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Crónica: Il turco in Italia en Oviedo (07-10-2018)


Tenía ya ganas de estrenarme en el Teatro Campoamor de Oviedo, que presenta cada año unas temporadas más que interesantes, con títulos infrecuentes en el estado, o incuso con estrenos absolutos, como la reciente “Fuenteovejuna” que me quedé con las ganas de ver. Así que había que aprovechar la ocasión de ver una genial comedia de Rossini, no muy habitual, “Il turco in Italia”, que contaba además con un reparto atractivo.




“Il turco in Italia” es la quinta ópera de Rossini que tengo ocasión de ver en vivo, siendo las 5 comedias. Sin llegar a la absoluta genialidad que es “L’Italiana in Algeri”, la mejor de todas en mi opinión, este turco es una magnífica ópera que bien merece la pena ser vista, y había que aprovechar la ocasión, pese a lo duro del viaje (6 horas y media de bus, y vuelta al día siguiente) y al sablazo al bolsillo que supone.

Como siempre, antes de comentar pormenorizadamente la función, dejamos un enlace de la producción.

La escenografía, bastante compleja, nos traslada a la Italia de los años 50, con su pizzeria, sus casas ruinosas y el tranvía pasando por la calle de atrás, además de sus bicis y motos pasando por delante de la acera principal. Quizá por momentos despistaba un poco, pero resultaba colorida y eficaz. La dirección de Emilio Sagi destacaba la comicidad de la historia, ayudada por el enorme talento interpretativo de los solistas.

Iván López Reynoso dirigió con solvencia a la Orquesta Oviedo Filarmonía, acompañando en general con corrección a los cantantes, con apenas algún momento de excesivo volumen y pequeños desajustes con Corbelli, incapaz de seguir por momentos el ritmo impuesto por el director. De una orquesta que estuvo en general a buen nivel habría que destacar los metales en la obertura, con una trompa maravillosa y una trompeta que, pese a una ligera desafinación, resolvió con solvencia su parte.

El coro de la ópera de Oviedo supero la prueba, aunque “Il turco in Italia” no es una ópera que tenga una participación coral destacable, no olvidemos que los finales no son los más espectaculares de Rossini.

David Astorga, con una voz pequeña pero interesante, fue un correcto Albazar que supo sacar partido a su pequeña aria del segundo acto.

Laura Vila fue igualmente una correcta Zaida, sacando partido a su parte escénica, ya que la vocal no le permite grandes momentos de lucimiento.

David Alegret fue Don Narciso, uno de los 4 protagonistas de “Il turco in Italia”, pero cedió el protagonismo de este cuarto personaje al poeta. Su voz es sin duda la de un contraltino, por timbre y por facilidad para las coloraturas (realmente envidiosa), y se desenvuelve con solvencia en escena. Pero su problema es que el registro agudo no existe, y se nota demasiado en unos agudos problemáticos u omitidos que enturbiaban su interpretación.

Manel Esteve fue un sobresaliente poeta, luciendo sus virtudes habituales: voz de timbre hermoso, canto irreprochable y una capacidad actoral sorprendente. En lo cómico, cómo no, destacar la escena en la que es arrojado por la alcantarilla. En lo vocal, supo sacar partido a un personaje poco interesante, dándole un realce poco menos que inusitado.

Sabina Puértolas interpretaba a la protagonista femenina de “Il turco in Italia”, la insoportable Fiorilla, y como tal fue insoportable, como debe ser. Tiene una gracia escénica fuera de cualquier duda. Vocalmente, sigue existiendo un agudo en exceso vibrado, en especial en su aria de entrada, aunque hay que destacar los picados impecables que dio en esa aria, algo infrecuente a día de hoy. A medida que calentaba la voz, vocalmente también iba mejorando, aunque el agudo siga siendo demasiado vibrado para mi gusto. Su escena final fue realmente sorprendente, luciendo sobreagudo y unas coloraturas terroríficas que resolvió a la perfección. Esta ha sido la vez que mejor la he visto, sin duda.

Simón Orfila se hacía cargo del turco Selim, y como tal fue escénicamente insuperable y vocalmente solvente, más cómodo en los pasajes legatos que en los de coloratura, que ralentizaba para poder resolverlos correctamente. Sabemos de sobra que Orfila es un artistazo que siempre va a darnos buenos momentos, y su Selim fue más que interesante tanto a nivel vocal como actoral.

Para mí, el gran atractivo de estas funciones de “Il turco in Italia” era poder escuchar en vivo a un mito del canto rossiniano como es Alessandro Corbelli. Es de los artistas que mejor dominan el canto sillabato, y el papel de Don Geronio le va como anillo al dedo. En el caso de un veterano como él, el comienzo fue algo preocupante, ya que daba la sensación de que no existiera canto legato… pero esos miedos duraron apenas unos minutos, porque en seguida apareció el Corbelli que conocemos de años atrás, perfecto no sólo en el sillabato sino en el legato, con un agudo todavía solvente y una vis cómica absolutamente envidiable. Los pasajes de sillabato más rápidos fueron ralentizados, pero esto es un mal menor en una interpretación absolutamente memorable, de esas de las que poder presumir en años futuros. Un verdadero privilegio para Oviedo haber contado con él.

