El Cardenal Rampolla, el hombre que nunca fue Papa


Siempre me ha gustado la frase que, en “Ángeles y demonios”, dice Robert Langdon (el personaje protagonista, interpretado por Tom Hanks en la versión cinematográfica, que es la que yo conozco) dirigiéndose al comandante de la guardia suiza: “¿No conocen su propia historia?”. Y es que, como en tantos y tantos otros casos, para entender un poco mejor la situación actual en el seno del Vaticano, con esa lucha por el poder entre ultraconservadores y “progresistas”, es necesario conocer la historia del papado en los últimos siglos. Por eso he elegido hablar hoy del Cardenal Rampolla, un caso emblemático de esta lucha por el poder que viene de muy lejos.




Mariano Rampolla del Tindaro nació el 17 de agosto de 1843 en la localidad siciliana de Polizzi Generosa, en el seno de una familia aristocrática. Realiza sus estudios religiosos en el seminario Collegio Capranica de Roma. Ordenado sacerdote en 1866, entra en la Pontifica Accademia Ecclesiastica, institución católica destinada a la preparación del servicio diplomático del Vaticano, lo que le permite ascender rápidamente en el seno de la Curia Romana. El 1 de diciembre de 1882 es nombrado arzobispo de Heraclea por el papa León XIII, y pocos días después, el 19 de diciembre, es nombrado nuncio apostólico en España, momento en el que se le asigna como asistente a otro graduado del Collegio Capranica, Giacomo della Chiesa (personaje del que hablaremos más adelante, que además de ser su gran colaborador, llegará a ser nombrado papa con el nombre de Benedicto XV). El 14 de marzo de 1887 deja ambos puestos, el de arzobispo y nuncio, al ser nombrado Cardenal Presbítero de Santa Cecilia de nuevo por León XIII. Este Papa le tendrá en tan alta estima que pocos meses después, el 3 de junio, es nombrado secretario de estado del Vaticano, el puesto de más alta autoridad tras el Papa y su más fiel colaborador, puesto que desempeñará hasta la muerte del Papa. Y es por esto que el Cardenal Rampolla era el claro favorito para sucederle.

Pero tenemos que comprender bien el contexto histórico en el que nos encontramos, en pleno siglo XIX. Es éste un siglo lleno de cambios, cada vez más rápidos y radicales, que ya comenzaron en el siglo anterior con la revolución francesa y con la independencia de las colonias americanas, los Estados Unidos de América, de régimen republicano. En el siglo XIX se suceden revoluciones de tipo liberal, regímenes republicanos o monarquías menos autoritarias, de tipo constitucional y/o parlamentario, junto con un nuevo modelo económico, el capitalismo, basado en una revolución industrial que trajo nuevos problemas sociales con los movimientos obreros y nuevas ideologías, comunistas y anarquistas. Además, comienza a discutirse seriamente sobre la laicidad del estado y la libertad de culto, de conciencia y de otros tipos. Y la iglesia tiene que hacer frente a todos estos cambios, y a otros asuntos más.

Los primeros Papas del siglo XIX habían sido moderadamente “progresistas” en algunos de estos aspectos, pero entonces, el 2 de febrero de 1831, Bartolomeo Alberto Cappellari es nombrado Papa con el nombre de Gregorio XVI:

Su elección fu larga y difícil, ya que el candidato preferido, Giacomo Giustiniani, había sido vetado por el absolutista Fernando VII de España, que le culpaba de instigar las revoluciones liberales de los años anteriores. Gregorio XVI demostró ser un Papa mucho más próximo a la ideología ultraautoritaria de Fernando VII, llevando a cabo una política ultraconservadora, atacando la libertad religiosa, la separación entre iglesia y estado y las injerencias de los estados en los nombramientos de las jerarquías eclesiásticas de sus correspondientes territorios. Rompió así relaciones diplomáticas con Portugal (apoyando al absolutista Miguel frente a su sobrina, la Reina María II) y con España (dónde apoyaba al bando absolutista Carlista frente a Isabel II), también con Prusia por los matrimonios mixtos y con Rusia por la persecución a los católicos rutenos. Únicamente en su lucha contra la esclavitud se movió en posiciones menos conservadoras. Sus 15 años de papado parecerían más propios del siglo XVII que del momento en el que se encontraba.

