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Turismo en Praga: el Monumento a las víctimas del terror de Heydrich


Comenzamos con el dilema moral que nos va a plantear la visita que propongo: ¿pueden unos asesinos ser unos héroes? Vamos a contar la historia que nos vamos a encontrar en este Monumento a las víctimas del terror de Heydrich y después que cada uno saque sus conclusiones. En todo caso, la visita es una absoluta inmersión en uno de los momentos más oscuros de la historia.




Vaya por delante que en Chequia el odio a los nazis es comparable (o incluso ligeramente superior) al odio que tienen al régimen comunista. Pese a las considerables diferencias entre ambos. Eso supone que el Monumento a las víctimas del terror de Heydrich (que tiene la calificación de Monumento Nacional y por tanto pertenece al estado checo) no sólo está sumamente politizado y “patriotizado”, sino que también cuenta la parte de la historia que les interesa para sus fines. Lo que no hace sino confirmar mi idea de que la historia no puede ser calificada de “ciencia social”, ya que no puede ser contada sin el sesgo ideológico que, sí o sí, va a tener quien nos la cuenta, en este caso el actual gobierno checo a través de los paneles informativos.

Comenzamos. En una visita estándar para conocer más o menos a fondo la maravillosa ciudad de Praga, que puede durar 4 o 5 días (yo estuve 4), se visitará un reducido número de la gran cantidad de iglesias que pueblan la ciudad, me atrevería a decir que notablemente más que en ciudades cercanas como Viena. Algo lógico en una ciudad inmersa en dos importantes guerras religiosas (las guerras husitas y la guerra de los 30 años, ambas iniciadas en la ciudad de Praga con sendas defenestraciones… los checos no se andan con tonterías, desde luego) en la que la iglesia católica tenía que afianzar su hegemonía. A parte de las iglesias de conventos y monasterios (Strahov, Loreto, Santa Inés) y las dos catedrales (San Vito, en el Castillo, y la de Vysehrad), tienen interés histórico y artístico las iglesias de San Nicolás en Malá Strana (la única, a parte de los monasterios y catedrales, en la que se cobra entrada) y las de Santiago y Nuestra Señora de Týn en Staré Mesto. Muchas de las demás iglesias ni siquiera están abiertas al público. Pero la visita a la Catedral Ortodoxa de los Santos Cirilo y Metodio es imprescindible por motivos ajenos a la propia iglesia.

Encontramos la Catedral en la Avenida Resslova nº 9: si salimos de la Plaza Carlos y nos dirigimos hacia el río (y hacia la casa danzante), la tendremos a medio camino en el lado derecho de la calle, justo en el cruce con la calle Na Zderaze, en la que se encuentran las escaleras de acceso a la iglesia. Es una iglesia de estilo barroco del siglo XVIII diseñada por el arquitecto Kilian Ignaz Dietzenhofer, muy activo en Praga (diseñó por ejemplo la cercana Villa América, actual sede del Museo Dvorak). Pero no vamos a poder visitar el interior de la iglesia, ya que no es accesible: sólo podremos verlo desde una cristalera a la entrada.

Pero el interés de esta iglesia se encuentra justo debajo: volvemos a bajar las escaleras hasta el nivel de la calle y, ahí, entre los dos tramos de escaleras, tenemos el acceso al Monumento de las víctimas del terror de Heydrich.

Pongo un enlace a la página oficial del Monumento a las víctimas del terror de Heydrich (página disponible en checo e inglés). En ella se indican los horarios de visita. La entrada es gratis (aunque parece que eso es reciente, antes se pagaba. Yo no pagué, pero puede que con el tiempo vuelva a ser de pago, lo desconozco).

El Monumento a las víctimas del terror de Heydrich se compone de dos partes: una sección informativa y un lugar histórico: la cripta de la catedral. Comenzamos nuestra visita en la sala de acceso, donde se encuentra la sección informativa.

Contamos con varios paneles que nos cuentan la historia de la ocupación nazi de Checoslovaquia, la llegada de Heydrich, el atentado y las represalias. Los paneles cuentan con numerosas fotos, mapas y demás documentación visual, mientras que los textos explicativos están en checo y en inglés. En todo caso, intentaré hacer un resumen (lo más crítico que me sea posible) para comprender el sentido de este Monumento a las víctimas del terror de Heydrich.

Comenzamos en 1938. La Alemania Nazi acaba de ocupar Austria (el Anschluss del 12 de marzo), el siguiente objetivo de Hitler es controlar Checoslovaquia (ni una mención al vengativo Tratado de Versalles firmado tras la 1ª Guerra Mundial, a la fundación artificial de Checoslovaquia uniendo el reino de Bohemia bajo control austriaco con la Eslovaquia que siempre había pertenecido a Hungría, ignorando a la importante cantidad de alemanes que allí vivían). Se destaca que Checoslovaquia era el único país democrático que quedaba en Centroeuropa (ignorando Polonia, aunque es cierto que, tras la caída de Austria, países como Hungría, Croacia, Rumanía o Bulgaria eran aliados de los nazis), y por ello buscan la ayuda de los futuros aliados, Reino Unido, Francia y Rusia, consiguiendo el apoyo de estos dos últimos, frente a los británicos que se muestran muy dubitativos a la hora de enfrentarse a Hitler.

La crisis que termina con el control nazi de Checoslovaquia comienza en los Sudetes:

Como vemos en este mapa, los Sudetes son zonas, en general fronterizas, de Chequia (no de Eslovaquia) con mayoría de población alemana. Esta población de origen alemán no estaba por lo general contenta de formar parte del nuevo estado, y surgen conflictos (que de nuevo el Monumento ignora) que culminan en 1933 con la creación de un partido político, el Partido Alemán de los Sudetes, que termina por aliarse con el partido nazi y, ganando las elecciones de 1935 en la región, reclaman su anexión a Alemania (en 1938, más del 17% de la población se afilió al partido nazi, siendo el porcentaje más alto de afiliados de cualquier región bajo control alemán). Esto es lo que no nos cuentan.

Lo que sí nos cuentan es que, conseguida Austria, Hitler va a por Checoslovaquia, comenzando con los Sudetes. Buscando un acuerdo entre alemanes de los Sudetes y el gobierno checo, el Reino Unido envía a un representante, Lord Runciman, que no obtendrá resultados: por orden de Hitler, el líder del Partido Alemán de los Sudetes, Konrad Henlein, realiza una serie de demandas que el gobierno checo, encabezado por Edvard Benes, no puede aceptar. El gobierno checo se prepara para una posible invasión militar, y cuenta tanto con tropas como con defensas en sus zonas fronterizas con Alemania que les podrían permitir repeler un intento de invasión nazi, contando además con que Francia y Rusia les apoyarán.

Pero Hitler sabe jugar bien sus cartas, y no busca una invasión: tras lanzar un ultimátum, se reúne en Munich con Mussolini, Neville Chamberlain, primer ministro británico, y Édouard Daladier, jefe de gobierno francés, en una reunión que terminará con los Acuerdos de Munich del 30 de septiembre de 1938. En ellos, Reino Unido y Francia (la más hostil) terminan cediendo y aceptando la anexión de los Sudetes a Alemania, viéndolo como una revisión del Tratado de Versalles y como una forma de evitar la Guerra.

Checoslovaquia no había sido invitada a la cumbre (tampoco Rusia, por otra parte), y vio como sus aliados (en especial Francia) le daban la espalda. Sin los Sudetes, que representaban un porcentaje significativo del territorio y la población checa, perdía demás sus defensas ante un posible ataque alemán. Mientras tanto, Hungría aprovecha la situación para hacerse con una importante zona eslovaca, e incluso Polonia arrebata un pequeño territorio a Checoslovaquia. Su situación es sumamente comprometida.

El 22 de octubre, Edvard Benes abandona Checoslovaquia:

Emil Hácha le sustituye como nuevo presidente. Y va a tener que hacer frente a una situación cada vez más complicada: tras la ruptura del acuerdo alemán con Polonia, Hitler apresura sus intenciones de conquistar ambos estados. Para ello, se encarga de que tanto Eslovaquia como Rutenia (un territorio actualmente perteneciente a Ucrania) proclamen su independencia. El 15 de marzo, Hitler llama a Hácha a Berlín y le amenaza con mandar bombardear Praga. Hácha, sin salida, llega a sufrir un infarto durante la reunión, antes de claudicar y entregar el país a Hitler. Si la II Guerra Mundial no comienza en este momento es porque no se ha realizado ninguna acción militar, sino un acuerdo diplomático.

Bohemia y Moravia son declaradas un protectorado alemán, nombrando al antiguo Ministro de Exteriores alemán Konstantin von Neurath Gauleiter o Gobernador Regional:

Neurath suprime los partidos políticos y establece la censura de prensa, pero la oposición interna checa es muy fuerte. Además, en su exilio británico, Benes forma un gobierno checo en el exilio. Neurath no es un líder muy dado a la mano dura, como quería Hitler, y así pierde el control de una zona imprescindible para el futuro bélico nazi: Bohemia y Moravia son importantes centros industriales que ahora se enfocan en la producción armamentística que satisface la gran necesidad de armas alemana, ya en plena II Guerra Mundial. Atentados y huelgas desestabilizan la producción, obligando a Hitler a tomar decisiones drásticas.

Himler le sugirió enviar a Praga a Reinhard Heydrich:

Heydrich era en ese momento la tercera persona más influyente en el partido nazi, solo por detrás de Hitler y Himler, y era conocido por su dureza y crueldad (fue el ideólogo de la “Solución final” en la Conferencia de Wannsee, y el propio Hitler le llamaba “El hombre del corazón de hierro”). Himler veía además una buena forma de librarse de un peligroso rival si Heydrich era enviado a Praga, algo que Hitler aceptó. Así, el 27 de septiembre de 1941, Heydrich es nombrado Reichsprotektor de Bohemia y Moravia. Neurath sigue ocupando el puesto de Gauleiter de forma oficial, aunque carece de ningún poder, y llega a presentar su dimisión, algo que Hitler no acepta.

Heydrich, con la ayuda de su segundo, Karl Hermann Frank, lleva una política de terror en Praga: ejecuciones de cualquier sospechoso de resistencia, clasificación racial de la población para intentar germanizar a todos los checos posibles, redadas, deportaciones al Campo de Concentración de Mauthausen… Se detiene a los intelectuales checos y al primer ministro Alois Eliás, del que se descubre que tiene contactos con el gobierno en el exilio de Benes (y que será ejecutado tras el asesinato de Heydrich). Heydrich se gana el apodo de “El carnicero de Praga”, y prácticamente acaba con la resistencia, reducida a pequeños grupos de la UVOD, controlados por el gobierno en el exilio, y por los comunistas, que no se enfrentarán abiertamente a los nazis hasta la invasión soviética.

Pero Heydrich era sumamente eficaz en su cometido: liquidada la oposición y dejando sin poder al gobierno presidido por Hacha, consigue mejorar las condiciones de vida de los checos sobrevivientes, imprescindibles para la maquinaria bélica nazi. Los checos se mostraban ahora particularmente sumisos.

Esto no gustaba en Londres, ni a Churchill, temeroso de que lo mismo sucediera en otros países europeos, ni a Benes, que quería demostrar a los aliados que los checos estaban con ellos. Era necesario desestabilizar la región, y Churchill buscaba no sólo acabar con Heydrich, sino al parecer también levantar a la oposición checa como respuesta a la represión posterior al atentado. Le propone así un plan a Benes, que éste acepta: se enviarán paracaidistas checos desde Reino Unido para preparar un atentado. El plan será conocido como “Operación Antropoide”.

La operación comienza el 28 de diciembre de 1941: varios comandos de paracaidistas son enviados a tierras checas. Uno de los comandos estaba formado por dos sargentos. Uno era el moravo Jan Kubis, de 28 años:

El otro, el eslovaco Jozef Gabcik, de 29 años:

Kubis era un reemplazo para el soldado inicialmente previsto, Karel Svoboda, que sufrió una herida durante el entrenamiento, por lo que Kubis no habría recibido el suficiente entrenamiento.

Ambos, pese a un error del bombardero que los trasladó hasta el continente, consiguen llegar a Praga y ponerse en contacto con lo que queda de la resistencia. Una vez en la ciudad, comienzan a buscar la forma de realizar el atentado, descartando diversas opciones, hasta que el 22 de marzo de 1942 llegan en otro bombardeo Ivan Kolarik, Karel Curda y quien será el director de la operación, el teniente Adolf Opálka, de 27 años:

El plan es asesinar a Heydrich en la misma Praga, donde ha establecido su residencia. Recorren la ruta que realiza Heydrich entre su residencia y su lugar de trabajo, el Castillo de Praga. Heydrich realiza este recorrido en un descapotable (se siente muy seguro por el terror que inspira en los demás, pensando que nadie estará tan loco como para intentar matarle). Encuentran así una curva cerrada en la que el coche tiene que aminorar considerablemente la velocidad, facilitando el ataque.

Mientras se realizan los preparativos, llegan informes de que Heydrich ha sido llamado a Berlín el 27 de mayo; corren rumores de que Hitler quiere enviarlo a Francia para sofocar la fuerte resistencia del país. Esto obliga a acelerar los planes del atentado, que deberá realizarse la mañana del mismo 27 de mayo.

Llega el momento del ataque planeado. Tres personas forman parte del equipo encargado de realizar el ataque. Gabcik y Kubis serán los encargados de asesinar a Heydrich, mientras un tercer miembro, Josef Valcík, se sitúa a cierta distancia para avisarles, mediante un espejo, de la llegada del coche de Heydrich:

Sorprendentemente, Heydrich no llega a las 10, como acostumbraba. Los hombres esperan, y cuando ya están a punto de desistir, media hora después, reciben la señal de Valcík. El coche no tarda en llegar a la cerrada curva en la que tiene que reducir la velocidad, y entonces Gabcik, armado con un fusil, salta a la carretera dispuesto a disparar contra Heydrich, pero el fusil se le bloquea. En ese momento, Heydrich, que viaja sin escolta, comete un error fatal: en lugar de acelerar la huida, ordena a su chófer que se detenga para atrapar al atacante. Heydrich saca su pistola y se dispone a disparar contra un aterrorizado Gabcik cuando Kubis lanza una granada de mano.

Tras el estallido de la granada, en un lateral del vehículo, Heydrich ordena a su chófer, Klein, salir en persecución de Gabcik mientras él trata de seguir a Kubis, pero la explosión le ha herido gravemente y apenas puede comenzar la persecución cuando cae al suelo. Mientras, Gabcik hiere en la pierna a Klein y consigue huir.

Heydrich es trasladado a un hospital, con serias heridas en el bazo y el pulmón y varias costillas rotas. Parece que se recupera, pero el 2 de junio, poco después de ser visitado por Himler, entra en coma y muere el 4 de junio (una semana después del atentado) a consecuencia de una septicemia: la infección de las heridas pasa al torrente sanguíneo a través del bazo y se lleva a uno de los mayores criminales de guerra de la historia con solo 38 años.

Pese a que Hitler despreciara la temeridad de Heydrich por viajar en un coche sin blindar y sin escolta, de inmediato ordena una ola de represiones y asesinatos realmente escandalosa: ordena el asesinato de 10.000 ciudadanos checos, y el sanguinario Karl Hermann Frank, alemán de los Sudetes y segundo de Heydrich tiene que convencerle de desistir de semejante idea por la dependencia nazi de las fábricas de armas checas.

El Monumento a las víctimas del terror de Heydrich es bastante explícito a la hora de contar las atrocidades nazis como represalia por el asesinato de Heydrich (pero ignoran, por supuesto,la venganza checa tras el fin de la guerra, con la reclusión en campos de concentración de la población alemana de Checoslovaquia, donde muchos murieron, y su posterior expulsión del país; esa información no nos interesa. Si queremos saber algo sobre el tema, mejor nos vamos a la prisión de Terezin). De inmediato se inicia una investigación para saber quiénes han sido los atacantes. Hay sospechas de que unos paracaidistas cayeron en los pueblos de Lidize y Lezaky. Todos los hombres mayores de 16 años fueron asesinados en ambas ciudades, así como las mujeres de Lezaky. Las restantes mujeres fueron trasladadas a Ravensbrück, donde pocas sobrevivieron, y la mayoría de los niños fueron igualmente asesinados posteriormente. Como mínimo fueron asesinadas 1.300 personas en ambas localidades.

Se persiguió con saña a lo poco que quedaba de la resistencia checa, lo que incluyó a familiares de los autores del atentado (el padre y la tía de Adolf Opalka fueron asesinados, por ejemplo), y se ofreció una enorme recompensa (10.000 coronas checas) para quien revelara el paradero de los atacantes. Pero no hay resultados hasta el 16 de junio. Ese día, Karel Curda, en un intento por detener la represión contra la población civil, que estaba siendo especialmente sangrienta, y seguramente también por miedo, decide delatar a sus compañeros, y delata a la familia Moravec, que les ha prestado ayuda:

Por cierto, Curda fue muy bien recompensado por su delación: un millón de marcos. Pero terminada la II Guerra Mundial fue capturado por los checos y ejecutado por traición. Su delación, por otra parte, sirvió de poco, ya que no detuvo la ola de represión contra la población civil.

La familia Moravec es detenida el 17 de junio. La madre se suicida ingiriendo una cápsula de cianuro. El padre no sabía nada de la actividad clandestina de la familia, pero el hijo, Vlastimil, conocido como Ata, de 17 años, después de soportar las torturas de los nazis (que es mejor no imaginar), finalmente reveló el paradero de los atacantes: la Catedral Ortodoxa de San Cirilo y San Metodio. No le sirvió de nada la confesión, ya que será ejecutado junto a su padre, su novia y la familia de ésta el 24 de octubre de 1942.

Los paneles informativos nos contarán más sobre lo que sucedió después, pero creo que en este momento lo mejor es que pasemos a la segunda parte del Monumento a las víctimas del terror de Heydrich. Un pasadizo metálico que se cierra en forma de cono esconde en realidad una puerta que no se ve (hay que empujar una de las paredes del pasadizo, ni siquiera recuerdo cual, tal es la sensación de “no hay salida” que transmite). Este pasadizo nos transmite ese ambiente opresivo, oscuro, terrorífico, desesperado, que se vivió al otro lado de la pared, en la cripta de la Catedral:

En esta iglesia se habían refugiado los tres ejecutores del atentado, Josef Gabcík, Jan Kubis y Josef Valcík, el autor intelectual Adolf Opálka y otros tres miembros de la resistencia, Josef Bublík, Jan Hrubý y Jaroslav Svark, se habían refugiado en la Catedral, que contaba con una cripta (la que vemos en la foto) en la que poder esconderse. A la cripta se accedía por una escalinata, que se encuentra al fondo:

Para protegerse, ocultaron el acceso a esta escalinata, y accedían a la cripta por una pequeña abertura en el techo de la misma (que encontraremos junto a la entrada, a la izquierda):

El 18 de julio, unos 800 militares nazis rodean la iglesia. Se produce un enfrentamiento armado en interior de la propia iglesia, en el que mueren o son heridos varios soldados nazis. Pero la enorme superioridad de estos frente a los soldados allí escondidos provoca que Adolf Opalka, que está herido, y Jaroslav Svark deciden suicidarse antes de caer en manos de sus enemigos, mientras al parecer Jan Kubis, gravemente herido, fue llevado a un hospital, donde murió desangrado.

Los cuatro restantes permanecen ocultos en la cripta. Los soldados nazis no pueden acceder a la cripta por el pequeño orificio del techo sin jugarse la vida, así que se busca otra forma de acceder a ella. Mientras, se aprovecha una ventana que da al exterior para lanzar bombas de gas e incluso se llama a los bomberos para inundar la cripta:

En la parte inferior vemos el agujero que los supervivientes intentaron hacer para llegar a las alcantarillas y escapar de aquella ratonera. Todo eso bajo el fuego enemigo, cuyos impactos se pueden observar en la parte exterior de la ventana (que yo no vi):

Sobre la ventana se observa un monumento conmemorativos los caídos.

Pero los soldados nazis consiguen encontrar el acceso a las catacumbas. Sin salida, los 4 que aún resisten (Gabcík, Valcík, Bublík y Hrubý) se refugian en las catacumbas de la cripta y se suicidan entes de ser capturados.

El Obispo Gorazd, que al enterarse de que los soldados se ocultaban en su catedral había intentado que buscaran otro escondite, así como los sacerdotes de la catedral, que habían escondido a los soldados, fueron igualmente ejecutados el 4 de septiembre. El asesinato de Heydrich tampoco sirvió para detener los planes de la “solución final”, que se pusieron en marcha en 1943 y llevaron al atroz Holocausto Judío. Ni consiguió alzar a la población checa contra los nazis, como pretendían los británicos, al estar completamente liquidada la resistencia. Eso sí, privó a los nazis y a Hitler de quien era visto como su sucesor (tenía 38 años, bastantes menos que Hitler) y de un personaje realmente atroz como muy pocos en la historia. ¿Mereció la pena su asesinato? ¿Fueron sus autores unos héroes? No voy a contestar a esas preguntas por los demás.

Visitar el Monumento a las víctimas del terror de Heydrich nos supone sumergirnos en uno de los momentos más oscuros y terroríficos de la historia reciente de Europa. Nos obliga a sentir el terror que tuvieron que sentir los soldados atrapados, su desesperación al saber que no había escapatoria. No emocionarse en el lugar supone tener un corazón de piedra. Desde luego, quien piense en vacaciones sólo como ir a pasárselo bien, mejor puede ir a Punta Cana. Pero quien quiera aprender del pasado no debería perderse esta visita y reflexionar sobre nuestra historia, esperando que no vuelva a surgir un nuevo Heydrich (y con la cantidad de nazis que hay no es una posibilidad remota) y no haya que volver a montar una Operación antropoide para liquidarlo.



Turismo en Aragón: el monasterio de San Juan de la Peña


Los estudios de historia del actual estado español en la educación española se circunscriben a menudo exclusivamente al Reino de Castilla, ignorándose la riquísima historia que encontramos en otros territorios que se incorporaron al estado (lo que yo denomino “colonización castellana de la península”). Es decir, al final, si queremos conocer el origen de otros territorios, tenemos que estudiar por nuestra cuenta. Y ya sabemos que una de las mejores formas de aprender historia es viajar y conocer los lugares en los que acontecieron importantes acontecimientos históricos. Pues bien, el tema que hoy nos ocupa, el Monasterio de San Juan de la Peña, es historia viva del surgimiento del Reino de Aragón.




Los musulmanes, pese a invadir la península ibérica y llegar incluso hasta el seno de Francia (donde fueron detenidos y derrotados por los francos dirigidos por Carlos Martel en la Batalla de Poitiers el 10 de octubre del año 732), nunca llegaron a controlar completamente los territorios al norte de las sierras pre-pirenaicas (al cual que sucedía con los territorios al norte de la cordillera cantábrica, núcleo original del Reino de Asturias). De ahí surgirán el siglo siguiente territorios independientes controlados por líderes locales. Carlomagno aprovechará a estos pequeños estados para conformar la marca hispánica, territorios bisagra que protegían al imperio carolingio de los ataques andalusíes, y así surgen los territorios del futuro Reino de Navarra o los condados catalanes. En el año 828, el señor local Aznar Galíndez I conseguirá el título de Conde de Aragón, formando parte de esa marca hispánica.

Este condado no estaba libre de ataques musulmanes, por lo que, al igual que sucedía en territorios asturianos, los monjes y eremitas cristianos buscaban como lugar de retiro valles remotos y alejados de las principales vías de comunicación. No es de extrañar, por tanto, que en fechas tan tempranas como el siglo IX, o incluso anteriores, el abrigo rocoso bajo el que se encuentra el Monasterio de San Juan de la Peña fuera ocupado por monjes.

Existe una leyenda, que nos habla sobre la fundación del monasterio: cuenta que, en el siglo VIII,  un joven noble llamado Voto se encontraba cazando cuando vio un ciervo y salió a caballo en su persecución. El ciervo calló por un barranco, y aquí las versiones difieren: una cuenta que, cuando el caballo iba a despeñarse igualmente, una oración de Voto a San Juan le hizo detenerse milagrosamente y, en agradecimiento, fundó un cenobio. la otra cuenta que el caballo sí se despeñó, pero cayó lentamente, por lo que Voto sobrevivió y encontró al fondo del barrando una ermita dedicada a San Juan Bautista, en la que se encontraba el cuerpo de Juan de Atarés, un ermitaño del siglo VII. En todo caso, Voto y su hermano Felix (canonizados posteriormente) se establecerían en ese lugar como eremitas, dando origen a un monasterio dedicado a San Juan Bautista (que por su peculiar ubicación acabaría siendo conocido como San Juan de la Peña).

Estos orígenes son sin duda legendarios, pero lo que sabemos con certeza es que la iglesia baja del actual monasterio fue consagrada en el año 920. La importancia que adquiere este monasterio se comprueba en el hecho de que es elegido como lugar de enterramiento por parte de algunos de los condes de Aragón.

Pese a todo, el siglo X verá una pérdida de importancia del monasterio. En el año 970 desaparece el condado de Aragón: el conde Galindo II Aznárez muere en el año 922 sin descendencia masculina que le sobreviva (se desconoce qué le sucedió a su hijo Mirón Galíndez, pero al no heredar el condado se deduce que habría muerto antes que su padre). La heredera es por tanto su hija Andregoto Galíndez, que en 938 se casa con García Sánchez, el Rey de Navarra. El hijo de ambos, Sancho Garcés II, será su sucesor, pero ya únicamente como Rey de Navarra: el condado de Aragón desaparece como entidad independiente, quedando bajo control navarro. Pese al decaer de importancia del monasterio, el rey será sepultado finalmente aquí.

El monasterio recobra su importancia bajo el reinado de Sancho Garcés III (también conocido como Sancho el mayor), cuando se introduce en el monasterio la orden benedictina (y su regla Ora et labora) y se realizan obras de ampliación de las dependencias monacales. De esta época datan la ampliación de la iglesia inferior y la contigua sala de los concilios.

El rey Sancho de Navarra divide sus dominios entre sus tres hijos: el mayor, García Sánchez III, será Rey de los territorios navarros (Reino de Nájera-Pamplona), al menor, Gonzalo, le hace Conde del Sobrarbe y la Ribagorza, y al mediano, Ramiro, le deja los anteriores territorios del condado de Aragón (que en gran medida se componía de la parte cristiana de l valle del río Aragón, que da nombre al territorio, y de la parte superior del valle del río Gállego), pero ahora como Rey. Nace así el Reino de Aragón, que no tardará en incorporar los territorios del vecino condado del Sobrarbe y la Ribagorza tras la muerte sin herederos de Gonzalo.

En el año 1071, durante el reinado del hijo de Ramiro I de Aragón, Sancho Ramírez, el monasterio recibe otro importante empujón, ya que es ampliado con un nuevo nivel por encima del anterior, que incluye una nueva iglesia y numerosas dependencias nuevas, entre ellas el claustro. Es además en ese momento en el que en el monasterio se adopta por primera vez el rito litúrgico romano frente al hispano imperante hasta entonces. Parece que es aquí el primer lugar en el que se adopta ese rito romano.

La importancia del monasterio queda demostrada por su conversión en panteón real de los 3 primeros monarcas aragoneses, Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I con sus respectivas familias.

Pero la conquista de territorios bajo control de los musulmanes avanza hacia el sur, hacia Huesca o Barbastro, entre otras ciudades, con lo que el centro político del nuevo Reino se traslada de Jaca hacia el sur. Los nuevos monarcas elegirán otros lugares de enterramiento (primero Huesca y, posteriormente, con la unión de los condados catalanes, los monasterios de Poblet y Santes Creus, en la provincia de Tarragona), y el monasterio de San Juan de la Peña va perdiendo importancia. Finalmente, un incendio en el año 1675 destruye buena parte de las dependencias monásticas, por lo que los monjes que todavía residían en el monasterio se trasladan a una nueva edificación, unos cuantos metros de altura más arriba, en la pradera de San Indalecio. Este nuevo monasterio barroco es destruido durante la Guerra de Independencia española, quedando en ruinas.

