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140 años del nacimiento de Ethel Barrymore (15-08-2019)

Con una carrera cinematográfica mucho menos extensa que sus célebres hermanos, fue en los años 40 una de las mejores actrices secundarias que ha visto Hollywood, la perfecta definición de una “robaescenas”. Aprovechando el 140 aniversario de su nacimiento repasamos la carrera de la gran Ethel Barrymore.

El nombre de nacimiento de Ethel Barrymore era Ethel Mae Blythe, y nació en Filadelfia, Pensilvania, el 15 de agosto de 1879. Sus padres, Maurice y Georgiana, eran actores teatrales. Su hermano mayor era el actor Lionel Barrymore y su hermano pequeño fue quizá el más famoso actor de los tres, John Barrymore (abuelo de la también actriz Drew Barrymore). 

En 1984 se trasladaron por dos años a Inglaterra, ya que su padre heredó una notable cantidad de dinero allí, siendo estos los mejores años de su infancia, cuando la familia estuvo más unida, al no encontrarse inmersa en giras teatrales. De regreso a Estados Unidos, quiere dedicarse a ser concertista de piano, además de comenzar su gran pasión por el beisbol. Pero en 1893 se traslada con su madre a California, ya que ésta está enferma de tuberculosis, enfermedad de la que muere ese verano, lo que supone el final de su infancia. Al igual que su hermano Lionel (a diferencia de John, que al ser más joven queda al cuidado de su abuela), debe abandonar la escuela y comenzar a trabajar en teatro, debutando en Broadway en 1895. No tarda en trasladarse a Londres, donde permanece entre 1897 y 1898, y obtiene un gran éxito, además de tener como pretendiente a Winston Churchill, a quien rechaza por no querer ser la esposa de un político. Acostumbrados a verla en el cine ya en edad madura, se nos hace extraño imaginarnos que fue una mujer ciertamente bella en su juventud (aunque siempre con esa mirada tan particular suya):

Tras haber tenido varios pretendientes en Inglaterra y en Estados Unidos, Ethel Barrymore se casa el 14 de marzo de 1909 con Russell Griswol Colt, con quien tiene tres hijos, Sammy, Ethel y John Drew, todos ellos dedicados al mundo del espectáculo. Pero el matrimonio no es feliz; ya en 1911 ella firma una demanda de divorcio que no tiene lugar. Pero rumores de malos tratos y evidentes infidelidades de él terminan con un divorcio en 1923. Aunque Ethel mantuvo posteriormente varios romances, no volvió a casarse, al ser una devota católica. 

A comienzos de la década de 1910, buena parte de la familia Barrymore se traslada a Hollywood para trabajar en el cine, y Ethel Barrymore hará lo propio en 1914, debutando en “The nightingale”. Trabajará con frecuencia en el cine hasta 1919. Por el contrario, en los años 20 trabaja exclusivamente sobre las tablas; de hecho, en 1928 se inaugura en Nueva York un teatro con su nombre.

Ethel Barrymore regresa puntualmente al cine en 1932 para acompañar a sus hermanos Lionel y John en “Rasputin y la Zarina”, interpretando a la Zarina Alejandra, en una película criticada por su falta de credibilidad histórica:

Los tres hermanos habían trabajado con anterioridad en una película muda. En esta ocasión, con la llegada del cine sonoro, trabajan juntos por segunda y última vez. De nuevo, Ethel regresa al teatro. 

En 1944, el director Cliffor Odets se encarga de asegurar la presencia de Ethel Barrymore como la madre del despreocupado barriobajero inglés interpretado por Cary Grant en “Un corazón en peligro”:

 

Por este papel, Ethel Barrymore ganará un Oscar a mejor secundaria, aunque afirme no sentirse impresionada por ello. Pero lo cierto es que apenas regresa a las tablas, y dedicará el resto de su carrera al cine. 

En 1946 interpreta a la misteriosa madre de George Brent, asesino de mujeres con problemas, en “La escalera de caracol”, drama de intriga protagonizado por una joven muda interpretada por Dorothy McGuire, consiguiendo una nueva nominación al Oscar:

En 1947 protagoniza varias películas destacables. Por un lado, es la tía de Merle Oberion, pianista que finge ser ciega para poder acercarse al pianista ciego interpretado por Dana Andrews en “Mi corazón te guía”, donde consigue eclipsar al resto del reparto, aún estando todos magníficos:

Interpreta también a la madre del político Joseph Cotten, que emplea a una campesina que terminará triunfando en política, interpretada por Loretta Young, quien ganará el Oscar a mejor actriz, en “Un destino de mujer”:

Pero si destaca en un papel, es el de la esposa del juez Charles Laughton en “El proceso Paradine” de Alfred Hitchcock, drama judicial protagonizado por Gregory Peck gracias al que consigue su tercera nominación al Oscar en un reparto que incluye a Ann Todd y a los debutantes Louis Jourdan y Alida Valli:

En 1948 interpreta a la tratante de arte que trata de impulsar la carrera de Joseph Cotten, pintor obsesionado con la joven que ha conocido y que esconde un secreto, la Jennie del título, interpretada por Jennifer Jones:

En 1949 tiene uno de sus papeles más extensos interpretando a la madre superiora de un convento que esconde en la Viena de post-guerra a una joven bailarina, Janet Leigh, que provoca un conflicto diplomático entre Rusia y Gran Bretaña, encabezados respectivamente por Louis Calhern y Walter Pidgeon:

Pero su gran éxito ese año será interpretar a la rica hacendada sureña que es cuidada por una joven con ascendencia negra, interpretada por Jeanne Crain, que al morir le dejará todos sus bienes en herencia, provocando el posterior drama de la joven, en la película “Pinky” de Elia Kazan:

Por este papel recibe su cuarta y última nominación al Oscar. Y de hecho será el último gran papel de Ethel Barrymore, si bien continúa trabajando en cine en los años 50. En 1952 trabaja junto a Humphrey Bogart en el drama peridístico “El cuarto poder” dirigido por Richard Brooks:

Trabaja además en el drama episódico “Tres amores” y en el musical “Siempre tú y yo”, siendo su último papel en el drama “Johnny Trouble”, en 1957. Pero su ritmo de trabajo se ralentiza por sus problemas cardiacos, que lleva años padeciendo. Finalmente, un infarto acaba con su vida el 18 de junio de 1959, cuando estaba a punto de cumplir 80 años. Fue enterrada en el Calvary Cemetery de Los Angeles:

Quizá la menos problemática de los hermanos Barrymore, Ethel fue una actriz de teatro que dedicó al cine sólo sus últimos años. Pero en esos años nos regaló una decena de papeles memorables que la sitúan en lo más alto del Olimpo cinematográfico. 

30 años de la muerte de Laurence Olivier (11-07-2019)

Si bien fue uno de los grande galanes románticos de los años 40, dio siempre lo mejor de sí interpretando obras de Shakespeare tanto en teatro como en cine, medio en el que fue el encargado de popularizar su obra hasta niveles nunca antes vistos. Repasamos la carrera de Laurence Olivier aprovechando el 30 aniversario de su muerte. 

Laurence Kerr Olivier nació el 22 de mayo de 1907 en el pueblo de Dorking, en Dorset, al sudeste de Inglaterra, no lejos de Londres. Fue el tercer y último hijo de la pareja formada por Gerard y Agnes Olivier. Descendiente de un hugonote francés, Gerard, tras plantearse dedicarse a la actuación o a la enseñanza, siguió la misma carrera que sus antepasados como ministro religioso protestante. Su ideología, en todo caso, lo aproximaba al catolicismo, la denominada “alta iglesia”, lo que lo hacía impopular entre los feligreses. Es por esto que no conseguía un puesto fijo, así que durante sus primeros 5 años de vida Laurence y su familia tuvieron una vida casi nómada, por lo que el pequeño no podía hacer amigos. Será en 1912 cuando su padre consiga un empleo fijo en la zona de Westminster, lo que le permitirá a Laurence llevar una vida más normal. 

Laurence Olivier consigue ser aceptado en 1916 en la escuela de la iglesia de todos los santos de Londres, de ritual anglo-católico. El vicario de la iglesia les anima a tomar parte en actividades teatrales, y Laurence llama la atención en 1917, con 10 años, interpretando al Bruto de “Julio Cesar”, entre cuya audiencia estaba la futura actriz Sybil Thorndike. Siguió llamando a atención en posteriores papeles, si bien en estos casos eran personajes femeninos. 

En 1920, Laurence Olivier pasa a estudiar en Oxford. En su último año allí, 1924, llama de nuevo la atención interpretando otro papel shakespeariano, en este caso el Puck de “El sueño de una noche de verano”. Si bien no tuvo una buena relación con su padre (pese a tomar de él su forma de recitar en la iglesia), fue él quién le empujó a ser actor, matriculándolo en la escuela de arte dramático de Elsie Fogerty. Gracias a Sybil Thorndike, Peggy Ashcroft y Ralph Richardson, su carrera teatral despega rápido. En 1928 conoce a la actriz JIll Esmond trabajando juntos en la obra “Bird in hand”, y comienzan una relación. Pero en 1929 el fracaso en la obra “Beau Geste” y todas las demás obras que protagonizaó le llevó en 1930 a probar suerte en el cine con el fin de conseguir dinero suficiente para poder casarse. Papeles breves que le dan el dinero que necesita para casarse, lo que hace el 25 de julio de 1930, y en 1936 tendrán un hijo, Tarquin. Pero Olivier no se siente cómodo trabajando en el cine, y no tarda en regresar al teatro. De hecho, es seleccionado por Noël Coward para interpretar un papel en su nueva obra, “Private lives”.

Pero en 1931 le llega una oferta de la RKO, y tras muchas dudas, acepta mudarse a Hollywood. En todo caso, sus películas son prescindibles. Es elegido para ser la pareja de Greta Garbo en “La reina Cristina de Suecia”, pero la falta de química entre ambos le lleva a ser sustituido por John Gilbert. 

En 1935, Laurence Olivier regresa a Londres y trabaja junto a John Gielgud, Peggy Ashcroft y Edith Evans en “Romeo y Julieta”. Él y Gielgud alternan los papeles de Romeo y Mercutio. Pero la crítica no le es favorable: ensalzan su virilidad, el resultar mucho más creíble como enamorado, pero su escasa capacidad poética al recitar los versos de Shakespeare, en comparación con Gielgud (no olvidemos que John Gielgud fue probablemente el mejor actor shakespeariano del siglo XX). Esto enturbió la relación entre ambos actores, al menos por parte de un celoso Olivier. 

Poco después, Laurence Olivier acepta unirse a la compañía teatral Old Vic, destacando en ella por su interpretación de Hamlet. El éxito como intérprete teatral de Shakespeare le lleva a protagonizar la adaptación cinematográfica de “Como gustéis” de 1936 en el papel de Orlando, junto a un reparto teatral de casi inexistente carrera cinematográfica (con la excepción del secundario de lujo Felix Aylmer). Por desgracia, la película fue un fracaso, y tras el poco éxito de “El sueño de una noche de verano” estrenada el año anterior, hizo creer a los productores que las obras de Shakespeare no tenían futuro en el cine:

Laurence Olivier continúa su carrera teatral interpretando a Hamlet, Macbeth y el Yago de “Otelo” (el papel protagonista lo interpretaba en este caso Ralph Richardson), mientras comenzaba una relación sentimental con Vivien Leigh, aunque mantuvo otros romances en aquella época (además de con otras actrices, se sigue especulando sobre una posible bisexualidad del actor). La pareja trabaja juntos en la película “Inglaterra en llamas” en 1937:

En 1938 protagoniza la comedia “El divorcio de la señorita X”, junto a Merle Oberon y con su amigo Ralph Richardson en el reparto, película en la que es capaz de sacar su histrionismo más cómico con buen resultado:

Tras regresar momentáneamente al teatro, vuelve al cine para interpretar a Heathcliff en la adaptación que William Wyler dirige en 1939 de “Cumbres borrascosas” de Emily Brönte. Olivier no está contento con el trabajo, y tiene problemas con Oberon, pero Wyler, gran director de actores, consigue sacar de él una interpretación menos teatral y más cinematográfica:

La película es un gran éxito y le vale a Laurence Olivier su primera nominación al Oscar. Esto le da confianza a la hora de afrontar la interpretación de sus nuevos papeles cinematográficos. 

Mientras, Vivien Leigh se ha trasladado también a Hollywood, tanto para estar junto a él como para intentar hacerse con el preciado papel de Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó”, algo que finalmente consigue. Laurence Olivier intenta que ella sea la protagonista de sus dos nuevas películas, pero no lo consigue. La primera película que rueda en 1940 es “Rebeca” de Alfred Hitchcock, una de las obras maestras del maestro del suspense, junto a una joven Joan Fontaine, elegida por David O. Selznick en vez de Vivien Leigh para evitar problemas mientras ambos se divorciaban de sus respectivas parejas:

Por este papel Laurence Olivier recibe su segunda nominación al Oscar. 

La otra película que protagoniza en 1940 es “Más fuerte que el orgullo”, adaptación de “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen para la que Selznick elige como protagonista a Greer Garson, y en la que Olivier interpreta al galán Mr. Darcy:

Por otro lado, Vivien Leigh rueda “El puente de Waterloo” con Robert Taylor, ya que Olivier ha sido rechazado para protagonizarla. Todo parece arreglarse tras el divorcio de sus anteriores parejas y la boda, que tiene lugar el 31 de agosto de 1940. Todo parece arreglarse y la pareja decide interpretar “Romeo y Julieta” en Broadway, pero la prensa saca a relucir su pasada relación adulterina y acusa a Olivier de permanecer en Estados Unidos para evitar combatir en la II Guerra Mundial, por lo que la producción es un fracaso comercial. 

Nada cierto en lo relativo a la Guerra. Olivier se pone en contacto con el gobierno británico, que le solicita permanecer en Estados Unidos y ponerse en contacto con el director Alexander Korda para filmar una película de propaganda: “Lady Hamilton”, protagonizada por Vivien Leigh y Olivier como Horatio Nelson, con sus similitudes con la situación británica del momento (la amenaza de Napoleón es comparable con la de Hitler) fue vista desde el principio como un film propagandístico que no tuvo gran éxito comercial:

La pareja se traslada después al Reino Unido, donde Laurence Olivier intenta ingresar en la marina, pero es rechazado. Se dedica entonces a grabar discursos propagandísticos y filma alguna película en la misma línea. Sus amigos notan que Olivier no es feliz. Pero todo cambia cuando, siguiendo instrucciones de Winston Churchill, se prepara para protagonizar una nueva adaptación shakespeariana, en este caso “Enrique V”, en la que las tropas inglesas derrotan a las francesas en suelo francés en la batalla de Agincourt, con paralelismos con la invasión de Normandía que tiene lugar poco antes del estreno, en 1944. Finalmente, Olivier no solo protagoniza la película, también la dirige y la produce, con un estilo un tanto curioso, pasando del Globe de la época de Shakespeare al momento histórico de la Guerra de los cien años, pero cortando algunos pasajes incómodos:

Por esta película Laurence Olivier recibe una nueva nominación al Oscar como mejor actor y un Oscar honorífico. 

Poco después, Olivier se hace cargo, junto con Ralph Richardson, de la dirección de la compañía teatral Old Vic, por lo que sus siguientes años los pasará de nuevo en el teatro. Pero en 1947 comienza a trabajar en un nuevo proyecto, estrenado en 1948: dirigir, producir y protagonizar una adaptación cinematográfica de “Hamlet”, un ambicioso proyecto que tendrá un resultado más que exitoso:

Tal es el éxito que la película gana el Oscar a mejor película. Olivier es nominado en la categoría de actor y de director, ganando en la primera, aunque no estaba en la ceremonia para recogerlo:

Su matrimonio con Vivien Leigh se tambalea, en parte por las mutuas infidelidades. Pese a todo, siguen siendo pareja artística en el teatro. 

En el mundo del cine, Laurence Olivier tiene uno de sus mejores papeles en 1952, al volver a trabajar a las órdenes de William Wyler en “Carrie”, en el que vive una historia de amor con una joven Jennifer Jones, pese a estar su personaje casado:

En 1955 de nuevo dirige y protagoniza otra obra de Shakespeare, en este caso “Ricardo III”, interpretando al villano rey inglés, en un reparto en el que figuran, a su pesar, John Gielgud y Ralkph Richardson, ya que Olivier quería que el papel de Richardosn lo interpretara Orson Welles, con quien había trabajado en teatro. La película no tuvo el éxito de las adaptaciones anteriores, pese a contar, como en las anteriores, con la espléndida partitura de William Walton, pero en todo caso nos permite comprobar la muy diferente forma de declamar de Olivier y Gielgud:

Y, pese a todo, Olivier consigue una nueva nominación al Oscar como mejor actor. 

Repite, por última vez, en 1957, en la doble faceta de actor y director, en este caso con una curiosa comedia romántica, “El príncipe y la corista”, que protagoniza junto a Marilyn Monroe y que incluye a su amiga Sybil Thorndike en el reparto:

Ese mismo 1957 Laurence Olivier acepta protagonizar “The entertainer”, obra teatral de John Osborne, dirigida por Tony Richardson, en la que conoce a la joven actriz Joan Plowright, que interpreta a su hija. Ambos comienzan entonces una relación sentimental. Y ambos protagonizan la adaptación cinematográfica de 1960, dirigida también por Richardson, en el que es el debut cinematográfico de Plowright (y de Alan Bates) y por el que Olivier consigue una nueva nominación al Oscar:

Ese mismo año trabaja en la super-producción “Espartaco” que dirige Stanley Kubrick, protagonizada por Kirk Douglas, Tony Curtis y Jean Simmons (quien había sido su Ofelia cinematográfica) y en la que interpreta al malo de la historia, el general romano Craso:

En mayo de 1960 Laurence Olivier se divorcia finalmente de Vivien Leigh y en marzo de 1961 se casa con Joan Plowright, con la que tiene 3 hijos: Richard, en 1961, Tamsin Agnes Margaret en 1963 y Julie-Kate en 1966. 

La carrera cinematográfica de Olivier será más estable a partir de entonces. Tras protagonizar en 1962 el drama judicial “Escándalo en las aulas”, en 1965 protagoniza una adaptación de “Otelo” junto a Maggie Smith por la que consigue una nueva nominación al Oscar, si bien es una de sus interpretaciones más histriónicas, más teatral que cinematográfica:

Una interpretación mucho más contenida y creíble la encontramos en 1966 en su Mahdi sudanés que se enfrenta al gobierno británico y al general Gordon, interpretado por Chartlon Heston, en “Kartun”, de Basil Dearden:

Ese mismo año tiene un breve papel, como el presidente soviético Kamenev en el drama religioso “Las sandalias del pescador”, con un magnífico reparto encabezado por Anthony Quinn y dirigido por Michael Anderson:

En 1969 es uno de los protagonistas de la superproducción bélica “La batalla de Inglaterra”, ambientada en los momentos más delicados del Reino Unido durante la II Guerra Mundial ante la posible invasión nazi, en la que Olivier interpreta al Jefe de las fuerzas aéreas británicas:

En 1970 dirige de nuevo, en este caso una adaptación de la obra de Chejov “Tres hermanas”. Al año siguiente tiene un pequeño papel en “Nicolás y Alejandra”, pero volverá a dar lo mejor de sí en 1972, cuando protagoniza un enfrentamiento interpretativo con Michael Caine en la magistral “La huella”, dirigida por Joseph L. Mankiewicz, por la que ambos actores consiguen ser nominados al Oscar como mejor actor protagonista:

Sorprendentemente, Laurence Olivier se adapta muy bien al nuevo cine que comienza a hacerse en los años 70, y así lo demuestra interpretando al villano nazi fugitivo al que se enfrenta Dustin Hoffman en “Marathon man”, de John Schlesinger, de 1976. Y consigue una nueva nominación al Oscar, en este caso como actor secundario:

En cambio, en 1978 intercambia el papel: interpreta a un cazanazis que se enfrenta a Gregory Peck interpretando a un fugitivo doctor Mengele: 

Por este papel consigue su última nominación al Oscar, pero en ese mismo año la Academia le da un premio honorífico:

En 1979 interpreta al profesor Van Helsing en el “Drácula” de John Badham, interpretado por Frank Langella: 

Su último gran papel lo tiene en 1981 interpretando al General McArthur en “Inchon” en 1981. Ese mismo año tiene un pequeño papel en “Furia de titanes”, interpretando a Zeus:

Además de participar en películas y miniseries de televisión, su última película relevante es “Motín a bordo”, junto a Anthony Hopkins y Mel Gibson:

Todavía tiene ocasión de rodar un pequeño papel en “War requiem” en 1989. Pero Olivier, que llevaba años enfermo y que se había retirado del teatro a finales de los años 70, trabaja poco en sus últimos años, y ya tiene una considerable edad. Un fallo renal termina con su vida el 11 de julio de 1989 en su casa de Steyning, en el sur de Inglaterra, a los 82 años. Fue cremado, y sus cenizas se encuentran en la Abadía de Westminster. 

