50 años de la muerte de Vivien Leigh (08-07-2017)


Una filmografía escasa y una vida relativamente corta no impiden que, con sus 2 Oscars, sea una de las actrices más recordadas del cine, ya que ambos premios fueron concedidos por dos personajes icónicos. Hoy, cuando se cumple medio siglo de su desaparición, recordamos a Vivien Leigh.




Vivian Mary Hartley nació el 5 de noviembre de 1913 en Darjeeling, por aquel entonces parte de la India Británica (actualmente en el estado Indio de Bengala Occidental). Fue la única hija de Ernest y Gertrude, que se habían casado un año antes. Él era inglés; ella había nacido en la India y tenía ancestros irlandeses y parsis.

En 1917, su padre se traslada a Bangalore, y ella se queda con su madre en Ootacamund, al sur de la India. Allí realiza su debut como intérprete con sólo tres años en el club de teatro al que pertenecía su madre, que le transmitió su pasión por la literatura y la mitología. Con 6 años es enviada a estudiar a Gran Bretaña, donde entabla amistad con Maureen O’Sullivan, naciendo ya su deseo de ser actriz. Poco después, su padre la saca del colegio y recorre Europa junto con sus padres, estudiando en distintas ciudades.

Será en 1931, cuando regresen a Gran Bretaña, cuando Vivien le confiese a sus padres su deseo de ser actriz tras ver “A Connecticut Yankee”, película protagonizada por Maureen O’Sullivan. Su padre entonces la matricula en la Royal Academy of Dramatic Arts, aunque termina sus estudios cuando se casa el 20 de diciembre de 1932 con Herbert Leigh Holman, quien no aprueba la vida teatral. El 12 de octubre de 1933 nacerá su única hija, Suzanne.

En 1935, unos amigos la recomiendan para un breve papel en la película “Things are loocking up”, tras lo cual contrata a un agente, John Gliddon, que le propone el nombre artístico de Vivian Leigh. Éste la recomienda a Alexander Korda, quien la rechaza como actriz de cine, pero le da una oportunidad en el teatro, inicialmente triunfa, lo que hace que Korda cambie de opinión y la contrate como actriz de cine, pero al trasladarse a un teatro más grande,  su éxito se desvanece por problemas para proyectar su voz. Es en este momento cuando cambia su nombre de Vivian a Vivien Leigh.

Pese a todo, sigue trabajando en teatro (interpretando, entre otras, varias obras de William Shakespeare) y en cine. Destaca en 1937 su trabajo en “Inglaterra en llamas”, en la que coincide con uno de los grandes actores ingleses de la época, Laurence Olivier:

Vivien Leigh ya había visto a Olivier actuar sobre los escenarios, pero al trabajar con él comienza una relación sentimental (pese a que ambos estaban casados), además de profesional, ya que Olivier cuenta con ella, pese a su inexperiencia, para actuar con él en obras teatrales como “Hamlet”.

Su nombre comienza a hacerse conocido en América gracias a su trabajo en “Un Yanqui en Oxford”, primera vez que trabaja junto a Robert Taylor y en la que coincide con su vieja amiga Maureen O’Sullivan:

Por esas fechas lee el libro “Gone with the wind” y se empeña en protagonizar la versión fílmica. Le decepciona que Olivier no quiera interpretar al galán Rhett Butler, pero aún así insiste a su agente para conseguir el papel que se pelean las mayores estrellas de Hollywood. Parece que la elegida va a ser Paulette Goddard, pero Vivien Leigh conquista al director inicialmente contratado, George Cukor. De ahí que ella sea la mayor perjudicada cuando, por insistencia del protagonista Clark Gable, Cukor sea sustituido por Victor Fleming. De hecho, es en las escenas iniciales, dirigidas por Cukor, donde más brilla Leigh en una película llamada a convertirse en un mito: “Lo que el viento se llevó”:

Es el de Scarlett O’Hara un papel largo y complejo, que abarca diferencias de edad y cambios de humor, algo que se adaptaba a la perfección a su estilo interpretativo. Este papel le vale su primera nominación al Oscar, y su primera victoria:

Pero el duro rodaje de la película afecta seriamente a su ya deteriorada salud mental (sufre de trastorno bipolar): rodajes interminables sin días de descanso, mientras su amado Laurence Olivier rodaba “Cumbres borrascosas”.

