Crónica: Don Pasquale en la AGAO (25-10-2015)


Puede resultar curioso que hasta la fecha hubiera visto en vivo dos óperas de Donizetti y en cambio tres de Bellini… curiosidades de la vida haber visto sólo 2 del muy prolífico bergamasco. Por eso, al presentarse la oportunidad de ver una tercera, el Don Pasquale (cuyo argumento comentamos en este post), la propuesta se me hacía más que atractiva, aunque supusiera conducir hasta Pamplona, ciudad en la que, lo confieso, todavía me pierdo. Y más cuando las veces previas que había ido a algún concierto a la capital navarra, siempre había sido en el Baluarte, así que ayer era la primera vez que pisaba el Teatro Gayarre.




Me sorprendió el reducido tamaño de éste (diría que menor que el donostiarra Victoria Eugenia, que conozco mucho mejor), aunque eso tiene sus ventajas, ya que aunque estaba arriba del todo, en última fila, el sonido llegaba perfectamente. Nada que ver por supuesto con un auditorio como el Baluarte o el Kursaal, no digamos ya el Euskalduna.

Antes de comenzar la crónica, dejo un enlace del programa.

Desconozco los detalles técnicos del teatro, pero la puesta en escena fue efectiva, con no pocos detalles más que interesantes (desde esos falsos micrófonos que los solistas usaban cual si fueran cantantes de Swing, hasta la trompeta solista del aria de Ernesto sentada en una estación de ferrocarril cual si fuera un mendigo, pasando por esa simulación de autobús que resultó hilarante). La mayor pega que se le podría poner es que a menudo esos gags quitaban la atención de los solistas. Pero desde luego, si el objetivo era hacer reír al público (no olvidemos que Don Pasquale es una de las grandes comedias de la ópera italiana), lo consiguieron.

La orquesta sinfónica de Navarra respondió muy bien a la dirección de Miquel Ortega, quien dirigió con precisión la partitura, con chispa y unos magníficos crescendos, y que en el resto de la ópera acompañó muy bien a los solistas. Bravo por el maestro catalán.

El coro de la AGAO cumplió con su papel, salvo por el “pequeño” detalle de comerse demasiado al solista en el “Com’è gentil”.

Y vamos ya con los solistas:

El más flojo del cuarteto fue el Doctor Malatesta de Marcin Bronikowski. Comenzó la función con el “Bella sicome un angelo” sin calentar, con la voz dura, incómodo en un papel tan belcantista (una pena, el aria es preciosa). Una vez la voz calentó el nivel subió, resolviendo la parte interpretativa con gracia y la canora con solvencia, salvo los agudos de las coloraturas del final de segundo acto.

El Ernesto lo cantó José Luis Sola. Su complicidad con Carlos Chausson fue magnífica, brillando en los dúos con él. Correcto en sus momentos solistas, “Sogno soave e casto” y “Cercherò lontana terra”. Resulta curioso que los agudos sonaban muy justitos de volumen, parecía como si tuviera problemas en el extremo agudo… y llega a la caballetta y se lanza al Reb sobreagudo así, por las buenas… no fue un cañonazo, pero fue un agudo correcto. Así que no es un problema de agudos… su voz resulta un tanto particular, igual que su técnica, pero es un cantante más que solvente, que se crecía en las escenas de conjunto. Muy bien su “Com’è gentil” y ya magnífico el “Tornami a dir che m’ami”. En los saludos finales salió muy bien parado, y en mi opinión justamente.

La Norina de Ruth Iniesta fue un lujazo. La voz sonaba potente en todo el teatro, y la interpretación fue brillante en todo momento. No merece la pena decir nada más de ella, salvo que estuvo de 10. Creo que con eso ya está todo dicho.

Y habría sido la gran triunfadora de la noche de no ser por un señor de 65 años que les robó  todos. El Don Pasquale del gran Carlos Chausson no fue de 10, fue de matrícula. Voz potente que se comía al reto del reparto en las escenas de conjunto, vis cómica impecable, actor maravilloso, luciendo canto sillabato en el dúo con Malatesta de esos que se escuchan pocas veces, con una fortaleza física envidiable… creo que tranquilamente podría entrar entre los mejores Don Pasquales de los que tenemos registros (lista que podría encabezar Sesto Bruscantini). Cantó, actuó y se llevó los mayores Bravos de la noche. Es la tercera vez que le veo en vivo y espero que no sea la última, porque está a la altura de los grandes. De hecho, consiguió lo que parecía imposible: que Don Pasquale me diera pena y todo.

En resumen, una velada de risas y buena música que bien hizo que mereciera la pena el viaje. Repetiría, sin ninguna duda. No falta sino dar las gracias a la AGAO y a los intérpretes por la gran noche que nos regalaron.



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