50 años de la muerte de Paul Muni (25-08-2017)


Aún entre los cinéfilos, pocos recuerdan su nombre, y menos aún su cara, y aún así fue una de las más destacadas estrellas del Hollywood de los años 30. Caído en el olvido desde los años cuarenta, hoy, cuando se cumplen 50 años de su desaparición, nos toca intentar hacerle justicia a Paul Muni.




El verdadero nombre de Paul Muni era Frederich Meshilem Meier Weisenfreund, y nacío el 22 de septiembre de 1895 en la ciudad de Lemberg, en la provincia austro-húngara de Galitzia (hoy día la ciudad de Lviv, en el oeste de Ucrania) en el seno de una familia de actores teatrales judíos. De hecho, su idioma materno será el Yidis.

En 1902, la familia se traslada a Estados Unidos y se establece en Chicago. Allí, el joven “Moony”, como era conocido, siguiendo los pasos de sus padres, debuta en el teatro local Yidis a los 12 años, interpretando a un anciano de 80, iniciando su pasión por las caracterizaciones y maquillajes complicados con los que transformaba completamente su figura. No tarda en alcanzar gran éxito dado su talento. Además, en 1921 se casa con Bella Finkel, otra actriz del teatro Yidis.

En 1926 debuta en Broadway, actuando por primera vez en inglés. Su prestigio como actor le lleva a firmar un contrato con la Fox (usando el nombre de Paul Muni, siendo Muni una adaptación del nombre con el que era conocido de niño, Moony) en 1929, debutando en el cine ese mismo año con “El valiente”, drama sobre un condenado a muerte. Gracias a este papel recibe su primera nominación al Oscar (en total se llevará 5, ganando una vez), pero la película no es un éxito comercial. Como su siguiente película, “Seven faces”, estrenada también en 1929, vuelve a ser un fracaso, regresa temporalmente a Broadway. Y es que Muni será siempre un actor de teatro más que de cine.

Vuelve a Hollywood en 1932 para filmar el clásico del cine de mafiosos “Scarface”, dirigido por Howard Hawks. Su interpretación del Gangster Tony Camonte, característico por su cicatriz en la cara, le devolvió al panorama cinematográfico:

También en 1932 protagoniza el drama carcelario “Soy un fugitivo” de Mervyn LeRoy, en la que su talento interpretativo le vale una segunda nominación al Oscar:

Había que estar ciego para no darse cuenta de que había nacido una estrella, y fue la Warner la que supo aprovecharse de ello, firmando un contrato con él.

Paul Muni protagoniza en los siguientes años algunos dramas y cine negro, pero en 1935 insiste hasta conseguir convencer a la Warner de filmar una película biográfica, algo que no se hacía desde la época de George Arliss (quien ganara el Oscar a mejor actor en 1930 por interpretar al primer ministro británico Disraeli). El resultado será “La tragedia de Luois Pasteur”, dirigida por William Dieterle:

Para prepararse el papel, Paul Muni lee todo lo que encuentra sobre el científico francés para poder meterse en su piel. El resultado: gana el Oscar a mejor actor:

Para verle, hay que ir al minuto 1:10.

En 1935 estrena también el drama “Barreras infranqueables”, dirigido por Archie Mayo, en el que comparte pantalla nada menos que con Bette Davis.

Tras un año sin estrenar nada, Paul Muni vuelve al cine en 1937, de nuevo con un drama biográfico en el que de nuevo está irreconocible: “La vida de Émile Zola”, ambientada en la época del “Caso Dreyfuss”, siendo interpretado el militar judío por Joseph Schildkraut:

La película gana el Oscar a mejor película, mejor guión y mejor secundario para Schildkraut. Esta vez Paul Muni, también nominado, se va de vacío.

Curiosamente, a William Dieterle no le gustaba el estilo interpretativo de Muni, ya que le resultaba en exceso histriónico (algo por otra parte bastante común en actores provenientes del teatro). Ese histrionismo resulta bastante más evidente en otro gran éxito que protagoniza en 1937, “La buena tierra” de Sidney Franklin, en la que interpreta a un campesino chino casado con Louise Rainer, que ganará el Oscar a mejor actriz:

Tras pasarse otro año, 1938, sin estrenar ninguna película, en 1939 estrena el drama negro “No estamos solos”. Y vuelve al cine biográfico, de nuevo dirigido por William Dieterle, en “Juarez”, en mi opinión su mejor papel, interpretando al presidente mexicano Benito Juarez, que tiene que enfrentarse al Emperador Maximiliano, interpretado por Brian Aherne, y a su esposa Carlota (Bette Davis en uno de sus mejores papeles). Aquí no hay histrionismo en la interpretación de Muni, sino una absoluta interiorización del personaje:

Pero Paul Muni cada vez trabaja menos en cine y dirige de nuevo su atención al teatro. Su siguiente estreno será en 1941, historia de aventuras ambientada en la exploración de Canadá en el siglo XVII, junto a actores como Vincent Price, John Sutton o Gene Tierney, en la que da rienda suelta a su histrionismo:

Su siguiente papel destacable será en 1944, en “Canción inolvidable”, esta vez como secundario, interpretando a Józef Elsner,  profesor de Frederic Chopin, interpretado por Cornel Wilde, dando de nuevo rienda suelta a su histrionismo:

Tras protagonizar un nuevo film bélico, en 1946 cambia de registro en la comedia “El diablo y yo”, dirigida de nuevo por Archie Mayo, en la que interpreta a un gangster asesinado que llega a un acuerdo con el diablo, interpretado por Claude Rains:

No vuelve a trabajar en cine en los años 40. Y Hollywood respira aliviado: Paul Muni no tiene buena fama. Pese a su timidez y deseo de pasar desapercibido, no soporta ver a nadie vestido de rojo en el set de rodaje, y su mujer es odiada por los directores por inmiscuirse continuamente en los rodajes. Muni vuelve al teatro (y realiza alguna aparición televisiva). Es en el escenario donde su técnica brilla más, donde mejor se percibe su estilo interpretativo, que ha ido trabajando desde niño, y que le permite ser perfectamente oído en el auditorio incluso cuando susurra. Protagoniza, entre otras, “Muerte de un viajante” y “Herencia del viento”, aunque tiene que suspender las representaciones de esta última en 1955 cuando se le diagnostica un tumor en el ojo, que tiene que ser extirpado. Poco después vuelve a seguir con las representaciones de la obra.

Paul Muni, que en 1952 había trabajado en cine en “Imbarco a mezzanotte” de Joseph Losey, vuelve por última vez en 1959 con “The last angry man”, drama ambientado en el mundo de la televisión que le vale una última nominación al Oscar. Pero sus crecientes problemas de salud le obligan a abandonar la interpretación, siendo su última aparición en 1962 en la serie “Saints and sinners”:

Retirado de la vida pública en su casa de California, Paul Muni moría allí el 25 de agosto de 1967 a causa de problemas cardíacos, siendo enterrado en el Hollywood Forever Cemetery.

Si habría que definir qué es una estrella apagada, en el sentido de olvidada, Paul Muni sería el prototipo perfecto: enormemente admirado durante unos pocos años, rápidamente olvidado, pero un enorme actor al que habría que devolver al primer plano del que nunca debió salir.



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