Del público, decir que me horrorizó oír pataleos cuando en megafonía se hablaba en asturiano (vergonzoso, por favor), pero respondió con calidez en los aplausos finales. Aplausos sin duda merecidos para una función realmente magnífica. Desde luego dan ganas de repetir en Oviedo.



175 años del estreno de Don Pasquale (03-01-2018)


A comienzos de 1843 se estrena la última de una larga serie de óperas bufas italianas, género que llegará a su fin hasta recuperarse, de forma puntual, 50 años después. Con Rossini retirado, Bellini muerto años atrás y Verdi desengañado con la comedia tras el fracaso de su “Un giorno di regno” (no volverá a la comedia hasta su última ópera, “Falstaff”, estrenada en 1893), sólo nos queda ya Gaetano Donizetti, autor de varias óperas bufas (“L’elissir d’amore”, “La fille du regiment”) que nos dejará una nueva (y última) joya bufa: “Don Pasquale”.




Alcanzada ya la cima de su éxito, con encargos en París y Viena, Donizetti se encuentra en la capital francesa en otoño de 1842 cuando llega a sus manos un viejo libreto de Angelo Anelli, “Ser Marcantonio”, que había sido musicado en 1810 por el hoy desconocido compositor Stefano Pavesi. Con la colaboración de Giovanni Ruffini, el compositor adapta el libreto a sus necesidades y compone la parte vocal de la ópera en 11 días según dice la tradición. El ritmo de composición es realmente rápido, por lo que el compositor reutiliza algunos fragmentos de óperas anteriores suyas. Será una de las últimas óperas que componga un Donizetti cada vez más enfermo a causa de la sífilis que padece.

La ópera, que recoge en buena medida a los principales personajes de la Comedia dell’arte, es una divertida representación del conflicto entre generaciones que encierra una crítica social hacia esos ricos y viejos burgueses que no quieren dejar paso a las nuevas generaciones. Con un reparto de auténtico lujo (Luigi Lablache como Don Pasquale, Giulia Grisi como Norina, Antonio Tamburini como Malatesta y Giovanni Matteo de Candia, conocido como Mario, en el papel de Ernesto, “Don Pasquale” se estrena el 3 de enero de 1843 en el Théâtre-Italien de París con un enorme éxito que se repetirá en Italia y en el resto del mundo, éxito que perdura hasta el día de hoy, siendo una de las óperas más representadas de Donizetti, y de las pocas que nunca desapareció del repertorio de los teatros. Innumerables grabaciones discográficas nos dan muestra de su éxito entre público y cantantes, siendo de hecho la única ópera completa que grabará el mítico tenor Tito Schipa.

Vamos ya a dar un repaso a la ópera, y antes de nada dejamos un enlace al libreto.

La ópera comienza con una obertura que recoge algunos de los temas que vamos a escuchar a lo largo de la ópera. Escuchamos la obertura de “Don Pasquale” dirigida por Riccardo Muti:

Estamos en Roma en época contemporánea del estreno (años 30 o 40 del siglo XIX), y la acción comienza en el interior de la casa del rico y entrado en años burgués Don Pasquale. Éste está esperando a su amigo, el Doctor Malatesta, ya que tiene la intención de casarse para así fastidiar a su sobrino Ernesto y dejarle sin herencia. Llega el doctor con buenas noticias: ha encontrado a la mujer perfecta para el ricachón, y la describe con todo tipo de virtudes. Escuchamos así el aria “Bella siccome un angelo” cantada por Rolando Panerai:

Malatesta le dice que la mujer en cuestión es su hermana, y que podrá conocerla esa misma tarde. Don Pasquale se emociona y cree sentir tener bastantes menos años de los que tiene en realidad. Escuchamos su breve aria “Un fuoco insolito” cantada por Sesto Bruscantini:

Malatesta se va, y en ese momento entra Ernesto, sobrino de Don Pasquale y amigo de Malatesta. El viejo le recuerda a su sobrino que, meses atrás le ofreció la posibilidad de casarse con una joven a cambio de una buena pensión y de ser su heredero, Pero que si no aceptaba, estaba dispuesto a casarse él para poder desheredarlo. Ernesto la rechazó, y vuelve a hacerlo, ya que ama a Norina, a la que Don Pasquale desprecia por ser pobre. El viejo entonces le dice a su sobrino que se casa y que le echa de casa. Ernesto al principio no se lo cree, pero al final se da cuenta de que su tío habla en serio, y entonces decide renunciar a su amada Norina, ya que ahora, pobre, no podrá darle lo que quiere. Escuchamos la breve aria de Ernesto “Sogno soave e casto” cantada por Tito Schipa:

Ernesto entonces decide intentar hacer cambiar de opinión a su tío, y le dice que pida consejo a Malatesta. Pero Don Pasquale le dice que ya lo ha hecho, que le ha animado él precisamente a casarse y que la novia es su hermano. Ernesto se siente traicionado por su amigo, mientras su tío se ríe de su estado. Escuchamos el dúo completo (incluyendo el aria que ya hemos escuchado) con Enzo Dara como Don Pasquale y Umberto Grilli como Ernesto:

Cambiamos de escena. Nos vamos a la casa de Norina, que está leyendo una mágica historia de amor. Ella entonces se ríe, ya que ella conoce bien la magia de la seducción, sabe valerse de sus encantos para salirse con la suya. No es desde luego una mujer tonta o inculta, de hecho es más lista que los hombres que la rodean. Escuchamos el aria “Que guardo il cavaliere – So anch’io la virtù magica”, cantada por Lucia Popp:

En ese momento le llega una carta de Ernesto, en la que este le confiesa su intención de abandonarla y de marcharse de Europa, ya que su tío, con la ayuda del farsante de Malatesta, se va a casar. Llega Malatesta para seguir con su plan, pero ella está asustada por la carta. Él le tranquiliza: le informará cuanto antes de la estratagema que han tramado. Y entonces le cuenta su plan: hace pasar a Norina, a quien Don Pasquale no conoce, por la hermana que él tiene en un convento. El viejo se enamora, y los dos se casan falsamente usando como notario a su primo. Entonces ella le hace desesperar para que él quiera quitársela de encima. Ella acepta y comienza a ensayar su papel de “tontita” para enamorar a Don Pasquale y, así, vengarse de el. Escuchamos el dúo que cierra el I acto de Don Pasquale con Mirella Freni y Leo Nucci:

Un bellísimo solo de trompeta abre el segundo acto. Todavía en casa de su tío, Ernesto se prepara para huir, sintiéndose traicionado por su amigo, y le desea a su amada Norina la mejor de las suertes y que pueda encontrar un nuevo amor. Escuchamos el aria “Cercherò lontana terra” cantada por Alfredo Kraus:

Ernesto se va, y entra Don Pasquale con un criado, al que le pide que cierre la puerta cuando lleguen el Doctor y su acompañante para que nadie se entere de lo que pasa, y que disimule y haga creer que su patrón está todavía fuerte pese a superar los 70 años.

Entra Malatesta con su “hermana” Sofronia, que interpreta a la perfección el papel de tímida, encandilando al viejo, que está dispuesto a casarse al instante. Malatesta le presenta al “notario” para que los case. Inmediatamente, Don Pasquale le cede a su “mujer” la mitad de sus bienes. La pareja firma, pero hacen falta dos testigos. Entra entonces Ernesto, y Malatesta teme que lo eche todo a perder. Don Pasquale le pide que firme como testigo, y Malatesta le convence a Ernesto para que siga la comedia que ha montado por su bien, lo que el joven hace, pese a haber reconocido a Norina como la novia.

Una vez casados, Don Pasquale se lanza sobre la joven, pero ella le detiene y le dice que tiene que pedir permiso. Él lo hace, y ella se lo niega y le insulta, llamándole viejo, y diciendo que necesita a un acompañante más joven, para lo que elige a Ernesto, que también se ríe de su tío. Don Pasquale se niega, porque no quiere, y ella le contesta que a partir de ahora sólo se hará lo que ella quiera, y que si  no lo consigue por las buenas, lo hará por las malas. Ernesto ya va entiendo la trampa, y “Sofronia” hace pasar a los tres criados: son pocos, hacen falta más, y además les dobla la paga. Además hacen falta carruajes, cambiar el mobiliario de la casa y mil y un gastos más. Don Pasquale se niega, pero ahora están casados y ella demuestra claramente que va a hacer lo que quiera. Escuchamos el final del II acto:

Comenzamos el III acto. Norina ha gastado un dineral en todo tipo de lujos, como observamos en el coro de introducción, “I diamanti, presto, presto”:

Don Pasquale desespera con las facturas que le deja su mujer. Entonces ve que ella va a salir, y intenta impedirlo. Ambos pelean; él no le deja irse, y ella dice que al marido no se le escucha. Ante la insistencia de él, ella le da un bofetón, sabiendo que es lo mejor para seguir la farsa, y se dispone a irse, a lo que él le contesta que no vuelva, ya sólo piensa en divorciarse. Escuchamos el dúo “Signorina, in tanta fretta” con Sesto Bruscantini y Mirella Freni:

Mientras se va, Norina deja caer una nota. Don Pasquale piensa que es una factura, pero en realidad es una cita con un hombre para esa mima noche en el jardín. El viejo hace entonces llamar a Malatesta.

Los criados comentan la situación de guerra y despilfarro que se vive en la casa. Escuchamos el coro “Che interminabili andirivieni”:

Malatesta le cometa el plan a Ernesto: es imprescindible que su tío no lo reconozca en el jardín.

