Archivo de la categoría: Historia

500 años de la muerte de Leonardo da Vinci (02-05-2019)

Pese a ser considerado (merecidamente, sin duda) uno de los grandes genios de la historia de la humanidad, el gran público identifica el nombre de Leonardo da Vinci con su obra más famosa, La Gioconda (también conocida como Mona Lisa), ese pequeño retrato ante el que se agolpan multitudes de turistas en el Museo del Louvre y al que resulta imposible acercarse por tanta gente que lo rodea. Pero la obra de Leonardo es sin duda mucho más que este famoso retrato. La repasamos con motivo del quinto centenario de su muerte.

Como hijo bastardo del diplomático Piero Fruosino di Antonio, el nombre completo de Leonardo da Vinci resulta un tanto complicado, siendo el más correcto Leonardo di ser Piero da Vinci, haciendo referencia a su padre y a su presunto lugar de nacimiento, el pueblo de Vinci, cercano a Florencia. A pesar de encontrarse prometido con una noble florentina, Piero había tenido una relación con la campesina Caterina di Meo Lippi, y de esta relación nace Leonardo el 15 de abril de 1452. 

Su padre nunca lo legitimó, aunque fue criado por su familia paterna, y llegó a tener buena relación con alguna de las esposas de su padre (se casó 4 veces y tuvo más de una decena de hijos legítimos). Su abuelo paterno se encargó de que su madre tuviera una dote suficiente para que se pudiera casar, y se encargó de darle una cierta educación al niño, mientras que parece que fue su abuela, ceramista, la que introdujo al pequeño en el mundo del arte. Viendo su talento como dibujante, su padre le enseñó algunos de sus dibujos al artista Andrea del Verrocchio, quien, viendo el talento del pequeño, aceptó enseñarle en su taller. Tanto Piero como Leonardo estuvieron al parecer de acuerdo, y Leonardo entro como aprendiz de Verrocchio.

Verrocchio era pintos, aunque destacó más aún como escultor. Leonardo aprendió con él ambas artes, además de otras disciplinas como metalurgia o carpintería. Viendo su talento, Verrocchio acepta que Leonardo termine algunas de sus obras. El caso más significativo lo encontramos en el “Bautismo de Cristo” que pintó Verrocchio hacia 1472, en el que Leonardo se encargó de pintar los dos ángeles de la parte inferior izquierda, destacando su delicado dibujo frente al feismo de su maestro:

Ya en 1472 el nombre de Leonardo da Vinci se encuentra inscrito en el Gremio de San Lucas, gremio de los artistas de Florencia, por la que ya tiene el estatus de artista, si bien continúa trabajando para Verrocchio hasta 1478. En torno a 1476 pinta su primera gran obra en solitario (si bien es difícil asegurar este dato por la atribución discutida de otras obras), la Virgen del clavel, en la que destaca tanto el tratamiento del cabello de la virgen como el paisaje que aparece tras las ventanas, con su característico sfumato:

Ese mismo año se recibe una acusación anónima de sodomía sobre él, aunque la falta de pruebas no permite que sea llevado a juicio. La disputa sobre la condición sexual de Leonardo continúa a día de hoy. 

En torno al año 1481, Leonardo da Vinci recibe el encargo por parte del Monasterio de San Donato de Scopeto de pintar un cuadro, con tema de la adoración de los magos. Leonardo toma como modelo el cuadro con el mismo tema de Botticelli, pero no llega a concluirlo, ya que se traslada a Milán. Se conserva el dibujo sin color, siendo Filippino Lippi el encargado de pintar una nueva obra para el monasterio. 

Leonardo marcha a Milán en 1482, probablemente decepcionado por no haber sido llamado por el Papa para participar en la decoración de los frescos de las paredes de la capilla sixtina, en la que estaban trabajando entre otros Botticelli, perugino o Ghirlandaio. Leonardo da Vinci no era todavía visto como un artista de similar categoría. En Milán Leonardo encuentra un ambiente más abierto que en la neoplatónica Florencia, lo que le permite desarrollar mejor sus experimentos. 

En Milán recibe su primer encargo para pintar la pala central de un retablo para la iglesia de San Francisco el Grande. El resultado es la primera versión de “La virgen de las rocas”, actualmente en el Louvre, en la que destacan la posición piramidal de las figuras y el paisaje rocoso del fondo, con la técnica del sfumato:

En Milán, bajo el mecenazgo de Ludovico Sforza, Leonardo da Vinci trabaja como ingeniero, orfebre e incluso escultor, diseñando una estatua ecuestre de Francesco I Sforza que nunca llegó a ser realizada. En el ámbito de la pintura, destaca La dama del armiño, retrato de Cecilia Gallerani, amante de Ludovico y amiga de Leonardo:

En torno a 1494, Leonardo da Vinci recibe el que será su encargo más importante de esta primera estancia en Milán: el convento dominico de Santa Maria delle Grazie le solicita la realización de un fresco. El tema elegido es La última cena. Pero Leonardo se aparta de las representaciones habituales de este tema, eligiendo el momento en el que Jesús informa a los 12 que uno de ellos le traicionará. Por ello, los apóstoles están agrupados a su derecha e izquierda, sin separar a Judas del resto, mientras que la figura de Jesús destaca en el centro en una composición piramidal que atrae la atención hacia su figura:

Problemas políticos (la invasión francesa del Milanesado y la posterior vuelta de los Sforza) provocan que Leonardo, acompañado de su discípulo y ayudante Salai (Gian Giacomo Capratti da Oreno, a su servicio desde 1490), huya en dirección a Venecia, donde trabajará en proyectos de ingeniería para la defensa de la ciudad. 

Su siguiente pintura remarcable es la Virgen de la rueca, pintada por encargo del secretario de estado del Rey Luis XII de Francia, posiblemente durante una estancia en Florencia. Destaca de nuevo en la obra el sfumato y ese fondo de un valle rodeado de rocas:

Trabaja en esta época en labores de ingeniería civil y militar, primero al servicio de los Borgia y luego en Florencia, donde además pinta el fresco La batalla de Anghiari, hoy desaparecido. 

En torno a 1503 comienza a trabajar en el retrato de una noble florentina, Lisa Gherardini, en el que siguió realizando retoques hasta el final de su vida. La obra en cuestión es La Gioconda o Mona Lisa, la pintura más famosa de Leonardo da Vinci y la mejor demostración que hizo de su técnica de sfumato:

Leonardo da Vinci regresa a Milán, donde estará al servicio de Maximiliano Sforza primero y de Luis XII de Francia después. En esta época instruye a algunos aprendices y se dedica a realizar estudios científicos, además de seguir trabajando como ingeniero militar. En medio de las disputas entre Florencia y Francia, pinto La virgen, el niño Jesús y Santa Ana probablemente para la basílica de la Annunziata florentina:

También de esta época es otra pintura que originalmente debía representar a un San Juan Bautista en el desierto, pero que tiempo después fue modificado para convertirlo en un Baco, en el que se observa el desarrollo del estudio anatómico realizado durante muchos años por Leonardo, en la difícil postura del personaje:

En 1513, Leonardo da Vinci se traslada a Roma, donde es Papa León X, en realidad el florentino Giovanni de Medici, pero se decepciona al no ser contratado ni para realizar pinturas ni para obras de ingeniería. 

En torno a esta fecha pinta su última gran obra, un San Juan Bautista en el que retrata a su discípulo Salai, obra que resulta un tanto misteriosa al no saberse qué momento representa:

A través del Papa, Leonardo da Vinci conoce a Francisco I de Francia, quien lo llama a su servicio. El Rey instala a Leonardo el el castillo de Clos-Lucé, en la ciudad de Amboise, donde realiza labores de ingeniería, pero no parece que pinte ninguna obra nueva, si bien sigue retocando su Gioconda. En su retiro francés le acompaña su nuevo discípulo, Francesco Melzi. 

Enfermo, redacta testamento en abril de 1519, legando la mayor parte de su obra a Melzi. Muere a los 67 años el 2 de mayo de ese mismo año, siendo enterrado en el Castillo de Amboise, estando su tumba en la actualidasd en la capilla de Saint-Hubert:

Tumba de Leonardo da Vinci

Por desgracia, a su muerte comienza a perderse la pista de su obra, en especial todo lo que había escrito sobre muy diversos campos que fueron de su interés, siendo tal polivalencia un buen ejemplo del humanismo de la época. Con Leonardo da Vinci desaparecía un estudioso, pero también uno de los pintores más importantes y relevantes de la historia. 

Centenario del asesinato de Rosa Luxemburgo (15-01-2019)

En los últimos años cada vez se escucha más esa frase de que “Quien no conoce su pasado está condenado a repetirlo”, y más en vista del auge de la extrema derecha en tantos rincones del mundo. Ese riesgo a repetir algunos de los mayores desastres de la historia humana hace necesario el recuerdo de algunos ilustres personajes históricos que nos ayudan a entender diversos fenómenos que todavía seguimos observando. Por eso hoy, en el centenario de su asesinato, recordamos a Rosa Luxemburgo.

Aunque el nombre de Rosa Luxemburgo (españolización del nombre con el que era conocida en Alemania) nos resulta en general bastante familiar, si bien su figura es poco conocida, quizá por resultar demasiado incómoda, tanto para la derecha como para la mayor parte de la izquierda, tanto socialdemócratas como leninistas. Y es por ello por lo que su figura resulta tan interesante y tan digna de ser recordada.

Si bien es cierto que su figura se asocia a Alemania, Rosa Luxemburgo era en realidad polaca de origen judío. Su nombre polaco era Róza Luksemburg, y nació el 5 de marzo de 1871 en Zamosc, cerca de Lublin, en lo que actualmente es el este de Polonia, cerca de la frontera ucraniana, pero que en aquella época estaba bajo el control de Imperio Ruso. Era la menor de los 5 hijos de la familia, en la que su padre destacaba por sus ideas liberales. En 1873 la familia se traslada a Varsovia, y allí, con 5 años, una enfermedad de cadera le obliga a estar postrada en la cama, lo que le causará una cojera permanente de por vida.

La familia hablaba tanto polaco como alemán, y Rosa además habla ruso. Ya en 1886 se afilia al Partido Proletario Polaco, y participa en la organización de una huelga general que es duramente reprimida: varios líderes del partido son ejecutados, y el resto se reagrupa en la clandestinidad.

Graduada en 1887, en 1889 huye a Suiza para no ser detenida. Allí estudia en la universidad de Zurich filosofía, historia, política, economía y matemáticas. En 1897 presenta su tesis doctoral, que lleva como tema “El desarrollo industrial de Polonia”, siendo una de las pocas mujeres en alcanzar el doctora en Suiza en aquel momento.

Mientras, en 1893 había fundado junto a Leo Jogiches (judío-lituano que estaba también estudiando en Suiza) y el comunista polaco Julian Marchlewski el periódico “La causa de los trabajadores” y el partid político Socialdemocracia del Reino de Polonia (en 1900 se sumará Lituania), que se opone al hasta entonces existente Partido Socialista de Polonia: en aquella época, los polacos luchaban por su independencia del Imperio Ruso, algo que defendía el Partido Socialista de Polonia. Por el contrario, Rosa Luxemburgo se oponía al nacionalismo, ya que lo considera contrario a la internacional socialista; la prioridad es la lucha contra el capitalismo, no la independencia. Esta visión la enemistará tiempo después con Lenin.

Si bien fue durante toda su vida una activa activista política de Polonia y un referente entre los comunistas de ese país, ella desea instalarse en Alemania, en Berlín, céntrico lugar para la lucha de partidos que se da en la época, pero no tiene forma de obtener la ciudadanía, hasta que en 1897 se casa con Gustav Lübeck, el hijo de un viejo amigo, en el que fue más bien un matrimonio de conveniencia: ella obtenía la nacionalidad alemana, pero la pareja no convivió, y se divorciaron 5 años después.

En Berlín, gracias a su habilidad dialéctica, se convierte en un miembro destacado del ala más izquierdista del Partido Social demócrata, empezando por atacar la teoría revisionista de Eduard Bernstein, al defender que la liberación de las clases obreras sólo se podrá conseguir a través de la revolución, y no de la política. Mientras, entabla amistad con otra destacada líder socialista, Clara Zetkin, con cuyo hijo, Kostja, entabla un romance que durará de 1907 a 1915.

Por aquellos años, Rosa Luxemburgo sufrió 3 encarcelamientos: el primero, en 1904, en Alemania, por hacer propaganda contra los proyectos militaristas alemanes, a los que se oponía fervientemente. En 1905 se traslada a Varsovia durante la Revolución de 1905, y pasa algunos meses en prisión en 1906. Y, de vuelta a Alemania, vuelve a ser encarcelada por ese viaje a Rusia.

Rosa Luxemburgo fue una de las primeras en darse cuenta de la equivocación de Marx sobre el capital industrial, al darse cuenta de que el capital provenía del imperialismo, que recurre a las guerras para nivelar la balanza de pagos entre países. Por ello se opone a cualquier plan de guerra, y critica el militarismo creciente del país. Por ello, en la Internacional Socialista de 1907 de Stuttgart presenta una resolución para que todos los partidos socialistas europeos, resolución que es aprobada.

Durante este periodo, Rosa Luxemburgo enseña Marxismo en el centro de entrenamiento del Partido Socialdemócrata en Berlín, contándose entre sus alumnos Friedrich Ebert, futuro presidente de la República de Weimar y autor directo de su muerte.

El imperialismo alemán tiene cada vez de forma más evidente la guerra como último fin. Conscientes de ello, numerosos dirigentes socialistas europeos se reúnen en París en 1912. Allí encontrará como aliado a Jean Jaurès, que defiende, al igual que ella, la convocatoria de una huelga general obrera en Europa en caso de estallar la guerra. Pero ambos se darán de bruces con la dura realidad: al estallar la guerra, el nacionalismo puede más que la lucha de clases, y tanto los socialdemócratas alemanes como los republicanos franceses corren a apoyar la guerra. Jaurès lo paga con su vida; Rosa Luxemburgo, con un nuevo encarcelamiento, al llamar a la objeción de conciencia para no apoyar la guerra. El revisionismo contra el que había luchado toda su vida había ganado la partida.

Pese al desánimo que sufre a causa de tantas decepciones, su actividad política no cesa, y en 1916 es una de las fundadoras de la Liga Espartaquista, junto a Clara Zetkin, Franz Mehring y Karl Liebknecht. Toman su nombre de Espartaco, el gladiador tracio que inició una revolución fallida contra el Imperio Romano. Critican el apoyo socialdemócrata a la guerra y su tregua con el gobierno derechista del Kaiser.

Estando en prisión, criticará la revolución rusa por diferentes motivos: lo que un principio era una revolución proletaria que podría extenderse a otros países y detener la guerra, se queda sólo en una revolución nacional. Además, los modelos dictatoriales bolcheviques no son de su agrado, defendiendo siempre la democracia como forma política del régimen comunista.

La liga se une en 1917 al Partido Socialdemócrata independiente de Alemania, formado por miembros contrarios a la guerra del partido socialdemócrata. Este partido formará una coalición con los socialdemócratas para formar gobierno tras la abdicación del Kaiser y el final de la Guerra. Friedrich Ebert, líder socialdemócrata, será el presidente:

Liberada de prisión en noviembre de 1918, al igual de Karl Liebknecht, reagrupa a los espartaquistas y solicita la amnistía para los presos políticos y la abolición de la pena de muerte (cuántos años tardará Alemania en aplicar esta medida…), sin éxito.

En Alemania se respira un ambiente revolucionario que está imitando el sistema de soviets ruso. Además, la coalición de gobierno se rompe a finales de diciembre, al no aceptar los comunistas las cesiones capitalistas del nuevo gobierno. Fundan entonces el Partido Comunista Alemán.

En enero estalla una nueva revolución, pese a que ni Luxemburgo ni Liebknecht la ven con buenos ojos. Pero ya era demasiado tarde: Ebert teme la inestabilidad política y el éxito de la revolución, así que llama a los Freikorps, organizaciones militares filofascistas que en algunos casos terminarían años después formando parte de las SA nazis, para detener la revuelta (la “izquierda buscando la ayuda de la extrema derecha para frenar la revolución proletaria… ¿cuándo se habrá visto algo así? Luego ya sabemos los intereses que persiguen). El 15 de enero, estos Freikorps detienen tanto a Rosa Luxemburgo como a Karl Liebknecht, principales líderes comunistas:

Ambos fueron asesinados ese mismo día. El futuro almirante Wilhel Canaris (alto mando nazi ejecutado por su participación en la Operación Valkyria contra Hitler) estuvo detrás de dichos atentados. Rosa Luxemburgo tenía 47 años.

Idealista que chocó demasiadas veces contra la cruda realidad, Rosa Luxemburgo se enfrentó a los revisionistas, que degenerarán en los conformistas socialdemócratas capitalistas de Europa, mientras critica por igual a la recién formada Rusia comunista, tanto por su inclinación meramente nacional, opuesta a la ideología universal que defendía, como por su carácter dictatorial, defendiendo ella un modelo de comunismo dentro de un sistema democrático, si bien no podía llegarse a dicho sistema por vías democráticas, sino revolucionarias. Quizá ese pensamiento tan particular, tan alejado de los principales esquemas políticos de la época y actuales, haga su figura tan interesante para ser estudiada y recordada en la actualidad.

40 años de la muerte de Juan Pablo I (28-09-2018)


Conocemos con la denominación de “año de los 3 Papas” a aquel año en el que, por la prematura muerte de un Papa electo ese mismo año, hay tres personas diferentes que ocupan el cargo, muriendo dos ese mismo año y siendo nombradas otras dos. Este suceso, habitual en torno al año 1.000 (en la época de la Pornocracia en especial), y también en el renacimiento, era desconocido en la historia moderna hasta el año 1978, en el que el mundo se sorprendió con la inesperada desaparición del recién nombrado Juan Pablo I.




La vida de Albino Luciani, nombre de nacimiento del Papa, no reviste gran interés. Nacido en el seno de una familia pobre el 17 de octubre de 1912 en el norte de Lombardía, su vocación religiosa se potencia gracias a su madrastras (su madre murió cuando él contaba 10 años). Estudia teología en la Universidad Pontificia y en 1959 es nombrado Obispo, en concreto de la diócesis de Vittorio Veneto, por el Papa Juan XXIII.

Permanecerá en este cargo hasta 1969, cuando el Papa Pablo VI le nombra Patriarca de Venecia, un puesto de mucha mayor envergadura (en el siglo XX había habido dos Papas que habían sido previamente Patriarcas venecianos: Pío X y Juan XXIII), además de nombrarlo cardenal en 1973.

El 6 de agosto de 1978 muere el Papa Pablo VI, enfermo, a los 80 años. El 25 de agosto comienza el cónclave para elegir a sus sucesor, que será inusualmente breve, de apenas 2 días de duración.

Pablo Vi había sido un Papa fundamentalmente burócrata, de perfil intelectual, más alejado de la gente. Se buscaba que el nuevo Papa tuviera un perfil más cercano, siguiendo el modelo de Juan XXIII. Y, por supuesto, el Papa tenía que ser italiano. Así, hay dos candidatos más o menos serios a ser el nuevo elegido: Sergio Pignedoli, con cargos en la curia, por parte del sector progresista, y Giuseppe Siri, el Arzobispo de Génova, por parte del sector conservador.

Conviene conocer un poquito, en todo caso, el perfil de Siri, personaje muy influyente en la historia de la iglesia del siglo XX. Muy cercano a Pío XII, fue considerado por muchos como su perfecto sucesor, pero en el cónclave de 1958, los cardenales se mostraron hartos de la gestión del Papa, echando la culpa al propio Siri. Aún así, hay quien llega a sugerir que Siri fue efectivamente elegido Papa en dicho concilio, eligiendo el nombre de Gregorio XVII (una elección que en todo caso resultaba más que obvia: Gregorio XVI había sido el Papa más retrógrado del siglo XIX, y el perfil de Siri era en este sentido muy similar), si bien el temor a que los comunistas de Europa del Este atacaran con más fuerza a los católicos si Siri era elegido llevó a que los cardenales del este de Europa le presionaran para rehusar el nombramiento. Esta leyenda surge debido a que inicialmente pareció verse una fumata blanca, que a los minutos demostró ser negra, ya que no hay ninguna evidencia de que estos hechos fueran reales, y el propio Siri nunca los confirmó.

En todo casi, Siri encabezó el sector conservador en el Concilio Vaticano II, en oposición al Papa Juan XXIII, aliado de Marcel Lefebvre, quien romperá con el papado tras la finalización de dicho concilio, pese a que, tras la muerte de Juan XXIII, sus pretendidas reformas quedaran un tanto apagadas por su sucesor, Pablo VI.

Siri, que tendría como principal labor suprimir las reformas de dicho concilio, era el candidato favorito de la curia y de los cardenales conservadores. Quizá por ello, algunos candidatos progresistas, de entre los que destaca el arzobispo de Florencia, Giovanni Benelli, optan por apoyar a Luciani, si bien en la primera votación es superado por Siri. Las cosas parece que cambian en la segunda votación, cuando Luciani pasa a estar en cabeza. Asumiendo la derrota conservadora, Luciani sale elegido en la 4ª votación.

Como es tradición, el nuevo Papa debe elegir un nombre para su nuevo puesto. Luciani hace algo inédito: no sólo elige un nombre hasta entonces inédito en el papado, sino que elige un nombre compuesto, Juan Pablo, recordando al Papa que le nombró Obispo, Juan XXIII, y al que le nombró cardenal, Pablo VI, que eran sus dos inmediatos antecesores en el cargo. Además, incorpora el numeral al nombre, siendo desde el principio Juan Pablo I.

Juan Pablo I asombra al mundo pos su simpatía y su sencillez. Hábil escritor, es también un buen comunicador, y transmite una imagen de iglesia abierta a los nuevos tiempos. Tiene la idea de escribir una encíclica que fortalezca las reformas del concilio Vaticano II. Pero no podrá llevar a cabo ninguna reforma que no sean meras medidas de carácter personal.

El 28 de septiembre, después de 33 días como Papa, Juan Pablo I aparece muerto en sus aposentos. Fuentes oficiales sostienen que ha sufrido un repentino infarto, pero se niegan a realizar una autopsia. El Papa contaba con 66 años, todavía razonablemente joven. Fue enterrado en las Grutas Vaticanas:

Confusiones sobre los datos aportados en seguida dan lugar a especulaciones. ¿Quién encontró el cuerpo? Primero se dijo que fue su secretario, luego se descubrió que fue una mujer del servicio. ¿Dónde apareció su cuerpo? ¿En la cama, en el escritorio o en el baño? ¿Cuál era su estado de salud?

Demasiadas contradicciones. La afirmación de que las leyes pontificias impiden la realización de una autopsia es falsa. Los médicos consultados por los cardenales se inclinaron por la hipótesis del infarto. Entonces, ¿por qué hay quien sostiene otras teorías?

En primer lugar, las dudas sobre el estado de salud de Juan Pablo I no ayudan. Si tenía problemas de salud, su muerte quizá no fuera tan sorprendente, y probablemente la enorme carga de trabajo que tuvo que afrontar de golpe con la llegada al papado le afectó negativamente. Si, por el contrario, su estado de salud era razonablemente bueno, incluso en los días previos a su muerte, ésta resultaría mucho más sospechosa.

Las prisas para realizar el embalsamamiento del cuerpo, contaminando de esta forma cualquier posible autopsia posterior, son otro factor que puede hacernos intuir que la curia quería “tapar” algo.

Luciani también tenía enemigos por todos lados. Sus críticas al comunismo le trajeron enemistades por el sector izquierdista de la iglesia, mientras que su condena del capitalismo le atraía enemistades por la derecha. En asuntos doctrinales tampoco terminaba de encajar en ninguno de los dos sectores. Italia era por aquellos años un país sumamente revuelto: ese mismo año había diso asesinado el primer ministro Aldo Moro, democristiano, mientras que el mismo día de la muerte del Papa era asesinado en Roma el joven comunista Ivo Zini, algo de lo que Juan pablo I tuvo conocimiento, lo que al parecer le afectó.

Pero quizá el asunto más turbio en torno al Papa tiene que ver con asuntos más “materiales”, con lo que mueve el mundo: el dinero. En concreto, con la Banca Vaticana.

Este asunto vendría de lejos: siendo Patriarca de Venecia, se enteró de que el presidente del Banco Vaticano, el arzobispo Paul Marcinkus, vendió a la Banca Ambrosiana un banco católico del Véneto sin consultar a los Obispos correspondientes, de los cuáles él mismo era el superior. Se enfrentó a Marcinkus por este asunto, llegando a acudir al Papa, aunque sin resultado.

Siendo ya Papa, Juan Pablo I tuvo otra reunión con Marcinkus de la que se desconocen los detalles, pero bien podría haber sido tan tensa como la anterior. No es descabellado pensar que Luciani querría destituir a Marcinkus de su puesto, lo que podría haber destapado todas las mafias de blanqueo de capitales que afectaban a la Banca Vaticana. Había muchos intereses en juego, y no es extraño que, de haber sido así, muchas personas quisieran la cabeza del papa, alguien que predicaba la pobreza eclesiástica incluso con el ejemplo (su ceremonia de nombramiento fue bastante más sencilla de lo normal). Juan Pablo I bien podría haber sido envenenado, como sugieren algunos investigadores, y como aparece en la tercera entrega de “El padrino”.

Hay pocas posibilidades de que conozcamos qué sucedió realmente con “el Papa de la sonrisa”, el más fugaz de todo el siglo XX. Las prisas y los intentos de ocultación sólo contribuyen a aumentar las sospechas. En todo caso, habría sido interesante ver por qué caminos se dirigía su papado, en un periodo de cambios e incógnitas, lo que nos permite hacer más ejercicios de historia-ficción.



100 años del asesinato de la Familia Real Rusa (17-07-2018)


Antes de nada, en este post hablamos del asesinato de la Familia Real Rusa; asesinato, y no ejecución, ya que ningún miembro de la familia fue sometido a juicio y condenado. Carlos I de Inglaterra, o Luis XVI de Francia fueron condenados por tribunales; nadie condenó a Nicolás II ni a ninguno de los miembros de la familia Romanov que fueron asesinados tanto el 17 de julio de 1918 como en otras fechas cercanas fue sometido a juicio.




No es esto un intento de defender la gestión política de Nicolás II como Zar, pero las aberraciones que se cometieron en esas fechas por algunos bolcheviques (no por todos, desde luego) atentan contra cualquier principio de justicia internacional, y como tales serán tratados.

Nicolás II Romanov no estaba preparado para ser emperador de Rusia, y carecía del carácter que su padre, Alejandro III, había manifestado. Alejandro había llegado al trono tras el asesinato de su padre, Alejandro II, que había seguido una política moderadamente liberal (tampoco exageremos en lo de liberal, sigue siendo un absolutista, pero tomó algunas medidas para favorecer a las clases bajas). Alejandro III, viendo que las políticas pseudo-liberales de su padre no habían servido de nada, giró hacia una política ultra-reaccionaria. Cuando Alejandro muere, en 1894, de forma prematura, a los 49 años, Nicolás tiene 26 y se siente incapaz de llevar el gobierno, por lo que se deja influenciar por diversas personas. El primero fue su tío Sergio (que además era su cuñado, al estar casado con la hermana de la Emperatriz Alexandra), personaje sumamente controvertido y con muchos enemigos tanto en el seno de la familia imperial como entre los partidos políticos.

Sigue el consejo de su pariente el kaiser Guillermo de ir a la Guerra contra Japón, que se salda con una desastrosa derrota. Por otro lado, la revolución de 1905 pone al Zar en una situación complicada: o cede a las presiones y concede una constitución a Rusia, o impone una dictadura real. Nicolás es partidario, por supuesto, de esta segunda opción, pero al carecer de apoyos, incluso entre sus propios parientes, finalmente accede a establecer una constitución y un parlamento, la Duma, que controlará para que sea fiel a sus intereses.

Nicolás II se había casado el 26 de noviembre de 1894 con Alejandra de Hesse, nieta de la reina Victoria del Reino Unido. En los siguientes años, la pareja tuvo 4 hijas: Olga, Tatiana, María y Anastasia. Pero, en aquella época, en Rusia imperaba la Ley sálica, que impedía el acceso al trono de las mujeres, por lo que la pareja ansiaba tener un heredero varón. Este llegará por fin el 12 de agosto de 1904, y será el zarevich Alexei:

Pero la pobre criatura, como tantos descendientes de Victoria, padece hemofilia, y tiene largos periodos de convalecencia. El ansiado heredero tiene una esperanza de vida bastante reducida, y sus desconsolados padres buscan ayuda. La Zarina Alejandra, en concreto, recurrirá al místico ruso Grigori Rasputín:

Rasputin, con sus presuntos poderes mágicos que curan al pequeño Alexei, va a dominar a la zarina, atrayéndose el odio de políticos y miembros de la casa real. Cuando, en 1911, el Primer Ministro Piotr Stolypin, principal sustento del Zar, es asesinado, Rasputín se encargará de buscar para sustituirle en el cargo a personas de su confianza.

Las cosas se han puesto ya muy feas para Nicolás, pero el remate será el inicio de la I Guerra Mundial y la entrada de Rusia en la Guerra, en la que el ejército ruso, tras un rápido avance, comenzará a perder terreno y a sufrir enormes bajas entre sus filas, de en torno a dos millones. Nicolás entonces decide ponerse al mando de las tropas, dejando la regencia en manos de su esposa, odiada por los rusos por su origen alemán, y de Rasputín, que cuenta con numerosos enemigos.

Rasputín hace y deshace en el gobierno a su antojo, hasta que miembros de la familia Real consiguen asesinarlo el 30 de diciembre de 1916. El vacío de poder y las derrotas militares en la Guerra llevan a la revolución de febrero de 1917. Tras ésta, en marzo, Nicolás decide abdicar en su hijo, pero su salud e inmadurez le hacen cambiar de opinión y abdica el 2 de marzo. La Rusia Imperial ha terminado.

En ese momento, la Duma está controlada por revolucionarios moderados, liderados por Aleksandr Kerensky:

La familia real al completo es recluida en el palacio real de Tsárskoye Seló, en la que conserva una serie de privilegios. La intención de Kerensky, que teme por la vida del Zar, es conseguir que algún país europeo lo acoja en su exilio, pero estos intentos fracasan. Así que en agosto Kerensky envía a la familia real a Tobolsk, en Siberia, zona pro-monárquica, en la que disfrutan de una considerable libertad. Pero Kerensky sabe que sus días frente al gobierno están contados, y con ello la vida del zar corre peligro.

Cuando, en octubre, el gobierno de Kerensly cae y los Soviets llegan al poder. Trotsky quiere juzgar al zar en Moscú, pero esta decisión no goza de mucha aceptación. En su lugar, en 1918 se traslada a la familia real a Ekaterimburg, ciudad marcadamente bolchevique. Allí son recluidos en la Casa Ipatiev:

Pero hay un problema: el ejército blanco, anticomunista, está cerca de la ciudad, y hay un serio riesgo de que esta caiga en sus manos. Los bolcheviques no pueden permitir que el Zar caiga en sus manos, ni tampoco ningún otro miembro de la familia real.

Las condiciones de vida de los Romanov empeoran considerablemente, en especial cuando caen bajo el control de Yákov Yurovski, El 29 de junio, el Soviet regional de los Urales decide que hay que ejecutar a la familia real. Se discute la necesidad de ejecutar a todos sus miembros; pero, como luego afirmaría Trotsky, se vieron perjudicados por la ley monárquica de la sucesión hereditaria, lo que les condenaba a todos a muerte.

Ante el avance del ejército blanco, el 16 de julio se decide que hay que llevar a cabo las ejecuciones cuanto antes, y Yurovsky comienza los preparativos de ésta. Un único acto de piedad: esa noche, Yurovsky comunica a la familia real que el ayudante del cocinero, Leonid Sednev, va a abandonar la casa al día siguiente para poder ver a su tío, que reclamaba verlo. Todo mentira, ya que su tío había sido ya ejecutado. Sednev tenía 15 años. La familia real, ignorando lo que sucedía, protestó, ya que Sednev era el único compañero de juegos con el que contaba el Zarevich Alexei. Pero, gracias a esta acción, Sednev salvó su vida.

Yurosvky recluta a los ejecutores (o mejor dicho, asesinos), aunque la labor no es fácil, ya que algunos se niegan a disparar a mujeres, y hay incluso soldados que se niegan a participar en el asesinato. Peter Ermakov, por el contrario, se muestra satisfecho de participar y suministra el camión que deberá trasladar los cuerpos para ser destruidos, ya que el asesinato de la Familia Real Rusa debe permanecer en secreto. El mismo día 7 llega la autorización desde Moscú para llevar a cabo los asesinatos. Que Lenin estuviera detrás de su aprobación todavía se discute.

Llega la medianoche entre el día 16 y el 17. Yurovsky ordena al médico de la familia, Eugene Botkin, que despierte a todos; la cercanía del ejército blanco les obliga a evacuarlos, por lo que deberán permanecer en una habitación del sótano de la casa esperando el transporte. En el sótano se reunieron, vestidos para el viaje (incluyendo joyas que las grandes duquesas habían escondido entre sus vestiduras) toda la familia real (con sus perros incluidos), el médico Botkin, el sirviente Alexei Trupp, el cocinero Ivan Kharitonov y la doncella de Alejandra, Anna Demidova. Al llegar a la estancia, Nicolás solicitó dos sillas, para su esposa y para su hijo, que estaba convaleciente tras un accidente. Sus deseos fueron cumplidos. La excusa es que se iban a tomar unas fotografías, por lo que todos se pusieron en posición. Lo que sucedió a continuación no es 100% seguro, dada la ausencia de registros oficiales, ya que se trató de una operación secreta.