A la muerte de Gregorio XVI, fue elegido para sucederle Giovanni Maria Mastai Ferretti, que eligió como nombre Pío IX (el de los piononos tan ricos de Granada):

Sus comienzos fueron de corte más o menos liberal, permitiendo una mayor participación ciudadana en la política de los Estados Pontificios o suprimiendo el gueto judío de Roma, para lo cual tuvo que luchar contra la conservadora Curia Romana. Pero al estallar la revolución de 1848 e instaurarse la república en Roma, que obliga al Papa a huir a Gaeta y pedir ayuda a las potencias extranjeras, su inicial progresismo mutó a un conservadurismo propio de su predecesor Gregorio XVI. Entre sus principales acciones se encuentra la aprobación del Syllabus, un documento de 80 puntos que condena algunas de las ideologías del momento, como la libertad de culto y de conciencia, la masonería y las sociedades secretas, la separación entre iglesia y estado o el racionalismo, afirmando que el Papado es incompatible con las ideas del mundo moderno. En la encíclica asociada a este documento, la Quarta Cura de 1864 condena el socialismo y el liberalismo económico. Logra también la desaparición del jansenismo, considerado por muchos como un catolicismo calvinizado. De hecho, en 1869 convoca el Concilio Vaticano I, que no llega a terminar, en el que se condena el galicanismo (doctrina francesa la autonomía de la iglesia nacional francesa con respecto al papa) y el racionalismo de Descartes, y se confirma la infalibilidad papal, aumentando así su poder, que veía en peligro con la expansión de Victor Manuel II, que ya había conquistado buena parte de los territorios de los Estados Pontificios y que concluirá el 20 de septiembre de 1870 con la toma de Roma, lo que obliga a concluir sin terminar el Concilio. El Papa se encierra en los palacios Vaticanos, impidiendo la participación de los católicos en la vida política italiana (lo que suponía no reconocer la legitimidad del estado italiano, que le había arrebatado al Papa su “poder temporal”, su poder político sobre cierto territorio, poder que no se recuperará hasta los Pactos de Letrán de 1929 que firman Benito Mussolini u el papa Pío XI y que reconocen la independencia de Ciudad del Vaticano como un microestado). Pío IX muere en 1878 tras 31 años de papado, el más largo del que haya constancia.

Vincenzo Gioacchino Raffaele Luigi Pecci fue elegido Papa a continuación, adoptando el nombre de León XIII:

La política de este Papa (y por tanto la del Cardenal Rampolla, que fue su secretario de estado) fue muy distinta a la de su predecesor (exceptuando en el tema italiano, en el que León XIII mantuvo sus reclamaciones sobre la soberanía papal en los Estados Pontificios). Destaca su encíclica Rerum Novarum de 1891, considerada la primera encíclica social de la iglesia. En ella defiende la propiedad frente al socialismo, pero condena el capitalismo y a las élites que se enriquecen a costa de las clases obreras, que deben tener unos salarios y condiciones laborales dignas, defendidas por el estado. Promueve además la creación de sindicatos católicos, impulsando así el catolicismo social que ya había cobrado importancia en Alemania durante el papado de Pío IX. Por otra parte, durante su papado tiene lugar la reconciliación del papado con numerosos estados (Alemania, Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, España), destacando especialmente el caso francés, reconociendo la Tercera república (en la que tuvo gran importancia la labor del Cardenal Rampolla), algo que al sector más conservador de la iglesia francesa no le gustó nada…

Cuando León XIII fue elegido Papa contaba con 68 años, por lo que no se esperaba un papado especialmente largo, pero para sorpresa de todos, vivió hasta los 93 años, por lo que, con 25 años de papado, el suyo fue hasta el momento el segundo más largo tras el de su antecesor Pío IX (superado posteriormente por el de Juan Pablo II, el que beatificó a Pío IX). Y en el posterior cónclave para elegir a su sucesor, el Cardenal Rampolla era el gran favorito.

Es bien sabido que quien entra Papa en un cónclave sale cardenal, y eso era evidente en el caso del Cardenal Rampolla, que contaba con muchos enemigos entre el sector más conservador de la iglesia (empezando por la Action française, movimiento de extrema derecha que nunca perdonó a León XIII y al Cardenal Rampolla el reconocimiento de la tercera república). Pero tampoco había en ese momento un rival que pudiera hacerle frente a Rampolla: el patriarca de Venecia, Giuseppe Melchiorre Sarto, el cardenal Serafino Vannutelli, visto con buenos ojos por el sector austriaco, y, sobre todo, Girolamo Maria Gotti, Prefecto de la Congregación para la propagación de la fe, de perfil conservador pero considerado un buen administrador.

El primer escrutinio dio como ganador al Cardenal Rampolla, con 24 votos, frente a los 17 de Gotti, los 5 de Sarto y los 4 de Vannutelli (y otros 12 votos para diferentes candidatos que sumaron uno o dos votos). Con un resultado insuficiente, comienzan los movimientos para recabar más votos.

En la segunda votación, ese mismo día (1 de agosto de 1903), el Cardenal Rampolla aumenta a 29 los votos conseguidos. Gotti pierden uno, logrando 16, mientras Sarto duplica y sube a 10. Vannutelli, con un único voto, desaparece de las opciones de papables.

Gotti ha perdido un voto, lo que le hace cada vez menos papable. Los rivales de Martelli tendrán que buscar otro nombre para hacerle frente. Algunos de los partidarios de Gotti ya habían pasado a apoyar a Sarto, por temor a una posible victoria de Rampolla.