Laurence Olivier no supo siempre entender que en el cine la actuación es diferente al teatro, y por ello tardó en acostumbrase al nuevo medio, y todavía en ocasiones volvía a ese estilo demasiado histriónico que encaja mal ante las cámaras. Pero cuando conseguía actuar como es debido en el cine, sus interpretaciones eran a menudo memorables, desde finales de los años 30 hasta los años 70, demostrando una gran versatilidad y un enorme talento, asociado a menudo a la figura de Shakespeare, pero que fue capaz de darnos mucho más. 

In Memoriam: Doris Day (15-05-2019)

Prototipo de actriz cómica de los años 50 y comienzos de los 60, pese a que su carrera no fue muy larga, dejó una huella imborrable en el público cinematográfico, aunque la crítica no fuera tan piadosa con ella. Hace pocos días desaparecía una de las pocas supervivientes del Hollywood clásico, la actriz Doris Day.

El nombre real de Doris Day era Doris Mary Kappelhoff nació en Cincinati, estado de Ohio, el 3 de abril de 1922 (aunque ella siempre afirmó que fue en 1924). Sus abuelos eran inmigrantes alemanes y su padre era profesor de música. Tenía dos hermanos mayores, aunque el primero murió antes de que ella naciera. Criada en una familia católica, ello no impidió que sus padres se divorciaran cuando ella era pequeña, a causa de una infidelidad paterna. 

Aficionada desde pequeña a la danza, formó en los años 30 pareja de baile con Jerry Doherty, pero un accidente de tráfico frustró su futuro como bailarina. Es entonces cuando descubre su potencial como cantante. Comienza a recibir lecciones de canto por parte de Grace Raine, que se sorprende con su enorme potencial, venciendo las reticencias de su madre hacia el mundo del espectáculo. Así, la joven Doris comienza a cantar en la radio y en restaurantes. 

El cantante de Jazz Barney Rapp está buscando vocalistas femeninas. Doris vence a las 200 que audicionaron, y por insistencias de Rapp toma el nombre artístico de Doris Day (que a ella nunca le gustó, porque le sonaba a stripper) por la canción “Day after day” que forma parte de su repertorio. 

En 1941 se casa por primera vez, con  Al Jorden, miembro de la banda de Rapp. Con él tendrá a su único hijo, Terry. La pareja se divorcia en 1943, y Al se suicida poco después. En 1946 se casa con el saxofonista George Weidler, quien le convencerá para abandonar el catolicismo y convertirse a la ciencia cristiana. La pareja termina en divorcio en 1949. 

Doris Day alcanza gran éxito cantando con diferentes bandas, incluyendo las de intérpretes consagrados como Bing Crosby, colabora en la radio con Bob Hope y, desde 1945, realiza grabaciones discográficas. Una de estas será “Embraceable you”, cuya interpretación llamará la atención de sus compositores, Jule Styne y Sammy Cahn:

Ambos insisten en que participe en la película “Romance en alta mar” que dirige Michael Curtiz. Ella le dice al director que no tiene experiencia como actriz, pero eso le convence aún más a Curtiz de que es la intérprete adecuada (de hecho, el de Doris Day será el descubrimiento del que más orgulloso se sentirá Curtiz). La película, una comedia musical, se estrena en 1948 y en ella comparte pantalla con Jack Carson:

Esta canción, “It’s magic”, alcanza un gran éxito en las listas musicales, éxito que será aún mayor con su segunda película junto a Jack Carson y, de nuevo, dirigida por Michael Curtiz, “Mi sueño eres tú”, de 1949, con la canción “Someone like you”:

Trabajará a las órdenes de Michael Curtiz por tercera vez en 1950 en el drama musical “El trompetista”, protagonizado por Kirk Douglas y Lauren Bacall:

También en 1950 protagoniza la comedia musical “Té para dos”, junto a Fordon MacRae:

Su mayor éxito en esos años vendrá en todo caso en 1951 cuando trabaje por cuarta vez a las órdenes de Michael Curtiz, en “Te veré en mis sueños”, biopic del compositor Gus Kahn:

En 1951 se casa por tercera vez, con el productor Martin Melcher, . Él adopta a su hijo Terry, que pasa a ser conocido como Terry Melcher. 

Es una época en la que Doris Day es la actriz favorita de los militares que combaten en la Guerra de Corea, por lo que protagoniza no pocos musicales de poca calidad e irrelevantes en su carrera. Quizá el más relevante sea “Calamity Jane” (en España ridículamente titulado “Doris Day en el oeste”), western musical que protagoniza junto a Howard Keel y en el que canta la canción “Secret love”, que ganará el Oscar:

En 1954 protagoniza el drama musical “Siempre tú y yo”, junto a Frank Sinatra:

Tras rodar esta película, Doris Day decide no renovar su contrato con la Warner, descontenta por verse encasillada en papeles de comedia-musical. Por ello, su siguiente película, si bien igualmente musical, es mucho más dramática: “Quiéreme o déjame”, biopic de la cantante Ruth Etting y su tormentosa relación con su marido, que la maltrata psicológicamente, interpretado por James Cagney. La película, dirigida por Charles Vidor, se estrenó en 1955:

La película fue un considerable éxito de crítica, que le valió 2 Oscars y varias nominaciones, entre ellas a mejor actor para Cagney, pero no para Day. 

Tras rodar un thriller junto a Louis Jourdan, “El diabólico Señor Benton”, Doris Day trabaja a las órdenes de Alfred Hitchcock y junto a James Stewart en “El hombre que sabía demasiado”, de 1956, remake de la versión inglesa rodada por Hitchcock en los años 30, en la que se traslada la acción a Marruecos. La película es recordada en especial por ese “Qué será, será”, que ella odiaba pero que ganó el Oscar a mejor canción:

Pero de nuevo Doris Day regresa al mundo de la comedia. En 1958 estrena “Enséñame a querer”, en la que comparte escena con Clark Gable y con Gig Young, habitual secundario en sus películas. Por esta película conseguirá su primera nominación al Globo de oro, en la categoría de actriz de comedia:

Ese mismo año protagoniza junto a Richard Widmark (y de nuevo con Gig Young como secundario) “Mi marido se divierte”, otra comedia romántica, dirigida por Gene Kelly

En 1959, tras protagonizar junto a Jack Lemmon “La indómita y el millonario”, estrena el que probablemente sea su mayor éxito: la genial comedia de enredos “Confidencias a medianoche”, primera de las tres películas que protagonizará junto a Rock Hudson y Tony Randall y que le valdrá su única nominación al Oscar y una nueva nominación al Globo de Oro:

En 1960 protagoniza la simpática comedia familiar “No os comáis las margaritas”, en la que comparte protagonismo con David Niven:

Pero ese mismo año da un giro sorprendente a su carrera con un papel dramático, quizá su mejor papel, en el thriller “Un grito en la niebla”, protagonizado por Rex Harrison, Myrna Loy y John Gavin, en el que interpreta a una mujer amenazada de muerte que terminará descubriendo que la amenaza llega de alguien muy cercano:

No consigue nominación al Oscar, pero sí al Globo de oro. 

En 1961 vuelve a trabajar junto a Rock Hudson y Tony Randall en otra genial comedia, “Pijama para dos”, dirigida por Delbert Mann:

En 1962 consigue ser nominada al Globo de Oro por “Jumbo, la sensación del circo”, pero su mayor logro profesional será compartir pantalla junto a Cary Grant (y de nuevo con Gig Young como secundario) en la comedia romántica “Suave como visón”, de nuevo a las órdenes de Delbert Mann:

En 1963 protagoniza dos comedias junto a James Garner: “Su pequeña aventura” y “Apártate, cariño”, remake de “Mi mujer favorita”, en la que, tras cinco años desaparecida y dada por muerta, reaparece el mismo día que su esposo va a casarse de nuevo. Por esta película consigue su última nominación al Globo de Oro:

Al año siguiente repite por tercera vez junto a Rock Hudson y Tony Randall en “No me mandes flores”, dirigida por Norman Jewison:

Una nueva comedia en 1965, “Por favor, no molesten”, junto a Rod Taylor, le proporciona su último gran éxito:

Los gustos del público van cambiando, Doris Day rechaza el papel de Mrs. Robinson en “El graduado”, considerando el guión ofensivo y vulgar (Day era republicana y muy conservadora, como es propio por otra parte de un miembro de la iglesia de la ciencia cristiana), mientras el público la veía demasiado mojigata. Pocas comedias más terminan con su carrera cinematográfica, siendo la última “El novio de mamá”, en 1968. 

El 20 de abril de 1968 su esposo Martin Melcher, que padecía un problema cardiaco pero por sus creencias en la ciencia cristiana rechazó recibir tratamiento médico hasta que fue demasiado tarde, murió. Doris Day se llevó entonces dos desagradables sorpresas. La primera es que, a causa de unas pésimas inversiones, Melcher y el abogado Jerome B. Rosenthal le habían dejado en bancarrota. Doris Day denuncia a Rosenthal y lo lleva a juicio, que logra ganar en 1874, aunque no recibió la compensación económica hasta 1977.

La otra es que, sin consultarla, Melcher había acordado con la CBS un programa de televisión para ella, “El show de Doris Day”. Ella no quería trabajar en televisión, pero las deudas le obligaron a aceptar, y el programa fue un éxito que se mantuvo en emisión hasta 1973. 

Por otra parte, su hijo Terry Melcher era el objetivo de los famosos asesinatos de Charles Manson (la casa en la que sucedieron los asesinatos había sido de Terry hasta pocos meses antes, y Mason al parecer desconocía el cambio), y al saberlo, se empeñó en que su madre fuera siempre acompañada de guardaespaldas. Era una época difícil para Doris Day, que además veía como los gustos del público se alejaban de su estilo. Regresó a la televisión en 1985 para una serie de entrevistas (la más famosa, a su amigo Rock Hudson, enfermo ya de SIDA), pero el programa no duró mucho. 

En 1976 se casó por cuarta vez, con el camarero Barry Comden, pero la pareja acabó divorciándose en 1982. Él decía que ella le prestaba más atención a sus perros que a él. Y es que en sus últimos años Doris Day se centró en su asociación para la defensa de los animales, fundada en 1878. Un fallido intento de aparición en los Oscars, echado a perder por un accidente, terminó con su vida pública al margen de su asociación. De hecho, cuando se propuso otorgarle un Oscar honorífico, ella lo rechazó. Su hijo Terry murió en 2004 a causa de un melanoma. Cada vez más ausente de la vida pública, Clint Eastwood le ofreció un papel en 2015, pero finalmente tampoco lo realizó. Casi olvidada, una neumonía acabó con su vida el pasado 13 de mayo, cuando contaba 97 años. Por expreso deseo suyo no habría ni funeral ni tumba ni ningún acto público. 

Reina absoluta de la comedia romántica y el musical del Hollywood mojigato y republicano de los años 50, la historia posterior no la ha tratado muy bien, pese a que algunas de sus películas merezcan ser recordadas por la gran vis cómica de una actriz que en realidad no era más que una cantante sin experiencia escénica. Tampoco necesitó nada más.

Centenario del nacimiento de Joan Fontaine (22-10-2017)


“Anoche soñé que volvía a Manderley”. Así comenzaba una de las más míticas películas del Hollywood dorado de los años 30 y 40, la primera película que rodaba en América el británico Alfred Hitchcock. Y también la película que lanzó a la fama a una joven actriz, que hasta entonces apenas había destacado en sus trabajos previos, y que era precisamente la que decía aquellas míticas palabras: la bellísima Joan Fontaine, que, de seguir viva, habría cumplido hoy 100 años.




El nombre real de Joan Fontaine era Joan de Bauvoir de Havilland (lo que ya nos deja pistas de sus parentescos), y nació en Tokio el 22 de octubre de 1917. Su padre, Walter Augustus de Havilland, británico, trabajaba como profesor en la universidad de Tokio, mientras que su madre, Lillian Augusta Fontaine, había sido actriz antes de trasladarse a Japón con su esposo. Ambos tenían una hija mayor, Olivia de Havilland.

La pareja se separó en 1919 por las infidelidades del esposo, asiduo al servicio de las Geishas, y Lillian se trasladó con sus hijas a Estados Unidos, a causa de los numerosos problemas de salud de Joan. Pero en 1933, con 16 años, Joan regresó a Japón para vivir con su padre, donde se graduaría en la escuela para extranjeros en 1935.

Ese mismo año, de regreso a los Estados Unidos, quiso seguir los pasos de su hermana, que despuntaba en Hollywood. Al no permitirle su madre utilizar el apellido familiar, debuta con el nombre de Joan Burfield en 1935 en “No más mujeres”, protagonizada por Joan Crawford y Franchot Tone. Bajo contrato con la RKO, que la considera una actriz emergente, y adoptando el apellido materno como nombre artístico, tiene su primer papel protagonista en 1937 en “Un hospital en las nubes”:

Ese mismo año aparece en “Olivia”, junto a Katherine Hepburn y Franchot Tone, y en “Señorita en desgracia”, junto a Fred Astaire:

Pero esta última es un fracaso que relega a Joan Fontaine a papeles menores en multitud de películas, interpretando por ejemplo a la novia de Cary Grant en “Gunga Din” o con un pequeño papel en la coral “Mujeres” de George Cukor. Pero rechaza el papel de Melania en “Lo que el viento se llevó” (parece que dijo que, si querían a una actriz para hacer de tonta, llamaran a su hermana… razón no le faltaba, en todo caso). La falta de éxitos provoca el fin de su contrato con la RKO en 1939, año en el que se casa por primera vez, con el actor Brian Aherne.

Cuando parece que su carrera cinematográfica ha llegado a su fin, aparece David O. Selznik. En una fiesta, ambos están cenando juntos y comienzan a hablar sobre la novela de Daphne du Maurier “Rebeca”. Selznik está en proceso de producir su adaptación cinematográfica, que será el debut en Hollywood del director Alfred Hitchcock, y le propone audicionar para el papel protagonista (papel cuyo nombre desconocemos, ya que no se menciona en toda la película: es sólo Milady de Winter). Meses de audiciones le suponen su confirmación en el papel, acompañada por Laurence Olivier y Judith Anderson. El resto ya es historia:

Siempre he dicho que “Rebeca” es, junto con “Encadenados”, la mejor película de Hitchcock, y escenas como esta no hacen más que confirmarlo. Y su magnífico trabajo le valió una nominación al Oscar, que injustamente perdió frente a Ginger Rogers.

Para lo que sí le sirvió su papel en Rebeca fue para que Hitchcock volviera a contar con ella al año siguiente en “Sospecha”, que protagoniza junto a Cary Grant:

Y, pese a que la película es mucho más floja que Rebeca, en esta ocasión le sirvió para ganar el Oscar:

Su relación con su hermana Olivia de Havilland, ya de por sí complicada (Joan Fontaine siempre tuvo celos de ella por considerar que era la favorita de su madre), se complicó aún más a raíz de lo que sucedió cuando fue a recoger el premio, al que Olivia también estaba nominada (y que no había ganado hasta la fecha): al anunciarse el nombre de la ganadora, Olivia se levantó para felicitar a su hermana, pero ésta la ignoró. La explicación de Joan Fontaine fue que, con los nervios de oír su nombre, no vio lo que sucedía a su alrededor y de inmediato se dirigió al escenario. Olivia de Havilland le devolverá la afrenta cuando sea ella quien gane el Oscar en 1946.

Sus siguientes grandes papeles llegarán en 1943, cuando protagoniza “Alma rebelde”, versión cinematográfica de “Jane Eyre” en la que le acompaña Orson Welles:

Y esemismo año protagoniza otro drama romántico, terreno en el que se desenvuelve de maravilla, “La ninfa constante”, junto al magnífico Charles Boyer, en una película casi desconocida, pero por la que recibió su tercera y última nominación al Oscar:

La carrera de Joan Fontaine será a partir de entonces bastante irregular. En 1944 protagoniza la adaptación de otra obra de Daphne du Maurier, la aventura de piratas “El pirata y la dama”. En 1947 protagoniza “Abismos”, en la que se aleja de su imagen de niña buena para interpretar a la villana de la película. Y en 1948 se adentra en la comedia de la mano de Billy Wilder en la prescindible “El vals del Emperador”, junto a un pedante Bing Crosby y en la que tampoco ella tiene un buen papel. Pero ese año firmará una de sus más memorables interpretaciones en el mítico melodrama de Max Ophüls “Carta de una desconocida”, adaptación de la novela de Stefan Zweig que protagoniza junto a Louis Jourdan:

En 1950 vuelve a interpretar otro melodrama romántico, en este caso junto a Joseph Cotten, en “Idilio en septiembre”:

Y ese mismo año repite su papel de pérfida en la magnífica “Nacida para el mal” de Nicholas Ray, en la que sólo Robert Ryan es capaz de percibir la maldad que se esconde tras su inocente apariencia:

En 1952 participa en el film de aventuras histórico “Ivanhoe”, junto a Robert Taylor y a Elizabeth Taylor:

Vuelve a su género ideal, el drama, en 1953 con “Una razón para vivir”, acompañada de Ray Milland:

En 1956 protagoniza junto a Dana Andrews la intriga de Fritz Lang “Más allá de la duda”, que aparenta ser un alegato contra la pena de muerte para luego sorprendernos con un final inesperado:

En 1957 protagoniza el polémico drama sobre racismo “Una isla al sol” junto a James Mason:

En 1958 vuelve al drama romántico junto a Rosanno Brazzi en “Una cierta sonrisa”:

En el ocaso de su carrera, en 1961 aparece en la película de aventuras “Viaje al fondo del mar”:

En 1962 vuelve a aparecer en otro drama romántico, pero en este caso en un papel secundario, como la hermana de Jennifer Jones en “Suave es la noche”:

Joan Fontaine sólo aparecerá en una película más, protagonizando en 1966 la película de terror “Las brujas”:

Joan Fontaine empezó a trabajar en teatro en los años 50, protagonizando entre otras obras “Té y simpatía” junto a Anthony Perkins, y seguirá trabajando en los 60 en los escenarios, además de comenzar una carrera televisiva que concluirá en 1994 con la película televisiva “Good King Wenceslas”.

En lo personal, Joan Fontaine se había casado 4 veces y tenía una hija de su segundo marido, además de haber adoptado a una niña peruana, Martita; Joan Fontaine prometió a sus padres biológicos que la llevaría de visita cuando la niña cumpliera 18 años, pero cuando llegó el momento, Martita huyó de casa, enfadando a Joan, que se vio obligada a incumplir su palabra. La relación con sus hijas se enfriaría completamente al enterarse que mantenían contacto con su hermana Olivia, algo que ella rompió por completo cuando no fue avisada a tiempo de la muerte de su madre en 1975. Nunca más volvieron a hablarse. Finalmente, Joan Fontaine, que adelantó a su hermana mayor a la hora de casarse y de ganar el Oscar, le ganó también al morir antes, en concreto el 15 de diciembre de 2013, mientras dormía, a los 96 años. Con ella se iba la actriz que ostenta el récord de ser la única intérprete en ganar un Oscar por una película de Hitchcock, aunque siempre la recordaremos por el que debió ganar y no ganó, esa inolvidable Milady de Winter de Rebeca, uno de esos papeles que han pasado a la historia del cine.