Mientras, al lado de la habitación, los tiradores se preparaban para cumplir con el asesinato. Minitos después, Yurovsky entra en la habitación e informa a Nicolás que el Soviet de los Urales ha decidido su ejecución. Nicolás es incapaz de reaccionar, no se lo cree, se gira hacia su familia y luego vuelve a mirar a Yurovsky, que repite la orden y dispara al ex-Zar en el pecho. Mientras, Ermakov dispara en la cabeza a la Zarina, y el resto de ejecutores comienzan una ráfaga de disparos, al azar, que llenan la habitación de polvo, imposibilitando la visión.

Los ejecutores, que oían ruido dentro de la habitación, tuvieron que abrir las puertas para que se disipara el humo. Entonces se dan cuenta de que sólo ha muerto la pareja imperial y los sirvientes varones. Yurovsky entonces le dispara a Alexie dos tiros en la cabeza. El zarevich estaba a punto de cumplir 14 años y probablemente habría vivido poco tiempo más si no hubiera sido asesinado.

Ermakov decide utilizar la bayoneta para rematar al resto, pero fracasa en su intento de matar a las Grandes Duquesas por la cantidad de joyas que esconden en sus ropas. Entonces Yurovsky dispara a Tatiana y a Olga en la cabeza. Botkin también es asesinado en ese momento. Anna Demidova, protegida por dos almohadas, grita de alegría por haberse salvado, pero entonces es rematada a bayonetazos. Ermakov se dispone entonces a acabar con María, la única de las Grandes Duquesas que se encuentra herida, y le dispara en la cabeza, para acto seguido hacer lo propio con Anastasia.

Los cadáveres son entonces transportados al camión que ha preparado Ermakov. Entonces éste se da cuenta de que María sigue viva: probablemente, al estar borracho, ha fallado el disparo, y se dispone a rematarla, probablemente a golpes de pistola, ya que la parte facial de su cráneo se encuentra destrozada. El camión se dirige a una mina en la que se arrojan todos los cuerpos, para después ser volada con granadas de mano, para así ocultar cualquier vestigio del asesinato de la Familia Real Rusa. Pero al día siguiente, Yurovsky recoge todos los cuerpos para trasladarlos; en la mina sólo permanecerá el cuerpo del perro de la Zarina (el único superviviente será el perro del zarevich). En el traslado, abandona dos de los cuerpos, los del zarevich Alexei y su hermana (Anastasia o María), y entierra los 9 restantes.

El lugar del entierro es descubierto en 1979, pero no se hace público hasta 1989. En 1991 son enterrados, como correspondía, en la catedral de Pedro y Pablo de San Petersburgo:

En 2007 se encuentran los restos de Alexei y su hermana, confirmándose que no hubo ningún superviviente, suprimiendo así la leyenda de que Anastasia seguía viva. En el año 2000, la Iglesia Ortodoxa Rusa canonizó a los miembros de la familia real como mártires.

Hasta enero de 1919, los asesinatos de miembros de los Romanov continuaron. La crueldad demostrada por los soldados en la forma de asesinar a los miembros de la casa real resulta espeluznante. Ni siquiera en la Revolución Francesa se habían atrevido a ejecutar a los hijos de Luis XVI, y la ejecución de la reina, muy odiada, fue muy discutida. Aquí no hay piedad, se asesina a todos, sin importar la edad o el estado de salud; se asesina a los criados en incluso al perro. Un verdadero sinsentido.

Como monarca, Nicolás II fue mediocre. Como persona, Nicolás Romanov parece que tenía numerosas virtudes. Esas virtudes probablemente no se habrían tenido en cuenta de haberse celebrado un juicio contra él, como deseaba Trotsky. Pero el hecho de que se le liquidara de forma extra-judicial, de que se asesinara a toda la familia, nos hace olvidar los numerosos errores del Zar y lamentar el triste final de toda su familia.



Historias del Papado: la Pornocracia


Hace ya casi un año que publicamos una entrada sobre el Concilio cadavércio, uno de los momentos más oscuros del Papado, allá por finales del siglo IX. Pero prometimos seguir con la historia de la siguiente etapa, ya en el siglo X, que conocemos con el llamativo nombre de “Pornocracia”.




Hay mucha discusión en torno al periodo que conocemos como “Pornocracia”. Para empezar, al encontrarnos en un momento remoto de la historia, las fuentes de la época que se conservan son escasas, ya que mucha de la documentación de estos papados fue destruida. La principal fuente de información del período procede del Obispo Liutprando de Cremona, que vivió a finales del siglo X y que era claramente partidario de Formoso y del Emperador, y por tanto políticamente enemistado con los Papas del periodo. Será ya en el siglo XVI cuando el historiador católico y Cardenal Cesar Barionio acuñe el término “Pornocracia”, al continuar con la leyenda negra creada por Liutprando. La falta de objetividad de estas fuentes hace que muchos historiadores prefieran hablar del “Siglo Oscuro”, término más neutro, precisamente por la falta de objetividad de las fuentes. Pero es un nombre con mucha menos chispa, desde luego.

Antes de nada conviene aclarar el significado del término “Pornocracia”. No hace referencia a ningún tipo de prostitución o similar; más bien, se refiere al control que ciertas mujeres ejercieron en los Papas de la época, poniéndolos y quitándolos a voluntad. Estas mujeres serán Teodora y sus hijas Teodora II y, sobre todo, Marozia. Este periodo se extenderá entre 904 y 935, momento en el que, según algunos, concluye la “Pornocracia”. Pero en ese momento es Alberico II de Spoleto, hijo de Marozia, quien asuma el control del Papado, hasta el año 964, por lo que hay otros historiadores que lo incluyen en el mismo periodo, concluyendo precisamente con la fundación del Sacro Imperio Romano Germánico.

Ya comentamos que uno de los principales instigadores del Concilio Cadavércio fue Teofilacto, Conde Tusculum, enemigo acérrimo de Formoso. Teofilacto era miembro de la nobleza romana, que buscaba recuperar el esplendor de la Roma antigua creando una especie de nueva orden senatorial a la que él mismo pertenecería. Teofilacto va consiguiendo puestos de cada vez mayor autoridad en el seno de la corte romana, posición que afianza aún más casándose con Teodora, miembro de la aristocracia romana igualmente.

Pero claro, el poder político en Roma reposaba, al menos nominalmente, en el Papa, y Teofilacto no puede optar a dicho cargo. Por ello recurre a Sergio, quien probablemente era pariente suyo, que había fracasado en su intento de ascender al papado en 898, liderando la facción pro-italiana defensora de Lamberto de Spoleto, pero perderá frente a Juan IX, miembro de la facción formosiana o pro-germana, que de inmediato lo excomulga, obligando a Sergio a huir al sur de Italia.

A Juan IX le suceden dos formosianos, Benedicto IV y León V. Pero este último conserva su título de Papa por muy poco tiempo, unos 30 días durante el verano de 903. El principal problema es que León no es romano, por lo que miembros de su propio partido se alzan contra él, lo deponen y lo encarcelan, poniendo en el papado a Cristóbal (actualmente considerado Antipapa).

Pero ya en el año 902, el Emperador Luis “el Ciego” había nombrado a Teofilacto Magister militum o líder militar de Roma. En esta situación, Sergio tiene ahora el apoyo militar necesario para regresar a Roma y quitar a Cristobal del Papado para ocupar él mismo dicho puesto. El 29 de enero de 904, Sergio regresa a Roma y se convierte en el nuevo Papa:

Poco después, sus dos antecesores desaparecen. Si bien no hay certeza de que león siguiera vivo para ese momento, hay cronistas de la época que acusan a Sergio de haber hecho asesinar tanto a León como a Cristóbal.

Sergio III, que será su nombre pontificio, restaura el palacio Lateranense (el de la imagen destacada de este post), que es en ese momento la sede del gobierno de Roma (no olvidemos que la catedral de Roma no es la Basílica de San Pedro del Vaticano, sino la de San Juan de Letrán, o San Giovanni Laterano en italiano, por curioso que esto pueda parecernos a día de hoy).

Parece ser que fue Teodora, la esposa de Teofilacto, la que potenció una relación entre Sergio y su hija Marozia, relación que hace a Sergio cada vez más dependiente de Teofilacto, por lo que en realidad muchas de sus decisiones a lo largo de su papado no eran suyas realmente, sino del Conde.

Marozia se casa en 909 con Alberico I de Spoleto, quien en 906 había impedido que Sergio III coronara Emperador a Berengario de Friuli, el único rival de Luis el Ciego. Se supone que la relación entre Sergio y Marozia concluiría en se momento, pero en 910 nace Juan, quien tiempo después se convertirá en Papa, algo extraño siendo el primogénito del Duque de Spoleto, por lo que muchos sospechan que en realidad Juan era hijo de Sergio.

Sergio III muere el 14 de abril de 911. Teofilacto, que durante su papado ha ido obteniendo cada vez más privilegios, es el dueño todopoderoso de Roma, por lo que será él quien se encargue de elegir a su sucesor, Anastasio III:

Su papado fue irrelevante, pero por algún motivo se granjeó la enemistad de su protector, por lo que Teofilacto lo hace asesinar en junio de 913. Tras meses de luchas entre las distintas facciones de la nobleza romana, Teofilacto consigue que el elegido sea Landón, que durará 6 meses en el cargo. A su muerte, el nuevo Papa será Juan X, de nuevo elegido por influencia de Teofilacto:

Juan se enfrenta a un serio problema: los sarracenos, musulmanes del norte de África, están atacando el sur de Italia y ponen en peligro sus dominios. Cuenta con el apoyo de Alberico I de Spoleto, esposo de Marozia, pero necesita más fuerzas. Las consigue haciendo algo que no va a ser del agrado de Teofilacto: promete la corona a Berengario de Friuli. Gracias a su apoyo, el propio Papa se pone frente al ejército que derrotará a los musulmanes en la Batalla de Garellano, en el año 915. Berengario es coronado Emperador en diciembre de ese mismo año.

Juan demostró ser un Papa de personalidad, que se escapaba al control de la familia Tuscolana (los descendientes de Teofilacto, de entre quienes saldrá posteriormente la prestigiosa familia romana de los Colonna). Con Teofilacto en las últimas, en el año 924 será Alberico quien intente hacerse con el poder absoluto en Roma, pero será derrotado y muere asesinado en 925. Marozia, entonces, consciente de su precaria situación, decide casarse con Guido de Toscana, el hijo de Adalberto II de Toscana, quien había sido aliado de su marido.

Para colmo, en 924, el emperador Berengario muere asesinado. Es el único descendiente varón de Carlomagno que quedaba en ese momento, por lo que se abre una complicada crisis sucesoria para el título Imperial. Marozia y Guido apoyan al hermano de éste, Hugo de Arlés, mientras Juan apoya a Hugo de Provenza. Guido entonces reúne un ejército que ataca Roma y arresta al Papa, que morirá poco después, tal vez asesinado (asfixiado con una almohada según la leyenda).

Su sucesor será León VI, que alcanza el puesto por influencia de Teodora y Marozia, siendo al parecer amante de ésta última. Pero de nuevo, de poco le sirvió, ya que cayó en desgracia y fue asesinado por orden de ella en 928. Su sucesor será el irrelevante Esteban VII:

Pero cuando deja de ser útil, Marozia vuelve a sus jugadas y acaba con él, en 931, para darle el Papado a Juan XI:

Estos retratos no son contemporáneos, obviamente. Hay que tener en cuenta que, en el momento de su elección, Juan tenía 20 años y murió con 24.

¿Y quién es este Juan XI? Pues nada menos que el hijo de Marozia y, probablemente, de Sergio III. Sin vocación religiosa, mas preocupado por los asuntos carnales, todo el poder recae en… pues claro, en mamá:

Pero el reinado de Marozia está a punto de terminar. En 929 queda viuda de nuevo a la muerte de Guido de Toscana, por lo que intenta casarse con el hermanastro de éste, el Rey de Italia Hugo de Arlés. El problema es que Hugo ya está casado con Berta de Suabia, por lo que es necesario que el Papa anule dicho matrimonio. No es difícil, claro, cuando el Papa es el hijo de la novia, y el matrimonio se celebra finalmente en 932.

Pero hay alguien que no está muy contento con esta nueva boda: se trata de Alberico II de Spoleto, hijo de Marozia y su primer marido, Alberico I de Spoleto. El día de la boda organiza una revuelta popular que obliga a Hugo a huir; Marozia es encarcelada, y Juan se libra momentaneamente de correr la misma suerte al ponerse bajo el control de su hermanastro, aunque terminará en prisión igualmente, muriendo en 935.

A partir de ahora, el papel que antes habían desempeñado su madre y sus abuelos a la hora de poner y quitar (o liquidar sería una expresión más adecuada) a los sucesivos Papas lo desempeñará Alberico. Así, el siguiente Papa será León VII:

Por si no fuera suficiente con el apoyo del Papa, se le da pleno poder sobre los monasterios a Odón, segundo abad de Cluny, que será un nuevo aliado en la lucha contra su “padrastro” Hugo de Arlés por el control de Italia. Así, se pacta que Alberico se casará con la hija de éste, Alda.

Tras su muerte, en 939, será sucedido por Esteban VIII, que también se doblegará a los deseos de Alberico, al igual que harán sus sucesores, Marino II entre 942 y 946, y Agapito II. Será durante el pontificado de éste último cuando muera el gran rival de Alberico, Hugo de Arlés, lo que desencadena una nueva disputa sucesoria. Su sucesor, Lotario, es asesinado por Berengario II de Ivrea, que se hace coronar como Rey de Italia. Pero la viuda de Lotario, Adelaida de Borgoña, pide entonces ayuda al Rey alemán Otón I. Éste acude presto  a su llamada, ya que intervenir en Italia le puede abrir las puertas a la Corona Imperial que ansía, vacante desde años atrás. Pero esto choca con los planes de Alberico, por lo que éste obliga a Agapito a comunicar a Otón que no será coronado.

Alberico II muere en 954, tras obligar a Agapito a aceptar a su hijo Octaviano como Papa a su muerte. Y, cuando Agapito muere, un año después, Octaviano accede al papado bajo el nombre de Juan XII:

Otro retrato poco creíble, ya que Juan XII no llegó a la treintena.

De hecho, Octaviano tiene 18 años cuando accede al papado, siendo conocido como “el papa Fornicario”, ya que a su falta de vocación religiosa se unía su interés por “la carne”; cosas de la edad, pero también le venía de familia, claro. Por ello su papado es considerado uno de los más nefastos de la historia, aunque en él sucede algo trascendental.

Entre fornicio y fornicio, el Papa tenía que ocuparse de asuntos políticos, pero Juan carecía de la formación necesaria para afrontarlos, y ya no estaba papá para protegerlo. Berengario de Ivrea aprovecha la situación de indefensión del Papa para atacar sus territorios. ¿Y a quién puede acudir entonces el Papa por ayuda? Pues a ese que tanto ambicionaba la corona imperial: Otón I de Alemania.

En 962, os años después de que Juan envíe la solicitud de ayuda, Otón llega a Roma y es coronado Emperador el 2 de febrero. Nace así el Sacro Imperio Romano Gérmanico, que perdurará hasta su disolución por parte de Napoleón a comienzos del siglo XIX.

El Pacto que firman ambos es muy ventajoso para el Emperador, ya que él mismo tiene que aprobar el nombramiento de los futuros Papas y dispone de la máxima autoridad judicial incluso en la ciudad de Roma. Pero Juan tiene poca intención de respetar este pacto, y en cuanto Otón abandona Italia, recurre a todos los apoyos que puede encontrar (Bizancio, Hungría, los príncipes italianos) para contrarestar el poder de Otón. Éste regresa a Italia en 963 y depone al Papa, acusado de toda clase de pecados: adulterio, convertir el Palacio Lateranense en un burdel, asesinato, pactar con el diablo… difícil determinar cuántas de estas acusaciones eran reales y cuántas no lo eran (probablemente, muchas eran falsas). Como sucesor se designa al secretario del Emperador, León VIII.

Juan había huido de Roma antes de la llegada de Otón, llevándose los tesoros de la iglesia, lo que le permitió reunir un importante ejército con el que regresar a Roma cuando Otón regresó a Alemania, en 964. Tras deponer a León, Juan XII se vengó de sus adversarios, lo que provocó que Otón retornara a Roma. Pero ya era tarde: Juan había muerto. Las versiones sobre su muerte son distintas, aunque ambas igual de pecaminosas: o bien murió de un ataque de apoplegía en pleno acto sexual, o bien fue sorprendido por el marido de la mujer con la que yacía y éste le machacó la cabeza de un martillazo, el 14 de mayo de 964.

A la muerte de Juan XII termina la “pornocracia” en su más amplia acepción; la familia Tuscolana ya no tendrá la influencia que habían tenido durante más de 50 años en la elección Papal. Se abre una nueva etapa, el Sacro Imperio, aunque descendientes de Teofilacto ocuparán todavía el trono papal. Pero eso ya es salirnos del tema.



Turismo en Praga: el Monumento a las víctimas del terror de Heydrich


Comenzamos con el dilema moral que nos va a plantear la visita que propongo: ¿pueden unos asesinos ser unos héroes? Vamos a contar la historia que nos vamos a encontrar en este Monumento a las víctimas del terror de Heydrich y después que cada uno saque sus conclusiones. En todo caso, la visita es una absoluta inmersión en uno de los momentos más oscuros de la historia.




Vaya por delante que en Chequia el odio a los nazis es comparable (o incluso ligeramente superior) al odio que tienen al régimen comunista. Pese a las considerables diferencias entre ambos. Eso supone que el Monumento a las víctimas del terror de Heydrich (que tiene la calificación de Monumento Nacional y por tanto pertenece al estado checo) no sólo está sumamente politizado y “patriotizado”, sino que también cuenta la parte de la historia que les interesa para sus fines. Lo que no hace sino confirmar mi idea de que la historia no puede ser calificada de “ciencia social”, ya que no puede ser contada sin el sesgo ideológico que, sí o sí, va a tener quien nos la cuenta, en este caso el actual gobierno checo a través de los paneles informativos.

Comenzamos. En una visita estándar para conocer más o menos a fondo la maravillosa ciudad de Praga, que puede durar 4 o 5 días (yo estuve 4), se visitará un reducido número de la gran cantidad de iglesias que pueblan la ciudad, me atrevería a decir que notablemente más que en ciudades cercanas como Viena. Algo lógico en una ciudad inmersa en dos importantes guerras religiosas (las guerras husitas y la guerra de los 30 años, ambas iniciadas en la ciudad de Praga con sendas defenestraciones… los checos no se andan con tonterías, desde luego) en la que la iglesia católica tenía que afianzar su hegemonía. A parte de las iglesias de conventos y monasterios (Strahov, Loreto, Santa Inés) y las dos catedrales (San Vito, en el Castillo, y la de Vysehrad), tienen interés histórico y artístico las iglesias de San Nicolás en Malá Strana (la única, a parte de los monasterios y catedrales, en la que se cobra entrada) y las de Santiago y Nuestra Señora de Týn en Staré Mesto. Muchas de las demás iglesias ni siquiera están abiertas al público. Pero la visita a la Catedral Ortodoxa de los Santos Cirilo y Metodio es imprescindible por motivos ajenos a la propia iglesia.

Encontramos la Catedral en la Avenida Resslova nº 9: si salimos de la Plaza Carlos y nos dirigimos hacia el río (y hacia la casa danzante), la tendremos a medio camino en el lado derecho de la calle, justo en el cruce con la calle Na Zderaze, en la que se encuentran las escaleras de acceso a la iglesia. Es una iglesia de estilo barroco del siglo XVIII diseñada por el arquitecto Kilian Ignaz Dietzenhofer, muy activo en Praga (diseñó por ejemplo la cercana Villa América, actual sede del Museo Dvorak). Pero no vamos a poder visitar el interior de la iglesia, ya que no es accesible: sólo podremos verlo desde una cristalera a la entrada.

Pero el interés de esta iglesia se encuentra justo debajo: volvemos a bajar las escaleras hasta el nivel de la calle y, ahí, entre los dos tramos de escaleras, tenemos el acceso al Monumento de las víctimas del terror de Heydrich.

Pongo un enlace a la página oficial del Monumento a las víctimas del terror de Heydrich (página disponible en checo e inglés). En ella se indican los horarios de visita. La entrada es gratis (aunque parece que eso es reciente, antes se pagaba. Yo no pagué, pero puede que con el tiempo vuelva a ser de pago, lo desconozco).

El Monumento a las víctimas del terror de Heydrich se compone de dos partes: una sección informativa y un lugar histórico: la cripta de la catedral. Comenzamos nuestra visita en la sala de acceso, donde se encuentra la sección informativa.

Contamos con varios paneles que nos cuentan la historia de la ocupación nazi de Checoslovaquia, la llegada de Heydrich, el atentado y las represalias. Los paneles cuentan con numerosas fotos, mapas y demás documentación visual, mientras que los textos explicativos están en checo y en inglés. En todo caso, intentaré hacer un resumen (lo más crítico que me sea posible) para comprender el sentido de este Monumento a las víctimas del terror de Heydrich.

Comenzamos en 1938. La Alemania Nazi acaba de ocupar Austria (el Anschluss del 12 de marzo), el siguiente objetivo de Hitler es controlar Checoslovaquia (ni una mención al vengativo Tratado de Versalles firmado tras la 1ª Guerra Mundial, a la fundación artificial de Checoslovaquia uniendo el reino de Bohemia bajo control austriaco con la Eslovaquia que siempre había pertenecido a Hungría, ignorando a la importante cantidad de alemanes que allí vivían). Se destaca que Checoslovaquia era el único país democrático que quedaba en Centroeuropa (ignorando Polonia, aunque es cierto que, tras la caída de Austria, países como Hungría, Croacia, Rumanía o Bulgaria eran aliados de los nazis), y por ello buscan la ayuda de los futuros aliados, Reino Unido, Francia y Rusia, consiguiendo el apoyo de estos dos últimos, frente a los británicos que se muestran muy dubitativos a la hora de enfrentarse a Hitler.

La crisis que termina con el control nazi de Checoslovaquia comienza en los Sudetes:

Como vemos en este mapa, los Sudetes son zonas, en general fronterizas, de Chequia (no de Eslovaquia) con mayoría de población alemana. Esta población de origen alemán no estaba por lo general contenta de formar parte del nuevo estado, y surgen conflictos (que de nuevo el Monumento ignora) que culminan en 1933 con la creación de un partido político, el Partido Alemán de los Sudetes, que termina por aliarse con el partido nazi y, ganando las elecciones de 1935 en la región, reclaman su anexión a Alemania (en 1938, más del 17% de la población se afilió al partido nazi, siendo el porcentaje más alto de afiliados de cualquier región bajo control alemán). Esto es lo que no nos cuentan.

Lo que sí nos cuentan es que, conseguida Austria, Hitler va a por Checoslovaquia, comenzando con los Sudetes. Buscando un acuerdo entre alemanes de los Sudetes y el gobierno checo, el Reino Unido envía a un representante, Lord Runciman, que no obtendrá resultados: por orden de Hitler, el líder del Partido Alemán de los Sudetes, Konrad Henlein, realiza una serie de demandas que el gobierno checo, encabezado por Edvard Benes, no puede aceptar. El gobierno checo se prepara para una posible invasión militar, y cuenta tanto con tropas como con defensas en sus zonas fronterizas con Alemania que les podrían permitir repeler un intento de invasión nazi, contando además con que Francia y Rusia les apoyarán.

Pero Hitler sabe jugar bien sus cartas, y no busca una invasión: tras lanzar un ultimátum, se reúne en Munich con Mussolini, Neville Chamberlain, primer ministro británico, y Édouard Daladier, jefe de gobierno francés, en una reunión que terminará con los Acuerdos de Munich del 30 de septiembre de 1938. En ellos, Reino Unido y Francia (la más hostil) terminan cediendo y aceptando la anexión de los Sudetes a Alemania, viéndolo como una revisión del Tratado de Versalles y como una forma de evitar la Guerra.

Checoslovaquia no había sido invitada a la cumbre (tampoco Rusia, por otra parte), y vio como sus aliados (en especial Francia) le daban la espalda. Sin los Sudetes, que representaban un porcentaje significativo del territorio y la población checa, perdía demás sus defensas ante un posible ataque alemán. Mientras tanto, Hungría aprovecha la situación para hacerse con una importante zona eslovaca, e incluso Polonia arrebata un pequeño territorio a Checoslovaquia. Su situación es sumamente comprometida.

El 22 de octubre, Edvard Benes abandona Checoslovaquia:

Emil Hácha le sustituye como nuevo presidente. Y va a tener que hacer frente a una situación cada vez más complicada: tras la ruptura del acuerdo alemán con Polonia, Hitler apresura sus intenciones de conquistar ambos estados. Para ello, se encarga de que tanto Eslovaquia como Rutenia (un territorio actualmente perteneciente a Ucrania) proclamen su independencia. El 15 de marzo, Hitler llama a Hácha a Berlín y le amenaza con mandar bombardear Praga. Hácha, sin salida, llega a sufrir un infarto durante la reunión, antes de claudicar y entregar el país a Hitler. Si la II Guerra Mundial no comienza en este momento es porque no se ha realizado ninguna acción militar, sino un acuerdo diplomático.

Bohemia y Moravia son declaradas un protectorado alemán, nombrando al antiguo Ministro de Exteriores alemán Konstantin von Neurath Gauleiter o Gobernador Regional:

Neurath suprime los partidos políticos y establece la censura de prensa, pero la oposición interna checa es muy fuerte. Además, en su exilio británico, Benes forma un gobierno checo en el exilio. Neurath no es un líder muy dado a la mano dura, como quería Hitler, y así pierde el control de una zona imprescindible para el futuro bélico nazi: Bohemia y Moravia son importantes centros industriales que ahora se enfocan en la producción armamentística que satisface la gran necesidad de armas alemana, ya en plena II Guerra Mundial. Atentados y huelgas desestabilizan la producción, obligando a Hitler a tomar decisiones drásticas.

Himler le sugirió enviar a Praga a Reinhard Heydrich:

Heydrich era en ese momento la tercera persona más influyente en el partido nazi, solo por detrás de Hitler y Himler, y era conocido por su dureza y crueldad (fue el ideólogo de la “Solución final” en la Conferencia de Wannsee, y el propio Hitler le llamaba “El hombre del corazón de hierro”). Himler veía además una buena forma de librarse de un peligroso rival si Heydrich era enviado a Praga, algo que Hitler aceptó. Así, el 27 de septiembre de 1941, Heydrich es nombrado Reichsprotektor de Bohemia y Moravia. Neurath sigue ocupando el puesto de Gauleiter de forma oficial, aunque carece de ningún poder, y llega a presentar su dimisión, algo que Hitler no acepta.

Heydrich, con la ayuda de su segundo, Karl Hermann Frank, lleva una política de terror en Praga: ejecuciones de cualquier sospechoso de resistencia, clasificación racial de la población para intentar germanizar a todos los checos posibles, redadas, deportaciones al Campo de Concentración de Mauthausen… Se detiene a los intelectuales checos y al primer ministro Alois Eliás, del que se descubre que tiene contactos con el gobierno en el exilio de Benes (y que será ejecutado tras el asesinato de Heydrich). Heydrich se gana el apodo de “El carnicero de Praga”, y prácticamente acaba con la resistencia, reducida a pequeños grupos de la UVOD, controlados por el gobierno en el exilio, y por los comunistas, que no se enfrentarán abiertamente a los nazis hasta la invasión soviética.

Pero Heydrich era sumamente eficaz en su cometido: liquidada la oposición y dejando sin poder al gobierno presidido por Hacha, consigue mejorar las condiciones de vida de los checos sobrevivientes, imprescindibles para la maquinaria bélica nazi. Los checos se mostraban ahora particularmente sumisos.

Esto no gustaba en Londres, ni a Churchill, temeroso de que lo mismo sucediera en otros países europeos, ni a Benes, que quería demostrar a los aliados que los checos estaban con ellos. Era necesario desestabilizar la región, y Churchill buscaba no sólo acabar con Heydrich, sino al parecer también levantar a la oposición checa como respuesta a la represión posterior al atentado. Le propone así un plan a Benes, que éste acepta: se enviarán paracaidistas checos desde Reino Unido para preparar un atentado. El plan será conocido como “Operación Antropoide”.

La operación comienza el 28 de diciembre de 1941: varios comandos de paracaidistas son enviados a tierras checas. Uno de los comandos estaba formado por dos sargentos. Uno era el moravo Jan Kubis, de 28 años:

El otro, el eslovaco Jozef Gabcik, de 29 años:

Kubis era un reemplazo para el soldado inicialmente previsto, Karel Svoboda, que sufrió una herida durante el entrenamiento, por lo que Kubis no habría recibido el suficiente entrenamiento.

Ambos, pese a un error del bombardero que los trasladó hasta el continente, consiguen llegar a Praga y ponerse en contacto con lo que queda de la resistencia. Una vez en la ciudad, comienzan a buscar la forma de realizar el atentado, descartando diversas opciones, hasta que el 22 de marzo de 1942 llegan en otro bombardeo Ivan Kolarik, Karel Curda y quien será el director de la operación, el teniente Adolf Opálka, de 27 años:

El plan es asesinar a Heydrich en la misma Praga, donde ha establecido su residencia. Recorren la ruta que realiza Heydrich entre su residencia y su lugar de trabajo, el Castillo de Praga. Heydrich realiza este recorrido en un descapotable (se siente muy seguro por el terror que inspira en los demás, pensando que nadie estará tan loco como para intentar matarle). Encuentran así una curva cerrada en la que el coche tiene que aminorar considerablemente la velocidad, facilitando el ataque.

Mientras se realizan los preparativos, llegan informes de que Heydrich ha sido llamado a Berlín el 27 de mayo; corren rumores de que Hitler quiere enviarlo a Francia para sofocar la fuerte resistencia del país. Esto obliga a acelerar los planes del atentado, que deberá realizarse la mañana del mismo 27 de mayo.

Llega el momento del ataque planeado. Tres personas forman parte del equipo encargado de realizar el ataque. Gabcik y Kubis serán los encargados de asesinar a Heydrich, mientras un tercer miembro, Josef Valcík, se sitúa a cierta distancia para avisarles, mediante un espejo, de la llegada del coche de Heydrich:

Sorprendentemente, Heydrich no llega a las 10, como acostumbraba. Los hombres esperan, y cuando ya están a punto de desistir, media hora después, reciben la señal de Valcík. El coche no tarda en llegar a la cerrada curva en la que tiene que reducir la velocidad, y entonces Gabcik, armado con un fusil, salta a la carretera dispuesto a disparar contra Heydrich, pero el fusil se le bloquea. En ese momento, Heydrich, que viaja sin escolta, comete un error fatal: en lugar de acelerar la huida, ordena a su chófer que se detenga para atrapar al atacante. Heydrich saca su pistola y se dispone a disparar contra un aterrorizado Gabcik cuando Kubis lanza una granada de mano.

Tras el estallido de la granada, en un lateral del vehículo, Heydrich ordena a su chófer, Klein, salir en persecución de Gabcik mientras él trata de seguir a Kubis, pero la explosión le ha herido gravemente y apenas puede comenzar la persecución cuando cae al suelo. Mientras, Gabcik hiere en la pierna a Klein y consigue huir.

Heydrich es trasladado a un hospital, con serias heridas en el bazo y el pulmón y varias costillas rotas. Parece que se recupera, pero el 2 de junio, poco después de ser visitado por Himler, entra en coma y muere el 4 de junio (una semana después del atentado) a consecuencia de una septicemia: la infección de las heridas pasa al torrente sanguíneo a través del bazo y se lleva a uno de los mayores criminales de guerra de la historia con solo 38 años.

Pese a que Hitler despreciara la temeridad de Heydrich por viajar en un coche sin blindar y sin escolta, de inmediato ordena una ola de represiones y asesinatos realmente escandalosa: ordena el asesinato de 10.000 ciudadanos checos, y el sanguinario Karl Hermann Frank, alemán de los Sudetes y segundo de Heydrich tiene que convencerle de desistir de semejante idea por la dependencia nazi de las fábricas de armas checas.

El Monumento a las víctimas del terror de Heydrich es bastante explícito a la hora de contar las atrocidades nazis como represalia por el asesinato de Heydrich (pero ignoran, por supuesto,la venganza checa tras el fin de la guerra, con la reclusión en campos de concentración de la población alemana de Checoslovaquia, donde muchos murieron, y su posterior expulsión del país; esa información no nos interesa. Si queremos saber algo sobre el tema, mejor nos vamos a la prisión de Terezin). De inmediato se inicia una investigación para saber quiénes han sido los atacantes. Hay sospechas de que unos paracaidistas cayeron en los pueblos de Lidize y Lezaky. Todos los hombres mayores de 16 años fueron asesinados en ambas ciudades, así como las mujeres de Lezaky. Las restantes mujeres fueron trasladadas a Ravensbrück, donde pocas sobrevivieron, y la mayoría de los niños fueron igualmente asesinados posteriormente. Como mínimo fueron asesinadas 1.300 personas en ambas localidades.