Bien, comenzamos nuestra visita al monasterio. San Juan de la Peña se encuentra en el término municipal de Santa Cruz de la Serós, municipio de menos de 200 habitantes que se encuentra a unos 15 km de Jaca. Estamos en plena cuna del románico, ya que además del monasterio, en el centro del pueblo encontramos la iglesia de Santa María de la Serós y la ermita de San Caprasio. Lo más probable es que para llegar al monasterio  vayamos por la nacional 240 y cojamos el desvío hacia Santa Cruz de la Serós a medio camino entre Jaca y Puente la Reina, la carretera autonómica 1603 (la otra opción para llegar al monasterio pasa por la autonómica 1205, que podemos coger bien en Jaca o bien en el embalse de la Peña, si venimos de Huesca, Riglos o el Castillo de Loarre, y al llegar a Bernués cojamos la autonómica 1603; e este caso llegaremos directamente a la pradera de San Indalecio sin pasar por el monasterio viejo ni por el pueblo de Santa Cruz de la Serós). Desde el centro del pueblo nos quedan todavía 7 km de subida por una carretera de curvas hasta pasar junto al monasterio viejo. Aquí hay un parking para autobuses, pero los coches no pueden aparcar aquí; hay que continuar subiendo otro km más hasta llegar a la pradera de San Indalecio, donde se encuentra el parking junto al monasterio alto o nuevo. Es aquí donde cogeremos las entradas para visitar el monasterio (hay una taquilla junto al monasterio viejo para quienes vayan en autobús en alguna excursión organizada o para quienes tengan las piernas suficientes para subir andando; no olvidemos que el monasterio es un desvío imprescindible en el Camino de Santiago que entra en la península por Canfranc y pasa por Jaca).

Las visitas al monasterio constan de tres partes diferentes: el monasterio viejo, el Centro de Interpretación de San Juan de la Peña y el Centro de Interpretación Reino de Aragón. Dejo un enlace a la página oficial del monasterio con los horarios y tarifas de cada opción.

Hemos dejado el coche en la pradera de San Indalecio (donde hay un merendero, baños públicos, zona de juegos infantiles y la posibilidad de realizar algunas rutas a pie para poder disfrutar de las excelentes vistas de los Pirineos que tenemos justo enfrente) y nos dirigimos al Monasterio Nuevo (el edificio es una reconstrucción):

(Agradecer antes de nada a Manu la magnífica panorámica que nos sacó a Jon, el organizador de la excursión, y a mí).

Estamos ante el monasterio nuevo. A la izquierda, aunque no se ve, está la entrada a la taquilla, la tienda, la cafetería-restaurante, los baños y demás servicios. Ahí cogeremos las entradas para lo que vayamos a ver.

De frente tenemos la puerta de la iglesia. En ella está el Centro de Interpretación del Reino de Aragón, que no tuve ocasión de visitar, pero que consta fundamentalmente de audiovisuales que cuentan la historia del Reino y la importancia que en él tuvo San Juan de la Peña.

Y a la derecha tenemos la entrada al Centro de Interpretación del Monasterio Nuevo. Ya hemos dicho que el monasterio fue destruido durante la Guerra de Independencia, por lo que lo que de él quedan son excavaciones arqueológicas. Además de paneles informativos sobre el monasterio y la vida en él, pasamos por un suelo de metacrilato sobre los restos de la zona de habitación del monasterio, en la que hay reproducciones de la habitación del abad y las de los monjes, y en un edificio anexo podemos ver el edificio de servicios, con sus caballerizas, horno de pan, carpintería o la consulta del médico. Un buen acercamiento a cómo era la vida en un monasterio del siglo XVII y XVIII.

Pero vamos a lo que nos importa, al monasterio viejo. Podemos bajar andando (15 minutos más o menos por el monte, con bastante pendiente) o coger los microbuses que unen ambos monasterios (el precio está incluido en la entrada). Se coge delante del monasterio alto y te deja a las puertas del monasterio viejo.

Una vez allí podemos hacer una visita guiada (incluida con la entrada) o visitarla por libre. Yo he hecho ambas; esta última vez lo visité por libre. Error; ya mencionaré más adelante por qué. De una forma u otra entramos por la puerta del monasterio:

Entramos al monasterio. Y aprovecho el plano de wikipedia para poder orientarnos mejor:

Tenemos ante nosotros una escalera que sube al nivel alto y otra, con bastantes menos peldaños, que nos lleva al núcleo original del monasterio. Para seguir un orden cronológico vamos a descender (la b del plano) y vamos a ir hasta el fondo, al número 10.

Estamos en la iglesia pre-románica, la iglesia original del monasterio. Consta de dos naves con un ábside cada una, excavado en la roca. Vemos una foto de la nave derecha:

Y otra foto de la nave izquierda:

Vemos en ambas fotos que la iglesia no está en el mismo nivel, sino que los ábsides y una pequeña parte de las naves está a un nivel superior y que unas escaleras nos conducen al resto de las naves a un nivel inferior. La parte superior es la iglesia del año 920, mientras que el resto corresponde a la ampliación que llevó a cabo Sancho Garcés III de Pamplona en el siglo XI. Es de estilo mozárabe, lo que se hace evidente por los arcos de herradura que unen ambas naves. Los ábsides fueron decorados con frescos ya en época románica, en el siglo XII, con escenas de la vida de San Cosme y San Damián de los que por desgracia se conservan pocos restos que hacen irreconocibles las escenas:

A los pies de las escaleras nos encontramos con 5 sepulcros de abades del monasterio.

Esta es para mí la estancia más interesante del monasterio, ya que es uno de los poquísimos restos que nos quedan del pre-románico peninsular, y en especial del navarro y aragonés.

Vamos a la estancia contigua, de considerables mayores proporciones (la 11 en el plano), la llamada Sala de los concilios, ya que se pensó erróneamente que aquí se celebró un concilio en el siglo XI. Estamos en una estancia románica, realizada también durante la ampliación de Sancho Garcés III, que servía de dormitorio para los monjes:

Justo adosada a la pared que da a la iglesia, al fondo, bajo la roca, encontramos una fuente por la que se filtra agua de la parte superior del monasterio, y que a buen seguro fue de gran utilidad para los monjes (y no lo digo por el falso mito de su uso para la tortura del (gota a gota”):

Por desgracia, esto es todo lo que se conserva del monasterio original y de su ampliación en el siglo XI. No nos queda más que subir al nivel superior (la a del plano), construido a partir del año 1071 por orden de Sancho Ramírez de Aragón. Una vez subimos las escaleras llegamos a un patio conocido como el Panteón de los Nobles, desde el que se accede a la iglesia superior:

En la foto vemos como la roca cubre una parte del techo de la iglesia.

La denominación de “Panteón de los nobles” se debe a la doble hilera de sepulcros de la nobleza que encontramos en la pared derecha:

Como vemos, los sepulcros tiene forma semicircular, rodeados por una cenefa de ajedrezado jaqués, tan típico del románico oscense (y que se extendió de aquí a otros lugares del Camino de Santiago). Cada sepulcro cuenta con un relieve circular en el centro (aunque no todos se conservan), algunos sencillos (crismones o representaciones de algún animal), otros mucho más complejos y con carácter alegórico:

Frente a estos, en la pared que da a la iglesia, tenemos el sepulcro de Pedro Pablo Abarca de Bolea, X Conde de Aranda, destacado miembro de la corte de Carlos III y Carlos IV, ya en pleno siglo XVIII. Este Conde quiso ser enterrado en el lugar donde reposaban algunos de sus antepasados, y como veremos más adelante, tuvo un importante papel en la remodelación de una de las estancias del monasterio:

Antes de dirigirnos a la iglesia podemos visitar unas pequeñas estancias que se abren al patio y que forman un pequeño museo con objetos del monasterio (especialmente capiteles y otros elementos arquitectónicos) y con paneles informativos). Y, sobre todo, visitamos la estancia señalada en el plano con un 1, el horno de pan, estancia de poca altura, tapada por la roca bajo la que se encuentra edificado el monasterio. Aquí podemos ver todavía la boca del horno:

Pero lo más destacable de esta sala no es la función que tenía, ni la arquitectura del lugar, sino las tres lápidas que se encuentran en el suelo, en el centro:

Si la memoria no me falla, estas son las lápidas funerarias de los primeros reyes de aragón. Y su ubicación original está justo al lado, ya que en el extremo de la sala se abre un hueco entre la roca y el muro en el que se ubica el Panteón de los Reyes:

Este es el lugar en el que fueron enterrados los Condes de Aragón, algún Rey de Navarra y los 3 primeros reyes de Aragón con sus esposas, en huecos antropomorfos excavados en la roca. Los cuerpos actualmente no se encuentran ya aquí (creo recordar que fueron trasladados a Zaragoza; aprovecho para pedir su devolución al lugar en el que les corresponde estar), pero es este lugar el que le da su importancia al monasterio de San Juan de la Peña.

Volvemos al Panteón de los Nobles y de ahí accedemos ya a la iglesia superior. La construcción de esta nueva iglesia hizo que la iglesia mozárabe del nivel inferior ahora adquiriera las funciones de cripta. Nos encontramos en una iglesia románica, con arcos fajones de medio punto que sostienen una bóveda de cañon. Una iglesia de nave única con tres ábsides, de nuevo excavados en la roca, siendo el central algo más grande que los laterales:

Observamos un románico austero, sin mucha decoración, pero de una gran belleza en su aparente simplicidad.

Antes de comentar más sobre los ábsides nos vamos a fijar en la puerta que se abre a la izquierda. Aquí se encontraba la sacristía de la iglesia, adosada a las tumbas del panteón real. Este panteón sufrió daños durante el incendio de 1675, así que, por instigación del Conde de Aranda, fue renovado en estilo neoclásico por orden de Carlos III en 1770. Desde la puerta la vista sería la siguiente:

En la pared derecha se encuentran los sepulcros de los reyes, con sus respectivos nombres inscritos en planchas de cobre.

Recientemente el panteón fue abierto al público, pero sólo en las visitas guiadas. Es decir, que al hacer la visita por libre me quedé sin poder entrar. Lección aprendida por las malas.

Volvemos a la iglesia. Y nos centramos en el ábside central, el altar mayor:

Una leyenda cuenta que el Santo Grial fue traído a España desde Roma por San Lorenzo, originario de Huesca. La leyenda sigue diciendo que, con el avance musulmán, unos monjes lo llevaron al monasterio de San Pedro de Siresa, en el Valle de Hecho, al norte del río Aragón, hasta que, alejado el peligro árabe, pasó por otros monasterios hasta llegar a la catedral de Jaca. En el año 1071 el obispo de Jaca envió el cáliz a San Juan de la Peña, convirtiéndolo así en una atractiva nueva etapa del Camino de Santiago. Y allí estaría hasta 1399, cuando el Rey de Aragón Martín el Humano lo trasladó a Zaragoza, y de ahí fue enviado a Valencia en 1424, reposando actualmente en la catedral de dicha ciudad. No vamos a entrar en terrenos míticos sobre la autenticidad o no de este grial, pero por motivos históricos se conserva aquí una copia de ese cáliz que tantos años pasó en el monasterio.

Vamos ahora a ver la otra vista de la iglesia, desde el ábside:

Vemos aquí la bóveda de cañón, y también un acceso, ahora inservible, desde una parte del monasterio que actualmente no se conserva, destruida en el incendio de 1675. No olvidemos que lo que hoy se visita es sólo una parte del monasterio original, mientras el resto se encontraría sobre la carretera actual.

Pasamos ahora al claustro, y lo haremos por una puerta mozárabe:

Al parecer esta puerta era originaria de la iglesia inferior y sería trasladada posteriormente aquí. Es decir, tendría un origen muy anterior al resto de la iglesia.

Y pasamos ya a hablar de la joya de San Juan de la peña, su claustro:

Lo llamativo de este claustro es la ausencia de cubierta, ya que el propio abrigo rocoso bajo el que se construyó ejerce la función de techo. Se conservan dos de las cuatro secciones de arcadas con sus correspondientes capiteles esculpidos, verdaderas joyas del arte románico. Los que se conservan nos cuentan episodios del Génesis y de los evangelios. Vamos a ver sólo uno (que sino no acabamos):

El elegido ha sido el milagro de las bodas de Caná, en el que Jesús transforma el agua en vino. destacan los ojos almendrados de las figuras humanas. hay que destacar también de nuevo el ajedrezado jaqués en los arcos (esta decoración es una constante en el monasterio, la encontramos también en la iglesia, por ejemplo).

Adosada a la pared (el 7 en el plano) encontramos la capilla de San Victorián, de estilo gótico flamígero del siglo XIII, ricamente adornado con pináculos, que sirvió de panteón para algunos abades del monasterio:

Por último, al fondo (número 9 en el plano) encontramos la barroca capilla de San Voto y San Félix, míticos fundadores del monasterio. Y aquí concluye nuestra visita al Monasterio de San Juan de la Peña.

El valle del río Aragón en uno de los lugares clave del resurgimiento de la península cristiana, y también uno de los principales lugares de entrada de nuevas corrientes europeas (el arte románico, el rito litúrgico romano) que contribuyen a dar una mayor uniformidad a esa Europa que se irá extendiendo culturalmente hablando hacia el sur, hacia territorios ocupados por los musulmanes. El monasterio de San Juan de la Peña es por ello uno de los lugares clave que nos permiten entender el posterior desarrollo histórico y artístico de una península ya plenamente europeizada, y por tanto una joya de visita imprescindible.



Turismo en Florencia: la Cappella Brancacci


Florencia es sin duda la ciudad del Renacimiento, esa ciudad que en el siglo XV vio nacer un nuevo movimiento, el humanismo, y un nuevo estilo artístico que dejará sus mejores manifestaciones en la ciudad del Arno. Y si se suele asociar en general el nacimiento del Renacimiento a la mano de Filippo Brunelleschi, en especial en su diseño de la cúpula de Santa Maria dei Fiori, la catedral florentina, uno de los lugares más visitados de la ciudad, la cuna de la pintura renacentista, la Cappella Brancacci, es en cambio un lugar a menudo ignorado por el turista que no sepa mucho de arte.




Uno de los mayores logros de Brunelleschi al diseñar la cúpula de la catedral de Florencia fue su capacidad de plasmar la estructura en un plano, a diferencia de lo habitual hasta entonces, que era diseñar maquetas tridimensionales. Brunelleschi descubre las leyes de la perspectiva que le permiten precisamente eso, plasmar en un plano bidimensional una estructura en tres dimensiones. Ahora sólo falta trasladar esas leyes de la perspectiva a un campo que no requiere necesariamente de ellas pero que se va a ver muy beneficiado de su uso, como es la pintura. Y el primer gran espacio en el que se emplea la perspectiva en la pintura, todavía mural, va a ser precisamente en la Cappella Brancacci, en la obra del joven Masaccio.

La Cappella Brancacci se encuentra en la Iglesia de Santa Maria del Carmine, en Oltrarno (es decir, en la rivera sur del Arno, al otro lado de la Catedral). Se trata de la iglesia de un convento carmelita existente desde el siglo XIII. Allí, en 1386, Pietro Brancacci manda construir una capilla, justo al lado del transepto de la iglesia, junto a la puerta que se abre al claustro del convento. Los Brancacci eran una familia patricia florentina establecida en Oltrarno que se dedicaban al comercio de paños de lana, por lo que alcanzaron una considerable fortuna. Será unos años después cuando su sobrino, Felice, encargue la decoración pictórica de la capilla.

Los Brancacci habían cambiado su actividad comercial, pasando de la lana a la seda, y su fortuna no para de crecer. Miembros del partido güelfo, se codean con las más importantes figuras de la vida política y económica de Florencia. Felice Brancacci había desempeñado incluso la labor de embajador de Florencia en El Cairo. A su vuelta a Florencia, encarga en 1424 la decoración pictórica de la capilla a Masolino da Panicale, quien trabajará en la decoración junto a su ayudante, el joven Masaccio (que tendría unos 22 años). Pero en septiembre de 1425, Masolino parte para Budapest, para convertirse en pintor de la corte húngara, con lo que el joven Masaccio se hará cargo de la dirección de la obra, hasta su partida a Roma, entre 1427 y 1428 (morirá muy poquito después, en verano de 1428, sin llegar a cumplir los 27 años). Esto paraliza las obras en la capilla, y por si fuera poco, en 1431 Felice decide aliarse con la familia de banqueros Strozzi al casarse con Lena, la hija de Palla Strozzi. Los Strozzi son enemigos de los Medici, y el retorno del exilio de Cosimo el Grande supone el exilio de los Strozzi y de los Brancacci, en el caso de estos últimos en 1436. Nadie, por tanto, se va a preocupar de concluir las obras de la capilla.

Algunos miembros de la familia Brancacci conseguirán volver a la ciudad en 1480, y será sólo entonces cuando se decida concluir la obra de la capilla, buscando a un pintor capaz de adaptar su estilo (han pasado muchos años y la técnica pictórica ha cambiado más que en los dos siglos anteriores). El elegido será Filippino Lippi, uno de los mejores pintores de la época, que se adapta sorprendentemente al estilo del resto de obras ya realizadas en la capilla.

En 1771 la iglesia de Santa Maria del Carmine sufre un incendio que la destruye; milagrosamente, la Cappella Brancacci sobrevive, aunque el humo daña los pigmentos, que sufrieron una profunda restauración entre 1988 y 1990.

Vamos a describir lo que nos vamos a encontrar en la capilla, pero antes tenemos que especificar cómo visitarla. Vemos primero una foto de la fachada (inacabada) de la iglesia:

Si queremos visitar la iglesia (cosa que yo no tuve ocasión en mi viaje a Florencia), con sus frescos de Luca Giordano, sólo tenemos que entrar por la puerta de la iglesia. Pero si queremos visitar la capilla, desde la iglesia apenas vamos a poder verla de lejos. La entrada a la capilla, de pago, se realiza por el claustro. Entraremos por tanto por esa puerta que se ve abierta a la derecha de la iglesia. Pero un detalle muy importante: es imprescindible reservar.

Dejo un enlace en el que podemos reservar las entradas online, aunque también se pueden reservar por teléfono. Yo llamé ya estando en Florencia con dos días de antelación y no tuve ningún problema (y era mes de julio, así que Florencia estaba petada de turistas).

Por la puerta mencionada accederemos a la billetería/tienda (donde podemos adquirir una video-guía, una tablet en la que se describen cada una de las pinturas de la capilla), y de allí accedemos al claustro:

Como puede observarse en la foto, las lunetas del claustro estaban todas ellas decoradas pro frescos, pero algunos de ellos se han perdido.  Podemos visitar además algunas dependencias del convento, entre las que destaca el Cenacolo, con el fresco de la Última Cena de Alessandro Allori, de 1582:

Pero vamos ya directamente a la Cappella Brancacci. para ello atravesamos hasta el fondo el pasillo del claustro que se abre frente a la entrada. Al llegar al final, a la izquierda nos encontramos con el acceso a la iglesia, y justo a la izquierda de la puerta nos encontramos con la capilla:

Uso ya imágenes sacadas de Wikipedia, ya que están mejor iluminadas que las que hice yo (al margen de que mi pulso tiembla más que la falla de San Andrés…).

Masolino pintó la cúpula y las lunetas, pero estas pinturas se han perdido y han sido sustituidas por obras de Vincenzo Meucci (cúpula) y Carlo Sacconi (lunetas), pintadas entre 1746 y 1748. En el centro nos encontramos con la Madonna del Popolo, obra del siglo XII.

La obra que planeaban Masaccio y Masolino se dividía en dos niveles a cada lado de la capilla. Cada nivel constaría de tres pinturas: una, estrecha, pintada sobre el pilar de acceso a la capilla, otra de considerable mayor longitud en la pared lateral y una más estrecha en la pared del fondo, junto al altar donde hoy se encuentra la Madonna del Popolo, pero en el que entonces debería encontrarse el relieve de la Entrega de las llaves a San Pedro de Donatello, que hoy se encuentra en el Victoria and Albert Museum de Londres (una de mis mayores asignaturas pendientes en la capital británica). Y es que la temática elegida para los frescos era la vida de San Pedro, patrón de los marineros y comerciantes marítimos (como los Brancacci) y símbolo de ese papado al que Florencia se estaba acercando en aquella época. Se toman escenas de los evangelios, los Hechos de los Apóstoles y la obra “Leyenda dorada” de Jacopo da Varezze. Con dos excepciones, basadas en el Génesis, que nos encontraremos justo a la entrada.

Comenzamos con las pinturas de la parte superior izquierda. Sobre el pilar nos encontramos con la que quizá sea la obra más célebre de Masaccio, “La expulsión del Paraíso terrenal”:

Destaca en esta obra el delicado dibujo de la anatomía de Adán y Eva, de gran realismo y plasticidad, algo novedoso para la época, así como las expresiones de dolor de ambos. Aunque difiere del Génesis al pintar desnudos a ambos personajes cuando ya deberían estar vestidos.

A contunuación, en la pared lateral, nos encontramos con “El pago del tributo”, también de Masaccio:

El cuadro narra un episodio del evangelio de Mateo y se divide en tres partes. En el centro tenemos al recaudador de impuestos, de espaldas, reclamando el impuesto del templo, mientras Jesús le da órdenes a Pedro. A la izquierda vemos a Pedro cumpliendo con esas instrucciones: ha pescado un pez, que tendrá una moneda en la boca con la que pagar el impuesto. Y a la derecha vemos a Pedro pagando finalmente el impuesto.

La suavidad cromática del fondo paisajístico (montañas y el lago) hace destacar a los personajes centrales, con túnicas mucho más coloridas, mientras que el edificio de la derecha nos permite comprobar el perfecto uso de la perspectiva que demuestra Masaccio en esta obra, que al parecer quiere describir la fuente de ingresos marítima de Florencia.

Inmediatamente al lado, pero ya en la pared del fondo, nos encontramos con la “Predicación de San Pedro” de Masolino:

Al parecer, las montañas del fondo son obra de Masaccio (similares a las del fresco anterior y muy distintas a las que solía pintar Masolino), pero el resto del fresco se atribuye hoy a Masolino, en especial por su forma de dibujar los rizos del pelo y la barba del apóstol, que en el día del Pentecostés predica a la multitud congregada en Jerusalén, multitud en la que muy probablemente Masolino retrata a personajes florentinos de su época, incluyendo a algunos frailes carmelitas del propio convento.

Pasamos ahora a la fila inferior de esta pared izquierda de la Cappella Brancacci. Comenzamos de nuevo por la parte exterior, por el fresco que está sobre el pilar, “San Pedro en la cárcel visitado por San Pablo”, de Filippino Lippi:

Lippi trata aquí de seguir al máximo posible la estética de Masaccio, algo visible en la gama cromática o en la figura de espaldas de San Pablo, aunque el claroscuro de San Pedro nos muestra ya un estilo mucho más avanzado. La continuidad arquitectónica de este fresco y el contiguo, que veremos a continuación, hacen pensar que Lippi siguió un diseño de Masaccio en este fresco.

En la pared izquierda nos encontramos con “La resurrección del hijo de Teófilo y San Pedro en la cátedra” de Masaccio y Filippino Lippi:

La obra sigue la temática de la anterior, basada en la obra de Jacopo da Varagine: estando San Pedro en Antioquía, es encarcelado por Teófilo, el gobernador de la ciudad. San Pablo lo visita en la prisión (la escena que vimos inmediatamente antes) y le pide al gobernador que libere al apóstol. Pero Teófilo sólo accede a liberarlo si Pedro es capaz de resucitar a su hijo, que lleva muerto 14 años. Pedro lo resucita, lo que lleva a que la población de Antioquía se convierta al cristianismo y erija una iglesia con un trono, o cátedra, en la que se sentará Pedro.

La mayor parte de la escena es obra de Masaccio. Destacamos la escena de san Pedro en la Cátedra, con un magistral uso del color y la iluminación que le aportan un relieve desconocido hasta entonces. Sitúa el trono del apóstol a mayor altura que el de Teófilo, en marcada jerarquía. Entre las figuras que le rodean destacan 4:

Aquí Masaccio pinta a 4 destacados artistas renacentistas florentinos: el primero, de perfil, es el arquitecto Leon Battista Alberti; junto a él, mirando al espectador, tenemos un autorretrato del propio Masaccio. A su lado está Filippo Brunelleschi y detrás está Masolino. Parece también que uno de los carmelitas que se encuentran en pie al otro lado del trono es Fra Filippo Lippi, alumno de Masaccio y futuro padre de Filippino.

En el centro tenemos la resurrección el hijo de Teófilo. La figura de Pedro es típica de Masaccio. Para pintar a Teófilo Masaccio retrata a Gian Galeazzo Visconti, duque de Milán y enemigo de Florencia. Su ropa es la propia de un emperador bizantino. Sentado junto a él, Masaccio retrata a Coluccio Salutati, canciller de la república florentina.

Todo el diseño arquitectónico, de nuevo perfecto representante de las leyes de la perspectiva, es obra de Masaccio. Pero Filippino Lippi tiene que intervenir en la obra, que se encontraba dañada precisamente por la costumbre de Masaccio de retratar a personajes de la época. Y es que a la izquierda vemos 5 figuras, que probablemente eran miembros de la familia Brancacci, cuyas figuras fueron borradas tras la damnatio memoriae que sufrió la familia por parte de los Medici tras el exilio en 1436. Lippi dibuja nuevos rostros, retratando a algunas de las grandes familias de Oltrarno. Suyo es también el grupo central, con San Pablo arrodillado, el niño y el joven resucitado, desnudo, en quien Giorgio Vasari creyó ver el retrato del futuro pintor Francesco Granacci, muy influenciado en su primera etapa por la obra de Lippi.

Y pasamos al fresco que se halla en la pared frontal, “San Pedro cura a los enfermos con su sombra”, de Masolino:

La calle en perspectiva dirige la atención hacia el altar central que se encontraba inmediatamente a la derecha de la obra. En el fresco vemos una escena del libro de los Hechos de los Apóstoles, en la que vemos a San Pedro (una figura con mucho menos gracia que las que dibuja Masaccio) seguido por San Juan (al parecer un retrato del hermano de Masaccio, lo Scheggia); un grupo de enfermos se sitúan en la calle esperando ser sanado por las sombras de los apóstoles, cosa que efectivamente sucede, como vemos en los dos de atrás, que ya se encuentran en pie (el del gorro rojo parece ser un autorretrato de Masolino), un tercero levantándose y el cuarto, con las piernas deformadas, esperando que llegue la curativa sombra.

Nos vamos ahora a la pared derecha de la Cappella Brancacci. Comenzamos de nuevo por el nivel superior y comenzamos por el fresco del pilar exterior, “Adán y Eva en el paraíso terrenal” o “El pecado original” de Masolino:

Nos encontramos con dos figuras de claro estilo gótico, estáticas, anatómicamente menos definidas, aunque siguiendo los cánones de belleza clásicos, en gran contraste con el mucho más moderno Masaccio. En todo caso, se interpreta también este clasicismo idealista como una representación de la perfección que contrasta con el realismo de Masaccio de los pecadores ya imperfectos.

Vamos a la pared derecha, con “La curación del lisiado y la resurrección de Tabita”, de Masolino:

Aquí nos encontramos con dos escenas contrapuestas, en lugar de la sucesión cronológica del Pago del tributo que tenemos justo enfrente (y del que ya hemos hablado). Masolino emplea la perspectiva intentando emular el estilo de Masaccio, pero mientras en Masaccio el punto de fuga es el punto central de la escena (en el Pago del tributo era la cabeza de Cristo), aquí es simplemente un vano en un muro. Masolino no alcanza la genialidad de Masaccio por mucho que lo intente. También se destaca la división entre el mundo burgués (la resurrección de Tabita, a la derecha) del plebeyo, con el lisiado de la izquierda, aunque aquí Masolino, por influencia sin duda de Masaccio, trata al lisiado con una mayor dignidad de la acostumbrada. Masolino demuestra aquí cierta audacia al intentar alejarse de sus cánones estéticos para acercarse a los renacentistas de Masaccio, pero lo consigue sólo en parte, lo que convierte esta escena en la menos interesante de las cuatro principales (siempre en mi opinión, claro).

Y al lado, en la pared central, tenemos “El bautismo de los neófitos” de Masaccio:

Esta escena es la continuación de la que se encuentra al otro lado del altar, “La predicación de San Pedro”; aquí bautiza a los conversos en el Pentecostés. Vemos a varios conversos esperando su bautismo, algunos desvistiéndose y otros ya en paños menores (magnífico el resultado del que se encuentra temblando de frío), mientras otro está siendo bautizado. El tratamiento del efecto del agua en su cuerpo, en especial en sus cabellos, es realmente espectacular para la época, como lo es también la sensación de relieve que transmite la distribución de los personajes en distintos niveles de profundidad. Pequeño fresco, cierto, pero en el que vemos mucha de la maestría del joven Masaccio.

