Comentando el Concierto de Año Nuevo 2016


Como ya es tradición, millones de personas nos reunimos cada 1 de enero a las 11:15 para ver uno de los eventos musicales del año, el Concierto de año nuevo. Y es que no hay mejor forma de empezar el año que con la alegre música de Strauss. Comentamos por tanto este Concierto de año nuevo 2016.




Este año le ha tocado dirigirlo por tercera vez (ya lo hizo en 2006 y 2012) al letón Maris Jansons:

El Concierto de año nuevo 2016 se inicia con la Marcha de las Naciones Unidas de Robert Stolz, un poco habitual compositor del siglo XX, para dar paso de inmediato a Johann Strauss Jr. con una de sus páginas más famosas, el Vals del Tesoro de la opereta “El barón gitano”, donde Jansons luce su saber hacer y su afinidad con este tipo de música con un perfecto uso del rubato y del contraste de dinámicas, que es a fin de cuentas lo que le da vida a la música de Strauss y lo que hace que un director sea realmente brillante en este repertorio. Y Jansons, visto el resultado, lo es. Ya sabemos que la Orquesta Filarmónica de Viena es una orquesta de enorme nivel y que conoce esta música al dedillo, pero las indicaciones del director son fundamentales para darle ese sentido más personal a la música, y en este vals del tesoro ha habido momentos realmente mágicos. Y no es algo tan habitual en los últimas ediciones del concierto…

Y seguimos con la polka “Violeta”, de nuevo llena de ese rubato casi mágico que consigue Jansons… y otra polka más, “El tren  del placer”, de trepidante ritmo (imposible no botar en el sofá mientras sonaba) con Jansons tocando una especie de bocina, en esos guiños que tanto les gustaban a Maazel o Mehta (los directores de los que mejor recuerdo guardo de los conciertos de año nuevo pasados).

Y de Strauss pasamos a un compositor mucho menos conocido, Carl Michael Ziehrer, con el Vals “Muchachas vienesas”, en el que ya desde los primeros acordes percibimos que Jansons tiene muy controlada a la orquesta para conseguir los resultados deseados… ¡y vaya resultados! Y la orquesta silbando sobre los arpegios del arpa… un momento bellísimo, sin duda. Se hace necesario agradecer a Jansons el haber recuperado este vals desconocido (inédito hasta ahora en los conciertos de año nuevo) y que merece ser recordado. Bueno, igual es que a mí me gusta demasiado el vals…

Y volvemos a los Strauss, en este caso el menor, Eduard Strauss, con la polka “El franqueo extra” (yo sigo las indicaciones de Arteaga, que si tengo que traducir esos títulos del alemán, la llevo clara…). Las bromas y los guiños muy bien, pero la batuta un poco grande, ¿no? Un golpe en la cabeza con eso tiene que doler…

Con esto llegamos al intermedio del Concierto de año nuevo 2016. Y concluido el intermedio, el programa se reanuda con la obertura de “Una noche en Venecia”, opereta de Johann Strauss Jr. Jansons la dirige con gesto preciso y enorme brillantez. Es una obertura mucho más lírica que la trepidante de la más conocida “El murciélago”, pero igualmente bellísima, y ha sonado en todo su esplendor.

Volvemos a Eduard Strauss con la polka “sin control”, en la que vemos el ballet por primera vez en esta edición. En la hípica, parece. Y de ahí a Josef Strauss y su “Música de las esferas” que ya desde que suenan sus primeros acordes promete… delicada y certera, a años luz que al última que recuerdo, que dirigió Barenboim.

Escuchamos luego la polka “La alegría del cantor” de Johann Strauss Jr., con los niños cantores de Viena… y con lo que me gustan a mí las voces blancas, y lo bien que cantan estos niños… una maravilla, en fin. Y de ahí a otra polka, de Josef Strauss, “De vacaciones”, de nuevo con los niños. Magnífico. Y que sigan contando con ellos en todas las ediciones, si es posible.

Despedimos a los niños y pasamos al entreacto de “La princesa Ninetta”, opereta de Johann Strauss Jr. De nuevo la delicadeza de Jansons es su sutil forma de dirigir en estado puro. Otra interpretación simplemente mágica.