Se persiguió con saña a lo poco que quedaba de la resistencia checa, lo que incluyó a familiares de los autores del atentado (el padre y la tía de Adolf Opalka fueron asesinados, por ejemplo), y se ofreció una enorme recompensa (10.000 coronas checas) para quien revelara el paradero de los atacantes. Pero no hay resultados hasta el 16 de junio. Ese día, Karel Curda, en un intento por detener la represión contra la población civil, que estaba siendo especialmente sangrienta, y seguramente también por miedo, decide delatar a sus compañeros, y delata a la familia Moravec, que les ha prestado ayuda:

Por cierto, Curda fue muy bien recompensado por su delación: un millón de marcos. Pero terminada la II Guerra Mundial fue capturado por los checos y ejecutado por traición. Su delación, por otra parte, sirvió de poco, ya que no detuvo la ola de represión contra la población civil.

La familia Moravec es detenida el 17 de junio. La madre se suicida ingiriendo una cápsula de cianuro. El padre no sabía nada de la actividad clandestina de la familia, pero el hijo, Vlastimil, conocido como Ata, de 17 años, después de soportar las torturas de los nazis (que es mejor no imaginar), finalmente reveló el paradero de los atacantes: la Catedral Ortodoxa de San Cirilo y San Metodio. No le sirvió de nada la confesión, ya que será ejecutado junto a su padre, su novia y la familia de ésta el 24 de octubre de 1942.

Los paneles informativos nos contarán más sobre lo que sucedió después, pero creo que en este momento lo mejor es que pasemos a la segunda parte del Monumento a las víctimas del terror de Heydrich. Un pasadizo metálico que se cierra en forma de cono esconde en realidad una puerta que no se ve (hay que empujar una de las paredes del pasadizo, ni siquiera recuerdo cual, tal es la sensación de “no hay salida” que transmite). Este pasadizo nos transmite ese ambiente opresivo, oscuro, terrorífico, desesperado, que se vivió al otro lado de la pared, en la cripta de la Catedral:

En esta iglesia se habían refugiado los tres ejecutores del atentado, Josef Gabcík, Jan Kubis y Josef Valcík, el autor intelectual Adolf Opálka y otros tres miembros de la resistencia, Josef Bublík, Jan Hrubý y Jaroslav Svark, se habían refugiado en la Catedral, que contaba con una cripta (la que vemos en la foto) en la que poder esconderse. A la cripta se accedía por una escalinata, que se encuentra al fondo:

Para protegerse, ocultaron el acceso a esta escalinata, y accedían a la cripta por una pequeña abertura en el techo de la misma (que encontraremos junto a la entrada, a la izquierda):

El 18 de julio, unos 800 militares nazis rodean la iglesia. Se produce un enfrentamiento armado en interior de la propia iglesia, en el que mueren o son heridos varios soldados nazis. Pero la enorme superioridad de estos frente a los soldados allí escondidos provoca que Adolf Opalka, que está herido, y Jaroslav Svark deciden suicidarse antes de caer en manos de sus enemigos, mientras al parecer Jan Kubis, gravemente herido, fue llevado a un hospital, donde murió desangrado.

Los cuatro restantes permanecen ocultos en la cripta. Los soldados nazis no pueden acceder a la cripta por el pequeño orificio del techo sin jugarse la vida, así que se busca otra forma de acceder a ella. Mientras, se aprovecha una ventana que da al exterior para lanzar bombas de gas e incluso se llama a los bomberos para inundar la cripta:

En la parte inferior vemos el agujero que los supervivientes intentaron hacer para llegar a las alcantarillas y escapar de aquella ratonera. Todo eso bajo el fuego enemigo, cuyos impactos se pueden observar en la parte exterior de la ventana (que yo no vi):

Sobre la ventana se observa un monumento conmemorativos los caídos.

Pero los soldados nazis consiguen encontrar el acceso a las catacumbas. Sin salida, los 4 que aún resisten (Gabcík, Valcík, Bublík y Hrubý) se refugian en las catacumbas de la cripta y se suicidan entes de ser capturados.

El Obispo Gorazd, que al enterarse de que los soldados se ocultaban en su catedral había intentado que buscaran otro escondite, así como los sacerdotes de la catedral, que habían escondido a los soldados, fueron igualmente ejecutados el 4 de septiembre. El asesinato de Heydrich tampoco sirvió para detener los planes de la “solución final”, que se pusieron en marcha en 1943 y llevaron al atroz Holocausto Judío. Ni consiguió alzar a la población checa contra los nazis, como pretendían los británicos, al estar completamente liquidada la resistencia. Eso sí, privó a los nazis y a Hitler de quien era visto como su sucesor (tenía 38 años, bastantes menos que Hitler) y de un personaje realmente atroz como muy pocos en la historia. ¿Mereció la pena su asesinato? ¿Fueron sus autores unos héroes? No voy a contestar a esas preguntas por los demás.

Visitar el Monumento a las víctimas del terror de Heydrich nos supone sumergirnos en uno de los momentos más oscuros y terroríficos de la historia reciente de Europa. Nos obliga a sentir el terror que tuvieron que sentir los soldados atrapados, su desesperación al saber que no había escapatoria. No emocionarse en el lugar supone tener un corazón de piedra. Desde luego, quien piense en vacaciones sólo como ir a pasárselo bien, mejor puede ir a Punta Cana. Pero quien quiera aprender del pasado no debería perderse esta visita y reflexionar sobre nuestra historia, esperando que no vuelva a surgir un nuevo Heydrich (y con la cantidad de nazis que hay no es una posibilidad remota) y no haya que volver a montar una Operación antropoide para liquidarlo.



300 años de Maria Teresa de Habsburgo (13-05-2017)


Muchas veces en la historia se nos quiere transmitir la imagen de monarcas todopoderosos y ambiciosos, frente a esposas pusilánimes y sin carácter, en un intento de defender el patriarcado machista que los sectores más conservadores, o mejor dicho, retrógrados de la sociedad, siguen queriendo imponer en la sociedad actual. Pero es que hay demasiados personajes que les han salido rana a los que defienden tamaña patraña: desde reyes pusilánimes y sin voluntad hasta reinas tan ambiciosas como los hombres, o incluso más. Tal es el caso del personaje que hoy nos ocupa, Maria Teresa de Habsburgo, o Maria Teresa I de Austria, que nació hace 300 años.




Para entender al personaje tenemos que comenzar a hablar del contexto histórico. Los Habsburgo han sido posesores de la corona imperial desde hace casi 300 años, pese a que el título de Emperador es electivo (en el momento de Maria Teresa, por 9 príncipes electores, tres de ellos príncipes-arzobispos). Obviamente, al título de Emperador sólo puede optar un hombre.

Pero, además del Imperio, los Habsburgo tienen una serie de posesiones territoriales propias: Austria, el Tirol, Estiria, Carintia, Carniola, Bohemia, Moravia y Silesia, todas ellas parte del Sacro Imperio, además de Hungría, que se encontraba ya fuera de los límites Imperiales. Para entenderlo un poco mejor vamos a poner dos mapas. El primero nos muestra los principales estados que forman el Sacro Imperio Romano-Germánico en 1700 (el Sacro Imperio es una federación de ciudades libres, arzobispados independientes y ducados, principados y finalmente también reinos):

El territorio patrimonial de los Habsburgo no aparece completo (en naranja), pero vemos otros de los principales estados alemanes, como Brandemburgo, Sajonia, Baviera y Hannover.

Vemos ahora otro mapa, mucho más detallado, pero que requiere ampliar el mapa:

Vemos aquí mucho más detalladamente la división de estados del Imperio hacia 1650. Los territorio de los Habsburgo aparecen en verde (se ve claramente que es el más grande de los estados imperiales), y eso que sólo aparecen sus posesiones dentro del Imperio (no aparece Hungría, vamos).

María Teresa de Habsburgo es nieta, sobrina e hija de Emperadores. Su abuelo fue Leopoldo I, que se casó 3 veces. Dado que en los dominios de los Habsburgo imperaba la Ley Sálica, que impedía que las mujeres pudieran acceder al trono, sólo los hijos habidos con su tercera esposa podían sucederle (con su segunda esposa sólo tuvo hijas, y con la primera había tenido dos hijos varones que no llegaron a los 2 años de vida). Con la tercera, Leonor Magdalena de Palatinado-Neoburgo, tuvo dos hijos, de los que sobrevivieron dos, José y Carlos.

Leopoldo era hijo de Fernando III de Habsburgo y de María Ana de Habsburgo, perteneciente a la rama española de la familia, siendo hija de Felipe III de España y hermana de Felipe IV. De hecho, la primera esposa de Leopoldo había sido su prima María Teresa, hija de Felipe IV.

En 1700 muere Carlos II de España sin descendencia. Muerto un año antes su candidato José Fernando de Baviera, que era su sobrino-nieto, con apenas 5 años de edad, había dos opciones para la sucesión: su sobrino-nieto Felipe de Anjou, o su primo segundo Carlos de Habsburgo (que era demás sobrino de la reina viuda Mariana de Neoburgo). En ambos casos se trataba de los hermanos menores, permitiendo así que los hermanos mayores heredaran el trono que les correspondía (el delfín Luis, hermano de Felipe de Anjou y nieto de Luis XIV, el de Francia, aunque al morir antes que el Rey le pasó los derechos a su hijo, y José, el hermano mayor de Carlos, las posesiones de los Habsburgo austriacos y el Imperio). Comienza entonces una guerra por la sucesión en España en la que se involucran varios países europeos, defendiendo cada uno de ellos sus intereses.

Leopoldo muere en 1705 y el trono Imperial pasa a su hijo, José I. Éste estaba casado con Guillermina de Hannover, con quien tuvo dos hijas y un hijo, el heredero, Leopoldo José, quien por desgracia murió poco antes de cumplir el año de vida. José defendió toda su vida los derechos de su hermano al trono español, pero una epidemia de viruela en 1711 lo truncó todo: esa epidemia no sólo se lleva por delante al Gran Delfín Luis (padre de Felipe de Anjou), sino también al Emperador, con 32 años de edad. Tenía todavía oportunidades de engendrar un heredero varón, pero la viruela truncó su sucesión, que pasaba por lo tanto a su hermano Carlos. Y ahora, con Carlos como Emperador, ningún otro país iba a apoyarle en sus pretensiones al trono español; era darle demasiado poder. Poco después, Felipe de Anjou conseguirá derrotar a las tropas enemigas y ser coronado Rey de España.

Carlos pasa a ser emperador con el nombre de Carlos VI:

En 1708, durante la Guerra de Sucesión Española, se casa en Barcelona (ciudad que le apoya en sus pretensiones al trono imperial) con Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel. Todavía sin descendencia, en 1713 proclama la Pragmática sanción, que impedía la división de sus posesiones entre varios herederos y permitía el acceso de las mujeres al trono (lo que podía dar lugar a problemas: en ausencia de heredero varón, sus sobrinas, hijas de su hermano el Emperador José I, podían alegar tener derechos a la sucesión). Todo parece arreglarse en 1716 cuando nace Leopoldo Juan, su primer hijo. Pero para su desgracia, el archiduque apenas sobrevive 6 meses.

Isabel Cristina no tarda en volver a quedarse embarazada, pero… ¡Oh disgusto! Nace una niña. El 13 de mayo de 1717, el mismo día de su nacimiento, es bautizada como Maria Teresa Walburga Amalia Cristina de Habsburgo, siendo sus madrinas su abuela y su tía, las dos emperatrices viudas. Desde ese momento se convierte en la heredera de las posesiones de los Habsburgo, desplazando a sus primas.

Siendo la heredera, se esperaría que su padre se hubiera esmerado en darle una educación a la altura, pero esto no ocurrió. Educada por jesuitas, no aprendió ni a escribir ni a hablar con corrección, y en general la educación que recibió estaba más centrada en el campo de las artes (dibujo, danza y, sobre todo, canto, llegando a participar en representaciones operísticas que su padre organizaba en palacio), propio de una reina consorte, en vez de la formación que requería una monarca. De hecho, incluso le impide montar a caballo, algo que será necesario para su coronación como Reina de Hungría. Y es que Carlos siempre esperó poder engendrar un hijo varón. Pero no; en 1718 nace otra niña, Maria Ana, y en 1724 nace Maria Amalia, que además vivirá sólo 6 años.

Así era Maria Teresa de Habsburgo de joven:

Fuera o no la heredera, había que concertar un buen matrimonio para Maria Teresa de Habsburgo. Su padre planeó un compromiso en 1723 (cuando ella tenía 6 años…) con Leopoldo Clemente, heredero del ducado de Lorena. Su padre había luchado al servicio de los Habsburgo, y era una buena alianza. Pero cuando el joven Leopoldo se dispone a partir para Viena (desde Lunéville), contrae la viruela y muere a los 16 años.

La alternativa obvia para el matrimonio de Maria Teresa de Habsburgo era el hermano pequeño de Leopoldo, y nuevo heredero del ducado de Lorena, Francisco Esteban, quien parte para Viena en el lugar de su hermano. Pese a todo, Carlos baraja otras opciones, como casarla con Federico de Prusia (futuro Federico el Grande, el peor enemigo que tuvo Maria Teresa), algo no factible por ser él protestante, o casarla con el príncipe Carlos de Borbón (futuro Carlos III de España), algo a lo que se oponían otras potencias europeas. Además, a Maria Teresa le gustaba Francisco. Pero éste deja Viena para ocupar el ducado de Lorena sin que se concrete ningún compromiso, en 1729.

Pero en 1733 estalla la Guerra de Sucesión Polaca, que termina en 1738 con el Tratado de Viena. Por este tratado, Austria gana algunas posiciones en Italia (Parma y Piacenza), pero Francisco de Lorena debe ceder el ducado de Lorena para el destronado rey Polaco Estanislao I, que era además suegro de Luis XV, con lo que a su muerte el ducado de Lorena pasaría a formar parte del Reino de Francia. A cambio, se le entrega a Francisco el Gran Ducado de Toscana, que no tenía quien lo gobernara desde la muerte sin descendencia de Gian Gastone de Medici en 1737. Además, Francia y España se comprometían a aceptar la Pragmática sanción de Carlos, lo que permitía que estos estados reconocieran a Maria Teresa como gobernadora de los territorios de los Habsburgo si su padre no conseguía un heredero varón. Dado que el tratado se había escrito en 1735 (aunque se firmara 3 años después), la boda entre Maria Teresa y Francisco pudo celebrarse el 12 de febrero de 1736:

Además de entrometerse en la Guerra de Sucesión Polaca, Carlos, que había ganado territorios a los turcos tras la Guerra Austro-Turca de 1716-1718, se mete en la Guerra Ruso-Turca de 1735-1739, por la que pierde esos territorios anteriormente ganados, y que dejan al estado en bancarrota y con un ejército muy debilitado. Y, finalmente, el 20 de octubre de 1740, tras consumir al parecer amanita phalloides, la más venenosa de las setas, Carlos VI murió sin descendencia masculina, por lo que la heredera era Maria Teresa de Habsburgo.

Maria Teresa se encuentra con un estado en quiebra, un ejército mermado y sin experiencia política, ya que su padre no la había entrenado. Además, los ministros de su padre eran incompetentes, y ella tiene que fiarse del criterio de su marido. Y entonces surgen los problemas: varios estados que habían acordado aceptar la pragmática sanción ahora se niegan a ello, en especial la vecina Baviera, ya que el Duque Carlos Alberto de Wittelsbach estaba casado con Maria Amelia de Habsburgo, una de las hijas de José I, y exige su parte de la herencia. Mientras, Federico de Prusia invade Silesia, zona minera de gran importancia para Austria. Federico le presenta un ultimátum: o le cede por lo menos parte de Silesia, o se alía con sus enemigos. A Francisco le parece buena idea, pero eso supone una violación de la Pragmática Sanción que impedía la separación de los territorios patrimoniales de los Habsburgo, así que Maria Teresa se niega.

Necesitada de militares con experiencia, saca de la prisión al mariscal Neipperg, a quien su padre había encarcelado por sus fracasos frente a los turcos. Mala idea; se repite el fracaso, y la situación de Maria Teresa de Habsburgo es cada vez más delicada: se llega a plantear incluso la división de sus territorios entre los principales estados Europeos. Pero tiene un golpe de surte: Hungría le da su apoyo, siendo coronada como “Rey” el 25 de julio de 1741.

Pero por los demás sitios le llueven puñales: tras la traición de Prusia, Francia y Baviera, llegan la de Sajonia y la de Bohemia, que quiere a Carlos de Baviera como Rey. Ejércitos franceses cruzan el Rin y, uniéndose a las fuerzas bávaras,  se dirigen hacia Viena, pero, por suerte para Maria Teresa, cambian de objetivo y se dirigen hacia Praga, que es conquistada.

Además, está pendiente el tema de la elección Imperial, algo a lo que Maria teresa no puede optar, siendo el candidato su esposo Francisco. Pero la elección, que tiene lugar en Frankfurt, muestra a otro candidato con más opciones: Carlos de Baviera. De hecho, su hermano Clemente Augusto es el Arzobispo elector de Colonia. El 24 de enero de 1742 Carlos es coronado Emperador como Carlos VII, el primer Emperador no perteneciente a los Habsburgo desde el siglo XV.

Cuando todo parecía perdido, Maria Teresa de Habsburgo insiste en algo peligroso: una campaña de invierno contra Baviera dirigida por el mejor general austriaco, Hevenhüller. El 24 de enero de 1742, el mismo día en el que Carlos de Baviera es coronado Emperador, las tropas austriacas conquistan la capital bávara, Munich. Sólo recuperará sus territorios gracias a la ayuda de Federico de Prusia, y se verá obligado a negociar la paz con Austria, aunque seguirá intentando conseguir apoyos para volver a la guerra. Pero en 1745, Carlos muere.

Ahora ya no hay candidato alternativo, y Francisco de Lorena pasa a ser el nuevo Emperador, Francisco I, el 13 de septiembre de 1745, reconocido como tal incluso por Federico de Prusia. El Tratado de Aquisgrán, de 1748, pone fin a la Guerra de Sucesión Austriaca, devolviendo a cada estado sus territorios originales, excepto Silesia, que se queda en manos de Prusia.

Francisco relaja las costumbres de la hasta entonces estricta corte vienesa, importa el color en el vestir (frente al negro imperante hasta entonces, por influencia de España), crea el zoológico del palacio real y el jardín botánico, tiene intereses culturales, pero en política su esposa es la que lleva las riendas. Por lo demás, aunque la pareja está enamorada, Francisco es mujeriego; Maria Teresa se ve obligada a aceptar a sus amantes, no sin ataques de celos. Pese a todo, en 20 años (1737-1756) tuvieron 16 hijos.

Constantemente embarazada, Maria Teresa de Habsburgo no puede estar en los frentes de combate, pero su espíritu belicista pervive, y no puede perdonar la afrenta que le supuso perder Silesia por el Tratado de Aquisgrán, así que busca aliados contra Prusia, encontrándolos en Francia, Rusia, Suecia y Sajonia. Prusia se ve así rodeada de enemigos, así que se adelanta y comienza la Guerra de los Siete Años invadiendo Sajonia en otoño de 1756. Después ataca Bohemia, pero el ejército austriaco, fortalecido por las reformas llevadas a cabo por Maria Teresa, logra derrotarle y echarle de Bohemia.

Prusia pasa entonces a la defensiva, y se producen diversos avances que Austria no es capaz de aprovechar, seguidos de nuevos retrocesos. Pero la Guerra no tiene sólo como escenario Silesia, sino las colonias americanas e Indias entre Francia y Gran Bretaña. Gran Bretaña y el Electorado de Hannover (ambos en poder de Jorge II de Gran Bretaña) derrotan a Francia, mientras Rusia y Suecia se retiran de la Guerra por la muerte de la zarina Isabel I, sucedida por Pedro III, que, gran admirador de Federico de Prusia, firma la paz con él. En los otros frentes Gran Bretaña se impone a Francia, y la guerra termina en 1763 sin cambios para Austria: Silesia seguirá bajo control prusiano; Prusia pasa a ser ahora la potencia dominante en el entorno alemán, sustituyendo a Austria.

Ya incluso durante la Guerra, Maria Teresa de Habsburgo comienza a buscar compromisos matrimoniales provechosos para sus hijos, con los que tenía una relación de superioridad muy distinta a la que tenía con ellos su padre Francisco. Con una descendencia tan elevada, no era tarea fácil:

En 1760 casa a su hijo mayor y heredero, José, con Isabel de Borbón-Parma. Pero al año siguiente, su segundo hijo (y su favorito), Carlos José, muere a punto de cumplir los 16 años de viruela, algo que afectó seriamente a Maria Teresa (no tanto a José, con quien no se llevaba bien; el mayor ni siquiera fue a visitar a su hermano cuando estaba enfermo). El miedo a la viruela, que le había robado ya varios hijos, fue creciente. De viruela morirá además la primera esposa de José, Isabel, en 1763. Se arregla un segundo matrimonio para José, que sólo tiene una hija (Maria Teresa, como su abuela, que muere además de neumonía a los 8 años, en 1770), con Josefa de Baviera, que tiene lugar el 23 de enero de 1765.

Mientras, estando en Innsbruck, el 18 de agosto de 1765, Francisco sufre una apoplejía y muere en el palacio de la localidad. Maria Teresa de Habsburgo sufre enormemente la muerte de su esposo, hace convertir en capilla la habitación en la que murió, se corta su larga melena rubia y viste de luto por el resto de su vida. Su hijo José pasará a ser el nuevo Emperador, como José II. Las diferencias con su madre son importantes, en especial en política religiosa, ya que, aunque ambos son monarcas ilustrados, José defiende la libertad religiosa de protestantes y judíos, algo de lo que Maria Teresa no quiere ni oír hablar.

En 1767, una nueva epidemia de viruela arrasa Viena. Josefa, la esposa de José, que ha tenido que sufrir el desprecio de su marido (que seguía enamorado de su primera esposa) se contagia de la enfermedad. Como José se niega  atenderla, son Maria Teresa y su hija Maria Isabel las que la atienden, con lo que ambas se contagian de la enfermedad, aunque sobreviven. No así Josefa, que muere el 28 de mayo. Maria Teresa entonces se empeña en que su hija Maria Josefa rece en la Cripta Imperial ante el sarcófago abierto de Josefa, y la archiduquesa también muere de viruela (aunque los avances científicos nos permiten saber hoy que el contagio no se debió al hecho de rezar ante el ataúd de su cuñada, ya que para entonces estaba incubando la enfermedad). Maria Teresa se siente culpable por la muerte de su hija, y como medida preventiva, decide vacunar contra la viruela a sus hijos, además de promover la vacunación de los niños vieneses, lo que cambia la visión negativa que los médicos austriacos tenían sobre este nuevo método.

En 1775 implanta también una reforma educativa en los territorios de los Habsburgo para conseguir la educación universal, aunque no consigue todos los objetivos deseados y se encuentra con fuerte oposición.

Las relaciones con su hijo, que además del nuevo emperador era su corregente desde 1765, fueron difíciles por las diferencias de criterio y los fuertes caracteres que ambos tenían. Maria Teresa amenazó con abdicar en varias ocasiones, pero en el fondo se sentía muy atada al poder.

A medida que pasaban los años, Maria Teresa de Habsburgo sufría cada vez más problemas de salud; además, parece poco probable que realmente se recuperara de la viruela. El 29 de noviembre de 1780, con 67 años, moría finalmente, a causa de un supuesto resfriado. Fue enterrada junto a su esposo en la Cripta Imperial de los Habsburgo en Viena.

Por suerte para ella, no vería el triste destino de su hija menor, Maria Antonieta (tampoco lo verían sus hermanos José II y Leopoldo II), a quien había casado con el delfín Luis, futuro Luis XVI de Francia.

El de Maria Teresa de Habsburgo fue un reinado con luces y sombras: mujer de gran carácter, no se dejó dominar por los hombres a su alrededor, ni siquiera por sus peores enemigos (Federico II de Prusia ocupa el lugar más destacable de esta categoría), defendió sus derechos y sus territorios a capa y espada y afrontó diversas medidas modernizadoras, pero en el fondo seguía siendo una mujer conservadora que no entendía el sentido de muchas reformas necesarias y que a menudo se opuso a ellas frente a su hijo. Eso sí, hay que reconocer que sus incipientes reformas fueron el germen de la modernización de Austria, que en el siglo XIX se convertiría en un poderosísimo Imperio. En fin, Maria Teresa de Habsburgo fue una de las más influyentes mujeres de la ilustración, y un ejemplo del histórico poder que han tenido las mujeres, aunque intenten contarnos lo contrario.



In Memoriam: Ueli Steck, la máquina suiza (30-04-2017)


Descubrí quién era Ueli Steck hace cosa de dos años, viendo un documental sobre la cara norte del Eiger. El documental repasaba la historia de esta mítica cara norte de los Alpes, esa que tanto esfuerzo había costado conquistar, y que por el camino se había llevado por delante a algunos de los mejores alpinistas de los años 30 (como los míticos Andreas Hinterstoisser y Toni Kurz. Y después de repasar esa historia te sacaban a un joven suizo que escalaba aquella terrible cara prácticamente a la carrera.




Con semejantes aptitudes, era obvio que daría el salto al Himalaya, donde podía realizar proezas casi impensables para cualquier otro alpinista. Desgraciadamente, hace pocos días, intentando realizar otra de esas proezas que nadie había siquiera intentado, como era la travesía Everest-Lhotse, sufrió una caída de mil metros en el Nuptse que nos dejó sin uno de los alpinistas más interesantes del momento.

Ueli Steck había nacido el 4 de octubre de 1976 en la localidad de Langnau im Emmental, al norte del cantón suizo de Berna, relativamente alejado de la zona más montañosa de dicho cantón. De hecho, sus inicios en el deporte fueron en el Hockey sobre hielo. Pero pronto descubrirá el alpinismo y la escalada, y abandonará el hockey por este nuevo hobie.

El punto inicial de su carrera probablemente se produjo en 1995, cuando, con 18 años, escaló por primera vez la Nordwand, la cara norte del Eiger:

Una cara norte, siempre en penumbra, de roca vertical, con salientes rocosos que hacen muy complicada una vuelta atrás, con constantes desprendimientos de roca, hielo y nieve, con una forma cóncava que atrae las tormentas hacia su pared… una montaña mortal. Y la montaña a la que se asocia la figura de Ueli Steck. Pongo antes de nada el documental del que hablaba al principio, para que podamos entender el desafío que supone esta montaña:

Y ahora vemos cómo subía Ulei Steck por esta pared:

Ueli Steck era un corredor de altura, especializado en realizar rutas a gran velocidad. Sin cuerdas fijas, sin nada que le proteja: un paso en falso, una pérdida de equilibrio, y le espera el abismo y la muerte. Pero su enorme habilidad, que le hizo ganarse el apodo de “La máquina suiza”, le permitía proezas increíbles. En 2001 abre, junto a Stepahn Siegrist, una nueva ruta en la pared, “The young spider”, que repetirá en solitario en 2006 en la primera ascensión invernal de la ruta. De nuevo junto a Siegrist abre en 2003 una nueva ruta, “Paciencia”. Para entonces ya ha debutado en el Himalaya (en el año 2001) y su prestigio le permite abandonar su profesión de carpintero para dedicarse profesionalmente al alpinismo.

Sus récords en el Eiger pasan por la ascensión, de nuevo junto a Siegrist, por la travesía Eiger-Mönch-Jungfrau en 2004, en tan solo 25 horas. Y, ya en solitario, récords de velocidad en los que se supera a sí mismo en el Eiger, siempre por la ruta Heckmair: 3 horas y 54 minutos en 2007, 2 horas y 47 minutos en 2009 y 2 horas y 22 minutos en 2015.

Otros records de velocidad en los Alpes, siempre por las caras norte, los conseguirá en las Grandes Jorasses en 2008 (2 horas y 22 minutos) o en el Cervino en 2009 (1 hora y 56 minutos). Destaca también en 2014 su ascensión de las tres caras norte de las Tres cimas de Lavaredo en invierno en un único día. Es además en varios casos el primero en realizar peligrosas rutas en libre (sin cuerda fija o anclajes) en montañas como el Petit Dru. En 2015 realiza otra importante proeza: escalar los 82 cuatromiles de los Alpes en 62 días.

Realiza también escaladas en otros lugares, como la famosa pared “Capitán” en Yosemite, pero la parte más interesante de su carrera se produce en el Himalaya. Allí se había estrenado en 2001, en el Pumori, montaña de 7.161 próxima al Everest, en la que abre una nueva ruta por la pared oeste junto a Ueli Bühler:

En 2005 realiza importantes ascensiones en el valle de Khumbu, escalando pro primera vez en solitario y por nuevas rutas dos montañas, el Cholatse, de 6.640 metros, por la pared norte, y el vecino Taboche, de 6.543 metros, por la pared oeste:

El Cholatse es la de la derecha y el taboche la de la izquierda.

En 2007 realiza su primer intento de escalada a un ochomil, en solitario: la cara sur del temible Annapurna. Pero, golpeado por una avalancha, sufre una caída de 300, de la que sale sin consecuencias graves. Vuelve a intentar la montaña en 2008, esta vez acompañado de Simon Anthamatten, pero las malas condiciones climáticas vuelven a dejarle sin el premio de la cima. Ese mismo año participa en el fallido intento de rescate de Iñaki Ochoa de Olza, aquejado de edema pulmonar mientras intentaba escalar el Annapurna, que habría sido su 13º ochomil.

Justo antes, para aclimatar, Ueli Steck y Simon Anthamatten habían escalado por primera vez la cara norte del Tengkangpoche, de 6.487 metros:

Esta escalada les valió el premio Piolet d’Or de 2009.

En 2009 escala por fin sus dos primeros ochomil: el Gasherbrun II, en el Karakorum, y el Makalu, ambos por la vía normal.

En 2011 lleva a cabo el Project Himalaya, cuyo objetivo es escalar 3 ochomiles en la misma temporada. Como aclimatación escala de nuevo la pared norte del Cholatse, además del Lobuche. Y es que Ueli Steck no era partidario de la aclimatación pasando noches en campos de altura, sino que prefería subir y bajar constantemente, por lo que a menudo escalaba montañas de menor tamaño (aunque de enorme dificultad) como preparación para esos ochomiles. Escala el primer ochomil, el Shisha Pangma, por la pared sur-oeste, en solitario en apenas 10 horas y media:

De inmediato parte para su segundo ochomil, el Cho Oyu, siendo el tercero previsto el Everest, que subiría por la ruta normal. Pero a 150 metros de la cima se tiene que retirar por riesgo de congelamiento. Había conseguido escalar dos ochomiles, con lo que sumaba ya 4 en su haber.

Se quitará la espinita del Everest en 2012, llegando a la cima por la ruta normal. Pero su otro gran triunfo en el Himalaya fue en 2013, cuando por fin logra escalar la cara sur del Annapurna, ascendiendo en solitario:

Esta ascensión le supone su segundo Piolet d’Or, aunque, al igual que en el caso del Shisha Pangma, fue puesta en duda por la ausencia de fotografías de cima y ciertas otras dudas sobre la ascensión. En todo caso, considerada ascensión oficial, sumaba 6 ochomiles.

El proyecto que tenía en 2017 era realizar algo inédito hasta la fecha: la travesía Everest-Lhotse. La ruta en sí tenía telita:

Parte del campamento base normal y atraviesa la cascada de hielo hasta el campo 2. Ahí cambia la cara de la montaña, dirigiéndose a la cara noroeste para ascender a la cima con el corredor Hornbein hasta la cima. Desde ahí descendería por la ruta normal hasta el collado sur, a 7.900 metros, para subir al Lhotse por la vía Urubko y descenderlo por la vía normal, volviendo así al campo dos. Mucho, quizá demasiado tiempo, por encima de los 7.900 metros.

Com siempre, aclimataba subiendo y bajando, y así aprovechó para intentar escalar el Nuptse, de 7.861 metros, que pese a verse imponente por su cara sur, no es propiamente una montaña, al tener una prominencia de sólo 319 desde el collado que lo une al Lhotse (para ser considerada una montaña independiente tendría que superar la prominencia de 500 metros):

Era un intento de ascensión en un día desde el campo 2 del Everest. 4 sherpas y dos alpinistas que se encontraban descansando en dicho campo le vieron caer desde 7.200 metros de altura, al comienzo de un difícil tramo de escalada en roca. Partieron en su busca y hallaron su cuerpo cerca del propio campo dos, lo que supone una caída de unos mil metros. Para cuando llegaron ya había muerto. Probablemente había resbalado, y la ausencia de medidas de seguridad impidió evitar la caída. Su cuerpo fue evacuado y posteriormente incinerado en un monasterio nepalí.

Al enterarse de la noticia, Reinhold Messner sugirió que Ueli Steck no había contado todos sus planes, y que aquello parecía un intento de realizar la travesía de toda la herradura del Everest: eso supondría ascender al Nuptse, atravesar la arista cimera hasta el collado con el Lhotse, al que tendría que ascender por una nueva ruta, hasta ahora no siquiera intentada, por un terreno abrupto casi imposible, para continuar con el proyecto previsto pero en orden contrario. Algo prácticamente impensable. Incluso para la máquina suiza suea excesivo, aunque nunca se sabe… Por desgracia, nunca podremos ya saber cuáles eran los planes reales de Ueli.

