Joseph Schildkraut: 120 años de su nacimiento (22-02-2016)


Yo suelo decir (y hay quien me mira raro al oírme) que las buenas películas se hacían en los 50, cuando ya se consigue que los guiones cuente mejor las historias, pero que los grandes actores y actrices son los de los años 30. No me voy a poner a enumerar a tantos y tantos protagonistas de aquellos años en los que el mundo de la interpretación alcanzaba unas cotas que hoy no podemos ni soñar. Pero es que a esos grandes actores y actrices protagonistas les acompañaba un envidiable plantel de secundarios que hoy eclipsarían a cualquiera de las estrellas del momento. Actores y actrices a los que a menudo se ignora, aunque los hay que han tenido más suerte y siguen siendo recordados. Me temo que no es el caso del que nos ocupa hoy, Joseph Schildkraut.




Schildkraut fue el segundo actor en ganar el Oscar a mejor actor secundario en 1937 (este premio se dio por primera vez en en 1936, y lo ganaría el gran Walter Brennan en aquella primera ocasión). Fue su única nominación. Pero confieso que es un actor por el que tengo una gran predilección, y me parece interesante poder hacer algo por recuperar su figura.

Joseph Schildkraut nació en Viena el 22 de marzo de 1896, siendo hijo del actor teatral Rudolph Schildkraut, de origen judío. A comienzos de siglo la familia abandonó Austria y se mudó a Nueva York, donde, siguiendo los pasos de su padre, Joseph realizará numerosas interpretaciones teatrales en Broadway, entre las que parece que destacó en el Peer Gynt de Ibsen.

Pero a comienzos de los años 20, al igual que su padre, comenzó también a trabajar en el cine. El cine mudo de la época permitía ocultar su marcado acento alemán, así que en 1921 protagoniza, junto a las hermanas Gish, “Las dos huérfanas”, de D. W. Griffith. La película está completa en Youtube buscándola por su título en inglés, “Orphans in the storm” (no voy a compartir aquí una película completa de casi dos horas y media de duración). De su etapa como actor de cine mudo destaca también su participación, interpretando a Judas Iscariote, en el “Rey de Reyes” que Cecil B. de Mille dirigió en 1927, en el que su padre interpreta a Caifás. También protagoniza, en 1929, la primera versión de “Show boat”, película parcialmente sonora.

En los años 30, con la irrupción del cine sonoro, Joseph Schildkraut consigue hacerse hueco en Hollywood pese a su acento interpretando a menudo a personajes ambiguos, irónicos, como el Herodes de la “Cleopatra” de Claudette Colbert. Pero también ese peculiar acento le sirvió para interpretar a personajes exóticos, como el árabe Batouch que acompaña a Charles Boyer y Marlene Dietrich en “El jardín de Alá”, de 1936. Lo vemos con el fez rojo al comienzo de esta escena:

En este tipo de papeles, Joseph Schildkraut tenía una cierta tendencia al histrionismo (algo no tan extraño, una de las estrellas de la época era Charles Laughton, que también era bien histriónico…), pero en 1937 realiza una interpretación contenida y matizada como era difícil de esperar, en “La vida de Émile Zola” de William Dieterle. Paul Muni interpreta al protagonista Zola, pero la película se centra en su participación en el conocido como “caso Dreyfus”, en el que se acusó y condenó al militar Alfred Dreyfus, de origen judío, de traición, cuando él era inocente, como se demostraría más tarde. Con un reparto de lujo (Vladimir Sokoloff como Cezanne, Gale Sondergaard como la señora Dreyfus, Louis Calhern o Henry Davenport), Joseph Schildkraut interpreta precisamente al capitán Dreyfus en una interpretación memorable:

Y es por esta interpretación por la que se lleva el Oscar, más que merecidamente. Y es que mantener el tipo ante un monstruo de la interpretación como Paul Muni tiene un enorme mérito.

Al año siguiente, 1938, acompañará a Tyrone Power en “Suez”, pero destacará sobre todo por su pérfido Duque de Orleans en la “Maria Antonieta” de W. S. Van Dyke, que protagoniza Norma Shearer, con Tyrone Power como Axel von Fersen y Robert Morley como Luis XVI. El papel se adapta a su estilo interpretativo como un guante:

En 1939 interpreta a Luis XIII en “Los tres mosqueteros” que protagoniza Don Ameche, así como a Fouquet en “El hombre de la máscara de hierro” (por desgracia no he tenido oportunidad de ver ninguna de las dos), además de volver a sus personajes exóticos, como el Indio Bannerjee en “Vinieron las lluvias”, acompañando a Tyrone Power y Myrna Loy. Y en 1940, Ernst Lubitsch le da un pequeño papel en “El bazar de las sorpresas”, que protagonizan James Stewart y Margaret Sullavan, y en la que interpreta a uno de esos personajes ambiguos que bordaba, además de que su acento iba perfecto para un húngaro:

Pero su ritmo de trabajo se reduce, y desaparece del cine a mediados de los años 40.

Eso no significa que dejara de actuar en televisión y en teatro, y gracias a ello, todavía tenía un regalo que hacernos. Y es que en 1955 interpreta a Otto Frank en el estreno en Broadway de “El diario de Ana Frank”, y George Stevens contó con él para interpretar el mismo papel en la adaptación cinematográfica de 1959. Su interpretación del padre de Ana, matizada y entrañable, es quizá su mejor papel (que me expliquen cómo no le nominaron al Oscar, por favor). Sólo por verle a él ya merece la pena ver las 3 horas de película, de las que él lleva buena parte del peso:

Y la música de Alfred Newman, bellísima.

Joseph Schildkraut, que se había divorciado de su primera mujer en 1930, y se había vuelto a casar en 1932 con Mary McKay, se queda viudo en el año 1962. Al año siguiente se casa con Leonora Rogers, pero este tercer matrimonio durará muy poco: el 21 de enero de 1964, a los 67 años, un infarto se lo llevó un año antes de que se estrenara su última película, “La historia más grande jamás contada”, en la que interpretaba a Nicodemo. Fue enterrado en el Hollywood Forever Cemetery (más información aquí).

Joseph Schildkraut fue un miembro nada desdeñable de esa edad dorada de Hollywood, participando en algunas de las más importantes películas de los años 30. Era un actor todoterreno, que se adaptaba a cualquier tipo de papel, y que nos dejó algunas interpretaciones memorables, destacando sus papeles en “La vida de Emile Zola”, “Maria Antonieta” y, sobre todo, “El diario de Ana Frank”. Creo que su trabajo bien merece ser recordado.



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