25 años de la muerte de Anthony Perkins (12-09-2017)


Hay intérpretes que se encasillan en un género cinematográfico, para bien o para mal, pero los hay, pocos por suerte, que han tenido la desgracia de ser relacionados siempre con un único papel del que parece que nunca pueden librarse. Anthony Perkins con su Norman Bates es quizá el caso paradigmático, por desgracia para un actor de enorme talento cuyo recuerdo, tras su desaparición hace 25 años, se conserva sólo por el villano de Psicosis.




Anthony Perkins nació en Nueva York el 4 de abril de 1932, siendo el único hijo de Janet Esselstyn y del actor cinematográfico Osgood Perkins, que murió de un infarto 5 años después. Pese a apenas haberle conocido, Perkins siguió los pasos de su padre y debuta en el cine en 1953, en la película de George Cukor “La actriz”, en la que interpreta al joven enamorado de la protagonista, Jean Simmons. Pero será con su segundo papel, en 1956, en el clásico de William Wyler “La gran prueba” con el que salte al estrellato, interpretando al hijo mayor de la familia de cuáqueros formada por Gary Cooper y Dorothy McGuire:

Por este papel selleva su única nominación al Oscar (algo sorprendente e imperdonable) y un Globo de Oro a la mejor nueva estrella.

Anthony Perkins es miembro del Actor’s studio, y compagina su labor cinematográfica con la teatral, además de grabar varios discos como cantante (bajo el nombre de Tony Perkins), publicando el primero en 1957, del que destaca el tema “Moonlight swim”:

Tras participar en dos westerns en 1957, en 1958 gana un premio Tony por su trabajo en la obra teatral “Look Homeward, Angel”. Ese mismo año tiene también su primer papel protagonista en la comedia “La casamentera”, junto a Shirley Booth y Shirley McLaine:

Y protagoniza también el drama de época “Deseo bajo los olmos”, en el que se enfrenta a su tiránico padre, interpretado por Burl Ives, y se enamora de su madrastra, Sofia Loren:

En 1959 protagoniza “Mansiones verdes”, junto a Audrey Hepburn, ambientada en la selva venezolana:

Y tiene también un destacado papel en el drama nuclear “La hora final” de Stanley Kramer, junto a Gregory Peck, Ava Gardner y Fred Astaire, en la que interpreta a un joven militar australiano que tiene que asumir que él y su familia van a morir a causa de la nube radiactiva:

En 1960 protagoniza en Broadway el musical “Greenwillow” de Frank Loesser, por el que recibe una nueva nominación al Tony. Le escuchamos aquí, años después, cantando una de las piezas más conocidas de este musical “Never will I marry”:

En 1960 protagoniza también la comedia romántica “Me casaré contigo” de Joshua Logan junto a Jane Fonda, pero si ese año destaca por algo, es por ser elegido por Alfred Hitchcock para protagonizar una de sus más míticas películas, “Psicosis”, en la que su carácter tímido y en apariencia inofensivo esconde a un psicópata. Su magistral interpretación de Norman Bates es ya mítica:

Ese magistral primer plano final, con esa inquietante mirada, no le sirvió para recibir la nominación al Oscar que merecía.

Pero su mejor papel, en mi opinión, está por llegar. Será en 1961, en “No me digas adiós”, de Anatole Litvak, en la que interpreta al joven que se interpone en la abierta pareja formada por Ingrid Bergman e Yves Montand. Su carácter tímido e introvertido le va perfecto al papel, pero, de nuevo, los premios no le hacen justicia (bueno, no del todo: se lleva el premio al mejor actor en el Festival de Cannes, nada menos):

Los siguientes años su carrera transcurre en Europa. Anthony Perkins domina el francés, como podemos comprobar en esta canción que graba en 1963:

Así, en 1962 rueda “Fedra” de Jules Dassin junto a Melina Mercouri y “Un abismo entre los dos”, de nuevo de Anatole Litvak, junto a Sofia Loren. Rueda además en Francia “El proceso” de Orson Welles, basada en la obra de Franz Kafka, interpretando al protagonista, Josef K:

De sus siguientes papeles, habría que destacar su breve participación en la coral cinta bélica “¿Arde París?” de René Clément, en la que interpreta a uno de los primeros soldados americanos que entran en París para expulsar a los nazis.

En 1967 protagoniza otro musical, en este caso en televisión, “Evening Primrose”, con música de Stephen Sondheim (con quien al parecer tuvo una relación), del que escuchamos la canción “If you can’t find me, I’m here”:

Su carrera no le depara más grandes éxitos. Rueda junto a Paul Newman “Un hombre de hoy” en 1970 y “El juez de la horca” en 1972, y tiene un pequeño papel en 1974 en la genial adaptación de la obra de Agatha Christie “Asesinato en el Orient Express” de Sidney Lumet:

El 9 de agosto de 1973, Anthony Perkins, quien al parecer hasta pocos años antes sólo había tenido relaciones con hombres, se casa con la actriz y fotógrafa Berry Berenson. Con ella tendrá dos hijos: Oz en 1974 y Elvis en 1976.

Mientras decae su carrera cinematográfica, el teatro le trae nuevos éxitos, como su trabajo en “Equus” en 1974. También trabaja en televisión, donde en 1978 interpreta a Javert en la película televisiva “Los Miserables”:

En 1979 trabaja en la película de ciencia ficción de Disney “El abismo negro”:

Pero, encasillado en el cine de terror, vuelve a interpretar a Norman Bates en 3 nuevas ocasiones. De hecho, en 1986 no sólo protagoniza “Psicosis III”, sino que también la dirige:

Incluso repite como director en la comedia de terror “Un tipo con suerte”, pero no consigue relanzar su carrera, relegada a películas de baja calidad. Además, en 1990, durante el rodaje de “Psicosis IV” se le diagnostica SIDA. Pese a todo, en 1992 todavía rueda el thriller televisivo “In the deep woods” junto a Rosanna Arquette:

Finalmente, el 12 de septiembre de 1992, una neumonía termina con la vida de Anthony Perkins a los 60 años. Su mujer le sobrevive 9 años: un día antes de que se cumplieran esos 9 años, moría en uno de los aviones que se estrellaron contra el World Trade Center en los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Anthony Perkins es uno de los más trágicos casos de actor encasillado: con un enorme talento, su vinculación al personaje que le lanzó a la fama arruinó el resto de su carrera. Y, pese a todo, nos dejó unos cuantos papeles que le hacen merecer ser recordado como un grandísimo actor.



20 años de la muerte de James Stewart (02-07-017)


Una carrera cinematográfica que se extiende por décadas, desde mediados de los años 30 hasta finales de los 70, participando en casi todos los géneros cinematográficos imaginables, desde la comedia al cine policíaco, el western, el drama romántico, la intriga o el cine biográfico, siendo además uno de los actores favoritos de directores de la talla de Frank Capra, John Ford o Alfred Hitchcock. Esta podría ser una buena forma de describir a James Stewart, el actor que hoy nos ocupa, en el 20º aniversario de su muerte.




James Maitland Stewart nació el 20 de mayo de 1908 en Indiana, estado de Pensilvania, siendo el primer hijo (tendría dos hermanas) de una pareja de origen escocés. Su padre tenía una ferretería, y esperaba que su hijo continuara en el negocio familiar, por lo que no quiso que recibiera clases de música, pese al talento de su madre como pianista. Finalmente aceptó un regalo para su hijo, un acordeón que aprendió rápidamente a tocar. Su talento musical apenas comenzaba a despuntar.

Pese a su timidez (algo que se notará en la pantalla durante toda su carrera), James Stewart forma parte del equipo de fútbol de su escuela, es miembro del coro y de la sociedad literaria, entre otras actividades. En casa se interesa por realizar maquetas y por la química, y su deseo es ser piloto, algo que abandona por la insistencia de su padre de ingresar en la Universidad de Princetown, en la que estudiará arquitectura. Pese a demostrar un gran talento en este área, durante sus estudios se interesa por el teatro, siendo invitado a la University Players, asociación veraniega de teatro, en la que coincidirá con Joshua Logan. En esta compañía participa en diversas representaciones en 1932, año en el que se gradúa en la Universidad.

Terminados los estudios, se traslada a Nueva York con la esperanza de realizar una carrera teatral, y allí compartirá apartamento con Joshua Logan y con un antiguo miembro de la University Players, Henry Fonda, de quien se hará un gran amigo. Debuta en Broadway con cierto éxito en un papel secundario en la obra “Goodbye again”, pero es época de crisis, y apenas consigue trabajar en nuevas obras. Mientras, Hollywood anda a la caza de talentos teatrales, y es descubierto por un agente de la Metro. Henry Fonda, recién trasladado a Hollywood, le anima a que siga sus pasos.

En 1935 consigue un contrato con la Metro, pero su principal trabajo es realizar pruebas de cámara con otras actrices, ya que por su aspecto y timidez le consideran poco apropiado para la pantalla. Su estreno en cine, en 1935, en “La voz que acusa”, protagonizada por Spencer Tracy, es un fracaso.

En 1936 tiene más éxito, con la opereta “Rose Marie” o su participación en la célebre serie de películas de Myrna Loy y William Powell iniciada con “La cena de los acusados” en “Ella, él y Asta”, y aparece bailando junto a Eleanor Powell en “Nacida para la danza”:

Por esas fechas mantiene un breve romance con Ginger Rogers, antes de mantener una relación con Margaret Sullavan (que previamente había estado brevemente casada con Henry Fonda), quien le consigue un papel protagonista junto a ella en el drama romántico “Cuando volvamos a amarnos”. Trabajar con ella le ayuda a conseguir confianza en sí mismo. Así consigue mejorar su situación en el estudio, y en 1937 protagoniza el remake del drama “El séptimo cielo” junto a Simone Simon:

En 1938 comete el “error” de mantener un romance con Norma Shearer, la esposa del productor Irving Thalverg, quien, quizá para alejarlo de su esposa, lo cede a la Columbia, en la que Frank Capra busca protagonista para su siguiente película, “Vive como quieras”, que protagoniza su actriz fetiche, Jean Arthur. Sin poder contar con Gary Cooper, Ronald Colman o Clark Gable, actores con los que había trabajado previamente, elige a James Stewart como protagonista de esta genial comedia en la que aparecen Lionel Barrymore, Edward Arnold o Donald Meek, entre otros:

La película es tal éxito que gana el Oscar a mejor película. Y Capra decide repetir con él como protagonista de “Caballero sin espada”, drama político con Jean Arthur y Claude Rains, en el que Stewart puede lucir su aspecto tímido en inocente que le va perfecto al personaje:

Por este papel James Stewart consigue su primera nominación al Oscar.

También en 1939 protagoniza su primer Western, de carácter más bien  cómico, “Arizona”, que protagoniza junto a Marlene Dietrich:

En 1940 vuelve a trabajar con Margaret Sullavan en “Tormenta mortal” y, más destacable, en la genial comedia de Ernst Lubitsch “El bazar de las sorpresas”, junto a Frank Morgan y Joseph Schildkraut:

Pero su mayor éxito en 1940 es “Historias de Filadelfia” de George Cukor, una screwball comedy que protagoniza junto a Katherine Hepburn y Cary Grant:

Por este papel consigue su segunda nominación al Oscar. El gran favorito para ganar ese año es su amigo Henry Fonda por “Las uvas de la ira”, pero, sorprendentemente, es James Stewart quien gana:

Protagoniza algunas comedias más en 1940 y 1941, hasta que el bombardeo de Pearl Harbour provoca la entrada de Estados Unidos en la II Guerra Mundial, y James Stewart se enrola en las fuerzas aéreas, donde alcanzará el rango de general.

Terminada la Guerra, su primera película en 5 años será su tercera y última colaboración con Frank Capra en la mítica “Qué bello es vivir”, en la que el ángel Clarence, interpretado por Henry Travers, le muestra el sentido que ha tenido su vida. Junto a Donna Reed, Thomas Mitchell y Lionel Barrymore, es una de las películas más famosas de la historia, y con esta escena final es casi imposible no emocionarse:

“Cada vez que suena una campana, un ángel consigue sus alas”…

Tercera nominación al Oscar, aunque la película sólo gana uno de los 6 Oscars a los que optaba, y además de tipo técnico.

En 1947 se produce la famosa pelea entre James Stewart y Henry Fonda por motivos políticos: James Stewart apoyaba al partido republicano, mientras Fonda era demócrata. Para evitar nuevos problemas, los dos amigos deciden no volver a hablar de política.

Sus siguientes películas en general son comedias que tienen poco éxito (entre ellas “Una encuesta llamada milagro”, junto a Henry Fonda), pero en 1948 trabaja por primera vez con Alfred Hitchcock en “La soga”, en la que dos alumnos suyos (John Dall y Farley Granger) asesinan por placer a otro compañero. La homosexualidad latente de todos los personajes pasó desapercibida para Stewart, que de haberse dado cuenta probablemente habría rechazado interpretar el papel:

En 1949 se casa, por única vez en su vida, con Gloria Hatrick, con la que tendrá 4 hijos. Permanecerán casados hasta la muerte de ella en 1994.

Tras acumular más fracasos, en 1950 protagoniza dos recordados western. El primero, “Flecha rota”, de Delmer Daves, historia de amor mestizo ambientada en el enfrentamiento americano contra los apaches:

El otro fue “Winchester 73”, primera colaboración con Anthony Mann, en la que interpreta a un hombre que busca al asesino de su padre, que resulta ser su propio hermano:

Aún así, su mayor éxito de 1950 será en la comedia dramática “El invisible Harvey”, de Henry Koster, en la que interpreta a un hombre que tiene como amigo imaginario a un enorme conejo, y por la que se lleva su cuarta nominación al Oscar:

En 1952 es uno de los protagonistas de la ambiciosa “El mayor espectáculo del mundo” de Cecil B. de Mille, ambientada en el mundo del circo y en la que interpreta a un payaso, siempre maquillado como tal, que tiene mucho que ocultar, en otra magistral interpretación:

Trabaja además en nuevos westerns dirigidos por Anthony Mann: “Horizontes lejanos” en 1952 y “Colorado Jim” en 1953. Ese mismo año interpreta al compositor Glenn Miller en “Música y lágrimas” , también dirigida por Anthony Mann y protagonizada junto a June Allyson, por la que se lleva una nominación al BAFTA:

En 1954 protagoniza otro western de Anthony Mann, “Tierras lejanas”, y vuelve a trabajar bajo las órdenes de Alfred Hitchcock, por segunda vez, en “La ventana indiscreta”, interpretando a un accidentado que, aburrido al no poder moverse, espía a sus vecinos y descubre un asesinato. Acompañado de Grace Kelly y Thelma Ritter, es una de las películas de Hitchcock con las que peor lo he pasado:

En 1955 trabaja de nuevo con Anthony Mann en otro de sus western más célebres, “El hombre de Laramie”, de nuevo interpretando a un hombre en busca de venganza:

En 1956 vuelve a trabajar con Alfred Hitchcock en el remake de una de sus obras de juventud, “El hombre que sabía demasiado”, junto a Doris Day:

En 1957 trabaja bajo las órdenes de Billy Wilder en “El héroe solitario”, biopic del piloto Charles Lindberg, que atravesó el Atlántico en 36 horas:

En 1958 trabaja por cuarta y última vez bajo las órdenes de Alfred Hitchcock en “Vértigo”, una de las mejores obras del director inglés, junto a una joven Kim Novak:

Pese al éxito de la película, Hitchcock no queda satisfecho, por la supuesta falta de química entre James Stewart y Kim Novak, a causa de la notable diferencia de edad. Por ello, para su próxima película, “Con la muerte en los talones”, prescinde de Stewart, que estaba muy interesado en protagonizarla, y cuenta con Cary Grant, que pese a ser mayor, aparenta menos edad que Stewart.

Esto no impidió que James Stewart protagonizara ese mismo 1958 otra película con Kim Novak, una comedia romántica (su último papel romántico), “Me enamoré de una bruja”:

Pero es cierto que, con 50 años, James Stewart ya no da la imagen de galán romántico. Por suerte, encuentra otras alternativas. En 1959 estrena la policíaca “FBI contra el imperio del crimen” y el drama judicial “Anatomía de un asesinato” de Otto Preminger:

Demostrando su enorme talento como actor dramático, se ve recompensado con su quinta y última nominación al Oscar.

En 1961 se estrena bajo las órdenes de John Ford en “Dos cabalgan juntos”, junto a Richard Widmark:

Pero su mejor colaboración con John Ford vendrá en 1962, con la genial “El hombre que mató a Liberty Valance”, en la que interpreta al joven idealista Ransom Stoddard, que tiene que enfrentarse a Liberty Valance (Lee Marvin). Al margen del error de casting (son demasiado mayores para los papeles que interpretan), Stewart se ve eclipsado por un John Wayne que nunca estuvo mejor. En todo caso, en mi opinión es el mejor western de Ford:

En 1962 trabaja también en la enorme “La conquista del Oeste” y protagoniza la comedia de Henry Koster “Un optimista de vacaciones”:

Con Henry Koster protagoniza otras dos comedias, “Regalo para soltero” de 1963 y “Querida Brigitte” en 1965, y en 1964 tiene un pequeño papel en “El gran combate” de John Ford. Destaca más en 1965 en “El vuelo del Fénix” de Robert Aldrich, como el piloto de un avión que sufre un accidente y queda atrapado en el Sahara:

Y también en 1965 colabora por primera vez con el director Andrew V. McLaglen en “El valle de la violencia”, ambientada en la guerra de secesión y en la que interpreta a un hombre contrario a la guerra:

Con McLaglen trabaja de nuevo en 1966 en “Una dama entre vaqueros” y “Bandolero” en 1968. Y en 1970 protagoniza junto a Henry Fonda el western cómico “El club social de Cheyenne” que dirige Gene Kelly:

A partir de ahí su trabajo en cine disminuye, mientras se pasa a la televisión, donde protagoniza su propio Show. De entre sus papeles posteriores más destacables destaca “El último pistolero” de Don Siegel, de 1976, donde trabaja de nuevo junto a John Wayne:

En 1977 participa en el film de catástrofes “Aeropuerto 77”:

Pero ni este ni sus dos últimos films, “La magia de Lassie” y “Detective privado”, junto a Robert Mitchum, ambos de 1978, tuvieron éxito. Tení más suerte en televisión, ya que en 1974 había ganado un Globo de Oro por su papel en la serie “Hawkins”. Su último papel fue en la película de televisión de 1983 “Derecho a elegir”, junto a Bette Davis. En 1985 recibe un Oscar Honorífico, que le entrega Cary Grant:

Con problemas de salud desde 1995, James Stewart enferma gravemente en 1997, cuando sus problemas respiratorios desembocan en una embolia pulmonar que le causa un paro cardíaco el 2 de junio de 1997. Tenía 89 años, y sus últimas palabras hablaban de encontrarse con su esposa, que había muerto 4 años antes. Fue enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale:

Con James Stewart se iba uno de los actores más famosos y polivalentes de la edad dorada de Hollywood, tan eficaz en la comedia como en el drama, protagonista de no pocas películas memorables. Además, siempre será recordado por protagonizar esa joya cinematográfica que es “Qué bello es vivir”, en un personaje que se parecía bastante a él mismo.



50 años de la muerte de Claude Rains (30-05-2017)




Hay actores (y actrices, no es cuestión de género) que, aunque  hayan ejercido toda su vida de secundarios, se convierten en verdaderos robaescenas, quitándoles el protagonismo a actores a menudo de talento muy inferior. De entre esos grandes secundarios de la historia, hay unos pocos que podrían disputarse el mérito de ser el mejor secundario de la historia; para mí, el campeón es quien hoy nos ocupa, Claude Rains. Ese actor al que todo fan del cine clásico conoce aunque no identifique.