Ueli Steck tenía 40 años en el momento de su fatal caída en el Nuptse. De haber sobrevivido y conseguido realizar la inédita travesía Everest-Lhotse, habría escalado 7 ochomiles. Sería interesante saber qué habría hecho para poder ascender en ese estilo rápido que le caracterizaba moles del tamaño del K2, Nanga Parbat, Dhaulagiri o Kanchenjunga. Pero nos quedamos sin saberlo. Su pérdida es quizá la más dolorosa para el himalayismo actual, ya que su forma de escalar, forjada en los Alpes, en montañas de mucha menor altura, había demostrado ser exitosa incluso en los ochomiles. Ya sólo nos queda hacer historia-ficción, o esperar a que otro alpinista de su excepcional talento pueda realizar proezas tan increíbles como las que él realizó.



Turismo en Aragón: el monasterio de San Juan de la Peña


Los estudios de historia del actual estado español en la educación española se circunscriben a menudo exclusivamente al Reino de Castilla, ignorándose la riquísima historia que encontramos en otros territorios que se incorporaron al estado (lo que yo denomino “colonización castellana de la península”). Es decir, al final, si queremos conocer el origen de otros territorios, tenemos que estudiar por nuestra cuenta. Y ya sabemos que una de las mejores formas de aprender historia es viajar y conocer los lugares en los que acontecieron importantes acontecimientos históricos. Pues bien, el tema que hoy nos ocupa, el Monasterio de San Juan de la Peña, es historia viva del surgimiento del Reino de Aragón.




Los musulmanes, pese a invadir la península ibérica y llegar incluso hasta el seno de Francia (donde fueron detenidos y derrotados por los francos dirigidos por Carlos Martel en la Batalla de Poitiers el 10 de octubre del año 732), nunca llegaron a controlar completamente los territorios al norte de las sierras pre-pirenaicas (al cual que sucedía con los territorios al norte de la cordillera cantábrica, núcleo original del Reino de Asturias). De ahí surgirán el siglo siguiente territorios independientes controlados por líderes locales. Carlomagno aprovechará a estos pequeños estados para conformar la marca hispánica, territorios bisagra que protegían al imperio carolingio de los ataques andalusíes, y así surgen los territorios del futuro Reino de Navarra o los condados catalanes. En el año 828, el señor local Aznar Galíndez I conseguirá el título de Conde de Aragón, formando parte de esa marca hispánica.

Este condado no estaba libre de ataques musulmanes, por lo que, al igual que sucedía en territorios asturianos, los monjes y eremitas cristianos buscaban como lugar de retiro valles remotos y alejados de las principales vías de comunicación. No es de extrañar, por tanto, que en fechas tan tempranas como el siglo IX, o incluso anteriores, el abrigo rocoso bajo el que se encuentra el Monasterio de San Juan de la Peña fuera ocupado por monjes.

Existe una leyenda, que nos habla sobre la fundación del monasterio: cuenta que, en el siglo VIII,  un joven noble llamado Voto se encontraba cazando cuando vio un ciervo y salió a caballo en su persecución. El ciervo calló por un barranco, y aquí las versiones difieren: una cuenta que, cuando el caballo iba a despeñarse igualmente, una oración de Voto a San Juan le hizo detenerse milagrosamente y, en agradecimiento, fundó un cenobio. la otra cuenta que el caballo sí se despeñó, pero cayó lentamente, por lo que Voto sobrevivió y encontró al fondo del barrando una ermita dedicada a San Juan Bautista, en la que se encontraba el cuerpo de Juan de Atarés, un ermitaño del siglo VII. En todo caso, Voto y su hermano Felix (canonizados posteriormente) se establecerían en ese lugar como eremitas, dando origen a un monasterio dedicado a San Juan Bautista (que por su peculiar ubicación acabaría siendo conocido como San Juan de la Peña).

Estos orígenes son sin duda legendarios, pero lo que sabemos con certeza es que la iglesia baja del actual monasterio fue consagrada en el año 920. La importancia que adquiere este monasterio se comprueba en el hecho de que es elegido como lugar de enterramiento por parte de algunos de los condes de Aragón.

Pese a todo, el siglo X verá una pérdida de importancia del monasterio. En el año 970 desaparece el condado de Aragón: el conde Galindo II Aznárez muere en el año 922 sin descendencia masculina que le sobreviva (se desconoce qué le sucedió a su hijo Mirón Galíndez, pero al no heredar el condado se deduce que habría muerto antes que su padre). La heredera es por tanto su hija Andregoto Galíndez, que en 938 se casa con García Sánchez, el Rey de Navarra. El hijo de ambos, Sancho Garcés II, será su sucesor, pero ya únicamente como Rey de Navarra: el condado de Aragón desaparece como entidad independiente, quedando bajo control navarro. Pese al decaer de importancia del monasterio, el rey será sepultado finalmente aquí.

El monasterio recobra su importancia bajo el reinado de Sancho Garcés III (también conocido como Sancho el mayor), cuando se introduce en el monasterio la orden benedictina (y su regla Ora et labora) y se realizan obras de ampliación de las dependencias monacales. De esta época datan la ampliación de la iglesia inferior y la contigua sala de los concilios.

El rey Sancho de Navarra divide sus dominios entre sus tres hijos: el mayor, García Sánchez III, será Rey de los territorios navarros (Reino de Nájera-Pamplona), al menor, Gonzalo, le hace Conde del Sobrarbe y la Ribagorza, y al mediano, Ramiro, le deja los anteriores territorios del condado de Aragón (que en gran medida se componía de la parte cristiana de l valle del río Aragón, que da nombre al territorio, y de la parte superior del valle del río Gállego), pero ahora como Rey. Nace así el Reino de Aragón, que no tardará en incorporar los territorios del vecino condado del Sobrarbe y la Ribagorza tras la muerte sin herederos de Gonzalo.

En el año 1071, durante el reinado del hijo de Ramiro I de Aragón, Sancho Ramírez, el monasterio recibe otro importante empujón, ya que es ampliado con un nuevo nivel por encima del anterior, que incluye una nueva iglesia y numerosas dependencias nuevas, entre ellas el claustro. Es además en ese momento en el que en el monasterio se adopta por primera vez el rito litúrgico romano frente al hispano imperante hasta entonces. Parece que es aquí el primer lugar en el que se adopta ese rito romano.

La importancia del monasterio queda demostrada por su conversión en panteón real de los 3 primeros monarcas aragoneses, Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I con sus respectivas familias.

Pero la conquista de territorios bajo control de los musulmanes avanza hacia el sur, hacia Huesca o Barbastro, entre otras ciudades, con lo que el centro político del nuevo Reino se traslada de Jaca hacia el sur. Los nuevos monarcas elegirán otros lugares de enterramiento (primero Huesca y, posteriormente, con la unión de los condados catalanes, los monasterios de Poblet y Santes Creus, en la provincia de Tarragona), y el monasterio de San Juan de la Peña va perdiendo importancia. Finalmente, un incendio en el año 1675 destruye buena parte de las dependencias monásticas, por lo que los monjes que todavía residían en el monasterio se trasladan a una nueva edificación, unos cuantos metros de altura más arriba, en la pradera de San Indalecio. Este nuevo monasterio barroco es destruido durante la Guerra de Independencia española, quedando en ruinas.

Bien, comenzamos nuestra visita al monasterio. San Juan de la Peña se encuentra en el término municipal de Santa Cruz de la Serós, municipio de menos de 200 habitantes que se encuentra a unos 15 km de Jaca. Estamos en plena cuna del románico, ya que además del monasterio, en el centro del pueblo encontramos la iglesia de Santa María de la Serós y la ermita de San Caprasio. Lo más probable es que para llegar al monasterio  vayamos por la nacional 240 y cojamos el desvío hacia Santa Cruz de la Serós a medio camino entre Jaca y Puente la Reina, la carretera autonómica 1603 (la otra opción para llegar al monasterio pasa por la autonómica 1205, que podemos coger bien en Jaca o bien en el embalse de la Peña, si venimos de Huesca, Riglos o el Castillo de Loarre, y al llegar a Bernués cojamos la autonómica 1603; e este caso llegaremos directamente a la pradera de San Indalecio sin pasar por el monasterio viejo ni por el pueblo de Santa Cruz de la Serós). Desde el centro del pueblo nos quedan todavía 7 km de subida por una carretera de curvas hasta pasar junto al monasterio viejo. Aquí hay un parking para autobuses, pero los coches no pueden aparcar aquí; hay que continuar subiendo otro km más hasta llegar a la pradera de San Indalecio, donde se encuentra el parking junto al monasterio alto o nuevo. Es aquí donde cogeremos las entradas para visitar el monasterio (hay una taquilla junto al monasterio viejo para quienes vayan en autobús en alguna excursión organizada o para quienes tengan las piernas suficientes para subir andando; no olvidemos que el monasterio es un desvío imprescindible en el Camino de Santiago que entra en la península por Canfranc y pasa por Jaca).

Las visitas al monasterio constan de tres partes diferentes: el monasterio viejo, el Centro de Interpretación de San Juan de la Peña y el Centro de Interpretación Reino de Aragón. Dejo un enlace a la página oficial del monasterio con los horarios y tarifas de cada opción.

Hemos dejado el coche en la pradera de San Indalecio (donde hay un merendero, baños públicos, zona de juegos infantiles y la posibilidad de realizar algunas rutas a pie para poder disfrutar de las excelentes vistas de los Pirineos que tenemos justo enfrente) y nos dirigimos al Monasterio Nuevo (el edificio es una reconstrucción):

(Agradecer antes de nada a Manu la magnífica panorámica que nos sacó a Jon, el organizador de la excursión, y a mí).

Estamos ante el monasterio nuevo. A la izquierda, aunque no se ve, está la entrada a la taquilla, la tienda, la cafetería-restaurante, los baños y demás servicios. Ahí cogeremos las entradas para lo que vayamos a ver.

De frente tenemos la puerta de la iglesia. En ella está el Centro de Interpretación del Reino de Aragón, que no tuve ocasión de visitar, pero que consta fundamentalmente de audiovisuales que cuentan la historia del Reino y la importancia que en él tuvo San Juan de la Peña.

Y a la derecha tenemos la entrada al Centro de Interpretación del Monasterio Nuevo. Ya hemos dicho que el monasterio fue destruido durante la Guerra de Independencia, por lo que lo que de él quedan son excavaciones arqueológicas. Además de paneles informativos sobre el monasterio y la vida en él, pasamos por un suelo de metacrilato sobre los restos de la zona de habitación del monasterio, en la que hay reproducciones de la habitación del abad y las de los monjes, y en un edificio anexo podemos ver el edificio de servicios, con sus caballerizas, horno de pan, carpintería o la consulta del médico. Un buen acercamiento a cómo era la vida en un monasterio del siglo XVII y XVIII.

Pero vamos a lo que nos importa, al monasterio viejo. Podemos bajar andando (15 minutos más o menos por el monte, con bastante pendiente) o coger los microbuses que unen ambos monasterios (el precio está incluido en la entrada). Se coge delante del monasterio alto y te deja a las puertas del monasterio viejo.

Una vez allí podemos hacer una visita guiada (incluida con la entrada) o visitarla por libre. Yo he hecho ambas; esta última vez lo visité por libre. Error; ya mencionaré más adelante por qué. De una forma u otra entramos por la puerta del monasterio:

Entramos al monasterio. Y aprovecho el plano de wikipedia para poder orientarnos mejor:

Tenemos ante nosotros una escalera que sube al nivel alto y otra, con bastantes menos peldaños, que nos lleva al núcleo original del monasterio. Para seguir un orden cronológico vamos a descender (la b del plano) y vamos a ir hasta el fondo, al número 10.

Estamos en la iglesia pre-románica, la iglesia original del monasterio. Consta de dos naves con un ábside cada una, excavado en la roca. Vemos una foto de la nave derecha:

Y otra foto de la nave izquierda:

Vemos en ambas fotos que la iglesia no está en el mismo nivel, sino que los ábsides y una pequeña parte de las naves está a un nivel superior y que unas escaleras nos conducen al resto de las naves a un nivel inferior. La parte superior es la iglesia del año 920, mientras que el resto corresponde a la ampliación que llevó a cabo Sancho Garcés III de Pamplona en el siglo XI. Es de estilo mozárabe, lo que se hace evidente por los arcos de herradura que unen ambas naves. Los ábsides fueron decorados con frescos ya en época románica, en el siglo XII, con escenas de la vida de San Cosme y San Damián de los que por desgracia se conservan pocos restos que hacen irreconocibles las escenas:

A los pies de las escaleras nos encontramos con 5 sepulcros de abades del monasterio.

Esta es para mí la estancia más interesante del monasterio, ya que es uno de los poquísimos restos que nos quedan del pre-románico peninsular, y en especial del navarro y aragonés.

Vamos a la estancia contigua, de considerables mayores proporciones (la 11 en el plano), la llamada Sala de los concilios, ya que se pensó erróneamente que aquí se celebró un concilio en el siglo XI. Estamos en una estancia románica, realizada también durante la ampliación de Sancho Garcés III, que servía de dormitorio para los monjes:

Justo adosada a la pared que da a la iglesia, al fondo, bajo la roca, encontramos una fuente por la que se filtra agua de la parte superior del monasterio, y que a buen seguro fue de gran utilidad para los monjes (y no lo digo por el falso mito de su uso para la tortura del (gota a gota”):

Por desgracia, esto es todo lo que se conserva del monasterio original y de su ampliación en el siglo XI. No nos queda más que subir al nivel superior (la a del plano), construido a partir del año 1071 por orden de Sancho Ramírez de Aragón. Una vez subimos las escaleras llegamos a un patio conocido como el Panteón de los Nobles, desde el que se accede a la iglesia superior:

En la foto vemos como la roca cubre una parte del techo de la iglesia.

La denominación de “Panteón de los nobles” se debe a la doble hilera de sepulcros de la nobleza que encontramos en la pared derecha:

Como vemos, los sepulcros tiene forma semicircular, rodeados por una cenefa de ajedrezado jaqués, tan típico del románico oscense (y que se extendió de aquí a otros lugares del Camino de Santiago). Cada sepulcro cuenta con un relieve circular en el centro (aunque no todos se conservan), algunos sencillos (crismones o representaciones de algún animal), otros mucho más complejos y con carácter alegórico:

Frente a estos, en la pared que da a la iglesia, tenemos el sepulcro de Pedro Pablo Abarca de Bolea, X Conde de Aranda, destacado miembro de la corte de Carlos III y Carlos IV, ya en pleno siglo XVIII. Este Conde quiso ser enterrado en el lugar donde reposaban algunos de sus antepasados, y como veremos más adelante, tuvo un importante papel en la remodelación de una de las estancias del monasterio:

Antes de dirigirnos a la iglesia podemos visitar unas pequeñas estancias que se abren al patio y que forman un pequeño museo con objetos del monasterio (especialmente capiteles y otros elementos arquitectónicos) y con paneles informativos). Y, sobre todo, visitamos la estancia señalada en el plano con un 1, el horno de pan, estancia de poca altura, tapada por la roca bajo la que se encuentra edificado el monasterio. Aquí podemos ver todavía la boca del horno:

Pero lo más destacable de esta sala no es la función que tenía, ni la arquitectura del lugar, sino las tres lápidas que se encuentran en el suelo, en el centro:

Si la memoria no me falla, estas son las lápidas funerarias de los primeros reyes de aragón. Y su ubicación original está justo al lado, ya que en el extremo de la sala se abre un hueco entre la roca y el muro en el que se ubica el Panteón de los Reyes:

Este es el lugar en el que fueron enterrados los Condes de Aragón, algún Rey de Navarra y los 3 primeros reyes de Aragón con sus esposas, en huecos antropomorfos excavados en la roca. Los cuerpos actualmente no se encuentran ya aquí (creo recordar que fueron trasladados a Zaragoza; aprovecho para pedir su devolución al lugar en el que les corresponde estar), pero es este lugar el que le da su importancia al monasterio de San Juan de la Peña.

Volvemos al Panteón de los Nobles y de ahí accedemos ya a la iglesia superior. La construcción de esta nueva iglesia hizo que la iglesia mozárabe del nivel inferior ahora adquiriera las funciones de cripta. Nos encontramos en una iglesia románica, con arcos fajones de medio punto que sostienen una bóveda de cañon. Una iglesia de nave única con tres ábsides, de nuevo excavados en la roca, siendo el central algo más grande que los laterales:

Observamos un románico austero, sin mucha decoración, pero de una gran belleza en su aparente simplicidad.

Antes de comentar más sobre los ábsides nos vamos a fijar en la puerta que se abre a la izquierda. Aquí se encontraba la sacristía de la iglesia, adosada a las tumbas del panteón real. Este panteón sufrió daños durante el incendio de 1675, así que, por instigación del Conde de Aranda, fue renovado en estilo neoclásico por orden de Carlos III en 1770. Desde la puerta la vista sería la siguiente:

En la pared derecha se encuentran los sepulcros de los reyes, con sus respectivos nombres inscritos en planchas de cobre.

Recientemente el panteón fue abierto al público, pero sólo en las visitas guiadas. Es decir, que al hacer la visita por libre me quedé sin poder entrar. Lección aprendida por las malas.

Volvemos a la iglesia. Y nos centramos en el ábside central, el altar mayor:

Una leyenda cuenta que el Santo Grial fue traído a España desde Roma por San Lorenzo, originario de Huesca. La leyenda sigue diciendo que, con el avance musulmán, unos monjes lo llevaron al monasterio de San Pedro de Siresa, en el Valle de Hecho, al norte del río Aragón, hasta que, alejado el peligro árabe, pasó por otros monasterios hasta llegar a la catedral de Jaca. En el año 1071 el obispo de Jaca envió el cáliz a San Juan de la Peña, convirtiéndolo así en una atractiva nueva etapa del Camino de Santiago. Y allí estaría hasta 1399, cuando el Rey de Aragón Martín el Humano lo trasladó a Zaragoza, y de ahí fue enviado a Valencia en 1424, reposando actualmente en la catedral de dicha ciudad. No vamos a entrar en terrenos míticos sobre la autenticidad o no de este grial, pero por motivos históricos se conserva aquí una copia de ese cáliz que tantos años pasó en el monasterio.

Vamos ahora a ver la otra vista de la iglesia, desde el ábside:

Vemos aquí la bóveda de cañón, y también un acceso, ahora inservible, desde una parte del monasterio que actualmente no se conserva, destruida en el incendio de 1675. No olvidemos que lo que hoy se visita es sólo una parte del monasterio original, mientras el resto se encontraría sobre la carretera actual.

Pasamos ahora al claustro, y lo haremos por una puerta mozárabe:

Al parecer esta puerta era originaria de la iglesia inferior y sería trasladada posteriormente aquí. Es decir, tendría un origen muy anterior al resto de la iglesia.

Y pasamos ya a hablar de la joya de San Juan de la peña, su claustro:

Lo llamativo de este claustro es la ausencia de cubierta, ya que el propio abrigo rocoso bajo el que se construyó ejerce la función de techo. Se conservan dos de las cuatro secciones de arcadas con sus correspondientes capiteles esculpidos, verdaderas joyas del arte románico. Los que se conservan nos cuentan episodios del Génesis y de los evangelios. Vamos a ver sólo uno (que sino no acabamos):

El elegido ha sido el milagro de las bodas de Caná, en el que Jesús transforma el agua en vino. destacan los ojos almendrados de las figuras humanas. hay que destacar también de nuevo el ajedrezado jaqués en los arcos (esta decoración es una constante en el monasterio, la encontramos también en la iglesia, por ejemplo).

Adosada a la pared (el 7 en el plano) encontramos la capilla de San Victorián, de estilo gótico flamígero del siglo XIII, ricamente adornado con pináculos, que sirvió de panteón para algunos abades del monasterio:

Por último, al fondo (número 9 en el plano) encontramos la barroca capilla de San Voto y San Félix, míticos fundadores del monasterio. Y aquí concluye nuestra visita al Monasterio de San Juan de la Peña.

El valle del río Aragón en uno de los lugares clave del resurgimiento de la península cristiana, y también uno de los principales lugares de entrada de nuevas corrientes europeas (el arte románico, el rito litúrgico romano) que contribuyen a dar una mayor uniformidad a esa Europa que se irá extendiendo culturalmente hablando hacia el sur, hacia territorios ocupados por los musulmanes. El monasterio de San Juan de la Peña es por ello uno de los lugares clave que nos permiten entender el posterior desarrollo histórico y artístico de una península ya plenamente europeizada, y por tanto una joya de visita imprescindible.



La Bella y la Bestia: comentamos el contexto histórico


Desde que, allá por 1991, se estrenara la versión de animación de “La Bella y la Bestia” de Disney, cuando yo tenía 6 años, ha sido una película por la que he tenido una predilección especial; de hecho, probablemente sea la peli que más veces he visto en mi vida (y probablemente supere el centenar). De ahí que esperara con ganas el reciente estreno de la versión con personajes reales.




He tenido ocasión de ver dos veces en cine esta nueva versión de La Bella y la Bestia, tanto en inglés como doblada al español (imprescindible verla en versión original, sin duda). Verla dos veces me ha permitido darme cuenta de muchos detalles que se me pasaron por alto en la primera visión. Y es que la película no es un calco de la versión animada, ya que incorpora numerosos nuevos elementos y algunos cambios más o menos relevantes. 4 canciones nuevas (ninguna extraída del musical), aunque eché en falta ese “Human again” de la versión extendida de animación. Y otros cambios que nos permiten profundizar más en el contexto histórico de la película.

Para poder hablar del contexto histórico de La Bella y la Bestia es necesario hacer spoilers. Ya quedáis avisados.

¿En qué época se sitúa la acción de La Bella y la Bestia? Esta es la principal pregunta a contestar… pero esto es imposible, dada la enorme cantidad de anacronismos que nos vamos a encontrar en la película. Así que a continuación vamos a comentar algunos de ellos. Eso sí, como en Youtube todavía no hay fragmentos de la peli, tendremos que usar la memoria de lo que hemos visto en el cine.

Hay que mencionar que la película menciona explícitamente la localización de la historia en Francia, pero no menciona en ningún momento en que época transcurre.

Comenzamos por el Castillo del Príncipe Adam. El castillo, obra de la imaginación de los directores artísticos de la película, está inspirado en el Castillo de Chambord:

Este castillo fue mandado construir por el Rey francés Francisco I a comienzos del siglo XVI, en estilo plenamente renacentista, a poca distancia del Valle del Loira (es el mayor y quizá el más famoso de los Castillos del Loira), y se llega incluso a sospechar que el propio Leonardo Da Vinci tomó parte en el diseño. Es un castillo que cuenta con numerosos pináculos, chimeneas y linternas, aunque no tiene propiamente torres. Los diseñadores de producción de la película transforman esas estructuras en torres más acordes con el estilo que buscan.

Si hablamos del interior del castillo, su aspecto no es desde luego renacentista: el interior de la habitación de Bella, por ejemplo, es claramente rococó, aunque el estado ruinoso del castillo le de un aspecto gótico realmente interesante. Quizá ello contribuya a darle un aspecto más romántico, ya que en el siglo XIX se llevaba mucho el neogótico. Hay que recordar, además, que muchos de los castillos del Loira fueron reconstruidos y re-habitados en el siglo XIX por nobles o burgueses que alteraron el estilo original de los edificios para darles el aspecto romántico que buscaban.

Por lo tanto, partiendo del castillo, la acción no podrá situarse antes del siglo XVIII, siendo más probable si cabe el siglo XIX.

Vamos con Villeneuve, la “aldea” donde vive Bella (un pueblo de considerables dimensiones para la época):

Casas de piedra o de entramado de madera. La inspiración surge de pueblos de Alsacia, aunque tampoco podemos hablar de una ubicación concreta dentro de Francia. La iglesia a mí en concreto me recordaba mucho a la románica de Conques. Pese a alguna coleta y peluca, la indumentaria de sus habitantes es plenamente decimonónica (esos tricornios que llevan los niños, tan napoleónicos). Además, las condiciones de vida en la aldea son razonablemente buenas, muy lejos de la pobreza generalizada de los reinados de los tres Luises (del XIV al XVI). Todo tiene un aspecto post-revolucionario, post-napoleónico incluso (por no hablar de esa escuela, sólo para niños, cierto, pero que casi nos lleva a la república a partir de 1848, aunque podría ser anterior, de época napoleónica incluso, con lo que hablaríamos de los primeros años del siglo XIX). Un mercado con abundantes productos, el pueblo reunido por la noche en la taberna… no suena a época borbónica. Incluso se nos añade el hecho de que el personaje de Gastón es un militar que ha estado en la guerra… ¿en cuál? ¿Las guerras revolucionarias, las napoleónicas, la restauración borbónica? De nuevo podríamos situarnos a comienzos del siglo XIX.

Los personajes del castillo lucen pelucas. Las de Madame de Garderobe y el maestro Cadenza (personaje nuevo, interpretado por Stanley Tucci) son bastante aparatosas, pero las de otros personajes como Lumiere (Ewan McGregor) o Cogsworth -Din Don en español- (interpretado por Ian McKellen) son más propias de finales del siglo XVIII, aunque podemos encontrarlas incluso a comienzos del siglo XIX, con la restauración borbónica de Luis XVIII, pese a que en época de Napoleón (desde aproximadamente el 1800 hasta 1814) hubiera caído en desuso. Carlos X, el hermano de Luis XVIII (y de Luis XVI), rey desde 1824 hasta su caída en 1830, no usaba peluca, caída ya definitivamente en desuso.

¿Estamos por tanto en la Francia pre-revolucionaria, antes de 1791? ¿O en la restauración borbónica, entre 1814 y 1824, digamos? No tendría sentido situar la acción en plena revolución francesa, cuando se ejecutaba a los nobles (y a ver qué es el príncipe Adam…). Un detalle a tener en cuenta: en la canción “Be our guest” (“Qué festín” en español) aparece una guillotina cuando Lumiere canta “After all, Miss, this is France” (“Esto es Francia, Mademoiselle” en la versión traducida al español). La guillotina se populariza precisamente con la revolución francesa, siendo empleada como método igualitario de ejecución en 1792. O estamos ante un anacronismo (como los constantes del Genio en Aladdin, por ejemplo), o estamos en época post-revolucionaria.

Y ya que en la película nos encontramos con pequeños retazos de la historia anterior de los personajes, vamos a especular. Sabemos que la madre de Adam (la futura bestia) muere por enfermedad cuando él es un niño, y que a partir de ahí será su padre quien lo malcríe, con el consentimiento o el “no hacer nada” de los habitantes del castillo. No sabemos qué pasa con su padre (lo que sí sabemos es que Adam no le tiene mucho cariño, en vista de que ha arañado su rostro en el retrato familiar). ¿Podría haber sido el padre ejecutado durante la revolución poco después de la muerte de la madre, haciendo que así los criados del castillo siguieran malcriando al príncipe, tal vez por pena? Dado que en la película no se nos habla de la edad del príncipe (en la de animación se habla de que la rosa comienza a marchitarse cuando él cumple 21 años, pero aquí podría ser unos años mayor). Si ejecutaran al padre en 1794, pasarían 20 años hasta la restauración borbónica, y el príncipe tendría unos 30 años. Aprovecha el tiempo perdido en la etapa revolucionaria y napoleónica para recuperar su riqueza con las altas tasas a los habitantes del pueblo, su obsesión por las fiestas y los objetos raros, e impone la moda monárquica de las pelucas, ya desfasada, en sus sirvientes. Y Gastón podría volver a casa tras luchar en el bando borbónico para ayudar a Luis XVIII a recuperar el poder, porque es un personaje tan retrógrado que no tiene pinta de soldado napoleónico. Podríamos situar la acción entre 1814 y 1820, aproximadamente.

¿Cuál es entonces el problema? La historia de Bella. En un momento de la película, ella viaja mágicamente a París (un París que no se ve de cerca, pero que no muestra aspecto de la reformulación urbana de Napoleón) y descubre lo que pasó con su madre cuando Bestia encuentra en el molino en el que vivían una mascara de las que usaban los médicos que atendían los casos de peste:

La peste era una enfermedad tremendamente contagiosa y prácticamente incurable, lo que haría que Maurice se llevara a la pequeña Bella cuando su madre se infecta de la enfermedad. La cuestión es que la peste ya había desaparecido prácticamente a comienzos del siglo XVIII, época en la que es sustituida por las atroces epidemias de viruela, igualmente contagiosa y mortal (causa de la muerte de Luis XV de Francia, por ejemplo). La viruela fue la enfermedad epidémica del siglo XVIII, hasta que a finales de dicho siglo, el descubrimiento de la vacuna acabó con su virulencia. En su lugar, en el siglo XIX tenemos epidemias de cólera (causa de la muerte de Carlos X de Francia, por ejemplo) y un brutal aumento de casos de tuberculosis (posible causa de la muerte en prisión del pequeño Luis XVII, el hijo del guillotinado Luis XVI). Pero la tuberculosis no es epidémica, no es tan contagiosa y el enfermo vive años y años con la enfermedad, mientras que el cólera, pese a sí ser epidémico y de muerte rápida (y atroz) no se contagia directamente de persona a persona, sino por la ingesta de agua contaminada. En ambos casos, la huida de Maurice con la niña no tendría sentido. Sí lo tendría, por contra, en caso de viruela, que podría darse todavía en los años 90 del siglo XVIII, lo que todavía permitiría situar la historia unos 20 o 25 años después, a comienzos del siglo XIX. ¿Por qué entonces la madre de Bella muere de peste? Porque los médicos que la trataban llevaban la distintiva máscara que ya hemos visto, cosa que no pasaba con la viruela. Y es precisamente la máscara lo que le permite a Bella (o al Príncipe Adam, en realidad) descubrir lo que le sucedió a su madre.

¿En qué época histórica transcurre por tanto la historia de La bella y la Bestia? La versión inglesa de Wikipedia habla de época Rococó, aproximadamente la primera mitad del siglo XVIII. Nos valen las pelucas, nos puede valer el castillo incluso, e incluso el tema de la peste (aunque muy muy justito). Pero Bella y Bestia bailan un vals, no un minué (el vals se populariza en el siglo XIX), y la aldea no encaja en absoluto en esa época. Yo sigo inclinándome por la época de la restauración borbónica de 1814 a 1824 más o menos, con algunos anacronismos necesarios (el vals, todavía desconocido, y el tema de la peste, imprescindible para que Bella conozca la historia de su madre y que no se podía sustituir por otra enfermedad más propia de la época).

Estas han sido simplemente algunas consideraciones históricas a partir de La Bella y la Bestia, pero, seamos sinceros, los anacronismos poco nos importan: lo que queremos es disfrutar de la peli, emocionarnos con ella y viajar a otros mundos (lo que bella hace a través de la lectura nosotros lo hacemos a través del cine). Y si la película consigue eso (en mi caso, sin duda), poco importa en qué época transcurra la acción.



Historias del Papado: el Concilio Cadavérico.


La crisis y desaparición final del Imperio Carolingio en la segunda mitad del siglo IX llevan a grandes problemas en el seno del papado, problemas a los que vamos a dedicar nuestra atención en dos post, siendo éste el primero de ellos. Hablaremos aquí del concilio cadavérico, es decir, del juicio al que se sometió al cadáver del Papa Formoso por motivos políticos.




En el año 840 muere Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno, y 3 años después sus hijos dividen el imperio en 3 partes (que, a grandes rasgos, serán Alemania, Francia e Italia, aunque esta última abarcará un territorio mayor al que tendrá posteriormente):

Los problemas con el papado surgen cuando Lotario II, el hijo de Lotario (que gobierna sobre Lotaringia, Burgundia -actualmente conocido como Borgoña- e Italia) desea divorciarse de su esposa Teurberga, que no le ha dado hijos; quiere volver a casarse con Waldrada, pero para ello necesita la nulidad matrimonial, algo en lo que el clero franco le apoya. Pero el Papa Nicolás I excomulga a los Obispos que le han apoyado y amenaza con hacer lo mismo con el propio Rey. Apoyado por Luis II de Francia (hijo de Carlos el Calvo), avanza con sus ejércitos hacia Roma, donde, tras el sitio de la ciudad, el Papa cede devolver a los Obispos excomulgados sus puestos anteriores, pero nunca reconoce la validez del nuevo matrimonio del monarca.
Muerto Nicolás I y su sucesor, Adriano II, un nuevo Papa entra en función, Juan VIII, quien participa activamente en la política imperial. Los descendientes de los reyes de Lotario y de Luis el Germánico han muerto, por lo que el Papa envía como legado pontificio en Francia a Formoso, Obispo de Porto (que había sido uno de sus rivales a la hora de conseguir el título papal), con la intención de convencer al último rey superviviente, Carlos el Calvo, de aceptar la corona Imperial, reunificando en gran medida los territorios del Imperio Carolingio bajo su mano.
Formoso, apreciado por los Papas por su nivel intelectual, así como por su austera vida, había ya actuado como legado de Nicolás I en Bulgaria, con el fin de cristianizar el país, así como en Constantinopla, para intentar solucionar el Cisma de Focio (algo que se consiguió sólo parcialmente, y que terminará dos siglos después llevando al gran cisma de oriente, con la ruptura entre las iglesias ortodoxas orientales y la católica romana). Era pues Formoso un hombre al que se le podían confiar misiones complicadas. De hecho, Formoso será tan apreciado por el Rey Boris I de Bulgaria que solicitará repetidamente a los Papas Nicolás I y Adriano II que lo nombren arzobispo metropolitano de Bulgaria, cosa que ambos Papas rechazan, ya que en esta época está prohibido que un Obispo abandone su sede para ocupar otro obispado más. Esto supondrá finalmente un acercamiento de Bulgaria al Patriarca de Constantinopla.
En el año 875, Juan VIII corona como Emperador a Carlos el Calvo, con lo que se recupera en buena medida el antiguo Imperio Carolingio. Pero el Papa es conocido por ser pro-francés, lo que le lleva a tener muchos enemigos en Roma. Entre ellos se encuentra precisamente Formoso, que bien por no gustarle que el Papa se inmiscuya tanto en temas políticos o bien por tener una ideología política diferente, se convierte en uno de los líderes de la facción teutónica o Alemana, que busca la coronación de Arnulfo de Carintia, nieto de Luis el Germánico, como Rey de Italia. Esta facción crea disturbios en Roma, por lo que Formoso se ve obligado a huir de la ciudad en el 876; el Papa le amenaza con la excomunión si no se presenta en el concilio que planea para juzgar los disturbios de Roma, pero Formoso sabe que corre peligro y no vuelve a Roma, lo que le vale la excomunión.
Carlos el Calvo murió en el 877, siendo sucedido por Carlos III el Gordo, hijo de Luis el Germánico. Las muertes de distintos parientes le permiten controlar un amplio territorio:

En ese momento, el Papa Juan VIII ve en el duque Guido de Spoleto (biznieto de Carlomagno) una amenaza a sus dominios, ya que está invadiendo los estados pontificios. Carlos ayudará al Papa, que le devolverá el favor coronándolo Emperador en el año 881.

