In memoriam: Nikolaus Harnoncourt (05-03-2016)


El los últimos años tengo cada vez más miedo de las retiradas artísticas. No puedo evitar recordar casos como los de Bob Hoskins o de Constantino Romero, que anunciaron su retirada y poco después recibimos peores noticias. Pues bien, la historia vuelve a repetirse. El pasado 5 de diciembre, el director de orquesta Nikolaus Harnoncourt anunciaba su retirada; sus “facultades físicas” (como él las definió) no estaban ya en condiciones de continuar los conciertos que tenía programados. Y sólo 3 meses después, la noticia que nos llega sobre él de nuevo es la peor: nos ha dejado.




No soy yo una persona que conozca mucho la figura de Nikolaus Harnoncourt; él era un director especializado en el repertorio barroco (que no es mi fuerte), del que fue un gran recuperador, y tampoco comparto su ideología interpretativa. Pero hay una imagen que tengo grabada a fuego en mi memoria: fue en el segundo (y último) concierto de año nuevo que dirigió, en 2003. Estaba dirigiendo la “Invitación a la danza” de Carl Maria von Weber. El público piensa que la obra ha terminado y se pone a aplaudir ruidosamente; Harnoncourt se gira con visible gesto de enfado y señala al violonchelo (ese instrumento que él tocaba en su juventud) que tiene que seguir tocando hasta concluir la pieza. No encuentro las imágenes en Youtube, pero por lo menos sí el audio:

No se puede, por supuesto, ignorar su inmensa labor en la recuperación y difusión de la música barroca. Nikolaus Harnoncourt buscaba siempre la mayor aproximación a la sonoridad original de la música, lo que en este repertorio suponía el uso de instrumentos originales (es decir, de instrumentos propios de la época, sin los avances más modernos) y, como curiosidad, la supresión de las voces femeninas en, por ejemplo, las cantatas y pasiones de Bach, por contratenores y niños, ya que en la época serían hombres quienes interpretaran las partes de soprano y alto. Por eso, y como confieso que me encantan las voces de niños (siempre que canten bien, claro), mi aportación al barroco de Harnoncourt es este aria para alto de la pasión según San Juan de Bach:

Por supuesto, no fue ajeno al mundo del clasicismo, y fue un intérprete referencial de Mozart, por ejemplo. Como muestra, vamos a verle dirigir la sinfonía 40. Hay que reconocer que, para quienes estamos a costumbrados a versiones más “románticas” de la obra, su versión nos puede sonar un tanto barroca y falta de dramatismo, aunque sorprende el ritmo más bien lento de ese magnífico primer movimiento, y no se puede negar que se trata de una gran interpretación, gustos estéticos al margen; a parte de la energía que transmiten sus gestos al dirigir, claro:

Pero yo, sintiéndolo mucho por los fans de otros repertorios, me voy a centrar en lo mío, que es el romanticismo. Y claro, comenzamos con Beethoven. Y vamos a escucharlo en el la famosa 5ª sinfonía. Compararlo con un director expresivo (como el gran Furtwängler, mi referencia absoluta en esta obra) es absurdo. El enfoque de Harnoncourt es diametralmente opuesto: respeto absoluto por los tempos de la partitura, orquesta de cámara… la obra suena bajo su batuta mucho más ligera, aunque no carente de dramatismo. Incluso en algún momento se intuye alguna pausa alargada… es una visión 100% historicista. No es mi visión, desde luego, pero sí la de otros muchos, y, de nuevo, al margen de valores estéticos, su calidad musical es innegable:

Schubert fue otro compositor al que Nikolaus Harnoncourt dedicó gran atención, recuperando incluso óperas y otras obras olvidadas del genio vienés. Pero lo que vamos a ver es el 1º movimiento de su 9ª sinfonía. Y aquí la versión es simplemente espléndida. El juego de dinámicas, el cuidado con el que se escucha la sutil orquestación en incluso los tempos (esa introducción de las trompas más bien lentas, seguidas por unos oboes bastante más rápidos) nos regala una magnífica interpretación de una obra por la que tengo una gran debilidad:

Nikolaus Harnoncourt fue además un afamado director de opereta vienesa, con títulos como “El barón gitano” y “El murciélago” de Johann Strauss Jr. De está última ópera vamos a escuchar el vals “Du und Du”:

No es de extrañar, por tanto, que fuera invitado para dirigir el concierto de año nuevo en dos ocasiones, en 2001 y 2003. De ese último es imposible no destacar ese magnífico “Vals del Emperador”, con una perfecta transición de la marcha de ritmo binario inicial al vals de ritmo ternario. No es un maestro del rubato, pero aún así lo encontramos en varios momentos, y a fin de cuentas es una versión más que disfrutable:

Y con ese vídeo de los jardines del Schönbrunn ya…

Su labor como musicólogo le llevó incluso a grabar la 9ª sinfonía de Anton Bruckner, la 9ª, inacabada (falta el cuarto y último movimiento) con una reconstrucción de las partes escritas de este 4º movimiento y una explicación sobre él:

Incluso en sus últimos años se atrevió con algo tan ajeno a su estilo como el “Porgy and Bess” de Gershwin:

Lo dejamos aquí. Podríamos hablar de su Brahms, de su Mendelssohn y de tantas y tantas cosas… pero la cuestión ha sido recordar la larguísima carrera musical de Nikolaus Harnoncourt, 85 años dedicados a la música, tanto como director (e intérprete en sus comienzos) como como musicólogo. Pueden compartirse sus valores estéticos o no, pero está claro que Harnoncourt ha sido un monstruo en el mundo de la música, y merece ser recordado como tal.



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