Crónica: Don Carlos en ABAO-OLBE (27-10-2015)


Digámoslo claramente: salir de casa a las 4 de la tarde sabiendo que no volverías casi hasta las 2 y que la ópera que ibas a ver seguramente no iba a ser gran cosa apetecía bien poco… vamos, que pereza absoluta. Y lo peor de todo es que no me equivoqué, no. Este Don Carlos es el primero de los 5 títulos que ABAO-OLBE nos ofrece esta temporada (lo del Requiem de Verdi no cuenta porque no está incluido en el abono) que en principio parece mejor remedio para el insomnio que el diazepan que me tomo cada noche. 5 títulos italianos, uno por cada uno de los grandes: Rossini, Donizetti, Bellini, Verdi y Puccini. Por mucho que hayan escogido la versión original francesa de este Don Carlos, todo es muy italiano. Y mira que a mí la ópera italiana me pierde, pero pides un poquito más de variedad, no ir siempre a ese “Sota, caballo, rey” que, por lo visto, es lo que debe interesar al público (que mira que no estoy yo nada seguro…)




En mi opinión, este proyecto “Tutto Verdi” que está llevando a cabo la ABAO está ya resultando demasiado cansino. Y es que ya hemos visto la gran mayoría de sus grandes óperas y ya sólo nos quedan títulos menores. Vale, lo confieso, tengo ganas del Stiffelio, y no le haré ascos a Masnadieri o a I Lombardi, pero Alzira… pues toíta pa ellos. Y ya como quieran meternos la versión original de La forza del destino, ese soberano ladrillaco que ya vimos hace poco en su versión revisada… pues es que me muero.

Verdi revisó varias de sus óperas, como esa Forza que ya he mencionado, o el Macbeth, o el Boccanegra… en todos los casos, estas revisiones mejoraron notablemente los originales. Pues en el caso del Don Carlo (cuyo argumento e historia repasamos en este post), que es la versión que conocemos, no es simplemente una traducción del original francés. sino una adaptación que, además, supone una notable mejoría. No sólo suprime el ballet y el aria de Felipe ante el cadáver de Posa, también cambia no pocas melodías y reduce algunas escenas (al margen de ese primer acto de Fontainebleau que incluyen algunas versiones italianas). A mí la verdad es que el Don Carlo me encanta, es de hecho una de mis óperas favoritas de Verdi, pero el Don Carlos original está muy por debajo, y la duración resulta excesiva.

Según indicaba el programa de mano, la duración de la ópera y los dos intermedios debería haber sido de 4:30, aunque por megáfono dijeron que la ópera acabaría a las 11:45 (4:45 horas). Yo dije que no salíamos antes de las 12… y acerté. 5 horas. Sirva esto para hacernos una idea de la excesiva duración de la ópera. Dejo antes de nada un enlace de la producción.

Y ahora vayamos desgranando:

La escenografía de Carlo Centolavigna resulta en general efectiva: Unas paredes recubiertas de mapas antiguos en las que se abren puestas y ventanas, permitiendo convertir esta escenografía en cualquiera de los ambientes en los que se desarrolla la acción (salvo en el añadido del 1º acto, en el que unos palos a modo de troncos de árboles eran toda la escenografía): los jardines, el despacho de Felipe II, su alcoba en El Escorial, el claustro de Yuste o la prisión. Destacaba la aparición, tras una puerta en las habitaciones de Felipe II en el Escorial, una copia del grupo escultórico de Pompeo Leoni que daba acceso a la iglesia. Las mayores pegas venían de la escena del auto de fe, con ese enorme crucificado (desnudo, por cierto…) girando y comiéndose medio escenario, y con unas gradas en los laterales y la parte trasera de la escena que resultaron peligrosas (casi se nos esmorra uno de los figurantes que hacía de obispo).

La dirección escénica de Giancarlo del Monaco perjudicó especialmente  al Don Carlo de Giuseppe Gipali, al que situaba demasiado a menudo bastante atrás de la escena, con lo que su mal proyectada voz resultaba muy poco audible. Lo más imperdonable fue la licencia final de hacer que Felipe mate a Carlos. Lo confieso: el cabreo que me pillé me impidió aplaudir al final de la representación. Sí, ya sé que el final de la ópera es infumable, pero lo prefiero a esta aberración histórica. Prefiero ver al abuelo surgir de ultratumba para salvar a su nieto, de verdad.

En cambio, el vestuario me resultó muy acertado.

El ballet me sobraba. Ni es de las músicas más inspiradas de Verdi, ni aporta nada a la acción. Además, el ruido de los bailarines arrastrándose por el suelo resultaba insufrible. ¿No había algún material mejor para el suelo para impedir ese molesto ruido?

La orquesta sinfónica de Bilbao contaba en este caso con la dirección de Massimo Zanetti. La orquesta estuvo lejos de la corrección, y la dirección de Zanetti pecó de excesiva lentitud en no pocos momentos,sobre todo en el dúo final (en un momento en el que ya todos estábamos pensando en llegar a casa de una vez). Y para colmo tapaba a los cantantes en numerosas ocasiones.