De ahí pasamos a un compositor al que no conozco, Émile Waldteufel (nombrecito fácil para recordar…) con el vals “España”, eficaz en conseguir unos ritmos que suenen a España (por momentos suena a zarzuela), con castañuelas y demás percusión para ambientarnos todavía más…

Y de ahí a Josef Hellmesberger con un vals de título no identificado y de ritmo más que rápido… otra primicia de Jansons (se agradecen estos descubrimientos) y más exhibición de los sutiles gestos del director que está sacando un enorme partido a la orquesta. Y de ahí a su rival, Johann Strauss Sr., con el Gallop de los suspiros, de ritmo trepidante.

Volvemos al mediano de los hijos de Johann Strauss Sr., Josef, con “La libélula”. Y es que parece que Jansons tenga una mayor complicidad con el estilo más sutil y delicado de Josef, viendo los resultados… es verle dirigir (o incluso simplemente gesticular con la cara) y saber qué es lo que busca el director. Y eso es lo que hace grande a un director. Bravísimo en esta libélula que habría que enmarcar.

Y de ahí pasamos a una de mis piezas favoritas, el Vals del Emperador de Johann Strauss Jr. (aunque al emperador en cuestión, Francisco José I, no lo trago mucho, precisamente…). Con ballet. Y me da pena, porque me gustaría más ver a la orquesta tocándolo, pero bueno… ver el Schönbrunn tampoco está mal. No será lo mejor del concierto de este año, pero ha habido momentos musicales de gran belleza, y l ballet tampoco ha estado nada mal…

Y de ahí a la polka “A la caza” del “Cagliostro in Viena” de Johann Strauss Jr., otra pieza trepidante, en la que Jansons se permite jugar con unos crescendos de lujo. La percusión, de 10. Otra interpretación brillante para el cierre “oficial” del concierto.

Primera propina, de nuevo una polka de Johann Strauss Jr., “De prisa y corriendo”. Y de ahí a las dos piezas tradicionales… y es que un año que no comience con un buen “Danubio azul” no puede ser bueno… y en este caso, ya desde el principio ha sido una interpretación escalofriante. Si en el Vals del Emperador ha habido pasajes que me han resultado demasiado rápidos, en este Danubio Azul hay poco que objetar… esas pausas justo antes del tema principal, ese rubato al comenzarlo… es pura magia. Y ya el final, esos trinos de flauta… ¡Bravo! Por favor, ¡qué lujazo acabamos de vivir sin darnos cuenta!

Y concluimos, como no podía ser de otra forma en un concierto de año nuevo, con la Marcha Radetzki de Johann Strauss Sr. Magnífica conclusión para un concierto casi histórico, no sólo el mejor de los 3 que ha dirigido Jansons, sino uno de los mejores de lo que llevamos de siglo. Un placer casi indescriptible que es la mejor forma de comenzar el año. Ha habido magia en muchos momentos (magia es ese momento en el que la música te llega a lo más profundo del corazón), saber hacer, estilo… si tuviera que quedarme con un solo momento, sería la “Música de las esferas” (y viendo los resultados, que Jansons meta todo el Josef Strauss que quiera, porque lo borda).

Y ahora, a esperar el del año que viene. Que, por cierto, no dejo yo de preguntarme por qué no invitan a directores más jóvenes… me gustaría ver a Pappano, Thielemann, Andris Nelsons, Tugam Sokhiev o Yannick Nézet-Séguin en esa Musikverein en próximos años… pero bueno, mientras el año que viene no me den el disgusto de volver a traer al sosainas hasta el aburrimiento de Franz Welser-Möst, me tendré que conformar.

Y, por cierto, he hecho cálculos, y el primer Concierto de año nuevo que recuerdo haber visto fue el que el gran Lorin Maazel dirigió en 1996 (hace 20 años… estaba a punto de cumplir 11 años), aunque fue al año siguiente cuando empezó a interesarme la música clásica, gracias precisamente a este concierto. Y es también el segundo que veo desde que visité la Musikverein. A ver si algún año hay suerte (y presupuesto) y puedo verlo en vivo… ¡soñar es libre!

PD: Estas al mismo tiempo viendo el concierto por la tele, comentándolo en Twitter y escribiendo el post no puede ser bueno…



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