Pero Carlos el Gordo es un monarca débil, con serios problemas de salud, que llevan finalmente a la Dieta de Tribur, de 887, en la que es depuesto como Emperador. El Imperio Carolingio desaparece definitivamente, mientras los poderes de la nobleza feudal y de los arzobispos en los que se apoyan crece considerablemente.

Surgen así 3 reinos: Francia, gobernada por Eudes, anterior Conde de París, Alemania, en manos de Arnulfo de Carintia, e Italia, en manos de Guido de Spoleto. Y cuando en 888 muere Carlos el Gordo, comienza una lucha por estos reyes para obtener el título de Emperador. Aprovechando los problemas que tienen en sus territorios Eudes y Arnulfo, así como de estar mucho más próximo al Papa, Guido consigue ser coronado Emperador en 891 por el Papa Esteban V. Poco después, el Papa muere, y hay que elegir a un nuevo Papa.

En el año 883, el Papa Marino I (sucesor de Juan VIII y predecesor de Esteban V) había levantado la excomunión que pesaba sobre Formoso, que volvía así a su diócesis de Porto (su natal Ostia, el puerto de Roma). Y precisamente será Formoso el elegido para ser el nuevo Papa, gracias al apoyo de los filo-alemanes seguidores de Arnulfo, así como el de Berengario de Friuli, que aspiraba a ser coronado Rey de Italia, pero que había perdido frente a Guido de Spoleto:

En teoría, Formoso no podía ser nombrado Papa, ya que eso suponía abandonar su diócesis, algo prohibido hasta entonces, pero Marino I había derogado esta norma, y nadie insinuó que su nombramiento fuera ilegal en vida de Formoso.
Ya hemos mencionado que Formoso era partidario del Rey de Alemania (llamada entonces Francia Oriental, además de contar entre sus dominios Lotaringia, la posterior Flandes), pero en ese momento se encuentra en Roma bajo el poder del Rey de Italia, Guido de Spoleto, que obliga al Papa a coronar en 892 a su hijo Lamberto, quien ocupará el cargo de Emperador a la muerte de su padre en 894. Arnulfo y Berengario están muy lejos, y el diácono Sergio es en ese momento el líder de la facción pro-italiana que mantiene bajo control a Formoso.
Pero Formoso no está por la labor de dejar que los Spoleto sean los Emperadores, de ver cómo atacan y saquean las tierras de la iglesia, animados por su título imperial que les hace creerse con el poder de hacer lo que quieran, y llama en su ayuda a Arnulfo de Carintia, quien cruza los Alpes y expulsa a Lamberto. A cambio, Arnulfo exige la corona imperial; Formoso intenta evitarlo, busca la forma de ganar tiempo, pero Ageltrude, la viuda de Guido y feroz enemiga de los pro-alemanes, alza a la nobleza romana contra Formoso, que es arrestado; la llegada de Arnulfo consigue su liberación (y la huida de Ageltrude hacia el sur),  con lo que, ahora sí, el Papa se ve obligado a coronar Emperador a Arnulfo en febrero de 896. Justo a tiempo, ya que el Papa morirá en abril de ese mismo año.

Poco se discutirá de su valía religiosa, de su devoción, que ni siquiera sus propios enemigos pusieron en duda. Pero que se había ganado enemigos, muchos y poderosos, es algo obvio.

Arnulfo tiene que volver de inmediato a Alemania, por problemas políticos, pero también por problemas de salud; poco después de ser coronado, parte hacia el sur de Italia para luchar contra los aliados de los Spoleto, pero una parálisis le impide proseguir, dejando a Formoso solo en indefenso (hay sospechas de que su muerte fue por envenenamiento, algo nada infrecuente en la época). Esto le permite a Lamberto de Spoleto entrometerse en el nombramiento del nuevo Papa, siendo elegido Bonifacio VI, que será papa sólo 15 días, muriendo a consecuencia de la gota que padecía. Lamberto de nuevo interfiere en el nombramiento del nuevo Papa, Esteban VI:

En un principio, Esteban se muestra partidario de Formoso, ya que éste aún cuenta con muchos partidarios en Roma, y sabe que depende de ellos. Pero el creciente poder de Lamberto, que supone cada vez una amenaza más seria, y las presiones de su madre Ageltrude, provocan que finalmente Esteban convoque un juicio post-mortem al Papa Formoso. El llamado Concilio cadavérico.

El concilio cadavérico tuvo lugar en la Basílica de San Pedro a principios del año 897. Se desentierra el cadáver de Formoso (que no llevaba muerto ni un año, mejor no imaginarse el olorcito que habría en la basílica durante el concilio) y se le viste con sus ropas papales. Se le sienta en un trono para que escuche las acusaciones en su contra. Y como estas acusaciones no pueden ser de carácter político, hay que buscar alguna triquiñuela por donde pillarlo (al más puro estilo OK Diario): se le acusa de abandonar su puesto en la diócesis de Porto para ocupar el de Obispo de Roma (o Papa, que es lo mismo).El pintor historicista francés Jean-Paul Laurens realiza en el siglo XIX una interesante recreación del macabro acontecimiento en el cuadro que podemos ver al comienzo del post.

El juicio está presidido por el propio Esteban VI, con lo que Lamberto de Spoleto se asegura así su venganza: declarado culpable, Formoso (o lo que queda de él) es despojado de sus prendas papales, se le arrancan los tres dedos con los que realizaba sus bendiciones papales y sus restos se ocultan en un lugar secreto (o tal vez arrojado al Tiber, aquí hay diferentes versiones que difieren). Al ser invalidada su elección papal, todas sus decisiones y nombramientos también lo son. Es decir, sus casi 5 años de papado no sirvieron para nada, pasan a ser una página en blanco. Por cierto, a Esteban le vino muy bien eliminar todos los nombramientos efectuados por Formoso, ya que a él lo había nombrado Obispo de Anagni, y por lo tanto de no invalidarse este nombramiento podía ser acusado del mismo delito por el que se había condenado a Formoso.

A Esteban la realización del Concilio cadavérico le costó muy cara: el pueblo romano en general apoyaba a Formoso, por lo que detuvieron al nuevo Papa, a quien estrangularon en prisión en agosto de 897, pocos meses después de realizar el concilio.
El nuevo Papa, Romano, hermano del anterior Papa Marino I, es del partido pro-alemán, con lo que durante su papado se rehabilita la figura de Formoso, aunque será su sucesor (apenas unos meses después), Teodoro II, quien invalide el Concilio cadavérico y haga destruir las actas de éste. Las decisiones tomadas por Formoso vuelven a ser válidas. Los restos de Formoso fueron devueltos a su tumba en el Vaticano. Esto le salió muy caro a Teodoro, que en el mismo mes de su elección como Papa murió envenenado, probablemente por los partidarios de los Spoleto, que buscarán revancha, algo que lograrán al conseguir que su candidato, Juan IX, sea el nuevo papa, en oposición al amigo de Esteban IV, el diácono Sergio, quien se encuentra estrechamente relacionado con Teofilacto, conde de Tusculum. Pese a todo, en el año 904 alcanzará finalmente el Papado.

Este Papa, con el nombre de Sergio III, realizará un monumento funerario en recuerdo de su amigo Esteban VI. Ciertos documentos hablan de un nuevo concilio cadavérico, que terminaría con el cadáver de Formoso arrojado al Tiber, donde queda enredado en las redes de un pescador, que guarda el cuerpo hasta que pueda volver a ser enterrado en el Vaticano. Pero todo parece indicar que este segundo concilio es un error, y en realidad Sergio había sido uno de los promotores del concilio cadavérico de Esteban VI.

En todo caso, si hasta ahora hemos visto como los conflictos políticos amenazan al Papado (llegando a extremos como este concilio cadavérico), con Sergio III comienza una nueva etapa en el papado, que se extenderá durante 60 años, en los que no será tanto la lucha imperial la que controle (y asesine) a los Papas, sino unas mujeres, y el hijo de una de ellas. Comienza así el período conocido como “Pornocracia”. Pero ese ya es otro tema.



Turismo en Campania: La Villa Rufolo de Ravello


En 1997, la Costa Amalfinata fue declarada Patrimonio de la Humanidad. Esto incluía por supuesto la localidad de Amalfi, así como la famosa Positano, pero también otras localidades como Atrani, Maiori, Scala y, quizá la más interesante de todas ellas, Ravello. En este post vamos a hablar de una de las principales atracciones de Ravello, la Villa Rufolo.




La costa amalfitana se encuentra en el lado sur de la península sorrentina. Ante ella se abre el golfo de Sorrento. Siendo una península realmente estrecha (con una media de 6 km), está separada de la costa norte, la que da al golfo de Nápoles, por los montes Lattari, que llegan a alcanzar alturas de hasta 1.444 metros, por lo que ya nos podemos imaginar lo abrupta que resulta. Algo que le aporta un encanto especial a la Villa Rufolo, como veremos más adelante.

Ravello no se encuentra propiamente en la costa. Si partimos desde Amalfi en dirección este, hacia Salerno, nos encontraremos a poco más de un km con un desvío que nos conduce montaña arriba, hasta los 365 metros sobre el nivel del mar a los que se encuentra Ravello.

Ravello pertenecía a la efímera República Amalfitana, una república marinera (al igual que otras como las de Pisa, Génova o Venecia) que, bajo influencia bizantina, se funda en el año 839, siendo un importante centro económico y artístico-cultural. La ciudad de Ravello alcanza un gran esplendor en esta época, pero su mejor momento está por llegar cuando, en el año 1.039, la República Amalfitana desaparece definitivamente, absorbida por el Principado de Salerno. De hecho, será el duque Ruggero de Apulia y Calabria el que, en el año 1.086, convierta la ciudad en sede episcopal, para así competir con Amalfi. Los siguientes siglos verán crecer la población de la ciudad hasta los 25.000 habitantes (frente a los 2.500 actuales), hasta su decadencia en el siglo XIV.

Será en el siglo XIII cuando una de las más importantes familias de Ravello, los Rufolo, construyan su palacio, del que se dice que tenía más habitaciones que días tiene un año. La entrada, a través de una torre de fines meramente ornamentales, se encuentra de hecho junto al Duomo de Ravello.

Pero la Villa Rufolo no tendrá mucha suerte en el futuro; tras cambiar de propietarios, cae en el abandono y termina en estado ruinoso. Pero todo cambia en 1851, cuando el botánico escocés Sir Francis Neville Reid visite la villa y decida adquirirla, restaurar en lo posible los edificios y, sobre todo, aprovechar la idílica ubicación para la creación de unos magníficos jardines. el gran atractivo de la villa.

Antes de comenzar la visita, dejo un  enlace con información sobre la visita (horarios, tarifas…).

Atravesamos la torre de entrada y nos dirigimos hacia la principal edificación de la villa, el Claustro morisco, del que se conservan sólo 3 de las cuatro alas. Esta es la vista interior:

Y vamos ahora a ver la arcada desde el exterior, para observar ese juego cromático de piedras blancas y negras tan habitual en la arquitectura románica de la región:

Saliendo del Claustro nos encontramos con la Torre mayor, de 30 metros de altura, que es al parecer la parte más antigua de la villa:

Ante ella actualmente nos encontramos con los jardines, pero en su época toda esta zona estaba construida, aunque quedan algunos vestigios de esas edificaciones, como las ruinas de la Sala de los caballeros, de planta circular y con arcos apuntadas:

Los jardines que nos encontramos en esta parte, como todos los demás, son fruto de la restauración de Neville Reid, en un estilo plenamente romántico. Por aquí pasó Richard Wagner en 1880, por lo que teneos una placa conmemorativa:

Y es que esta visita de Wagner a la Villa Rufolo  no fue un asunto sin importancia: el compositor se encontraba atascado en la composición de su última ópera, Parsifal, ya que no conseguía visualizar la escenografía del Jardín mágico de Klingsor hasta que vio los jardines y su crisis creativa se solucionó justo a tiempo (a Wagner le quedaban apenas 3 años de vida).

Antes de poner algunas imágenes de los jardines vamos a ver alguna imagen de las otros edificaciones destacables de la Villa Rufolo, comenzando por la zona de baños, que incluía un baño turco. Nos la encontramos a mano izquierda según descendemos a los niveles inferiores de los jardines. En estado ruinoso, éste es su aspecto exterior:

Vemos ahora el interior del baño turco:

Y podemos también observar las canalizaciones de agua:

Y terminamos con el comedor, que se encuentra en un nivel inferior al del claustro (aunque muy próximo a él) y al que accederemos desde los jardines:

Los jardines están construidos en terrazas y son de aspecto totalmente decimonónico:

Las vistas desde estos jardines son simplemente espectaculares (de hecho, el principal atractivo de la visita). Tenemos por ejemplo las vistas de los Montes Lattari:

Y las vistas hacia el Golfo de Salerno:

O las vistas de la foto del principio.

Y abajo, en el Belvedere, cada año se monta un escenario para el festival musical que se celebra en verano, en un lugar realmente privilegiado:

Se podrían contar más cosas de la Villa Rufolo, pero ya no tengo fotos interesantes. En todo caso, pese a la carretera, no demasiado agradable, que hay que recorrer para llegar, es una imprescindible visita en la costa amalfitana que, entre vistas maravillosas, nos sumerge en la historia de la región… y en el mundo de Wagner, ya de paso.



100 años sin Francisco José I de Austria (21-11-2016)


Un día como hoy de hace 100 años moría, a los 86 años, el hombre que había dirigido buena parte del destino de Europa en el siglo XIX y que seguiría haciéndolo durante parte del siglo XX (para mal en la mayoría de los casos): el Emperador Francisco José I de Austria.




Ya hablamos de sus orígenes, primeros años de reinado y situación familiar (como su matrimonio con Isabel de Baviera, la famosa Sissi) en este post, que conviene leer antes de seguir con este.

Francisco José I de Austria no era un personaje propio de su tiempo, era un ser anacrónico que buscaba recuperar la gloria del Imperio. Y es que desde el siglo XV los Habsburgo han controlado el área centroeuropea. Pero una serie de sucesos le llevarán a perder cada vez más control en la región.

En sus inicios, Francisco José se apoya fundamentalmente en el Vaticano (que es quien rige en la práctica las leyes civiles del país) y en Rusia, que le ayuda a derrotar a la desleal Hungría. Pero Francisco José comete el error de no apoyar a su aliada en la Guerra de Crimea, lo que provoca el aislamiento del Imperio, que además se encuentra en una situación de debilidad económica que obliga a subir los aranceles, lo que le genera oposición interna por parte de los liberales.

Francisco José I de Austria trata de mantener el equilibrio interno del Imperio, pero la política exterior no le es favorable. En 1848 gana la guerra que le declara Victor Manuel de Saboya (futuro Victor Manuel II de Italia) en un intento de arrebatarle el Milanesado. Pero la situación cambia cuando, en 1859, Napoleón III de Francia se alía con Victor Manuel y, el 24 de junio, derrotan a las tropas imperiales en la batalla de Solferino. Napoleón III redacta un tratado de paz que no satisface a Victor Manuel pero que perjudica claramente a Francisco José, el Tratado de Zurich, que Francisco José se ve obligado a firmar el 10 de noviembre de 1859. Por este tratado terminan las guerras de Austria contra Francia y Saboya. Francia le quita a Saboya Niza y, atención, Saboya (la casa real pierde su territorio original… ¡como para estar satisfecho Victor Manuel, claro!), pero lo que ahora será el Piamonte se anexionará el Milanesado que estaba en manos de Austria (tras una curiosa maniobra, en la que primero Austria cede el Milanesado a Francia y luego Francia se lo cede al Piamonte), además de los ducados de Parma y Toscana, controlados por ramas laterales de los Habsburgo, y el ducado de Parma, en manos de los Borbones. Austria mantiene sólo el Véneto de entre sus posesiones italianas (cosa que tampoco agrada a Victor Manuel, que ansía tener ese territorio también bajo su control). El nuevo Reino de Italia ya está en marcha.

Mientras tanto, en los territorios alemanes, los enfrentamientos entre Austria y Prusia, la nueva potencia dominante, crecen. Prusia, en su afán por hacerse con el control de los estados alemanes, empuja a Austria a apoyarle en la guerra contra Dinamarca conocida como Guerra de los Ducados, en 1864, por la que Dinamarca, derrotada, pierde el Schleswg-Holstein, su frontera sur:

Para aclarar el mapa, la frontera original es la línea violeta, pero tras la guerra, Dinamarca pierde los territorios en azul (la frontera actual es la línea blanca). Los territorios se reparten entre Austria (Ducado de Holstein, el de más al sur) y Alemania (Ducados de Schleswig, el de más al norte, y Lauenburg, uno más pequeño en el sureste).

Pero no deja de ser todo una estrategia de Prusia, ya que ninguno de los dos estados queda satisfecho por el reparto. Otto von Bismarck, canciller prusiano, entabla negociaciones con Napoleón III de Francia en caso de guerra contra Austria: Francia permanecerá al margen, y Prusia se compromete a ayudar al Reino de Italia para anexionarse el Véneto (abriendo así dos frentes ante Austria para facilitar su victoria). Napoleón espera una guerra larga en la que le toque actuar de intermediario y conseguir concesiones territoriales, contando con la derrota de Prusia… pero el buen ojo de Napoleón III es comparable al de Francisco José I de Austria: miopía absoluta.

Prusia provoca la guerra contra Austria al entorpecer la gestión austriaca sobre el ducado y, finalmente, tras asegurarse de la no intervención de Rusia, enviar tropas para la anexión.

Austria protesta en la Confederación Germánica (por cuyo control lucha contra Prusia), siendo apoyada por varios estados alemanes, y finalmente declara la guerra el 14 de junio de 1866. Grave error que pagará muy caro, porque Prusia, gracias a un sistema ferroviario que consigue transportar tropas rápidamente, invade parte de Bohemia (mientras de paso conquista el Ducado de Hannover, que había apoyado a Austria) y avanza hacia Eslovaquia. Mientras tanto, Italia avanza sin mucho éxito por los valles del Trentino, que Garibaldi quiere anexionar.

Tras sufrir numerosas pérdidas humanas en su ejército, la derrota austriaca en la batalla de Lámacs, el 22 de julio, obliga a Austria a solicitar un armisticio con Prusia. En sólo 7 semanas Prusia ha derrotado al todopoderoso Imperio Austriaco.

Las consecuencias para Austria son la desaparición de la Confederación Germánica (sustituída por la Confederación Alemana del Norte, liderada por Prusia, que se ha anexionado buena parte de los estados septentrionales de Alemania, que será el germen del Imperio alemán que surgirá tras la Guerra Franco-Prusiana de 1871), con su pérdida de control sobre los estados alemanes, y la pérdida del Véneto (pese a que el armisticio se firme demasiado pronto como para que Italia consiga conquistar el Trentino, que permanece en manos Austriacas).

La debilidad interna en la que queda el Imperio lleva a un aumento de los movimientos nacionalistas que termina en 1867 con la transformación en el Imperio Austro-Húngaro, dando una notable autonomía a Hungría, aunque siga bajo el control de Francisco José I de Austria, que se aferrará a ese control.

Tras la pérdida del dominio austriaco sobre centroeuropa, los esfuerzos de Francisco José I de Austria se centran ahora en aumentar su control sobre los Balcanes. Tras algunas negociaciones entre Rusia y Austria, comienza la Guerra ruso-turca de 1877-1878, que llevará a la independencia de Rumanía, Bulgaria, Serbia y Montenegro. El avance ruso llega a tal punto que son los ingleses los que impiden que éstos lleguen a la misma Estambul.

Y es que Rusia quiere aumentar su control sobre los Balcanes para asegurarse una salida al Mediterráneo (que no tiene; la salida al Mar Negro se ve bloqueada por los estrechos del Bósforo y los Dardanelos, controlados completamente por el Imperio otomano), pero sus avances asustan a las potencias europeas, que convocan el congreso de Berlín entre junio y julio de 1878 para modificar el Tratado de san Stefano con el que terminó la Guerra. Y es que al Reino Unido no le interesaba un debilitamiento excesivo del Imperio otomano, y quiere alejar los máximo posible a los rusos del Bósforo. De ahí que Bulgaria se divida en dos, una provincia otomana y un estado títere del sultán, mientras Serbia permanecerá bajo control ruso. Pero aquí es donde entra en escena Austria, que buscando aumentar su dominio en la zona, consigue el control de Bosnia-Herzegovina, gracias al apoyo de Alemania, que traiciona a una ilusa Rusia que esperaba su apoyo. El destino del Impero Austro-Húngaro queda así ligado al apoyo de Alemania, mientras el movimiento paneslavista que viene desde Rusia fomenta los nacionalismos en los estados balcánicos.

Mientras, Francisco José I de Austria sufre varios reveses familiares. El primero, en 1867, fue la ejecución en México de su segundo hermano, Maximiliano, que había sido coronado Emperador de México a instancias de Napoleón III pero que lo abandonó cuando ya no le interesaba y fue derrotado por el presidente Benito Juarez. Francisco José mantenía una relación muy estrecha con su hermano, por lo que su pérdida resultó muy dolorosa.

A la muerte del heredero al trono, su único hijo, el Archiduque Rodolfo, en 1889 (del que hablábamos en el post que enlacé al comienzo), se sumó el asesinato, en 1898, de su esposa Isabel por parte del anarquista italiano Luigi Lucheni en Ginebra. Pese a que Sissi apenas estaba en Viena, pasando su vida viajando, Francisco José estaba enamorado de su esposa, por lo que su muerte le afectó profundamente.

Pero además la muerte de su único hijo abría un importante problema sucesorio. Y es que, dado que la ley impedía que una de sus hijas heredara el trono, había que buscar un heredero barón en su familia. Ya hemos dicho que su hermano Maximiliano había muerto ejecutado en 1867, sin descendencia. Francisco José I de Austria tenía otros dos hermanos, pero el pequeño, Luis Victor, con quien no mantenía tan buenas relaciones, fue apartado de cualquier posibilidad de heredar el trono: había rechazado casarse con Isabel de Brasil (bajo propuesta de su hermano Maximiliano para poder sucederle como emperador de México) y era conocido por todos que era homosexual. Un escándalo en 1877 provocó su caída en desgracia, al ser sorprendido manteniendo sexo con un menor en los baños centrales de Viena, lo que provocó que el emperador lo “exiliara” al castillo de Klessheim, cerca de Salzburgo, donde Luis Victor moriría en 1919.

A Francisco José I de Austria le quedaba pues un hermano, el tercero, Carlos Luis:

Pero Carlos Luis murió de tifus en 1896, si bien en 1889 ya había renunciado a su derecho al trono en favor de su hijo mayor, Francisco Fernando.

Pero Francisco Fernando no era del agrado del emperador, y además estaba empeñado en casarse con la condesa Sofía Chotek, que no tenía el rango necesario para ser emperatriz. Francisco José se negó a conceder el permiso del matrimonio hasta que la insistencia del Papa león XIII, del emperador alemán y del ruso le convencieron de que era mejor aceptar ese matrimonio, a cambio de que fuera morganático, es decir que ella no tendría el mismo estatus que él y que sus descendientes no tendrían ningún derecho al trono.

Mientras tanto, las tensiones nacionalistas no hacen más que crecer, por lo que Francisco José, en un intento de frenar la expansión nacionalista serbia, decide hacer algo que estaba contemplado en el Tratado de Berlín: anexionarse Bosnia-Herzegovina el 6 de octubre de 1908. Serbia se altera, y es apoyada por Rusia (y, sorprendentemente, por Italia, en teoría aliada de Austria y Alemania, que busca mantener el statu quo en la región), Reino Unido se mantiene neutral y Alemania, pese a su apoyo a Austria, frena los deseos de su Jefe del Estado Mayor del Ejército Franz Conrad von Hötzendorf de comenzar una guerra contra Serbia, mientras retiene por el otro lado a Rusia. Pero la llama está a punto de prender.

La política de Francisco Fernando es más bien pacifista y federalista. Fue él quien evitó la participación de Austria en las Guerras de los Balcanes de 1912 y 1913, que terminaron por expulsar casi en su totalidad a los Otomanos de Europa y diseñaron prácticamente el mapa actual de la región, con la independencia de Albania defendida por Italia.

Esto no contenta a los nacionalistas serbios, que en su idea de construir la Gran Serbia quieren anexionarse Bosnia-Herzegovina. Y así fue como, durante una visita a Sarajevo, la capital de la provincia austriaca de Bosnia-Herzegovina, el 28 de junio de 1914, un miembro del grupo terrorista nacionalista serbio “Mano negra”, Gavrilo Princip, dispara a Francisco Fernando y a su esposa Sofía, que mueren poco después.

Francisco José I de Austria no puede dejar pasar el hecho de que un pro-serbio (que, por cierto, no será condenado a muerte por ser menor de edad) haya asesinado a su heredero, por lo que envía un ultimatum a Serbia, que ésta rechaza, lo que lleva finalmente a la declaración de Guerra el 28 de julio (algo que Hötzendorf llevaba años esperando).

Austria contaba con tener el apoyo de los miembros de la Triple Alianza: Italia y Alemania. El Kaiser alemán no dudó en apoyar el castigo a Serbia, esperando que Rusia se mantendría al margen, pero su sorpresa fue que esto no sucedió: Rusia envía tropas a Serbia, y pese a los esfuerzos tanto del Kaiser como del Zar, comienza la movilización de tropas por parte de ambos bandos, mientras Francia se prepara para la revancha contra Alemania tras su derrota en la Guerra Franco-Prusiana de 1871. Alemania, viéndose en peligro por las movilizaciones de tropas, exige que éstas se detengan, pero al no suceder esto, declara la guerra a Rusia el 1 de agosto y, al invadir Bélgica, declara la guerra a Francia el 3 de agosto, lo que provoca que Reino Unido, temeroso de el aumento de la hegemonía alemana en Europa, declare la guerra a Alemania el 4 de agosto. Ha comenzado la Gran Guerra, la que ahora conocemos como I Guerra Mundial.

Francisco José I de Austria, que llega al poder gracias a la Revolución de 1848, termina su carrera con la I Guerra Mundial. Pero no vivirá para ver su derrota: El 21 de noviembre de 1916 moría en Viena a los 86 años, en paz mientras Europa se desangraba y una entera generación de alemanes, austriacos, franceses o ingleses desaparecía en las trincheras de esa tremenda atrocidad que fue la I Guerra Mundial. Una vida nada fácil, con graves problemas familiares (el heredero al trono será finalmente un nieto de Carlos Luis, Carlos, hijo de Otto, que tampoco tenía las simpatías del emperadory que había muerto en 1906) no justifica a un personaje incapaz de hacer frente a los avances del mundo de su época, que se mantenía anclado al pasado y que pecó de pasividad ante las reclamaciones nacionalistas de los territorios bajo su control y de precipitarse en su declaración de guerra a Serbia (aunque aquí es Alemania la que tiene una gran culpa, ya que esperaba aumentar so dominio sobre Europa de forma más rápida a través de la guerra). Las consecuencias de su política terminaron con la II Guerra Mundial o con las recientes guerras de los Balcanes, extendiendo su influencia hasta casi un siglo después de su muerte. Una marca de sangre y muerte que permanecerá siempre sobre su figura.

 



El Cardenal Rampolla, el hombre que nunca fue Papa


Siempre me ha gustado la frase que, en “Ángeles y demonios”, dice Robert Langdon (el personaje protagonista, interpretado por Tom Hanks en la versión cinematográfica, que es la que yo conozco) dirigiéndose al comandante de la guardia suiza: “¿No conocen su propia historia?”. Y es que, como en tantos y tantos otros casos, para entender un poco mejor la situación actual en el seno del Vaticano, con esa lucha por el poder entre ultraconservadores y “progresistas”, es necesario conocer la historia del papado en los últimos siglos. Por eso he elegido hablar hoy del Cardenal Rampolla, un caso emblemático de esta lucha por el poder que viene de muy lejos.




Mariano Rampolla del Tindaro nació el 17 de agosto de 1843 en la localidad siciliana de Polizzi Generosa, en el seno de una familia aristocrática. Realiza sus estudios religiosos en el seminario Collegio Capranica de Roma. Ordenado sacerdote en 1866, entra en la Pontifica Accademia Ecclesiastica, institución católica destinada a la preparación del servicio diplomático del Vaticano, lo que le permite ascender rápidamente en el seno de la Curia Romana. El 1 de diciembre de 1882 es nombrado arzobispo de Heraclea por el papa León XIII, y pocos días después, el 19 de diciembre, es nombrado nuncio apostólico en España, momento en el que se le asigna como asistente a otro graduado del Collegio Capranica, Giacomo della Chiesa (personaje del que hablaremos más adelante, que además de ser su gran colaborador, llegará a ser nombrado papa con el nombre de Benedicto XV). El 14 de marzo de 1887 deja ambos puestos, el de arzobispo y nuncio, al ser nombrado Cardenal Presbítero de Santa Cecilia de nuevo por León XIII. Este Papa le tendrá en tan alta estima que pocos meses después, el 3 de junio, es nombrado secretario de estado del Vaticano, el puesto de más alta autoridad tras el Papa y su más fiel colaborador, puesto que desempeñará hasta la muerte del Papa. Y es por esto que el Cardenal Rampolla era el claro favorito para sucederle.

Pero tenemos que comprender bien el contexto histórico en el que nos encontramos, en pleno siglo XIX. Es éste un siglo lleno de cambios, cada vez más rápidos y radicales, que ya comenzaron en el siglo anterior con la revolución francesa y con la independencia de las colonias americanas, los Estados Unidos de América, de régimen republicano. En el siglo XIX se suceden revoluciones de tipo liberal, regímenes republicanos o monarquías menos autoritarias, de tipo constitucional y/o parlamentario, junto con un nuevo modelo económico, el capitalismo, basado en una revolución industrial que trajo nuevos problemas sociales con los movimientos obreros y nuevas ideologías, comunistas y anarquistas. Además, comienza a discutirse seriamente sobre la laicidad del estado y la libertad de culto, de conciencia y de otros tipos. Y la iglesia tiene que hacer frente a todos estos cambios, y a otros asuntos más.

Los primeros Papas del siglo XIX habían sido moderadamente “progresistas” en algunos de estos aspectos, pero entonces, el 2 de febrero de 1831, Bartolomeo Alberto Cappellari es nombrado Papa con el nombre de Gregorio XVI:

Su elección fu larga y difícil, ya que el candidato preferido, Giacomo Giustiniani, había sido vetado por el absolutista Fernando VII de España, que le culpaba de instigar las revoluciones liberales de los años anteriores. Gregorio XVI demostró ser un Papa mucho más próximo a la ideología ultraautoritaria de Fernando VII, llevando a cabo una política ultraconservadora, atacando la libertad religiosa, la separación entre iglesia y estado y las injerencias de los estados en los nombramientos de las jerarquías eclesiásticas de sus correspondientes territorios. Rompió así relaciones diplomáticas con Portugal (apoyando al absolutista Miguel frente a su sobrina, la Reina María II) y con España (dónde apoyaba al bando absolutista Carlista frente a Isabel II), también con Prusia por los matrimonios mixtos y con Rusia por la persecución a los católicos rutenos. Únicamente en su lucha contra la esclavitud se movió en posiciones menos conservadoras. Sus 15 años de papado parecerían más propios del siglo XVII que del momento en el que se encontraba.

A la muerte de Gregorio XVI, fue elegido para sucederle Giovanni Maria Mastai Ferretti, que eligió como nombre Pío IX (el de los piononos tan ricos de Granada):

Sus comienzos fueron de corte más o menos liberal, permitiendo una mayor participación ciudadana en la política de los Estados Pontificios o suprimiendo el gueto judío de Roma, para lo cual tuvo que luchar contra la conservadora Curia Romana. Pero al estallar la revolución de 1848 e instaurarse la república en Roma, que obliga al Papa a huir a Gaeta y pedir ayuda a las potencias extranjeras, su inicial progresismo mutó a un conservadurismo propio de su predecesor Gregorio XVI. Entre sus principales acciones se encuentra la aprobación del Syllabus, un documento de 80 puntos que condena algunas de las ideologías del momento, como la libertad de culto y de conciencia, la masonería y las sociedades secretas, la separación entre iglesia y estado o el racionalismo, afirmando que el Papado es incompatible con las ideas del mundo moderno. En la encíclica asociada a este documento, la Quarta Cura de 1864 condena el socialismo y el liberalismo económico. Logra también la desaparición del jansenismo, considerado por muchos como un catolicismo calvinizado. De hecho, en 1869 convoca el Concilio Vaticano I, que no llega a terminar, en el que se condena el galicanismo (doctrina francesa la autonomía de la iglesia nacional francesa con respecto al papa) y el racionalismo de Descartes, y se confirma la infalibilidad papal, aumentando así su poder, que veía en peligro con la expansión de Victor Manuel II, que ya había conquistado buena parte de los territorios de los Estados Pontificios y que concluirá el 20 de septiembre de 1870 con la toma de Roma, lo que obliga a concluir sin terminar el Concilio. El Papa se encierra en los palacios Vaticanos, impidiendo la participación de los católicos en la vida política italiana (lo que suponía no reconocer la legitimidad del estado italiano, que le había arrebatado al Papa su “poder temporal”, su poder político sobre cierto territorio, poder que no se recuperará hasta los Pactos de Letrán de 1929 que firman Benito Mussolini u el papa Pío XI y que reconocen la independencia de Ciudad del Vaticano como un microestado). Pío IX muere en 1878 tras 31 años de papado, el más largo del que haya constancia.