Pero el 2 de agosto, cuando se va a producir la 3ª votación, aparece el cardenal arzobispo de Cracovia, Jan Puzyna de Kosielsko, con el veto al Cardenal Rampolla por parte de Francisco José I de Austria. El cardenal había esperado hasta ese momento para conseguir evitar el nombramiento de Rampolla antes de que fuera demasiado tarde. Este veto lo tenían concedido los reyes de España y Francia, así como el Emperador del Sacro Imperio (siendo sustituido por el Emperador de Austria). ¿Por qué motivo vetaba el emperador a Rampolla? Probablemente porque lo veía demasiado pro-francés y anti-austriaco, por su perfil progresista frente a un emperador ultraconservador, o incluso por las acusaciones de su pertenencia a la masonería; pero al parecer había también un motivo de carácter personal: tras la misteriosa muerte del archiduque Rodolfo (tema que ya tratamos en este post), al parecer el Cardenal Rampolla se opuso a que el Archiduque fuera enterrado en suelo sagrado (en la cripta de los Habsburgo) por su condición de suicida, algo que el Emperador no le perdonó (pese a que las conclusiones de la investigación del Vaticano permitieran que el Archiduque fuera enterrado en la cripta).

El veto no gustó nada a los demás cardenales: el secretario del cónclave, Rafael Merry del Val, tiró el papel al suelo, obligando a Puzyna a recogerlo. Pero el daño ya estaba hecho.

En esta tercera votación, el Cardenal Rampolla mantiene sus 29 votos: no consigue ganar ninguno más. Sus posibilidades se agotan. Emerge por el contrario Sarto, que con 21 votos arrebata a Gotti el segundo puesto; Gotti baja hasta los 9 votos, mientras otros 3 cardenales consiguen un voto cada uno.

En la cuarta votación, el mismo 2 de agosto, el Cardenal Rampolla obtiene 30 votos (uno más), mientras Sarto le pisa los talones con 24 y Gotti se desploma hasta los 3. De los 3 cardenales que consiguieron un voto en la anterior votación, uno mantiene el voto y los otros dos llegan a dos cada uno.

Está claro que el Cardenal Rampolla tiene demasiados enemigos, demasiados cardenales que no quieren verle como Papa, y sólo faltaba unir esos votos contrarios en la figura de otro posible candidato. Y las 4 votaciones han demostrado que ese candidato es Sarto, que en la quinta votación se pone ya en cabeza con 27 votos, 3 más que Rampolla. Finalmente, la mañana del 4 de agosto, en la 7ª votación, Sarto consigue 50 votos (frente a 10 de los incondicionales de Rampolla) y es proclamado Papa con el nombre de Pío X:

La primera decisión de Pío X es suprimir el derecho a veto de los gobernadores seglares. Pero con ese nombre ya nos podemos imaginar por dónde van los tiros: su ideología es mucho más próxima a la de Pío IX que a la de León XIII: un papa populista, pero ultra conservador, que hará lo posible por alejar al Cardenal Rampolla del poder. Le da un cargo menor, como Prefecto de la Congregación para el mantenimiento de la Fábrica de la Basílica de San Pedro (nombre rimbombante donde los haya que sirve no sé para qué). No será hasta 1908 que le dé un puesto más importante, como secretario de la congregación del Santo Oficio, y en 1912 como archivista y bibliotecario de la iglesia.

El Cardenal Rampolla murió el 16 de diciembre de 1913 en Roma, a los 70 años, siendo sepultado en la iglesia de Santa Cecilia in Trastevere, de la que fue titular como cardenal y de la que vemos su tumba:

Una prueba de la animadversión de Pío X hacia el Cardenal Rampolla la sufrió quien fuera su secretario, Giacomo della Chiesa, que fue nombrado por el Papa Arzobispo de Bolonia en 1907 (en presencia del propio Cardenal Rampolla). Este puesto iba siempre acompañado del nombramiento cardenalicio, pero Pío X se negó a otorgárselo hasta la muerte del Cardenal Rampolla, consiguiendo el nombramiento el 25 de mayo de 1914; Pío X no quería dos Rampolla en su colegio cardenalicio, ya que consideraba a della Chiesa muy próximo a Rampolla. Eso sí, de poco le sirvió a Pío X (que fue el más reciente Papa canonizado hasta las recientes canonizaciones de Juan XXIII y Juan Pablo II), ya que, a su muerte, ese mismo año, della Chiesa será su sucesor con el nombre de Benedicto XV. Pero esa ya es otra historia que trataremos en su momento.

El caso del Cardenal Rampolla nos permite de alguna forma ver las guerras en ocasiones bastante sucias por el poder que hay en el seno de la iglesia católica en su pugna entre conservadores y progresistas, pugna que hoy día sigue de actualidad y que veremos en qué desemboca. En todo caso, este repaso a la historia del Vaticano nos permite comprender mejor estos conflictos.



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