Y pasamos ya al nivel inferior de esta pared derecha de la Cappella Brancacci, el último. Comenzando como siempre por el fresco del pilar de acceso, nos encontramos con “San Pedro liberado de la cárcel”, de Filippino Lippi:

Un magistral Filippino Lippi consigue una obra maestra en un espacio reducido. La obra mantiene un paralelismo con la que se encuentra en frente (la visita de San Pablo a San Pedro en la cárcel), y arquitectónicamente es una continuación de la que nos encontramos a su lado y de la que hablaremos a continuación. Lippi se mantiene fiel al estilo de Masaccio en la figura de Pedro, de espaldas y con su túnica colorida como centro de atención de la figura, con un claroscuro matizado, más tenue de lo que Lippi acostumbraba. Pero en el ángel vemos una figura propia de Botticelli (de quien Lippi fue el más aventajado alumno), y la postura del guarda dormido es demasiado contorsionada para la época de Masaccio. Es decir, Lippi se mantiene fiel al estilo de Masaccio en lo fundamental (la figura del apóstol) pero introduce novedades propias de su estilo más avanzado.

Seguimos con la gran escena de la pared derecha, “Disputa con Simón el Mago y Muerte de San Pedro”, también de Filippino Lippi:

Lippi de nuevo trata de mantenerse fiel al estilo de Masaccio, matizando sus claroscuros, aunque el perfil de los contornos es típico de la segunda mitad del quattrocento.

A la derecha tenemos la disputa con la que Pedro desafía al mago Simón, la de ser capaz de acertar lo que está pensando el emperador Nerón. Lippi retrata a algunos contemporáneos en esta escena, además de probablemente retratar a Dante (personaje siglo y medio anterior a esta obra); así, tras el trono de Nerón representa a Antonio del Pollaiolo con un sombrero rojo, mientras que el propio Filippino se autoretrata en el lateral derecho:

Además, ya en la escena del martirio, Lippi retrata a su maestro (que fue a su vez alumno de su padre Filippo Lippi), Sandro Botticelli, justo bajo el arco y mirando al espectador. De la escena del martirio destaca el gran trabajo anatómico en el dibujo del cuerpo de apóstol boca abajo.

Y terminamos con el fresco que se encuentra en la pared frontal, “La distribución de los bienes y la muerte de Ananías”, de Masaccio:

De nuevo aquí la perspectiva dirige nuestra atención hacia el altar de la capilla. En ella vemos a los nuevos cristianos compartiendo sus bienes (una llamada al pago de los impuestos a los ciudadanos), mientras en el suelo yace muerto Ananías por mentir y quedarse con una parte del dinero de la venta. El mensaje es también que la iglesia ayuda a los necesitados pero castiga a los infieles. Masaccio no se preocupa de pintar detalles superfluos del fondo de la escena, centrándose más en individualizar a los personajes (frente a un mayor esquematismo de Masolino) y en dotarlos de una mayor expresividad.

Terminamos así el repaso a los 12 frescos que conforman la Cappella Brancacci, el lugar perfecto para comprender la evolución de la pintura gótica hacia la renacentista, con verdaderas obras maestras del siglo XV. La Cappella Brancacci es sin duda una visita imprescindible en Florencia y una buena forma de adentrarse en el renacimiento.



Turismo en Campania: La Villa Rufolo de Ravello


En 1997, la Costa Amalfinata fue declarada Patrimonio de la Humanidad. Esto incluía por supuesto la localidad de Amalfi, así como la famosa Positano, pero también otras localidades como Atrani, Maiori, Scala y, quizá la más interesante de todas ellas, Ravello. En este post vamos a hablar de una de las principales atracciones de Ravello, la Villa Rufolo.




La costa amalfitana se encuentra en el lado sur de la península sorrentina. Ante ella se abre el golfo de Sorrento. Siendo una península realmente estrecha (con una media de 6 km), está separada de la costa norte, la que da al golfo de Nápoles, por los montes Lattari, que llegan a alcanzar alturas de hasta 1.444 metros, por lo que ya nos podemos imaginar lo abrupta que resulta. Algo que le aporta un encanto especial a la Villa Rufolo, como veremos más adelante.

Ravello no se encuentra propiamente en la costa. Si partimos desde Amalfi en dirección este, hacia Salerno, nos encontraremos a poco más de un km con un desvío que nos conduce montaña arriba, hasta los 365 metros sobre el nivel del mar a los que se encuentra Ravello.

Ravello pertenecía a la efímera República Amalfitana, una república marinera (al igual que otras como las de Pisa, Génova o Venecia) que, bajo influencia bizantina, se funda en el año 839, siendo un importante centro económico y artístico-cultural. La ciudad de Ravello alcanza un gran esplendor en esta época, pero su mejor momento está por llegar cuando, en el año 1.039, la República Amalfitana desaparece definitivamente, absorbida por el Principado de Salerno. De hecho, será el duque Ruggero de Apulia y Calabria el que, en el año 1.086, convierta la ciudad en sede episcopal, para así competir con Amalfi. Los siguientes siglos verán crecer la población de la ciudad hasta los 25.000 habitantes (frente a los 2.500 actuales), hasta su decadencia en el siglo XIV.

Será en el siglo XIII cuando una de las más importantes familias de Ravello, los Rufolo, construyan su palacio, del que se dice que tenía más habitaciones que días tiene un año. La entrada, a través de una torre de fines meramente ornamentales, se encuentra de hecho junto al Duomo de Ravello.

Pero la Villa Rufolo no tendrá mucha suerte en el futuro; tras cambiar de propietarios, cae en el abandono y termina en estado ruinoso. Pero todo cambia en 1851, cuando el botánico escocés Sir Francis Neville Reid visite la villa y decida adquirirla, restaurar en lo posible los edificios y, sobre todo, aprovechar la idílica ubicación para la creación de unos magníficos jardines. el gran atractivo de la villa.

Antes de comenzar la visita, dejo un  enlace con información sobre la visita (horarios, tarifas…).

Atravesamos la torre de entrada y nos dirigimos hacia la principal edificación de la villa, el Claustro morisco, del que se conservan sólo 3 de las cuatro alas. Esta es la vista interior:

Y vamos ahora a ver la arcada desde el exterior, para observar ese juego cromático de piedras blancas y negras tan habitual en la arquitectura románica de la región:

Saliendo del Claustro nos encontramos con la Torre mayor, de 30 metros de altura, que es al parecer la parte más antigua de la villa:

Ante ella actualmente nos encontramos con los jardines, pero en su época toda esta zona estaba construida, aunque quedan algunos vestigios de esas edificaciones, como las ruinas de la Sala de los caballeros, de planta circular y con arcos apuntadas:

Los jardines que nos encontramos en esta parte, como todos los demás, son fruto de la restauración de Neville Reid, en un estilo plenamente romántico. Por aquí pasó Richard Wagner en 1880, por lo que teneos una placa conmemorativa:

Y es que esta visita de Wagner a la Villa Rufolo  no fue un asunto sin importancia: el compositor se encontraba atascado en la composición de su última ópera, Parsifal, ya que no conseguía visualizar la escenografía del Jardín mágico de Klingsor hasta que vio los jardines y su crisis creativa se solucionó justo a tiempo (a Wagner le quedaban apenas 3 años de vida).

Antes de poner algunas imágenes de los jardines vamos a ver alguna imagen de las otros edificaciones destacables de la Villa Rufolo, comenzando por la zona de baños, que incluía un baño turco. Nos la encontramos a mano izquierda según descendemos a los niveles inferiores de los jardines. En estado ruinoso, éste es su aspecto exterior:

Vemos ahora el interior del baño turco:

Y podemos también observar las canalizaciones de agua:

Y terminamos con el comedor, que se encuentra en un nivel inferior al del claustro (aunque muy próximo a él) y al que accederemos desde los jardines:

Los jardines están construidos en terrazas y son de aspecto totalmente decimonónico:

Las vistas desde estos jardines son simplemente espectaculares (de hecho, el principal atractivo de la visita). Tenemos por ejemplo las vistas de los Montes Lattari:

Y las vistas hacia el Golfo de Salerno:

O las vistas de la foto del principio.

Y abajo, en el Belvedere, cada año se monta un escenario para el festival musical que se celebra en verano, en un lugar realmente privilegiado:

Se podrían contar más cosas de la Villa Rufolo, pero ya no tengo fotos interesantes. En todo caso, pese a la carretera, no demasiado agradable, que hay que recorrer para llegar, es una imprescindible visita en la costa amalfitana que, entre vistas maravillosas, nos sumerge en la historia de la región… y en el mundo de Wagner, ya de paso.



Turismo en Roma: en los escenarios de “Ángeles y demonios”


El reciente estreno de “Inferno”, la por ahora última adaptación al cine de la obra de Dan Brown, vuelve a mostrarnos unos magníficos escenarios en Florencia, Venecia o Estambul, como ya sucediera con las anteriores, “El código Da Vinci” (París, Londres y Rosslyn, Escocia), y la más interesante sin duda de las 3, “Ángeles y demonios”, que es de la que vamos a hablar a continuación.




A diferencia de las otras dos películas de la trilogía, la acción de “Ángeles y demonios” se desarrolla íntegramente en Roma y en la Ciudad del Vaticano, microestado independiente situado en medio de la propia ciudad de Roma. De ahí que, a diferencia de los casos anteriores, en este caso sea relativamente fácil poder visitar los enclaves en los que transcurre la obra (algunos de los cuales fueron los lugares de rodaje, aunque la mayoría se rodaron en estudio). La Iglesia Católica no dio su permiso para rodar en sus propiedades; de hecho, alguna de ellas ni siquiera es accesible al público: la escalinata por la que ascienden los cardenales para dirigirse al cónclave de la Capilla Sixtina pasaría por lugares cerrados al público, por lo que esas escenas fueron rodadas en el Palacio Real de Caserta:

caserta

En este caso, al no tratarse de un lugar que aparezca en la novela, sino de un recurso de rodaje, tendremos que salir de Roma. En concreto, cogeremos la autopista que baja a Nápoles, y llegaremos en algo más de dos horas (está a unos 40 minutos de Nápoles). También podemos ir en tren, pero tendremos que bajar hasta Nápoles y hacer transbordo (aún así estamos hablando de unas dos horas y cuarto, que tampoco está nada mal). No nos vamos a detener a hablar de este Palacio, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1997, porque necesitaríamos un hilo aparte. En todo caso, un lugar casi vacío de turistas (incomprensible) que merece una visita.

Volvemos a Roma, que es donde trascurre “Ángeles y demonios”. En la obra, Robert Langdon (interpretado por Tom Hanks) tiene que seguir los pasos de uno de los más grandes artistas de la historia, el genial escultor y arquitecto Gian Lorenzo Bernini, para encontrar los 4 altares de la ciencia, esparcidos a lo largo de la ciudad de Roma.

Quienes hayan visto la película sabrán (sobra decir que este post va a estar lleno de spoilers) que Langdon se equivoca con la ubicación del primer altar de la ciencia, entendiendo la pista como la tumba del gran artista Rafael Sanzio, que se encuentra en el Panteón. Este fue originalmente un templo erigido por Marco Vipsanio Agripa, yerno del emperador Augusto, en el año 27 a.C. que se encontraba en ruinas cuando el emperador Adriano, entre los años 125 y 128 d.C, lo reconstruye, dándole a grandes rasgos el aspecto que tiene actualmente, y lo dedica a todos los dioses (de ahí el término panteón, de los términos griegos pan, todo y theon, de los dioses). En el año 608 fue consagrado como iglesia por el Papa Bonifacio IV y desde entonces se conserva en buen estado, aunque con ciertas reformas:

panteon

Si decíamos que en Caserta apenas hay turistas, ya veis el contraste… estamos en pleno centro histórico de Roma, a 400 metros de la Piazza Navona, 750 de la Piazza Venezia y 650 de la Fontana di Trevi. Delante del pórtico, que vemos en la imagen, se abre la Piazza della Rotonda, y a la derecha del edificio se abre la Piazza della Minerva, con la iglesia de Santa Maria sopra Minerva (de estilo gótico, una de las más interesantes de toda la zona… y mira que hay decenas de iglesias para elegir por los alrededores).

Atravesamos el pórtico y entramos en el templo de forma circular. Aquí están sepultados los reyes de Italia Victor Manuel II y Umberto I, así como la esposa de este último, la Reina Margarita (a quien le debemos el nacimiento de la Pizza Margarita), pero si seguimos la película nos centraremos en dos aspectos. El primero, el óculo:

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Este óculo es el que Robert Langdon cree identificar como el “agujero del demonio”, pero no es más que un recurso arquitectónico de una bóveda de hormigón construida en el siglo II d.C. Un consejo: si llueve o ha llovido recientemente, no paséis justo por debajo; si queréis patinar, mejor ponerse unos patines que pegarse un resbalón. Y es que por este óculo entra toda la luz y el aire al edificio, que carece de ventanas (sus muros, de 6 metros de grosor, no lo permiten), pero también el agua de lluvia. Por lo visto, ver llover desde el interior, ver cómo caen las gotas, debe de ser espectacular… yo estuve en julio y no llovía, hacía un calor de muerte, así que no puedo confirmarlo.

La otra cosa que tenemos que destacar es la que nos ha traído hasta aquí, la tumba de Rafael:

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Aquí yace, según su propio deseo, el gran artista (pintor, arquitecto…) del renacimiento Rafael Sanzio, ese que, de haber sido más longevo (vivió sólo 37 años) habría hecho que hoy no supiéramos quienes eran Leonardo Da Vinci ni Miguel Ángel, porque a buen seguro les habría superado con creces.

No he podido confirmar lo que se afirma en la película de que su cuerpo fue traído al Panteón en el siglo XVII; ya he mencionado que él mismo expresó su deseo de ser enterrado en el Panteón. En todo caso, este dato, real o ficticio, hace que Robert Langdon se dé cuenta de que se ha equivocado, que el Panteón no es uno de los altares de la ciencia. Y en busca de una capilla construida por Rafael, nos vamos a otra iglesia, Santa Maria del Popolo.

Vamos a andar casi dos kilómetros. Primero vamos a la derecha, hasta llegar a la Via del Corso, una de las arterias comerciales más importantes de Roma, y después seguimos esta calle hacia el norte, hasta llegar a la Piazza del Popolo, de forma oval y con un obelisco en medio. La Basílica de Santa Maria del Popolo se alza junto a la muralla Aureliana, al lado de la puerta Flaminia, de donde salía la Via Flaminia, la calzada más importante que partía de Roma en dirección Norte:

santa-maria-del-popolo

Esta fue la primera iglesia que visité (de hecho, lo primero que visité) en mi viaje a Roma hace casi 4 años y medio, y extrañamente apenas tengo fotos, por lo que tendré que recurrir a wikipedia para el interior.

Estamos ante una bellísima iglesia originariamente románica pero remodelada en estilo renacentista. En la película apenas podemos verla, ya que se encuentra en obras, pero vamos a destacar dos detalles. El primero, la capella Cerasi, en el lado izquierdo del transepto. Aquí encontramos dos magníficos cuadros de Caravaggio, “La crucifixión de San Pedro” y “La conversión de San Pablo”. Caravaggio toma aquí las mismas temáticas que había empleado Miguel Ángel en los frescos que decoran la Capella Paolina del Vaticano (adyacente a la Capella Sixtina, pero que no se puede visitar, por ser de uso exclusivo del Papa), aunque en mi opinión las pinturas de Caravaggio superan enormemente en calidad a las de Miguel Ángel (esta afición mía a crearme enemigos…). En la película se ve brevemente “La crucifixión de San Pedro”:

Lo que importa en el desarrollo de la acción de “Ángeles y demonios”, en todo caso, es la cappella Chigi, Esta capilla fue diseñada por Rafael entre 1513 y 1514 a petición del banquero Agostino Chigi, que quería una capilla familiar:

A la derecha tenemos la tumba, con forma piramidal, de Agostino Chigi, y junto a ella vemos la escultura “Habacuc y el ángel” de Gian Lorenzo Bernini, que veremos ahora más claramente (que buena pena merece):

No vamos a entrar a describir el resto de obras de arte de la capilla (que no es el objetivo de este post), así que nos vamos directamente al suelo. Porque ese pavimento de mosaico, bajo el que se encuentra la tumba de Fabio Chigi (no confundir con el futuro Papa Alejandro VII), con un diseño del propio Bernini, que representa a la Muerte alada y que, ahora sí, es identificada como el “agujero del demonio”:

Pasamos ahora del primer al tercer altar de la ciencia (el segundo es la columnata de Bernini de la Piazza San Pietro, en el Vaticano, del que hablaremos más adelante). Nos vamos entonces a la iglesia de Santa Maria della Vittoria. Desde la Fontana di Trevi no tardaremos en llegar a la Via del Quirinale, pasando por delante del Palazzo Quirinale (residencia del Presidente de la República) y de dos iglesias de gran interés, la de Sant’Andrea al Quirinale de Bernini y la de San Carlo alle Quattro Fontane de Borromini. Si seguimos rectos, al llegar a la altura de la Piazza della Republica (y muy cerca de la estación de tren Termini) llegamos a esta pequeña iglesia barroca de principios del siglo XVII. Y aquí encontramos una de las obras maestras del arte, la escultura de Bernini “Éxtasis de Santa Teresa”:

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Es en esta iglesia donde ocurre una de las escenas más atroces de toda la película. Pero al margen de “Ángeles y demonios”, es una iglesia de visita imprescindible gracias a esta obra magistral de Bernini.

Y vamos al último altar de la ciencia, que será de nuevo una obra de Bernini, pero en este caso no una iglesia, sino una fuente: la fuente de los cuatro ríos de la Piazza Navona:

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Estamos en el centro de la piazza Navona, que debe su forma elíptica al hecho de estar edificada sobre el estadio de Domiciano. Esta fuente, coronada por el obelisco de Domiciano, fue construída por Bernini entre 1648 y 1651 y representa a los ríos Danubio, Nilo, Ganges y de la Plata. Justo detrás de la fuente tenemos la iglesia de Sant’Agnese in agone, del gran rival de Bernini, Francesco Borromini, que también merece una visita.

Después de identificar los cuatro altares de la ciencia, la acción de “Ángeles y demonios” nos traslada a la Iglesia de la iluminación, identificada en la película con el Castel Sant’Angelo, al otro lado del Tiber, y a menos de un kilómetro de distancia de la Basílica de San Pedro del Vaticano:

castel-santangelo

El que en su origen fuera el Mausoleo del Emperador Adriano se convirtió posteriormente en refugio papal y en prisión. No nos vamos a detener a contar lo que hay para ver en el castillo, uno de los monumentos más visitados de Roma (y con razón). Sólo mencionaremos que, como bien se menciona en “Ángeles y demonios”, un corredor “secreto” une el castillo con el Vaticano, permitiendo así al Papa, en situaciones de peligro (como el famoso Saco de Roma de 1627) ponerse a salvo en la inespugnable fortaleza. Con 800 metros de longitud, el Passetto di Borgo transcurre por el interior de una muralla, y hasta donde he podido saber, se puede recorrer durante los meses de verano (yo no lo vi, desde luego), excepto los últimos metros, ya en territorio de la Ciudad del Vaticano, por motivos de seguridad.

Y vamos ya al lugar central de la acción de “Ángeles y demonios”, el Vaticano.

Llegamos a la Plaza de San Pedro (la que vemos en la foto del comienzo del post), y tenemos dos opciones. Por un lado, la basílica; por el otro, los museos Vaticanos. Comenzamos por los Museos.

Dada la enorme cola que suele haber para comprar las entradas (que no son baratas), conviene reservar la entrada con antelación. Hay distintas opciones, pero la más barata ronda los 27 euros (podemos reservar las entradas online por ejemplo en esta página). Y lo más curioso es que la mayoría de la gente pasa corriendo por las salas (y cuando digo “corriendo” no quiero decir que ven las cosas rápido, no, digo que pasan corriendo, sin ver literalmente nada) para ir directos al “supuesto” gran atractivo de los Museos, la Capilla Sixtina.

Por favor, no me matéis del disgusto, disfrutad del museo egipcio, del museo etrusco, del Museo Pío-Clementino (con el Apolo Belvedere o el Laocoonte), de la Pinacoteca, de los apartamentos de los Borgia (que yo no pude ver porque estaban cerrados por restauración), de las estancias de Rafael (con una de sus obras más célebres, “La escuela de Atenas”), y luego ya vamos a ver la Capilla Sixtina. Eso sí, calculad varias horas para la visita a los museos (yo estuve 5 y no vi todos, aunque lo que no vi tampoco me interesaba).

En la película, la capilla tiene una gran importancia, ya que en ella se celebra el cónclave que ha de elegir al nuevo Papa (como de hecho ocurre realmente). Tal es la fama de los frescos que pintó Miguel Ángel en esta capilla (la bóveda y el juicio final) que dad por seguro que la sala va a estar petada… además, en teoría está prohibido hacer fotos (prohibición que no existe en el resto de los Museos); y digo “en teoría” porque nadie respeta esa prohibición, y pese a la vigilancia, nadie te llama la atención por hacerlo. Así que en esta ocasión, pasé de hacer el panoli e hice alguna foto. Vemos primero parte de la bóveda:

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Vemos aquí la creación de Adán, la de Eva y la expulsión del paraíso.

Y vemos también el fresco del altar mayor, frente a la entrada, con el Juicio final, también de Miguel Ángel:

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Vamos ahora a la basílica.

La entrada es gratuita. Accederemos desde la columnata de Bernini, en la que se encontraba el segundo de los altares de la ciencia:

columnata-de-bernini

Aquí pasaremos un control de seguridad como el de los aeropuertos. Y cuidado, que puede haber cola.

Una vez pasado el control, podemos subir a la cúpula de la basílica (de pago, obviamente; el precio varía si subimos todo por escaleras o la primera parte usamos el ascensor, que es la opción más recomendable, porque la subida es bastante dura), desde la que veremos mucho mejor los frescos de la cúpula, pero también el baldaquino de Bernini a nuestros pies),o entrar directamente a la basílica.

Dentro de la basílica no hay que perderse la Pietà Vaticana de Miguel Ángel (primera capilla a la derecha), así como los monumentos funerarios de varios papas (la de Pío VII del escultor Bertel Thorvaldsen es la única obra hecha por un escultor no católico, ya que el danés Thorvaldsen era luterano) y esculturas como el San Longino de Bernini. Pero ya que estamos con “Ángeles y demonios”, vamos a la parte que nos interesa, el Baldaquino de Bernini, que se alza sobre la que supuestamente es la tumba de San Pedro:

baldaquino-de-bernini

Justo antes este baldaquino se encuentran las escaleras de acceso a las Grutas Vaticanas, en las que sucede una de las escenas finales de la película, el desenlace final (no voy a decir lo que pasa porque ya sería demasiado spoiler… sólo diré que alguien se prende fuego). Como no tengo foto, pongo la de wikipedia:

Bajo la basílica se encuentran las Grutas Vaticanas, en el lugar que ocupó más o menos la antigua basílica constantiniana, con las tumbas de numerosos papas, además de algún otro personaje ilustre, como la reina Cristina de Suecia (lo que encontramos en la basílica, al igual que en el caso de algunos papas, es un monumento funerario, un cenotafio, no la tumba en sí). Las grutas son visitables, pero cierran una hora antes que la basílica (al igual que el tesoro), por lo que no pude visitarlas (eso lo tengo de asignatura pendiente), pero no se accede desde la escalinata que acabamos de ver, sino desde el pórtico. Es aquí donde se supone que está sepultado el papa recién fallecido al comienzo de la acción de “Ángeles y demonios”. Dejo una foto (de wikipedia) de la tumba de Juan Pablo I para hacernos una idea:

Aquí también se encuentra la supuesta tumba de San Pedro. Pero cuidado, cuando en la película se descubre que la antimateria está en la tumba de San Pedro no se refiere a ésta.

Hay que recordar que, cuando el Emperador Constantino hizo construir la basílica original, hubo que allanar el terreno para tener una gran superficie plana sobre la que edificar la estructura. Y en ese lugar se encontraba una necrópolis pagana y unas catacumbas en las que se supone que había sido enterrado Pedro. Pues bien, esta necrópolis ha sido excavada, y se puede visitar, previa reserva, de forma guiada en pequeños grupos (más información aquí). Esta es otra de mis asignaturas pendientes cuando vuelva a Roma.

Pues hasta aquí ha llegado nuestra visita guiada a Roma siguiendo los pasos de la película “Ángeles y demonios”. Podríamos ampliar muchísimo la información sobre los lugares que hemos mencionado, y Roma tiene cientos de cosas más para ver, pero eso requeriría muchos post. Por ahora habrá que conformarse con esto.



Turismo en Suiza: Las cataratas del Rin.


Con sus 1.233 km de longitud, el Rin es uno de los ríos más importantes de Europa, pero es además un río fronterizo en buena parte de ese recorrido. Naciendo en los Alpes, en el cantón de los Grisones, tras regar la capital del cantón, Chur, pasa a ser la frontera entre Suiza y Liechtenstein, y posteriormente entre Suiza y Austria. Tras un brevísimo recorrido exclusivamente por tierras austriacas, el río desemboca en el lago Constanza, fronterizo entre Austria, Suiza y Alemania. Terminado el lago, el Rin seguirá siendo frontera entre Alemania y Suiza, y tras un breve paso integral por Suiza, será la frontera entre Alemania y Francia. A partir de ahí ya discurrirá íntegramente por tierras, primero alemanas, y después holandesas. Pero poco después de la salida del Rin desde el lago Constanza, hay un tramo del río que transcurre completamente por tierras suizas, en la parte que corresponde al cantón Suizo de Schaffhausen (se suele traducir el nombre de esta ciudad al español como Escafusa, pero yo prefiero mantener los nombres originales), que queda en la orilla derecha del Rin, mientras los cantones  de Zurich y Turgovia quedan en la orilla izquierda. Y es en este enclave totalmente suizo del curso del Rin dónde nos encontramos uno de los grandes espectáculos naturales de Europa Central: las cataratas del Rin.




Aunque no se trate de un único salto vertical, sus 23 metros de altura y 150 metros de anchura lo convierten en un espectáculo digno de verse, especialmente en los meses de verano, cuando el caudal es mayor (consecuencia del deshielo que viene desde los Alpes). Por lo tanto, el mejor momento para visitar las cataratas es obviamente el verano (al margen de que hay ciertas actividades que sólo se podrán realizar entre los meses de abril y octubre.

Bueno, vamos al tema que nos importa, la visita turística a las cataratas del Rin: cómo llegar, qué podemos hacer allí… por eso comienzo antes de nada dejando un enlace a la página oficial de las cataratas (disponible sólo en alemán e inglés).

En la orilla derecha del Rin (es decir, la norte) se encuentra la localidad de Neuhausen am Rheimfall, de unos 10.000 habitantes, que se encuentra a unos 10 minutos en coche de la capital del cantón, Schaffhausen. Desde Zurich podremos llegar en coche en unos 30 minutos, mientras que desde el corazón de la selva negra, desde Titisee-Neustadt, tardaremos en torno a una hora. También podemos ir entren, desde Zurich, Winterthur o Schaffhausen, habiendo una estación a cada lado de las cataratas.

Y es que podemos ver las cataratas desde las dos orillas del Rin. Pero no nos preocupemos, sobre un centenar de metros antes de las cataratas hay un puente del ferrocarril con zona peatonal que nos permite cruzar el río y poder ver las cataratas desde ambos lados.

Entonces, si vamos en coche, ¿a qué orilla del río nos interesa ir? Bueno, tenemos dos opciones: la primera es aparcar en Neuhausen, en uno de los parkings de pago que hay en la localidad. La otra opción es aparcar en la orilla izquierda del río, al sur, en el cantón de Zurich. Aquí los parkings son gratuitos, pero junto antes de las cataratas del Rin nos encontramos con una caseta para comprar unas entradas. ¿Pero hay que pagar para ver las cataratas? Yo, que fui sin saber nada, pensé que sí. El precio es de 5 Francos Suizos (se puede pagar en Euros, siendo, si la memoria no me falla, idéntico precio: 5 euros). Pero cuidado: ese ticket que coges no es para ver las cataratas en sí, sino para poder verlas desde el castillo de Laufen. Pongo una foto de las cataratas para poder verlo:

cataratas-del-rin

En esta foto vemos las dos orillas de las cataratas del Rin: a la izquierda de la foto vemos la ciudad de Neuhausen, en medio de las cataratas está el Rheinfallfelsen, una roca caliza que parte las cataratas en dos, y a la derecha de la foto, arriba del todo, vemos el castillo de Laufen, con un ascensor que desciende a varias pasarelas para ver las cataratas desde distintas alturas.