Vincenzo Gioacchino Raffaele Luigi Pecci fue elegido Papa a continuación, adoptando el nombre de León XIII:

La política de este Papa (y por tanto la del Cardenal Rampolla, que fue su secretario de estado) fue muy distinta a la de su predecesor (exceptuando en el tema italiano, en el que León XIII mantuvo sus reclamaciones sobre la soberanía papal en los Estados Pontificios). Destaca su encíclica Rerum Novarum de 1891, considerada la primera encíclica social de la iglesia. En ella defiende la propiedad frente al socialismo, pero condena el capitalismo y a las élites que se enriquecen a costa de las clases obreras, que deben tener unos salarios y condiciones laborales dignas, defendidas por el estado. Promueve además la creación de sindicatos católicos, impulsando así el catolicismo social que ya había cobrado importancia en Alemania durante el papado de Pío IX. Por otra parte, durante su papado tiene lugar la reconciliación del papado con numerosos estados (Alemania, Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, España), destacando especialmente el caso francés, reconociendo la Tercera república (en la que tuvo gran importancia la labor del Cardenal Rampolla), algo que al sector más conservador de la iglesia francesa no le gustó nada…

Cuando León XIII fue elegido Papa contaba con 68 años, por lo que no se esperaba un papado especialmente largo, pero para sorpresa de todos, vivió hasta los 93 años, por lo que, con 25 años de papado, el suyo fue hasta el momento el segundo más largo tras el de su antecesor Pío IX (superado posteriormente por el de Juan Pablo II, el que beatificó a Pío IX). Y en el posterior cónclave para elegir a su sucesor, el Cardenal Rampolla era el gran favorito.

Es bien sabido que quien entra Papa en un cónclave sale cardenal, y eso era evidente en el caso del Cardenal Rampolla, que contaba con muchos enemigos entre el sector más conservador de la iglesia (empezando por la Action française, movimiento de extrema derecha que nunca perdonó a León XIII y al Cardenal Rampolla el reconocimiento de la tercera república). Pero tampoco había en ese momento un rival que pudiera hacerle frente a Rampolla: el patriarca de Venecia, Giuseppe Melchiorre Sarto, el cardenal Serafino Vannutelli, visto con buenos ojos por el sector austriaco, y, sobre todo, Girolamo Maria Gotti, Prefecto de la Congregación para la propagación de la fe, de perfil conservador pero considerado un buen administrador.

El primer escrutinio dio como ganador al Cardenal Rampolla, con 24 votos, frente a los 17 de Gotti, los 5 de Sarto y los 4 de Vannutelli (y otros 12 votos para diferentes candidatos que sumaron uno o dos votos). Con un resultado insuficiente, comienzan los movimientos para recabar más votos.

En la segunda votación, ese mismo día (1 de agosto de 1903), el Cardenal Rampolla aumenta a 29 los votos conseguidos. Gotti pierden uno, logrando 16, mientras Sarto duplica y sube a 10. Vannutelli, con un único voto, desaparece de las opciones de papables.

Gotti ha perdido un voto, lo que le hace cada vez menos papable. Los rivales de Martelli tendrán que buscar otro nombre para hacerle frente. Algunos de los partidarios de Gotti ya habían pasado a apoyar a Sarto, por temor a una posible victoria de Rampolla.

Pero el 2 de agosto, cuando se va a producir la 3ª votación, aparece el cardenal arzobispo de Cracovia, Jan Puzyna de Kosielsko, con el veto al Cardenal Rampolla por parte de Francisco José I de Austria. El cardenal había esperado hasta ese momento para conseguir evitar el nombramiento de Rampolla antes de que fuera demasiado tarde. Este veto lo tenían concedido los reyes de España y Francia, así como el Emperador del Sacro Imperio (siendo sustituido por el Emperador de Austria). ¿Por qué motivo vetaba el emperador a Rampolla? Probablemente porque lo veía demasiado pro-francés y anti-austriaco, por su perfil progresista frente a un emperador ultraconservador, o incluso por las acusaciones de su pertenencia a la masonería; pero al parecer había también un motivo de carácter personal: tras la misteriosa muerte del archiduque Rodolfo (tema que ya tratamos en este post), al parecer el Cardenal Rampolla se opuso a que el Archiduque fuera enterrado en suelo sagrado (en la cripta de los Habsburgo) por su condición de suicida, algo que el Emperador no le perdonó (pese a que las conclusiones de la investigación del Vaticano permitieran que el Archiduque fuera enterrado en la cripta).

El veto no gustó nada a los demás cardenales: el secretario del cónclave, Rafael Merry del Val, tiró el papel al suelo, obligando a Puzyna a recogerlo. Pero el daño ya estaba hecho.

En esta tercera votación, el Cardenal Rampolla mantiene sus 29 votos: no consigue ganar ninguno más. Sus posibilidades se agotan. Emerge por el contrario Sarto, que con 21 votos arrebata a Gotti el segundo puesto; Gotti baja hasta los 9 votos, mientras otros 3 cardenales consiguen un voto cada uno.

En la cuarta votación, el mismo 2 de agosto, el Cardenal Rampolla obtiene 30 votos (uno más), mientras Sarto le pisa los talones con 24 y Gotti se desploma hasta los 3. De los 3 cardenales que consiguieron un voto en la anterior votación, uno mantiene el voto y los otros dos llegan a dos cada uno.

Está claro que el Cardenal Rampolla tiene demasiados enemigos, demasiados cardenales que no quieren verle como Papa, y sólo faltaba unir esos votos contrarios en la figura de otro posible candidato. Y las 4 votaciones han demostrado que ese candidato es Sarto, que en la quinta votación se pone ya en cabeza con 27 votos, 3 más que Rampolla. Finalmente, la mañana del 4 de agosto, en la 7ª votación, Sarto consigue 50 votos (frente a 10 de los incondicionales de Rampolla) y es proclamado Papa con el nombre de Pío X:

La primera decisión de Pío X es suprimir el derecho a veto de los gobernadores seglares. Pero con ese nombre ya nos podemos imaginar por dónde van los tiros: su ideología es mucho más próxima a la de Pío IX que a la de León XIII: un papa populista, pero ultra conservador, que hará lo posible por alejar al Cardenal Rampolla del poder. Le da un cargo menor, como Prefecto de la Congregación para el mantenimiento de la Fábrica de la Basílica de San Pedro (nombre rimbombante donde los haya que sirve no sé para qué). No será hasta 1908 que le dé un puesto más importante, como secretario de la congregación del Santo Oficio, y en 1912 como archivista y bibliotecario de la iglesia.

El Cardenal Rampolla murió el 16 de diciembre de 1913 en Roma, a los 70 años, siendo sepultado en la iglesia de Santa Cecilia in Trastevere, de la que fue titular como cardenal y de la que vemos su tumba:

Una prueba de la animadversión de Pío X hacia el Cardenal Rampolla la sufrió quien fuera su secretario, Giacomo della Chiesa, que fue nombrado por el Papa Arzobispo de Bolonia en 1907 (en presencia del propio Cardenal Rampolla). Este puesto iba siempre acompañado del nombramiento cardenalicio, pero Pío X se negó a otorgárselo hasta la muerte del Cardenal Rampolla, consiguiendo el nombramiento el 25 de mayo de 1914; Pío X no quería dos Rampolla en su colegio cardenalicio, ya que consideraba a della Chiesa muy próximo a Rampolla. Eso sí, de poco le sirvió a Pío X (que fue el más reciente Papa canonizado hasta las recientes canonizaciones de Juan XXIII y Juan Pablo II), ya que, a su muerte, ese mismo año, della Chiesa será su sucesor con el nombre de Benedicto XV. Pero esa ya es otra historia que trataremos en su momento.

El caso del Cardenal Rampolla nos permite de alguna forma ver las guerras en ocasiones bastante sucias por el poder que hay en el seno de la iglesia católica en su pugna entre conservadores y progresistas, pugna que hoy día sigue de actualidad y que veremos en qué desemboca. En todo caso, este repaso a la historia del Vaticano nos permite comprender mejor estos conflictos.



30 años de la tragedia del K2


Cuando a día de hoy hay 33 personas que han alcanzado las cimas de las 14 montañas de más de 8.000 del planeta (sin contar los que están puestos en duda), puede resultarnos difícil imaginar la muy distinta situación que se vivía en el mundo del himalayismo hace sólo 30 años. Ese verano (temporada de escalada en el Karakorum, no así en el Himalaya, que se encuentra en pleno monzón) todavía nadie había alcanzado las 14 cimas (Reinhold Messner sería el primero en hacerlo ese otoño, el 17 de octubre al coronar el Lothse, mientras que Jerzy Kukuczka lo haría en 1987; el tercero, el suizo Edhard Loretan no lo conseguirá hasta 1995) y había muchos retos que superar, en especial en la segunda montaña más alta de la tierra, y el considerado como el más difícil de los ochomiles. Ello dio lugar a que ese verano de 1986 tuviera lugar lo que se conoce como la tragedia del K2.




Pese a que fue un año de importantes logros en esta impresionante montaña, entre el 21 de junio y el 10 de agosto perdieron la vida en la montaña un total de 13 personas en diversos accidentes. Y es que ese año había muchos intereses diversos en escalar la montaña por distintas rutas, lo que lleva a una gran concentración, hasta entonces extraordinaria, de expediciones en el campo base; el. Lo llamativo de esta tragedia del K2 es precisamente que no se trata de un gran accidente (una avalancha que sepulte a una expedición completa, por ejemplo, como las 11 personas que murieron en 2008 a consecuencia de una caída de seracs en el cuello de botella).

Es necesario antes hacer un poquito de historia para situarnos en el contexto adecuado. El K2 vio el primer intento de conquista en 1902, aunque en ese año poco se consiguió. El segundo intento, en 1909, dirigido por Luis Amadeo de Saboya, encontró una ruta factible, conocida como el “Espolón de los Abruzoz” (región de la qe era Duque Luis Amadeo), vía por la que, tras varios intentos más, se alcanzará por fin la cima el 31 de julio de 1954 por los italianos Achille Compagnoni y Lino Lacedelli en la expedición dirigida por Ardito Desio, en la que el gran Walter Bonatti tuvo una gran importancia pese a no conseguir alcanzar la cima.

En ese momento, el K2 era el 4º ochomil conquistado; previamente habían sido conquistados el aAnnapurna en 1950 y el Everest y el Nanga Parbat en 1953. El Cho Oyu, considerado el más fácil de los ochomiles, sería conquistado unos meses después, el 19 de octubre. Ochomiles próximos al K2 y considerados mucho más fáciles tardarían más en ser conquistados: el Gasherbrun II en 1956 y el Broad Peak en 1957. No deja por tanto de resultar curioso que el más difícil de los ochomiles fuera conquistado antes que la mayoría del resto, aunque quizá más curioso sea que el primer ochomil conquistado, el Annapurna, sea a día de hoy el menos escalado.

La segunda ascensión, por el contrario, tardó mucho en llegar; será 23 años después, en 1977, por la misma ruta. En 1978 se conseguirá la tercera ascensión por una nueva ruta, por la arista este, ruta nunca más repetida. En 1979 se conquista por cuarta vez con Reinhold Messner en el equipo, repitiendo de nuevo la vía de los Abruzos, tras descartarse la que Messner denominará como “Línea mágica”, que se convertirá en un nuevo objetivo. En 1981 se abrirá una nueva vía por la arista Oeste, mientras en 1982 se abrirá la arista norte. Pero para 1986 quedaban todavía varios retos por cumplir: varios países destacados en el mundo del alpinismo todavía no habían visto a ningún alpinista suyo llegar a la cima (España, Gran Bretaña, Polonia, Austria, Corea del Sur, por mencionar los que tendrán importancia ese año); tampoco había sido conquistado por ninguna mujer, y quedaban pendiente por conseguir la cima por alguna nueva ruta, en especial por esa “Magic line” que llamó la atención de Messner.

Así llegamos a 1986. Antes de ese año, la cima había sido alcanzada por 39 personas, dos de las cuales morirían en el descenso (sin contar los muertos que no llegaron a la cima). Antes de nada ponemos una foto del K2 con las rutas de escalada:

En rojo, a la derecha, tenemos la ruta tradicional, el espolón sudeste o “de los Abruzos”. A la izquierda, en amarillo, tenemos la arista oeste de 1981. Y en medio, en naranja, esa atractiva “Magic line” del pilar sudoeste.

El objetivo más preciado en ese 1986 sería precisamente esa Magic line, y a ella se enfrenta una expedición estadounidense. Dos miembros de esta expedición, el líder John Smolich y Alan Pennington, están el 21 de junio escalando en la base de la ruta cuando el desprendimiento de una piedra provoca una gran avalancha que los barre. Al estar en la base de la ruta, cerca del masificado campo base, algunos escaladores corren al rescate, pero poco consiguen: cuando consiguen encontrar el cuerpo de Pennington ya es tarde. El de Smolich no ha sido localizado. Ellos dos serán las primeras víctimas de esta tragedia del K2.

La expedición norteamericana aborta el intento tras la tragedia. Pero la actividad prosigue en el K2, en este caso en la tradicional ruta de los Abruzos. Una expedición franco-polaca y otra española se unen para alcanzar la cima, cosa que conseguirán el 23 de junio. La primera en alcanzar la cima será la gran Wanda Rutkiewicz, siendo la primera persona polaca y la primera mujer en alcanzar la cima. Le seguirán, media hora después, la pareja formada por Maurice y Liliane Barrard (siendo Liliane la segunda mujer en alcanzar la cima), el también francés Michel Parmentier y los españoles Mari Arbego y Josema Casimiro.

En el descenso, se ven obligados a vivaquear, al igual que en el ascenso, a 8.300 metros de altura. Pero la expedición franco-polaca se ha quedado sin combustible para fundir nieve y así poder hidratarse, por lo que Parmentier desciende en busca de los españoles. Detrás irá el resto, pero Rutkiewicz no tarda en alcanzar a Parmentier. Nadie volverá a ver a los Barrard con vida.

La poca visibilidad que había, a causa de la llegada del mal tiempo, así como el mal estado de Maurice antes del ascenso a cumbre, podrían haber provocado que se perdieran durante el descenso y cayeran. De hecho, aproximadamente un mes después, el cuerpo de Liliane fue encontrado por una expedición surcoreana a 5.330 metros de altura, unos 3.000 metros más abajo de donde se les vio por última vez. El de Maurice no aparecerá hasta 1998 llevado por el glaciar a la base del K2. La pareja francesa serán las 3ª y 4ª víctimas de la tragedia del K2.

Pero para el resto de la expedición las cosas tampoco están fáciles. Los españoles tampoco tienen combustible, por lo que los 4 descenderán al campo 3, a 7.800 metros. Desde allí, Rutkiewicz, que sufre congelaciones, y los dos españoles, deciden continuar el descenso, mientras Parmentier prefiere esperar a los Barrard. Un gran error, ya que el tiempo empeora. En ese momento hay una expedición franco-suiza intentando la cumbre, y uno de sus miembros, el francés Benoît Chamoux, intenta convencerle de que desista y descienda, pero no lo consigue. Por ello le da una radio con la que podrá comunicarse con el campo base.

El tiempo empeora y llega una fuerte tormenta que obliga a Parmentier a comenzar el descenso, pero se encuentra atrapado en la repisa del K2. La nieve ha borrado las huellas de sus compañeros, y él es incapaz de encontrar el camino; sólo ve el enorme abismo que se abre a sus pies. Desde el campo base no consiguen orientarle a través de esa radio que, afortunadamente,le había prestado Chamoux. Al final, en medio de la desesperación, Parmentier encuentra unas manchas de orina que le permiten orientarse y continuar el descenso. Aquí la tragedia del K2 se transformó en milagro (aunque Parmentier moriría en el Everest en 1988).

Por cierto, se considera que el K2 es una montaña maldita para las mujeres, ya que las primeras 5 que alcanzaron la cumbre morirían, o bien en el descenso (Liliane Barrard, Julie Tullis y Alison Hargreaves, esta última en 1995) o bien en otras montañas (Wanda Rutkiewicz en 1992 desaparecerá cerca de la cima del Kanchenjunga y Chantal Mauduit, que conquistó el K2 en 1992, morirá en 1998 en el Daulaghiri). No será hasta 2004 cuando el K2 sea conquistado por la 6ª mujer, Edurne Pasaban, que se romperá la maldición, ya que Edurne sigue viva tras conseguir conquistar los 14 ochomiles.

Hemos mencionado que una expedición italo-suiza subía hacia la cumbre mientras Parmentier esperaba. La expedición italiana tenía previsto intentar la “Magic line”, pero tras la muerte de los americanos deciden intentar la cima por la ruta normal, en la que se unirán a los 2 alpinistas suizos. Así, el 5 de julio, 8 personas en total (los dos suizos, 4 italianos, el francés Benoît Chamoux y el checo Josef Rakoncaj) alcanzan la cima, siendo Rakoncaj el primero en hacerlo por segunda vez.

Cerca se encuentran Kurt Diemberger y Julie Tullis en su intento por llegar a la cima, pero el mal tiempo les obliga a abortar el día 6. Pero no se irán, permanecerán en el campo base a la espera de que mejoren las circunstancias para realizar un segundo intento.

Mientras tanto, llega también una expedición polaca compuesta por el gran Jerzy Kukuzca, que estaba en plena carrera por conquistar los 14 ochomiles, acompañado de Tadeusz Piotrowski. Kukuzca estaba conquistando sus ochomiles o bien en invierno, o bien por rutas nuevas, y aquí no iba a hacer la excepción. Hubiera sido interesante verle intentar la “Magic line”, pero en su lugar se fijó en la cara sur, usando un resalte rocoso tremendamente expuesto a avalanchas y caída de seracs(la ruta morada de la foto); al enterarse, Messner la calificará como “ruta suicida”, y nadie más la volverá a intentar hasta la fecha. Pero los polacos son duros, y tras 4 noches de vivac, llegan el 8 de julio a la cima.

El descenso lo realizan por el espolón de los Abruzos. Llevan 2 días de descenso en medio de la tormenta, sin comer ni combustible desde hace 4 días, cuando, durante el descenso, Pietrowski pierde un cranpón: el frío había entumecido sus dedos y no había sido capaz de ajustárselo bien esa mañana. Dado que no estaban usando cuerda fija, se apresuró a intentar asegurar su posición, pero entonces perdió el otro crampón… y Kukuzca sólo pudo ver desaparecer a su compañero en el abismo. El 10 de julio, Pietrowski se convertía en la 5ª víctima de la tragedia del K2.

Volvemos ahora a la “Magic line”. Allí está haciendo un intento en solitario el italiano Renato Casarotto:

Pese a ser el líder de la expedición de los dos españoles que alcanzaron la cima en junio, él no les acompañaba; era un escalador solitario, famoso por su prudencia. El 16 de julio llega hasta apenas 300 metros de la cima, casi a ese punto de no retorno de la “Magic line” en el que es más práctico llegar a la cima y bajar por los Abruzos que darse la vuelta. Un cambio en el tiempo le hace decidir renunciar al intento y dar media vuelta.

Casarotto supera enormes obstáculos de gran dificultad técnica tanto en su ascenso como en el descenso. Se encuentra ya a apenas 20 minutos del campo base, a la vista de todos, cuando atraviesa un puente de nieve sobre una grieta glaciar por la que habían pasado varios alpinistas. Pero en ese momento, el puente de nieve cede y Casarotto cae al fondo de una grieta de 40 metros.

Pero sigue vivo. A través de la radio se pone en contacto con una expedición italiana que está en el campo base, por lo que de inmediato comienza una operación de rescate que dura toda la noche. La mañana del 16 de julio es por fin rescatado; Casarotto da unos pasos, a continuación se recuesta sobre su mochila y muere. Las hemorragias internas eran demasiado fuertes para poder sobrevivir. Será la 6ª víctima de la tragedia del K2.

Por esas fechas está también en el K2 el discutido escalador esloveno Tomo Cesen, quien encuentra una nueva ruta por la arista Sur-sudeste, que empalma con la vía de los Abruzos a la altura del hombro del K2 (ruta azul en el dibujo), a 7.600, evitando así algunas de las etapas más difíciles de la vía normal, como la pirámide negra, por lo que algunos la consideran una ruta más fácil que la de los Abruzos. Cesen la escala hasta la unión con la ruta de los Abruzos, pero entonces, en vez de seguir hacia la cima, baja por la ruta normal, por lo que no puede considerarse que abra una ruta nueva. Esta ruta no será completada hasta 1994, aunque hoy es la segunda vía más empleada.

Una expedición inglesa dirigida por Alan Rouse está intentando también la ruta por la arista noroeste, pero el 23 de julio se ven obligados a desistir, por lo que los miembros de la expedición, excepto Rouse y Jim Curran. La citada arista no será conquistada hasta 1991.

Y desde aquí pasamos ya al mes de agosto. Y nos encontramos con dos importantes expediciones:

Por un lado, el eslovaco Peter Bozik y los polacos Przemyslaw Piasecki y Wojciech Wroz están intentando conseguir por fin completar la “magic line”.

Por otro lado, una enorme expedición surcoreana, con más de 450 porteadores, prepara a la vieja usanza la ruta del espolón de los Abruzos, equipándola con cuerda fija y campamentos de altura que facilitaran el ascenso.

El 3 de agosto, 3 surcoreanos, Bonj-Wan Yang, Byong-Ho Chang y Chang-Sun Kim coincidirán en la cima con los polacos y el eslovaco, que conseguirán la primera ascensión de la “Magic line” (sólo repetida por Jordi Corominas en 2004). Ambos equipos descenderán por la ruta de los Abruzos (hasta la fecha nadie ha descendido desde la cima por la “Magic line”), pero Wroz no llegará al campamento 4. A causa de la fatiga, cayó del final de una cuerda fija, a la que probablemente le faltaba un nudo de seguridad, y cayó al vacío durante el descenso. Era la noche del 3 al 4 de agosto. Wroz será la 7ª víctima de la tragedia del K2.

El 4 de agosto, mientras transportaba cargas cerca de la base de la montaña, el Pakistaní Mohammad Ali, líder de los portadores de la expedición surcoreana, muere a causa de un desprendimiento de piedra que le golpeó. Con él son ya 8 las víctimas de esta tragedia del K2. Pero todavía falta lo peor…

Las últimas expediciones que quedan deciden, en lugar de utilizar las nuevas técnicas alpinas que tenían previstas hasta entonces, aprovecharse de las cuerdas fijas, escaleras y campamentos que han dejado los japoneses. Así se juntan varias expediciones en la montaña.

Por un lado tenemos a Alan Rouse, que, tras fracasar en su intento a la arista Noroeste, permanecía en el capo base a la espera de su oportunidad:

A Rouse le acompañaría la polaca Dobroslawa Wolf.

Por otro lado está una expedición austriaca liderada por Alfred Imitzer, formada por 6 personas: el propio Imitzer, Willy Bauer, Hannes Wieser, Mandi Ehrengruber, Siegfried Wasserbauer y Helmut Steimassl.

Ambas expediciones parten del campo base el 28 de julio, pero Steinmassl y Wasserbauer regresan al campo base al día siguiente, mientras Ehrengruber se retira en el campo 3 el día 31 de julio.

El 29 de julio partirá del campo base una última expedición, liderada por el mítico Kurt Diemberger:

Diemberger es casi un mito del himalayismo, ya que es una de las dos personas que consiguieron dos primeras ascensiones a un ochomil, en su caso el Broad Peak en 1957 y el Daulaghiri en 1960 (la otra persona en conseguir similar hazaña sería Hermann Buhl, que conquistó el Nanga Parbat en 1953, siendo el único ochomil conquistado en solitario, y el Broad Peak junto a Diemberger, poco antes de morir mientras escalaba junto a éste el Chogolisa, cercano al K2). Le acompañaba la británica Julie Tullis.

En los próximos días acondicionan los campos que los coreanos les permiten utilizar, pese a que el campo 3 está destruido por las nevadas.

Ya en el campo 4, las condiciones metereológicas les obligan a esperar un día para el ataque a cima. Así, con el amanecer del día 4 de agosto, Rouse y Wolf parten hacia la cima, pero Wolf en seguida se queda atrás mientras Rouse va abriendo huella. Le alcanzarán luego Imitzer y Bauer, y los tres llegarán a la cima hacia las 4 de la tarde, consiguiendo Rouse ser el primer británico en legar a la cima del K2.

Durante el descenso, se encuentran a Wolf dormida a 200 metros de la cima, y la convencen para que regrese. Se encontrarán también con Diemberger y Tullis, que han salido más tarde, pero ellos deciden seguir adelante hacia la cima, pese a que el tiempo está empeorando. Lo lograrán hacia las 7 de la tarde, pero durante el descenso, Tullis resbala y arrastra con ella a Diemberger; caen arrastrados hasta el borde de un enorme barranco, pero consiguen detenerse a tiempo. Eso sí, ante el riesgo de volver a sufrir otra caída, deciden vivaquear a 8.200 metros.

Cuando despiertan, la tormenta les rodea. Consiguen llegar al campo 4 al mediodía, donde les aguardan los demás alpinistas (incluído Wieser, quien no intentó la cima), pero Tullis está en mal estado, con congelaciones y problemas de visión, por lo que es atendida por los austriacos antes de volver a su tienda junto a Diemberger.

Pero al día siguiente, el 6 de agosto, la tienda de ambos no aguanta la acumulación de nieve y se desploma, por lo que Tullis se instala en la tienda de los austriacos, mientras Diemberger lo hace en la de Rouse y Wolf. La tormenta está en su apogeo: niebla, fuertes vientos y una gran nevada.

Los problemas de vista que presenta Julie Tullis indican un probable edema pulmonar, del que morirá el 6 o el 7 de agosto (Diemberger y Bauer dan fechas distintas). Curiosamente, la niebla afecta sólo al campo 4, mientras el resto de la montaña se encuentra limpio, permitiendo el retorno al campo base de las expediciones coreana y polaca el día 8.

Sin comida ni combustible con el que derretir agua, las posibilidades de supervivencia del grupo, aislado a casi 8.000 metros de altura, se hacen cada vez más difíciles. Así que, cuando el día 10, la niebla se aclaró y dejó de nevar, pese a los fuertes vientos y la bajada de la temperatura, ven la única opción que tendrán de sobrevivir.

Pero Rouse no puede moverse, esta semi-inconsciente. Todos saben que es imposible hacer nada por él en las circunstancias en las que está, por lo que se ven obligados a abandonarlo.

Apenas unos cientos de metros después de salir del campo IV, Imitzer y Wieser, se desploman, incapaces de avanzar por la capa de nieve que les llega a la cintura, y el resto no son capaces de reanimarlos. Bauer sigue abriendo camino en la nieve, seguido de Diemberger, mientras Wolf se va quedando atrás… llegan al campo 3, que está destrozado por una avalancha, por lo que se ven obligados a seguir hasta el campo 2.

Bauer y Diemberger esperan durante el día 11 a la Wolf, pero no llega. Una expedición japonesa encontrará su cuerpo al año siguiente, de pie, apoyada contra la pared.

Bauer decide descender lo más rápido posible al campo base, mientras Diemberger lleva un paso más lento. Cuando ese mismo día 11 Bauer llega al campo base, consigue decir a quienes están allí que quedan personas en la montaña. Jim Curran y unos alpinistas polacos ayudarán a Diemberger a bajar, pero nada se podrá hacer para buscar a la Wolf.

Por lo tanto, entre los días 6 y 10 de agosto murieron otras 5 personas en la tragedia del K2: Julie Tullis, Alan Rouse, Alfred Imitzer, Hannes Wieser y Dobroslawa Wolf, elevándose la cifra a 13 muertos ese año. Diemberger y Bauer, que a duras penas habían logrado sobrevivir, son evacuados en helicóptero y sufren amputaciones de dedos a causa del congelamiento.

Se criticó mucho a Diemberger por dejar a Rouse en el campo 4. Los ingleses defendían que Rouse se había quedado un día más esperándoles, perdiendo un tiempo precioso, pero no tienen en cuenta varios detalles: Rouse debía de estar agotado del enorme esfuerzo del día anterior abriendo huella hasta la cima, y necesitaría descansar, a parte de que la niebla haría muy complicado el descenso, arriesgándose a que se repitiera la situación que sufrió Parmentier dos meses antes… además, estando ellos sin fuerzas, descender a un Rouse inconsciente era una tarea casi imposible que pondría sus vidas en serio riesgo; baste recordar que, en una expedición en 1953, cuando Art Gilkey se puso enfermo, todo el equipo estuvo a punto de morir intentando rescatarlo, hasta que Gilkey desapareció (nunca se ha sabido si se debió a una avalancha o él mismo provocó su desaparición para no ser una carga para el resto). El rescate era por tanto imposible.

1986 fue un año de records en el K2, pero también un año especialmente trágico por esas 13 víctimas que dejó la montaña. Cima que, por cierto, no volverá a ser conquistada hasta 1990, y por el espolón de los Abruzos hasta 1992. La tragedia del K2 pervive todavía en la memoria del alpinismo, representando de alguna forma el fin de una era de nuevos retos y el comienzo de la masificación de los ochomiles.

 



80 años del comienzo de la Guerra Civil Española (18-07-2016)


Hace apenas unas semanas tuve ocasión de visitar por primera vez un campo de concentración Nazi, el de Dachau en concreto. Se trata de un lugar destinado actualmente al recuerdo de las víctimas de la barbarie nazi, un memorial de los distintos grupos perseguidos por Hitler, abundantísimo en documentación gráfica en información escrita en múltiples paneles, que puede incluso llegar a saturar por la enorme cantidad de información recogida. Pero quizá lo que más me llamó la atención fue que, a la entrada al recinto, se establecen las cosas que están prohibidas dentro del campo: las que son de esperar (comer, gritar…), la realización de conciertos sin previa autorización… y portar símbolos de extrema derecha. Vamos, que a ver quién se atreve a entrar al campo con una esvástica, para entendernos. Y entonces es cuando piensas: estos alemanes, igualito que en España, donde el único “monumento” del régimen franquista, el valle de los caídos, continúa siendo un lugar de reunión y de homenaje de esa extrema derecha que mantuvo una dictadura fascista durante casi 40 años en el país. Dictadura que comenzó con el fallido Golpe de estado del 17 y 18 de julio de 1936 y que condujo a la larga Guerra Civil Española.




Recientemente he oído a gente decir que la guerra era inevitable, que la situación previa, la de la II república, era insostenible. El adoctrinamiento cultural de la derecha más rancia sigue en plena forma, desde luego. Vamos a repasar los antecedentes de este golpe de estado y posterior Guerra Civil Española para desmentir estas barbaridades que todavía se oyen.

España venía de una dictadura militar, la de Miguel Primo de Rivera, desde 1923 hasta 1930, año en el que, reconociendo su fracaso, dimite (volveremos brevemente más adelante a esta dictadura). El Rey, Alfonso XIII, solicita entonces la formación de gobierno a otro militar, Dámaso Berenguer, en la conocida como “Dictablanda”, con la intención de devolver la normalidad constitucional (pseudo-democrática, con el bipartidismo alternante). Pero ya es demasiado tarde, el régimen de la restauración ha perdido demasiados apoyos, y Berenguer también se va, siendo sustituido en febrero de 1931 por el almirante Juan bautista Aznar, que convoca elecciones municipales para el 12 de abril de ese mismo año. Estas elecciones las ganan, por los pelos, los monárquicos, pero sufren una tremenda derrota: la coalición republicano-socialista (proveniente del Pacto de San Sebastián de 1930) gana en 41 de las 50 capitales de provincia (y en otras dos, Vitoria y Pamplona, vencen los Carlistas, monárquicos pero opuestos a Alfonso): el caciquismo imperante en el régimen de la restauración funciona todavía en las zonas rurales, es cierto, pero en las ciudades ya no tiene la fuerza necesaria para hacer sobrevivir al régimen, De inmediato se forman manifestaciones en las ciudades a favor de la república, que el ejército y la Guardia Civil tienen dudas de reprimir por la fuerza, provocando que Alfonso XIII, al verse sin apenas apoyos, decida abdicar y exiliarse. Los Republicanos encuentran vía libre para instaurar su régimen político, aprobando la constitución republicana de 1931.