William Claude Rains nació el 10 de noviembre de 1889 en Londres. No tuvo una infancia fácil en absoluto; él mismo afirmaba que se había criado en la ribera equivocada del Támesis. Su padre era el actor Fred Rains, que tuvo con su mujer Eliza 12 hijos, de los que sólo 3 sobrevivieron; el resto murió por malnutrición. Claude tenía problemas de pronunciación, además de un marcado acento de los bajos fondos londinenses. Abandonó temprano la escuela para vender periódicos y así ayudar económicamente a la familia, además de cantar en el coro de la iglesia.

Desde niño vivió por dentro el mundo del teatro acompañando a su padre. Ya con 10 años interpretó un pequeño papel, y después ejerció distintas labores dentro del teatro hasta dedicarse a la interpretación. Y en 1913 decide trasladarse a Nueva York, pensando que allí tendrá mejores oportunidades laborales. Pero no tardará en volver a Londres.

Y es que en 1914 estalla la I Guerra Mundial, y Claude Rains se enrola en el ejército, en el que sirve junto a actores como Basil Rathbone, Ronald Colman o Herbert Marshall. Será durante la guerra, en un ataque con gas, cuando pierda el 90% de visión de su ojo izquierdo. Pese a todo, alcanza el grado de capitán:

Terminada la Guerra, Claude Rains permanece en Londres, donde alcanza gran prestigio como actor. Llama así la atención de Sir Herbert Beerbohn Tree, que acababa de fundar la Royal Accademy of Dramatic Art. Se encarga de que Rains reciba clases de dicción que cambian por completo su forma de hablar, dándole un acento mucho más aristocrático. Poco después comienza a dar clases de interpretación en la propia academia, teniendo como alumnos a Charles Laughton o John Gielgud, ambos actores que siempre admiraron a su profesor, y posteriormente también pasarían por sus clases Laurence Olivier o Vivien Leigh. En la academia conocerá también a su primera esposa, Isabel Jeans. En total, Claude Rains se casó 6 veces, divorciándose de las 5 primeras, y tuvo una hija, Jennifer, con su cuarta esposa. Según contó John Gielgud, cuando era profesor, todas las alumnas suspiraban por él, ya que al parecer de joven no carecía de atractivo (aunque cinematográficamente no hayamos conocido esa faceta suya).

Y es que, pese a participar como secundario en una película muda inglesa en 1920, su debut real en el cine fue bastante tardío. En 1927 se traslada a Nueva York para trabajar en Broadway, y así en 1932 hace una audición para una película, pero no consigue el papel. Pero cuando en 1933 la Universal planea dirigir una versión de “El hombre invisible”, la primera opción, Boris Karloff, es rechazada por problemas de contrato, y cuando el proyecto cae en manos del director James Whale, él insiste en darle el papel a Rains. Y así es como debuta en el cine, en una película en la que sólo se le ve en los últimos segundos, pero cuya voz tiene un protagonismo inédito hasta la fecha:

Tras realizar varias películas menores, en general dentro del género de terror, firma un contrato con la Warner, que aprovecha mucho mejor su talento, y comienza a destacar en 1936, cuando ejerce de villano en “El caballero Adverse”, protagonizada por Fredric March y Olivia de Havilland:

Los siguientes años Claude Rains será el villano por excelencia de las películas de aventuras de la Warner, como en “El príncipe y el mendigo” de 1937, donde coincide por primera vez con Errol Flynn:

En este género, su papel más significativo es en 1938 en “Robin de los bosques”, interpretando al Príncipe Juan, junto a Errol Flynn, Olivia de Havilland y Basil Rathbone. Fue idea del propio Rains darle un estilo homosexual a su personaje:

En 1939 es cedido a la Columbia para participar en “Caballero sin espada” de Frank Capra, protagonizada por James Stewart, en la que interpreta a un senador corrupto, un papel que le permite mucho más juego interpretativo:

Por este papel recibe su primera nominación al Oscar como mejor actor secundario, que perderá frente a Thomas Mitchell por “La diligencia”.

En 1940 vuelve al cine de piratas con “El halcón de mar”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Errol Flynn, en la que interpreta a un villano mucho más ambiguo como el embajador español en Inglaterra:

En 1941 le tenemos en una comedia romántica, “El difunto protesta”, en la que Robert Montgomery muere y va al cielo antes de tiempo y Claude Rains tiene que buscarle un nuevo cuerpo en la tierra:

Y vuelve a trabajar con la Universal en una de terror, “El hombre lobo”, interpretando al padre del protagonista, Lon Chaney Jr.:

1942 es uno de sus mejores años, sin duda. Ese año trabaja por segunda vez (tras su breve papel en “Juarez”, en 1939) con su amiga Bette Davis (que le consideraba su mejor compañero de reparto) en “La extraña pasajera”, en la que interpreta al psiquiatra que tiene que ayudarla a superar la dependencia que tiene por su madre, Gladys Cooper, hasta que termine enamorándose de Paul Henreid:

Y ese mismo año participa en un mito del cine, una imperfección perfecta como es “Casablanca”, de Michael Curtiz, una película que debió ser un desastre pero que salió milagrosamente demasiado bien. Y es perfecta en buena parte gracias a la perfección de su reparto, como comprobamos en esta mítica escena final, con un inmenso Humphrey Bogart y Claude Rains como el cínico Capitán Louis Renault, ambiguo hasta la redención final:

Extrañamente, Casablanca no entró en los Oscars de 1942, sino en los de 1943. Claude Rains fue nominado como mejor secundario, pero perdió frente a Charles Coburn por “El amor llamó dos veces”.

En 1943 vuelve al terror de manos de la Universal protagonizando “El fantasma de la ópera”:

En 1944, la Warner busca repetir el éxito de “Casablanca” con otra película ambientada en la II Guerra Mundial y con un reparto muy similar; en este caso, el personaje de Claude Rains es bueno desde el principio. Pero la película no tuvo el éxito esperado:

Y ese mismo año repite por tercera vez junto a Bette Davis en “El señor Skeffington”, que relata la difícil relación de la pareja que forman ambos, siendo ella una vanidosa egocéntrica:

Aún siendo protagonista, es nominado al Oscar como mejor secundario, perdiendo en esta ocasión frente a Barry Fitzgerald por “Siguiendo mi camino”.

Repite como protagonista en 1945 con la adaptación de la obra teatral de George Bernard Shaw “Cesar y Cleopatra”, junto a su antigua alumna Vivien Leigh. Por este papel se convierte en el primer actor en recibir un sueldo de un millón de dólares, pero la película resulta ser un fracaso:

Claude Rains se quitó la espinita al año siguiente con el que quizá sea su mejor papel, el nazi fugitivo en Brasil que interpreta en “Encadenados” de Alfred Hitchcock, en el que es espiado por su propia esposa, Ingrid Bergman, y el verdadero amor de ésta, Cary Grant:

Por este papel recibe su cuarta y última nominación al Oscar, pero esta vez pierde frente a un veterano de la II Guerra Mundial que había perdido sus manos, Harold Russell, por hacer de sí mismo en “Los mejores años de nuestra vida”. Algo absolutamente incomprensible a día de hoy, que deja a uno de los mejores actores de la historia del cine sin Oscar.

En 1946 trabaja por cuarta y última vez junto a Bette Davis en “Engaño”, en la que ella, siendo la amante de él, recupera a su antiguo amor, interpretado por Paul Henreid, lo que lleva a un trágico final:

De sus siguientes películas, la más destacable es “Amigos apasionados”, de David Lean, en la que interpreta de nuevo al maduro marido de una joven, Ann Todd, que recupera a su antigo amor, Trevor Howard:

Sus papeles en cine en los años 50 no son en general destacables, ya que Claude Rains dirige su atención de nuevo al teatro, donde ganará un Tony al mejor actor por “Darkness at noon”. Hace también apariciones en televisión y actúa como narrador en diversas grabaciones fonográficas.

Destaca su papel como alcalde de Hamelin en la versión musical televisiva de “El flautista de Hamelin” que protagoniza Van Johnson:

Tras trabajar en “Esta tierra es mía” de Henry King en 1959, en 1960 interpreta al científico que descubre “El mundo perdido” de la obra de Ciencia Ficción de Arthur Conan Doyle:

En 1962 tiene un pequeño papel en “Lawrence de Arabia”, de nuevo dirigida por David Lean y protagonizada por Peter O’Toole:

Su último papel es como Herodes el Grande en “La historia más grande jamás contada” en 1965. Pero Claude Rains no se retiró, seguía esperando que le llamaran para algún nuevo papel, algo que por desgracia no sucedió. Rains, nacionalizado americano en 1939, pasó sus últimos años en el estado de New Hampshire, donde estaba escribiendo unas memorias que nunca llegaron a terminarse al sorprenderle la muerte a causa de una hemorragia abdominal el 30 de mayo de 1967, a los 77 años.

Al principio su alumno John Gielgud no le perdonó que desertara, que abandonara el teatro y se pasara al cine, pero después se daría cuenta de que lo que perdió el teatro lo ganó el cine, y que esto permitía que nuevas generaciones descubrieran su enorme talento. Sí, cuando ya no puede aparecer sobre las tablas, todavía se le puede ver en la pantalla, y así ha inspirado a tantos y tantos actores de generaciones posteriores. Un icono del Hollywood clásico, capaz de, con apariciones de apenas 5 minutos, eclipsar a los protagonistas; amar el cine significa necesariamente amar a Claude Rains.



50 años de la muerte de Franz Waxman (24-02-2017)


Aunque quizá su nombre no sea uno de los más populares entre los compositores de bandas sonoras cinematográficas, Franz Waxman nos dejó un buen puñado de grandes partituras cinematográficas (algunas incluso incluidas entre las mejores de la historia del cine). Por eso hoy, en el 50 aniversario de su temprana muerte, queremos repasar su carrera.




El nombre de nacimiento de Franz Waxman era Franz Wachsmann, y nació el 24 de diciembre de 1906 en la ciudad silesia de Chorzow, que por aquella época pertenecía a Prusia (actualmente forma parte de Polonia), en el seno de una familia judía, de la que era el menor de los seis hermanos. Su padre era un industrial, y su familia no tenía inclinaciones musicales. Con 3 años sufrió un accidente que le afectará de por vida, ya que le caerá agua hirviendo de una estufa en la cara y afectará seriamente a su visión.

Desde niño Franz Waxman demostró un gran talento para la música, pero como su padre no veía un futuro musical en él se empeñó en que se dedicara a la banca, pero con el dinero que ganaba como cajero se pagaba lecciones musicales, hasta que en 1923, a los 16 años, se matricula en la Academia Musical de Dresde, donde estudia piano, composición y dirección de orquesta, mientras tocaba el piano en clubes de baile para sobrevivir y pagar sus estudios. Colaboró con una banda de jazz, Weintraub Syncopaters, cuando fue descubierto por el también compositor Frederick Hollander, quien además de presentarle al gran director de orquesta Bruno Walter, le ofreció trabajo como orquestador de la partitura que estaba escribiendo para “El ángel azul”, famosa película alemana dirigida por Josef von Sternberg y protagonizada por Marlene Dietrich.

El productor Erich Pommer, soprendido por su trabajo, le ofrece el que será su primer trabajo relevante como compositor cinematográfico, poniendo música a la película que Fritz Lang estaba rodando en Francia, tras huir de la Alemania Nazi, “Liliom”, estrenada en 1934:

En ese mismo año, Franz Waxman sufrió una paliza en Berlín por su condición de judío, por lo que se muda con su esposa a París. Pero Erich Pommer, también fugitivo de los nazis, estaba trabajando ya en Hollywood, y le llama para orquestar la música de la película en la que estaba trabajando, “Music in the air”.

En Hollywood el director de cine de terror James Whale, que había quedado sorprendido con su trabajo en “Liliom”, cuenta con él para la banda sonora de “La novia de Frankenstein”, para la que compone su primera gran partitura cinematográfica, en la que muestra sus dotes para incrementar con su música la tensión de las escenas:

Este trabajo le permite a Franz Waxman ser nombrado director musical de la Universal, pero a Waxman le interesa más seguir componiendo, por lo que abandona la Universal para trabajar en la Metro en 1936. En este estudio compone la partitura de otra película de terror, “Muñecos infernales”, en 1936, además de poner música a varias películas de Spencer Tracy, de entre las que destaca “Capitanes intrépidos” en 1937, lo que incluye una canción que ha pasado a la historia del cine:

Y la canción no fue nominada al Oscar… Spencer Tracy sí que ganará su primer Oscar por su maravillosa interpretación del pescador Manuel, el encargado de enseñar al malcriado Freddie Bartholomew. Siempre hay ganas de volver a ver esta película y escuchar cantar la mítica canción de Franz Waxman a Spencer Tracy.

En 1937 Waxman es cedido temporalmente al estudio de David O. Selznick para componer la banda sonora de “Los alegres vividores”, por la que recibe sus primeras dos nominaciones al Oscar. Continúa trabajando en la Metro, pero en 1940 vuelve a colaborar con Selznick para la que será la primera película americana del británico Alfred Hitchcock, la magistral “Rebecca”. La partitura que Franz Waxman escribe para esta película, de un magistral carácter etéreo pero no exenta de tensión, le lanzará definitivamente a la fama, llevándose además una nueva nominación al Oscar:

En 1940 trabaja en la Metro en la partitura de “Historias de Filadelfia”, y en 1941 compone para el mismo estudio la partitura de “El extraño caso del Dr. Jekyll”, de nuevo protagonizada por Spencer Tracy y que le vale una nueva nominación al Oscar. Pero no será la única nominación que tenga ese año, ya que también recibirá una nominación por la partitura de “Sospecha” de Alfred Hitchcock, director con el que colaboró en varias ocasiones.

En 1943 Franz Waxman abandona definitivamente la Metro para trabajar en la Warner, donde ya trabajan compositores de la talla de Max Steiner y Erich Wolfgang Korngold. Eso le quita posibilidades de trabajar en grandes proyectos, pero aún así nos deja partituras interesantes, como la romántica música de “Tener y no tener”, la primera película en la que trabajaron juntos Humphrey Bogart y Lauren Bacall, en 1945:

Ese mismo año es nominado de nuevo al Oscar por su trabajo en “Objetivo Birmania”, repitiendo nominación al año siguiente por “Humoresque”, para la que Waxman compone una “Fantasía de Carmen”para violín y orquesta a partir de los temas de la ópera de Bizet, que grabó el violinista Jascha Heifertz:

Pero su gran partitura en esa época llega de nuevo con una película de Alfred Hitchcock, “El proceso Paradine”, en la que aprovechando el uso del piano en la película, compone una magnífica rapsodia para piano y orquesta, demostrando su talento como compositor de corte clásico:

En 1947 funda también el Festival de Música de Los Ángeles, en el que se estrenan obras de grandes compositores clásicos (Stravinsky, Walton, Shostakovich y otros), así como obras de corte clásico de compositores cinematográficos, como el concierto de violín de Miklós Rózsa.

Como compositor cinematográfico destaca su trabajo en 1948 en la muy tensa “Voces de muerte”, en otra partitura que contribuye a aumentar la tensión de la película:

Pero el Oscar se le sigue resistiendo… hasta que compone la que posiblemente sea su gran obra maestra, la magistral partitura para “El crepúsculo de los dioses” de Billy Wilder:

Franz Waxman ganará uno de los tres Oscars que ganó la genial película de Wilder (es lo que tiene competir contra “Eva al desnudo”, dos grandes películas en un mismo año ponen las cosas muy difíciles):

Y Franz Waxman se convertirá en el primer compositor en ganar el Oscar dos años seguidos, ya que lo volverá a ganar en 1951 por la partitura de “Un lugar bajo el sol”, en la que incorpora elementos del jazz, música con la que estaba familiarizado desde joven:

En 1952 compone la bellísima partitura de “Vuelve, pequeña Sheba”, mientras en 1953 repite con Billy Wilder en “Traidor en el infierno”:

Y en 1954 compone la magnífica música de “Demetrius y los gladiadores”, con ese expectacular Gloria final para coro:

También en 1954 repite con Alfred Hitchcock en “La ventana indiscreta”, otra partitura de corte más jazzístico:

Y recibe una nominación al Oscar por su trabajo en “El caliz de oro”, esa película que estaba prohibido mencionar ante su protagonista, el entonces desconocido Paul Newman:

En 1955 compone la partitura de “Escala en Hawai”:

Y en 1957 compone la magistral banda sonora de “Peyton Place” (estúpidamente traducida al español como “Vidas borrascosas”), de corte clásico y gran belleza melódica, que extrañamente no se lleva una nominación al Oscar:

Por la que sí se lleva una nueva nominación es por “Historia de una monja”, de 1959, en una partitura tan grandiosa como la propia película:

En 1959 compone también el oratorio “Joshua”, compuesto en recuerdo a la muerte de su mujer, en el que demuestra su absoluto dominio de las formas clásicas y muestra influencia de la música judía:

Magnífica es igualmente su partitura para “Amanecer en Campobello”, biografía del presidente americano Franklin Roosevelt de 1960:

También en 1960 compone la épica partitura de “Cimarrón”:

Su última gran partitura cinematográfica, por la que recibirá su última nominación al Oscar, será la espectacular música de “Taras Bulba” en 1962:

Franz Waxman dedica en buena parte sus últimos años a componer “The song of Terezin”, obra coral basada en poemas escritos por niños encerrados en el campo de concentración de Terezin. No he encontrado fragmentos de esta obra en Youtube, pero podéis escucharla completa en Spotify.

Finalmente, el 24 de febrero de 1967, con 60 años recién cumplidos, Franz Waxman moría en Los Angeles víctima del cáncer. Su enorme legado de 150 bandas sonoras y 12 nominaciones al Oscar, por lo que bien merece la pena recuperar su figura, una de las más importantes entre los compositores cinematográficos del Hollywood clásico.



Jane Wyman en el centenario de su nacimiento (05-01-2017)


Un día como hoy hace 100 años nacía una actriz, cantante y bailarina que, tras unos difíciles comienzos en papeles secundarios en el cine, reinaría como una de las grandes actrices de Hollywood en los años 40 y 50, para luego, años después, interpretar a uno de los más recordados personajes de la televisión de los 80. Sí, un día como hoy Jane Wyman habría cumplido 100 años.




El verdadero nombre de Jane Wyman era Sarah Jane Mayfield, y nació el 5 de enero de 1917 en St. Joseph, en el estado de Missouri. Fue la única hija de sus padres, que se divorciaron en 1921. Al año siguiente, su padre murió a los 27 años. Entonces, su madre, que se traslada a Cleveland, deja a la pequeña en su pueblo natal con una familia adoptiva, los Fulks, de quienes tomará el apellido en los siguientes años.

Sabemos que en 1928 se traslada con su madre adoptiva al sur de California, donde parece que vivía uno de sus hermanastros.Pero regresa a su ciudad en 1930, donde trabaja como cantante en la radio, bajo el nombre artístico de Jane Durrell (adopta ya definitivamente el nombre de Jane), para lo que falsifica su fecha de nacimiento, ya que es menor de edad, afirmando haber nacido en 1914.

En 1932, con 15 años, decide volver a California, estableciéndose en Hollywood, donde realizará diversos trabajos además de pequeños papeles en el cine, en los que aparecerá siempre sin acreditar. Su primer papel es en “The kid from Spain”, en 1932. Entre las películas en las que participa en esos pequeños papeles sin acreditar cabe destacar la genial screwball comedy de Gregory La Cava “Al servicio de las damas”.

