La tabernera del puerto cumple 80 años (06-04-2016)


No puedo olvidar la primera vez que fui a ver en vivo una zarzuela. Fue La tabernera del puerto de mi paisano Sorozabal en el donostiarra Teatro Victoria Eugenia. Sólo conocía el “No puede ser”, de escuchárselo a Plácido Domingo, y la verdad es que la obra me sorprendió gratamente. Al margen de lo que me gustó la romanza de la soprano (“En un país de fábula”), no puedo olvidar ese momento del dúo de Marola y Leandro (lo cantaba Albert Montserrat si la memoria no me falla; me temo que por aquella época todavía no tenía la costumbre de guardar los programas de mano), cuando, en el “Marola, no comprendes, te quiero con toda el alma”, al llegar al agudo, el sonido empezó a crecer, y crecer… y yo, arriba del todo del teatro, pensé que me iba a quedar sordo de lo que creció el volumen de la voz del tenor. Salí encantado, y desde entonces, La tabernera del puerto es una de mis zarzuelas favoritas.




Y hoy hablamos de ella porque fue el 6 de abril de 1936, hoy hace 80 años, cuando se estrenó esta obra maestra de Pablo Sorozabal en el Teatro Tivoli de Barcelona. Con libreto de Federico Romero y Guillermo Fernáncez-Shaw, La tabernera del puerto fue desde el comienzo un gran éxito, y desde entonces se han convertido en una de las zarzuelas más populares del repertorio, lo que no es difícil de entender en vista de las grandes páginas que tiene. Así que vamos a darle un repasito.

La acción, que se sitúa en los años 30, tiene lugar en la ficticia ciudad portuaria de Cantabreda (que tranquilamente podría ser un puerto marinero vasco, de Pasaia a Bermeo). Mientras los marineros cantan el coro “Eres blanca y hermosa”, llega el marinero marsellés Verdier, que lleva años sin aparecer por la ciudad, y como de costumbre, va a tomarse un café al “Café del vapor”. Su propietario, Ripalda, está un tanto malhumorado; le explica a Verdier que ahora hay una taberna nueva en el puerto, y que le está quitando clientela porque hay una tabernera que atrae a los hombres. Y por ahí parece un muchacho, Abel (cantando por una soprano para transmitir mejor la juventud del personaje) cantando precisamente una canción para la tabernera, “Ay que me muero por unos ojos”. Y de paso, escuchamos la Salve marinera que los marinos le cantan a la virgen del Carmen. Escuchamos esa introducción:

La tabernera, Marola, llegó hace pocos meses acompañada de Juan de Eguía, de quien todos sospechan que es su marido.

Chinchorro, un viejo patrón que bebe demasiado, está enfadado porque por culpa de Leandro, un marinero a su servicio, no ha podido salir a faenar, ya que el joven está enamorado de la tabernera, y allí se ha quedado.

Mientras aparece Simpson, un viejo marinero inglés, que tiene problemas en reconocer a Verdier. Simpson preferiría no volver a encontrárselo, ya que huye de su pasado criminal. Pero aparece Juan de Eguía, y los tres recuerdan su pasado en la bellísima habanera “Qué días aquellos de la juventud”, que escuchamos con Renato Cesari como Juan:

Mientras los tres entran el el café a hablar de sus negocios, Ripalda, para vengarse de la tabernera, emborracha a Antigua, la mujer de Chinchorro, y le dice que su marido está en la taberna, lo que pone celosa a la mujer, que saca de la oreja a su marido, y así tenemos este dúo cómico, que parece una de esas “escenas de matrimonio” de las que mejor no acordarnos. Atención a los piropos que se sueltan ambos…

Después de que los dos borrachos se vayan, Juan de Eguía vuelve a la taberna. Necesita la ayuda de Marola para llevar a cabo un negocio del que no le quiere contar nada, pero necesita a alguien que no levante sospecha, y el ideal es Leandro, por el que Marola siente algo. Ni Verdier ni Simpson están de acuerdo con esto, y tampoco Marola, pero ante las órdenes de Juan tiene que aceptar. Llega Leandro y todos le dejan solo con Marola. Él le declara su amor, pero ella intenta contenerse, ya que sabe el peligro que corre; y así tenemos ese bellísimo dúo que el el “Marinero, vete a la mar”, que escuchamos aquí a Mariola Cantarero e Ismael Jordi, dos cantantes de lujo para esta zarzuela:

Cuando Leandro se va, el que se declara a Marola es Abel, pero a ella le hace gracia esta declaración.