Tenemos que ver brevemente la situación en la que se encontraba el país en esos dos años. Por un lado, los militares, tradicionalmente conservadores (aunque no todos), estaban molestos con Alfonso XIII por haber permitido éste la dimisión de Primo de Ribera, y por eso no hicieron demasiado ruido en los comienzos de la república. La que sí lo hizo fue la iglesia católica, blanco de los ataques republicanos y socialistas que no veían con buenos ojos los privilegios económicos de los que gozaba en un contexto sumamente difícil: ya se notaban los efectos del crak de 29 americano, que afectarían a casi todas las economías mundiales en el contexto previo a la II Guerra Mundial. Pero la iglesia contaba con un enorme apoyo entre buena parte de la población. Y es que, para colmo, la población española era mayoritariamente rural, dedicada a la agricultura y la ganadería, siendo la industria todavía incipiente y localizada: a diferencia de los grandes países europeos (Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Alemania… pero también Austria, por ejemplo), en España no se había dado todavía la revolución industrial. Y la situación en el campo era también distinta según las zonas: en el norte predominan los pequeños propietarios que a menudo practican una economía de subsistencia. En el sur, por el contrario, predominan los grandes terratenientes con sus enormes latifuncios trabajados por jornaleros mal remunerados y con poco que perder, entre los que las ideas revolucionarias socialistas y anarquistas calan fácilmente: hay que realizar una reforma agraria que permita que esos latifundios desaparezcan en favor de los jornaleros. Pero esas ideas comunistas aterran a los pequeños propietarios del norte, que pobres sí, pero propietarios también. Por otra parte, los gobiernos europeos ven con recelo el avance de la izquierda en España, temiendo una revolución comunista, por lo que en general no apoyan a la II república.

El primer gobierno republicano es de izquierdas, una coalición de republicanos y socialistas del que se descuelga el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, un personaje muy particular: republicano, anticlerical, el único que acoge a Clara Campoamor y su propuesta de sufragio femenino… pero al mismo tiempo un derechista que terminará apoyando la dictadura; es lo que se suele calificar como un “amarillista político” (hoy tendríamos que cambiar el amarillo por el naranja, pero la situación es muy similar). Se comienzan a llevar a cabo las medidas reformistas que cabrían esperar (laicidad, reforma educativa, reforma del ejército y, sobre todo, la ansiada reforma agraria), pero siempre va a haber problemas para implantarlas. Por un lado, la CNT anarquista no apoya al gobierno. Por otro, la derecha católica que se agrupará en la CEDA, las recientemente fundadas Falanje y JONS y el intento de golpe de estado del general Sanjurjo en 1932. En todo caso, la caída del gobierno la provocan fundamentalmente los anarquistas, minando la credibilidad de un gobierno acosado por la CEDA de Gil Robles y por Lerroux.

SE convocan elecciones en 1934, que gana la CEDA. Pero el presidente de la república, el republicano conservador Niceto Alaclá-Zamora, no puede permitir que un partido que no ha jurado acatar la constitución y someterse al régimen republicano tenga el poder, así que ordena formar gobierno al partido republicano más próximo ideológicamente a la CEDA, el Partido Radical de Lerroux, que se dedicará a echar por tierra todas las reformas llevadas a cabo por el anterior gobierno republicano-socialista liderado por Manuel Azaña. Pero la CEDA sabe jugar bien sus cartas y retira su apoyo al gobierno si no se les permite entrar a formar parte de él, cosa que consiguen. La jugada maestra de la CEDA viene en el momento en el que, tras el escándalo de estraperlo, que le estalló en las manos a Lerroux, le retira su apoyo parlamentario y solicita a Alcalá-Zamora ser el partido del gobierno. Pero el Presidente de la república no acepta de nuevo, y nombra a un independiente de su confianza, Manuel Portela Valladares. Ante la imposibilidad de mantener este gobierno, se convocan elecciones para febrero de 1936.

Gil-Robles esperaba con esta jugada conseguir el poder en esas nuevas elecciones. Es algo que tenemos ya muy visto: la ruptura del PSA de Susana Díaz con IU para mejorar sus resultados en unas nuevas elecciones, o las repeticiones de elecciones en Turquía en 2015 que le dan la mayoría que Erdogan había perdido en las anteriores meses antes, o las de España de 2016 que mejoran ostensiblemente los resultados del PP y hunden a los partidos de la oposición… Lo que no se esperaban ni Gil-Robles ni todos sus simpatizantes (los conservadores en general) es que la izquierda consiga ampliarse en el llamado Frente Popular, que, por insistencia del Socialista radical Francisco Largo Caballero, consigue incorporar al Partido Comunista y a otros partidos menores, el Trsokista POUM y el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña. Y así el Frente Popular frustra las expectativas conservadoras de alcanzar el poder y ven como de nuevo hay un gobierno de izquierdas, más radical si cabe, que vuelve a poner en marcha las reformas que habían comenzado en 1931 y que tanto dolían a los conservadores: la reforma del ejército que aleja del centro de mando a los generales más peligrosos (Mola, Franco, Fanjul…), la reforma educativa que tan poco gusta a la iglesia y la reforma agraria que no pueden ni ver los ricos terratenientes del sur.

Ante esta situación, esa Falange que se queda sin escaño en las elecciones de 1936 cobre más impulso como fuerza paramilitar a la que acuden cada vez más jóvenes de derechas temerosos de lo que pueda hacer el gobierno. El gran problema es que al final hay cada vez más grupos paramilitares, tanto de derechas (Falange, requetés carlistas), como en la izquierda (milicias socialistas, comunistas y anarquistas) y en los nacionalistas, con las milicias de ERC y el PNV. Los enfrentamientos entre febrero y julio de 1936 se saldan con más de 200 muertos, siendo en todo caso en su mayoría de izquierdas las víctimas.

El golpe de gracia a la república vino con el asesinato del teniente José del Castillo, instructor de las milicias socialistas, probablemente por parte de la falange. En represalia, compañeros de Castillo secuestran y asesinan a uno de los líderes más destacables de la oposición al gobierno del Frente Popular junto con Gil-Robles , José Calvo Sotelo. Éste defendía constantemente en las Cortes que la república había perdido el control, y su asesinato parecía confirmar este dato. Y, de paso, servir como excusa a los miliares para dar un golpe de estado que restituyera el orden.

Pero ¿es realmente el golpe una consecuencia del asesinato de Calvo Sotelo? ¿O fue sólo una excusa?

Durante su cargo como ministro de guerra en 1935, Gil-Robles se rodea de militares derechistas en los puestos claves del ejército: Mola, Fanjul, Goded, Franco… Por otra parte tenemos a la UME, Unión Militar Española, asociación militar ultraderechista clandestina fundad en 1933 por Emilio Rodríguez Tarduchy como oposición a la reforma militar de Azaña, y que en esas fechas se encuentra dividida entre partidarios de dar un golpe de estado y otros partidarios de conseguir el poder democráticamente ganando la CEDA las próximas elecciones.

Pero la CEDA no gana, algo que por otro lado tampoco se sale de los planes de los militares. Muchos ya tenían previsto dar un golpe de estado el 19 de febrero si el Frente Popular ganaba las elecciones.

Gil-Robles intenta a la desesperada mantener el poder; dado que ha perdido la posibilidad de llegar a él por la vía política, solicita al jefe de gobierno en funciones, Portela Valladares, que declare el estado de guerra (con lo que el poder pasaba a manos militares) y anulase los comicios; de hecho, el propio Franco como Jefe del Estado Mayor del Ejército se adelanta a dar las órdenes a los militares para declarar el estado de Guerra, algo a lo que el director de la Guardia Civil, Sebastián Pozas, fiel republicano, se niega, haciendo así fracasar este primer golpe. Mientras, Portela Valladares no cede ante Gil-Robles; al contrario, acelera el traspaso de poderes a Manuel Azaña incluso antes de que se celebre la segunda vuela de las elecciones. Azaña envía a esos militares próximos a Gil-Robles a la reserva o a destinos más alejados (Franco se siente humillado por lo que considera la degradación de ser enviado a Canarias). Pero esto no evita que estos militares sigan preparando un golpe militar.

Ante este fracaso, el 8 de marzo tiene lugar una reunión en Madrid entre varios militares (Mola, Yoldi, Fanjul, Franco… junto con Valentín Galarza como representante de la UME) que acuerdan dar un golpe para el 20 de abril. No se acuerda el carácter político que va a tener el golpe (hay diversas ideologías entre los militares), pero lo que sí se decide es que el jefe de la junta militar será el general José Sanjurjo, en esos momentos exiliado en Portugal por su intento de Golpe de Estado en 1932.

Pero ¿por qué no se da el golpe ese previsto 20 de abril? Porque los militares saben que el gobierno está al corriente, como muestra las detenciones de dos de los militares asistentes a esa reunión, Luis Orgaz y José Enrique Valera. Incluso otro de los militares involucrados, Ángel Rodríguez del Barrio, detiene el 19 de abril un alzamiento militar en Madrid, en parte por el cáncer que padece (morirá a consecuencia de él meses después, ya comenzada la Guerra Civil Española… en Madrid, donde el gobierno republicano no adoptó medidas contra él) y en parte por el temor a que la policía esté al corriente.

Mientras tanto, se van sumando más militares al alzamiento. El General Gonzalo Queipo de Llano, que estaba preparando un golpe de estado independiente, acuerda unir sus fuerzas con las de Mola, líder en ese momento de la sublevación. Queipo de Llano logra que a ellos se una Miguel Cabanellas, quien desde Zaragoza podrá frenar los intentos catalanes de invadir Aragón que tanto temen los alzados. Con las tácticas clandestinas copiadas de la UME era más fácil organizar el golpe. Entonces, ¿por qué tardan tanto en darlo?

Fundamentalmente, porque Mola es consciente de que no va a contar con el apoyo militar de toda la península: todo parece indicar que Madrid, Cataluña, Valencia o Andalucía no secundarán el golpe, lo que aleja la posibilidad de copiar el golpe de Primo de Ribera de 1923, cuando el ejército en pleno lo apoyó. Ahora el ejército está dividido, hasta tal punto de que, frente a la UME de extrema derecha, hay también una organización militar clandestina, la Unión Militar Republicana Antifascista. Primo de Ribera contó con el apoyo del jefe de estado en aquel momento, el rey Alfonso XIII; el jefe de estado en ese momento, Manuel Azaña (que acababa de destituir en ese puesto a Alcalá-Zamora) no les iba a apoyar en ese momento. Las clases obreras y campesinas se mantuvieron al margen en 1923; de hecho, incluso los socialistas veían como una solución temporal al caos de los primeros años 20 el golpe de Primo de Rivera (siempre como una solución temporal; de hecho, lo que acabó con la dictadura fue su intento de permanencia, que le restó numerosos apoyos). Esta vez había un gran riesgo de que el golpe fracasara en la totalidad del territorio, lo que conduciría en ese caso a una Guerra Civil obviamente complicada.

Por este motivo, Mola busca nuevos apoyos, como el de los Carlistas (las discrepancias políticas entre Mola y los Carlistas las saldará Sanjurjo aceptando las peticiones de éstos), el partido de Calvo Sotelo (antes del asesinato de éste) y, en principio de forma menor, la Falange.

Y mientras tanto, el gobierno no hacía nada. Ilusamente se creían que, tras la derrota del golpe de Sanjurjo, era imposible que los militares tuvieran el poder suficiente para triunfar en un posible golpe.

Los avances golpistas prosigen con la financiación de los carlistas navarros, del empresario Juan March, del Portugal de Salazar y de el director de ABD Juan Ignacio Luca de Tena, el inventor del autogiro Juan de la Cierva y del abogado y periodista Luis Antonio Bolín, encargados de alquilar en Londres el avión conocido como Dragon Rapide que tendrá una importancia fundamental en el golpe.

Finalmente, el asesinato de Calvo Sotelo hace que Carlistas, la CEDA y militares todavía en dudas se decidan a apoyar el golpe, cuya fecha será el 18 y 19 de julio.

Volvemos a la pregunta con la que empezamos: ¿era necesario el golpe para recuperar el control del estado? Rotundamente NO. El golpe estaba ya en preparación cuando la derecha aún estaba en el poder como una forma de asegurarse su permanencia en él; como una forma de conseguir mantener el mismo sistema que siglos antes, evitando las reformas que el país necesitaba: los latifundistas, muchos de ellos todavía miembros de la nobleza o de las élites caciquiles, evitaban la reforma agraria; la iglesia católica mantenía su supremacía tanto en la vida pública, al evitarse el laicismo y la libertad de culto, y el dominio sobre una educación oligárquica de muy escaso nivel (si es que la había) para las clases populares, además con un marcado sesgo ideológico, al evitarse la reforma de la educación; y el ejército mantenía intacto su enorme poder, incluso político, al evitarse la reforma del ejército. La victoria de la izquierda no habría supuesto un caos de no haber sido por los grupos paramilitares que comenzaron a actuar a sus anchas para sembrar el caos. Y si bien los hubo también de izquierdas, en su mayoría eran de derechas, como demuestra el número de muertos por estos ataques en ambos bandos (148 víctimas de izquierdas frente a 50 de la derecha). El error de las milicias de izquierdas fue atacar a una figura tan mediática y prominente como Calvo Sotelo, pero en todo caso su asesinato sólo apresuró el golpe, no lo causó, como ya hemos analizado. Quizás ahí las fuerzas de derechas fueron más astutas al no asesinar a alguna figura más destacable, a un Manuel Azaña o a un Francisco Largo Caballero, por poner dos casos, que habrían sido más llamativas tanto a nivel nacional como internacional.

Vamos ahora a analizar brevemente algunos aspectos de la Guerra Civil Española que nos conviene recordar.

El golpe de estado comienza en Melilla un día antes de lo previsto, el 17 de julio. Esa mañana los golpistas, encabezados por el coronel falangista Juan Seguí,  se habían reunido para concretar los detalles del golpe, pero uno de ellos se fue de la lengua y la información llegó al General Manuel Romerales, quien era el comandante jefe dela circunscripción oriental del protectorado español en Marruecos, cuya sede era precisamente Melilla. Éste envía al teniente Zaro a detener a los golpistas, pero la mayor parte del ejército se decanta por la sublevación. Se detiene al general Romerales (que será fusilado en agosto) y a los líderes republicanos de la ciudad y se decreta la ley marcial. Este modelo será seguido en otras áreas del país.

De inmediato se informa a los líderes del norte de África, así como a Franco, del adelanto del golpe, que prosigue en el Norte de África. En Tetuán, capital del protectorado español, el Alto Comisario Álvares Buylla se pone en contacto con el jefe de gobierno, casares Quiroga, quien le ordena resistir y que se le enviarán fuerzas de apoyo, pero no puede resistir por la falta de hombres que le apoyen; morirá fusilado en 1937. Ceuta y Larache caen poco después ese mismo día 17.

El 18 Francisco Franco da el golpe militar en Canarias, donde, tras detener a los dos gobernadores civiles, el de las Palmas y el de Santa Cruz, encuentra oposición de las clases obreras, especialmente en Santa Cruz, donde el ejército tiene que salir a reprimirlas. Una vez controlada la situación y de saber que todo el protectorado marroquí está en manos sublevadas, parte hacia Marruecos.

El gobierno actúa enviando a la marina para bloquear el paso de los sublevados a la península, cosa que funciona porque los militares no se suman a los altos mandos que sí estaban a favor del golpe. Las tropas africanas no podrán por tanto participar en el golpe en la península.

La sublevación en la península sigue su curso entre los días 18 y 21 de julio. La situación queda de la siguiente manera:

Como era de esperar, el golpe fracasa en Cataluña, Valencia, Murcia, la mayor parte de Andalucía (excepto parte de la provincia de Cádiz y las ciudades de Sevilla, Córdoba y Granada), la mayor parte de La Mancha y de Extremadura (exceptuando parte de Cáceres, capital incluída), Madrid, el este de Aragón y parte de la cornisa cantábrica: Gipuzkoa y Bizkaia (donde a diferencia de Álava y Navarra el PNV se mantiene fiel, a su manera, a la república), Cantabria y Asturias, con la excepción de Oviedo y parte de Gijón.

Aquí es donde la respuesta internacional cobra más importancia. Se esperaría que los estados democráticos apoyaran al bando republicano. Y Francia era la más proclive a hacerlo, pero el gobierno conservador de Gran Bretaña, que ve la sublevación con buenos ojos ante el auge comunista, consigue convencerle de la no intervención que firman junto a Alemania e Italia, que se la saltan totalmente. Tampoco el gobierno de Estados Unidos envía ayuda a la república. Mientras, Alemania e Italia usan la Guerra Civil Española como experimento para la futura guerra europea que se avecina, apoyando al bando nacional, como también hará el Portugal de Salazar. Sólo la URSS apoyará a la república, pero su apoyo, a parte de interesado (intentan conseguir un estado comunista satélite) no favorece al bando republicano, que se encontrará dividido: si Stalin consigue quitarse de encima a Trosky, en España hay que hacer lo mismo con el partido trotskista POUM, misión que debe cumplir el Partido Comunista y que termina con la desaparición de su líder Andreu Nin, al que los comunistas acusaron de traición al aliarse contra los alemanes; voy yo y me lo creo. La hipótesis más creible es que fue torturado y asesinado por comunistas liderados por el brazo de Stalin en España, Alexander Orlov, hacia el 22 de junio de 1937. La división en el bando republicano estaba así servida. Y más si cabe con unos comunistas (y sectores de izquierdas del PSOE encabezados por Largo Caballero) buscan la revolución proletaria a la que se opondrán republicanos y sectores más derechistas del PSOE (como Julián Besteiro, quien intentará pactar con los sublebados).

Con unos apoyos cada vez menores, la república fue perdiendo territorios hasta terminar sucumbiendo en 1939. No vamos a repasar el transcurso de la guerra, no es lo que nos interesa. Vamos a ir a un tema más jugoso y polémico, el de la represión de la oposición.

Sí, represión hubo en los 2 bandos, es cierto. Pero hay tres cosas fundamentales que distinguen la represión republicana de la golpista. Las dos primeras están muy relacionadas: la cuantía (la represión republicana supondría a lo sumo unas 50.000 víctimas, frente a unas dificilmente calculables cifras del bando “nacional” que, como mínimo, triplicarían esas cifras) como en extensión territorial (la represión republicana sólo podría tener lugar en los territorios controlados por las fuerzas leales, que iban perdiendo espacio frente a los golpistas) y temporal (la “represión” republicana terminaría a lo sumo en 1939, mientras que la golpista se extiende hasta después de terminada la guerra, más o menos hasta 1945). La otra gran diferencia es la actitud de las autoridades de ambos bandos frente a esa opresión.

Comenzamos con el bando republicano. Los sentimientos exacerbados de comunistas, anarquistas e incluso republicanos anticlericales llevaros al asesinato de no pocos religiosos, pero se deben a una iniciativa privada, no a actuaciones del gobierno. Esto se ve aún más claramente en la atrocidad que ocurrió la noche del 22 al 23 de agosto de 1936 y que conocemos como Matanza de la cárcel Modelo. Esa noche, un incendio  en la leñera (provocado no se sabe bien por quiénes, desde las mismas autoridades carcelarias hasta los presos falangistas que buscarían una forma de poder escapar) provoca que una multitud enfervorecida de milicias de izquierdas asalte la prisión. El gobierno autoriza la puesta en libertad de los presos comunes, pero ante la indecisión sobre qué hacer con los presos políticos “de derechas”. las milicias forman unos tribunales que condenan a muerte y ejecutan a unos 30 presos, entre ellos Fernando Primo de Rivera (hermano de José Antonio) y, quizá el caso más llamativo, al republicano moderado (y antiguo aliado de Azaña) Melquíades Álvarez. El gobierno tuvo que reconocer ante la presión internacional (los embajadores amenazaron con abandonar Madrid) su impotencia ante estas ejecuciones extrajudiciales, e muchos casos entre lágrimas. El socialista Indalecio Prieto afirmó que aquello suponía su derrota en la guerra, y Manuel Azaña, destrozado al enterarse de la noticia, estuvo a punto de dimitir como jefe de estado. De hecho, para poner freno a estos excesos, el gobierno creó los tribunales populares formados por miembros del Frente Popular que, aunque algún tiempo después, consigueron controlar la situación y evitar matanzas similares.

Quizá el otro episodio negro del bando republicano sean las matanzas de Paracuellos, entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936, cuando, con el ejército sublevado cada vez más cerca de Madrid, se decide evacuar la cárcel Modelo. El gobierno era consciente de que había que hacer algo con los presos “fascistas” que había en Madrid (que podrían ser unos 8.000), pero cuando el gobierno huye de Madrid en dirección a Valencia el 6 de noviembre, no se había tomado todavía una decisión sobre qué hacer con ellos. Así que durante el siguiente mes se producen sacas en las prisiones (no sólo en la Modelo) con el fin de trasladar a los presos a otras prisiones, pero muchos de esos traslados terminaron con el fusilamiento de los presos (sin juicio previo, obviamente). Será el anarquista Melchor Rodríguez García el encargado de poner fin a estas ejecuciones al ser nombrado director de prisiones; primero entre los días 10 y 14 de noviembre, en el que dimite del cargo, y de nuevo al volver a asumirlo en diciembre. Con ello el gobierno buscó acabar con estas ejecuciones extrajudiciales que ellos no defendían. Sobre el hecho de si las autoridades responsables de Madrid (entre las que se encontraba Santiago Carrillo) estaban al corriente de lo sucedido ya se podría discutir. Pero el gobierno republicano hizo cuanto estuvo en su mano para que cesaran estos asesinatos.

Por lo tanto, podemos concluir que la represión en el bando republicano fue en general obra de milicianos exaltados y que no fue alentada por el gobierno. ¿Sucede lo mismo en el bando sublevado?

Vamos a ver primero lo que sucede en las zonas en las que la sublevación tiene éxito y luego lo que sucede en las zonas que van conquistando durante la guerra.

Como ya hemos dicho, el levantamiento triunfa desde el principio en la ciudad de Granada. De inmediato se producen fusilamientos en el cementerio de la ciudad. Dejo aquí el enlace al artículo de wikipedia sobre los fusilamientos en este cementerio: casi 600 en el mes de agosto de 1936, recién comenzada la guerra, más de 2000 hasta el final de la guerra y cifras que aumentan hasta por lo menos 5.000 en la siguiente década. Sorprende además quiénes fueron las víctimas: no sólo alcaldes republicanos, también el rector de la universidad y varios catedráticos.

Navarra fue otro territorio donde la sublevación triunfó de inmediato. En este enlace a un artículo de wikipedia hay muchísima información, pero yo me centraré en un único aspecto: la masacre de profesores. El 22% de los profesores de Sangüesa fueron asesinados, cifra que aumenta a casi el 25% (1 de cada 4) en la merindad de Pamplona. Sacad cada uno vuestras conclusiones…

El general Mola había dicho ya el 19 de julio que “cualquiera que sea abierta o secretamente defensor del Frente popular debe ser muerto”. Vamos, una política de exterminio absoluto de todo aquel que no piense como ellos. Ser una mujer divorciada o no ir a misa los domingos te ponía en una situación muy peligrosa…

¿Y en las zonas que se fueron conquistando? Vamos con una de las más atroces, la masacre de Badajoz. Los sublevados rápidamente se lanzaron a la conquista de Extremadura para así unirse con el área Norte que controlaban, y tras masacrar a sus oponentes en Zafra, Mérida y otros pueblos de la zona, llegaron a Badajoz. Allí, la guardia cicil y la falange (se duda si también los moros del ejército africano) llevaron una atroz represión contra sus enemigos, a los que encerraron en la plaza de toros, donde eran fusilados o hasta ametrallados con un sadismo salvaje (en Madrid se llegó a hablar de espectáculos públicos cual si fueran corridas de toros, en las que banderilleaba a las víctimas, aunque esto no pudo ser nunca verificado). En todo caso, resulta sorprendente la reacción del militar prusiano Hans von Fuck, uno de los pocos nazis que estuvo sobre el terreno durante la Guerra Civil Española, afirmó que “jamás ha contemplado la brutalidad y la ferocidad con que el Ejército Expedicionario de África desarrolla sus operaciones. Por ello desaconseja el envío de tropas regulares alemanas a España, porque, ante tal salvajismo, los soldados alemanes se desmoralizarían”. Nada menos que los nazis que exterminarían a millones de judíos se desmoralizarían ante la brutalidad que se veía en el bando sublevado español; ¡ahí es nada! ¿Y la actitud de las autoridades militares sublevadas? Esto contestó el General Juan Yagüe en una entrevista para un periódico norteamericano: “Por supuesto que los matamos. ¿Qué esperaba usted? ¿Que iba a llevar 4000 prisioneros rojos conmigo, teniendo mi columna que avanzar contrarreloj? ¿O iba a soltarlos en la retaguardia y dejar que Badajoz fuera roja otra vez?

Él mismo nos da la cifra de ejecutados: 4.000, el 10% de la población de la ciudad. No es de extrañar teniendo en cuenta lo que Franco dijo en una entrevista que concedió a Jay Allen el 27 de julio de 1936. Cuando dijo que había que salvar a España del marxismo a cualquier precio, Allen le pregunta si eso significa fusilar a media España y Franco responde rotundamente “He dicho a cualquier precio“. Vamos, que sí.

Podríamos hablar de las masacres de los fugitivos de Málaga en la carretera hacia Almería y de tantos y tantos otros casos… pero ya sólo voy a detenerme en un pequeño aspecto de la represión franquista: se da por supuesto que la iglesia apoyó casi sin fisuras al bando sublevado… y aún así es difícil encontrar en mi tierra, en Gipuzkoa, un pueblo en el que alguno de sus párrocos o miembros del clero no fuera fusilado. Quizá el caso más significativo sea el de “Aitzol”, sacerdote y escritor tolosarra ejecutado el 17 de octubre de 1936: era del PNV, nacionalista y escritor en euskera, pecado imperdonable a ojos de los sublevados. Y es sólo uno de muchos. Esa iglesia que tanto sostuvo a Franco poco hizo por salvar a algunos de sus miembros… o quizá hasta se aprovechó para acabar también con quienes no compartieran la doctrina oficial.

Con más de 110.000 desaparecidos, España ocupa el segundo puesto mundial tras Camboya (¿a alguien le suena un tal Pol-Pot? Uno de los mayores genocidas de la historia). La represión franquista acabó con la vida de al menos 150.000 personas (el triple que los asesinatos en el área republicana). Y hay quienes creen que las cifras reales (imposibles de calcular a día de hoy) son mucho mayores. Pero seguimos sin considerar al régimen franquista genocida (aunque a su lado, las víctimas que causó Musolini se quedan en nada… sólo Hitler le supera, con mucho, eso sí, en número de víctimas en Europa Occidental), sin juzgar a quienes cometieron estos crímenes (todos muertos a estas alturas) y permitiéndose homenajes que en Alemania o Austria escandalizarían al común de los mortales. Pero claro, como lo único que nos importa es lo que hace la selección en la eurocopa…

Me encuentro con demasiados chavalitos que dicen que estudiar historia no sirve para nada… no sirve para poco, lamento decir. Nos sirve para, conociendo el pasado, entender el presente y poder evitar repetir los mismos errores en el futuro. Y ahora decidme si al leer sobre los antecedentes del golpe de estado que condujo a la Guerra Civil Española no encontráis algunas similitudes con la situación actual del país (algunas, repito, no exageremos). No hemos sabido extraer lecciones de nuestra propia historia, por lo que parece…

 



Turismo en Gipuzkoa: el Museo Oiasso de Irun


Creo que nos pasa a todos: nos movemos a lugares a menudo lejanos para visitar cosas cuando no hemos visto otras que tenemos al lado de casa. Yo desde luego tengo tantas “asignaturas pendientes” cerca de casa como las que tengo a mayor distancia. Por eso quise aprovechar el Día Internacional de los Museos de este año para visitar una de esas asignaturas pendientes que tenía, el Museo Oiasso, situado en Irun, dedicado fundamentalmente a la historia romana de la localidad, la civitas vascona de Oiasso.




Había dudas sobre la ubicación exacta de esta civitas romana conocida por los escritores clásicos, hasta que en los años 90 del pasado siglo se pudo confirmar que se encontraba bajo la actual ciudad de Irun (que es la segunda más grande de Gipuzkoa), junto a la desembocadura del río Bidasoa. Era por tanto un importante puerto marítimo para la exportación del metal que se extraía de las cercanas minas de Arditurri (explotadas desde época romana hasta el siglo XX), que también están abiertas al público. 

El museo, inaugurado en el año 2006, esta ubicado en las antiguas escuelas junto a la iglesia parroquial del Juncal, en pleno centro urbano. La ubicación es perfecta, ya que en la parte trasera se encuentran los restos de las termas romanas (aunque éstas todavía no están abiertas al público… esperemos que se arreglen los problemas cuanto antes para poder visitarlas). Cuenta con 2 pisos y tres salas, a parte de las exposiciones temporales (no había ninguna cuando yo estuve). Dejo antes de nada un enlace a la página oficial del museo. 

De la recepción se sube a las dos plantas del museo a través de rampas con carteles informativos en los paredes, que nos meten en contexto explicando detalles históricos y geográficos. 

La primera sala está dedicada sobre todo a la Gipuzkoa pre-romana (excepto un audiovisual que nos habla ya de la ciudad romana). Y es que de la edad del hierro se han localizado numerosos yacimientos en territorio gipuzkoano, situados a menudo en altura, como vemos en esta maqueta-reproducción de uno de ellos: 

IMG_20160518_132517

En la misma sala, junto a diversos objetos de la edad del hierro, destaca otra maqueta, que en este caso reproduce una vivienda típica de estos poblados pre-romanos: 

IMG_20160518_132650

Subimos ahora a la segunda planta, dedicada ya a la ciudad romana de Oiasso.

La primera de las dos salas de esta planta superior del Museo Oiasso está dedicada al puerto de la ciudad, cuyos muelles fueron descubiertos en 1992 en la cercana calle de Santiago. Destacan los muelles a 4 alturas, que se usaban según la altura de la marea.

De nuevo tenemos un audiovisual en esta sala que nos cuenta mejor la historia del puerto. Y en las vitrinas del fondo nos encontramos con diversos objetos relacionados precisamente con el puerto, como anzuelos, cerámica, e incluso redes y objetos de madera que han conseguido conservarse hasta nuestro día, como estos fragmentos de cuerda:

IMG_20160518_142158

Y es que, pese a lo que se pensaba hasta no hace mucho, la costa gipuskoana (y la vecina costa francesa) contaban con más asentamientos romanos, ya que en esta zona se producía el famoso garum (prueba de ello son los nombres del municipio gipuzkoano de de Getaria y el labortano de Géthary tienen su origen en las factorías de garum conocidas como Cetaria).

La última sala está dedicada a la vida cotidiana en la ciudad, dedicando los últimos paneles a su decadencia. En el centro de la sala destaca una maqueta con una posible reconstrucción de la Oiasso romana:

IMG_20160518_135359

Las partes que en la foto aparecen blancas (de metacrilato) son las que se corresponden a los hallazgos arqueológicos: el de más adelante, los muelles del puerto; el central, las termas; y el pequeñito del fondo, la necrópolis hallada bajo la ermita de Santa Elena. El resto es una simple suposición de cómo pudo ser la ciudad romana, basándose por supuesto en la distribución habitual de los edificios en otras ciudades (por ejemplo, el foro se ha situado frente a las termas).

Las vitrinas del alrededor nos muestran restos de la vida cotidiana encontrados, incluyendo cerámica en incluso objetos de vidrio. También, por supuesto, joyas, como este camafeo; la lupa ya nos permite hacernos una idea de su pequeño tamaño:

IMG_20160518_141203

Tenemos también peines y otros objetos de adorno personal.

Hay también restos de lo que comían, como las conchas de los moluscos o los huesos y cáscaras de ciertas frutas; de alguna de ellas (creo recordar que eran los melocotones) son los primeros rastos hallados en la península:

IMG_20160518_141531

Y hay también restos de armas e incluso una urna cineraria de la necrópolis de Santa Elena:

IMG_20160518_140921

Se puede comprobar como, junto a los restos incinerados del difunto, se incluían objetos metálicos e incluso de cristal. Por desgracia, la Ermita de Santa Elena sólo se puede visitar los sábados, por lo que me quedé sin verla (la había visto ya bastantes años antes, cuando fuimos con el Instituto, antes de la existencia del museo), y recuerdo que era una visita que merecía la pena.

Con este post sólo he pretendido destacar algunos de los detalles del Museo Oiasso que más llamaron mi atención (y los que recuerdo, que escribo este post un mes después de haber visitado el museo). Para saber más, lo mejor es por supuesto visitar el museo. Nos permite conocer mejor un período apenas conocido (y de descubrimiento reciente) de la historia de Gipuzkoa.



4º centenario de la muerte de William Shakespeare (23-04-2016)


Fue seguramente el más grande dramaturgo de la historia. Tan grande fue, tal es la magnitud y la calidad de sus obras, que hasta se duda de que realmente fuera él el autor de ellas; un simple actor teatral de Stratford-upon-Avon, casi analfabeto, sin apenas cultura, no puede haber escrito semejantes obras… o al menos eso piensan algunos. Pero qué más da que fuera ese actor el autor, qué más nos da los debates sobre su vida privada (religión, orientación sexual), el autor de las obras teatrales que se consideran escritas por William Shakespeare es y será siempre un absoluto referente de los que es el teatro.




No deja de resultar curioso, por tanto, que tras su muerte, y a lo largo de los siglos XVII y buena parte del XVIII, su figura permaneciera ignorada: su tipo de teatro no era bien visto por los moralistas de la época. Será a finales del siglo XVIII cuando nuevas generaciones, cada vez más asociadas al romanticismo, recuperará sus obras: ahí estarán Goethe o Schiller, por ejemplo. Y es que William Shakespeare fue de alguna forma un adelantado a s tiempo, y sus obras tienen un componente romántico difícil de entender en alguien que vivió casi dos siglos antes de que surgiera este movimiento artístico.