El 8 de abril de 1933 se casa por primera vez, con sólo 16 años, con Ernest Eugene Wyman. A partir de entonces su nombre cambia de Jane Fulks a Jane Wyman, adoptando el apellido de su marido, que ya no cambia por el resto de su vida, pese al divorcio en 1935. El 29 de junio de 1937 se casa por segunda vez, con Myron Martin Futterman, de quien se divorcia en 1938, al parecer por diferencias de opinión sobre tener hijos (ella quería tenerlos, mientras que él no).

Su primer papel acreditado, ya con el nombre de Jane Wyman, viene en 1937 con “Smart blonde”, pero durante los siguientes años seguirá interpretando papeles breves. Entre ellos destaca su participación en “Brother Rat”, en 1938:

Pero más que por su breve papel, destaca porque en esta película conoce a Ronald Reagan, que será su tercer marido. Se casan el 26 de enero de 1940, y tienen dos hijas, Maureen Elizabeth, que nace en 1941, y Christien, que nace en 1947 pero muere el mismo día del parto. La pareja adoptaría además en 1945 al casi recién nacido Michael. Jane Wyman no tuvo más hijos.

A diferencia de su marido, su carrera cinematográfica no avanza por buen camino, haciendo siempre personajes secundarios. Su primer papel protagonista será en el olvidado Western “Bad men of Missouri”, en 1941, junto a Dennis Morgan, con quien trabajará de nuevo posteriormente.

Pero su suerte cambia en 1945. Billy Wilder va a rodar un drama sobre un alcohólico, papel que recaerá finalmente en un inmenso Ray Milland. Para interpretar a su mujer, el guionista Charles Brackett quiere a Olivia de Havilland, pero la actriz no está disponible, así que tras barajarse opciones como Katherine Hepburn o Jean Arthur, el papel recae sobre Jane Wyman, que se antoja extraña en un papel dramático siendo una actriz propia de comedias y musicales… pero ahí es donde sorprende:

Ray Milland se lleva el Oscar a mejor actor; Jane Wyman ni siquiera es nominada, pero llama la atención por su hasta entonces desconocido talento dramático.

En 1946 estrena dos películas reseñables. En primer lugar tenemos “Noche y día”, el biopic de Cole Porter que protagoniza Cary Grant, en el que tiene un papel secundario como una amiga de Porter que suele cantar en sus musicales. ASí que le vemos cantar y bailar:

La otra es “El despertar”, el drama de Clarence Brown sobre una familia de campesinos cuyo hijo adopta un cervatillo. Su personaje de madre, bastante desagradable, contrasta con el maravilloso papel de Gregory Peck, pero el papel le valió su primera nominación al Oscar:

En 1947 vuelve al que había sido su terreno anteriormente, la comedia con “Ciudad mágica” junto a James Stewart y el western cómico “Cheyenne”, junto a Dennis Morgan:

Pero su gran año cinematográfico será 1948, cuando protagonice “Belinda” de Jean Negulesco, el drama sobre una sordomuda adolescente (a su treintena, la mirada inocente de Jane Wyman consigue pasar por alguien mucho más joven) que se queda embarazada por una violación:

Con esa bellísima banda sonora de Max Steiner y unas brillantes interpretaciones de Lew Ayres, Charles Bickford y Agnes Moorehead, la película fue un gran éxito que lanzó al estrellato a Jane Wyman, haciéndole ganar tanto el Globo de Oro como el Oscar a mejor actriz, merecidísimamente sin duda:

Ronald Colman, el ganador del Oscar al mejor actor, es quien le entrega el premio. Por cierto, Jane Wyman es la primera interprete en ganar un Oscar si decir una palabra en toda la película desde la imposición del cine sonoro, de ahí su frase de que volverá a tener la boca cerrada.

En 1949 hace un cameo como ella misma en “El amor no puede esperar”, comedia de Dennis Morgan, Jack Carson y Doris Day en la que aparece junto a su hija, mientras en otra escena su esposo Ronald Reagan también hace de sí mismo en otro cameo. Pero la situación familiar no atraviesa un buen momento: la muerte de su hija Christine a las pocas horas de nacer les afecta profundamente, a lo que al parecer se sumaron diferencias políticas: Jane Wyman fue siempre una republicana convencida, mientras Reagan era por aquella época demócrata (quien lo diría…), lo que lleva al divorcio de la pareja en 1949. No es de descartar tampoco que Reagan sintiera celos del éxito de su mujer, mientras él, actor mediocre donde los haya, se iba apagando. En todo caso, Reagan será el primer presidente de los Estados Unidos divorciado (y vuelto a casar con Nancy, como es sobradamente conocido).

En 1950, Jane Wyman protagoniza la adaptación de la obra teatral de Tennessee Williams “El zoo de cristal”, así como una película de intriga dirigida por Alfred Hitchcock, “Pánico en escena”, en la que comparte protagonismo con Marlene Dietrich (y al parecer Wyman se queja porque ponen a la Dietrich mucho más guapa que a ella):

En 1951, otro gran director, Frank Capra, la elige para protagonizar junto a Bing Crosby la comedia “Aquí viene el novio”, en la que les escuchamos cantar la canción que se llevará el Oscar ese año:

Jane Wyman todavía está en plena forma para el cine musical, pero sus grandes éxitos viene ya en el campo dramático, destacando ese mismo año “No estoy sola”, drama sobre una viuda francesa que tras perder a su hijo en la I Guerra Mundial, se dedicará a atender niños, acompañada de un reparto de lujo junto a Charles Laughton Agnes Moorehead o una jovencita Natalie Wood. Interpretación que le vale una nueva nominación al Oscar y ganar el Globo de Oro a mejor actriz dramática:

En los siguientes dos años volvemos a tenerla en comedias y musicales, destacando “Amor a medianoche”, en la que repite junto a Ray Milland, aunque en un estilo totalmente distinto al de “Días sin huella”:

Pero ese mismo año regresa al drama con “Trigo y esmeralda” de Robert Wise:

Mientras, el 1 de noviembre de 1952, Jane Wyman volvió a casarse, en esta ocasión con el compositor cinematográfico Fred Karger, divorciándose en 1955. Se casan de nuevo en 1961 para volver a divorciarse en en 1965. Jane Wyman se había convertido al catolicismo en 1953 y por ello no vuelve a casarse posteriormente.

En 1964, el director melodramático Douglas Sirk elige a jane Wyman para protagonizar “Obsesión” junto al más joven Rock Hudson y la habitual Agnes Moorehead. Jane Wyman demuestra ser la nueva reina del melodrama en una interpretación magistral que le traerá su 4ª y última nominación al Oscar:

Jane Wyman repite con Douglas Sirk en 1955 en “Sólo el cielo lo sabe”, de nuevo junto a Rock Hudson y Agnes Moorehead. Si en la anterior lo que ponía en peligro la relación romántica entre Wyman y Hudson era la diferencia de caracteres de ambos, aquí serán las convenciones sociales y la familia de ella la que estará a punto de echar al traste el nuevo romance:

En 1955 la tenemos también en “Orgullo contra orgullo”, en la que interpreta a una emprendedora newyorkina que funda una tienda de ropa en Texas, pero que tendrá que renunciar a ella si quiere casarse con el intransigente Chartlon Heston; tufillo machista de “la mujer en la cocina y con los niños”:

En 1956 protagoniza el drama romántico “Milagro bajo la lluvia” junto a Van Johnson:

A partir de aquí, sus apariciones en el cine se hacen esporádicas, trabajando más a menudo en televisión. Su siguiente película, “Vacaciones para enamorados”, se estrena en 1959, mientras en 1960 estrena “Pollyana”, drama familiar de la Disney protagonizado por Hayley Mills:

En 1962 vuelve a trabajar en otra producción de la Disney, “Los conflictos de papá”, junto a Fred McMurray:

Su última aparición cinematográfica será en 1966 con “How to commit marriage” junto a Bob Hope. Mientras, fracasos en televisión le llevan a un retiro provisional.

Todo cambió en 1981, cuando, tras rechazar Barbara Stanwyck el papel, los productores de la serie “Falcon Crest” le ofrecieron a Jane Wyman interpretar el papel de la malvada Angela Channing, que se convertirá en el símbolo de la maldad en los siguientes años. Por este papel Jane Wyman gana un Globo de Oro y obtiene otra nominación más. Aparece en las primeras 8 temporadas, mientras en la 9ª y última su participación se reduce, a causa de problemas con la diabetes. Pese al consejo médico, después de no aparecer en la mayoría de los episodios de la temporada, reaparece en los 3 últimos, y es ella misma quien escribe el monólogo que cierra la serie:

Tras Falcon Crest, Jane Wyman sólo aparecerá en pantalla en una ocasión, en un episodio de la serie “La doctora Quinn”, interpretando a la madre de la protagonista:

Esta es la retirada definitiva de Jane Wyman, que con posterioridad apenas aparecerá en público a causa de sus problemas de salud (artritis y diabetes). Pese a ello, asistirá al funeral de su hija Maureen, fallecida a causa del cáncer, en 2001, cosa que su padre, Ronald Reagan, no podrá hacer a causa del Alzheimer. Finalmente, el 10 de septiembre de 2007, Jane Wyman moría a los 90 años de causas naturales, siendo enterrada en el californiano Forest Lawn Cemetery.

Tras sus inicios en el campo de la comedia y el musical, Jane Wyman supo sorprender al público con sus dotes dramáticas que nadie esperaba de ella. Sus grandes papeles dramáticos, así como su participación en Falcon Crest, hacen que todavía perviva en nuestra memoria.



30 años de la muerte de Cary Grant (29-11-2016)


Hay estrellas que eclipsan a casi cualquier otra que se les acerque. Y cuando pensamos en ese Hollywood dorado de los años 30 y 40, entre los primeros nombres que se nos viene a la mente seguramente se encuentra el de Cary Grant. No es que fuera el mejor de su época, pero gracias a su carisma, a su presencia, pervive como una de las mayores estrellas del cine aún cuando se cumplen 30 años de su desaparición.




El verdadero nombre de Cary Grant era Archibald Alexander Leah, y había nacido en la británica ciudad de Bristol el 18 de enero de 1904. Había tenido un hermano mayor al que no conoció, ya que murió en 1900, con un año de edad. Su infancia no fue feliz, a causa del alcoholismo de su padre y de la depresión clínica de su madre (que parece ser que nunca se recuperó de la muerte de su primer hijo), que fue internada en un centro psiquiátrico cuando el pequeño Archibald tenía 9 años. Su padre le mintió, diciéndole primero que se había ido de viaje y luego que había muerto. No será hasta 1935 que se entere que su madre estaba viva, cuando su padre, a punto de morir, se lió con las mentiras que le había contado. En todo caso, antes de ser internada, su madre se esforzó por darle una buena educación: ella misma le enseñó a cantar y bailar, y se empeñó en que aprendiera a tocar el piano.

Tras el internamiento de su madre, su padre se muda con él a la casa de su abuela, pero un año después se vuelve a casar para formar una nueva familia de la que su hijo no forma parte. El abandono del padre, así como el supuesto abandono de la madre, traumatizan al futuro Cary Grant y dificultan su socialización.

Aficionado al teatro, se une a una compañía acrobática, y en sus años de estudiante destaca por sus dotes acrobáticas y deportivas que le hacen muy popular, aunque tiene fama de estudiante problemático. El resto de su tiempo lo pasa en el teatro. Finalmente, en 1918 es expulsado de su escuela (uno de los rumores decía que había sido sorprendido en el vestuario de las chicas), por lo que vuelve a unirse a la troupe acrobática a la que había pertenecido años antes, lo que le permite sobrevivir los siguientes años, con un contrato hasta los 18 años. Pero en 1920, cuando tiene 20 años, la compañía emprende una gira por Estados Unidos, y él decide quedarse en el país, junto con otros miembros de la compañía, cuando ésta vuelve a Gran Bretaña.

Los siguientes años los pasa trabajando en teatro, donde perfecciona sus dotes para la comedia. Obtiene un importante éxito que finalmente le lleva a Hollywood, donde consigue a finales de 1931 un contrato de 5 años con la Paramount, ya que el mánager de la compañía, B. P. Schulberg, se da cuenta de su enorme potencial. En esta época cambia su complicado nombre por el más llamativo de Cary Grant. Así debuta en la comedia romántica “Esta es la noche”, en la que interpreta a un campeón de lanzamiento de jabalina con problemas de celos:

En 1932 estrenó varias películas, de entre las que destaca su participación en “La Venus rubia”, como el amante de Marlene Dietrich en una película todavía anterior al código Hays de censura, que nos permite ver a un Grant más canalla, papel que le va como un guante:

Protagoniza también junto a Silvia Sidney la adaptación cinematográfica de “Madame Butterfly”, en otro papel de  galán más bien canalla pero al que no le falta un cierto encanto. La película por otra parte está hoy completamente olvidada (pero está completa en Youtube… me la apunto como asignatura pendiente):

Si bien estas y otras películas de 1932 en las que trabaja junto a grandes estrellas no le convierten todavía a él en una estrella, ya hacen que su nombre empiece a ser conocido. Entre otras cosas, consigue llamar la atención de una reciente estrella, la problemática Mae West, que se empeña en que sea el protagonista de su siguiente película, “Lady Lou”, de 1933, en la que es la película de menor duración en conseguir la nominación al Oscar de mejor película. Un éxito de taquilla que salvó a la Paramount de la quiebra:

Mae West siempre presumió de haber sido quien descubriera a Cary Grant. Aunque eso no sea del todo cierto, sí lo es que Grant alcanzó el estrellato gracias a sus dos colaboraciones con ella. Y es que ese mismo 1933 volvieron a trabajar juntos en “No soy un ángel”:

En 1933 aparece también, aunque irreconocible bajo su disfraz, entre el inmenso elenco de la adaptación de “Alicia en el país de las maravillas” de Norman Z. McLeod.

Pero el código Hays que implanta la censura cinematográfica en 1933 echa a perder la carrera de la irreverente Mae West, y a Cary Grant le cuesta encontrar su sitio. Una serie de fracasos comerciales en 1934 le lleva a la Paramount a prescindir de Cary Grant, considerado “poco rentable” (es cierto que tardará unos años en ser rentable, pero si habrían esperado esos años…). Así, en 1935 trabaja para la RKO en “La gran aventura de Silvia” de George Cukor, en la que trabaja por primera vez junto a Katherine Hepburn. La película tampoco es un éxito comercial, pero el trabajo de Grant es alabado por la crítica, y él siempre consideró esta película su lanzamiento definitivo:

Terminado su contrato con la Paramount en 1936, Cary Grant decide no renovar y ser un artista libre (el primero en hacerlo), lo que curiosamente aumenta su sueldo. Por esta época, en todo caso, comparte vivienda con su amigo Randolph Scott (los rumores sobre una relación entre ambos o sobre la posible bisexualidad de Grant no han podido ser confirmados), ya que Grant se había divorciado en 1935 de su primera esposa, Virginia Cherrill, con la que llevaba un año casado, y vivirán juntos hasta que Grant vuelva a casarse en 1942 con Barbara Hutton. Compartir vivienda suponía un importante ahorro para dos estrellas emergentes cuyos sueldos no les permitían tener una mansión para cada uno.

Pasando por diversos estudios en sus siguientes trabajos, alcanza su máximo éxito por fin en 1937 con “La pícara puritana” de Leo McCarey, junto a Irene Dunne y Ralph Bellamy, una screwball comedy, género en el que Grant brillará por delante de cualquier otro actor. Si bien la relación con McCarey no fue buena, éste elogió la capacidad cómica de Grant y su habilidad para improvisar diálogos. La comedia es divertidísima, a lo que desde luego contribuye mucho el talento de Grant:

Por si no fuera suficiente, en 1938 protagoniza junto a Katherine Hepburn un mito del screwbal comedy, “La fiera de mi niña” de Howard Hawks, con la simpática compañía de dos leopardos nada menos. Pese a su recelo inicial sobre cómo enfocar el personaje (le recomendaron tomar el ejemplo de Harold Lloyd), fue el propio Cary Grant quien le ayudó a Katherine Hepburn a desarrollar sus dotes para la comedia. El resultado no podía ser más brillante (ni más desternillante; conviene ver la película con la caja de kleenex al lado, porque es imposible no acabar llorando de la risa):

Yo ya sólo con el trailer me parto de risa. ¡Gracias, Howard Hawks, por regalarnos esta joya!

En 1939 repite con Howard Hawks en “Sólo los ángeles tiene alas”, película de aventuras junto a Jean Arthur:

Y realiza un gran trabajo en la adaptación de la obra de Rudyard Kipling en “Gunga Din”, de George Stevens, donde forma un genial trío cómico junto a Victor McLaglen y Douglas Fairbanks Jr. como unos soldados poco fiables en la India de época colonial. Una película de aventuras que conviene no perderse:

1940 será un gran año para Cary Grant, con 3 grandes comedias. La primera, “Luna nueva” de nuevo dirigida por Howard Hawks, junto a Rossalind Russell y Ralph Bellamy (que parece que era el único actor que podía intentar quitarle a la chica) en el que algunos consideran uno de sus mejores papeles cómicos:

Cary Grant repite junto a Irene Dunne y trabaja junto a su amigo Randolph Scott en “Mi mujer favorita”:

Pero el mayor éxito de Cary Grant en 1940 fue la última película que estrenó, “Historias de Filadelfia” de George Cukor, de nuevo junto a Katherine Hepburn, aunque aquí su papel es más secundario frente al de James Stewart (que, inesperadamente, se llevó el Oscar a mejor actor):

Otra de las grandes películas de la historia, totalmente imprescindible.

En 1941, la carrera de Cary Grant da un giro: en los siguientes años (básicamente los años de la II Guerra Mundial) rodará menos comedias, mientras rueda la mayoría de los dramas de su filmografía, lo que le da alguna que otra alegría. De hecho 1941 fue un buen año para él, con el estreno de dos grandes películas. La primera, el melodrama “Serenata nostálgica”, en el que repite junto a Irene Dunne (una pareja que desprende química por todos lados). Por esta película consigue su primera nominación al Oscar (pero pierde frente a Gary Cooper, que lo gana por “El sargento York”):

Por otro, colabora pro primera vez (lo hará 4 veces) con el director Alfred Hitchcock, en “Sospecha”, como el marido de Joan Fontaine. Cary Grant borda el ambiguo personaje al que la censura le cambia el final (estropeando con ello la película… y no digo más para no hacer spoiler):

¿Habrá veneno en ese vaso de leche?

El 26 de junio de 1942 Cary Grant consigue la nacionalidad americana y se casa ese mismo año con la millonaria Barbara Hutton, de quien se divorciará en 1945. Por otra parte, son años en los que la Guerra centra toda la atención del país, y Grant realiza giras para promover la compra de bonos de guerra y visita a militares hospitalizados. Su trabajo cinematográfico se reduce en esos años.

En 1942 estrena dos películas. Por un lado, el drama “El asunto del día”, de George Stevens, en la que interpreta a un presidiario huido que busca refugio en casa de una antigua amiga, Jean Arthur, que ha alquilado una habitación de su casa a un juez, Ronald Colman, al que Grant tratará de convencer de su inocencia:

Y protagoniza junto a Ginger Rogers la comedia de Leo McCarey “Hubo una luna de miel”, ambientada en la II Guerra Mundial:

En 1943 protagoniza el film bélico “Destino Tokio”. Se nota la influencia de la Guerra en las películas de la época…

1944 es un año mucho mejor para Cary Grant. Estrena dos películas más que importantes en su carrera. En primer lugar, un drama, “Un corazón en peligro”, junto a la gran Ethel Barrymore. Esta película le valdrá su segunda y última nominación al Oscar, pero esta vez quien se lo arrebate será (flipando) Bing Crosby por “Siguiendo mi camino” (si al menos hubiera sido Alexander Knox por “Wilson” o el también nunca premiado Charles Boyer por “Luz que agoniza” me callaría, pero es que esto ya no tiene nombre):

Y por otro lado, Cary Grant vuelve a la comedia más alocada en su única colaboración con Frank Capra, la mítica “Arsénico por compasión”, en la que de nuevo tiene un recital de muecas y gestos cómicos que tanto éxito le darán en la comedia:

Sus siguientes estrenos tendrán lugar dos años después, en 1946, ya terminada la guerra. Por un lado tenemos el biopic del compositor Cole Porter, “Noche y día”:

Y por otro lado, Cary Grant vuelve a trabajar por segunda vez con Alfred Hitchcock en “Encadenados”, que le empareja por primera vez con la que será su gran amiga Ingrid Bergman, y en la que también trabajan dos grandes secundarios como Claude Rains y Louis Calhern. Este es en mi opinión (a parte de ser, junto con Rebeca, mi favorita de Hitchcock) el mejor papel de Cary Grant, está simplemente espléndido en una película de intriga, un drama romántico por el que incomprensiblemente no sólo no se llevó el Oscar (se podría discutir si se lo merecía más que el ganador ese año, Fredric March por “Los mejores años de nuestra vida”… yo es que soy muy fan de March), es que ni siquiera fue nominado, algo realmente imperdonable. Veamos una de las escenas más tensas de la película:

Cary Grant supera ya los 40 años pero mantiene su buen aspecto como para seguir siendo un galán, papel que no abandonará en toda su carrera.