Este castillo (oficialmente Schloss Laufen), cuyo origen data de en torno al año 850, a día de hoy cuenta con restaurante y albergue. Pero lo que hay que tener en cuenta es que el ascensor tiene sus horarios (cuando yo estuve, dejaba de funcionar a las 8 de la tarde). Por no saberlo, lo primero que hice al comprar la entrada fue cruzar el río y ver las cataratas del Rin desde la orilla opuesta, y cuando me di cuenta de para qué servía el ticket me quedaba poco más de media hora para poder ver las cataratas desde la otra orilla, que es para lo que había pagado.

¿Merece la pena pagar la entrada? En realidad para lo que pagas es para usar el ascensor (porque se puede acceder a esas plataformas andando, en tren o en barco), pero hay que tener en cuenta que las vistas de las cataratas del Rin desde cada ribera del río son totalmente distintas. Las mejores vistas de las cataratas en su conjunto son desde el lado de Neuhausen, ya que, gracias al recodo que hace el río, nos permiten ver las cataratas de frente (como en la foto del comienzo del post). Existe también la opción de poder incluso meter los pies en el agua desde una plataforma justo sobre las cataratas (el agua baja fría con ganas, pero en un día de mucho calor, como el que me tocó a mí, es algo de agradecer), e incluso podemos ver una noria de madera que nos recuerda que estas cascadas han sido fuente de producción energética:

noria

Pero las vistas laterales de las cataratas del Rin no son muy espectaculares desde la ribera derecha, ya que ciertos afloramientos rocosos nos cortan la visión de las cataratas principales, por lo que lo que veremos es una cascada de mucho menor tamaño, como en esta foto:

cataratas-del-rin

Por el contrario, desde la orilla opuesta, las pasarelas nos llevan hasta el mismo nivel del agua, podemos sentir las gotitas mojándonos la cara y ver, si tenemos la suerte de que nos toque un día soleado, infinidad de arco iris sobre las aguas. Para hacernos una idea de lo que veremos desde esta parte del río dejo un vídeo que grabé:

Os aseguro que ver caer el agua así es algo impresionante.

Pero no sólo tenemos la opción de ver las cataratas del Rin desde tierra firme; podemos también elegir alguno de los itinerarios en barco que se realizan, partiendo en su mayoría desde el castillo de Wörth (en la orilla derecha, frente a las cataratas), que actualmente es un restaurante. Desde aquí tenemos la opción de cruzar el río hasta el castillo de Laufen (o coger un ticket combinado que incluya el ascensor de el castillo), dar un rodeo bajo las cataratas o llegar al Rheinfallfelsen para tener una vista de las cataratas desde el mismo centro. O podemos coger un billete que combine los 3 itinerarios, o incluso un recorrido que descienda por el curso del Rin hasta Rheinau. Pero hay que recordar que los barcos sólo están operativos entre abril y octubre. Dejo un enlace con los precios de los diferentes itinerarios (sólo está en alemán). Cuando yo estuve no tuve tiempo de poder hacer ninguno de estos recorridos, aunque tanto la opción de navegar junto a las cataratas como la de subir al Rheinfallfelsen me resulta más que tentadora.

No estamos ante las cataratas del Niágara, ni de Iguazú, ni las Victoria, pero tener un espectáculo natural así en pleno corazón de Europa es un lujo mucho más accesible que podemos aprovechar de pasada camino de cualquiera de los grandes centros turísticos de los países del entorno. No será perder el tiempo, tenedlo por seguro.



Turismo en Salzburgo: Tras “Sonrisas y lágrimas”


Salzburgo, una de las ciudades más bellas de centroeuropa, famosa por sus iglesias barrocas y por ser la ciudad natal de Mozart. Sonrisas y lágrimas, mítica película (aunque horriblemente traducida al español del “The sound of music” original… no mejora tampoco la traducción en hispanoamérica como “La novicia rebelde”…) ganadora de 5 Oscars, entre ellos los de mejor película y director (para Robert Wise) y nominada a otros 5. Resulta una combinación más que atractiva… y más si tenemos en cuenta que la película no solo transcurre en Salzburgo, sino que fue en buena parte rodada en la ciudad o sus alrededores.




Vámonos, por tanto, de viaje a Salzburgo, esa ciudad de 150.000 habitantes situada a orillas del río Salzach a pocos km de la frontera con el Land alemán de Baviera. Visitaremos, por supuesto, los monumentos más atractivos de la ciudad (catedral, castillo, las dos casas-museo de Mozart…), pero vamos a intentar también visitar los lugares en los que fue rodada la película. Vaya por delante que yo sólo he podido visitar unos pocos, pero con la información necesaria es mucho más fácil poder realizar la ruta completa.

Vaya por delante que no todas las escenas de exteriores (las grabadas en estudio nos valen de poco, obviamente) se rodaron en la propia ciudad de Salzburgo. Así, por ejemplo, si queremos hacer un picnic en la mima zona en la que los protagonistas comienzan a cantar el famoso Do-Re-Mi, tendremos que ir a Werfen, un pueblo de 3.000 habitantes a orillas del Salzach, a unos 50 km de Salzburgo, en la carretera que nos llevará hasta Klagenfurt. La oficina de turismo de la ciudad ofrece información sobre la ruta a pie, de una hora de duración, conocida como “Kaisersteig”.

La escena que abre la película, esa en la que Julie Andrews canta “The sound of music” en la montaña, no fue rodada en Austria, sino en un pueblo fronterizo de Alemania, Marktschellenberg. Y la escena que cierra la película, con los Von Trapp huyendo por la montaña, fue rodada en la zona de Obersalzberg, también en la frontera con Austria.

Por último, tendremos que salir de Salzburgo si queremos visitar el lugar en el que se filmó la escena de la boda:

La escena fue rodada en la iglesia Sankt-Michael, perteneciente a la antigua abadía benedictina, unas basílica gótica tardía de finales del siglo XV con decoración barroca:

Para visitarla, tendremos que salir de Salzburgo y coger la carretera que va a Linz, y nos encontraremos con el pueblo de Mondsee (a orillas de un lago) a algo menos de 30 km de distancia.

Pero ahora nos vamos ya definitivamente a la propia ciudad de Salzburgo.

 Pero no vamos a empezar por el centro histórico, sino por las afueras. Así, al sureste del castillo de Salzburgo, que domina la ciudad sobre la colina, si cruzamos el Salzach, llegamos a la Villa Trapp. En este ligar no sé rodó ninguna escena de “Sonrisas y lágrimas”; esta fue la verdadera residencia de la familia Trapp (cuya historia, por otra parte, tampoco se parece mucho a la que cuenta la película). La villa es en la actualidad un hotel, pero todos los días a las 12 del mediodía se realizan visitas guiadas de 45 minutos, siempre bajo reserva. Dejo aquí el enlace de la página del hotel (sólo disponible en alemán e inglés).

Cruzamos de nuevo el río, y ahora vamos al Schloss Leopoldskron (también un hotel de lujo, desde 2014. No se puede visitar, pero quien quiera pagar unos 200 euros por persona y 2 noches, tiene un pack temático sobre la película). Aquí se rodaron varias escenas exteriores, las de la terraza junto al lago. Esta es una de ellas, quizá la más famosa:

Bueno, pues ahí tenéis una foto de uno de los caballos que franquean el acceso al lago, y el lago detrás (sacada de wikipedia, igual que otras fotos que aparecen en el post):

Ninguna escena de “Sonrisas y lágrimas” se rodó en el interior de este palacio, pero sí que es cierto que uno de los salones, el salón veneciano, fue usado como referente para el salón de baile, aunque el decorado de la película es mucho mayor que el original.

Aquí estaba también el “gazebo”, esa especie de pabellón octogonal, en el que transcurren las dos grandes escenas de amor de la película, la de Liesl y Rolf (canción Sixteen going on seventeen) y la de Maria y el capitán (canción Something good). En realidad la mayor parte de estas escenas fueron rodadas en estudio, pero el original era este. La gran afluencia turística provocó que al final este pabellón fuera trasladado al palacio Hellbrunn, que está a unos 4 km andando. A diferencia del anterior, este palacio sí se puede visitar.

A menos de dos Km de aquí, está el Palacio Frohnburg, actualmente una residencia de estudiantes, que se usó para ser las fachadas de la casa de los Trapp.

Y ahora ya nos vamos directos al casco histórico de la ciudad, hacia el norte.

Comenzamos nuestra visita en la Residenzplatz, con el lateral de la catedral de lado y frente a la fachada principal del Residenz, el palacio de los Príncipes-Arzobispos de la ciudad. En esta plaza se rodó la escena del anschluss, la anexión de Austria por parte de la Alemania Nazi. De hecho, es de la fachada de la Residenz de donde colgará la bandera nazi con la esvástica en la película.

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Desde aquí nos dirigimos hacia el sur, pasamos por delante de la fachada de la catedral y poco después nos encontramos con el recinto de la iglesia de Sankt-Peter. Podemos visitar la iglesia, así como las catacumbas, excavadas en la pared de la montaña en lugar de bajo el suelo, y donde están las tumbas de Nannerl Mozart (hermana de Wolfgang) y del compositor Michael Haydn, pero lo que nos importa es el cementerio que rodea a la iglesia. No me refiero a la multitud de cruces metálicas que llenan el suelo, sino a los pórticos de los muros:

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Esas tumbas adosadas a las paredes, esas verjas que cierran el acceso… ¿os suenan de algo? Pues bien, Robert Wise se inspiró en este cementerio para una de las últimas escenas de la película, la que transcurre en el cementerio del convento, cuando los Trapp se esconden tras las tumbas. Ese cementerio, obviamente, no existe, y los Trapp no tuvieron que esconderse, sino que con la excusa de una gira de conciertos pudieron huir a Estados Unidos vía Italia, pero no deja de ser un decorado magnífico el que se inventan para esta escena (por desgracia, no la encuentro en youtube).

Muy cerquita del cementerio podemos coger el funicular para subir al castillo. De lo contrario,la subida puede resultar bastante dura… Aprovechamos ya puestos para visitar el castillo, que no tiene ninguna relación con la película pero es muy interesante y además tiene unas magníficas vistas de la ciudad. Y, ahora, en lugar de bajar de nuevo en funicular, bajamos andando, pero en dirección este, de forma que en apenas 5 minutos llegamos a la abadía de Nonnberg, el lugar en el que fue monja Maria von Trapp (de soltera Maria Agusta Kutschera). Si no me equivoco, en el claustro de la abadía se rodaron algunas escenas… pero el claustro no se visita, solo se puede visitar la iglesia, de estilo románico y gótico, que tampoco aparece en la película.

Descendemos ahora al centro de la ciudad, y en 10 minutos estaremos de nuevo en la Residenzplatz. Podemos emular ciertas escenas de la película haciendo un recorrido en coche de caballos por la parte antigua de la ciudad, o subir al Mönchsbergaufzug, un ascensor con magníficas vistas de la ciudad. Pero ahora vamos a ir muy cerca de la iglesia Sankt-Peter, al Felsenreitschule, empleado como teatro durante el famoso Festival de Salzburgo:

¿Os resulta familiar? Pues aquí se rodó la que quizá sea mi escena favorita de Sonrisas y lágrimas, precisamente la del festival, con ese emocionante “Edelweiss”:

Y ahora nos dirigimos al puente más cercano para concluir nuestra visita al otro lado del Salzach. Pasaremos junto a una de las casas-museo de Mozart, y así llegamos al barroco Palacio de Mirabell. Se puede visitar el interior, pero a nosotros lo que nos interesa son los jardines exteriores. En concreto, por el final de esta escena:

La escena comienza en las montañas que mencioné al principio. Luego pasa al Mönchsbergauf, de ahí a la escena de las bicis que desconozco dónde es. Luego el coche de caballos por el centro, y de ahí a… ¿reconocéis estos sitios?

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Venga, prometo que para la próxima vez intento convencer a algunos amigos para hacer el ganso y repetir el número musical (cantado en inglés, por favor).

Salzburgo tiene muchos atractivos, y requeriría mucho tiempo hablar de ellos (y verlos, cosa que yo apenas pude), pero hacer esta especie de ruta de “Sonrisas y lágrimas” no deja de tener un atractivo especial para los cinéfilos (por lo menos para los cursis a los que nos gusta), y además cumple una doble misión: por una parte, al estar allí viendo esos lugares, dices “Anda, yo esto lo conozco”; por otra, al volver, cuando vuelves a ver la película, dices “Anda, yo estuve ahí”. Interesante forma de recordarlo.



Turismo en Andalucía: los dólmenes de Antequera


Estábamos esperando los resultados de la reunión anual de la UNESCO que está teniendo lugar entre el 10 y el 20 de julio de 2016 en Estambul para conocer los nuevos lugares que consiguen ser declarados Patrimonio de la Humanidad. Y hoy, 15 de julio, pasadas las 3 y media de la tarde, se ha confirmado la declaración de los dólmenes de Antequera (oficialmente “Sitio de los dólmenes de Antequera) como Patrimonio de la Humanidad. Así que en parte este post está pensado para felicitar al lugar por el nombramiento.




En principio, el lugar declarado Patrimonio de la humanidad no está compuesto únicamente por los 3 dólmenes (en realidad 2 dólmenes y un Tholos), abarca también la Peña de los enamorados y el famoso Torcal de Antequera:

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Pero en este post nos vamos a centrar en los monumentos megalíticos propiamente dichos. Antes de nada, ponemos el enlace al sitio oficial de la página de la UNESCO.

Ya hemos mencionado que los dólmenes de Antequera son propiamente dos dólmenes (los de Menga y Viera) y un Tholos (el de El Romeral). Yo los visité el año pasado, en febrero. Ambos dólmenes están muy próximos uno del otro, en el mismo recinto. A la entrada de este recinto hay precisamente un centro de visitantes (si mi memoria no falla, no se pagaba entrada), y no es difícil de encontrar. El Tholos de El Romeral está más alejado y es más difícil de encontrar, y el parking no está en tan buen estado, pero aún así merece la pena hacer la visita completa.

Comenzamos por los dos dólmenes. Datados hacia finales del neolítico, corresponden al arte megalítico europeo. Pero no son simples dólmenes de dos o tres grandes piedras que sujetan una última piedra a modo de techo: en ambos casos de trata de dólmenes de corredor, que forman un largo pasillo más o menos ancho, cubiertos por túmulos.

Comenzamos por el más pequeño, el dolmen de Viera. En la siguiente foto vemos la entrada, con el túmulo que la cubre:

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Este dolmen (a diferencia del vecino de Menga, conocido desde siglos antes) fue descubierto en 1903 por los hermanos Viera, de los que años después recibió el nombre. El corredor mide 21 metros de longitud y termina en una cámara cuadrada poco mayor (tanto en anchura como en altura) que el propio corredor, orientado, por cierto, como es habitual en estas construcciones, hacia el amanecer en los equinoccios. Vemos una foto del final del corredor:

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Nos vamos ahora al vecino dolmen de Menga, que, como ya apreciamos en la foto de la entrada, es de tamaño mucho mayor (y más espectacular, por tanto):

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Ya a simple vista nos daremos cuenta de que el de Menga no está orientado en la misma dirección que el de Viera: el de Menga mira a la Peña de los enamorados. Pero no es lo único que hace único a este dolmen. Sus 27 metros de longitud no resultan sorprendentes, pero sí lo son los 6 metros de anchura y los 3 y medio de altura, dimensiones imponentes para este tipo de edificaciones. Por ello se incluye un recurso poco habitual en el arte megalítico: unos pilares intermedios que ayudan a sujetar las grandes piedras del techo (se calcula que la última de las piedras que sirven como techo pesa unas 180 toneladas):

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Para hacernos una idea de las dimensiones, pongo una foto en la que salgo yo junto a uno de esos monolitos centrales:

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Por cierto, en la foto se puede apreciar otra peculiaridad de este dolmen, la presencia de un pozo al final de la galería.

Y ahora ya nos desplazamos un poquito. Si pudiéramos ir volando, seguiríamos la línea que conecta el dolmen de Menga con la Peña de los enamorados, y en esa línea nos encontraríamos con el tercero de los dólmenes de Antequera. Aunque, como ya hemos mencionado, no es propiamente un dolmen, sino un Tholos.

Cubierto también por un túmulo, éste es su aspecto exterior:

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Fue descubierto en 1904, de nuevo por los hermanos Viera, y es particularmente diferente a los dólmenes anteriores. En este caso, el corredor, de forma trapezoidal, aunque cubierto por grandes piedras, tiene los juros cubiertos por lajas de mucho menor tamaño:

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No hemos mencionado todavía que este corredor también tiene una orientación única, mirando al torcal, y también al sol del mediodía en el solsticio de invierno.

El corredor termina en dos cámaras (la primera mayor que la segunda) también muy particulares, ya que se trata de Tholos, es decir, de una especie de falsas cúpulas formadas por acumulación de lajas de piedra que van cerrando el diámetro según sube la altura…

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Aquí vemos esos muros del tholos… pero al final la cúpula se cierra con una gran piedra:

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La calidad de las fotos no es muy buena, lo sé, así que quien quiera hacerse una mejor idea de lo que hemos contado, ya sabe lo que tiene que hacer: ir a verlos in situ.

Me sorprendió bastante cuando visité los dólmenes de Antequera la poca cantidad de turistas que había, tanto el los propios dólmenes como en la ciudad en sí; ya sé que no era temporada turística, pero eso en Sevilla o en Ronda daba igual, estaban llenas de turistas; Antequera no; apenas un puñado, en su mayoría británicos. En España no se sabe aprovechar el rico patrimonio histórico y cultural que tenemos. Espero que este nombramiento como Patrimonio de la Humanidad le sirva a los dólmenes de Antequera (y a toda la ciudad con ellos) para ponerse en el lugar que le corresponde, una visita imprescindible en medio de esa artísticamente riquísima tierra que es Andalucía, mucho más que sol y playa.



Turismo en Gipuzkoa: el Museo Oiasso de Irun


Creo que nos pasa a todos: nos movemos a lugares a menudo lejanos para visitar cosas cuando no hemos visto otras que tenemos al lado de casa. Yo desde luego tengo tantas “asignaturas pendientes” cerca de casa como las que tengo a mayor distancia. Por eso quise aprovechar el Día Internacional de los Museos de este año para visitar una de esas asignaturas pendientes que tenía, el Museo Oiasso, situado en Irun, dedicado fundamentalmente a la historia romana de la localidad, la civitas vascona de Oiasso.




Había dudas sobre la ubicación exacta de esta civitas romana conocida por los escritores clásicos, hasta que en los años 90 del pasado siglo se pudo confirmar que se encontraba bajo la actual ciudad de Irun (que es la segunda más grande de Gipuzkoa), junto a la desembocadura del río Bidasoa. Era por tanto un importante puerto marítimo para la exportación del metal que se extraía de las cercanas minas de Arditurri (explotadas desde época romana hasta el siglo XX), que también están abiertas al público. 

El museo, inaugurado en el año 2006, esta ubicado en las antiguas escuelas junto a la iglesia parroquial del Juncal, en pleno centro urbano. La ubicación es perfecta, ya que en la parte trasera se encuentran los restos de las termas romanas (aunque éstas todavía no están abiertas al público… esperemos que se arreglen los problemas cuanto antes para poder visitarlas). Cuenta con 2 pisos y tres salas, a parte de las exposiciones temporales (no había ninguna cuando yo estuve). Dejo antes de nada un enlace a la página oficial del museo. 

De la recepción se sube a las dos plantas del museo a través de rampas con carteles informativos en los paredes, que nos meten en contexto explicando detalles históricos y geográficos. 

La primera sala está dedicada sobre todo a la Gipuzkoa pre-romana (excepto un audiovisual que nos habla ya de la ciudad romana). Y es que de la edad del hierro se han localizado numerosos yacimientos en territorio gipuzkoano, situados a menudo en altura, como vemos en esta maqueta-reproducción de uno de ellos: 

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En la misma sala, junto a diversos objetos de la edad del hierro, destaca otra maqueta, que en este caso reproduce una vivienda típica de estos poblados pre-romanos: 

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Subimos ahora a la segunda planta, dedicada ya a la ciudad romana de Oiasso.

La primera de las dos salas de esta planta superior del Museo Oiasso está dedicada al puerto de la ciudad, cuyos muelles fueron descubiertos en 1992 en la cercana calle de Santiago. Destacan los muelles a 4 alturas, que se usaban según la altura de la marea.

De nuevo tenemos un audiovisual en esta sala que nos cuenta mejor la historia del puerto. Y en las vitrinas del fondo nos encontramos con diversos objetos relacionados precisamente con el puerto, como anzuelos, cerámica, e incluso redes y objetos de madera que han conseguido conservarse hasta nuestro día, como estos fragmentos de cuerda:

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Y es que, pese a lo que se pensaba hasta no hace mucho, la costa gipuskoana (y la vecina costa francesa) contaban con más asentamientos romanos, ya que en esta zona se producía el famoso garum (prueba de ello son los nombres del municipio gipuzkoano de de Getaria y el labortano de Géthary tienen su origen en las factorías de garum conocidas como Cetaria).

La última sala está dedicada a la vida cotidiana en la ciudad, dedicando los últimos paneles a su decadencia. En el centro de la sala destaca una maqueta con una posible reconstrucción de la Oiasso romana:

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Las partes que en la foto aparecen blancas (de metacrilato) son las que se corresponden a los hallazgos arqueológicos: el de más adelante, los muelles del puerto; el central, las termas; y el pequeñito del fondo, la necrópolis hallada bajo la ermita de Santa Elena. El resto es una simple suposición de cómo pudo ser la ciudad romana, basándose por supuesto en la distribución habitual de los edificios en otras ciudades (por ejemplo, el foro se ha situado frente a las termas).

Las vitrinas del alrededor nos muestran restos de la vida cotidiana encontrados, incluyendo cerámica en incluso objetos de vidrio. También, por supuesto, joyas, como este camafeo; la lupa ya nos permite hacernos una idea de su pequeño tamaño:

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Tenemos también peines y otros objetos de adorno personal.

Hay también restos de lo que comían, como las conchas de los moluscos o los huesos y cáscaras de ciertas frutas; de alguna de ellas (creo recordar que eran los melocotones) son los primeros rastos hallados en la península:

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Y hay también restos de armas e incluso una urna cineraria de la necrópolis de Santa Elena:

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Se puede comprobar como, junto a los restos incinerados del difunto, se incluían objetos metálicos e incluso de cristal. Por desgracia, la Ermita de Santa Elena sólo se puede visitar los sábados, por lo que me quedé sin verla (la había visto ya bastantes años antes, cuando fuimos con el Instituto, antes de la existencia del museo), y recuerdo que era una visita que merecía la pena.

Con este post sólo he pretendido destacar algunos de los detalles del Museo Oiasso que más llamaron mi atención (y los que recuerdo, que escribo este post un mes después de haber visitado el museo). Para saber más, lo mejor es por supuesto visitar el museo. Nos permite conocer mejor un período apenas conocido (y de descubrimiento reciente) de la historia de Gipuzkoa.



Las tarjetas turísticas: pros y contras


Creo que lo primero de todo es aclarar a qué me refiero con tarjetas turísticas. Estas tarjetas turísticas son las que suelen tener la mayoría de las ciudades europeas pensadas para facilitar las cosas a los turistas. Por lo general, suelen llevar el nombre de la ciudad seguida del termino “card” (Madrid card, Lisboa card, Firenze card, Vienna card) o del término “pass” (London pass, Paris pass, Roma pass). Para hacernos una idea de la variedad de nombres y de la cantidad de ciudades que tienen algún tipo de estas tarjetas turísticas, en este enlace podemos ver las ciudades de Francia que las tienen y los respectivos nombres en cada una de ellas. Así nos podemos hacer una idea de la popularidad de estas tarjetas.




La pregunta, por tanto, es obvia: ¿merecen la pena? Vamos a intentar analizar algunos factores que determinarán si nos merece la pena comprar estas tarjetas turísticas o no.

La primera cuestión a analizar es qué pretendemos hacer en nuestro viaje. Por ejemplo, en el enlace de las tarjetas turísticas que he puesto antes aparece la French Riviera Pass, para Niza y la costa azul. Pero claro, si mi objetivo yendo allí es no salir de la playa en todo el día, pues no sé yo si merece la pena… o si mi objetivo cuando visito tal o cual ciudad es callejear, pero sin entrar en museos ni monumentos. Las tarjetas turísticas tienen como principal atractivo las entradas gratuitas (o por lo menos con descuento) en este tipo de sitios, pero si no tengo intención de visitarlos, pues es poco probable que me interese comprar una.

Pero ese no es el caso, yo voy a Roma, o a parís, o a donde os de la gana, con la intención de entrar en museos, iglesias, yacimientos arqueológicos o lo que sea que haya. ¿Qué factores tenemos que tener en cuenta en este caso?

El primero, no olvidemos que entrar en ciertos sitios es ya de por sí gratuito. Por ejemplo, en Londres, la mayor parte de los museos (British Museum, Tate Britain, National Gallery, Museo de Historia Natural… incluso el privado Sir John Soane’s museu, cuya visita os recomiendo encarecidamente) son gratuitos (aunque siempre agradecen alguna contribución). En Roma podemos visitar decenas de iglesias sin pagar un céntimo (salvo si queremos visitar el museo de tal o cual iglesia, sobre todo de las basílicas papales, o en ocasiones visitar ciertas partes de una iglesia, como la cripta adriana de la iglesia de Santa Maria in Cosmedin, la de la Bocca della verità), y por lo general las iglesias, con excepción de las catedrales, suelen ser gratuitas. La entrada a la catedral de Toledo es gratuita los domingos por la tarde (aunque este tipo de cosas conviene siempre confirmarlas antes de ir). Por lo tanto, tendremos que ver qué entradas (o descuentos) ofrecen las tarjetas turísticas y ver si vamos a visitar esos sitios.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que, en muchos sitios, hay ciertos colectivos que tienen entradas con descuento o incluso gratuitas, como niños, menores de edad, estudiantes, discapacitados, jubilados, profesores… aunque esto varía mucho de un sitio a otro. Así que, de nuevo, si entramos en alguno de estos colectivos, convendría informarnos antes de ir para ver si comprar la tarjeta nos sale rentable o no.

¿Qué suelen incluir entonces estas tarjetas turísticas? Pues de nuevo hay que informarse antes de ir para saberlo, porque suelen variar mucho. Algunas, por ejemplo, incluyen el uso libre de transporte público, lo que podría hacerlas atractivas incluso a algunos de los colectivos anteriores, si los descuentos que tienen en las entradas no son muy altos (eso sí, seguid soñando para que incluyan un paseo en góndola gratis en Venecia…). En otros casos, por el contrario, el transporte no está incluido, y tendremos que coger alguno de los abonos normales si vamos a usar bastante el transporte público (lo que suele ser aconsejable en casi todas las grandes ciudades aunque hayamos ido en coche, porque nos evitaremos perdernos, atascos y andar buscando sitio y pagando).

Por lo general, las tarjetas turísticas suelen incluir entradas gratuitas a cierto número de monumentos, siempre de tipo público (que forman parte del patrimonio nacional, para entendernos); los museos privados no suelen estar incluidos en las tarjetas turísticas, o a lo sumo, ofrecen una entrada a precio reducido o un descuento; por ejemplo, los museos de iglesias y catedrales no siempre están incluidos (la Roma Pass no incluye entrada a los Museos Vaticanos, por ejemplo… pero es que claro, los museos vaticanos no están en Roma, sino en un estado independiente… y ahí no hay tarjetas con descuentos ni tonterías; a pagar religiosamente, valga la redundancia). Y es que la mayoría de tarjetas, al margen de las entradas gratuitas que puedan ofrecer, suelen también incluir descuentos en otras entradas. Y ahí la Roma Pass es especialita… con validez para tres días, incluye entrada gratuita para las dos primeras que cojas en esos tres días (siempre teniendo en cuenta que, por ejemplo, Coliseo y Foro Romano, al ser entradas conjuntas, cuentan como una; también cuenta como una las 4 sedes del Museo Nacional de Arte Romano), mientras que en todas las demás que veas en esos tres días te cobran la entrada reducida.

A menudo, se incluyen entradas gratuitas de lugares que no están en la misma ciudad, sino en los alrededores (Versalles y otros palacios en la Paris Pass, Castillo de Windsor en la London Pass, Monasterios de Batalha, Alcobaça y Convento de Tomar con la Lisboa Card… por no hablar de tarjetas regionales, como la de Campania o la de Salzburgo), lo que también es de agradecer.