Llegan todas las mujeres del puerto dispuestas a atacar a Marola, acusándole de emborrachar y ensimismar a sus maridos; ella se defiende y les dice que tendrían que cuidarse más y tratarlos de otra forma, pero ellas no entran en razón, y al aparecer Juan de Eguía, repiten las acusaciones, por lo que Juan trata con violencia a Marola entre los aplausos de las mujeres y la rabia de Abel. Y así terminamos este primer acto de La tabernera del puerto:

Comenzamos el segundo acto. Estamos en el interior de la taberna, llena de marineros; algunos de ellos cantan. Simpson le pide a Marola que cante, y Juan insiste en que lo haga, así que Marola canta esa bellísima romanza que es “En un país de fábula”, que escuchamos aquí en la gran interpretación de María Bayo:

Juan de Eguía también se anima a cantar, aunque la temática de su canción es un tanto más “discutible” en este “La mujer de los quince a los veinte” que escuchamos a Renato Cesari:

La policía vigila la taberna, pero Juan de Eguía se siente tranquilo. Mientras, aparece a Abel contando lo que Juan maltrató a Marola, y muchos se van a buscar a Leandro para pedirle cuentas a Juan. Algunos marineros se quedan, y para ellos Simpson canta uno de los mejores momentos de toda La tabernera del puerto, la romanza “La luna es blanca, muy blanca”, que escuchamos a Victor de Narké:

Los marineros que quedan se van al escuchar el pitido de su barco. Aparece Leandro, y Simpson, a solas con él, decide ponerle sobre aviso: Leandro no sabe nada, pero lo que Marola le va a pedir que haga es traer un bulto de cocaína que está escondido en una cueva de la costa, sólo accesible en barco; se necesita a alguien que no levante sospechas y que tenga algún motivo para callas (como amar a Marola) para traerlo a puerto. Leandro, una vez se queda solo, no puede creerse que el amor de Marola no sea cierto y que le esté utilizando para tan sucios planes: estamos en la romanza más famosa de La tabernera del puerto, el “No puede ser”, que escuchamos al mejor Leandro imaginable, Alfredo Kraus:

Entra Marola, y cuando Leandro le pregunta si no tiene nada que decirle, ella le dice que no, ya que no quiere que sea cómplice de Juan. Le vuelve a declarar su amor y se abrazan. Los ve Antigua, a quien la escena le agrada, ya que así Chinchorro no corre peligro. Pero ella le cuenta a Leandro cómo Juan maltrató a Marola, y ahora Leandro insiste en saber cómo ella acabó con Juan. Marola le cuenta cómo se crió en un puerto lejano con su madre, pobremente, aunque un marinero aparecía de vez en cuando y cariñosamente le besaba y le daba dinero. Cuando su madre murió, él se la llevó de puerto en puerto hasta acabar en Cantabreda. Juan de Eguía no es su esposo, como piensan todos (Leandro incluido), sino su padre. Leandro, feliz, ahora está dispuesto a recoger la cocaína para arrojarla al mar, pero Marola quiere acompañarlo, y ambos se citan.

Mientras aparecen Abel y Ripalda, que se pelean por Marola en este trío cómico:

Marola se queda de nuevo sola, y aparece Juan. Marola sabe que los marineros le buscan para desafiarle por lo que le ha hecho a Marola, pero él se ríe, no les teme. Le pregunta si ya le ha dicho a Leandro lo que debe hacer; ella le oculta su plan e intenta que Juan no insista, pero éste le cuenta que busca a alguien que pueda cuidar de ella cuándo él ya no esté. Ella dice que ama a Leandro, y entonces se da cuenta de que ese es el motivo por el que insistió Juan en que le buscara.

Mientras, aparecen los marineros, que cuentan a Leandro lo que Juan le hizo a Marola. Desafían a Juan, pero este dice que es de cobardes todos contra él; se queda sólo Leandro, y sabiendo que Juan es su padre, éste le promete que le dará la mano de su hija si trae el fardo de cocaína esa misma noche. Con esta escena termina el segundo acto de La tabernera del puerto:

El tercer acto consta de dos cuadros. El primero tiene lugar en el mar: Leandro y Marola van a cumplir el encargo que les permitirá casarse, pero son sorprendidos por una tormenta:

Entre los dos cuadros tenemos un intermedio orquestal, tomado del dúo cómico de Antigua y Chinchorro, para rebajar la tensión:

Cuadro segundo: volvemos al puerto. Todos están tristes por la desaparición de Marola, a la que Abel vuelve a dedicar la misma canción que escuchamos al principio de la zarzuela:

Todos piensan que Marola y Leandro han desaparecido durante la tormenta cuando intentaban huir de Juan de Eguía, pero éste aparece llorando, confesando ser el padre de Marola y ser el culpable de la desgracia, en esta bella romanza que canta de nuevo Renato Cesari:

Pero Simpson aparece diciendo que Marola y Leandro están vivos y cuenta el plan de Juan. Todos le ven como el culpable, y cuando la pareja llega detenida, Juan confiesa su culpa y es detenido, mientras Marola y Leandro, ya libres, por fin pueden vivir su amor. Y así termina La tabernera del puerto.

Y ahora, como  siempre…

Reparto ideal:

Leandro: Alfredo Kraus.

Marola: María Bayo.

Juan de Eguía: Renato Cesari.

Simpson: Victor de Narke.

Dirección de Orquesta: Pablo Sorozabal.

Crónicas:

Lasarte, 2016 (Sasibil)

Donostia, 2016 (Sasibil)


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