En 1947 interpreta a un ángel en “La mujer del Obispo”, comedia dramática junto a Loretta Young y David Niven en otro de sus mejores papeles:

Su siguiente película relevante fue en 1949 cuando vuelve a trabajar con Howard Hawks en otra de esas hilarantes comedias, “La novia era él”, en la que interpreta a un militar francés que tiene que vestirse de mujer para poder ir a Estados Unidos con su mujer, Ann Sheridan, que interpreta a una militar americana:

El 25 de diciembre de 1949 Cary Grant se casa por tercera vez, con la actriz Betsy Drake, con la que trabajó en dos ocasiones /en 1948 en “En busca de marido” y en 1952 en “Hogar, dulce hogar”. El matrimonio fue complicado para ambos, pero será el más largo en la vida de Grant: se divorciaron en 1962.

En 1952 Cary Grant vuelve a trabajar en una comedia de Howard Hawks, “Me siento rejuvenecer”, junto a Ginger Rogers y Marilyn Monroe:

En 1953 trabaja por primera vez junto a Deborah Kerr en “La mujer soñada”, de nuevo una comedia romántica:

En 1955 trabaja por tercera vez junto a Alfred Hitchcock (al estar fuera del sistema de estudios, se podía permitir el lujo de elegir en qué proyectos quería trabajar y recibir sueldos mayores) en “Atrapa a un ladrón”, que siendo una película de intriga como es habitual en el director inglés, es también una comedia romántica que empareja a Cary Grant con Grace Kelly. Grant seguía interpretando al galán romántico y seductor a sus 50 años, pero ahora con parejas mucho más jóvenes que él (a Grace Kelly le sacaba nada menos que 25 años, podría ser su padre; a Deborah Kerr, 17; a Audrey Hepburn 25; a Jayne Mansfield 29; y a Sofia Loren, 30). Aún así,la química entre Grant y Kelly es espectacular:

En 1957 estrena tres películas. La primera, “Bésalas por mí”, es su primera colaboración con el director Stanley Donen (con el que realizará sus mejores trabajos en sus últimos años) que lo empareja con la rubia explosiva Jayne Mansfield:

La segunda fue la fallida “Orgullo y pasión” de Stanley Kramer, una extraña incursión de Cary Grant en el cine de época (aunque luzca de maravilla el uniforme militar decimonónico inglés) rodada en España junto a Frank Sinatra y Sofia Loren. Parece que Grant aceptó el trabajo para poder huir de su mujer, pero durante el rodaje se enamoró de Sofia Loren, quien prefirió a Carlo Ponti para su desesperación. Además, el rodaje de esta película le impidió poder interpretar, como él quería, el papel de “El puente sobre el río Kwai” que finalmente hará William Holden:

Y, finalmente, el remake que el propio Leo McCarey dirigió de su “Tú y yo” que rodara en 1939 con Charles Boyer e Irene Dunne. Si la primera versión era más melodramática (no se podía esperar otra cosa de Charles Boyer), esta nueva, que empareja a Cary Grant de nuevo con Deborah Kerr, es más comedia, en la que, de nuevo, la química de la pareja protagonista nos deja una película inolvidable:

 

Maravillosa esta escena final (perdonadme, yo es que veo a Deborah Kerr y pierdo cualquier atisbo de objetividad que pueda tener… aunque Cary Grant está igualmente espléndido).

En 1958, un contrato con la Paramount le obliga a volver a rodar junto a Sofia Loren, algo que a él no le apetecía precisamente. El resultado fue “Cintia”, otra encantadora comedia en la que, ¡milagro!, Cary Grant es el padre viudo de tres niños (que más que sus hijos podían ser sus nietos… pero es que cuando se trata de Cary Grant, antes muerto que perder su estilo de la galán):

También en 1958 vuelve a trabajar con Stanley Donen y con su gran amiga Ingrid Bergman en “Indiscreta”, una genial comedia que le traerá a Cary Grant la primera de sus 5 nominaciones a los Globos de Oro (todas ellas como mejor actor de comedia), de las que tampoco ganará ninguna (lo que es muy difícil de entender… en nominaciones sin premio sólo le gana Paul Newman y empata con Susan Sarandon):

En 1959 consigue su segunda nominación con la comedia bélica “Operación Pacífico” de Blake Edwards, aunque aquí como galán tiene la difícil competencia de Tony Curtis:

Como siempre, la comicidad de Grant viene por sus gestos, por sus reacciones, más que por los chistes y gags que pueda tener.

De 1959 es también su última colaboración con Alfred Hitchcock, la mítica “Con la muerte en los talones”, película con la que confieso que empecé a odiar a Grant por su verborrea incontrolable que me ponía nervioso… claro que eso es lo que a fin de cuentas busca la película:

Retiro lo dicho, Cary Grant vuelve a estar genial.

En 1960 vuelve a trabajar por tercera vez junto a Stanley Donen en la deliciosa “Página en blanco”, como el marido cornudo de una maravillosa Deborah Kerr junto a una alocada Jean Simmons y un sorprendentemente divertido Robert Mitchum. Por esta película consigue su tercera nominación al Globo de Oro:

Su nivel de trabajo se reduce ya notablemente, no estrenando nada hasta 1962, con “Suave como el visón”, junto a Doris Day, con la que consigue su 4ª nominación al Globo de Oro:

Cuando Ian Fleming creó el personaje de James Bond, se inspiró en Cary Grant. Así que cuando se va a comenzar a rodar la saga cinematográfica del personaje, con “Agente 007 contra el Dr. No”, en 1962, los productores quieren a Grant como protagonista, pero finalmente lo descartan porque Grant sólo se comprometía a hacer una película, mientras los productores buscaban hacer una saga. Ellos se lo perdieron (y Sean Connery salió ganando, de paso).

En 1962 se divorcia también de Betsy Drake, de quien estaba separado desde 1958. Hay que recordar que Betsy Drake le introdujo en el mundo del LSD, que por aquella época era legal.

En 1963 trabaja por última vez junto a Stanley Donen en la genial comedia de intriga “Charada”, que protagoniza junto a Audrey Hepburn. Por esta película, otra de esas joyas de su filmografía, se llevó su 5ª y última nominación a los Globos de Oro:

Yo lo que quiero saber es cómo el muy granuja podía tener semejante química con actrices mucho más jóvenes que él. Estaba a punto de cumplir 60 años y la pareja que hace con la deliciosa Audrey Hepburn es encantadora.

En 1964 protagoniza junto a Leslie Caron y Trevor Howard la comedia bélica “Operación Whisky”:

Pero ya no hay más comedias románticas en su filmografía. Se retira del cine en 1966 con la comedia “Apartamento para tres”, junto a Samatna Eggar y Jim Hutton:

Y así se retira del cine. De poco sirvió que Alfred Hitchcock le ofreciera el papel protagonista de “Cortina rasgada” en 1966: Cary Grant había decidido retirarse del cine. Ya tenía 62 años, en julio de 1965 se había casado por 4º vez con la actriz Dyan Cannon y acababa de nacer su única hija, Jennifer, el 26 de febrero de 1966. Era el momento de retirarse.

Se divorció de Dyan Cannon en 1968, y justo después sufrió un grave accidente de tráfico. En 1970, la Academia de Hollywood finalmente decide compensarle concediéndole un Oscar honorífico. Grant llevaba 12 años boicoteando la gala de entrega de premios, pero fue a recoger este Oscar honorífico que tanto merecía:

Años de retraso. Como decía Frank Sinatra, Cary Grant hacía fácil la interpretación, su estilo era siempre sencillo, recurriendo a histrionismos sólo como efectos cómicos pero sumamente contenido en sus interpretaciones más dramáticas.

Cary Grant todavía tuvo tiempo de casarse una 5ª vez, en 1981, con la agente de relaciones públicas Barbara Harris. En sus últimos años se dedicó a hacer giras para presentar “Una noche con Cary Grant”, sesiones en las que se proyectaba alguna de sus películas y luego él respondía a las preguntas del público. Fue durante una de esas giras que, estando en Davenport, Iowa, sufrió una hemorragia cerebral el 29 de octubre de 1986. No era la primera que sufría, ya había tenido otra dos años atrás, pero en esta ocasión fue fatal y Cary Grant murió esa misma noche. Tenía 82 años. Fue incinerado y sus cenizas esparcidas en California, por lo que nos quedamos sin poder visitar su tumba.

No era el mejor actor de su generación, desde luego, pero con una filmografía repleta de títulos básicos de la historia del cine y en la que compartía cartel con algunas de las mejores actrices de su época (4 veces con Katherine Hepburn, 3 veces con Irene Dunne o Deborah Kerr, 2 veces con Ingrid Bergman), Cary Grant es historia del cine, una figura icónica que pocos, si acaso alguno, pueden disputarle. 30 años después de su muerte todavía seguimos riéndonos a carcajadas con sus comedias y emocionándonos con sus películas dramáticas. Porque Cary Grant siempre será el perfecto icono del Hollywood clásico.



Roald Dahl en el centenario de su nacimiento (23-09-2016)


Desde hace más de 30 años, cada nueva generación se ha criado viendo algunas películas basadas en historias de un escritor cuyo nombre no siempre se hace familiar, Roald Dahl. Pero su influencia en el cine infantil ha sido (y es) innegable.




Roald Dahl nació un día como hoy hace 100 años, el 13 de septiembre de 1916 en la capital galesa, Cardiff, aunque sus padres eran noruegos, y de hecho de ahí viene su nombre, en homenaje al héroe nacional Roald Amundsen. En Gran Bretaña transcurriría su infancia, excepto los veranos que pasaba en Noruega. Terminados sus estudios, entró a trabajar en una compañía petrolera y se trasladó a Tanzania.

Durante la II Guerra Mundial entra en la aviación, donde sufre un accidente, que luego, en 1942, durante su estancia en Estados Unidos, servirá de referente para su primera obra publicada, “Pan comido”.

Al año siguiente escribirá la obra “Los Gremlins”, pensada para ser base de una película de animación de Disney que nunca se produjo, en la que recurría a unos seres mitológicos que años después servirían de lejana inspiración para la película del mismo título.

En 1953 se casa con la actriz Patricia Neal, con la que tendrá 5 hijos, y de la que se divorcia en 1983 para casarse con Felicity Crosland. En 1954 adquiere la que será su casa, “Gipsy house” en Buckiinghamshire, Inglaterra.

En sus primeros años como escritor realiza sobre todo relatos para adultos, algunos e los cuales fueron adaptados para televisión, por ejemplo en “Alfred Hitchcock presents” con este “El hombre del sur” de 1960.

Finalmente, Roald Dahl fue contratado para escribir algunos guiones cinematográficos, siendo el primero “Sólo se vive dos veces”, de la saga James Bond, de 1967:

En 1968 vuelve a adaptar una obra de Ian Fleming, en este caso el musical “Chitty Chitty Bang Bang”, protagonizado por Dick Van Dyke:

Así, finalmente, en 1971, Mel Stuart le contrató para escribir el guión de una película basada en una obra suya, “Charlie y la fábrica de chocolate”, película que en España se titulará “Un mundo de fantasía”, también un musical protagonizado por Gene Wilder, que canta esta inolvidable canción:

Durante su infancia, Roald Dahl había podido probar en la escuela los nuevos productos que iba a sacar una fábrica de chocolate cercana, lo que le hizo imaginarse ese mundo de fantasía que plasma en la obra.

Curiosamente, durante su vida apenas vería adaptadas al cine otras obras suyas, ya que Roald Dahl murío de leucemia el 23 de noviembre de 1990.

Ese mismo 1990 se estrena la adaptación de “Las brujas”, protagonizada por Anjelica Huston:

Una de sus adaptaciones más famosas será “Matilada”, de 1996:

En esta película se observan perfectamente los principales elementos de las obras infantiles de Roald Dahl: no sólo son protagonizadas por niños, sino también contada desde sus propios puntos de vista, mientras que la mayoría de los adultos que les rodean son malvados, exceptuando algunos mucho más amables. Y todo eso unido a elementos fantásticos.

En 1996 también, la Disney adaptó, con producción de Tim Burton, una película de animación basada en “James y el melocotón gigante”:

Pero Tim Burton volverá años después, a adaptar otra obra de Roald Dahl, y será una nueva versión de “Charlie y la fábrica de chocolate”, de 2005, con unos magníficos Freddie Highmore como Charlie y Johnny Depp como Willy Wonka:

Aquí la mala influencia de los adultos que malcrían a sus hijos se traslada también a los niños, menos a ese héroe doméstico que es Charlie.

Por cierto, a raíz de esta obra de Roald Dahl, el día de su nacimiento, el 13 de septiembre, es el día del chocolate. Como si necesitáramos un día para comer chocolate…

Otra genial adaptación de una obra de Roald Dahl vendrá de la mano de Wes Anderson en 2009, cuando adapta, de forma animada, “Fantastic Mr. Fox”, que si no la habéis visto, os la recomiendo:

Y terminamos con una película estrenada este mismo verano, dirigida por Steven Spielberg, “Mi amigo el gigante”, en la que los adultos, bueno y malos, son sustituidos por gigantes; una obra de nuevo llena de imaginación:

Roald Dahl escribió numerosas obras para adultos, pero son sus relatos infantiles los que, en buena medida gracias al cine, permanecen en el recuerdo de nuevas generaciones. Y bien que lo merecen, porque son historias magníficas.



50 años sin Montgomery Clift (23-07-2016)


Desaparecido demasiado pronto, con una carrera bastante reducida en títulos, muy autoexigente pero con un cambio de estilo interpretativo muy marcado en su etapa final, echada a perder por un accidente de tráfico… podría ser un resumen de la carrera cinematográfica de Montgomery Clift, que nos dejó un día como hoy hace 50 años. Vamos por tanto a recordar su carrera, que nos va a dar bastante juego.




Edward Montgomery Clift nació en Omaha, la ciudad más grande del estado de Nebrasca, el 17 de octubre de 1920. Su madre era una hija adoptada, hija natural de una prominente familia Yanky, por lo que luchó toda su vida por recuperar los derechos que le correspondían. El problema fue que la familia se arruinó con el crack del 29, por lo que, a diferencia de su hermana melliza Ethel y su hermano mayor William, Monty no pudo ir a la universidad, ya que no era un buen estudiante. Por el contrario, tomó clases de actuación y debutó en los escenarios de Broadway en 1935.

Tras una exitosa carrera teatral, se traslada a Hollywood con 25 años, y debuta en el cine acompañando a John Wayne en la magnífica “Río Rojo”, rodada en 1946, aunque estrenada en 1948:

Magnífico el debut de un jovencito Montgomery Clift espléndido. Ya con esta película llamó la atención, pero será con su segunda película, estrenada también en 1948, con la que triunfará, “Los ángeles perdidos” de Fred Zinnemann, en la que interpreta a un militar americano que se encuentra a un niño callejero perdido tras la segunda guerra mundial. la película tiene una estética de documental, por lo que el estilo interpretativo de Clift, propio del método Stanislavski, se adapta a la perfección, hasta tal punto que por este papel Monty se llevó su primera nominación al Oscar (que no ganaría nunca):

En un intento por no encasillarse, cambió de género para su siguiente película, “La heredera” de William Wyler, en la que interpreta al atractivo, pero interesado, pretendiente de la rica heredera interpretada por Olivia de Havilland. La película tiene un final un tanto amargo, y el personaje de Monty no es el más agrdable que nos podamos imaginar, pero de nuevo está a la altura con una gran interpretación, pese a los problemas que dio en el rodaje, criticando el guión, la dirección y a su compañera (quizá el rpblema era que su estilo no se adaptaba bien a los intérpretes y el director, poco adeptos al método):

Montgomery Clif representaba a un galán completamente diferente a los que se habían visto hasta entonces, mucho más sensible. Pero también era una persona que no se encontraba a gusto en Hollywood, era un hombre de teatro, que a demás se negaba a firmar ningún contrato. En parte por eso y en parte por esa obsesión de no encasillarse, cometió el error de rechazar protagonizar “El crepúsculo de los dioses” de Billy Wilder, pensando que el papel se asemejaba demasiado al que había interpretado en “La heredera”. Por suerte para William Holden, por cierto.

En 1950 protagoniza “Sitiados”, pero su siguiente gran éxito será en 1951 con “Un lugar bajo el sol”, de George Stevens, en la que conoció a la que será una gran amiga el resto de su vida, Elizabeth Taylor. La química entre ambos es espectacular (se hablaba de un romance entre ellos, poco probable), y Monty volvió a llevarse una nominación al Oscar. Su papel entusiasmó al por aquel entonces practicamente recién llegado marlon Brando, que votó por él en los Oscars (y Clift votará por Brando, nominado por “Un tranvía llamado deseo), iniciándose una rivalidad entre los dos, que hasta cierto punto compartían estilo interpretativo:

Montgomery Clift llevaba muy mal eso de tener que fingir una doble vida, tener que ocultar su orientación sexual (probablemente era bisexual), algo que le atormentaba, y en su siguiente película, “Yo confieso”. el director, Alfred Hitchcock se aprovechó bien de ello. Luego despotricaría contra Monty, ya que a Hitchcock nunca le gustaron los actores del método, pero también estaba allí Karl Malden, otro actor del método que está mucho mejor que en sus trabajos con Elia Kazan. Y Monty está espléndido en el que quizá sea su mejor papel:

Si siguiente película es otro mito de Hollywood, “De aquí a la eternidad”, de nuevo dirigida por Fred Zinnemann, por la que se lleva su tercera nominación al Oscar. Aunque en mi opinión es una película bastante sobrevalorada… cuestión de gustos, la verdad. Clift era muy metódico en su trabajo, estudiando con profundidad cada frase del guión, pidiendo cambios si no se sentía a gusto con alguan frase concreta, hasta el punto de que dudara si sería capaz de sobrevivir al rodaje de un personaje como el que interpretaba, hasta tal grado llegaba su compenetración con los personajes. No sólo sobrevivió, sino que se llevó su tercera nominación al Oscar, compitiendo en la misma categoría de mejor actor con su compañero de rodaje Burt Lancaster, pero ni ellos ni la nominada a mejor actriz Deborah Kerr se lo llevaron; los que sí ganaron fueron los secundarios, Frank Sinatra y la que hace de pareja de Monty en la película, la que fuera protagonista de la mítica “Qué bello es vivir”, Donna Reed, con quien comparte esta escena:

En 1953 estrena también una película dirigida por Vittorio de Sica, “Estación Termini”. La película no gustó, pero la interpretación de Clift como el amante italiano de Jennifer Jones queda en el recuerdo:

Este fue ne mi opinión su último gran papel.