Hay tarjetas que, por el contrario, sólo ofrecen entradas con descuento (como la Vienna Card, por ejemplo), pero también suelen ofrecer descuentos en restaurantes, pastelerías, tiendas… y generalmente también se incluyen descuentos en autobuses y trenes turísticos, tours guiados por la ciudad o incluso excursiones por el entorno. De nuevo, dependerá de que queramos aprovechar alguna de estas cosas o no para ver si nos compensa la adquisición de la tarjeta o no.

A tener en cuenta es también la duración de la tarjeta: las hay desde 24 horas (que comienzan a contarse desde la primera cancelación para la que la usemos, no para un día natural) hasta incluso las que tienen duración de un año (en este caso sí que es un año natural… es el caso de la Campania Card, por ejemplo… si la coges un 2 de enero te vale para todo ese año… pero si vas un 29 de diciembre, como que igual mejor no cogerla, que se te acaba en 3 días). A veces hay que hacer malabares para encajar la cantidad de días que vas a estar, e incluso aprovechar el día que se acaba la validez de la tarjeta para visitar algo que no esté incluido.

Y por último, muy importante: algunas de estas tarjetas turísticas incluyen Fast Pass, esto es, no tener que hacer cola en taquilla para coger las entradas. Ver las enormes colas que hay para entrar en el Coliseo o en la Abadía de Westminster, y olvidarte de ella y entrar directamente (o esperando a lo sumo medio minuto de cola por las 4 personas que tienes delante que también tienen la tarjeta) es lo más cerca que vas a estar de colarte “legalmente”. Y, aunque no he estado, he leído que la de Siena merece la pena aunque sólo fuera por esos Fast Pass, sobre todo si vas en temporada alta. Eso sí, las tarjetas turísticas no suelen, por lo general, incluir la entrada a las exposiciones temporales de los museos (sólo he podido entrar en la que había en el Musée d’Orsay cuando estuve en París… me quedé con Pena de no poder ver la que había en el Museo del Prado, pero claro, al no pasar por taquilla con el Fast Pass, no tienes siquiera opción de comprarla aparte; si quieres verla, a hacer cola).

Lo cierto es que, en mi caso, casi siempre he cogido las tarjetas turísticas correspondientes (Roma, Florencia, Campania, París, Londres, Viena, Madrid, Granada, Lisboa…), salvo en dos casos: Sevilla (en la propia oficina de turismo no me la recomendaron) y Toledo (idem; está más pensada para hacer una excursión de un día desde Madrid, ya que incluye el viaje en AVE, pero yo fui para 3 días).

Por eso, hay que analizar todos estos factores, y, sobre todo, informarse antes: las guías de viaje por lo general suelen hablar de ellas, y en Internet encontraréis toda la información que queráis sobre la tarjeta concreta que necesitéis. Puede suponer un importante ahorro económico y de tiempo si merece la pena cogerla.



Turismo en India: el Taj Mahal y los mausoleos mogoles

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Hablar del Taj Mahal seguramente nos haga pensar en algo exótico, quizá incluso onírico… no es difícil verlo como inspiración del palacio del sultán de “Aladdin” (al margen del parecido entre el nombre de Agra, la ciudad donde se encuentra el monumento, y la ficticia ciudad de Agrabah en la que transcurre la acción de la película). Pero el Taj Mahal es sólo el último de los ejemplos de la arquitectura de los mausoleos mogoles que nos vamos a encontrar en la India y su entorno.




Comenzando desde el tatarabuelo del constructor del Taj Mahal, hay 5 grandes mausoleos mogoles pertenecientes a las 5 generaciones imperiales, además de otro mausoleo de envergadura perteneciente al suegro del 4 emperador. En mi visita a la India (hace ya 4 años) no visité el interior de este último (lo vi de pasada desde fuera), pero sí visité 3 de los mausoleos imperiales (por tanto, intentaré poner fotos mías de esos 3 mausoleos). Visitar el 4º es un tanto complicado (está en Lahore, Pakistán… un país no muy seguro que digamos), mientras que visitar el 5º es poco menos que un suicidio, ya que nos supondría tener que ir a Kabul.

Éste de Kabul es el 1º mausoleo mogol, o, para entendernos, el mausoleo del 1º emperador mogol de la India. Su constructor fue Babar, o Babur, un descendiente de Tamerlán, musulmán al igual que su antepasado. Tras perder la capital de su reino, Samarkanda, en manos de los uzbecos, conquista primero Kabul y luego el norte de la India, estableciendo su capital en Agra. Murió en 1530, a los 48 años, siendo sucedido por su hijo Humayun.

Su tumba se localiza en Kabul, y se conoce como los “Jardines de Babar”. Su estado de conservación es ruinoso, pero aún así todavía conserva su encanto:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/3/3c/Kabul_Baghe_Babur_tomb.jpg/800px-Kabul_Baghe_Babur_tomb.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En el interior de ese edificio de celosías se encuentra el sarcófago del emperador:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/76/TOMB_OF_BABUR_IN_KABUL.jpg/800px-TOMB_OF_BABUR_IN_KABUL.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El reinado de Humayun fue convulso, aumentó sus conquistas pero se enfrentó a una fuerte oposición que le llevó a perder su control sobre Agra y huir al Sind (en Pakistán),y finalmente a Persia, donde consigue la ayuda necesaria para recuerar Kabul de manos de su hermano, a quien castiga, como es de esperar. Tras 15 años recuperó Lahore y un año después en 1555, Delhi. En esta ciudad moriría al año siguiente accidentalmente al caer por las escaleras de su biblioteca. Su mujer, Hamida Begun, fue la encargada de ordenar la construcción de su mausoleo, en la misma Delhi.

La tumba de Humayun es el primer gran exponente de los mausoleos mogoles, y como ya podemos ver a simple vista, tiene elementos que nos recuerdan al futuro Taj Mahal:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”787″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Para empezar, la tumba propiamente dicha, como es habitual en los mausoleos mogoles, forma parte de un complejo de edificios y jardines. Entradas monumentales abren paso a un jardín dividido en 4 partes, atravesado por canales de agua, como se puede apreciar en la foto. En el centro de estos jardines, siempre respetando la simetría, se encuentra el mausoleo propiamente dicho, edificado en arenisca roja pero con una cúpula blanca que ya nos señala al Taj Mahal.

Vamos a acceder a la terraza del edificio por esta puerta:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”788″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Hemos subido ya a la plataforma, o al primer nivel del edificio. Vamos a mirar hacia los jardines para ver las puertas de acceso:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”789″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Viendo así los jardines y una de las puertas nos podemos hacer una mejor idea del aspecto del recinto.

Entramos ya al interior del mausoleo por esta puerta:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”790″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Una vez en el interior, nos encontramos en una amplia sala octogonal, que tiene 4 puertas al exterior, mientras que en los otros 4 lados se abren pequeñas cámaras laterales. El aspecto del interior es así:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”791″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Del interior destacan 2 cosas. La primera, la cúpula:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”792″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y la segunda, obviamente, el ataúd:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”793″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Perfectamente situado en el centro, para guardar la simetría.

Pero no nos engañemos, ésta no es la tumba de Humayun, es tan sólo su cenotafio; Humayun está enterrado en la cripta, en el nivel inferior (que no es accesible a los turistas… o al menos cuando yo estuve).

No es difícil darse cuenta de que este mausoleo es uno de los monumentos más visitados de Delhi.

A Humayun le sucede su hijo Yalaluddin Muhammad, al que conocemos como Akbar (“el grande” en árabe). Y no, el apodo no le viene grande en absoluto: recuperó muchas partes perdidas del imperio, se impuso a quienes conspiraban contra él durante el inicio de su reinado, creó una burocracia que permitía mantener unido al imperio, potenció las artes y favoreció la tolerancia religiosa (los mogoles eran musulmanes, pero la mayor parte de la población era hindú, y también había cristianos i sijs, Suprime la yizia, un impuesto que tenían que pagar los no musulmanes, e incluso trata de crear una religión sincrética que una elementos musulmanes e hindúes (obviamente la cosa no funciona y desaparece tras su muerte). Además, para alejar la corte de Delhi, manda construir una nueva capital, Fatehpur Sikri, no muy lejos de Agra. Pero la ciudad fue pronto abandonara por carecer del suministro necesario de agua, y la capital se traslada a Agra.

Y es en las cercanías de Agra, en Sikandra, a unos 10 Km, donde él mismo comenzó a construir su mausoleo en el año 1600, aunque las obras no terminarán hasta el 1613, mientras que Akbar había muerto en 1605 (a los 63 años).

El mausoleo se encuentra junto a la carretera que une Agra con Delhi, por lo que aunque el viaje no incluía la visita al monumento, el chófer paró para que pudiéramos entrar.

Empezamos por la puerta de acceso al recinto, de nuevo de arenisca pero con incrustaciones de mármol:

[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”794″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En el interior, como siempre, el mausoleo en medio de los jardines:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”795″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Por cierto, en los jardines pastaban rebaños de antílopes cervicapra, y había langures en el exterior:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”796″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Volvemos al mausoleo.

El edificio consta de una base de arenisca roja sobre la que se eleva una plataforma de mármol, material que va cobrando cada vez más protagonismo.

Cuando yo estuve no pude acceder a la plataforma, donde se encuentra el cenotafio de Akbar, así que cojo foto de wikipedia:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/1/11/Akbar-tomb.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Pero en este caso, a donde sí pude acceder fue a la cripta donde reposan los restos de Akbar (o no, ya que la tumba fue saqueada y a saber qué hicieron con sus huesos…). Entramos por una única puerta, que se ve en el centro de la imagen superior:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”797″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]A derecha e izquierda de esa puerta nos encontramos con otras puertas que conducen a más enterramientos, de miembros de la familia real supongo.

Entramos por la puerta y nos encontramos con una estancia bellísimamente decorada:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”798″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Desde aquí, tras atravesar un corredor descendente, llegamos a la cámara murtuoria, en cuyo centro nos encontramos el sarcófago de Akbar:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”799″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Por cierto, la acústica de la sala es impresionante, así que yo no aprovecharía para contar secretos si no queréis que se entere todo el mundo.

Para concluir con Sikandra dejo un detalle de la decoración de mármol incrustado en la arenisca:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”800″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Por cierto, Sikandra es un lugar muy tranquilopara visitar, con pocos turistas, nada que ver con la tumba de Huayun, no hablemos ya del Taj Mahal…

A Akbar le sucedió el único de sus hijos que llegó a edad adulta, Jahangir, pese a que éste había conspirado contra su padre unos años antes.

Jahangir volvió a políticas que favorecían al islam, pero eso no impidió que fuera un alcohólico (además de adicto al opio) incapaz de gobernar; el poder recayó sobre su esposa Nur Jehan. Y por ello, el siguiente mausoleo mogol del que vamos a hablar no es el de Jahangir, sino el de su suegro, Mirza Ghiyas Beg, conocido como Itimad-Ud-Daulah, que significa “pilar del estado” (así que lo conocemos como el mausoleo de Itimad-Ud-Daulah). Este hombre fue, además del suegro de Jahangir, el abuelo de Mumtaz Mahal, de quien hablaremos más adelante.

Nur Jehan mandó construir este mausoleo en la ciudad de Agra en 1622, y tiene un gran interés artístico, ya que por fin sustituye como principal material de construcción de los mausoleos mogoles la arenisca roja por el mármol. Aunque de dimensiones más modestas (es conocido como “el pequeño Taj Mahal), es de una gran belleza, como podemos ver en su aspecto exterior:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/4/4d/Agra_Eitmad-Ud-Daulah.JPG/800px-Agra_Eitmad-Ud-Daulah.JPG”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La decoración interior es igualmente exquisita, como vemos en esta imagen con los cenotafios en medio:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/75/Baby_Tomb-Agra_India08.JPG/800px-Baby_Tomb-Agra_India08.JPG”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Volviendo a Jahangir, éste murió en 1627, a los 58. Dado que la ciudad de Lahore fue su residencia favorita, se decidió construir allí el mausoleo del emperador. Aunque con permiso del sucesor de Jahangir, Sah Jahan, parece ser que la principal impulsora de su construcción fue de nuevo Nur Jehan, quien tarda 10 años en construir el edificio de arenisca roja con incrustaciones de mármol en el que destacan los 4 minaretes que volveremos a ver en el Taj Mahal:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/f/f3/Tomb_Of_Jahangir.jpg/1024px-Tomb_Of_Jahangir.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Aún así, destaca que, a diferencia de otros mausoleos mongoles, éste no tenga ninguna estructura sobre la plataforma.

Veamos ahora el ataúd-cenotafio:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/b/bb/Jehangir_Tomb7.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Este mausoleo es uno de los principales atractivos turísticos de Lahore, junto con el que, en las proximidades, la propia Nur Jahan se hizo construir para ella y su hija Ladii Begum (además de otro, de estilo muy distinto, para su hermano). El mausoleo de la emperatriz es de nuevo de arenisca roja:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/f/f7/Tomb_of_Noor_Jahan_at_Shahdara.jpg/1024px-Tomb_of_Noor_Jahan_at_Shahdara.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El aspecto exterior es relativamente modesto, pero el interior es muy interesante, incluyendo el doble cenotafio de la emperatriz y su hija:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/4/40/Grave_of_Nur_Jahan.jpg/800px-Grave_of_Nur_Jahan.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]A Jahangir le sucedió en el trono su hijo Sah Jahan. Tuvo problemas, ya que no era hijo de la todopoderosa Nur Jahan, quien se opuso a que éste heredara el trono. Pero el apoyo de otras mujeres del harén, así como el de su suegro, Asaf Khan, que era hermano de Nur Jahan, le permitieron ser el nuevo emperador mogol.

Su reinado se caracteriza por un retorno cada vez mayor a la ortodoxia musulmana, en perjuicio de la mayor parte de la población hindú. Pero si por algo destaca su reinado fue su amor por su esposa, Mumtaz Mahal. Ella, que al parecer era muy guapa, le acompañaba en sus viajes y frecuentes campañas militares (en el intento de conquistar el sur de la India, que es lo que se les resistía), lo que al final llevó a que ella muriera e los 37 años, en 1631, en el parto de su decimocuarto hijo. Sah Jahan nunca se recuperaría del dolor de su pérdida, así que de inmediato se pondrá manos a la obra a construir el que será el más famoso de los mausoleos mogoles: el Taj Mahal.

Como siempre, entramos al recinto por una puerta monumental:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”803″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Hasta aquí todo normal, no es muy distinta de Sikandra.

Pero una vez dentro nos damos cuenta de que el mausoleo no está en el centro de los jardines, sino al fondo, con sólo dos secciones de jardín en lugar de las cuatro habituales. Y ahí se yergue, majestuoso, el mausoleo del mármol blanco más puro imaginable:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”804″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Como siempre, una plataforma sobre la que se eleva el edificio principal, rodeado de 4 minaretes. Bajo la plataforma, la cripta donde se encuentra la verdadera tumba, no accesible a los turistas.

El edificio principal destaca por sus monumentales puertas y su remate con esa cúpula acebollada. Es el mejor ejemplo de la combinación del arte mogol con el persa, indio e incluso otomano. El mármol está ricamente ornamentado con incrustaciones de piedras semipreciosas y con altorrelieves:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”805″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Antes de entrar en el edificio, nos vamos a fijar en el entorno. Ya que en los laterales de la plataforma hay dos edificios, una mezquita a un lado y otro edificio que seguramente sirvió como casa de invitados al otro extremo, para mantener la simetría, ambos en arenisca roja con decoración en mármol. Y detrás, el río Yamuna, afluente del Ganges.

Veremos una imagen de ese edificio que servía como casa de invitados, hecha a través de las celosías de mármol del interior del mausoleo:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”806″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]No me resisto a poner una imagen de la decoración de este edificio, esas incrustaciones de mármol en la arenisca roja, con motivos vegetales:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”807″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Ahora ya sí, entramos en el interior del mausoleo, en el que no se pueden hacer fotos, así que de nuevo toca recurrir a wikipedia… Y nos encontramos de nuevo con una cámara octogonal, con cuatro puertas monumentales y cuatro pequeñas cámaras laterales en las caras restantes. Y en el centro, una celosía de mármol rodea el cenotafio… pero hay algo que falla:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/e/ec/Interior4.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Tenemos un ataúd en el centro, el que corresponde a la reina (lo mismo sucede en la verdadera tumba en la cripta), pero a su lado hay otro ataúd que rompe la simetría. ¿Qué sucedió?

La construcción del Taj Mahal, que termina en 1648, resultaba demasiado cara, y uno de los hijos de Sah Jahan, Aurangzeb, se oponía a semejante despilfarro. Se enfrentó a sus otros tres hermanos, Muhammad Shuja, Murad Bakhsh y, sobre todo, al primogénito, Dara Shikoh, quien lideraba el sector progresista del gobierno, pro-hindú, y al que se le acusaba de influir demasiado en su padre. Pero Las relaciones de Aurangzeb con su padre eran pésimas, y cuando éste enfermó de gravedad, en 1657, no dudó en luchar contra sus hermanos, y dado que Dara Sikhoh era un pésimo militar a diferencia de Aurangzeb, curtido en sus luchas por conquistar Golconda, los derrotó y asesinó a Sikhoh, acusado de apostasía, y a Murad, mientras qye Shuja consiguió huir a Birmania y se perdió su rastro.

Sin ninguna piedad, Auragnzeb usurpa el trono de su padre y lo mantiene preso en el fuerte rojo de Agra, desde el que, en la lejanía el anciano podía ver el mausoleo de su amada:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”808″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Ya veis que el los días de niebla del otoño la visión no es muy nítida…

No sabemos seguro cuáles eran los planes de Sah Jahan para su tumba (tal vez un edificio similar al Taj Mahal justo enfrente, al otro lado del Yamuna, para completar la simetría, aunque esta teoría está sin demostrar), pero con Aurangzeb estos proyectos no pudieron realizarse, y a la muerte del destronado emperador, en 1666 (con 74 años nada menos), Auragnzeb le hizo enterrar junto a su esposa en el Taj Mahal, así que ese otro ataúd que rompe la simetría es el suyo.

Auragnzeb era lo que hoy llamaríamos un integrista islámico (para quienes piensen que este fenómeno es exclusivo de la actualidad): si su padre había impedido la restauración de templos hindúes, él directamente destruyó muchos, incluso el tan sagrado de Benarés, además de liquidar a cualquier opositor, fuera éste hindú o musulmal. Extendió sus conquistas hasta el sur de la India, pero los hindúes se agruparon en su contra, y a su muerte el imperio mogol perdió casi todo su poder.

Como ya hemos dicho, Aurangzeb era un musulmán radical, fiel seguidor de la Sharia, que desprecia el gasto en monumentos funerarios, así que con él los mausoleos mogoles desaparecen. Construyó un pequeño mausoleo para su primera esposa, que intentaba copiar al taj Mahal pero mucho más modesto en dimensiones, materiales y decoración: el arte mogol estaba ya en plena decadencia. Y él directamente quiso ser enterrado como estipula la sharia, sin ataúd, cubierto por un sudario directamente en la tierra, en la ciudad de Aurangabad:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/1/14/TOMB_aURANGAZEB.JPG/800px-TOMB_aURANGAZEB.JPG”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Triste final para un gran imperio que, por mano de un extremista, cayó en la ruina. Pero por suerte conservamos exponentes de su arte, esos mausoleos mogoles que son mucho más que el Taj Mahal y que, desde luego, bien merecen una visita. Los más de 20.000 visitantes que recibe el Taj Mahal CADA DÍA así lo confirman. Así que animaos, visitar la India tiene muchos alicientes, y os aseguro que estos mausoleos mogoles son uno de los principales.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]



Las catacumbas de Nápoles y Rione Sanità

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Nápoles, una de las ciudades más grandes y ricas de otros tiempos, sigue siendo un foco de atracción turística obvio, dada su riqueza monumental y artística. Bueno, por lo menos en lo que respecta al centro histórico de Nápoles, que más o menos podríamos situar en un triángulo entre la estación de tren de Piazza Garibaldi, la piazza del plebiscito (y extendiéndose por el litoral hasta el castel del’ovo) y el museo arqueológico. Pero todo cambia en cuanto nos dirigimos hacia el norte y ascendemos por la colina del Capodimonte; cuando nos adentramos en el barrio conocido como Rione Sanità, para entendernos. Y no es que le falten atractivos a esta zona, ya que aquí encontramos las catacumbas de Nápoles, que no son pocas, precisamente. ¿Cuál es, pues, el problema? Dejad que os cuente una pequeña historia.




Cuando vas de viaje y programas las visitas del día, corres el riesgo de liarte con los horarios y días de apertura y cierre de los museos y monumentos. Y eso me pasó a mí el primer día que llegué a Nápoles: una de las cosas que tenía prevista visitar ese día estaba cerrada y tuve que cambiar el plan. Así que mi primer contacto con Nápoles no fue con su casco histórico, sino con este Rione Sanità que tuve que atravesar para poder visitar el Cimitero delle Fontanelle (que aparecía recomendado en las guías de viajes y por la información que daban en la propia oficina de turismo). No tenía yo el mejor día, me había pillado un buen trancazo y es más que probable que tuviera fiebre. Así que fue difícil llegar desde el metro hasta el cimitero, atravesando callejones empinados y bajando escaleras… y seguíamos andando, hasta el punto de parecer que nos estábamos saliendo de la ciudad, cuando por fin lo encontramos. El entorno recordaba más a un pueblo de la Castilla profunda que a una ciudad de casi un millón de habitantes… Lo peor vino a la vuelta; teníamos que llegar al museo arqueológico, y de nuevo un laberinto de calles nos lo puso complicado. Y en uno de esos momentos, alguien se bajo de una moto y de un tirón le robó a mi padre una cadena de oro que llevaba al cuello (terminantemente prohibido llevar oro en Nápoles, aviso). No es, desde luego, el mejor primer contacto que puedes tener con Nápoles. Y la cuestión es que al llegar al casco histórico, te das cuenta de que estás en otro mundo, de que lo que has visto de camino no tiene nada que ver con el Nápoles que recorren los turistas, sucio, necesitado de reformas, cierto, pero mucho más animado, con sus comercios de todo tipo y con una sensación de “relativa seguridad” que contrastaba enormemente con lo que acabábamos de ver. ¿Estábamos de verdad en la misma ciudad?

No tardé en descubrir que ese Rione Sanità era un suburbio de Nápoles. Creado a finales del siglo XVI como lugar de retiro de la nobleza y la burguesía de la ciudad (vamos, como la zona rica), actualmente es un barrio pobre. Pero pobre de verdad, con altas tasas de desempleo o empleo precario, y por tanto con mayor tasa de delincuencia y de crimen organizado (no voy a mencionar la palabra mágica, que seguro que todos la estáis pensando). Factores que desde luego ayudan poco a atraer al turismo que tanto ayudaría a la recuperación económica y urbanística del barrio. Porque por falta de atractivo no será, desde luego.

De hecho, en el barrio hay numerosos palacios históricos, aunque destaca más por su patrimonio subterráneo. Y es que antes de ser un barrio residencial, había sido un lugar de enterramiento desde épocas remotas. Tan remotas como el siglo IV a.C., como es el caso de las catacumbas griegas (que no pude visitar). Aunque lo cierto es que de las catacumbas de Nápoles vamos a destacar siempre dos: las de San Gennaro y las de San Gaudioso, a parte del Cimitero delle Fontanelle que ya hemos mencionado, y que en realidad es un osario. Así que vamos a comenzar hablando del más antiguo de estos cementerios subterráneos, las catacumbas de San Gennaro.[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”626″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El origen de estas catacumbas se sitúa en el siglo II, con un enterramiento de una familia romana (su origen no es cristiano, por tanto), que fue ampliándose en lo que actualmente es el piso inferior de las catacumbas. Las catacumbas fueron ampliándose, pero el factor determinante de su ampliación fue el entierro, en el siglo III, de San Agripino, quien fue el sexto obispo de Nápoles y primer patrón de la ciudad (aunque, curiosamente, no fue mártir). Por ello se construyó una basílica sobre la tumba del obispo.

Veamos una imagen de ese piso inferior:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”628″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Justo a la entrada de este nivel nos encontramos con una pila bautismal del año 762, construida por el obispo napolitano Pedro II en la época en la que éste se exilió de la ciudad y se refugió en las catacumbas huyendo del en ese momento imperante partido filobizantino:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”629″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Dejo aquí otras dos imágenes de este nivel inferior, la cátedra y un arcosolio decorado con pinturas murales:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”630″ img_size=”full”][vc_empty_space][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”631″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Pero lo que la convirtió en la más importante de las catacumbas de Nápoles fue el traslado, por orden del obispo Juan I, de los restos de San Gennaro, un nombre que nos vamos a hartar de escuchar en Nápoles. ¿Pero quién fue este San Gennaro?

Para empezar, Gennaro (Jenaro en español) no era napolitano; era obispo de Benevento, otra importante ciudad de la Campania. Lo que sucedió fue que, en el año 305, acudió a visitar a los fieles de Pozzuoli (ciudad vecina a Nápoles). En ese momento la persecución anticristiana de Diocleciano estaba en su máxima extensión, y el gobernador Dragonzio había detenido a Sossio, diácono de Miseno (localidad próxima a Pozzuoli). Gennaro, que era amigo de Sossio, acude ante el gobernador para solicitar su libertad, pero sólo consigue que él  sus acompañantes sean también detenidos. Como ocurre con la mayoría de los mártires de la época, hay mucha leyenda sobre su martirio: se cuenta que tanto él como sus acompañantes fueron condenados a ser devorados por los leones en el circo, pero que estos no les hicieron nada. Ante esto, fueron decapitados. La tradición cuenta que una mujer llamada Eusebia recogió, tras la ejecución, la sangre del obispo en dos ampollas.

El cuerpo de San Gennaro estaba sepultado en el Agro Marciano, pero, como ya hemos mencionado, fueron trasladados a las catacumbas que ahora recibirán su nombre, dada la gran popularidad de la que goza el santo en Nápoles. Y allí fueron sepultados sus restos, en una cripta. Si no era esta de la foto, era una similar (mi memoria no llega a más. Deduzco que es esta porque por algo haría la foto…):[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”633″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Con el traslado de los restos del santo, las catacumbas se convierten en un lugar de entierro muy popular. Se excava un nivel superior que en seguida se llena de nichos y arcosolios en las paredes, hasta el punto de que cuando éstas se llenan, se excavan tumbas en el propio suelo de las catacumbas, como se puede apreciar medianamente en esta foto (no hay mucha iluminación en las catacumbas, no esperéis milagros con las fotos):[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”635″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Como puede verse, las catacumbas de Nápoles se diferencian de las de Roma en la mayor anchura de sus pasillos, entre otra cosa.

Las catacumbas, en las que recibirán sepultura obispos e incluso algunos duques napolitanos (hasta fechas tan tardías como el siglo X), se llenan de decoración, bien en forma de frescos o incluso en forma de mosaicos, desgraciadamente no siempre bien conservados. Dejo dos ejemplos:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”636″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”637″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Pero, aunque todavía continúen usándose por algunos años, estas catacumbas reciben su golpe de gracia en el año 831, cuando el príncipe longobardo Sico I de Benevento asalta Nápoles y se lleva los restos de San Gennaro a su ciudad originaria. Bueno, todos los restos no, en Nápoles permanecen tanto la cabeza como las dos ampollas con la sangre del santo, por lo que su culto permanece intacto en la ciudad. En los siglos siguientes las catacumbas sufren saqueos y destrucciones, aunque su visita se incluye en el Grand Tour en el siglo XVIII, hasta llegar a las restauraciones a partir del siglo XX, de las que hablaremos a continuación. Por cierto, con la añadidura de ese nivel superior, la entrada a las catacumbas pasa de estar cerca del actual puente della Sanità (junto al cual se encuentran también las catacumbas de San Gaudioso) a estar bastante más arriba de la colina de Capodimonte, junto a la Basilica dell’Incoronata Madre del buon consiglio.

Por cierto, los restos de San Gennaro tuvieron a partir de entonces una historia bastante agitada también. Y es que, tras el traslado por parte de Sico I a la Catedral de Benevento, permanecieron allí hasta el año 1.154, cuando, en vista de la poca seguridad que ofrece la ciudad, el rey de Sicilia Roberto I el Malo decide trasladar los restos del santo a la Abadía de Montevergine, en la provincia de Avellino. El problema es que en esta abadía ya hay gran devoción por San Guillermo y por un icono bizantino, por lo que San Gennaro recibe muy poca atención; menos, desde luego, de la que recibiría en Nápoles, donde Carlos de Anjou hace construir en 1303 el busto-relicario que contendrá la cabeza del santo, y su hijo Roberto hará lo propio con las ampollas de sangre. Así, cuando consigan encontrarse de nuevo los restos del santo, la familia Carafa, el cardenal Oliviero y su hermano el arzobispo de Nápoles Alessandro conseguirán que los restos del santo vuelvan a Nápoles en 1.497, para lo que construyen una cripta renacentista bajo el altar de la catedral napolitana. La Capilla del tesoro será posterior.

