Glenn Ford en el centenario de su nacimiento (01-05-2016)


A veces un único papel en el cine puede marcar la carrera de un intérprete, para bien o para mal. En el caso que nos ocupa hoy, más bien para mal: Glenn Ford fue un gran actor que ni siquiera recibió una nominación al Oscar: ser el protagonista de la famosísima (pero más bien mediocre) “Gilda” pesó demasiado en su carrera. Una carrera plagada de buenas interpretaciones (no sobresalientes, desde luego, pero siempre convincentes) que, en el centenario de su nacimiento, nos conviene recordar.




Gwyllyn Samuel Newton Ford (afortunadamente pasó a la fama con el más sencillo nombre de Glenn Ford, que a ver quién recuerda su nombrecito real…) nació el 1 de mayo de 1916 en Quebec, Canadá, aunque a los 8 años se trasladó con su familia a Santa Monica, California, donde desde joven se introduce en grupos teatrales. De ahí el salto al cine es el camino lógico, y Glenn Ford ficha por la compañía Columbia en 1939, debutando en “Heaven with a barber wire fence”. Su primer film relevante será en 1940 con “La dama en cuestión”, de Charles Vidor, en la que comparte pantalla con Brian Aherne y con Rita Hayworth, quien será pareja habitual suya en la pantalla y fuera de ella, ya que mantuvieron un romance (no vamos a hablar de la vida sentimental de Ford, con sus 4 matrimonios e innumerables romances, porque a parte de corresponder más a la prensa rosa, no acabaríamos).

Desde sus comienzos como actor ya llamó la atención del director John Cromwell, quien en 1941 le ofrece un papel en “Así acaba nuestra noche”, en la que compartirá pantalla con el gran Fredric March y con la (desgraciadamente) fugaz estrella Margaret Sullavan, en la que interpreta a un fugitivo alemán durante la II Guerra Mundial. Su interpretación atrae la atención de los medios.

Pero poco después Estados Unidos entra en la II Guerra Mundial: Ford se embarca primero en una gira para promocionar la compra de bonos de guerra (durante la que conoce a la actriz y bailarina Eleanor Powell, que será su primera esposa y con quien se casará en 1943, divorciándose en 1959), y luego se enrola en la Marina.

Terminada la guerra regresa al cine en 1946, protagonizando junto a Bette Davis “Una vida robada”. Pero será otra película de ese mismo año la que le lleve a la fama: d nuevo dirigido por Charles Vidor y junto a Rita Hayworth, será el protagonista de “Gilda”. La película no gustó a la crítica (con razón), pero sí al público. El resto es ya historia:

Ford trabaja en esos años en western menores y en algunas otras películas de cine negro, aunque de nuevo sus films más memorables serán junto a Rita Hayworth (pese a que ambos cometieron el error de rechazar protagonizar “Nacida ayer”, que supuso el lanzamiento definitivo de William Holden y el Oscar para Judy Holliday). En 1948 protagonizaron “Los amores de Carmen”. No sé bien qué pintaba Glenn Ford como Don José (no pega ni con cola), pero bueno…

Volverían a trabajar juntos (pero esta vez sin la dirección de Charles Vidor) en 1952 en “La dama de Trinidad”:

Mal iba así la carrera de Glenn Ford, pero alguien acudiría a su rescate. Siendo un actor habitual del cine negro, el gran director alemán Fritz Lang se fijó en él para protagonizar dos míticas películas de ese género. La primera, en 1953, “Los sobornados”, joya del cine negro que protagonizará junto a Gloria Grahame:

La segunda, en 1954, de nuevo junto a Gloria Grahame y con Broderick Crawford, “Deseos humanos”, basada en una obra de Zola:

Gracias a estas películas, su prestigio como actor aumentó considerablemente, y así protagonizó un puñado de películas en 1955, de las que destacaremos dos. La primera, el drama “Melodía interrumpida”, en el que interpreta al esposo de Eleanor Parker, una cantante de ópera que sufre un accidente que le impide retomar su carrera, quizá su papel más dramático hasta la fecha:

La otra, la magnífica “Semilla de maldad” de Richard Brooks, en la que interpreta a un idealista profesor que tiene que enfrentarse a conflictivos alumnos (entre ellos un magnífico Sidney Poitier)… ¿conseguirá su objetivo?:

En 1956 comienza a colaborar con otro director, Delmer Daves, en varios Western, siendo el primero de ellos Jubal, junto a Ernest Borgnine y un malvado Rod Steiger:

En 1957 será “El tren de las 3:10”, en la que interpreta a un forajido al que captura Van Heflin, en otro de sus mejores papeles:

Y trabajará de nuevo con Delmer Daves en 1958 en “Cowboy”. Pero quizá más relevante resulta su participación en otro Western, pero de Anthony Mann, el remake de “Cimarrón” de 1960, junto a Maria Schell. A falta de otra cosa en Youtube, veamos la escena final (spoiler obvio):

En 1961 protagonizará uno de sus mayores éxitos, “Un gangster para un milagro”, de Frank Capra. Protagonizada por una inolvidable “Annie Manzanas” de Bette Davis y rodeado por unos secundarios robaescenas (Thomas Mitchell en su último papel, Edward Everett Horton o Peter Falk), Glenn Ford consigue mantener el tipo… y más, ya que se llevará el Globo de Oro al mejor actor de comedia (aunque los Oscar de nuevo le ignorarán injustamente):

En 1962 comete un serio error: protagonizar “Los cuatro jinetes del Apocalipsis” de Vincente Minnelli. Acertadamente trasladada la acción de la I a la II Guerra Mundial, con sobresalientes interpretaciones de Charles Boyer, Paul Lukas, Paul Henreid o Karlheinz Böhm, Glenn Ford resultaba demasiado mayor (más de 40 años) para interpretar al protagonista (y competir con el Rodolfo Valentino de la versión muda, algo poco menos que imposible). El fracaso fue absoluto:

Pese a todo, en 1963 volverá a trabajar con Vincente Minnelli, con mucho mejor resultado, en la genial comedia “El noviazgo del padre de Eddie”, interpretando al viudo padre de un Ron Howard al que le quedaban muchos años para ganar el Oscar a mejor director (qué pena que creciera…):

Cada vez más cómodo en la comedia, acompañará a Geraldine Page en “Querido corazón”, de Delbert Mann, en 1964:

Volverá a trabajar con Rita Hayworth en “La trampa del dinero”, aparecerá fugazmente en “¿Arde París?” de René Clément y trabajará en no pocos westerns, como “Los desbravadores” de Burt Kennedy, de 1965, junto a Henry Fonda:

O en “Duelo a muerte en Río Rojo” de Richard Thorpe, de 1967, junto a Angie Dickinson:

Pero su ritmo de trabajo se reduce notablemente, y cada vez trabaja más en televisión. En 1976 trabaja en “La batalla de Midway”, aunque quizá su papel más remarcable sea el de Jonathan Kent en “Superman”de Richard Donner, en 1978:

Su último papel en cine fue en 1991 en “Visiones mortales” Mejor que se lo habría ahorrado.

En 1987 recibió el Premio Donostia, en el que se emocionó recordando a Rita Hayworth, que acababa de morir, y eligió para proyectar en la ceremonia su film más mítico, “Gilda”. Desde mi punto de vista, un error, pero claro, la mitomanía es muy fuerte…

Retirado de la vida pública, Glenn Ford murió de un infarto (sufría del corazón desde tiempo atrás) el 30 de agosto de 2006, a los 90 años, en su casa de Beverly Hills. Está enterrado en el cementerio Woodlawn, en Santa Monica. Tuvo un único hijo, Peter, con su primera esposa, Eleanor Powell.

Infravalorado por la crítica, seguramente por causa de esa “Gilda” que mejor sería olvidar, Glenn Ford fue un actor más que solvente, adaptable a casi cualquier género y que nos regaló un buen puñado de interpretaciones que en un día como hoy nos conviene recordar. Sus dos films con Fritz Lang, “El tren de las 3:10”, “Cimarrón” o “Un gangster para un milagro” bien merecen un repaso.



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