En 1955, Montgomery Clift se encuentra in trabajo, después de cometer el error de rechazar protagonizar “Al este del Edén” (esta vez el beneficiado fue James Dean, el otro miembro de ese triunvirato que cambiaría -para mal- Hollywood, junto a Brando y Clift). Y será Elizabeth Taylor la que acudirá a su rescate, ofreciéndole protagonizar el proyecto en el que va a trabajar, un drama ambientado en la Guerra de Secesión americana, que trataba de emular a “Lo que el viento se llevó”, aunque sin éxito (la peli es un tostón monumental, lo único bueno es que dura una hora menos que la mítica de Victor Fleming… es decir, casi 3 horas). A Clift no le convence la historia, ni el guión, pero al final se ve obligado a aceptar, no tiene otra cosa y le permite además volver a trabajar con su amiga Elizabeth Taylor. Será su primera película en color (y la única de todas las que he visto). Pero durante el rodaje ocurrirá algo que le cambiará la vida.

Montgomery Clift no era un buen conductor; de hecho, parece que se había quedado en alguna ocasión dormido mientras conducía. El 12 de mayo de 1956 fue a una fiesta en casa de Elizabeth Taylor, situada en lo alto de una colina a la que se accede por una carretera llena de curvas. Monty no se encontraba bien en la fiesta (en la que, extrañamente, algunos asistentes afirman que apenas bebió alcohol), y al irse le solicitó a su amigo Kevin McCarthy que lo acompañara en el coche porque no se veía seguro. Al parecer se quedó dormido conduciendo en una curva y se empotró contra un árbol, quedando atrapado en el coche.

Kevin McCarthy corrió a avisar a Elizabeth Taylor, quien le salvó la vida, sacándole del coche y extrayéndole de la garganta algunos dientes que le estaban asfixiando. No sólo perdió varios dientes, se fracturó la mandíbula al chocar contra el volante y sufrió importantes laceraciones en la cara causadas por los cristales de la luna que le cayeron encima tras el choque. La cirugía de reconstrucción facial a la que fue sometido no dio muy buen resultado, quedando su cara un tanto desfigurada, además de no poder recuperar el movimiento de la mitad de su cara, al haberse dañado los nervios. Montgomery Clift quedaría traumatizado por el accidente, al perder su mítica belleza (al parecer a partir de este momento, el sexo, hasta entonces frecuente en su vida, se hizo mucho más escaso), y, a parte de empeorar su adicción al alcohol, hizo que se sumara la adicción a los fuertes calmantes que tuvo que tomar a causa de las heridas. Desde entonces se volvió un personaje muy miedoso e inseguro, obsesionado con que la gente de su alrededor se le quedaba mirando, llegando incluso a esconderse debajo de la mesa de algún restaurante, dejando claro que su salur mental era bastante mediocre.

Pese a todo, Monty prosigue el rodaje de “El árbol de la vida”, que se estrena finalmente en 1957. En él vemos que su estilo interpretativo ya ha cambiado demasiado, recuerda tanto en el gesto facial como en la voz, en la forma de hablar, a James Dean… pero Dean era 10 años más joven que Clift, y el cambio no le beneficia nada. Y, como ya mencioné, la película resultó un considerable fracaso (pese a que Elizabeth Taylor fuera nominada al Oscar, que no ganará hasta 3 años después):

Pese a todo, su carrera prosigue en principio sin grandes incidentes. En 1958 repite con el director Edward Dmytryk, quien ya le dirigiera en “El árbol de la vida”, en “El baile de los malditos”, ambientada en la II Guerra Mundial y en la que comparte pantalla con Marlon Brando. En mi opinión, ambos resultan auténticas caricaturas:

Destaca también su participación, en 1959, en “De repente, el último verano” de Joseph L. Mankiewicz, película no exenta de polémica en la que interpreta al psiquiatra que atiende a Elizabeth Taylor y trata de encontrar la causa de su trastorno mental en la trágica muerte de su primo, pese a los impedimentos que ponga la madre de este, una enorme Katherine Hepburn. Una película magnífica, por cierto, en la que Clift consigue quedar bastante bien en su papel:

En 1960 trabaja bajo las órdenes de Elia Kazan en “Río salvaje”, junto a Lee Remick y Jo van Fleet. Kazan de nuevo trata de convertirlo en un nuevo James Dean, pero Clift va a cumplir ya 40 años y, pese a su todavía razonable buen hacer, no termina de encajar bien en el papel:

En 1961 trabaja en la mítica “Vidas rebeldes” de John Huston, mítica sobre todo por ser la última película tanto de Clark Gable (quien había representado durante años al tipo de galán opuesto al de Montgomery Clift, mucho más rudo) y de Marilyn Monroe, quien diría que Clift era el único que estaba peor que ella a causa de las adicciones de ambos. Por lo demás, la película me parece bastante prescindible y añade poco a su carrera:

Ese mismo año tiene una pequeña participación en “Vencedores o vencidos” de Stanley Kramer, en la que interpreta a una víctima del programa de castración de los nazis en su breve participación. El papel de traumatizado le va muy bien, pero Kramer sufrió mucho durante el rodaje al ver que Clift era incapaz de recordar sus diálogos, por lo que al final Kramer le hizo improvisar sus diálogos, decir lo que se le ocurriera para contestar a las preguntas de los abogados, con lo que, milagrosamente, se consiguió el resultado deseado.. En situación similar a la suya se encontraba también durante el rodaje Judy Garland, por cierto, lo que contrasta con el exultante abogado defensor de Maximilian Schell: queda claro que Clift está completamente acabado. En todo caso, con esta película consiguió su 4ª y última nominación al Oscar, en este caso como secundario, pero volverá a quedarse sin él:

Sorprende que, todavía después de esto, en 1962, John Huston, con quien había trabajado ya en “Vidas rebeldes”, cuente con él como protagonista para “Freud, pasión secreta”, consiguiendo resultar todavía creíble en su papel como el padre del psicoanálisis, pero Clift ya sólo puede interpretara a personajes inestables o vinculados al mundo de la psiquiatría:

Pero sus problemas durante el rodaje, sus retrasos, causados por una salud cada vez más deteriorada por sus adicciones, le causaron el rechazo de las productoras, que le dejaron sin trabajo los próximos 4 años, hasta que, en un intento de convencerse de que todavía podía trabajar, protagoniza “El desertor”. Elizabeth Taylor le consigue trabajo en la nueva película que va a protagonizar, “Reflejos en un ojo dorado” (que terminará siendo un fracaso comercial), pero su papel al final lo hizo Marlon Brando: Clift no llegó vivo al comienzo del rodaje.

La noche del 22 de julio de 1966, estando en su apartamento de Nueva York, rechazó ver “Vidas rebeldes”, que estaban echando por la tele, y despidió a su enfermero, que se fue a dormir. A la mañana siguiente, éste encuentra la habitación de Clift cerrada, por lo que, al no recibir respuesta a sus llamadas y no poder derribar la puerta, el enfermero bajó a la calle y subió por la escalera trasera para entrar por la ventana de su habitación y encontrarse a Montgomery Clift muerto.

La autopsia reveló que murió por un infarto, potenciado por un elevado colesterol, pero padecía otros problemas de salud, empeorada por sus adicciones al alcohol y los calmantes, por lo que muchos de quienes le conocían hablaron de “un largo suicidio” que vendría produciéndose prácticamente desde su accidente, que le hizo perder las ganas de vivir. Clift murió solo, triste final para alguien que había protagonizado un buen puñado de películas míticas. Fue enterrado en el Friends Quaker Cementery de Brooklyn, Nueva York.

Para bien y para mal, Montgomery Clift cambió la forma de interpretar a los galanes románticos en un Hollywood que estaba experimentando importantes cambios a comienzos de los años 50, cambios que en muchos casos protagonizó él mismo. Pero junto a eso tuvo una triste existencia, poco envidiable desde luego. Al recordar su historia es imposible no sentir lástima por alguien a quien su talento benefició tan poco y perjudicó tanto.



Gregory Peck en el centenario de su nacimiento (05-04-2016)


Mencionaba en un post reciente que, en mi opinión, los mejores intérpretes fueron los de los años 30. Entendiendo estos años 30 como una forma de actuar, una forma de ver el cine. Por eso, hoy vamos a hablar de un actor, mejor dicho de un enorme actor, que pese a debutar en el cine a mediados de los 40, es de alguna forma el último gran representante de esos actores de los 30 (junto con Robert Mitchum, que comenzó en el cine en fechas similares; incluso William Holden es anterior): Gregory Peck. Una extensa filmografía que se extiende desde los 40 hasta los 70, con gran variedad de géneros, lo sitúan como un digno heredero de los Gary Cooper, James Stewart o Henry Fonda que ya llevaban años de carrera a sus espaldas. Y no pocos papeles memorables.




Eldred Gregory Peck nacía el 5 de abril de 1916 en San Diego, California. Su padre, farmacéutico, de origen anglo-irlandés, era católico, y su madre, de origen anglo-escocés, se convirtió también al catolicismo al casarse; detalle este importante en la vida del actor. Sus padres se divorciaron cuando él tenía 6 años, y pasó los siguientes años con su abuela materna, hasta que ésta murió y fue criado por su padre. Comienza a estudiar medicina, pero se siente atraído por la interpretación, se une a grupos teatrales y así termina encontrando su vocación; debuta en San Francisco en 1941 y en Broadway en 1942. De ahí al cine hay sólo un paso.

Debuta en 1944 con “Días de gloria”, de Jacques Tourneur, film bélico ambientado en la Rusia de la II Guerra Mundial, pero será con su segunda película con la que llame la atención: “Las llaves del reino”, de John M. Stahl, de ese mismo año, en la que interpreta al protagonista absoluto, un misionero católico escocés en China. El papel le viene por momentos algo grande al todavía novatillo Peck, pero en general se pude decir que tiene una más que interesante interpretación, que le valdrá su primera nominación al Oscar (la primera de las 5 que tuvo, cuatro de ellas en los años 40):

En 1945 protagoniza dos grandes películas: por un lado, es el perfecto galán romántico en el meodrama de época “El valle del destino”, junto a Greer Garson, en el que ya luce impecable en un papel romántico que le sienta como un guante:

Su otro gran papel ese año fue en “Recuerda”, su primera colaboración con Alfred Hitchcock, junto a Ingrid Bergman, donde interpreta a un doctor que sufre amnesia; otra gran interpretación de Gregory Peck:

En 1946 vuelve a regalarnos dos memorables papeles. El más recordado sea, seguramente, el de Lewt McCanles, el malvado hermano de Joseph Cotten en “Duelo al sol” de King Vidor, su primer western y su primer villano, que entabla una funesta relación de amor-odio con la bellísima Jennifer Jones que no podía acabar bien. Inolvidable la escena final:

Su otro gran papel ese mismo año fue mucho más amable, el granjero Penny Baxter, esposo de Jane Wyman y padre de Claude Jarman Jr. en “El despertar” de Clarence Brown, por la que recibe su segunda nominación al Oscar y gana el Globo de Oro por uno de sus mejores papeles. Sólo por esta escena ya merece la pena su interpretación, al nivel de muy pocos actores (y más teniendo en cuenta que Gregory Peck no era un actor muy rico en recursos interpretativos, pero los que tenía los sabía usar al máximo, como esa maravillosa voz):

Es, además, el primero de sus papeles de “padrazo”, papel que interpretaba como nadie (y que llevará a su máxima expresión con su maravilloso Atticus Finch).

En 1947 de nuevo nos regala dos grandes papeles. El primero, en su segunda y última colaboración con Alfred Hitchcock, “El proceso Paradine”, esa en la que Hitch quiso reunir a Greta Garbo e Ingrid Bergman (pobre Gregory si se hubiera tenido que enfrentar a las dos a la vez, a ver quién hubiera resistido eso…), pero que se quedó sin ambas y tuvo que conformarse con la debutante Alida Valli y con Ann Todd. Además de otro debutante, Louis Jourdan, y de Charles Laughton, la gran triunfadora fue realmente Ethel Barrymore, nominada al Oscar a mejor secundaria. Pero bueno, Gregory Peck sigue de nuevo impecable:

La otra es “La barrera invisible”, de Elia Kazan, en la que interpreta a un reportero que se hace pasar por judío para experimentar el antisemitismo de su entorno (muy en la línea de Kazan, defendiendo el método del Actor’s studio… no trago a Kazan, ni como cineasta ni como persona, por si no se nota…). Gregory Peck interpreta a un personaje socialmente comprometido, muy similar a lo que era en su propia vida, acompañado de Dorothy McGuire, John Garfield, Ann Revere o Celeste Holm, además de hacer de padre (de nuevo papel de padrazo) de Dean Stockwell (de quien ya había sido padre brevemente en “El valle del destino”):

Gregory Peck consigue su tercera nominación al Oscar. La cuarta la conseguirá en 1949 por “Almas en la hoguera” de Henry King, aunque de nuevo se quedará sin él (a diferencia de su compañero Dean Jagger, que se lleva la estatuilla a mejor Secundario) por un general de aviación durante la II Guerra Mundial; un héroe americano en la línea de personajes interpretados por Gary Cooper o James Stewart:

En 1951 protagoniza la película bíblica “David y Betsabé” de Henry King, junto a Susan Hayward, aunque el papel no le pega mucho, seamos sinceros:

Ese mismo año colaborará con el director Raoul Walsh en una cinta de aventuras en el mar, “El capitán Horatio Hornblower”, repitiendo en 1952 con la magnífica “El mundo en sus manos”:

Ese mismo 1952 protagoniza otra de sus memorables películas, “Las nieves del Kilimanjaro” de Henry King, basada en la novela de Ernest Hemingway, donde está acompañado por Susan Hayward y Ava Gardner:

Pero más memorable será aún su papel, en 1953, en “Vacaciones en Roma”, de William Wyler, donde acompaña a la debutante Audrey Hepburn, de quien se convertirá en amigo inseparable durante toda su vida (y a quien presentará a quien será su primer marido, Mel Ferrer). Se trata de una simpática comedia llena de escenas memorables, como ese paseo en moto por Roma o esta en la boca della verità (que ya nos gustaría verla así de vacía, y no con las colas que hay que hacer hoy día para hacerse la fotito de rigor):

En 1954 protagoniza la comedia inglesa “El millonario”, de Ronald Neame, como la pobre víctima de la apuesta de dos ricos hermanos británicos aburridos de la edad: le dan un cheque de un millón de libras, pero no podrá utilizarlo durante un mes:

El 30 de diciembre de 1955 se divorcia de su primera mujer, Greta Kukkonen (que era 5 años mayor que él), con quien llevaba casado desde 1942 (aunque él mismo confirmó que mantuvo un romance don Ingrid Bergman durante el rodaje de “Recuerda” estando casado) y con quien tenía 3 hijos. El día siguiente se casó con Veronique Passani, una reportera a la que conoció en 1952, con quien tendría 2 hijos y con quien vivirá hasta su muerte. Eso sí, la boda fue civil, ya que la iglesia católica no permitía la boda sin una nulidad previa de su anterior matrimonio. Pese a todo, Gregory Peck fue siempre un católico creyente, aunque no especialmente “ortodoxo” en su forma de ver ciertos aspectos.

De vuelta al cine, en 1956 protagoniza “El hombre del traje gris”, junto a Jennifer Jones y Fredric March, y también uno de sus grandes éxitos, la adaptación del “Moby Dick” de Herman Melville que realizará John Huston, en el papel del capitán Ahab (papel para el que Huston en principio quería a su padre, Walter Huston, pero éste murió antes del rodaje). Otra de esas interpretaciones memorables de la historia del cine:

En 1957 vuelve a la comedia acompañando a Lauren Bacall en “Mi desconfiada esposa” de Vincente Minnelli:

En 1958 protagoniza otro clásico del cine, “Horizontes de grandeza” de William Wyler, junto a Jean Simmons y Chartlon Heston, en un western de familias enfrentadas que le valió el Oscar a mejor secundario a Burl Ives, que interpreta al patriarca de la familia rival del suegro del personaje que interpreta Gregory Peck:

En 1959 interpreta al escritor F. Scott Fitzgeral en el drama biográfico “Días sin vida” de Henry King, acompañado por Deborah Kerr:

Ese mismo año protagoniza la historia de unos supervivientes a un holocausto nuclear en “La hora final” junto a Ava Gardner, Fred Astaire y Anthony Perkins:

En 1961 es uno de los protagonistas del clásico de cine bélico “Los cañones de Navarone”, junto a Anthony Quinn y David Niven:

Pero será 1962 su mejor año, al protagonizar dos grandes éxitos. El primero de ellos, “El cabo del terror”, en el que interpreta a un abogado al que un malvado Robert Mitchum quiere hacer la vida imposible por haberle encarcelado años atrás. Gregory Peck no solía usar dobles para las escenas de acción, lo que tuvo que sufrir Mitchum en sus propias carnes en la escena de la pelea de ambos:

Pero su mayor éxito fue, desde luego, protagonizar la adaptación que Robert Mulligan dirigió del libro de Harper Lee “Matar a un ruiseñor”. Su Atticus Finch es sin duda su mejor papel y el mejor “padrazo” de la historia del cine, a parte de un personaje tan idealista como el propio Gregory Peck:

Gregory Peck, que llevaba sin ser nominado al Oscar desde 1949, consigue aquí su 5ª nominación. Y, para desgracia de Peter O’Toole (que protagonizaba la multipremiada Lawrence de Arabia), esta vez se lleva el premio, merecidísimo tanto por la interpretación en sí como por la trayectoria de un actor que llevaba años pidiendo el premio a gritos. Pocas veces la academia estuvo tan acertada:

Peck gana también el Globo de Oro, premio al que es nominado al año siguiente de nuevo por “El capitán Newman”. Y protagoniza más películas en los 60, aunque su ritmo de trabajo disminuye. Destacamos entre ellas su colaboración con Stanley Donen en 1966 en “Arabesco”, junto a la actriz que le dio el Oscar, Sofia Loren:

Mientras, le caen premios honoríficos, como el Oscar humanitario Jean Hersholt en 1968 o el Globo de Oro Cecil B. de Mille en 1969, año en el que protagoniza el western “El oro de Mackenna”.

Su trabajo en los 70 pierde interés, aunque protagoniza “La profecía” en 1976, o “McArthur, el general rebelde” en 1977, por la que recibe una nominación al Globo de Oro, pese a no admirar al general McArthur como persona:

Y es que en los años 70 la actividad política de Gregory Peck aumenta. Siempre había apoyado al partido demócrata, y incluso el presidente Lyndon Johnson pensó en él como embajador en Irlanda (teniendo en cuenta el origen irlandés del actor). Pero es en 1970 cuando se le propone enfrenarse al republicano Ronald Reagan como candidato a gobernador de California. Aunque más tarde Peck confesó que nunca estuvo interesado en ser candidato, sí que impulsó a su hijo Corey a serlo años más tarde. Su activismo social (contra la guerra de Vietnam, la proliferación nuclear o a favor del control de armas, justo lo opuesto a lo que hacía su compañero de reparto en “Horizontes de grandeza”, Chartlon Heston) hicieron que Nixon lo incluyera en su lista de enemigos por su activismo social (algo que haría también con Paul Newman, Jane Fonda y otros actores y actrices).