Pasamos ahora a la otra más destacable de las catacumbas de Nápoles, las Catacumbas de San Gaudioso.

El acceso a estas catacumbas sí que vamos a realizarlo junto al puente della Sanità, precisamente a través de la Basílica di Santa Maria della Sanità, que está pegadita al puente. Se trata de una iglesia barroca, que comenzó a construirse en 1602 por el arquitecto Giuseppe Nuvolo. A parte de la riqueza artística de la iglesia (incluyendo cuadros del gran Luca Giordano), lo más llamativo es el altar mayor:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”643″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y es que el altar mayor está sobreelevado sobre una basílica paleocristiana (que conserva incluso decoración mural, aunque en no muy buen estado), ya que afortunadamente el arquitecto, raro en la época, quiso conservar la edificación preexistente, de forma que se han conservado hasta nuestros días. Basílica que, por cierto, daba entrada a las catacumbas.

El origen de estas habría que situarlo en torno al siglo IV o V, y toma su nombre del Obispo Gaudioso de Abitine (cerca de Cartago), quien fue desterrado por los vándalos y llegó a la costa de Nápoles, donde vivió el resto de sus días adquiriendo fama de santidad. Sepultado en estas catacumbas, es el santo que les da nombre.

Encontramos restos de pinturas murales y de mosaicos de esta época. De estos últimos pongo dos ejemplos:

[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”644″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”645″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Las catacumbas caen en el olvido hasta que, como ya mencionamos, en el siglo XVI Rione Sanità se urbaniza y pasa a ser lugar de residencia de los ricos de Nápoles. Ricos que ahora querrán enterrarse en las catacumbas, que sufren así serias alteraciones. Pero no estamos hablando de entierros al uso, usaban una técnica un tanto extraña:

Existían unos personajes conocidos como schiattamuorto, cuya función era extraer los fluídos del cádaves (por la falta de higiene de la labor, por lo general se trataba de presos). Primero golpeaban y agujereaban el cuerpo usando dos lápidas presentes en la basílica paleocristiana que ejercían, digámoslo así, la función de colador, y a continuación dejaban el cuerpo en unos nichos en la pared conocidos como scolatoi, bajo los cuales se depositaba un cántaro que debía recoger los fluídos. Esto son los scolatoi:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”646″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Una vez terminado el proceso, los huesos se depositaban en los nichos correspondientes, pero el craneo se incrustaba en la pared, donde el artista Giovanni Balducci pintaba al fresco el resto del cuerpo, a menudo con la vestimenta correspondiente al oficio del difunto. El resultado es este:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”647″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Además, seguimos encontrándonos con frescos en los muros, algunos de gran interés:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”648″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Esta forma de sepultura estaba en todo caso destinada a las clases más altas. El propio Balducci renunció al salario que le correspondía para poder ser sepultado en este lugar. Pero pronto se abandonó este tipo de prácticas funerarias, aunque las catacumbas continuaron usándose, especialmente durante la epidemia de peste de 1656. De las grandes dimensiones que alcanzó la necrópolis conocemos hoy sólo una pequeña parte.

Con la llegada a Nápoles de Napoelón y el nombramiento de Joaquín Murat como Rey de Nápoles, se decide vaciar las catacumbas de cuerpos, ya que ahora están en una zona urbanizada, y se trasladan los restos al Cimitero delle Fontanelle, que mencionamos al principio:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”649″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Excavado en la roca, este cementerio ya se había usado como sepultura de muchas de las víctimas de la epidemia de peste de 1656 (en la que murieron unas 300.000 personas), y será también lugar de sepultura de las víctimas de la epidemia de cólera de 1836. Pero esto no es un cementerio; es un osario:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”650″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Se calcula que se pueden ver los restos de unas 40.000 personas, pero que hay muchas más por debajo.

Este artículo tiene el propósito, por supuesto, de potenciar la visita de estos lugares de los que he hablado (dejo aquí un enlace a la página de las catacumbas, que incluye horarios de visita, rutas y demás), pero también el de destacar la labor de la cooperativa social que se ha hecho cargo de estos lugares. Desde un bed and breakfast junto a las catacumbas de San Gaudioso hasta la ocupación del Cimitero delle Fontanelle para conseguir su apertura al público, pasando por labores de restauración y excavación (estas sujetas a los permisos que dé el Vaticano), visitas guiadas (en italiano e inglés) o realización de souvenirs artesanales, esta cooperativa busca potenciar el turismo en Rione Sanità y dar a los jóvenes de la zona una salida laboral frente al desempleo o al crimen. Me pareció una iniciativa muy interesante y necesaria, porque atractivo turístico no le falta a la zona, pero los turistas la ignoran.

Así que cuando vayáis a Nápoles de vacaciones (cosa que os recomiendo), id a ver las catacumbas de Nápoles. A parte del arte y la historia, estaréis contribuyendo a la regeneración de un barrio que lo necesita.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]



Donostia-San Sebastián, Capital europea de la cultura 2016

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Parecía que no llegaba, pero ya está aquí. Aunque no exenta de polémica, Donostia-San Sebastián fue la ciudad española designada para ser Capital Europea de la Cultura 2016 junto a la polaca Wroclaw. Y no podía haber mejor fecha para inaugurar oficialmente esta capitalidad que la fiesta de la ciudad, la tamborrada del 20 de enero, día de San Sebastián.




Lo primero de todo, qué es eso de Capital europea de la cultura, lo va a explicar mejor que yo este artículo de wikipedia, así me ahorro dar esas explicaciones históricas que no es lo que busca este post.

Aunque hay obviamente muchos más factores a tener en cuenta, el patrimonio monumental suele siempre influir en este tipo de eventos. Y a primera vista, Donostia-San Sebastián no tiene un gran patrimonio histórico-artístico que justifique su titulo de Capital europea de la cultura 2016. Pero esto no sea del todo cierto. En todo caso, cabría una pequeña explicación histórica al respecto.

Aunque la denominación Easo ha sido frecuentemente utilizada en la creencia de que la ciudad se alzaría sobre la antigua ciudad romana de Oiasso, hoy día sabemos que esta ciudad romana estaba en la desembocadura del río Bidasoa, en la actual Irún. Lo que sí sabemos es que para el siglo XI existía un monasterio, el Monasterio de San Sebastián, dependiente del navarro monasterio de Leyre. Con el tiempo, junto a él comienza a surgir un núcleo de población.

Pero el rey navarro Sancho VI el Sabio de Navarra necesita un puerto marítimo tras la pérdida del de Bayona, por lo que decide fundar una villa (la primera en territorio gipuzkoano) en el año 1180 (Vitoria la fundará el mismo rey un año después, mientras que Bilbao se fundó en 1.300, por lo que es la capital vasca más antigua). Pero será la única villa que funden los navarros en territorio gipuzkoano, ya que Alfonso VIII de Castilla conquista los territorios gipuzkoanos, y con él comienza la urbanización de la provincia, con numerosas fundaciones de villas bajo los Borgoña y algunas más con los Trastamara (siendo la última Oiartzun, fundada por Juan II en 1453). La urbanización tardía del territorio explica la ausencia de monumentos románicos en toda la provincia.

San Sebastián es un importante puerto comercial, pero los conflictos, la cercanía con el reino de Navarra y otros problemas hacen que el comercio se desplace hacia Bilbao, más seguro, u se convierte en una ciudad eminentemente militar, por lo que sufre graves incendios. El más famoso tiene lugar durante la guerra de independencia, cuando los ingleses queman toda la ciudad excepto la calle más próxima al monte Urgull para poder tomar el castillo, en manos de los franceses el 31 de agosto de 1813 (por ello esa calle que quedó se llama “31 de agosto”, por ser la única que sobrevivió al incendio). DE ahí que, con la excepción de los monumentos que encontramos en esa calle, toda la ciudad sea construida a partir del siglo XIX.

Comenzamos a hacer un repaso a los principales puntos de interés:

La calle 31 de agosto une las dos iglesias que se conservan de la parte vieja (la parte que ocupaba tanto la ciudad antigua como la reconstrucción de 1813, hasta la ampliación de 1863, cuando se derriban las murallas. La más antigua de ambas iglesias es la gótica iglesia de San Vicente, del siglo XVI:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”538″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Desde aquí parte la calle 31 de agosto, esa que fue la única que no se quemó en el incendio de esa fecha de 1813, y que nos llevará, en su otro extremo, a la Iglesia de Santa María del Coro. ES, por tanto, la calle más antigua de Donostia:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”539″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Pero en vez de continuar por esta calle, vamos a retroceder hasta la trasera de la iglesia de San Vicente y, dirigiéndonos hacia la falda del monte Urgull, nos encontramos con otro de los monumentos históricos más importantes de la ciudad, el convento dominico de San Telmo, construido en el siglo XVI en estilo gótico-renacentista por orden del secretario de Carlos I. Esta es su fachada:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”540″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y aquí el claustro, que se puede ver desde los caminos que ascienden a Urgull:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”541″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El convento es actualmente sede del Museo de San Telmo, con colecciones de bellas artes, arqueología y etnografía. Tras una importante reforma fue reinaugurado en el año 2011 y es el museo más importante de la ciudad.

Desde aquí tenemos dos opciones: podemos rodear el monte Urgull por el borde del mar a través del paseo nuevo, que nos lleva directos al puerto (cuidado si hay temporal, las olas tienen una gran afición a duchar a los paseantes…), o podemos ascender al propio monte y visitar los baluartes, galerías y el castillo que forman la fortaleza. Nosotros elegimos esta segunda opción, y tras subir escaleras y cuestas, entramos en la fortaleza por esta puerta:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”542″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Las vistas de la ciudad desde los distintos baluartes que nos vamos a encontrar en el recorrido son espectaculares, ideales para los aficionados a la fotografía, ya que podremos ver la ciudad desde todos los ángulos imaginables.

Antes de subir al castillo visitamos uno de los enclaves más famosos del monte, el cementerio de los ingleses:

[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”543″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Dicen que aquí están enterrados soldados ingleses que murieron en la guerra de independencia (más que soldados serían altos mandos del ejército, claro), pero no estoy yo muy seguro… leyendo esta lápida no me queda nada claro:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”544″ img_size=”full” alignment=”center”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Si este tío murió en la toma de Ayete en 1836, no tiene nada que ver con la guerra de independencia. Qué hacía en Donostia en esas fechas y qué es eso de la toma de Ayete, lo desconozco…

Continuamos ascendiendo hacia el castillo de la mota, por cuestas, escaleras y puertas:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”546″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Ya estamos en la cima de Urgull (123 metros), coronada por el castillo de la mota, en el que no faltan rincones llenos de encanto. Ahí van algunas fotos:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”547″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”548″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Como fortaleza defensiva, nos encontramos con baterías de cañones:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”549″ img_size=”full” alignment=”center”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En el castillo nos encontramos con la Casa de la Historia de la ciudad (entrada gratuita), de interesante visita. Hay también en el castillo 3 capillas, como esta del Cristo de la paz y la paciencia:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”550″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Pero de las 3 destaca la del Cristo de la mota, ya que sobre ella se alza la estatua del sagrado Corazón de Jesús, de 12’5 metros de altura, construido entre 1939 y 1950:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”551″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Esta estatua le da una silueta particular e inconfundible al monte Urgull, visible desde toda la ciudad. Así lo veríamos, por ejemplo, desde el puerto, a los pies del monte:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”553″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Descendemos ya de Urgull. Tenemos varias opciones: podemos bajar al paseo nuevo, al puerto o directamente a la parte vieja. Esa es mi opción, ya que acabaremos a los pies de la iglesia de Santa María del Coro (sí, esa que está al otro extremo de la calle 31 de agosto por la que empezamos el recorrido):[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”554″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Es una iglesia barroca construída en el siglo XVIII sobre una iglesia románica previa, y hasta donde sé es la única iglesia con acceso de pago para los turistas.

A partir de aquí nos encontramos con la reconstrucción de 1813 que conocemos como “La parte vieja”,con trazado en damero, como bien podemos apreciar si nos ponemos de espaldas a la iglesia de Santa María del Coro y miramos de frente:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”555″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y es que ahí, de frente, todo recto, a un kilómetro de distancia, vemos la Catedral del Buen Pastor, de la que hablaremos más tarde.

De la parte vieja destaca la plaza de la Constitución, que fue usada como plaza de toros:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”556″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El edificio del centro es el antiguo ayuntamiento, actualmente una biblioteca.

Salimos de la parte vieja en dirección al puerto, por esta calle:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”557″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y ahí, de frente, el puerto, con el Aquarium al fondo y el museo naval un poco más cerca:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”558″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y a la izquierda, el Club náutico (con su particular forma de barco) y la plataforma sobre la bahía de la Concha:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”559″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Justo al lado del náutico nos encontramos con el antiguo casino, actual ayuntamiento:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”560″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1863, siendo ya Donostia capital de Gipuzkoa, se decidió derribar las murallas para poder ensanchar la ciudad. En el lugar que ocupaban las murallas se construyó un Boulevard al más puro estilo parisino (aunque en los subterráneos del parking del Boulevard es posible ver los restos de la muralla):[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”561″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El ensanche de 1863 fue diseñado por Antonio Cortázar (conocido por tanto como el ensanche de Cortázar) en un estilo muy similar al de París (ciudad a la que se parece sorprendentemente), de estilo romántico construido con arenisca del cercano monte Igeldo, siendo uno de los mejores ejemplos de arquitectura romántica de Europa (de ahí que haga un llamamiento a que la ciudad presente una solicitud para ser declarada Patrimonio de la Humanidad por tal motivo, cosa que me sorprende que aún no se haya hecho).

De este ensanche vamos a centrarnos en dos lugares concretos (aunque podíamos hacerlo en muchos más, como el Teatro Victoria Eugenia y el Hotel María Cristina, por ejemplo). El primero, muy cercano al Boulevard, es la Plaza de Gipuzkoa (la plaza de los patos, por el estanque que hay en medio), que destaca por sus jardines, su monumento a Usandizaga y, sobre todo, el edificio de la diputación de Gipuzkoa:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”562″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El otro punto en el que vamos a detenernos es la Catedral del Buen Pastor.

La necesidad de una parroquia en este ensanche de Cortázar llevó a la construcción de una iglesia, comenzada en 1888, dedicada en 1897 y a en 1899, en estilo neogótico alemán del que destaca su torre central de 75 metros de altura. Con la creación de la diócesis de Gipuzkoa en 1950 (dependiente hasta entonces de la diócesis de Vitoria-Gasteiz), es elegida como catedral en 1953:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”563″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Por el momento dejamos aquí la visita. Me habría gustado poder hablar del barrio de Gros y del Kursaal, de la bahía de la concha (la mitad de los argentinos ya se nos ha escandalizado…), del peine de los vientos, de Igeldo y, sobre todo, de los palacios de Miramar (edificado en el lugar donde estuvo ubicado ese Monasterio de San Sebastián el Antiguo que sería el germen de la ciudad) y de Ayete y del cementerio de Polloe, de los que espero poder hablar más adelante.

Es cierto que hablando de esta Capital europea de la cultura 2016 me he centrado en el aspecto patrimonial de la ciudad, que no es ni de lejos el único atractivo de la ciudad (aunque quizá sí el más desconocido incluso para los propios donostiarras o para quienes vivimos en los alrededores); es obvio que podríamos hablar de la gastronomía (desde los pinchos hasta sus 3 restaurantes con triple estrella Michelín), del Festival del Cine, de la Quincena musical, del Orfeón Donostiarra o el Coro Easo, del teatro, de los conciertos de música clásica y popular, sus fiestas (desde la tamborrada del 20 de enero, día de San Sebastián, hasta la semana grande, a mediados de agosto, con su concurso internacional de fuegos artificiales, del que soy fan, pasando por la bandera de la Concha, la competición de traineras de septiembre), de los deportes autóctonos y, sobre todo, del Euskera, seguramente la única lengua pre-indoeuropea que sobrevive en Europa, y de la que Donostia es la capital en la que cuenta con mayor número de hablantes (lo que le añade un valor cultural todavía mayor). Pero bueno, la intención de este post era intentar conocer un poco mejor la ciudad.

Y desde aquí desear que esta Capital europea de la cultura 2016 sea todo un éxito y que ponga a Donostia en el lugar que le corresponde por su enorme riqueza cultural.

PD: esta vez sí, todas las fotos que aparecen son mías. Y más que se han quedado en el tintero… pero es que el post ya “pesa” demasiado…[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]



Turismo en Londres: Visitando el Parlamento Británico


Como cada año, en las fechas próximas al día de la constitución, el Congreso de los Diputados realiza su jornada de puertas abiertas en la que los visitantes pueden conocer el lugar donde tienen lugar los principales acontecimientos políticos del país, así como contemplar algunas de las obras artísticas que alberga. Pero fuera de esos días, la visita al Congreso no es fácil: sólo los sábados por la mañana, salvo contratación de visita en grupo… o la posibilidad de unirse a alguno de estos grupos si no llegan al número máximo. Vamos, que o estás un sábado por la mañana, o si consigues entrar es de pura potra. Y no, yo no lo he visto. Curiosamente, el que sí he visitado es el parlamento británico, el maravilloso Palacio de Westminster. Y sí, la visita fue pura coincidencia, porque no la tenía planeada en absoluto. Y es que tampoco es fácil de visitar: salvo en agosto, sólo se puede visitar los sábados (aunque en un horario mucho más amplio que el español). Bueno, también se puede ir a ver una sesión parlamentaria, pero no es fácil, porque el aforo es limitado, obviamente. Por eso, no contaba visitarlo. Pero sucedió lo siguiente:




Era un martes, hace año y medio, mes de abril si no me equivoco. Comenzaba el día con la visita de uno de los lugares que más me interesaban de todo Londres, la Abadía de Westminster, que está justo en frente del Parlamento. Ya me había hecho con una London Pass, que incluye acceso gratuito a muchos monumentos, Abadía incluida, con pase preferente (eso que llamamos Fast pass, que en un lugar como la Abadía de Westminster, con unas colas interminables, no os imagináis lo que se agradece). Mis padres no la cogieron, porque los minusválidos y acompañantes a menudo tampoco pagan (o pagan entrada reducida), y tampoco tienen que hacer cola. Además, lo bueno es que en Londres la mayoría de las entradas a lugares como la Abadía incluyen ya la audioguía.

Tras visitar la abadía (visita IMPRESCINDIBLE si vais a Londres), mi intención era ir a la Jewel Tower, una pequeña torre, vestigio del antiguo palacio, que se encuentra justo frente a la Victoria Tower del palacio de Westminster. Yo entro directamente, mientras mis padres cogen el ticket en taquilla, y entonces mi madre me pregunta: ¿Esto cuesta 17 libras? Y la visita es a la 1:30 (del mediodía, obviamente, y en ese era la 1:15). No puede ser, es una torre pequeñita… y cuando miro sus tickets… ¡habían cogido entrada para visitar el parlamento! Pues nada, a coger yo también el ticket (que no va incluido en la London Pass, y que por lo que veo ya cuesta 18 libras) y a correr para acceder al parlamento. Porque es que además hay que pasar un control de seguridad similar al de los aeropuertos, con arco de seguridad, vaciado de bolsillos (como los míos siempre van llenos, la cosa es complicada)…

Por qué siendo un martes de abril sin nada particular pudimos ver el palacio de Westminster, no me lo preguntéis, no tengo ni idea. Pero os aseguro que fue una experiencia que valió la pena. La entrada incluía audioguía, y durante la visita no se pueden realizar fotos.

Comenzamos la visita en el salón Westminster, uno de los pocos vestigios del antiguo palacio que sobrevivieron al incendio de 1834 y el único que vemos en la visita. Este es su aspecto exterior:

El aspecto interior no desmerece del exterior: una enorme sala sin ningún tipo de columnas que sostengan el techo.

Es en esta sala donde recogemos las audioguías y comenzamos la visita:

Vamos escuchando las explicaciones de la audioguía según avanzamos hacia la sala redonda marcada en el mapa que acabo de poner con una E. En este punto nos dirigiremos a la cámara de los Lores (a la izquierda en el mapa, señalada con la letra D), aunque no vamos a entrar directamente desde el pasillo y la antesala, sino que desde esta antesala pasaremos al pasillo que se ve justo encima, y accedemos a la cámara justo por el otro extremo, y la atravesaremos completa para, ahora sí, salir directamente a la antesala. Mientras tanto, la audioguía no explica el funcionamiento de las votaciones, la elección de los Lores y muchos otros detalles. Conviene sentarse en alguna de las butacas del pasillo mientras escuchamos las explicaciones, porque dentro de la sala no vamos a poder sentarnos en los escaños, está totalmente prohibido.

Los pasillos y antesalas de ambas cámaras están adornados con bustos de muchos primeros ministros británicos. La Tatcher aparece por todos lados. Más me sorprendió que, sin haber busto de Tony Blair, si lo hubiera de John Major, con sus gafitas inluídas: a ver, yo lo recuerdo (y hasta le pongo cara) porque era el primer ministro cuando yo era niño, y salía en el telediario y todo eso, pero… ¿alguien puede decirme algo relevante que hiciera este señor? No sé, salí con la impresión de que a la hora de colocar los bustos, los conservadores priman sobre los laboristas… llamadme “teórico de la conspiración” si queréis.

Visitamos de igual forma la cámara de los comunes, donde de nuevo está prohibido sentarse ( y yo que quería sentarme en el escaño de Ed Miliband…). Y de ahí volvemos al mismo lugar por el que hemos entrado.

Con la hora que era, tocó comer en la cafetería del palacio antes de salir. Y una fotito a la salida:

Sí, por desgracia sólo se ve la base del Big Ben. Pero se aprecia muy bien el estilo arquitectónico neogótico (bellísimo en mi opinión) en el que fue reconstruido el Palacio tras el incendio en el siglo XIX.

Lo cierto es que tras visitar semejante maravilla arquitectónica, la visita a la Jewel Tower posterior sabe a poco, aunque tiene su gracia, ya que en ella hay una maqueta que reproduce cómo era el Palacio antes del incendio, y con la información que has escuchado a través de la audioguía, esta maqueta cobra más sentido, la entiendes mucho mejor.

Alzado al borde del Támesis, el Palacio de Westminster, declarado Patrimonio de la Humanidad junto con la vecina Abadía homónima, destaca enormemente en la silueta de Londres. Y ya si cruzamos el río y montamos en la gigantesca noria “London Eye”, las vistas son impresionantes:

Sí, por desgracia cuando monté en el London Eye llovía, pero aún así la vista merece la pena.

Y así fue como, por pura coincidencia, visité el parlamento británico, que ni artística ni políticamente se parece mucho al español. Una visita que os recomiendo y que repetiría sin dudarlo.



Viajes organizados: ¿a favor o en contra?


Cada vez que vamos andando por cualquier ciudad o pueblo mínimamente grande nos vamos a encontrar con alguna agencia de viajes que nos ofrece una variada oferta que seguro que nos abre el apetito (o quizá nos da dolor de estómago al ver los precios). Por eso hay que preguntarse si estos viajes merecen la pena. Así que vamos a analizar algunos factores.




El primero: en mi caso, cuando viajo a una ciudad, me suele gustar ver todo lo posible de ella, visitar todos los puntos de interés: museos, castillos y palacios, iglesias (o sinagogas o mezquitas o lo que corresponda a la región en cuestión), cementerios, ruinas… por lo general los viajes organizados tienen programas muy cerrados y suelen parar poco tiempo en las ciudades para poder disfrutarlas de verdad. Por lo tanto, en aquellos destinos más o menos accesibles (Europa en general, por ejemplo), prefiero ir por mi cuenta.

El tema económico también es importante, por supuesto. Por eso hay no pocos trucos para ahorrar en los viajes que queramos hacer. Por ejemplo, por lo general alquilar un apartamento (y hay varias páginas en internet que ofrecen precios muy buenos) salen más baratos que los hoteles, y ofrecen una importante ventaja: puedes prepararte el desayuno y la cena en “casa”, ahorrándote el restaurante de turno. También valen los bungalows de los campings, con la ventaja estos últimos de que a menudo cuentan con piscina (os aseguro que en Roma en pleno julio se agradece, y no poco), aunque los precios puedan ser algo más caros. Pero casi siempre compensan. Todo es cuestión de buscar por internet y comparar.

Cuando nos vamos a una ciudad grande por lo general no vamos a tener problemas de transporte. Ya habrá metro, tranvía o autobús para desplazarnos. Y aún en el caso de que queramos salir de la ciudad a visitar algún sitio concreto, si no es muy lejano por lo general el tren ofrece buenas opciones. En mi caso, desde Florencia hice escapadas de un día a Pisa y a Lucca en tren y las frecuencias eran más que correctas. Por lo tanto, no es necesario el coche y se puede viajar en avión tranquilamente.

Otra cosa es que vayamos a una zona en la que tengamos que desplazarnos mucho, o queramos hacer una ruta. Ahí tenemos dos opciones: llevar el coche o alquilar uno. Los alquileres obviamente encarecen el viaje, pero a veces las distancias obligan a ellos (también depende de lo que nos guste conducir). Pero también encontramos opciones más que interesantes para llevar nuestro coche: recientemente probé el ferry para ir de Barcelona a Italia, y tanto por precio como por las posibilidades que ofrece es una opción más que interesante.

Casi todas las ciudades (o hasta regiones, como en el caso de Campania) cuentan con alguna tarjeta que ofrece descuentos (o entradas gratuitas) a muchos de los monumentos que seguramente vamos a visitar. Conviene siempre informarse antes de ir para ver si existen, qué ventajas ofrecen y si merecen la pena. Os aseguro que el fast pass en el Coliseo o en la abadía de Westminster merece la pena, y mucho.

Lo bueno de los viajes organizados es que suelen incluir visitas guiadas (aunque cuidado, porque puede que algunas o muchas de las excursiones sean optativas y no estén incluidas en el precio original del viaje). Pero casi siempre vamos a poder encontrar un buen sustituto. En algunos lugares hay visitas guiadas por un precio algo superior al de la entrada libre (por ejemplo en el castillo de Loarre), y algunos otros de hecho sólo pueden ser visitados acompañados de un guía (las catacumbas de Roma o las de Nápoles, por ejemplo). Otra cosa es la oferta lingüística que ofrezcan (de ahí la importancia de tener por lo menos algunas nociones de inglés). Y en la mayoría de los sitios vais a tener audioguías con una mayor variedad de idiomas, en muchos casos pagando un suplemento, pero en otros incluídas en el precio de entrada (la abadía de Westminster que ya mencioné antes, o el castillo de Windsor. También por ejemplo en muchas catedrales españolas, como las de Salamanca, Guadix o Baeza, por ejemplo). Por lo general en los museos las audioguías pueden resultar excesivamente largas, pero en monumentos y palacios son una ayuda muy interesante. Hay lugares en los que incluso el sistema de audioguía va a través del wifi en el móvil (museo de la catedral de la Almudena de Madrid o Monasterio de San Juan de los reyes en Toledo).

Y siempre existe la opción de contratar excursiones in situ. En Roma por ejemplo te ofrecen excursiones de un día a Pompeya (yo no os lo aconsejo), pero también a la villa adrana de Tivoli (no pude hacerla, pero me quedé con las ganas). Incluso el otro día, mirando por internet excursiones en Egipto, hay agencias que ofrecen excursiones más que interesantes (excursión de 2 días desde El Cairo para subir al monte Sinaí y visitar el monasterio de Santa Catalina, o excursión de dos días desde Luxor a Miniah para visitar tell Amarna y Beni Hassan… los precios no eran muy baratos, pero leyéndolo se me caía la baba… y los viajes organizados tradicionales no ofrecen esas posibilidades). Incluso te ofrecen la opción de organizar el viaje a tu medida.