El coro tampoco estuvo a la altura. Para empezar, la escena del auto de fe se veía vacía, se esperaban más miembros del coro. Y en concreto los que hacían de inquisidores fueron de juzgado de guardia. Cantaron realmente fatal. Después de unas últimas funciones en las que parecían levantar el vuelo, este Don Carlos les ha devuelto a un nivel tan bajo que es difícilmente admisible.

Y vamos ya con el reparto.

Ya he mencionado que el Don Carlos lo interpretaba Giuseppe Gipali. Ni idea de quién es. Y tampoco tengo mucha intención de arreglarlo: su interpretación vocal fue bastante escasa, muy mal de proyección, salvo en el registro agudo, poco audible en la mayoría de los momentos, eclipsado por el resto del reparto o por la orquesta. Una especie de “quiero y no puedo” que fue la tónica general de la noche.

Esperaba mucho del Felipe II de Orlin Anastassov… y la decepción fue mayúscula. En sus primeras apariciones su voz sonó rotunda, pero su fraseo demasiado agresivo, demasiado cortante. Así que al llegar a su gran aria del acto 4º esperabas un fraseo más cuidado, más redondo… y comienza las primeras frases intentando matizar, pero la voz se le rompía. Parecía como si tuviera alguna flema o algo así (medio teatro estábamos resfriados, y muchos se esforzaron por demostrarlo constantemente con sus toses… así que tampoco sería de extrañar que Orlin también pudiera estar algo enfermo). Y así, o fraseaba sin cuidado, o la voz se le rompía. Se le notó más cómodo en su dúo con el gran inquisidor, pero luego, en el cuarteto… al llegar a un “agudo” la nota no salió. Calada brutal, notoria para cualquiera que incluso no conociera la ópera. La cosa ya pintaba fea. Y así, vuelve a aparecer tras la muerte del marqués de Posa, canta con corrección su aria ante el cadáver de este, pero en la escena del motín llegamos a otro agudo… ¡y la vuelve a cagar! No me explico como alguien con su prestigio (y su vozarrón) pudo estar tan flojo. Creo que él mismo fue consciente, ya que en los saludos finales el suyo fue muy breve.

Élisabeth de Valois la interpretaba la soprano María José Siri. Cantaba con gusto y una bella voz, resultando solvente en su aria del 2º acto o en los dúos… pero en su gran escena del 5º acto (mi favorita) se echó en falta una voz con más cuerpo. Siempre he defendido que la Élisabeth es una soprano lírica pura, en la línea de Desdemona, lejos de las spinto verdianas como la Amelia del Ballo, la Leonora de Forza o Aida. Lírica sí, pero con una voz con mucho más cuerpo que la de Siri para poder superar los pasajes más dramáticos. Nos regaló bellos momentos, porque canta con gusto, sabe matizar y apianar, pero la asepsia general no ayudaban mucho para regalarnos una Élisabeth memorable.

Parece que para hacer un buen Gran Inquisidor haya que ser finlandés. Y Mika Kares no estuvo al nivel de su paisano Talvela, obviamente, pero sorprendió en su breve pero complicadísima participación, con una voz potente y un domino de toda la tesitura, desde los potentes graves hasta los peliagudos agudos. Sus participaciones se encontraron entre los momentos más disfrutables de la noche.

La gran Daniela Barcellona fue la encargada de interpretar a la princesa de Eboli. Todavía recuerdo la primera vez que la vi en una Italiana in Algeri, y ahora verla en un repertorio mucho más dramático no deja de sorprender. Estuvo espléndida en la canción del velo, que supo a poco (ayudada por las coloraturas que tan bien domina) y en el terceto del jardín. Y su “O don fatal” fue más que digno, potentes sus graves, correctos aunque mejorables sus agudos… ¡pero Zanetti se esforzó por taparle! Seguramente tengamos que esperar un poco para que la voz de la italiana vaya engordando en volumen y potencia para que se encuentre más cómoda en una parte tan peliaguda como esta Eboli que interpretó con el alto nivel que era de esperar en su caso. Y habría sido la gran triunfadora de la noche, de no ser…

De no ser por un tal Juan Jesús Rodríguez, que interpretó al Marqués de Posa. Ya pudimos disfrutar de su talento canoro en el Yago del pasado Otello. Aquí el Posa sabía a poco, ya que su voz es mucho más grande y dramática y tenía que controlar su voz para sonar al barítono lírico que es Posa. Sus dos monólogos en la escena de la cárcel fueron muy aplaudidos (sobre todo el segundo, aunque a mí me gustó más el primero, donde además nos regaló unos trinos breves pero bien ejecutados) y en los saludos finales fue el más aplaudido y braveado, más que merecidamente. Fue un lujo en toda regla.

De los comprimarios destacaron Ana Nebot como Thibault y la rotunda voz de Ugo Rabec como Monje/espectro de Carlos V, aunque no cantara desde el escenario, por desgracia.

En resumen, una noche larga, pesada, con demasiados “quiero y no puedo” y sólo unos pocos puntos luminosos que no son desde luego el preludio ideal a una gran temporada. Veremos lo que nos dan de sí los demás títulos, pero miedo me da… llamadme pesimista si queréis, pero cuando acabe la temporada ya hablaremos y veremos si tengo razón o no.



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