a Errol Flynn, Olivia de Havilland y Basil Rathbone. Fue idea del propio Rains darle un estilo homosexual a su personaje:

En 1939 es cedido a la Columbia para participar en “Caballero sin espada” de Frank Capra, protagonizada por James Stewart, en la que interpreta a un senador corrupto, un papel que le permite mucho más juego interpretativo:

Por este papel recibe su primera nominación al Oscar como mejor actor secundario, que perderá frente a Thomas Mitchell por “La diligencia”.

En 1940 vuelve al cine de piratas con “El halcón de mar”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Errol Flynn, en la que interpreta a un villano mucho más ambiguo como el embajador español en Inglaterra:

En 1941 le tenemos en una comedia romántica, “El difunto protesta”, en la que Robert Montgomery muere y va al cielo antes de tiempo y Claude Rains tiene que buscarle un nuevo cuerpo en la tierra:

Y vuelve a trabajar con la Universal en una de terror, “El hombre lobo”, interpretando al padre del protagonista, Lon Chaney Jr.:

1942 es uno de sus mejores años, sin duda. Ese año trabaja por segunda vez (tras su breve papel en “Juarez”, en 1939) con su amiga Bette Davis (que le consideraba su mejor compañero de reparto) en “La extraña pasajera”, en la que interpreta al psiquiatra que tiene que ayudarla a superar la dependencia que tiene por su madre, Gladys Cooper, hasta que termine enamorándose de Paul Henreid:

Y ese mismo año participa en un mito del cine, una imperfección perfecta como es “Casablanca”, de Michael Curtiz, una película que debió ser un desastre pero que salió milagrosamente demasiado bien. Y es perfecta en buena parte gracias a la perfección de su reparto, como comprobamos en esta mítica escena final, con un inmenso Humphrey Bogart y Claude Rains como el cínico Capitán Louis Renault, ambiguo hasta la redención final:

Extrañamente, Casablanca no entró en los Oscars de 1942, sino en los de 1943. Claude Rains fue nominado como mejor secundario, pero perdió frente a Charles Coburn por “El amor llamó dos veces”.

En 1943 vuelve al terror de manos de la Universal protagonizando “El fantasma de la ópera”:

En 1944, la Warner busca repetir el éxito de “Casablanca” con otra película ambientada en la II Guerra Mundial y con un reparto muy similar; en este caso, el personaje de Claude Rains es bueno desde el principio. Pero la película no tuvo el éxito esperado:

Y ese mismo año repite por tercera vez junto a Bette Davis en “El señor Skeffington”, que relata la difícil relación de la pareja que forman ambos, siendo ella una vanidosa egocéntrica:

Aún siendo protagonista, es nominado al Oscar como mejor secundario, perdiendo en esta ocasión frente a Barry Fitzgerald por “Siguiendo mi camino”.

Repite como protagonista en 1945 con la adaptación de la obra teatral de George Bernard Shaw “Cesar y Cleopatra”, junto a su antigua alumna Vivien Leigh. Por este papel se convierte en el primer actor en recibir un sueldo de un millón de dólares, pero la película resulta ser un fracaso:

Claude Rains se quitó la espinita al año siguiente con el que quizá sea su mejor papel, el nazi fugitivo en Brasil que interpreta en “Encadenados” de Alfred Hitchcock, en el que es espiado por su propia esposa, Ingrid Bergman, y el verdadero amor de ésta, Cary Grant:

Por este papel recibe su cuarta y última nominación al Oscar, pero esta vez pierde frente a un veterano de la II Guerra Mundial que había perdido sus manos, Harold Russell, por hacer de sí mismo en “Los mejores años de nuestra vida”. Algo absolutamente incomprensible a día de hoy, que deja a uno de los mejores actores de la historia del cine sin Oscar.

En 1946 trabaja por cuarta y última vez junto a Bette Davis en “Engaño”, en la que ella, siendo la amante de él, recupera a su antiguo amor, interpretado por Paul Henreid, lo que lleva a un trágico final:

De sus siguientes películas, la más destacable es “Amigos apasionados”, de David Lean, en la que interpreta de nuevo al maduro marido de una joven, Ann Todd, que recupera a su antigo amor, Trevor Howard:

Sus papeles en cine en los años 50 no son en general destacables, ya que Claude Rains dirige su atención de nuevo al teatro, donde ganará un Tony al mejor actor por “Darkness at noon”. Hace también apariciones en televisión y actúa como narrador en diversas grabaciones fonográficas.

Destaca su papel como alcalde de Hamelin en la versión musical televisiva de “El flautista de Hamelin” que protagoniza Van Johnson:

Tras trabajar en “Esta tierra es mía” de Henry King en 1959, en 1960 interpreta al científico que descubre “El mundo perdido” de la obra de Ciencia Ficción de Arthur Conan Doyle:

En 1962 tiene un pequeño papel en “Lawrence de Arabia”, de nuevo dirigida por David Lean y protagonizada por Peter O’Toole:

Su último papel es como Herodes el Grande en “La historia más grande jamás contada” en 1965. Pero Claude Rains no se retiró, seguía esperando que le llamaran para algún nuevo papel, algo que por desgracia no sucedió. Rains, nacionalizado americano en 1939, pasó sus últimos años en el estado de New Hampshire, donde estaba escribiendo unas memorias que nunca llegaron a terminarse al sorprenderle la muerte a causa de una hemorragia abdominal el 30 de mayo de 1967, a los 77 años.

Al principio su alumno John Gielgud no le perdonó que desertara, que abandonara el teatro y se pasara al cine, pero después se daría cuenta de que lo que perdió el teatro lo ganó el cine, y que esto permitía que nuevas generaciones descubrieran su enorme talento. Sí, cuando ya no puede aparecer sobre las tablas, todavía se le puede ver en la pantalla, y así ha inspirado a tantos y tantos actores de generaciones posteriores. Un icono del Hollywood clásico, capaz de, con apariciones de apenas 5 minutos, eclipsar a los protagonistas; amar el cine significa necesariamente amar a Claude Rains.



Un comentario sobre “50 años de la muerte de Claude Rains (30-05-2017)”

  1. Figura a reivindicar, sin duda. Tal vez sería bonito que el Zinemaldi le dedicara una retrospectiva. O que obtuviera algún tipo de reconocimiento a título póstumo.
    Me llama la atención su gran parecido físico con Hugh Jackman…
    Enhorabuena por esta semblanza filmográfica, Natán…

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