Otro tema a tener en cuenta obviamente es la seguridad. Todo depende de lo atrevidos que seamos, de nuestros conocimientos idiomáticos (difícil moverse por muchos sitios fácilmente sin saber por lo menos algo de inglés) y de lo seguro que sea el país. Aunque eso también es relativo… ayer era más seguro estar en Basora o en Erbil, en Irak, que estar en París (por desgracia y con todo el dolor de mi corazón, que ama con locura la capital francesa). A veces tenemos miedos un tanto estúpidos a lugares con culturas diferentes a la nuestra, pero no por ello son inseguros. Y la amenaza del terrorismo ahora mismo nos afecta a todos casi por igual (pensar que hoy hace 2 años yo estaba en París, alojado muy cerquita del lugar de los atentados, o visitando la abadía de Saint-Denis, pueblo en el que está el estadio en el que también hubo atentados, te hacen darte cuenta de que no estás a salvo en ningún lugar… y todo gracias a esos malnacidos…). Eso no quita que hay lugares peligrosos que es mejor no visitar ni por libre ni e viajes organizados (a ver quién es el guapo que viaja ahora a Mosul o a Palmira… y mira que me gustaría hacerlo, pero…)

Pero claro, resulta que ahora me apetece ir a Myanmar, o a Vietnam y Camboya… cito dos destinos que me encantaría visitar. Por el momento, por supuesto que recurriría a una agencia de viajes. Ya lo hice cando hace 4 años visité la India (una experiencia inolvidable y sumamente recomendable). Pero ahora que he podido conocer un poco el país y entender cómo funcionan las cosas, la próxima vez que vaya preferiría organizarme yo el viaje (aunque sea a través de una agencia que te haga el viaje a medida). Claro que en aquel viaje tuvimos guía y chofer para nosotros solos, y por muy buen precio. Así que, como en todo, hay que valorar los pros y los contras de cada opción. Pero desde luego, en mi caso, siempre que sea posible, evito los viajes organizados. No van conmigo. Si en cambio a ti sí te van, pues haz lo que veas mejor.



Una calle de París: Jean Jaurès


No sé si es posible encontrar en Francia una ciudad que no tenga una calle dedicada a Leon Gambetta (mejor no cuento la historia de cómo descubrí yo ese nombre…). Aunque no tan frecuente, otro nombre bastante habitual en el callejero francés, especialmente en las ciudades del sur (aquí al lado mío las hay en Bayona, Biarritz y Ciboure, por ejemplo), es el de Jean Jaurès. Y bueno, ya aprovecho para titular este post con un particular recuerdo a mis paisanos de Duncan Dhu, ya puestos…




La primera vez que oí (o mejor dicho leí) ese nombre fue cuando, en noviembre hará dos años, estuve en París. De los 5 días que estuve, los tres últimos estaba solo, así que iba a mi bola y a mi ritmo. El primero de ellos, el miércoles, fui desde el apartamento en el que estaba alojado, en el barrio obrero de Beleville, al parque de Buttes-Chaumont a dar una pequeña vuelta. Mi siguiente parada era el cementerio de Père-Lachaise, así que cogí el metro y me tocó hacer transbordo en una estación llamada Jaurès (porque la estación está en la avenida Jean Jaurès, obviamente). Por algún extraño motivo el nombre ya me llamó la atención.

Pasan dos días y llegamos al viernes, mi último día en París, que dedico a conocer la zona al sur del Sena. Y una parada imprescindible es el Panthéon. Allí, en la cripta,  son sepultados los restos de ilustres franceses que han tenido una gran trascendencia en la historia de su país. Allí están Voltaire y Rousseau, el corazón de Gambetta, Pierre y Marie Curie, mi admirado Victor Hugo, el no menos grande Alejandro Dumas (padre)… vamos, un lugar casi mágico para un mitómano como yo. Y entre todos esos ilustres franceses me encuentro un nombre para mí desconocido: Jean Jaurès. Así que me detengo brevemente a leer por encima lo que cuentan de su historia. Y con lo poco que me enteré en ese momento ya me di cuenta de que es un personaje muy interesante al que me temo que muy poca gente recuerda, al menos fuera de Francia. Así que vamos a contar algunos detalles de su historia.

Jean Jaurès nace en Castres (esa ciudad de los pirineos centrales franceses en la que hay un museo dedicado a Goya) el 3 de septiembre de 1859 en el seno de una familia pequeño-burguesa. Estudia filosofía y trabaja como profesor.

En 1885, con 26 años, consigue ser elegido diputado por el departamento de Tarn. Por cierto, Tarn es un departamento situado en la región de Midi-Pyrénées y con capital en Albi, ciudad destacada por ser la cuna del pintor Henry Toulouse-Lautrec, por dar nombre a la cruzada contra los cátaros (la cruzada albigense) y por su bellísima catedral gótica policromada. Bueno, volvemos a Jaurès: con el III imperio caído en la década anterior y las disputas entre monárquicos y republicanos, él se une a estos últimos. En este momento teme la violencia de los socialistas, aunque se interesa por las causas sociales y propugna la unión de la clase obrera con la pequeña burguesía para poder reformar el país y devolverle los ideales revolucionarios.

4 años después vuelve a haber elecciones, en las que los republicanos obtienen por fin la victoria. Pero curiosamente Jean Jaurès no lo consigue: pierde en su departamento frente al Marqués de Solages, miembro del consejo de administración de las minas de Carmaux. Tras este golpe se refugia de nuevo en la docencia, durante la cual se adentra más en el mundo socialista alemán.

Pero un incidente cambiará su vida por completo: en 1892 estalla una huelga en las minas de Carmaux. El consejo de administración de las minas (del que formaba parte el diputado regional, como ya hemos mencionado) expulsa de su puesto al alcalde electo de Carmaux (municipio que ronda ya los 10.000 habitantes), Jean Baptiste Calvignac. Los obreros de las minas inician una huelga para defender a su alcalde, pero la república se posiciona a favor de los propietarios frente a los obreros. En este momento Jean Jaurès se da cuenta de que la república busca más los intereses de las finanzas y los industriales frente a la clase obrera y al respeto al ciudadano. Jaurès ya no es un republicano, sino un socialista.

La presión de la huelga obliga al gobierno a arbitrar en el conflicto entre Calvignac y Solages, que ganará el primero. Solages dimite como diputado y Jean Jaurès es elegido para sustituirle por parte de los mineros, pero ya no como republicano, sino como socialista independiente. Desde su cargo defenderá las causas sociales.

En 1984 surge un gran problema en Francia: el caso Dreyfus. Sería interesante hablar más detalladamente de él en otra ocación, pero se impone resumir brevemente el conflicto: un oficial del Estado Mayor francés estaba actuando como espía para los alemanes. Las sospechas recayeron sobre el capitán Alfred Dreyfus, de origen judío, aunque no había pruebas serias que lo inculparan. Los medios de comunicación, azuzados por la derecha y potenciando los sentimientos antisemitas del pueblo, atacaron a Dreyfus, quien fue declarado culpable y desterrado a la Guayana Francesa. Mientras tanto, muchos intelectuales, encabezados por Émile Zola, defendieron la injusticia del caso y la inocencia de Dreyfus (hoy día absolutamente demostrada). Y aquí es dónde se abre el debate entre los socialistas: Dreyfus era un oficial burgués, pero también era víctima de una flagrante injusticia. Tras unos titubeos iniciales, la presión popular hizo que Jaurès se decantara por la defensa de Dreyfus, quien al margen de su clase social era víctima de una injusticia, y los socialistas se oponían a cualquier tipo de injusticia.

Pero no todos los socialistas pensaban como él: los marxistas radicales priorizaban su visión de Dreyfus como burgués, lo que provocó una división entre los socialistas franceses que no terminaría hasta 1905, bajo presión de la internacional socialista.

Pero Jaurès es un idealista, que sigue defendiendo la reforma de la sociedad desde la propia república, sin los conflictos violentos de la lucha de clases. Portavoz del grupo socialista en la asamblea francesa, apoya el gobierno del bloque de izquierdas de Émile Combes, durante el que ocupa el cargo de vicepresidente de la cámara y encabeza la redacción del algunas reformas. Pero no tarda en desilusionarse por la lentitud de estas, y cuando en 1904 no es reelegido como vicepresidente, renuncia a apoyar a gobiernos republicanos, lo que no impide que, tras la fusión de los distintos grupos socialistas, consiga que la sección más radical se integre en el juego político.

En mi opinión es de destacar el hecho de que en 1911 defendiera la enseñanza en las escuelas del occitano (que todavía se hablaba en su región de origen), el bretón y el euskera. De poco sirvió, y hoy, más de un siglo después, los tres idiomas están en grave riesgo de desaparición en Francia.

El otro aspecto más destacable de Jaurès fue su pacifismo, especialmente durante la guerra de los Balcanes de 1912-1913. El fantasma de una guerra en Europa desaparece con el fin de esta guerra, y todo parece  marchas bien, hasta que…

Unos disparos en Sarajevo el 28 de junio de 1914 sacuden al mundo. La tensión acumulada entre distintas potencias europeas está a punto de estallar, y una ola de nacionalismo sacude los países europeos. Todos están dispuestos a ir a la guerra… menos Jaurès. El 23 de julio da un discurso en Lyon en el que culpa a las élites de los países europeos de la situación y, recordando lo acordado en la internacional socialista, llama a todos los obreros de los diferentes países implicados a oponerse a la guerra y convocar una huelga general con el fin de detenerla.

Pero poco consigue: la guerra comienza apenas 5 días después, el 28 de julio. Y el ultranacionalismo chauvinista francés no podía dejar que Jaurès lo estropeara todo: una campaña de calumnias y odio contra él provoca que sólo 3 días después, el 31 de julio, un estudiante nacionalista, Raoul Villain, le pegara a corta distancia dos tiros en el  Café Le Croissant de la calle Montmartre de París. Su muerte dejó a la izquierda sin un líder antibelicista, por lo que incluso muchos socialistas renuncian a la huelga general para unirse a la guerra.

La cosa no termina ahí: Villain es absuelto del asesinato en 1919, en un contexto todavía fuertemente nacionalista. Curiosamente, Villain, exiliado en Ibiza, es asesinado en 1936 por un grupo de anarquistas que, sin saber quién es, piensan que puede ser un infiltrado de los sublevados en la Guerra Civil Española.

Pero pocos años después, la figura de Jaurès fue por fin restaurada, y sus restos fueron llevados al Panthéon:

Todo había cambiado, y aunque tarde, muchos comenzaron a darse cuenta de que Jaurès tenía razón. Además, al margen de estar de acuerdo con él o no, está claro que fue coherente con su ideología hasta sus últimas consecuencias. Y no deja de resultar curioso que, viendo hoy día a tantos líderes de la izquierda volverse sumamente reaccionarios con la edad, Jaurès fuera virando cada vez más a la izquierda a lo largo de su vida.

Así que ya sabéis, la próxima vez que vayáis a París (“Siempre nos quedará parís, no lo teníamos, lo habíamos perdido; pero viniste a Casablanca y lo recuperamos”), aprovechad vuestra vuelta por el barrio latino o vuestra visita a la Sorbonne (no sé si se puede visitar la tumba de Richelieu en la capilla de la universidad… otro punto a favor de visitar la zona), aprovechad la ocasión para visitar el Panthéon. Os aseguro que merece la pena. Y mientras visitéis en la cripta las tumbas de tantos ilustres franceses, cuando os encontréis con el nombre de un tal Jean Jaurès, ya sabréis quién fue y por qué mereció que sus restos fueran llevados al lugar donde sólo pueden reposar aquellos que marcaron de forma destacable la historia de Francia. Juzgad cada uno si en su caso esto se cumple.



Recordando a Schubert en Viena

[vc_row][vc_column][vc_column_text]¡Qué odioso llega a ser el Facebook en ocasiones! Le da por ponerse en plan “Hace un año colgaste esto”… y claro, hace un año… ¡estaba en Viene! Hace un año estaba en una ciudad maravillosa, y hoy estoy atrapado en casa… ¿le pagan los psicólogos algo a Mark Zuckerberg por darles más clientela? Porque lo parece, desde luego.




Ya hablé aquí de uno de los lugares que más me fascinó de Viena. Pero en una ciudad como esta, son muchos los lugares inspiradores… muchas veces cuando voy de viaje suelo decir, medio de broma medio en serio, que voy a visitar a los antepasados… esos personajes a los que admiro, que de alguna forma pueden haber influido en mi vida… puede ser Carlos I en El Escorial, Chopin o Delacroix en Père-Lachaise, Rossini en Santa Croce de Florencia o Rafael Sanzio en el Panteón de Roma… pues en Viena había unos cuántos “antepasados” a los que visitar: Beethoven, Brahms, Johann Strauss, Mozart, Franz von Suppé… pero hay uno que destaca por encima de ellos… ya desde los 13 años más o menos que soy fan de él, y que ahora, al acercarme a la edad de su muerte, hace que me pueda sentir más identificado con él: Franz Schubert.

Muchos recuerdan a Schubert por sus Lieder, o por su música para piano o de cámara… y en estos campos compuso maravillas, desde el Schwanengesang a la Fantasía Wanderer, los tríos con piano o La muerte y la doncella… pero a mí el que más me gusta es el menos conocido Schubert orquestal. Soy especialito hasta para eso…

No es difícil imaginarse entonces que mi visita a Viena tenía, entre otros objetivos, “presentar mis respetos” al genio de las gafas, y visitar por tanto alguno de los lugares a él dedicados en Viena. No pude llegar a tiempo para visitar su casa natal (Schubert no salió de Viena en su vida… suena triste para alguien como yo a quien le encanta viajar, pero Viena bien vale vivir en ella), pero vi algo que me conmocionó mucho más: la casa en la que murió.

Hay que bajarse del metro en la estación Kettenbrückengasse, justo delante del Naschmarkt (golosos, absteneos de entrar: corréis el riesgo de perder peso en los bolsillos pero a costa de engordar como un cerdo… ¡os lo digo por experiencia!). Cogemos la misma Kettenbrückengasse y llegamos al pequeño pisito, en una primera planta, de 3 habitaciones, en el que Schubert pasó sus últimos meses (en realidad no llegó ni a dos meses, pero bueno), junto a su hermano Ferdinand, su cuñada y sus sobrinos. La casita tiene 3 habitaciones y apenas algún objeto de época, pero es la casa de Schubert, y eso le da una magia especial. Ya empezando por esto:

[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”217″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El hombre que estaba en la recepción de la casa-museo apenas sabía inglés, y yo no sé alemán, así que comunicarnos no era fácil, pero bueno, aún así le pregunté si no se suele usar el piano (que perteneció a Ferdinand Schubert, y que por tanto es más que posible que usara Franz) para dar algún tipo de recitales o similares en esa casa (para mí algo así sería una experiencia mágica), pero es que está estropeado… hay teclas que no funcionan… mi cabreo en ese momento fue considerable, claro.

En las casas-museo de Viena suele haber unas mesas con dos auriculares en las que puedes escuchar obras del compositor en cuestión. Yo seleccioné ésta (creo que es la misma versión):[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=rf9dCGFnWoM”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La emoción me llevó casi hasta las lágrimas… estar en el lugar donde Schubert compuso (y seguramente interpretó) una de sus obras más famosas, esta bellísima Serenata, es una emoción muy difícil de describir (y de entender para la mayoría, seguramente). Ahí, con una salud precaria que empeoró por las condiciones del lugar, un Schubert terminal todavía nos regaló algunas obras maestras, de una calidad difícil de comprender para su breve existencia.

No falta tampoco la ocasión de hacerse una foto para el recuerdo:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”218″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Bueno, también me hice foto con el piano, pero es que uno es muy friki, ¡qué queréis!

El otro lugar de visita obligada es el Zentralfriedhof, el cementerio central de Viena. Hay que destacar que Schubert no fue originalmente enterrado aquí (ni Beethoven tampoco), sino en otro cementerio que fui incapaz de encontrar, pero con el tiempo se llevaron sus cuerpos al enorme cementerio vienés donde se encuentran rodeados de las tumbas de no pocos ilustres músicos.[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”219″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y ahí estuve yo haciéndome bastantes fotos (algunos me consideraréis macabro, vale, lo acepto), entre ellas la que es mi foto de perfil de Twitter:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image=”220″ img_size=”full” alignment=”center”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]¿Por qué elegí esta? Creo que ya es obvio: mi gran admiración a Schubert me obliga a ello.

La última parada fue el Stadtpark, en el que encontramos no pocas estatuas de ilustres músicos austriacos, entre los que, por supuesto, no podía faltar Schubert, de donde sale la foto principal de este post.

Pues eso, muchos irán a Viena a visitar a Sissi, pues yo fui a visitar a Schubert. Y volvería de nuevo ahora mismo (a visitar a Schubert y a ponerme las botas a tarta, por supuesto). ¿Alguien más se apunta?[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]



Turismo en Viena: la Cripta imperial de los Habsburgo.


¿Por qué vamos a hablar en este post sobre la Cripta Imperial de los Habsburgo? Bueno, seguro que a todos nos ha pasado que, al volver de unas vacaciones, la primera pregunta con la que nos encontramos es: ¿Qué es lo que más te ha gustado? Ay, cuánto nos gusta jerarquizar, hacer listas… (vale, lo confieso, a mí también…. ya saldrán listas en este blog, ¡ya saldrán!) Pero lo cierto es que es una pregunta que me resulta muchas veces difícil de responder: muchas veces ves cosas muy distintas, de estilos y épocas muy variados, y por lo tanto citar a uno por delante del otro me resulta un poco como “menospreciar”, “infravalorar” esas otras épocas o estilos… por ejemplo: ¿qué te ha gustado más de Roma: la Roma antigua, la gótica, la renacentista, la barroca… ? Pues cada una es distinta y me influye de distinta forma, no voy a elegir una de ellas por encima de las otras.




Bueno, me preguntaréis que a qué viene esta chapa. Pues bien, en octubre del año pasado por fin me animé a viajar a zona germanoparlante, cosa que me daba un poco de miedo porque no sé alemán y mi inglés tampoco es maravilloso… pero vamos, que tenía delito que en 29 años de vida todavía no hubiera pisado Viena, la ciudad de a música. Una semanita en la que pude ver como el 80-90% de las cosas que quería (y la primera vez que fui a la ópera fuera de España, a un Turandot en la Volksoper al que volvería ahora mismo). Y claro, lo típico, a la vuelta “¿Qué es lo que más te ha gustado?” Pues el Schönbrunn, obviamente. Y la catedral. Pero hubo un lugar, no demasiado conocido (no esperéis que os lleven en uno de estos circuitos de “Las ciudades imperiales”, eso seguro), que me fascinó. Una visita de esas que te “dan hambre”, que abren tu curiosidad y te obligan a investigar tantas y tantas cosas cuando vuelves a casa… aprendí historia de Austria y del Sacro Imperio como no lo habría hecho de otra forma. Y ese lugar es la Kapuzinergruft, o cripta de la Iglesia de los Capuchinos (iglesia que no visité, por cierto), que es la cripta imperial de los Habsburgo. Quizá fue porque cuando fui apenas sabía de su existencia, por lo que todo lo que me fui encontrando fue una verdadera sorpresa. Lo cual tiene sus ventajas, pero también sus inconvenientes, ya que me perdí demasiados detalles interesantes. Así que tenéis dos opciones, ir y sorprenderos o leer este artículo y saber lo que os vais a encontrar… o mejor aún, ir leyendo esta información durante la visita, como si de una visita guiada se tratara.  Pero antes de describir la visita, permitidme hacer un poquito de historia.

Al igual que la monarquía inglesa o los Trastamara castellanos, los Habsburgo carecían de un panteón real, un emplazamiento en el que todos los emperadores fueran enterrados (como por ejemplo sí tenían los monarcas franceses en la Basílica de Saint-Denis). Así, por ejemplo, Federico III fue enterrado en la catedral de Viena, Maximiliano I en la capilla del castillo de Wiener Neustadt, Carlos I en España en el Monasterio de El Escorial y Fernando I, Maximiliano II y Rodolfo II en la catedral de Praga. Hasta la llegada de Matías, que es el emperador que nos interesa.

Pero hay algo más que tener en cuenta: tras la aparición del Luteranismo, el Sacro Imperio sufrió numerosas guerras que culminaron con la Dieta de Augsburgo de 1555: en esta, tras ser recientemente derrotado, Carlos V (Carlos I de España) tuvo que aceptar la existencia de principados luteranos (sólo luteranos, no calvinistas) bajo su imperio, partiendo de una ley básica: era el príncipe el que tenía la potestad de elegir la religión de sus súbditos, católica o luterana. El problema principal se dio en Austria, bajo control directo de los emperadores Habsburgo, católicos, donde el pueblo era, en su mayoría, luterano. Carlos V abdica en 1.558 cediendo el trono imperial a su hermano Fernando I, más conciliador con los luteranos, quien a su muerte es sucedido por su hijo Maximiliano II, acusado por muchos de ser pro-protestante (entre esos muchos, por supuesto, estaba el Papa, ¡faltaría más!). Así que su entorno se encargó de que sus hijos fueran educados es la más estricta ortodoxia católica. Y así fue como, a su muerte, su hijo Rodolfo II vuelve a la ortodoxia, dando origen a la religiosa guerra de los 30 años. Rodolfo II muere sin descendencia en 1.612, y es sucedido por su hermano, Matías. Y así entramos ya en materia:

Viendo que su hermano no iba a tener descendencia y que, por tanto, le iba a tocar a él sucederle, se casa en 1.611 (a los 54 años, nada menos) con su prima, Ana de Tirol, hija del Archiduque Fernando II y nieta por tanto del Emperador Fernando I, quien tenía 26 años. Matrimonio inútil, ya que no tuvieron descendencia, por lo que a la muerte de Matías el trono imperial pasó a su primo, el Emperador Fernando II.

Ana de Tirol, al igual que su madre, la italiana Ana Catalina Gonzaga, era muy “piadosa”, una católica devota, y recordemos que por esas fechas Viena era una ciudad fundamentalmente luterana. Es por eso que, en 1.617, asigna un terreno dentro de las murallas de la capital, cerca del palacio imperial de Hofburg, para la construcción de un convento capuchino en el que, además, quería ser enterrada junto a su esposo en la cripta de la iglesia, justo bajo la capilla imperial. La cripta no era más que la tumba de la pareja, ya que, al no tener descendencia, no había hijos junto a los que ser enterrados.

Ana morirá sólo un año después, en diciembre de 1.618, con la iglesia apenas comenzada, y su esposo Matías la siguió pocos meses después, en marzo de 1.619. Cumpliendo con su deseo fueron enterrados en la cripta de una iglesia que tardará años en ser concluida, especialmente por la Guerra de los 30 años que afectaba al imperio. La iglesia será consagrada por Fernando II en 1.632. Pero en principio hasta aquí llega su historia como Panteón Imperial, ya que Fernando II construyó un mausoleo junto a la Catedral de Graz. Pero su hijo y heredero, Fernando III, decide por edicto que a partir de su reinado, la cripta de los Capuchinos se convierta en el panteón imperial de los Habsburgo. Y así es como su hijo, Leopoldo I, realiza en 1.657 la primera ampliación de la cripta.

Hasta aquí los antecedentes y el contexto histórico de la Cripta Imperial de los Habsburgo. Vamos ya con la visita.

La Iglesia de los Capuchinos, bajo la que se encuentra la Cripta Imperial de los Habsburgo, está muy céntrica, nos la vamos a encontrar si bajamos de la catedral hacia la Albertina, el Hofburg, la Staatsoper y la estación de metro Karlsplatz, a mano derecha. Está en la Neue Markt Platz, justo al comienzo de la Tegetthoffstrasse (la calle que nos lleva directamente a la Albertina y a la oficina de turismo). El precio de entrada a la cripta es de 5 euros, con descuento si tienes la Vienna Card. Como ya mencioné al principio, no es un lugar muy frecuentado por turistas (aunque siempre va a haber visitantes), por lo que se puede recorrer con absoluta tranquilidad (salvo quizá en temporada alta, no lo sé porque estuve en fechas menos habituales, aunque aún así era difícil moverse por el Hofburg o el palacio de Schönbrunn). En una media hora (45 minutos como mucho) se visita con tranquilidad, salvo que quieras fijarte en todos y cada uno de los detalles, claro.

Las fotos que acompañan al texto están en algunos casos extraídas de wikipedia, pero en otros son las fotos que yo mismo hice durante la visita. Ergo, a diferencia del Escorial, aquí sí se pueden hacer fotos. Otras diferencias con el Panteón del Escorial son:

-El Panteón del Escorial es jerarquizado: reyes y reinas madres de rey en el panteón de los reyes, infantes y reinas que no fueron madres de rey en el panteón de los infantes. En Viena no hay separación, padres e hijos están todos juntos sin importar el puesto que ocuparan (o incluso que ni siquiera nacieran vivos). En total aquí reposan los cuerpos de 142 personas, más las urnas con corazones o restos incinerados de otras 4. La sepultura más reciente data de 2011, la del Archiduque Otto, hijo mayor del último emperador, Carlos I. Y todavía hay una plaza reservada para la esposa de Carl Ludwig, otro de los hijos de Carlos I, la archiduquesa Yolanda. Pero en general la mayoría de los miembros actuales de la familia Habsburgo prefieren ser enterrados en la Abadía de Muri, en Suiza, donde a parte de los corazones del último emperador, Carlos,  y de su esposa, la emperatriz Zita, están enterrados dos de sus hijos.

-No sé por qué estúpida razón, en el Escorial los reyes no están embalsamados, sino que se dejan “pudrir” sus cuerpos hasta que solo quedan los huesos, que son depositados en el ataúd correspondiente. Algo extraño porque el embalsamamiento era habitual entre los reyes de Castilla, Aragón, Francia… y entre los propios Habsburgo. De hecho, pocos son los cuerpos de la Cripta Imperial que no fueron embalsamados (entre estos últimos estarían José II, el monarca ilustrado, y sus dos esposas). Eso sí, en la mayoría de los casos las vísceras fueron extraídas y depositadas en urnas en la cripta ducal de la Catedral de Viena, en el pasillo que conduce al sepulcro del emperador Federico III, y que podemos visitar en el recorrido de las catacumbas de la Catedral. Y la mayoría de los corazones fueron de igual modo depositados en urnas y guardados en la Herzgruft de la Augustinenkirche, junto al Hofburg (esta no pude visitarla, se puede visitar pero los horarios y días de apertura son muy reducidos, y hay que informarse con antelación).

-Otra diferencia fundamental es que esta cripta vienesa se va ampliando según las necesidades, por lo que nos vamos a encontrar con una gran diversidad estilística, tanto en arquitectura como en el diseño de los sarcófagos/ataúdes. Eso sí, todos los ataúdes menos uno (que enseguida notaréis cuál es) son metálicos. La excepción es uno de piedra. Dentro de estos ataúdes metálicos (de cobre, bronce, otras aleaciones diversas o incluso de plata), reforzados en su interior, los cuerpos reposan en ataúdes de madera más pequeños. Por lo demás, todos los ataúdes están debidamente candados, para evitar los posibles desastres que podríamos causar curiosos como yo intentando abrirlos…

Se hace necesaria una pequeña explicación: ¿Por qué estas comparaciones constantes con el panteón real de El Escorial? Muy sencillo: es el otro panteón real que construyen los Habsburgo (los de la rama española, pero Habsburgo al fin y al cabo) en el siglo XVII.

Y una última explicación: la cripta imperial de los Habsburgo ha tenido numerosos problemas de conservación y de “sobrepoblación”, por lo que ha tenido que ser restaurada (muchos sarcófagos, dañados por la humedad, estaban corroídos, e incluso habían sufrido robos en sus decoraciones. Ahora vuelven a lucir impecables), ampliada (la “nueva bóveda”) y reorganizada. Ya iremos añadiendo detalles a medida que avancemos en la visita.

Dejo antes de seguir un enlace a la página oficial de la cripta imperial de los Habsburgo, con información de horarios y tarifas (página disponible en alemán e inglés).

Venga, vamos a entrar de una vez.

Bien, esta es la fachada de la iglesia. Si queréis visitar la iglesia, entrad por la puerta del medio, la del pórtico. Pero si lo que vamos a visitar es la Cripta imperial de los Habsburgo, entonces tenemos que entrar por la puerta de la derecha. Ahí está la taquilla (donde os darán un folleto con un plano de todas las tumbas, un sencillo árbol genealógico de los Habsburgo y un pequeño resumen en 9 idiomas, incluido el español) y las escaleras por las que descenderemos al plano subterráneo (hay ascensor para minusválidos, que pueden realizar sin problemas todo el recorrido). Una vez abajo atravesamos un pasillo moderno y, de pronto, tras atravesar una puerta… ¡viajamos al pasado de golpe!