Quizá por eso sorprenda su interpretación, en 1978, de un villano de la talla del nazi Josef Mengele en “Los niños del Brasil”, frente al cazanazis que interpreta Laurence Olivier. Su espectacular interpretación le valió una nominación al Globo de Oro:

Gregory Peck trabaja poco a partir de los 80, aunque su participación en televisión aumenta, incluyendo una nueva adaptación de Moby Dick en 1998 (aunque ya no interprete al Capitán Ahab, sino al Padre Mapple, papel por el que gana un Globo de Oro). En cine, a parte de una breve aparición en el remake que Scorsese hace de “El cabo del miedo” (en el que aparecen también otros dos miembros del film original, Robert Mitchum y Martin Balsam), quizá su último papel relevante sea el protagonista de “Gringo viejo”, en el que luce espléndido en 1989 junto a Jane Fonda:

Tim Burton quería contar con él para interpretar al abuelo Joe en “Charlie y la fábrica de chocolate”, pero el papel lo interpretó finalmente David Kelly; Peck no tuvo siquiera ocasión de aceptarlo. Mientras dormía, una bronconeumonía se lo llevó el 12 de junio de 2003 (tengo un vago recuerdo del momento en el que me enteré, aunque a mis 18 años no le conocía demasiado). Tenía 87 años. Fue enterrado en el mausoleo de la catedral católica de Los Ángeles:

Aunque sus inicios en el cine fueran un tanto tardíos, Gregory Peck fue uno de los últimos exponentes de ese Hollywood dorado que tanto añoramos los cinéfilos, porque ya no hay actores como él. Nos dejó un buen puñado de interpretaciones inolvidables por las que todavía le recordamos con admiración y con cariño (en este último aspecto, su Atticus Finch es imprescindible, claro) como una de las más grandes estrellas de Hollywood.



In Memoriam: Maureen O’Hara (24-10-2015)


No hace todavía ni un mes que abrí este blog, y ya me toca escribir el primer post “In memoriam” para recordar a alguien que nos acaba de dejar. Y el “dudoso” honor de abrir esta categoría ha recaído sobre la gran Maureen O’Hara. El poco tiempo disponible me impide escribir un post a la altura de semejante mujer, pero haremos lo que podamos para recordarla de forma mínimamente decente tras la triste noticia de su muerte.




La gran actriz irlandesa nació hace 95 años, el 17 de agosto de 1920 en la capital irlandesa, Dublin. Su madre era cantante de ópera, y todos sus hijos heredaron las dotes de ella, incluida Maureen, que con 14 años estudió canto y arte dramático. Finalizados sus estudios le ofrecieron un puesto como cantante de ópera, pero ella prefería dedicarse ala actuación (sus hermanos también seguirían sus pasos). Así participó en un casting en Londres que no le fue bien… al menos en teoría.

Y digo que en teoría porque gracias a ese casting un influyente actor inglés quedó prendado de la belleza de la joven. El actor en cuestión era un tal Charles Laughton… vamos, un don nadie. Bueno, venga, dejémonos de ironías. Laughton consiguió que la joven de 19 años fuera contratada para dos películas que él mismo protagonizaba: el primero sería una película ni más ni menos que de Alfred Hitchcock, “Posada Jamaica”, que no es desde luego una de las más célebres del director:

La otra, quizá más llamativa, fue “Esmeralda la zíngara”, rodeada de un reparto de auténtico lujo: un enorme Laughton como Quasimodo, el malvado Frollo del gran Cedric Hardwicke, el Clopin de Thomas Mitchell, el rey de Harry Davenport (un secundario por el que tengo una gran debilidad) y el Gringoire del debutante Edmond O’Brien. Arropada por un reparto de semejante nivel (conviene recordar que 1939 fue quizá el mejor año cinematográfico de la historia), O’Hara brilló como la heroína de la obra de Victor Hugo. Veamos una escena:

Pero su consagración llegaría dos años después. Y es que en 1941, el gran director John Ford la contrató como protagonista de una de sus obras maestras, “Qué verde era mi valle”. Rodeada de nuevo por un reparto de lujo (el oscarizado Donald Crisp como su padre, la actriz teatral inglesa Sara Allgood como su entrañable madre, Walter Pidgeon como el cura del pueblo y un debutante y futura estrella infantil (que seguiría siéndolo incluso después de crecer) Roddy McDowall como su hermano pequeño. La película ganaría los Oscars a de mejor película y director, además del ya mencionado a mejor secundario para Donald Crisp, pero incomprensiblemente ella no fue ni siquiera nominada. Algún asusto turbio había detrás de esa ausencia por lo visto, y es desde luego una de las grandes injusticias de estos premios, a los que O’Hara no sería nunca nominada.

No encuentro en youtube la escena que me habría gustado poner, y para no poner el film completo, pues dejo sólo el trailer:

Desde ese momento se convirtió en la actriz favorita de John Ford (lo que es mucho decir teniendo en cuenta la fama y el talento del director, difícilmente igualable). Pero sería una película rodada en 1942 la que la catapultará definitivamente a la fama: “El cisne negro”, junto a Tyrone Power, en su primera película en tecnicolor. El público pudo así apreciar mejor la impresionante belleza de la joven en color, siendo así conocida como a “Reina del Tecnicolor”:

En 1943 será dirigida por Jean Renoir en la película ambientada en la resistencia francesa “Esta tierra es mía”, en la que repetirá junto a su amigo Charles Laughton:

Perfecta como mujer de carácter, el cine de aventuras y la comedia le iban como un guante, y es a este género al que se dedicará fundamentalmente en la década de los 40, siendo uno de sus mayores éxitos  “De ilusión también se vive”, de 1947:

O su participación en 1948 en “Niñera moderna”, junto al famoso Mr. Belvedere de Clifton Webb:

Pero lo mejor de su carrera vendrá en los años 50.

Y es que en 1950 John Ford vuelve a contar con ella, esta vez emparejándola con un actor del que era muy amiga desde sus inicios en Hollywood, John Wayne. Juntos protagonizarían ese año “Río Grande”:

Pero su gran éxito será en 1952, con la genial comedia “El hombre tranquilo”. La pareja de ambos echa chispas y provoca carcajadas al espectador:

La combinación de tres auténticos monstruos del cine como Ford, Wayne y O’Hara le reportará a Ford su cuarto Oscar a mejor director, y lo cierto es que es un lujazo poder disfrutar de sus talentos en una película… pero repetirán, en 1957, en una película más dramática, “Escrito bajo el sol”:

Anteriormente, en 1955, había interpretado al legendario personaje histórico de “Lady Godiva”:

En los años 60 la fama de Maureen O’Hara comenzará a decaer. En 1961 protagonizará la primera película del director Sam Peckimpah, “Compañeros mortales”, en la que le escuchamos cantar la canción principal de la película:

También en 1961 participa en la comedia infantil de la Disney “Tú a Boston y yo a California”:

 Y en 1963 volveremos a disfrutar de ella en otra comedia junto a John Wayne, “El gran McClintock”, dirigida por Andrew McLaglen (el hijo de Victor McLaglen, quien interpretó al hermano mayor de O’Hara en “El hombre tranquilo”):

De nuevo, risas garantizadas.

Finalmente, Maureen O’Hara se retira del cine en 1971, con la película “El gran Jack”, de nuevo un western junto a John Wayne:

En los años 90 vuelve a hacer algunas apariciones , fundamentalmente televisivas, aunque también aparece en la comedia de Chris Columbus “Yo, tú y mamá”, como la madre de John Candy, que no aporta nada a su filmografía:

Ninguna de sus participaciones tras su retorno al cine o la televisión es relevante en realidad. En el fondo, Maureen necesitaba a Ford y Wayne (o en su defecto a Laughton) cerca, y ya no estaban. Ya apenas quedaba nada del Hollywood clásico al que ella pertenecía.

En el año 2014 la academia de Hollywood quiso compensar su injusticia con la actriz dándole un Oscar honorífico, que la convierte, junto a Myrna Loy, en la única actriz en recibir este premio sin haber estado nominada previamente:

Sentada en una silla de ruedas, su aspecto serio, casi se podría decir que amargado, ya nos hacía presagiar lo peor. Y así, 11 meses después, su estrella se apagó. Con ella se nos va buena parte de lo poco que nos quedaba de ese Hollywood dorado. Pero su genio permanece en nuestras pantallas. ¡Gracias, Maureen O’Hara! Te debemos mucho más de lo que creemos.



Centenario de Ingrid Bergman (29-08-2015)


No es fácil encontrar en el cine un rostro más bello que el suyo. Pero, al margen de su espectacular belleza, destacaba por una enorme sensibilidad que le permitía emocionar al público en los diversos papeles que nos regaló a los cinéfilos. Y es que un día como hoy hace 100 años nacía en Estocolmo una mujer llamada a conquistar Hollywood, una actriz con mayúsculas, una artista, una estrella a fin de cuentas, y de paso una de mis actrices favoritas: la gran Ingrid Bergman. Y por cierto, también se cumplen 33 años de su muerte, sí, el mismo día que cumplía 67 años.




Debutó en el cine sueco con 19 añitos de nada. Realizó varias películas en su Suecia natal (rechazando filmar películas en Alemania, ofrecimiento que le hizo el ministro de propaganda Nazi, Joseph Goebbels), de entre las que destaca “Intermezzo”. Tanto le gustó la película al productor norteamericano David O. Selznick, que compró los derechos para producir una versión en inglés del título, con la misma Bergman de protagonista. Y así llegó en 1939 su primer rol en Hollywood, un drama con la música como telón de fondo que protagonizaría junto a un monstruo de la interpretación (y que ese año participaba también en una película histórica: “Lo que el viento se llevó”), Leslie Howard. La película, “Intermezzo”, no ha gozado de gran fama y no es fácil de encontrar (pero sí, la he visto):

En todo caso, Ingrid ya apuntaba maneras, lo que se confirmó en 1941 interpretando a la Ivy Pearson del Jekyll/Hyde de Spencer Tracy:

Aún así, parecería que su carrera no terminaba de despegar, corría el riesgo de ser otra de tantas actrices de futuro prometedor que se quedaron en eso. Pero tuvo un inesperado cambio de suerte…

Qué decir de su Ilsa Lund. Confieso que tengo que secarme las comisuras de los labios cada vez que la veo. Casablanca es desde hace años mi película favorita, y ella tiene mucho que ver. Está espectacular al lado de un Humphrey Bogart también enorme y rodeado de un reparto de lujo (Claude Rains, Paul Henreid, Peter Lorre, Sidney Greenstreet…) en una película que nadie esperaba que tuviera semejante éxito… pero lo tuvo.

Todavía no sé por qué Casablanca, que se estrenó en 1942, no entró en los Oscars de ese año, sino en los del 43, llevándose los premios a mejor Película y Director, pero por el que Ingrid no fue nominada: en 1943 fue nominada por su siguiente película, la adaptación de la novela de Hemingway “Por quién doblan las campanas”, en la que la acompañaba otro actor de su talla: Gary Cooper:

Bendito corte de melena, por cierto, que salvó una de las escenas más emblemáticas de Casablanca… pero esa es otra historia.

Repitió nominación al año siguiente por “Luz que agoniza”, esta vez acompañada del rey del melodrama, el francés Charles Boyer y de Joseph Cotten:

Y como suele ser habitual cuando se interpreta a personajes con problemas de cordura, esta vez no hubo ninguna Jennifer Jones que le arruinara la fiesta: el Oscar fue para ella. El primero de 3 (sólo igualada por Meryl Streep y superada por otra qué tal, Katherine Hepburn):

Al año siguiente, 1945, fue de nuevo nominada por su papel en “Las campanas de Santa María” (donde compartía cartel con el ganador del Oscar a mejor actor del año anterior, Bing Crosby), pero seguramente lo más destacado de ese año fue su primera colaboración con el mítico Alfred Hitchkock, en “Recuerda”, acompañada esta vez por Gregory Peck (sí, ya veis que sus parejas cinematográficas tenían un nivel que ya quisieran la mayoría de actrices… Bette Davis o Joan Crawford, por ejemplo):

Este fue el preludio a una de sus mejores interpretaciones, al año siguiente, en su segunda colaboración con el director inglés: “Encadenados”:

Junto con Rebeca, esta es mi peli favorita de Hitch. Nunca Cary Grant estuvo tan espectacular como intérprete, y acompañados encima por Claude Rains o Louis Calhern… pero no, no hubo nominación al Oscar. Injusticias de la vida (tanto en su caso como en el de Cary Grant, que se lo merecía igualmente).

Dos años después volvería a las pantallas por partida doble: acompañando de nuevo a Charles Boyer en “Arco de Triunfo” y como la heroína histórica “Juana de Arco” de Victor Fleming, que le reportó na nueva nominación al Oscar. En todo caso, no fue un año especialmente afortunado: “Arco de triunfo” apenas es recordada, y “Juana de Arco” peca del estilo ultraconservador de Fleming, en un film apologista católico y mojigato (propio de la época, es cierto), con una visión del personaje que no le pega a la Bergman, que no se encuentra cómoda en un personaje para el que está mayor y que está idealizado casi hasta la caricatura, muy poco creíble:

Por curioso que parezca,  su estancia en Hollywood estaba llegando a su final. Rodaría todavía un tercer y último título dirigida por Hitchcock, “Atormentada” (una de los pocos films de Hitchcock que transcurre en el siglo XIX, en Australia en concreto) acompañada por otro monstruo, Joseph Cotten. Pero ese mismo año, 1949, la visión de una película, “Roma, città aperta” de Roberto Rossellini, cambiaría su vida.

La actriz escribió al director italiano solicitándole trabajar con él… ¿y quién es el guapo que se iba a negar a trabajar con ella! Así que Ingrid abandonó Estados Unidos, dejando allí a su esposo Petter Lindström y a su hija Pia para pasar unos meses en Italia… bueno, esa era la teoría. Porque mientras rueda, en 1949, “Stromboli”, inicia una relación con Roberto, fruto de la cual nace en 1950 su hijo Roberto. Ingrid se divorcia de Petter y se casa con Roberto el 24 de mayo de 1950, tres meses después del nacimiento de su primer hijo. Y el escándalo fue mayúsculo. Estados Unidos y la propia Suecia la criticaron enormemente, Hollywood la rechazó, fruto de esa patética doble moral (ni que fuera la primera actriz – o actor – que ponía los cuernos a su marido/mujer o incluso se divorciaba sin que pasara nada… pero claro, Roberto era italiano), hasta el punto de declararla persona non grata en Estados Unidos. Mientras tanto filma otros 5 films con su marido y tienen dos hijas, las gemelas Isabella e Isotta, nacidas en 1952. Veamos una escena del primero, “Stromboli”:

En todo caso, el matrimonio no terminó bien, en buena medida fruto del fracaso comercial de los films que hicieron juntos, y terminaron divorciándose en 1957.

Ese mismo año rueda a las órdenes del gran director francés Jean Renoir “Elena y los hombres”:

Y vuelve finalmente al mercado angloparlante rodando en Inglaterra “Anastasia”, a las órdenes de Anatole Litvak y acompañada de Yul Brynner:

Pese a tener más edad de la aconsejable para interpretar a la princesa rusa, legendariamente superviviente al asesinato de toda la familia imperial, Ingrid volvió a cuajar una interpretación formidable que le sirvió para ganar su segundo Oscar en un país, Estados Unidos, en el que (casi) todos le habían rechazado. De hecho, el Oscar fue recogido por uno de los pocos amigos que siguió conservando en Hollywood, y quien quizá fuera de hecho su mejor pareja cinematográfica: Cary Grant:

Yul Brynner también ganaría ese año el Oscar a mejor actor, pero por el film “El rey y yo”, protagonizado por la gran perjudicada por la victoria de Ingrid, la igualmente enorme Deborah Kerr. La actriz inglesa nunca ganaría un Oscar, cosa que la academia intentó compensar con un premio honorífico que no estaba a la altura de su enorme talento.

Bueno, sigamos con Ingrid. Su primera reaparición pública en Estados Unidos fue en la entrega de los Oscars, presentando nada más y nada menos que el premio a la mejor película de 1958 (entregados en 1959, obviamente), presentada de nuevo por Cary Grant y acogida con un caluroso aplauso por la audiencia que le había perdonado su affaire con Rossellini:

De hecho, Ingrid se volvió a casar en 1958 con el productor sueco Lars Schmidt, del que se divorciaría en 1975.

En 1958 estrenó dos importantes films, que le valieron dos nominaciones a los globos de Oro, en distintas categorías: por un lado como actriz dramática en “El albergue de la sexta felicidad”, la última película que rodaría el gran actor británico Robert Donat:

Y, por el otro, una genial comedia del gran Stanley Donen, “Indiscreta”, la segunda y última vez que compartiría pantalla con Cary Grant. Especialmente recomendable su baile (y el de Cary Grant, también). Los años habrían pasado, pero ella seguía conservando una elegancia y una belleza al alcance de pocas. Y además demostró su gran talento para la comedia:

Por esos años comienza a trabajar también en televisión y a intensificar su trabajo en teatro (destacar que en 1956 interpretó la obra “Té y simpatía”, que protagonizaría en cine Deborah Kerr… sería interesante poder contrastar la interpretación de ambas). De ahí que sus apariciones cinematográficas se fueran espaciando. Pero aún tenía algunos importantes regalos que hacernos.

El primero fe en 1961, de nuevo dirigida por Anatole Litvak, el director que le dio su 2º Oscar. Basada en la novela “Aimez-vous Brahms?” de la escritora francesa Françoise Sagan, su papel en “No me digas adiós” le iba como un guante por edad y temperamento. La mujer emparejada en una relación abierta con un hombre de su edad (Yves Montand) que se enamora de un apasionado joven (Anthony Perkins), aunque al final lo rechaza por miedo a que este la abandone por su edad, para al final comprender que volver con su antiguo amante es el mayor error que podía cometer y que se ha quedado completamente sola. Su interpretación (especialmente en la escena en la que el joven sale huyendo de la casa de ella y ella grita desesperada desde la escalera, y la escena final) era digna de ganar todos los premios imaginables… pero fue ignorada por los premios (como lo fue también la impresionante y delicada interpretación de Anthony Perkins). Injusticias de la vida:

La música que acompaña al vídeo es precisamente el 3º movimiento de la 3ª sinfonía de Brahms, que puede escucharse durante la película.

En 1969 vuelve a la comedia con “Flor de cactus”, acompañada de Walter Matthau y una jovencísima Goldie Hawn. De nuevo lució su bis cómica en una película que merece la pena ver:

En 1975 participa en el film coral de Sidney Lumet “Asesinato en el Orient Express”, acompañada de gente como Albert Finney, Martin Balsam, Richard Widmark, John Gielgud, Anthony Perkins, Sean Connery, Michael York, Lauren Bacall, Wendy Hiller, Vanessa Redgrave… con semejante reparto, hacer un remake es un suicidio absoluto, y sino, que se lo pregunten a Kenneth Branagh:

Pero poco importan sus acompañantes, quién terminó llevándose el Oscar fue ella, en este caso a mejor secundaria. El pobre Albert Finney, nominado como actor protagonista, no compartió la misma suerte:

Y todavía tendría tiempo a una última nominación al Oscar, en este caso como mejor Actriz protagonista, por su última película, “Sonata de Otoño”, en la que trabajó bajo las órdenes del gran director sueco Ingmar Bergman (con quién, pese a compartir apellido, no tenía relación de parentesco):

Y siguió activa hasta el fin de su vida: de hecho, ganó su último globo de oro y un Emmy póstumo por su papel televisivo en “Una mujer llamada Golda”, donde interpretaba a la primera ministra israelí Golda Meir:

Ingrid levaba enferma de cáncer de mama desde 1975, y el rodaje de la miniserie supuso un enorme esfuerzo para su deteriorada salud, ya terminal. Murió pocos meses después en Londres. Su cuerpo fue incinerado y la mayor parte de sus cenizas arrojadas al mar en Suecia, en la zona donde ella veraneaba desde 1958. Una parte de las cenizas fue, en cambio enterrada junto a la tumba de sus padres en el cementerio norte de su ciudad natal, Estocolmo, lo que nos permite poder visitar su tumba:

Lo confieso, hablar de Ingrid Bergman me emociona (creo que es evidente después de la parrafada que he soltado). Tengo auténtica predilección por ella, nunca me ha decepcionado en ninguna de las películas en las que la he visto, aunque estas no siempre sean de la calidad esperable (Arco de triunfo, por ejemplo), y sin duda está en mi podio de actrices favoritas. Y si alguien se pregunta por qué, os recomiendo que volváis a ver el vídeo de “Casablanca” y escuchéis la dulzura con la que dice “Play it, Sam. Play “As time goes by”. Sí, el tiempo ha pasado, pero su memoria permanece en los corazones de quienes amamos el cine.