Entonces Malatesta va a donde Don Pasquale, que se arrepiente de sus situación y preferiría haberle dejado a su sobrino casarse con su amada Norina en vez de sufrir ese infierno. Le cuenta lo del bofetón y le enseña la nota. Malatesta le propone que sean ellos dos solos quienes sorprendan a su esposa con su amante en el jardín para comprobar si es culpable. Escuchamos el magnífico dúo bufo “Cheti cheti immantinente” con Enzo Dara y Alessandro Corbelli:

Cambiamos de escena. Es de noche en el jardín, y Ernesto canta una serenata mientras espera a Norina. Escuchamos el “Com’è gentil” cantado por Tito Schipa:

Llega Norina y ambos cantan un dúo de amor, “Tornami a dir che m’ami”, que escuchamos cantado por Mirella Freni y Nicolai Gedda:

Llegan entonces Don Pasquale y Malatesta, y Ernesto escapa. Don Pasquale quiere echarla, pero ella se niega. Malatesta entonces le dice que al día siguiente llegará a esa casa una nueva mujer, la esposa de Ernesto, a lo que Sofronia se niega. Viendo que así se librará de su esposa, Don Pasquale acepta conceder a su sobrino el permiso para casarse y una pensión de cuatro mil escudos. Llaman a Ernesto, que acepta, y entonces se desvela el engaño: Sofronia es Norina y el matrimonio ha sido una farsa. Ambos le piden perdón al tío, que acepta la boda. La ópera termina con una moraleja: quien se casa viejo va a sufrir. Escuchamos esa moraleja final con Isabel Rey, Juan Diego Flórez y Ruggero Raimondi:

Terminamos con un Reparto ideal:

Don Pasquale: Sesto Bruscantini o Enzo Dara.

Norina: Mirella Freni.

Ernesto: Tito Schipa o Alfredo Kraus.

Malatesta: Rolando Panerai o Alessandro Corbelli.

Director de Orquesta: Riccardo Muti.

Crónicas: 

AGAO, 2015

Opus Lirica, 2016



In Memoriam: Enzo Dara (25-08-2017)


Hubo una época, hasta los años cincuenta del siglo XX aproximadamente, en la que el repertorio belcantista y rossiniano había caído en el olvido, y, las pocas veces que se rescataba, los papeles de bajo ligero o buffo eran encomendados a bajos de supuesta comicidad y nula musicalidad (Fernando Corena sería el gran exponente de tan nefasta corriente). Fue necesaria la llegada de una nueva generación de cantantes belcantistas que recuperara tanto la técnica de coloratura para bajo como el canto sillabatto sin recurrir a parlatos ni payasadas. Y quizá la figura más destacable a este respecto fuera la del gran Enzo Dara, que nos dejó hace pocos días.




Enzo dara nació el 13 de octubre de 1938 en Mantua. Su debut como cantante es bastante temprano, en 1960, en la ciudad de Fano, cantando el Colline de “La Boheme” de Puccini. Pero será en 1967, cuando cante el Don Bartolo de Il barbiere di Siviglia cuando descubre su bis cómica, lo que le lleva a especializarse en papeles de bajo y barítono rossiniano y belcantista. En sus primeros años afronta papeles de corte más ligero, de coloratura, como el Dandini de La Cenerentola o el Mustafà de “L’italiana in Algeri”, pero a partir de los años 70 se especializará en los papeles de bajo buffo, demostrando una habilidad para el canto sillabatto (un canto a gran velocidad para el que muchos recurren a hablar en lugar de cantar) como apenas se había visto antes (Sesto Bruscantini o Paolo Montarsolo eran de los pocos que lo habían enfrentado con cierta destreza, pero lejos del nivel que alcanzará Dara) y que pocos han sido capaces de repetir después (siendo Alessandro Corbelli y Carlos Chausson los mejores exponentes). Desde su salto a la fama en 1971 por su interpretación del Don Bartolo en “Il barbiere di Siviglia” dirigido por Claudio Abbado junto a Teresa Berganza, Luigi Alva y Hermann Prey, grabado en audio y en vídeo, Enzo Dara incorporará en su repertorio buena parte de los roles bufos de Rossini, del belcanto e incluso del clasicismo, siendo en algunos casos el primero en interpretar esos papeles en el siglo XX (destacando en este aspecto su interpretación del Barone di Trombonok en “Il viaggio a Reims” de Rossini que recuperará Claudio Abbado en 1984).

En los años 90, mientras continúa con su carrera como cantante, comienza a trabajar también como director de escena, y se estrena también como escritor.

Como intérprete de repertorio clásico, destaca por su papel protagonista en el monólogo cómico de Domenico Cimarosa “Il maestro de musica”, de la que escuchamos un fragmento:

También interpretó óperas de Giovanni Paisiello y de Wolfgang Amadeus Mozart (aunque de este último siempre eché en falta que no cantara el Leporello). Pero su repertorio natural estaba en las óperas de Gioacchino Rossini. Comenzamos escuchando su aria “A un dottor della mia sorte” de “Il barbiere di Siviglia” en la mítica grabación de 1971 junto a Teresa Berganza, en la que podemos apreciar tanto su habilidad única con el sillabatto (no he escuchado una versión más rápida de ese “Signorina, un’altra volta”, y menos aún tan bien cantada) como su vis cómica:

Hay que destacar, por cierto, que Enzo Dara era 4 años más joven que Teresa Berganza, que interpreta a su pupila. Y es que ya desde los inicios de su carrera se postuló como el mejor intérprete de estos papeles de bajo bufo, como también lo será del Don Magnifico de “La Cenerentola”, como comprobamos en el aria “Sia qualunque delle figlie”, en la que luce su capacidad para el canto de coloratura (incorporando incluso algún añadido) como en el sillabatto:

En “L’Italiana in Algeri” fue un destacado intérprete de Taddeo, un papel de barítono bufo, al que vamos a escuchar aquí en el terceto “Pappatacci” junto al Mustafà de Ruggero Raimondi y al Lindoro de Frank Lopardo, ninguno de ellos a la altura de Dara:

No menos remarcable será su referencial Don Geronio de “Il turco in Italia”, del que escuchamos el dúo “Per piacere alla signora” junto a Luciana Serra:

Enzo Dara cantó también óperas menos conocidas de Rossini, como “Il signor Bruschino”, “L’inganno felice”, “Le cambiale di matrimonio”, “Torvaldo e Dorliska” o esta “La pietra di paragone”:

Y, por último, ese Barone di Trombonok de “Il viaggio a Reims” que recuperó en 1984 y que cantó en numerosas ocasiones posteriormente:

Pasando a Gaetano Donizetti, el otro compositor fundamental en la carrera de Enzo Dara, le tenemos cantando el Annibale Pistacchio en la infrecuente ópera en un acto “Il campanello”:

Cantó otras óperas de Donizetti, pero el nombre de Enzo Dara irá siempre asociado a dos de ellas. La primera, su genial “Don Pasquale”, del que escuchamos el dúo “Chetti chetti immantinente” junto al Malatesta de Alessandro Corbelli; la exhibición de sillabatto que hacen ambos pocas veces se ha escuchado a tan alto nivel:

La otra es “L’elissir d’amore”, de la que fue un referencial Dulcamara, como podemos comprobar en esta espectacular versión del aria “Udite, o rustici”:

Y no podemos dejar de escuchar el dúo posterior, en esta ocasión en un recital, junto a Luciano Pavarotti. Dos grandes juntos sacando el máximo partido de esta gran ópera donizettiana:

Le escuchamos ahora en la olvidada comedia de Giuseppe Verdi “Un giorno di regno”, de nuevo junto a Alessandro Corbelli:

Enzo Dara fue poco asiduo a repertorios posteriores, aunque cantó algunos breves papeles en óperas veristas. Pero para terminar le vamos a escuchar en dos canciones, “Occhio nero incendiator” de Donizetti y “Nevrosi” de Arturo Toscanini:

La semana pasada nos dejaba Enzo Dara a los 78 años. Con él se nos va un cantante histórico, de impecable técnica y genialidad interpretativa que le ha convertido en uno de los bajos cómicos referenciales de la historia de la discografía.



200 años del estreno de La Cenerentola (25-01-2017)


Un día como hoy hace 200 años se estrenaba una de las obras maestras de Gioacchino Rossini, La Cenerentola. Vamos a recordarla contando detalles sobre su composición y contando su argumento.




En 1816, Rossini había estrenado “Il barbiere di Siviglia” en el Teatro Argentina de Roma, y pese al fracaso del día del estreno, ya desde la segunda función la ópera fue un enorme éxito. El Teatro Valle, también en Roma, mantenía una rivalidad con el Teatro Argentina, por lo que deciden contratar a Rossini para que les componga una ópera.

¿Qué tema elegiría Rossini para esta nueva ópera, que habría de ser también una comedia? Tras descartar un libreto de Gaetano Rossi, se elige como trama el cuento de La Cenicienta de Charles Perrault, escribiendo el libreto Jacopo Ferretti. Pero necesidades técnicas (falta de recursos, básicamente) obligan a suprimir cualquier elemento mágico o sobrenatural de la trama, por lo que Ferretti se aleja bastante del cuento original, inspirándose en otros dos libretos de ópera, los de “Cendrillon” de Charles Guillaume Etienne para la ópera de Nicolò Isouard de 1810 y el de “”Agatina, o la virtù premiata” de Francesco Fiorini para la ópera de Stefano Pavesi de 1814. Así, se sustituye al hada madrina por un consejero del príncipe, y la madrastra se convierte en padrastro.

La composición de La Cenerentola es muy rápida, apenas 3 semanas. Es por ello que Rossini se autorrecicla, arreglando pasajes de otras óperas suyas (de los que ya hablaremos llegado el momento) y asignando a su ayudante Luca Agolini la composición de los recitativos, así como de dos arias menores, las de Clorinda (una de las hermanastras) y Alidoro (el consejero).

El estreno tiene lugar finalmente el 25 de enero de 1817 en el Teatro Valle, dirigido por el propio Rossini y con la contralto Geltrude Righetti Giorgi (quien también estrenó el papel de Rossina en el Barbiere) en el papel protagonista. El estreno no fue un gran éxito (aunque sin llegar al escándalo del estreno del Barbiere) pero no tarda mucho en triunfar, estrenándose en pocos años por toda Italia, Europa y América.

Cuando en 1820 La Cenerentola se representa en el Teatro Apollo de Roma, teniendo a un gran bajo en el papel de Alidoro, Rossini decide darle más peso al personaje componiendo él mismo una nueva aria de lucimiento que sustituiría a la que había compuesto Agolini. Este aria será una de las piezas más brillantes del compositor, sin duda.