En 1940, tras divorciarse de sus respectivas parejas, Olivier y Leigh por fin se casan. Pero no coinciden en pantalla: Leigh es rechazada por Hitchcock para protagonizar “Rebeca” y renuncia a protagonizar “Más fuerte que el orgullo”, mientras que Olivier es sustituido por Robert Taylor en la siguiente película que rueda Vivien Leigh, “El puente de Waterloo”, film bélico de dramático final:

Olivier y Leigh trabajan en teatro interpretando a “Romeo y Julieta”, saliendo ambos mal parados, y coinciden por fin en cine en “Lady Hamilton” de Alexander Korda, en la que interpreta a la amante de Horatio Nelson, personaje que comienza como una inocente niña y termina como una mujer trastornada:

En plena II Guerra Mundial, ambos retornan a Gran Bretaña, y ella realiza una gira por el Norte de África para animar a las tropas cuando se le diagnostica tuberculosis. Tras recuperarse aparentemente, rueda junto a Claude Rains “Cesar y Cleopatra”, basada en la obra de George Bernard Shaw, que será un fracaso comercial, en buena medida a causa del boicot de Estados Unidos a las películas británicas:

Durante el rodaje se entera de que está embrazada, pero sufre un aborto que afecta a su estado mental. Tiene problemas de insomnio que dificultan su trabajo en teatro junto a Olivier, y protagoniza otra película, “Ana Karenina”, en 1948, junto a Ralph Richardson, otro gran actor de teatro británico, que de nuevo será un fracaso:

Vivien Leigh protagoniza en Londres la obra teatral de Tennessee Williams “Un tranvía llamado Deseo”, y, pese a la oposición de Elia Kazan, que quería a la protagonista de Broadway, Jessica Tandy, para el papel, su éxito le lleva a protagonizar la adaptación cinematográfica junto a un por entonces desconocido Marlon Brando, en otro de esos míticos papeles cinematográficos, Blanche DuBois:

Interpretando a un papel tan psicológicamente inestable (tan similar a ella), se lleva su segunda y última nominación al Oscar, y vuelve a ganar, aunque en esta ocasión no lo recoge ella; en su lugar, será Greer Garson quien lo recoja.

Protagoniza junto a Olivier nuevas producciones teatrales, pero en cine tiene menos suerte: se traslada a Sri Lanka para rodar “La senda de los elefantes” junto a Peter Finch (con quien aseguró haber mantenido un romance), pero su inestabilidad emocional provoca que sea sustituida por Lizz Taylor.

Con una carrera cinematográfica casi desaparecida (sólo trabajará en una película más en los años 50, “The deep blue sea”), Vivien Leigh trabaja sobre todo en teatro, a menudo junto a Olivier. Pero sus problemas mentales afectan a su trabajo y a su relación con sus compañeros de reparto, incluido su marido. La relación entre ambos se deteriora hasta su divorcio en 1960. Casi inmediatamente, Olivier vuelve a casarse con Joan Plowright. Ella mantenía desde 1958 una relación con el actor John Merivale, quien prometió a Olivier cuidar de ella.

En 1961 volvemos a verla en cine, de nuevo en una adaptación de una obra de Tennessee Williams, “La primavera romana de la Señora Stone”, interpretando de nuevo a un personaje mentalmente inestable, junto a un debutante Warren Beatty:

Su estado mental no le impide seguir trabajando, aunque a menor ritmo. En 1963 incluso protagoniza en Broadway el musical “Tovarich”, por el que se lleva un premio Tony:

Su último papel cinematográfico será en 1965 en “El barco de los locos”, cuyo rodaje fue problemático a causa de su estado mental, muy similar por otra parte a su personaje en el film:

En 1967 se prepara para un nuevo papel teatral cuando se descubre que ha recaído en su tuberculosis. Tras pasar una temporada de reposo, parece recuperarse. El 7 de julio realiza su vida normal, tiende a sus invitados y se retira a descansar, mientras su pareja, John Merivale, acude a una función teatral. A su regreso, se encuentra a Vivien en el suelo de la habitación. De inmediato avisa a Laurence Olivier, quien está hospitalizado en tratamiento por un cáncer de próstata. Éste abandona de inmediato el hospital y permanece junto al cuerpo de Vivien mientras permanece en el suelo,mientras le pedía perdón por todo el daño que le había causado. Su muerte se hizo pública al día siguiente, cuando todos los teatros de Londres apagaron sus luces en su recuerdo. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas esparcidas en un lago en el que pasaba el verano.

Con una vida corta y difícil, y una filmografía en exceso reducida, en buena medida por sus problemas de salud, Vivien Leigh es un mito del cine por sólo 2 papeles. Dos papeles por los que sigue siendo recordad 50 años después de su muerte como na gran estrella cinematográfica, pese a que su carrera transcurriera en su mayoría en teatro.



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