Este es el plano dela Cripta Imperial de los Habsburgo, al que vamos a volver muy a menudo a lo largo del post para orientarnos por las distintas estancias de la cripta, por lo que os tocará andar subiendo y bajando según leáis la descripción del recorrido… pero no se puede hacer otra cosa.

Bien, hemos entrado por esa zona rayada que está justo sobre la B. Pero vamos a ignorar esta parte de momento y nos vamos directos a la A, que encontraremos justo de frente.

A: Bóveda de los fundadores.

Este es el núcleo original del panteón, ya que en esta pequeña estancia, unida por un pasillo al resto del panteón, es donde se encuentran los sepulcros de Matías y Ana.

Como bien se puede ver, son ataúdes muy sencillos de ornamentación. Y olvidaos de acercaros más, porque la verja suele estar cerrada (por lo menos así estaba cuando yo estuve). No conviene entretenernos más aquí, porque nos queda mucho por ver. Mencionar en todo caso que el diseño podría recordarnos al de la Cripta de la catedral de Viena, al panteón de Federico III, con la diferencia de que en este caso no hay ataúdes de los descendientes de la pareja, ya que no los tuvieron, como ya hemos dicho.

C: Cripta de Leopoldo y B: Columbario.

A la derecha de la puerta por la que hemos accedido encontramos 12 nichos en la pared, en dos grupos de 6, separados por una urna que contiene el corazón de María Ana, hija de Leopoldo I y reina de Portugal al casarse con Juan V (el cuerpo de la reina está sepultado, obviamente, en el panteón de los Braganza en el Monasterio de Sao Vicente de Fora, en Lisboa). Los nichos de la pared son de factura reciente, hechos en los años 60, para ubicar en ellos los restos de 12 niños que anteriormente estaban ubicados a lo largo de la cripta de Leopoldo en ataúdes que carecían de mayor interés, por lo que fueron recolocados en 12 nuevos ataúdes idénticos.

4 de estos niños eran hijos de Fernando III, otros siete eran hijos de Leopoldo I y el restante es un nieto de este último. El más afortunado, el archiduque Felipe Augusto, llegó a vivir dos años. Otros, como el nieto de Leopoldo, que ni siquiera tiene nombre, murieron con un solo día de vida. Las tasas de mortalidad infantil en la época eran altísimas incluso entre las familias reales, como bien prueba este triste columbario. Este es uno de los motivos de la gran cantidad de hijos que tuvieron muchos de estos emperadores para asegurarse un sucesor (para hacerse una idea, la famosa emperatriz María Teresa tuvo 16 hijos, nada menos. Los emperadores lo tenían más fácil ya que a menudo se casaban más de una vez, pero en el caso de María Teresa los tuvo ella solita, con lo peligrosos que eran los partos en la época).

Si seguimos por la bóveda nos vamos a encontrar con los ataúdes de varios archiduques y archiduquesas (hijos de los emperadores, para entendernos), las 3 esposas del emperador Fernando III, las tres de Leopoldo I y dos tumbas en las que nos vamos a detener un poquito más:

Este sencillo ataúd es el del Emperador Fernando III, en cuyo reinado concluiría la Guerra de los 30 años.

Próximo al anterior está este ataúd perteneciente al hijo mayor de Fernando III, Fernando IV, rey de Hungría y de Bohemia, pero no emperador, ya que murió antes que su padre. Este es el primer caso en el que las vísceras, el corazón y el cuerpo se entierran en los tres lugares distintos que mencionamos más arriba (es el primer caso porque, recordemos, murió antes que su padre, al que aplicaron el mismo proceso):

El ataúd de Fernando IV es el tercero por la izquierda. El primero por la izquierda, del que se ve la mitad, es el de su padre, Fernando III, del que ya hemos hablado. El segundo es el de la Archiduquesa María Antonia, hija de Leopoldo I (nieta por tanto de Fernando III y sobrina de Fernando IV) y esposa del Elector de Baviera Maximiliano II Manuel. El de Fernando IV es el más sencillito de todos, en parte debido al hecho de ser uno de los primeros (si no el primero) que se diseñaron. Contrasta con el que se ve a su derecha, mucho más ornamentado: pertenece al Archiduque Leopoldo Juan, único hijo varón de Carlos VI, que murió con sólo 6 meses de edad pero que en categoría de príncipe heredero tiene un ataúd decorado como se merece. Su muerte, por cierto, supuso la firma de la pragmática sanción que permitiera a su hermana María Teresa ser la heredera de la corona austriaca, aunque la cosa terminó con la Guerra de Sucesión Austriaca.

Curiosamente, uno de los ataúdes más llamativos es el de la princesa María Amalia, hija del Emperador Carlos VI. Y digo curiosamente porque sólo vivió 6 años, pero aún así mirad que bellísimo ataúd (claro que es de época posterior a los que acabamos de ver):

Aunque esta parte sea conocida como bóveda leopoldina, haciendo referencia a su constructor, el emperador Leopoldo I, que la construyó en 1657 y la amplió en 1701, sus restos no reposan aquí, sino en la siguiente parte del panteón.

D: Bóveda Carolina.

Seguimos nuestro recorrido por la Cripta Imperial de los Habsburgo en esta nueva bóveda, que es en realidad una extensión de la anterior, realizada entre 1710 y 1720 por Lucas de Hildebrandt, quién es también el autor del ataúd del emperador José I.

Empezamos por la derecha: tras un pequeño ataúd de un niño (el archiduque Leopoldo José, hijo de José I, que apenas vivió un año) y la urna con el corazón de la emperatriz Guillermina Amalia, esposa de José I (que fundó el convento de las Salesas de Viena, donde pasó sus últimos años y fue enterrada), nos encontramos con este imponente ataúd:

Este es el ataúd que Hildebrandt realizó para José I. Este emperador fue uno de los principales protagonistas de la guerra de sucesión española, ya que quería colocar a su hermano, el archiduque Carlos, como rey tras la muerte sin descendencia de Carlos II de España, frente al otro pretendiente, Felipe de Anjou. Pero tras 6 años de reinado murió sin descendencia, por lo que su hermano Carlos pasó a ser emperador (Carlos VI), sus aliados en la guerra (sobre todo Gran Bretaña, pero también Holanda) le abandonaron y al final quien consiguió la corona de España fue el candidato francés, Felipe V.

Por cierto, en este ataúd nos encontramos con uno de los elementos decorativos más habituales en esta bóveda: las calaveras:

Y justo a su lado, nos encontramos con este maravilloso sarcófago:

Es el de la emperatriz Isabel Cristina de Brunswick, esposa de Carlos VI. Este es el primero de los sarcófagos que realizó el maestro estañero Balthasar Ferdinand Moll. Y si este os parece espectacular, ¡esperad a ver el de su marido! De todas formas, de este ataúd destacan las figuras veladas de las esquinas:

Vámonos ahora a la pared de enfrente. El primer ataúd que nos encontramos es éste:

De nuevo la calavera, el águila, la cruz, la corona… este es el, llamémoslo así, ataúd bisagra, ya que pertenece al emperador Leopoldo I, que fue, si recordamos, el que mandó construir la bóveda anterior, por lo que es un intermedio entre el austero estilo anterior y el barroco de esta sala. De su reinado destaca que le tocó hacer frente al segundo sitio de Viena por parte de los Otomanos. Cerca estuvo de perderse la ciudad, pero a última hora la ayuda polaca y de algunos principados alemanes, que atacaron el campamento turco y los derrotaron en apenas media hora, consiguió salvar la ciudad.

A continuación tenemos dos ataúdes de archiduquesas, la primera, María Isabel, hija de Leopoldo I, y la segunda, María Ana, hija de Carlos VI. Y llegamos, por fin, a la verdadera joya de esta bóveda, y uno de los más impresionantes ataúdes de toda la Cripta Imperial de los Habsburgo:

Pongo la foto de Wikipedia porque la que hice yo no está tan bien iluminada… fijaos bien en esta obra maestra del estañero Moll. Esta es la tumba del emperador Carlos VI, ese que, al suceder a su hermano José I, se quedó sin el trono español. Aún así, con la guerra aumentó considerablemente los dominios de los Habsburgo, y fue quien llevó a Viena la escuela de equitación española (esa que a veces sale en el concierto de año nuevo) y que se puede visitar en el Hofburg.

Es de destacas que cada esquina del ataúd está rematada por una calavera coronada, cada una distinta, ya que representa las cuatro coronas de Carlos: la Imperial, la de Austria, la de Hungría y la de Bohemia:

¿Tanta calavera y demás os ha resultado quizá un tanto macabro? Pues no os preocupéis, porque de golpe vamos a pasar ¡a la gloria celestial!

E: Cripta de María Teresa.

Me vais a permitir un pequeño aporte musical para meternos en ambiente:

La elección no es casual, obviamente. A parte de que la exquisita belleza del fragmento encaja muy bien con el lugar, aquí reposan los emperadores contemporáneos de Mozart y para quienes realizó algunas obras: María Teresa y su hijo José I.

Como ya he dicho, el contraste con las bóvedas anteriores es mayúsculo: estamos en pleno rococó, ya que esta cripta fue construida por orden de la emperatriz María Teresa en 1753 y diseñada por el arquitecto Jean-Nicolas Jadot de Ville-Issey, de origen Lorenés (compatriota del consorte de la MariTere), quien trabajó por ejemplo en el Castillo de Buda o en el propio Schönbrunn. Bajo el patio de la sacristía construyó una cúpula que permite la entrada de luz natural a través de sus óculos, por lo que esta bóveda está mucho más iluminada que las anteriores; de toda la Cripta Imperial de los Habsburgo, esta es la única estancia que cuenta con iluminación natural. Además, frente a las desnudas paredes de las bóvedas precedentes, la cúpula está decorada con un fresco pintado por Josef Mildorfer:

Nada más entrar, justo de frente, nos encontramos con el sarcófago de José I (cuidado, no os tropecéis con él):

Espantoso, ¿verdad? Pues responde a la ideología ilustrada del emperador, que de hecho rechazó ser embalsamado (y que embalsamaran también a sus dos esposas, que le dejaron sin descendencia, por cierto). Su empeño por modernizar y racionalizar el estado, como uno de los principales representantes del despotismo ilustrado, le llevaron a estas simplificaciones de ornamentación. El contraste con su mamá es brutal.

Antes de pasar al centro (que seguro que vuestros ojos ya se dirigen directos allí), vamos a fijarnos brevemente en una pequeña habitación a la derecha, donde está sepultada la única persona no perteneciente a la familia Habsburgo: la condesa Karoline von Fuchs Mollard, quien fuera institutriz de la emperatriz María Teresa y de sus hijos. Tal debía de ser el cariño que le tenía la emperatriz que quiso que fuera enterrada junto a ella.

Y sí, venga, vamos ya al centro:

El maestro estañero Moll se enfrentó aquí al difícil trabajo de realizar este sarcófago doble destinado a la emperatriz María Teresa y a su esposo, el “emperador” Francisco I de Lorena. Y, sin ninguna duda, la mayor obra maestra de la Kapuchinengruft en su conjunto.

Carlos VI murió sin ningún hijo varón, por lo que antes de morir derogó la ley sálica que impedía que una hija pudiera heredar la corona imperial. De esta forma, su hija mayor, María Teresa, era la heredera al trono, pero no todos aceptaron esta decisión, y así estalla la Guerra de sucesión austriaca, en la que las principales potencias europeas se aliaron a favor o en contra de María Teresa. Su peor enemigo, Federico II de Prusia, aprovechó para arrebatarle Silesia, y aprovechando su matrimonio con una hija del Emperador José I, Carlos de Baviera fue coronado Emperador como Carlos VII. Pero a la muerte de este, en 1745, y con la firma del tratado de paz de Aquisgrán en 1748, María Teresa consigue el trono imperial para su esposo, Francisco I, aunque en la práctica fue ella la que desempeñó las funciones de gobierno.

Aún así, María Teresa se empeñó en recuperar Silesia, lo que provocó la Guerra de los 7 años, que en realidad fue más una guerra entre Gran Bretaña (aliada de María Teresa) y Francia (su enemiga) por sus colonias.

María Teresa fue quién comenzó la labor reformadora ilustrada que luego seguiría su hijo, José II, pero también quién anexionó Bohemia y Moravia a Austria, perdiendo así la categoría de reinos, que por el contrario sí conservaría Hungría. Y fue una muy destaca figura en la Europa de la época y, tras Sissi, la emperatriz más recordada. Y en 20 años tuvo nada menos que 16 hijos, de los cuales 10 llegaron a edad adulta. Famosa es su penúltima hija, María Antonieta, que se casaría con el delfín Luís, futuro Luis XVI, que murió guillotinada durante la revolución francesa. Varios de sus hijos están enterrados en esta bóveda alrededor de su sarcófago.

Así destaca el primer sarcófago de la derecha:

Es el sepulcro de Carlos José, el segundo hijo de María Teresa. De carácter totalmente opuesto al de su hermano mayor, José II, era alegre, bromista, y se ganaba fácilmente el cariño de la gente, por lo que era el hijo favorito de María Teresa. Pero los dos hermanos se odiaban mutuamente. Por desgracia, poco antes de cumplir 16 años murió a consecuencia de una enfermedad que abunda en esta cripta: la viruela. María Teresa cayó en una profunda depresión por la pérdida de su hijo favorito.

Vamos ahora al fondo, justo detrás del sarcófago de los emperadores. Destacan:

Emperatriz María Josefa de Baviera, segunda esposa de José II. Era hija del ya mencionado emperador Carlos VII de Baviera, que fue el primer emperador no Habsburgo desde 1.438 (y sería el último). Su esposo, que había estado profundamente enamorado de su primera esposa, nunca la amó, y ni siquiera fue a su funeral. De hecho, se negó a visitarla durante su enfermedad terminal (viruela, de nuevo), por lo que fue atendida por su suegra María Teresa y por su cuñada la archiduquesa María Isabel, quienes contrajeron al enfermedad, aunque la superaron.

Justo a su lado:

Emperatriz Isabel de Borbón-Parma, primera esposa de José II. Muy amada por su esposo, contrajo la viruela durante el embarazo, y murió 5 días después del parto. Su hija María Cristina vivió pocas horas, y se encuentra enterrada en un pequeño ataúd justo debajo del de su madre. En esta foto de wikipedia se puede ver la pequeña caja sobresaliendo por debajo de la de su madre:

Y a continuación, siempre de derecha a izquierda:

Este bellísimo sarcófago pertenece a la archiduquesa María Teresa, hija mayor de José II e Isabel de Borbón-Parma, quien murió por una pleuritis a los 7 años. El retrato de la niña durmiente es de una delicadeza magistral.

En resto de personas enterradas en esta cripta carecen de interés, en algunos casos se trata de niños que incluso ya nacieron muertos. Así que abandonamos por la derecha la bóveda rococó para adentrarnos en una nueva época y un nuevo estilo artístico.

F: Cripta de Francisco, G: Cripta de Fernando y K: Cripta Toscana. 

Seguimos nuestro recorrido por las siguientes estancias de la Cripta Imperial de los Habsburgo. Y Si en la cripta anterior poníamos música de Mozart, aquí podríamos poner algo de Schubert, ya que nos hemos metido de lleno en el romanticismo del siglo XIX. Y es que estas criptas (realizada la primera, la de Francisco, en 1.824 por Johann Aman y las otras dos en 1.840 por Johann Höhne) están realizadas en un estilo llamado Biedermeier, típico de la Viena de la primera mitad del siglo XIX, un estilo fundamentalmente burgués, romántico, que en arquitectura se caracteriza por su simplicidad ornamental y gran elegancia (Si queréis saber más sobre el estilo Biedermeier, es muy recomendable la visita al Museo de Viena, en la Karlsplatz, junto a la iglesia de San Carlos Borromeo).

Empezamos por la cripta de Francisco:

En el centro destaca el sarcófago de Francisco II/I, obra Pietro Nobile, situado sobre un pedestal de piedra. Francisco II fue el último emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, eliminado por Napoleón tras la victoria en Austerlitz. Se vio de hecho obligado a entregar a una de sus hijas como esposa para el emperador francés, de quien fue uno de sus mayores enemigos. Pero gracias a la labor del canciller Metternich en el Congreso de Viena pudo recuperar la mayor parte de los territorios perdidos desde la revolución francesa, con la excepción de Bélgica, por lo que pasó a ser emperador de Austria, siendo como tal denominado Francisco I. En su largo reinado de 47 años se casó 4 veces, y de hecho sus cuatro esposas están sepultadas a su alrededor (en la foto se puede ver cómo sobresalen por detrás del sarcófago imperial dos de los sarcófagos de sus esposas).

A la derecha vemos una puerta: ignorémosla. Nos conduce a la ultima estancia de toda la Cripta Imperial de los Habsburgo, por la que saldremos, así que mejor continuar de frente para completar el recorrido.

Pasamos así a la bóveda de Fernando:

Este es el sepulcro de Fernando I. Al igual que el anterior, el ataúd metálico descansa sobre un bello pedestal de piedra. La incapacidad mental de este Emperador provocó que quien en realidad gobernara fuera el canciller Metternich. Tras la caída en desgracia de éste durante la revolución de 1848, el emperador se vio forzado a abdicar en favor de su sobrino, Francisco José I.

A su lado:

El ataúd de su única esposa, María Ana de Cerdeña. No tuvieron descendencia.

En las cuatro esquinas de la cripta hay unos nichos donde reposan los restos de nada menos que 37 miembros de la familia real. Muchos de ellos niños, pero algunos mucho más longevos (una archiduquesa de 84 años, nada menos). Nada destacable.

Para hablar de la bóveda Toscana hay que dar una pequeña explicación histórica:

A la muerte sin descendencia de Gian Gastone de’Medici (cuya homosexualidad era sobradamente conocida por todos), el trono del gran ducado de Toscana recayó sobre Francisco de Lorena, esposo de la emperatriz María Teresa. Este proclamó sucesor suyo en el gran ducado a su tercer hijo, Leopoldo. El problema fue que, al morir el mayor, José II, sin descendencia (y recordando que el segundo murió antes de cumplir los 16 años), Leopoldo pasó a ser emperador. Así que éste cedió el ducado a su segundo hijo, Francisco III de Toscana, que no se encuentra enterrado aquí, sino en la cappella medicea de la Iglesia de San Lorenzo de Florencia. Pero sus herederos, así como algunos duques de Módena, están sepultados en esta bóveda toscana. Pero no nos vamos a detener en estos (entre otras cosas porque no se puede acceder a esta cripta, por lo que sólo los vamos a poder ver de lejos), salvo en los 4 que se encuentran junto a la cripta de Fernando:

Estéticamente no son nada destacables, como podéis comprobar por vosotros mismos. Pero quienes aquí yacen tienen una importancia histórica que merece mencionarse:

Empezando por la izquierda nos encontramos con los ataúdes de Alberto de Sajonia-Teschen y de su esposa María Cristina. Esta era la hija favorita de María Teresa, por lo que la emperatriz hizo con ella una excepción: impidió todos los acuerdos matrimoniales que quería alcanzar su padre, para así permitirle el privilegio único de casarse por amor. Y María Cristina escogió al conde Alberto, un conocido coleccionista de arte que reunió un importante número de grabados y dibujos que actualmente se encuentran expuestos en su palacio, la galería Albertina. Además, dado que la única hija que tuvo la pareja murió al día de nacer, su cuñado, Leopoldo, permitió que adoptaran a uno de sus hijos, Carlos, conocido por tanto como Carlos de Sajonia-Teschen, de quien hablaremos más adelante.

Los dos últimos sarcófagos pertenecen precisamente al emperador Leopoldo II y su esposa María Luisa, hija de Carlos III de España. Pasaron buena parte de su vida en Florencia como Grandes Duques de Toscana hasta que la muerte sin descendencia de José II les hizo asumir la corona imperial, que ostentaría dos años, en los que tuvo que hacer frente a la amenaza de la revolución francesa (recordemos que era hermano de la reina María Antonieta de Francia), donde siempre se negó a intervenir (cosa que cambiaría con la ejecución de la reina, pero eso ya sucedería durante el reinado de su hijo Francisco).

Pasemos a la siguiente bóveda.

H: Nueva bóveda.

Este es el espacio más reciente de la Cripta Imperial de los Habsburgo, realizado por el arquitecto Karl Schwanzer entre 1960 y 1962 en un estilo muy austero, con paredes de cemento que pretende evocar la solemnidad de la muerte… y que lo convierten en un espacio muy poco interesante. El objetivo de este espacio fue por una parte solucionar los problemas de humedad que estaban corroyendo muchos sarcófagos y por otra parte disponer de más espacio para recolocar bastantes cuerpos que atestaban los otros espacios de la cripta. Es por esto que, a diferencia del criterio cronológico que hemos visto hasta ahora, aquí impera un criterio temático.

Por cierto, como bien se nota en la foto, al ir la iluminación dirigida hacia arriba, los sarcófagos permanecen bastante oscuros, lo que dificulta poder hacer fotos decentes.

Comenzamos por la pared que tenemos justo a la izquierda de la puerta de entrada, la “pared de los Obispos”, ya que en ella están alojados los Habsburgo que emprendieron la carrera eclesiástica. Aquí se sigue un criterio cronológico de izquierda a derecha. Así, empezando por la izquierda, nos encontramos con Leopoldo Guillermo, hermano del emperador Fernando III, quien abandonó la carrera eclesiástica para emprender la carrera militar durante la guerra de los 30 años, y que es uno de los ocupantes más antiguos de la cripta.

El siguiente es su sobrino, Carlos José, hijo de Fernando III, quien poco antes de cumplir los 13 años fue nombrado arzobispo de Olomuc, obispo de Passau y Wroclaw y Gran maestre de la orden Teutónica. Murió a los 15 años, así que podemos dudar de su capacidad para desempeñar esos cargos…

En la foto vemos el sarcófago de este arzobispo en primer término, cortado. El siguiente, de mucha más interesante decoración, pertenece a Carlos José de Lorena, arzobispo de Tréveris. Este no es un Habsburgo, pero era el tío de Francisco I, el marido de María Teresa, y por eso fue sepultado aquí (originalmente fue sepultado en la cercana Minoritenkirche, siendo trasladado aquí un año después).

El siguiente es Maximiliano Francisco, Obispo de Colonia, que fue el más joven de los hijos de María Teresa. Y terminamos con Rodolfo, arzobispo de Olomuc y cardenal, hijo menor de Leopoldo II. Amigo íntimo de Beethoven, quien le dedicó el Trío Archiduque y la Missa solemnis.

Nos ponemos de espaldas a la pared de los obispos y avanzamos. A la derecha nos encontramos con un único ataúd:

Se trata de María Luisa, hija de Francisco II y segunda esposa de Napoleón Bonaparte, con lo que fue emperatriz de los franceses. Tras la derrota de Napoleón, ella conservó el título honorífico de emperatriz y además se le otorgó el ducado de Parma. Tuvo un hijo con Napoleón, Napoleón II, rey de Roma, que pasó la mayor parte de su existencia en Viena, donde murió de tuberculosis a los 21 años. Sobre la teoría que le hace padre de Maximiliano de México ya hablaremos en otra ocasión. En todo caso, su cuerpo fue sepultado aquí, en concreto en la bóveda de Francisco, hasta que en 1.940 un tal Adolf Hitler decidió trasladar sus restos a París para enterrarlo junto a su padre (será que quería congraciarse con el emperador francés… ). Bueno, pues ¡aquí hay alguien que reclama su devolución a Viena! En todo caso, su corazón continúa en la ciudad, en la Herzgruft de la Augustinenkirche.

Vámonos ahora a la pared de enfrente, esta sí, mucho más ocupada.

Los primeros sarcófagos contienen restos de la familia de Carlos de Sajonia-Teschen. Este Carlos fue un héroe militar durante las guerras napoleónicas, ya que, pese a perder las batallas, causó grandes bajas entre el ejército francés.

Pero justo en medio de la pared, frente a María Luisa, destaca una tumba por encima de todas:

Aquí está un personaje que no sé bien por qué me despierta una gran simpatía: el emperador Maximiliano de México. Hermano de Francisco José I, quien le cedió el gobierno de los territorios italianos del Imperio (Lombardía y Véneto), Napoleón III lo hizo coronar emperador de México en su intento por controlarlo para su beneficio. Pero Maximiliano intentó modernizar y desarrollar el estado mexicano, por lo que Napoleón, con serios problemas en Europa, le retiró el apoyo (¿sabría que podía ser el hijo de su primo?), y los republicanos mexicanos, liderados por Benito Juarez, y ahora con el apoyo de unos Estados Unidos que por fin salían de la guerra civil, derrotaron a las fuerzas imperiales y fusilaron al emperador, quien murió sin descendencia por la esterilidad de su mujer, Carlota de Bélgica.

Del resto, familiares de Carlos de Sajonia-Teschen, algunos miembros de la rama Toscana y la primera esposa de Carlos Luis, hermano de Francisco José, no hay mucho que destacar.

La pared del fondo está destinada a los familiares directos del emperador Francisco José I: su padre, Francisco Carlos, tercer hijo de Francisco II; un hijo de este, nacido muerto; la mujer de Francisco Carlos y madre de Francisco José I y de Maximiliano de México, Sofía de Baviera, hija de Maximiliano I de Baviera y, por tanto tía de su nuera Sissi; el tercero de los hijos de la pareja, Carlos Luís, padre de Francisco Fernando, cuyo sarcófago vemos a continuación:

Su segunda mujer (y madre de sus hijos) María Anunciada de Borbón-Dos Sicilias; el Archiduque Otto “el hermoso”, segundo hijo de Carlos Luís y padre de Carlos I, el último emperador; y la esposa de este, María Josefa de Sajonia. Sólo falta aquí el último hermano de Francisco José, Luis Víctor, el favorito de su madre, que por la considerable diferencia de edad mantenía relaciones distantes con sus hermanos; reconocido homosexual, se vio envuelto en un escándalo de pederastia por el que fue recluido en un aislado palacio al que solo podían acceder mujeres y que, siendo el último de los hermanos en morir, fue enterrado en el cementerio de Wals-Siezenheim, cerquita de Salzburgo.

I: Cripta de Francisco José:

Llegamos al que quizá sea el punto más turístico de la Cripta Imperial de los Habsburgo. Esta sala fue mandada construir por el emperador Francisco José I, junto con la capilla anexa, en 1.908-1.909  con diseño de  Cajo Perisic en estilo Secesión, con paredes cubiertas de mármol. Aquí reposan tres personas:

El vivo de la foto soy yo, obviamente. ¿Recordáis que al comienzo decíamos que todos los sarcófagos son metálicos menos uno, que es de piedra? Pues ahí lo tenéis: el de Francisco José I, quién llegó a ser emperador a los 18 reprimiendo sangrientamente la revolución de 1.848 y que terminó sus 68 años de reinado con la I Guerra Mundial (y de quien hablamos en este post). A la izquierda, su prima y mujer, Isabel de Baviera, la famosa Sissi, y a la derecha, su desgraciado hijo, el archiduque Rodolfo (cuya historia contamos en este post). Pero bueno, os voy a hacer una confesión: si me dejaran abrir UN único ataúd, no dudaría la respuesta: el del archiduque Rodolfo. Sí, tengo un puntillo macabro un tanto extraño…

J: Capilla:

Llegamos a la última estancia de la Cripta Imperial de los Habsburgo. Nada más cruzar la puerta, a la derecha tenemos un busto de Carlos I:

Carlos I fue el último emperador, que tras perder la I Guerra Mundial terminó exiliado en Madeira, donde aún continúa enterrado.

A la izquierda tenemos una placa en la pared que recuerda a Francisco Fernando y su esposa Sofía, cuyo asesinato en Sarajevo en 1.914 desencadenó la I Guerra mundial. Ellos no están enterrados aquí, sino en el castillo de Artstetten. No olvidemos que, a fin de cuentas, era un matrimonio morganático que nunca fue del agrado de su tío Francisco José I, por lo que Sofía no podía ser enterrada aquí. Junto a la placa  está la tumba de Carlos Luís, hijo mayor de Carlos I, y un espacio para su esposa, Yolanda, quien todavía está con vida. Y a su lado:

La tumba de la emperatriz Zita de Borbón-Parma, esposa de Carlos I, y por tanto última emperatriz, que murió en 1.989.

De frente, junto al altar, las tumbas de Otto, otro de los hijos de Carlos I, y su esposa Regina.

Y ya saliendo por la puerta que hay junto al busto de Carlos terminamos nuestra visita. Por esta visita guiada cobro 10 euros, y acepto propinas, que sus horas me he pegado para escribir esto y merezco una recompensa….  Bromas aparte, si habéis conseguido leer todo esto ya os merecéis un premio.