Crónica: Lau noten opera en Quincena Musical (Ensayo: 24-08-2019)

Vaya por delante que no tenía previsto escribir nada sobre este “Lau noten opera”. A fin de cuentas, no pude conseguir entrada para la función, y lo que vi fue el ensayo de la víspera (gracias por adelantado a Miren y a Arkaitz por avisarme). Y no me parece justo juzgar una representación viendo sólo el ensayo. Pero es que creo que la propuesta fue tan original y el resultado tan bueno que me veo obligado a divulgarlo. 

Proyecto más bien de última hora (no estaba incluido en la programación oficial cuando cogimos los abonos) y representada en un lugar inhabitual, una sala del centro cultural Tabakalera, “Lau noten opera” es la versión traducida al euskera de “Four note opera”, ópera minimalista del compositor Tom Johnson, estrenada en 1972 y que suele representarse traducida al idioma local, en este caso el euskera. Dada la presencia del propio Tom Johnson en el ensayo y en la función, deduzco que la representación no se habrá tomado excesivas libertades, manteniéndose fiel al original. Y digo “deduzco” porque no he conseguido encontrar ninguna grabación completa de la obra, tan solo algunos fragmentos en Youtube. 

Por tanto, vamos a ver si he entendido bien la obra: Lau noten opera, compuesta sobre las 4 notas del título, es una sátira del propio mundo de la ópera (algo tan frecuente en el cine y tan infrecuente todavía en la ópera, donde nos tomamos aun demasiado en serio). Tenemos cuatro solistas, descritos con bastante mala baba: una diva-soprano insoportable, caprichosa y bastante mete-mano, con es manita escapándose siempre al culito del tenor (en vista de las últimas noticias, quizá sería más apropiado que fuera el tenor el “salido”); una mezzo juerguista; un tenor gafe, con ganas de un protagonismo que no tiene, y un barítono aburrido. Aparece por ahí un bajo que no sé qué pinta y que apenas suelta un par de frases. Y Luego el director, que para qué sirve, pues para lo que todos piensan: para nada, para hacer el tonto, mover las manos, echar la bronca a los solistas cuando no le siguen y boicotear a la soprano. Y, entre medias, algunos números musicales que nos describen qué son unas variaciones, el desarrollo del interludio de piano y otros aspectos musicales de la obra. Imprescindible entender el idioma para poder seguir el desarrollo, desde luego. 

Antes de comenzar la crónica dejamos, como siempre, un enlace a la ficha de la producción. 

Genial la propuesta escénica de Ekaitz Unai González, con esa especie de cuatro tronos para los solistas, con una dirección de actores absolutamente genial, aprovechando la bis cómica de todos ellos. Magnífica la iluminación, el vestuario, en general todos los elementos escénicos que engloba una producción de ópera. Pocos medios, buenas ideas y resultados excepcionales. Y, pese a ser un ensayo, no hubo ningún corte, ninguna pausa en toda la obra, salvo en los saludos finales (gran idea por cierto proyectar los nombres de quien estaba saludando en ese momento). 

La labor de dirección musical recaía supuestamente en manos de Arkaitz Mendoza, aunque en esta ocasión su labor, como ya hemos comentado, fue nula, ya que no hay orquesta a la que dirigir. Pero lo que se requería de él en esta ocasión era una labor actoral que el director de orquesta demostró tener buenas dotes. Verle jugando con aquel chupachups gigante (mayor que la cabeza de Kojak, que ya es decir) para boicotear a la diva resultaba grotesco y divertido a la vez. Quien sabe si, además de un magnífico director de orquesta, tenemos además a un interesante actor… 

La labor de acompañamiento musical recaía por tanto en el pianista Pedro José Rodríguez, que en general pasó desapercibido en la función salvo en los momentos en los que apuntaba la duración de alguno de los pasajes, involucrándose así brevemente en el desarrollo dramático de la obra. Su labor de acompañamiento fue impecable, y tuvo su pequeño momento de gloria en el interludio para piano, que tampoco presenta grandes dificultades virtuosísticas al tratarse de una obra minimalista. 

El bajo Pedro Llarena apenas tiene, como he dicho, un par de frases en la obra. Aparece en algunos momentos paseándose por la sala, deteniéndose todo en ese momento, por lo que no me queda claro si es un solista o representa a un petulante crítico musical (si ese es el caso, no pienso sentirme identificado). Exigua labor difícil de juzgar. 

Probablemente ha sido la mejor función que le he escuchado nunca a Fernando Latorre. En el programa figura como barítono, aunque que yo recuerde siempre le había escuchado como bajo. Su parte es musicalmente una de las más extensas de la obra (quizá la más extensa), y demostró no tener ningún problema vocal para afrontar su partitura y unas dotes escénicas magníficas. 

Menos suerte tenía Beñat Egiarte, ya que su parte es breve y bastante “penosa”. Es la primera vez que he tenido ocasión de escuchar al tenor, y con esta función me quedo sin saber qué tal canta. Eso sí, los gallos a posta los borda (en su único monólogo tiene que gallear para ridiculizar aún más a los tenores… pobrecitos. Bueno, fama de “buenorro” por lo menos sí que se llevaba, siendo objeto de deseo constante de la soprano, aunque no le hiciera gracia). Algo apurado en los agudos de las variaciones (agudos breves y con saltos constantes, nada fáciles obviamente), destacó en su faceta actoral, sobre todo en ese cuarteto en el que él no canta y al final se suicida a lo Madama Butterfly. En fin, que espero poder escucharle de nuevo en algún papel con más enjundia para comprobar su talento canoro, porque el actoral/cómico está fuera de toda duda. 

Marifé Nogales cantaba de mezzo o por momentos de contralto, en una tesitura más grave de la que le había escuchado hasta la fecha, superándola con solvencia. Escénicamente era la locura personificada; no reírse con ella era absolutamente imposible. 

Miren Urbieta-Vega era la insoportable diva-soprano que hace lo que quiere y que sólo quiere lucirse. Quizá por ello tiene el aria de más lucimiento de la obra, que resolvió con la solvencia que esperábamos de ella, con buen registro agudo y picados. Y.como el resto, genial en la faceta escénica. 

Las risas de los pocos asistentes al ensayo se contagiaron a sus protagonistas.., y oye, encajaba muy bien. El público se divirtió, y los solistas parece que también, que tienen el mismo derecho que el resto a hacerlo. Desconozco el resultado de la función propiamente dicha, pero la falta de entradas demuestra que había interés por la propuesta.

Y, si había interés, sólo me queda volver a reclamar repetir la función de Lau noten opera, y, si fuera posible, hacer funciones escolares, ya que es una obra genial para que los alumnos sepan qué es una ópera de una forma diferente, divertida, con menos naftalina, más libre incluso en lo que a espacios se refiere. Y cuando el trabajo escénico y actoral es tan sumamente genial, es una pena que se pierda tan rápido, con todo el potencial que ofrece. 

Crédito fotográfico: Quincena Musical.

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