Tras la caída en el olvido de las óperas de Rossini, desde la segunda mitad del siglo XIX, La Cenerentola fue recuperada especialmente a partir de los años 50, siendo a día de hoy una ópera muy frecuente en el repertorio (la segunda más representada de Rossini tras el Barbiere), muestra de la genialidad de la partitura.

Antes de repasar el argumento de la ópera dejo un enlace con el libreto de la ópera.

La Cenerentola comienza con una genial obertura en la que vamos a escuchar entre otros el tema del concertante del final del primer acto. Pese a todo, la obertura es un préstamo de una ópera anterior de Rossini, “La Gazetta”. La escuchamos dirigida por Alberto Zedda:

Comenzamos el primer acto de La Cenerentola. Estamos en el ruinoso palacio de Don Magnifico, Barón de Montefiascone. Sus dos hijas, Clorinda y Tisbe, se pasan el día presumiendo, creyéndose las mejores jovencitas de la zona. Escuchamos la breve introducción con dos especialistas en los papeles de las hermanastras, Margherita Guglielmi como Clorinda y Laura Zannini como Tisbe:

Mientras tanto, su hermanastra Angelina, La Cenerentola del título, está trabajando como una sirvienta, y canta una canción sobre un rey que, aburrido de estar solo, tuvo que elegir entre tres chicas, eligiendo a la inocencia y la virtud. Sus hermanastras no le dejan cantar, pero son interrumpidos por un mendigo que viene a pedirles una limosna; las hermanas lo desprecian, pero Angelina le da a escondidas un café y un trozo de pan. Lo que ninguna sabe es que el presunto mendigo es en realidad Alidoro, el consejero del príncipe de Salerno, que ha venido a ver cómo son las jóvenes de la casa.

Las hermanas, al ver que Angelina le ha dado algo de comer al mendigo, se disponen a castigarla, pero son interrumpidas por un grupo de caballeros que anuncian que en un momento aparecerá el Príncipe Ramiro buscando a las jóvenes de la casa para invitarlas a una fiesta que va a dar, en la que elegirá a la más bella como esposa. Las dos hermanas, alteradísimas, se preocupan de adornarse, agobiando a Angelina con sus órdenes.

Escuchamos esta escena, desde el monólogo de Angelina “Una volta c’era un Rè”, con Elina Garanca como Angelina:

Angelina despide al mendigo, que le promete que su vida va a cambiar.

Mientras sus hermanas siguen pidiéndole sus ropas y sus joyas. Cuando ella les llama “hermanas” se gana la bronca de ellas por no ser digna de ser considerada familia suya. Mientras, se dan cuenta de que tienen que despertar a su padre para informarle de la llegada del príncipe, y como siempre, se pelean por ver quién es la que va a despertarle. No hace falta: con el ruido Don Magnifico se despierta y sale furioso, abroncando a sus hijas por haberle despertado de un bello sueño que él interpreta como su ascenso social hasta la realeza. Tenemos así la primera de las arias de Don Magnifico, “Miei rampolli femminini”, que escuchamos a Paolo Montarsolo:

 Don Magnifico y las hermanas se retiran cada uno a su habitación, que tienen que prepararse y ponerse guapos para el príncipe.

Aaperece entonces un escudero, que no es tal; en realidad es el Príncipe de Salerno, Ramiro, que ha decidido disfrazarse para poder observar a las jóvenes; la ley le obliga a casarse, cosa que le desespera, porque no asume casarse sin amor, y Alidoro le ha dicho que en esa casa encontrará a una joven buena.

Entra Entonces Angelica canturreando su canción, pero al ver al “escudero” la bandeja que lleva se le cae al suelo. Él le pregunta si acaso es un monstruo,ella distraída le responde que sí (así se liga, sí señor), luego se corrige, y ambos observan la reacción del otro y comienzan a sentir algo raro… nace el amor, vamos.

Pero el “escudero” pregunta por Don Magnifico, y Angelica le dice que él y sus hijas están en sus habitaciones. Ante la pregunta de quién es ella, contesta que su madre era viuda y se casó con el barón. Las hermanastras la reclaman, pero los dos están ya un poco embobados.

Escuchamos la escena cantada por Joyce diDonato y Lawrence Browlee:

Angelina se va, y Ramiro se queda fascinado con la joven, pese a sus humildes ropas. Espera a Don Magnifico, para decirle que el “príncipe” (en realidad su mayordomo, Dandini, disfrazado) llegará en un momento; cuando el barón sale, la impresión de Ramiro no es nada positiva.

Entra el coro de caballeros anunciando la llegada del falso príncipe, que cuenta como ha buscado entre todas las bellezas del reino pero no ha encontrado ninguna digna de él, y las dos petardas hermanas le hacen la pelota, mientras Dandini responde con galantería, pero temiendo en lo que pueda acabar esa farsa. Escuchamos el aria de Dandini “Come un’ape” cantada por Sesto Bruscantini:

El príncipe tiene que casarse porque su padre acaba de morir,  si no se casa quedará desheredado, de ahí la desesperación por encontrar esposa. Dandini se lleva a las dos jóvenes a su carruaje, mientras Angelina vuelve a salir para darle el bastón y el sombrero a su padre. Ramiro, que estaba esperando volver a verla, se da cuenta de que el barón la maltrata.