Vamos a repasar la influencia de las obras de William Shakespeare en la música, centrándonos en la ópera, para ver cómo surge ese renacimiento de su obra y su popularidad a partir del siglo XIX.

Es una lástima que Shakespeare todavía no fuera un autor popular en la época de, por ejemplo, Händel (mejor no imaginarnos lo que habría sido un Julio Cesar o un Marco Antonio y Cleopatra en sus manos), o de Mozart (qué bien le habría quedado La fierecilla domada, por ejemplo). Pero aquí cabe na curiosidad: el libretista de las grandes óperas de Mozart, Lorenzo da Ponte, escribe un libreto basado en La comedia de los errores, al que le pondría música un tal Stephen Storace, compositor inglés todavía menos longevo que Mozart (murió en 1796 a punto de cumplir los 34 años); la ópera, titulada “Gli equivoci”, se estrenó en Viena el 7 de diciembre de 1786. Vamos a escuchar a continuación la obertura:

El primer gran compositor en prestar atención a William Shakespeare fue seguramente Antonio Salieri, con ese Falstaff (adaptación de la genial comedia “Las alegres comadres de Windsor”, quizá la más popular de las obras de Shakespeare en la ópera) que estrenó en 1799:

Una vez entrado de lleno el romanticismo, Shakespeare se convierte en un autor muy apreciado (Schubert utilizó poemas suyos para sus lieder, por ejemplo). Y ahí tenemos a Ludwig van Beethoven, que no compuso más que una ópera, pero sí que compuso obras orquestales de carácter programático, y de entre ellas destacamos esa adaptación del Coriolano shakespeariano en esta magnífica obertura:

Carl Maria von Weber compondrá una ópera (su última ópera, de hecho) titulada Oberon, pero no tiene nada que ver con el protagonista de “El sueño de una noche de verano”. Por el contrario, Felix Mendelssohn sí que utilizará como referente esta comedia para componer la música de escena de “Ein Sommernachtstraum”, que compuso en 1842, pero para la que aprovechó esa genial obertura que había compuesto en 1826 (con 17 añitos…). Escucharla nos demuestra el enorme talento de este músico un tanto infravalorado en mi opinión y que consigue transmitirnos la emoción de estar una noche en medio de un bosque encantado, sobre todo en ese maravilloso y mágico final, dirigida por el gran Otto Klemperer:

En 1949, Otto Nicolai estrenará su última ópera (moriría apenas dos meses después del estreno, sin llegar a cumplir los 39 años), Die lustigen Weiber von Windsor (de nuevo basada en “Las alegres comadres de Windsor”), su obra más recordada hoy día gracias a su popular obertura. Así que, en vez de la obertura, vamos a escuchar el brindis de Falstaff “Als Büblein klein” en la voz del gran Gottlob Frick:

Pero ya años antes, en 1834, Richard Wagner había compuesto una ópera, su segunda ópera (estrenada en 1836) inspirada en la comedia de William Shakespeare “Medida por medida”; será “Das Liebesverbot” o “La prohibición de amar”. Es una de las óperas menos populares de Wagner, desde luego, pero vamos a escuchar su obertura:

En Francia William Shakespeare también será un autor popular entre los compositores de ópera de mediados del siglo XIX, sobre todo. Tenemos, por ejemplo, ese “La tempesta” (basada, obviamente, en “La tempestad” de Jacques Fromental Halévy. Y en 1862, Hector Berlioz, que compondrá también poemas sinfónicos y oberturas basados en obras de Shakespeare, estrenará su ópera “Béatrice et Bénédict”, basada en “Mucho ruido y pocas nueces” (aunque omite de la trama los episodios más dramáticos, como la traición del bastardo Don Juan y la fingida muerte de Hero, centrándose exclusivamente en la parte más cómica, en ese odio que termina siendo amor entre los dos protagonistas), de la que escuchamos el aria de Hero “Je vais le voir”cantada por Kathleen Battle:

En 1868, Ambroise Thomas se enfrenta a la que para muchos es la obra maestra de William Shakespeare, “Hamlet”. No es una adaptación excesivamente afortunada, ya que se pierde mucho la tensión y el factor dramático de la obra en medio de ese melifluo melodismo francés, pero nos deja algunos grandes momentos, como esa escena de locura de Ophelia, que escuchamos en la magnífica interpretación de Joan Sutherland:

Pero la que quizá sea la mejor adaptación francesa de una obra de William Shakespeare se había estrenado una año antes, en 1867: era el “Roméo et Juliette” de Charles Gounod, que cuenta con no pocos grandes momentos, como el aria de Juliette “Je veux vivre”, la balada de la reina Mab de Mercutio, el aria “Ah, leve-toi, soleil” de Romeo, el dúo “Ange adorable”, el dúo “Nuit d’Hymenée”, el aria de Romeo “Salit, tombeau”… pero vamos a escuchar el final del 3º acto, cuando Romeo, tras matar a Tybalt, es exiliado. Un joven Roberto Alagna interpreta a Romeo:

Magnífico ese Do de pecho final…

Y vamos a ver también la escena final, con la muerte de ambos amantes, de nuevo con Roberto Alagna, pero en otra función años posterior, junto a su pareja por aquel entonces, Angela Gheorghiu:

En los siguientes años no hay nada reseñable (Massenet no adapta a Shakespeare, gran desgracia), pero en 1935 el venezolano de nacimiento pero afincado en París Reynaldo Hahn estrena “Le marchand de Venise”, ópera totalmente olvidada a día de hoy:

¿Y mientras tanto en Italia qué pasaba? Pues en 1816 Gioacchino Rossini estrena su adaptación de “Otello“, muy poco fiel a la original, en la que la trama cambia demasiado: la figura de Yago, mucho menos malvada, tiene mucha menor importancia frente a la de Rodrigo, rival de Otello por el amor de Desdemona. Incluso compone un final alternativo feliz, en el que Otello descubre la verdad a tiempo antes de matar a Desdemona. Escuchamos para empezar el dúo de Otello y Rodrigo (algo que no tendría cabida si se respetara la obra original) en las voces de Gregory Kunde (Otello) y Juan Diego Flórez (Rodrigo), puro lujo de canto rossiniano:

Y escuchamos ahora la maravillosa canción del sauce en voz de Mariella Devia:

Por el contrario, ese “I Capuleti ed i Montecchi” de Vincenzo Bellini no se basa en el “Romeo y Julieta” de William Shakespeare, sino en las historias tradicionales italianas sobre los amantes veroneses (en las que se inspiró Shakespeare para escribir su obra maestra, la mejor de sus obras en mi opinión).

Será el gran Giuseppe Verdi el que le dé la atención a las obras de William Shakespeare y el que esté a la altura de ellas. La primera adaptación de una obra de Shakespeare que realizará será la magnífica “Macbeth“, de 1847, una de las mejores óperas de su etapa juvenil. En ella destaca el dibujo psicológico de la pareja protagonista, que veremos primero en Lady Macbeth, en su aria inicial “Vieni, t’afretta”, que escuchamos en la terrorífica voz de Liudmyla Monastyrska:

Escuchamos ahora la bellísima aria “Pietà, rispeto, amore” de Macbeth, cantada por Renato Bruson:

Y no puedo contenerme a compartir esa escena que cierra el primer acto, en la que Macduff descubre el cuerpo asesinado del Rey Duncano, terminando en un magnífico concertante. De nuevo Renato Bruson es Macbeth, Maria Guleghina Lady Macbeth, Roberto Alagna Macduff y Carlo Colombara Banco:

Verdi acarició durante años la idea de componer una ópera sobre El rey Lear, pero por desgracia no fue capaz de llevarla a término… habría sido una maravilla, seguro. Y más sabiendo lo que terminaría haciendo al final de su vida.

Y es que el libretista Arrigo Boito realizó dos magníficas adaptaciones de grandes obras de William Shakespeare, muy fieles al original. La primera, ese “Otello” que se estrena en 1887 y que será la penúltima ópera de Verdi. En mi opinión, la mejor adaptación de una obra de Shakespeare a la ópera. Aquí Yago es el villano que tiene que ser, como comprobamos en este “Credo in un Dio crudel” que canta Sherrill Milnes:

El final del segundo acto es uno de los momentos en los que mejor se percibe la fidelidad a la obra original (ese momento en el que Otello suelta al cielo todo su amor…), que vemos con Tito Gobbi como Yago y el insuperable Mario del Monaco como Otello:

Y mientras tenemos a una entrañable Desdemona que de nuevo tiene su mejor momento en esa Canción del sauce que escuchamos a Renata Tebaldi:

La segunda de estas colaboraciones será la última ópera de Verdi, Falstaff, de 1893, magnífica adaptación de “Las alegres comadres de Windsor”, aunque con algunos pasajes extraídos de “Enrique IV”, ya que Boito simplifica la acción para hacerla más adecuada a la ópera. Aunque es una ópera que no tiene pérdida, escuchamos la escena final, que es una auténtica maravilla:

 Tras Verdi, la siguiente corriente operística italiana, la verista, no se fija en Shakespeare, al preferir tramas más realistas, pero compositores posteriores volverán a él, como es el caso de Riccardo Zandonai, que en 1922 estrena una nueva adaptación de “Giulietta e Romeo”, ópera poco conocida (Zandonai es un compositor prácticamente olvidado hoy día, salvo alguna reposición ocasional de la magnífica “Francesca da Rimini”), de la que destaca el aria de Romeo ante la tumba de Julieta, y que escuchamos en la voz, de nuevo (el papel de Romeo le va bien por todos lados) de Roberto Alagna:

Pero Shakespeare no es desconocido ni siquiera en el mundo eslavo, como demuestra ese “Boure” de Zdenek Fibich, de 1894, inspirado en “La tempestad”, de la que escuchamos su introducción:

Ya en pleno siglo XX, el sueco Kurt Atterberg vuelve a adaptar “La tempestad” en su “Stormen”, de 1947, de la que no encuentro ningún fragmento. También Shostakovich hará una adaptación muy libre de Macbeth en su “Lady Macbeth of Mtsensk”.

Pero serán sobre todo compositores británicos y americanos los que adapten ahora las obras de Shakespeare.

De entre los ingleses, Frederick Delius estrena en 1907 “A vilage Romeo and Juliet”, basada en un texto posterior al de Shakespeare, por lo que la ignoraremos. Su paisano Ralph Vaughan Williams compone, entre 1924 y 1928, una nueva adaptación de “Las alegres comadres de Windsor” con “Sir John in love”. Toca compartir la ópera completa:

El Troilus and Cressida de William Walton está inspirado en el poema de Chaucer en vez de en la obra de Shakespeare. Por el contrario Benjamini Britten sí que adapta una obra de Shakespeare, en este caso el sueño de una noche de verano, en su “A Midsummer Night’s Dream” estrenado en 1960, en el que le da el papel de Oberon al primer contratenor moderno, Alfred Deller. Escuchamos el comienzo del primer acto:

Al otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, Samuel Barber estrenará en 1966 su adaptación de “Marco Antonio y Cleopatra”, “Anthony and Cleopatra”, muy fiel a la obra de William Shakespeare. Escuchamos a Leontyne Price cantando la parte de Cleopatra:

Años antes, en 1957, se había estrenado en Broadway la adaptación que Leonard Bernstein (con libreto nada más y nada menos que de Stephen Sondheim) de Romeo y Julieta, pero trasladando la acción a la Nueva York contemporánea, con disputas entre americanos y puertorriqueños, en “West Side Story”. Es más un musical que una ópera, desde luego, pero merece la pena incluirla aquí. Vamos a escuchar el precioso dúo “Somewhere” en dos voces nada operísticas, Barbra Streisand y Josh Groban:

Pero nos falta una de las grandes obras de William Shakespeare que aún no hemos visto convertida en ópera… El rey Lear. Será en 1978 cuando el compositor alemán Aribert Reimann estrene su ópera “Lear”, cuyo papel protagonista estrenará el gran barítono Dietrich Fischer-Dieskau, al que escuchamos cantar la escena final de la ópera:

Terminamos con una ópera aún más reciente, “The tempest”, de Thomas Adès, estrenada en 2004:

Hemos hecho un repaso por la obra de William Shakespeare a través de sus adaptaciones operísticas. Es cierto que se echan de menos algunas obras (especialmente las obras históricas, como Ricardo III, por ejemplo), que podemos disfrutar en interesantes adaptaciones cinematográficas. Pero este repaso nos sirve para darnos cuenta de la enorme influencia que tuvo Shakespeare en el teatro, así como en el movimiento romántico, ya que en sus obras vemos a alguien muy adelantado a su época. Shakespeare es en mi opinión el mejor dramaturgo de la historia (se nota que soy muy romántico, lo sé), y como tal hay que recordarle: ya sea a través de leer sus obras, verlas en teatro, en cine o en ópera, siempre vamos a disfrutar. Porque, 400 años después de su muerte, nadie ha conseguido superarle.



Turismo en India: el Taj Mahal y los mausoleos mogoles

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Hablar del Taj Mahal seguramente nos haga pensar en algo exótico, quizá incluso onírico… no es difícil verlo como inspiración del palacio del sultán de “Aladdin” (al margen del parecido entre el nombre de Agra, la ciudad donde se encuentra el monumento, y la ficticia ciudad de Agrabah en la que transcurre la acción de la película). Pero el Taj Mahal es sólo el último de los ejemplos de la arquitectura de los mausoleos mogoles que nos vamos a encontrar en la India y su entorno.




Comenzando desde el tatarabuelo del constructor del Taj Mahal, hay 5 grandes mausoleos mogoles pertenecientes a las 5 generaciones imperiales, además de otro mausoleo de envergadura perteneciente al suegro del 4 emperador. En mi visita a la India (hace ya 4 años) no visité el interior de este último (lo vi de pasada desde fuera), pero sí visité 3 de los mausoleos imperiales (por tanto, intentaré poner fotos mías de esos 3 mausoleos). Visitar el 4º es un tanto complicado (está en Lahore, Pakistán… un país no muy seguro que digamos), mientras que visitar el 5º es poco menos que un suicidio, ya que nos supondría tener que ir a Kabul.

Éste de Kabul es el 1º mausoleo mogol, o, para entendernos, el mausoleo del 1º emperador mogol de la India. Su constructor fue Babar, o Babur, un descendiente de Tamerlán, musulmán al igual que su antepasado. Tras perder la capital de su reino, Samarkanda, en manos de los uzbecos, conquista primero Kabul y luego el norte de la India, estableciendo su capital en Agra. Murió en 1530, a los 48 años, siendo sucedido por su hijo Humayun.

Su tumba se localiza en Kabul, y se conoce como los “Jardines de Babar”. Su estado de conservación es ruinoso, pero aún así todavía conserva su encanto:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/3/3c/Kabul_Baghe_Babur_tomb.jpg/800px-Kabul_Baghe_Babur_tomb.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En el interior de ese edificio de celosías se encuentra el sarcófago del emperador:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/76/TOMB_OF_BABUR_IN_KABUL.jpg/800px-TOMB_OF_BABUR_IN_KABUL.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El reinado de Humayun fue convulso, aumentó sus conquistas pero se enfrentó a una fuerte oposición que le llevó a perder su control sobre Agra y huir al Sind (en Pakistán),y finalmente a Persia, donde consigue la ayuda necesaria para recuerar Kabul de manos de su hermano, a quien castiga, como es de esperar. Tras 15 años recuperó Lahore y un año después en 1555, Delhi. En esta ciudad moriría al año siguiente accidentalmente al caer por las escaleras de su biblioteca. Su mujer, Hamida Begun, fue la encargada de ordenar la construcción de su mausoleo, en la misma Delhi.

La tumba de Humayun es el primer gran exponente de los mausoleos mogoles, y como ya podemos ver a simple vista, tiene elementos que nos recuerdan al futuro Taj Mahal:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”787″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Para empezar, la tumba propiamente dicha, como es habitual en los mausoleos mogoles, forma parte de un complejo de edificios y jardines. Entradas monumentales abren paso a un jardín dividido en 4 partes, atravesado por canales de agua, como se puede apreciar en la foto. En el centro de estos jardines, siempre respetando la simetría, se encuentra el mausoleo propiamente dicho, edificado en arenisca roja pero con una cúpula blanca que ya nos señala al Taj Mahal.

Vamos a acceder a la terraza del edificio por esta puerta:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”788″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Hemos subido ya a la plataforma, o al primer nivel del edificio. Vamos a mirar hacia los jardines para ver las puertas de acceso:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”789″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Viendo así los jardines y una de las puertas nos podemos hacer una mejor idea del aspecto del recinto.

Entramos ya al interior del mausoleo por esta puerta:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”790″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Una vez en el interior, nos encontramos en una amplia sala octogonal, que tiene 4 puertas al exterior, mientras que en los otros 4 lados se abren pequeñas cámaras laterales. El aspecto del interior es así:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”791″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Del interior destacan 2 cosas. La primera, la cúpula:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”792″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y la segunda, obviamente, el ataúd:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”793″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Perfectamente situado en el centro, para guardar la simetría.

Pero no nos engañemos, ésta no es la tumba de Humayun, es tan sólo su cenotafio; Humayun está enterrado en la cripta, en el nivel inferior (que no es accesible a los turistas… o al menos cuando yo estuve).

No es difícil darse cuenta de que este mausoleo es uno de los monumentos más visitados de Delhi.

A Humayun le sucede su hijo Yalaluddin Muhammad, al que conocemos como Akbar (“el grande” en árabe). Y no, el apodo no le viene grande en absoluto: recuperó muchas partes perdidas del imperio, se impuso a quienes conspiraban contra él durante el inicio de su reinado, creó una burocracia que permitía mantener unido al imperio, potenció las artes y favoreció la tolerancia religiosa (los mogoles eran musulmanes, pero la mayor parte de la población era hindú, y también había cristianos i sijs, Suprime la yizia, un impuesto que tenían que pagar los no musulmanes, e incluso trata de crear una religión sincrética que una elementos musulmanes e hindúes (obviamente la cosa no funciona y desaparece tras su muerte). Además, para alejar la corte de Delhi, manda construir una nueva capital, Fatehpur Sikri, no muy lejos de Agra. Pero la ciudad fue pronto abandonara por carecer del suministro necesario de agua, y la capital se traslada a Agra.

Y es en las cercanías de Agra, en Sikandra, a unos 10 Km, donde él mismo comenzó a construir su mausoleo en el año 1600, aunque las obras no terminarán hasta el 1613, mientras que Akbar había muerto en 1605 (a los 63 años).

El mausoleo se encuentra junto a la carretera que une Agra con Delhi, por lo que aunque el viaje no incluía la visita al monumento, el chófer paró para que pudiéramos entrar.

Empezamos por la puerta de acceso al recinto, de nuevo de arenisca pero con incrustaciones de mármol:

[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”794″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En el interior, como siempre, el mausoleo en medio de los jardines:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”795″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Por cierto, en los jardines pastaban rebaños de antílopes cervicapra, y había langures en el exterior:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”796″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Volvemos al mausoleo.

El edificio consta de una base de arenisca roja sobre la que se eleva una plataforma de mármol, material que va cobrando cada vez más protagonismo.

Cuando yo estuve no pude acceder a la plataforma, donde se encuentra el cenotafio de Akbar, así que cojo foto de wikipedia:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/1/11/Akbar-tomb.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Pero en este caso, a donde sí pude acceder fue a la cripta donde reposan los restos de Akbar (o no, ya que la tumba fue saqueada y a saber qué hicieron con sus huesos…). Entramos por una única puerta, que se ve en el centro de la imagen superior:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”797″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]A derecha e izquierda de esa puerta nos encontramos con otras puertas que conducen a más enterramientos, de miembros de la familia real supongo.

Entramos por la puerta y nos encontramos con una estancia bellísimamente decorada:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”798″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Desde aquí, tras atravesar un corredor descendente, llegamos a la cámara murtuoria, en cuyo centro nos encontramos el sarcófago de Akbar:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”799″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Por cierto, la acústica de la sala es impresionante, así que yo no aprovecharía para contar secretos si no queréis que se entere todo el mundo.

Para concluir con Sikandra dejo un detalle de la decoración de mármol incrustado en la arenisca:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”800″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Por cierto, Sikandra es un lugar muy tranquilopara visitar, con pocos turistas, nada que ver con la tumba de Huayun, no hablemos ya del Taj Mahal…

A Akbar le sucedió el único de sus hijos que llegó a edad adulta, Jahangir, pese a que éste había conspirado contra su padre unos años antes.

Jahangir volvió a políticas que favorecían al islam, pero eso no impidió que fuera un alcohólico (además de adicto al opio) incapaz de gobernar; el poder recayó sobre su esposa Nur Jehan. Y por ello, el siguiente mausoleo mogol del que vamos a hablar no es el de Jahangir, sino el de su suegro, Mirza Ghiyas Beg, conocido como Itimad-Ud-Daulah, que significa “pilar del estado” (así que lo conocemos como el mausoleo de Itimad-Ud-Daulah). Este hombre fue, además del suegro de Jahangir, el abuelo de Mumtaz Mahal, de quien hablaremos más adelante.

Nur Jehan mandó construir este mausoleo en la ciudad de Agra en 1622, y tiene un gran interés artístico, ya que por fin sustituye como principal material de construcción de los mausoleos mogoles la arenisca roja por el mármol. Aunque de dimensiones más modestas (es conocido como “el pequeño Taj Mahal), es de una gran belleza, como podemos ver en su aspecto exterior:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/4/4d/Agra_Eitmad-Ud-Daulah.JPG/800px-Agra_Eitmad-Ud-Daulah.JPG”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La decoración interior es igualmente exquisita, como vemos en esta imagen con los cenotafios en medio:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/75/Baby_Tomb-Agra_India08.JPG/800px-Baby_Tomb-Agra_India08.JPG”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Volviendo a Jahangir, éste murió en 1627, a los 58. Dado que la ciudad de Lahore fue su residencia favorita, se decidió construir allí el mausoleo del emperador. Aunque con permiso del sucesor de Jahangir, Sah Jahan, parece ser que la principal impulsora de su construcción fue de nuevo Nur Jehan, quien tarda 10 años en construir el edificio de arenisca roja con incrustaciones de mármol en el que destacan los 4 minaretes que volveremos a ver en el Taj Mahal:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/f/f3/Tomb_Of_Jahangir.jpg/1024px-Tomb_Of_Jahangir.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Aún así, destaca que, a diferencia de otros mausoleos mongoles, éste no tenga ninguna estructura sobre la plataforma.

Veamos ahora el ataúd-cenotafio:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/b/bb/Jehangir_Tomb7.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Este mausoleo es uno de los principales atractivos turísticos de Lahore, junto con el que, en las proximidades, la propia Nur Jahan se hizo construir para ella y su hija Ladii Begum (además de otro, de estilo muy distinto, para su hermano). El mausoleo de la emperatriz es de nuevo de arenisca roja:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/f/f7/Tomb_of_Noor_Jahan_at_Shahdara.jpg/1024px-Tomb_of_Noor_Jahan_at_Shahdara.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El aspecto exterior es relativamente modesto, pero el interior es muy interesante, incluyendo el doble cenotafio de la emperatriz y su hija:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/4/40/Grave_of_Nur_Jahan.jpg/800px-Grave_of_Nur_Jahan.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]A Jahangir le sucedió en el trono su hijo Sah Jahan. Tuvo problemas, ya que no era hijo de la todopoderosa Nur Jahan, quien se opuso a que éste heredara el trono. Pero el apoyo de otras mujeres del harén, así como el de su suegro, Asaf Khan, que era hermano de Nur Jahan, le permitieron ser el nuevo emperador mogol.

Su reinado se caracteriza por un retorno cada vez mayor a la ortodoxia musulmana, en perjuicio de la mayor parte de la población hindú. Pero si por algo destaca su reinado fue su amor por su esposa, Mumtaz Mahal. Ella, que al parecer era muy guapa, le acompañaba en sus viajes y frecuentes campañas militares (en el intento de conquistar el sur de la India, que es lo que se les resistía), lo que al final llevó a que ella muriera e los 37 años, en 1631, en el parto de su decimocuarto hijo. Sah Jahan nunca se recuperaría del dolor de su pérdida, así que de inmediato se pondrá manos a la obra a construir el que será el más famoso de los mausoleos mogoles: el Taj Mahal.

Como siempre, entramos al recinto por una puerta monumental:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”803″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Hasta aquí todo normal, no es muy distinta de Sikandra.

Pero una vez dentro nos damos cuenta de que el mausoleo no está en el centro de los jardines, sino al fondo, con sólo dos secciones de jardín en lugar de las cuatro habituales. Y ahí se yergue, majestuoso, el mausoleo del mármol blanco más puro imaginable:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”804″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Como siempre, una plataforma sobre la que se eleva el edificio principal, rodeado de 4 minaretes. Bajo la plataforma, la cripta donde se encuentra la verdadera tumba, no accesible a los turistas.

El edificio principal destaca por sus monumentales puertas y su remate con esa cúpula acebollada. Es el mejor ejemplo de la combinación del arte mogol con el persa, indio e incluso otomano. El mármol está ricamente ornamentado con incrustaciones de piedras semipreciosas y con altorrelieves:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”805″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Antes de entrar en el edificio, nos vamos a fijar en el entorno. Ya que en los laterales de la plataforma hay dos edificios, una mezquita a un lado y otro edificio que seguramente sirvió como casa de invitados al otro extremo, para mantener la simetría, ambos en arenisca roja con decoración en mármol. Y detrás, el río Yamuna, afluente del Ganges.

Veremos una imagen de ese edificio que servía como casa de invitados, hecha a través de las celosías de mármol del interior del mausoleo:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”806″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]No me resisto a poner una imagen de la decoración de este edificio, esas incrustaciones de mármol en la arenisca roja, con motivos vegetales:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”807″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Ahora ya sí, entramos en el interior del mausoleo, en el que no se pueden hacer fotos, así que de nuevo toca recurrir a wikipedia… Y nos encontramos de nuevo con una cámara octogonal, con cuatro puertas monumentales y cuatro pequeñas cámaras laterales en las caras restantes. Y en el centro, una celosía de mármol rodea el cenotafio… pero hay algo que falla:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/ec/Interior4.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Tenemos un ataúd en el centro, el que corresponde a la reina (lo mismo sucede en la verdadera tumba en la cripta), pero a su lado hay otro ataúd que rompe la simetría. ¿Qué sucedió?

La construcción del Taj Mahal, que termina en 1648, resultaba demasiado cara, y uno de los hijos de Sah Jahan, Aurangzeb, se oponía a semejante despilfarro. Se enfrentó a sus otros tres hermanos, Muhammad Shuja, Murad Bakhsh y, sobre todo, al primogénito, Dara Shikoh, quien lideraba el sector progresista del gobierno, pro-hindú, y al que se le acusaba de influir demasiado en su padre. Pero Las relaciones de Aurangzeb con su padre eran pésimas, y cuando éste enfermó de gravedad, en 1657, no dudó en luchar contra sus hermanos, y dado que Dara Sikhoh era un pésimo militar a diferencia de Aurangzeb, curtido en sus luchas por conquistar Golconda, los derrotó y asesinó a Sikhoh, acusado de apostasía, y a Murad, mientras qye Shuja consiguió huir a Birmania y se perdió su rastro.

Sin ninguna piedad, Auragnzeb usurpa el trono de su padre y lo mantiene preso en el fuerte rojo de Agra, desde el que, en la lejanía el anciano podía ver el mausoleo de su amada:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”808″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Ya veis que el los días de niebla del otoño la visión no es muy nítida…

No sabemos seguro cuáles eran los planes de Sah Jahan para su tumba (tal vez un edificio similar al Taj Mahal justo enfrente, al otro lado del Yamuna, para completar la simetría, aunque esta teoría está sin demostrar), pero con Aurangzeb estos proyectos no pudieron realizarse, y a la muerte del destronado emperador, en 1666 (con 74 años nada menos), Auragnzeb le hizo enterrar junto a su esposa en el Taj Mahal, así que ese otro ataúd que rompe la simetría es el suyo.

Auragnzeb era lo que hoy llamaríamos un integrista islámico (para quienes piensen que este fenómeno es exclusivo de la actualidad): si su padre había impedido la restauración de templos hindúes, él directamente destruyó muchos, incluso el tan sagrado de Benarés, además de liquidar a cualquier opositor, fuera éste hindú o musulmal. Extendió sus conquistas hasta el sur de la India, pero los hindúes se agruparon en su contra, y a su muerte el imperio mogol perdió casi todo su poder.

Como ya hemos dicho, Aurangzeb era un musulmán radical, fiel seguidor de la Sharia, que desprecia el gasto en monumentos funerarios, así que con él los mausoleos mogoles desaparecen. Construyó un pequeño mausoleo para su primera esposa, que intentaba copiar al taj Mahal pero mucho más modesto en dimensiones, materiales y decoración: el arte mogol estaba ya en plena decadencia. Y él directamente quiso ser enterrado como estipula la sharia, sin ataúd, cubierto por un sudario directamente en la tierra, en la ciudad de Aurangabad:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/1/14/TOMB_aURANGAZEB.JPG/800px-TOMB_aURANGAZEB.JPG”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Triste final para un gran imperio que, por mano de un extremista, cayó en la ruina. Pero por suerte conservamos exponentes de su arte, esos mausoleos mogoles que son mucho más que el Taj Mahal y que, desde luego, bien merecen una visita. Los más de 20.000 visitantes que recibe el Taj Mahal CADA DÍA así lo confirman. Así que animaos, visitar la India tiene muchos alicientes, y os aseguro que estos mausoleos mogoles son uno de los principales.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]



Gustavo Adolfo Bécquer, 180 años en nuestra memoria


En 17 de febrero de 1836 (es decir, hoy hace 180 años) nacía en Sevilla el que será uno de mis grandes héroes, un poeta romántico (aunque algo tardío) que nos dejó muchas obras memorables: Gustavo Adolfo Bécquer.




La tuberculosis no le permitió vivir más que 34 años (como todo gran héroe romántico, vive deprisa y muere joven), lo que no le impidió ser sepultado en el Panteón de Sevillanos ilustres en 1972 (que por desgracia no pude visitar en mi visita a Sevilla el año pasado). Para compensar, me hice una foto junto a él en el Museo de Bellas Artes de Sevilla:

Cualquier parecido entre este retrato que le hizo su hermano Valeriano (que era pintor, obviamente) y la realidad es mera coincidencia, Gustavo Adolfo Bécquer no era tan guapete ni de palo. Pero era un héroe romántico, y como tal, la idealización forma parte de la historia.

Y es que cómo no idealizar a alguien que escribió versos que permanecen en nuestra memoria a día de hoy, como por ejemplo ese que dice:

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.
O ese otro del que recuerdo que, con 12 años, en clase de lengua, nos hicieron aprendernos de memoria las 2 primeras estrofas (y yo a cambio terminé aprendiéndome las dos últimas, mis favoritas):

 

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
ésas… ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día…
ésas… ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…, desengáñate,
nadie así te amará.
Ese final que suena casi a venganza por desamor… ¡me encanta!
Pero bueno, pese a sus rimas y a sus leyendas, ya mencioné que no es la intención de este blog hablar de literatura (que es un tema que apenas controlo). Así que, para poder aprovechar la ocasión y recordar a Gustavo Adolfo Bécquer, vamos a hablar brevemente de una obra que se le atribuye y que quizá no es muy conocida: “Los Borbones en pelotas”.
Se trata de una obra satírica y crítica con el reinado de Isabel II, en la que al parecer Valeriano pintó las acuarelas y Gustavo escribió los títulos de las 89 viñetas que componen la obra (que no fue publicada hasta 1991). No voy a poner aquí ninguna imagen, si queréis ver la obra buscadla en Internet, porque ya aviso que muchas de las viñetas son quasi-pornográficas (y sin el quasi también). Claro que de qué otra forma se podría describir la ninfomanía de Isabel, que babeaba por cada generalito que le pasaba por delante, o la malamente oculta homosexualidad del rey consorte, la Paquita… perdón, Francisco de Asís. Porque gobernar, lo que se dice gobernar, se les daba más bien fatal, pero en lo de fornicar tenían una práctica… como si alguien en aquella época dudara de que el bueno de Alfonso XII no era hijo de Francisco, sino del capitán Enrique Puigmoltó… Pues los Bécquer (si es que de verdad es suya la autoría, cosa que algunos discuten) lo único que hicieron fue pintar y escribir todas aquellas habladurías que circulaban por el entorno de la corte.
Lo cual no deja de tener su aspecto interesante a día de hoy. Primero, porque nos obliga a cambiarle el apellido al Rey, Felipe VI Puigmoltó (lo de Borbón desapareció ya con Carlos IV… los hijos que supuestamente tuvo con la, por cierto, muy poco agraciada María Luisa de Parma, serían seguramente más bien Godoy; en todo caso, no serían Borbón, como la propia reina confesó). Y segundo… si alguien se atreviera a hacer una obra así con las corredurías “amorosas” del Juancar, algo me dice que chuparía más cárcel que Rato y Blesa juntos… libertad de expresión lo llamamos.
Oye, pues que cada uno recuerde al gran Gustavo Adolfo Becquer como quiera. Yo, la verdad, prefiero recitar (mal) alguna de sus rimas, pero alguna excusa había que buscar para hablar de él.