Crónica: La serva padrona de Opus Lirica en Donostia (09-11-2019)

La asociación donostiarra Opus Lirica comienza un nuevo proyecto, el de representar óperas “de cámara” en el Teatro Victoria Eugenia, en el seno de su temporada operística en la capital gipuzkoana. Y lo hacía eligiendo una operita breve pero de notable atractivo: el intermezzo cómico “La serva padrona” de Giovanni Battista Pergolesi.

Pergolesi tenía 23 años (y le quedaban sólo e años de vida) cuando estrenó en 1733 este intermezzo en el seno de la ópera “Il prigionier superbo”, obra hoy día prácticamente olvidada. El intermezzo, por contra, goza de gran popularidad, y es curioso como siendo unos 80 años anterior, suena tan cercano a las grandes comedias de Rossini. Es de hecho una obra que tuvo gran importancia en el desarrollo de la ópera bufa posterior. Este es de por sí un argumento que ya debería servir para atraer al público, más teniendo en cuenta que es una obra breve, de apenas 45 o 50 minutos de duración, y con magníficos momentos musicales. 

La elección de este título por parte de Opus Lirica parece ser también un acierto, ya que es una obra que requiere pocos intérpretes: apenas una pequeña orquesta, dos solistas y un papel mudo. Es por tanto de esperar que los gastos no hayan sido ni mucho menos comparables con los que trae montar una ópera de mayor envergadura. 

Antes de comentar la función (la segunda de las dos funciones que se ofrecían) dejamos como siempre un enlace de la ficha técnica. 

Escénicamente bastaban unos pocos elementos de atrezzo para meternos en acción: una cama y una bañera que desaparecían a medida que avanzaba la acción y unos muebles antiguos que nos trasladaban perfectamente a una vivienda burguesa del siglo XVIII, al igual que lo hacía el vestuario, si bien faltaban las típicas pelucas que tampoco eché de menos. La dirección escénica, que corría a cargo de Pablo Ramos y Carlos Crooke, resultó correcta, enfatizando acertadamente los elementos cómicos, siendo la parte final la más efectiva. Más discutible quizá la introducción, con un Uberto que dice que tiene prisa justo después de hacerse el remolón cuando lo van a despertar, o que lleva tres horas esperando que Serpina le lleve el chocolate cuando acaba de meterse en la bañera. Por cierto, un Uberto vago hasta la náusea, que no puede ni ponerse él mismo las zapatillas, todo el rato con el pobre Vespone ahí agachado para servirle… Tampoco sé si era necesario el uso de tres figurantes femeninas. 

La parte instrumental corrió a cargo de Camerata Oiasso Orkestra. Una decena de cuerdas y un clavicordio dirigidos por Francisco J. Ríos-López. No es ninguna novedad que yo de música barroca entiendo lo mismo que de física cuántica (es decir, nada), así que no puedo comentar gran cosa sobre la ejecución, más allá de un aparentemente correcto acompañamiento. En todo caso, mencionar que pese al pequeño número de ejecutantes, el sonido resultó más que suficiente en la introducción instrumental, que sonó más que correcta. 

La serva padrona, en la que no hay coro, requiere de tres solistas, de los cuales uno es mudo. Éste, el papel de Vespone, fue interpretado por Carlos Crooke, que por cierto no fue del todo mudo. En él los innumerables gags cómicos (que a fin de cuentas para eso está el personaje, para ser el tontaina de turno) resultaban absolutamente naturales, gracias a su genial vis cómica. 

Carlos Lozano sacó partido a nivel interpretativo a su Uberto, cómico y serio al mismo tiempo. Su interpretación de los recitativos fue meritoria. Vocalmente el resultado no fue tan satisfactorio: la voz no sonaba bien emitida, el grave era casi inexistente y el agudo, problemático y por momentos, poco audible. Sus dos primeras arias, “Aspettare e non venire” y “Sempre in contrasti” no resultaron así satisfactorias, si bien el resultado fue mejorando a medida que avanzaba la ópera. 

Ana Sagastizabal fue una magnífica Serpina tanto a nivel vocal como escénico. Una Serpina descarada, como debe ser, con una voz de potencia más que suficiente, sin problemas de tesitura, bien emitida, en estilo… una delicia de interpretación, en suma. 

La asistencia fue mejor de lo que me esperaba, aunque tampoco es que fuera gran cosa, pero sospecho que sí fue mejor que en la primera función. Y sorprendía ver un público más joven de lo habitual. Esta función de “La serva padrona” creo que ha resultado satisfactoria y sólo cabe esperar que Opus Lirica vaya consiguiendo la financiación necesaria para poder continuar con proyectos como este en el futuro, que es lo que deseamos para nuestra ciudad. 

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