Angelina le pide a Don Magnifico permiso para ir a la fiesta, pero él se niega y la insulta. Entra Dandini buscando al barón y se encuentra con el panorama de que una de las chicas no puede ir al baile, porque según Don Magnifico es una sierva que no vale nada; incluso Dandini y Ramiro tienen que detenerlo para que no golpee a la joven. Escuchamos esta parte con Jennifer Larmore como Angelina, Rockwell Blake como Ramiro, Alessandro Corbelli como Dandini y Carlos Chausson como Don Magnifico:

Aparece entonces Alidoro, afirmando que en el registro aparecen tres hermanas; la que falta, obviamente, es Angelina, pero Don Magnifico miente diciendo que la tercera murió y amenaza a Angelina para que no abra la boca. Tras unos momentos de incertidumbre, Don Magnifico de nuevo ataca a Angelina, provocando la ira del resto, hasta el punto de que Dandini tiene que agarrar al barón y llevárselo, seguido por Ramiro y Alidoro. Escuchamos el quinteto con Joyce DiDonato como Angelina, Juan Diego Flórez como Ramiro, David Menéndez como Dandini, Bruno de Simone como Don Magnifico y Simón Orfila como Alidoro (ir al minuto 53:27):

Este quinteto es una de las mejores piezas de conjunto que escribió Rossini, sin duda.

Aparece entonces de nuevo el mendigo que le dice que a Angelina que la acompañe al baile del príncipe. Angelina, enfadada, le echa, pensando que se está vengando por haberle dado poco de comer, pero entonces él revela su verdadera identidad: es Alidoro.

Tenemos en este momento el aria que compuso Luca Agolini, “Vasto teatro è il mondo”:

Pero escuchamos ahora el aria que escribió Rossini en 1820, en la que Alidoro le dice a Angelina que en el cielo hay un Dios que ve todo su dolor y que se encarga de que su suerte cambia, y aparece un carro para llevarla al palacio. Escuchamos esta maravillosa aria (de las mejores que compuso Rossini”, “Là del ciel nell’arcano profondo”, cantada por Michele Pertusi:

Cambiamos de escena. Estamos en el palacio. Dandini se deshace de Don Magnifico mandándolo a la bodega para que se emborrache con la excusa de nombrarlo bodeguero, y siguiendo órdenes de Ramiro, intenta conocer a las dos hermanas, que se pelean por sus favores.

Mientras, en las bodegas, Don Magnifico se ha puesto las botas a vino, y los caballeros le nombran bodeguero, por lo que él promulga su primera ley: ejecutar a quien mezcle el vino con agua, nada menos. Escuchamos esta segunda aria de Don Magnifico cantada por Giuseppe Taddei:

De vuelta al palacio, Dandini huye desesperado de las dos hermanas; Ramiro le pregunta cómo son y Dandini le dice que son absolutamente insoportables, lo que desespera a Ramiro, que confía en las palabras de Alidoro de que en esa casa hay una chica que merece la pena. Aparecen entonces las dos hermanas que casi despedazan a Dandini, que les dice que sólo se pueda casar con una, y que la otra se la dará a su amigo, señalando a Ramiro, cosa que ellas rechazan por ser un escudero plebeyo. Escuchamos el dúo “Zitto zitto, piano piano” con el que comienza el finale del primer acto de La Cenerentola con Ramón Vargas y Alessandro Corbelli:

Escuchamos ya de tirón el resto del final. Se escucha llegar a alguien. Alidoro afirma que es una desconocida dama cubierta por un velo. Las hermanas ya se ponen celosas, para alegría de Alidoro (como si no se hubieran delatado ya ante el príncipe justo antes al despreciarlo por plebeyo…). Entra la desconocida, que no es otra que Angelina, vestida con la ropa que le ha cedido Alidoro, y al quitarse el velo todos quedan sorprendidos por distintos motivos. Ramiro cree reconocerla, mientras las hermanas dudan de si es Angelina. Llega Don Magnifico avisando que la cena está lista, pero se queda anonadado al ver a la joven que se parece tanto a Cenerentola. Dandini mete prisa para ir a cenar (para una vez que hace de príncipe piensa aprovecharlo), y todos creen estar soñando y con miedo a despertar. Vamos al vídeo (minuto 1:18:20):

Terminado el primer acto de La Cenerentola, comenzamos el segundo.

Don Magnifico está con sus dos hijas, temiendo que se estén burlando de ellos y sobre todo mosqueado por el parecido de la joven con su criada. Pero confía en que el príncipe caiga rendido ante alguna de sus dos hijas y ya se prepara para su acomodado futuro. Escuchamos la tercera aria de Don Magnifico, “Sia qualunque delle figlie” cantada por Enzo Dara:

Las hermanas vuelven a pelearse y se van. Entonces aparece Ramiro, enamorado de la joven desconocida, que le recuerda ala criada que conoció antes. Se esconde al oír que llega la joven junto a Dandini, y escucha como rechaza al “príncipe” porque está enamorado de su escudero (es decir, de Ramiro,el verdadero príncipe). Ramiro sale de su escondite y le declara su amor, pero ella le dice que primero tiene que ver su fortuna, encontrarla, y para hacerlo le da como prueba uno de los dos brazaletes que lleva (la censura no permitía quitarse un zapato en el teatro, así que otra vez nos cambian el cuento) y sale huyendo. Dandini se da cuenta de que su papel como príncipe ha terminado (aunque le tocará hacer de testigo en la boda). Ramiro vuelve a asumir sus funciones de príncipe, y siguiendo el consejo de Alidoro de hacer lo que le aconseje su corazón, decide librarse de las dos petardas y salir en busca de su amada. Escuchamos así el aria “Sì, ritrovarla io giuro” cantada por Javier Camarena:

Alidoro está preparado para hacer volcar la carroza del príncipe junto a la casa de Don Magnifico para que así pueda encontrar a Angelina.

Mientras, Dandini lamenta su mala suerte de haber bajado de príncipe de nuevo a mayordomo. Pero aparece Don Magnifico, que todavía no sabe nada, impaciente por saber quién de sus dos hijas es la elegida. Dandini le dice que le va a decir algo que le va a sorprender (y Don Magnifico piensa si le va a pedir que se case con él… no tiene remedio, no), pero primero quiere saber cuáles son sus exigencias para que una de sus hijas sea la esposa del príncipe, y el barón comienza su retahíla de estridencias, a las que Dandini contesta que no se las puede conceder porque ni él mismo las tiene, ya que no es un príncipe, sino un mayordomo. Don Magnifico estalla en cólera, pero Dandini lo echa del palacio. Escuchamos el dúo “Un segreto d’inportanza” con Enzo dara como Don Magnifico y Alessando Corbelli como Dandini (minuto 1:55:10):

Cambiamos de escena. Volvemos a estar en el Palacio del Barón. Angelina está cantando de nuevo su canción, pero acaricia su brazalete en espera de que su amado llegue a rescatarla. Aparecen Don Magnifico y sus hijas, enfadadísimos porque se creen burlados por Dandini. Entonces estalla una tempestad, en la que tenemos un pasaje orquestal que escuchamos dirigido por Claudio Abbado:

En medio de la tormenta, Alidoro hace volcar la carroza del príncipe, que va acompañado por Dandini. Se refugian en casa de Don Magnifico, donde él y sus hijas se asombran al saber que el verdadero príncipe es el que creían escudero. Llaman a Angelina para que lleve un sillón al príncipe para que se siente; ella se lo lleva a Dandini, pero le corrigen: el príncipe es Ramiro, quien reconoce el brazalete que lleva ella. Todos se sienten confusos, y tenemos así el magnífico sexteto “Questo e un nodo” (a modo de trabalenguas) que escuchamos con Marilyn Horne como Angelina, Francisco Araiza como Ramiro, Enzo Dara como Dandini y Samuel Ramey como Don Magnifico:

Las hermanas y Don Magnifico entonces empiezan a insultar a Angelina, pero el príncipe ahora sale en su defensa, y la propia Angelina tiene que suplicar el perdón para su familia ante el airado Ramiro, quien ante el desprecio de ellos afirma que se va a casar con Angelina. Don Magnifico afirma que entre sus hijas habrá una opción mejor, pero entonces Ramiro le recuerda que ellas le despreciaron por ser un plebeyo escudero. Ya está todo decidido: Angelina reinará junto a Ramiro. Escuchamos la escena con Cecilia Bartoli, Raúl Giménez, Enzo Dara y Alessandro Corbelli:

Ramiro se lleva a Angelina, seguidos por Dandini y Don Magnifico. Se quedan las dos hermanas y aparece entonces Alidoro, que les recuerda cómo le despreciaron cuando les pidió limosna, y que ahora tendrán que humillarse para conseguir el perdón. Tisbe acepta, pero Clorinda se resiste. Y aquí es donde va la otra aria de Agolini, “Sventurata! Mi credea” para Clorinda (aria que no se suele incluir en las representaciones actuales de La Cenerentola, y no nos perdemos nada, sinceramente):

Llegamos a la última escena de La Cenerentola. Estamos en el palacio de Ramiro. Don Magnifico y sus hijas solicitan el perdón de Angelina, que se lo concede, recuerda su triste pasado y que ya no volverá a estar triste trabajando en la cocina. El rondò final es una reelaboración del de Almaviva en “Il barbiere di Siviglia”. Escuchamos así el final “Nacqui all’affano” cantado por una histriónica Cecilia Bartoli, una máquina de ametrallar notas:

 Terminamos como siempre con un Reparto Ideal de La Cenerentola:

Angelina: Cecilia Bartoli.

Ramiro: Juan Diego Flórez.

Dandini: Sesto Bruscantini.

Don Magnifico: Paolo Montarsolo.

Alidoro: Michele Pertusi.

Crónicas de La Cenerentola:

ABAO-OLBE 22-11-2016.

Opus Lírica 14-05-2017