Archivo de la etiqueta: Angela Meade

In Memoriam: Alberto Zedda (06-03-2017)


Recuerdo aquel verano de 2015, en el que la Quincena Musical programaba un Stabat Mater de Rossini al que no podía acudir. Recibí por mail una invitación para ir al ensayo, y quise aprovecharlo, ya que era una oportunidad única de ver dirigir a un ya mayor Alberto Zedda (no recordaba haberle escuchado en vivo anteriormente, mala memoria la mía). Y me sorprendió que, pese a dirigir sentado, tenía una energía en sus brazos que literalmente me daba envidia. “Yo de mayor quiero ser como él”, pensé tantas y tantas veces a lo largo de aquel ensayo en el que pude disfrutar de forma privilegiada de su talento como director de orquesta. Por eso, a apenas dos meses de tener la oportunidad de volver a verle, me sorprendió tristemente la noticia de que nos dejaba ayer, a los 89 años.




Alberto Zedda había nacido en Milán el 2 de enero de 1928. Allí estudió música con directores de la talla de Antonino Votto o Carlo Maria Giulini, debutando en La Scala en 1956 con “Il barbiere di Siviglia” rossiniano. Y es que su carrera estuvo muy ligada al compositor de Pesaro, de quien, en su faceta como musicólogo, fue el autor de la edición crítica de todas sus óperas junto a Philip Gosset, además de ayudar a la recuperación de muchas de ellas, así como a obras poco conocidas de otros compositores. Fue entre otras actividades director artístico de La Scala y del festival Rossini de Pesaro, que ayudó a fundar, junto con la Academia Rossiniana en la que cambiaría la forma de cantar la música de Rossini.

Aunque muy recordado por su labor como director de ópera, Alberto Zedda dirigió también repertorio sinfónico, como por ejemplo la “Sherezade” de Nikolai Rimski-Korsakov, de la que escuchamos la última parte:

O en obras tan infrecuentes como el concierto para flauta del danés Carl Nielsen:

Pero destacó por encima de todo como director de música vocal, especialmente de ópera, siendo el repertorio italiano del siglo XIX el más frecuente, aunque le tenemos también dirigiendo recitales discográficos de repertorios a priori tan extraños en su carrera como el verismo. Le escuchamos acompañando a Francisco Araiza en el aria “Che gelida manina” de “La Boheme” de Puccini:

O le tenemos incluso dirigiendo la “Manon” de Jules Massenet en italiano:

Dirigió música barroca de compositores como Claudio Monteverdi o Antonio Vivaldi (no pongo vídeos por no encontrar fragmentos en Youtube, hay sólo grabaciones completas), así como de compositores posteriores como Domenico Cimarosa (de cuya ópera “Le donne rivali” gravó una integral que también está en Youtube) o de Gaspare Spontini, del que escuchamos la escena del infierno del “Teseo riconosciuto”:

Fruto de esa labor recuperadora de obras olvidadas le tenemos dirigiendo “Il dissoluto punito” de Ramón Carnicer:

También grabó el “Fra Diavolo” de Daniel Auber, del que escuchamos el aria “Si, domani” cantada por Luciana Serra:

De Giuseppe Verdi fue un destacado director de “Falstaff”, del que escuchamos la escena final con un reparto de lujo que incluye a Bryn Terfel, Ainhoa Arteta, Marianne Cornetti, Ruth Iniesta o Juan Jesús Rodríguez:

Y fue también un gran difusor de la temprana (y fallida) “Un giorno di regno”, que pude ver dirigida por él en Bilbao en estas funciones:

De Gaetano Donizetti le tenemos por ejemplo dirigiendo a Luciana Serra en el aria “O luce di quest’anima” de la ópera “Linda di Chamounix”:

Y también le escuchamos dirigiendo “Lucia di Lammermoor”, en concreto el dúo final del primer acto, con Virginia Zeani y Alfredo Kraus:

De Vincenzo Bellini le escuchamos “I Puritani”, dirigiendo a Mariella Devia en la caballetta “Vien, diletto”:

Pero también títulos menos frecuentes como “I Cappuletti ed I Montecchi” o “Il Pirata”, de la que escuchamos el aria “Nel furor delle tempeste”:

Pero por encima de cualquier otro compositor, en su carrera destaca la atención que presta a Gioacchino Rossini, del que realiza la edición crítica de las partituras precisamente para limpiarlas de las tradiciones espurias de las interpretaciones anteriores y recuperar el estilo original (prestaba especial atención a las coloraturas) siendo desde entonces su labor absolutamente referencial en la interpretación del compositor de Pesaro. Destaca su labor divulgativa en el Festival Rossini de Pesaro, que contribuyó al lanzamiento de no pocos intérpretes rossinianos. Antes de pasar a sus óperas, escuchamos el fragmento más conocido del “Stabat Mater” que mencionaba al comienzo, el aria para tenor “Cujus animam” que le escuchamos a Juan Diego Flórez:

En su labor como recuperador de obras o de fragmentos desconocidos le tenemos por ejemplo dirigiendo a Marilyn Horne en un aria alternativa de la famosa “Il barbiere di Siviglia”, “La mia pace, la mia calma”:

Vamos a verle ahora dirigir la obertura de “La Cenerentola”, para ver sus enérgicos gestos y la ligereza y sutilidad de sus versiones:

Vamos ahora con unas funciones en vivo de la maravillosa “L’Italiana in Algeri” de A Coruña; en concreto el trío “Pappataci” con Rockwell Blake, José Julian Frontal e Ildar Abdrazakov:

Vamos ahora con “Il turco in Italia”, en concreto con el aria de Fiorilla “Non si da follia maggiore” que canta Lella Cuberli:

Vamos ahora con la no muy frecuente “La gazza ladra”, de la que escuchamos a Lucia Valentini-Terrani cantar “Tocchiamo, bebiamo”:

Alberto Zedda se encargó también de popularizar la recién descubierta “Il viaggio a Reims”, de la que escuchamos el dúo “D’alma celeste, o dio” con Ewa Podles y Rockwell Blake:

“Semiramide” fue otra obra fundamental en su repertorio. Escuchamos el aria del tenor “La speranza più soave” cantada por Gregory Kunde:

Vamos ahora con otra ópera rossiniana que no podía faltar en el repertorio de Alberto Zedda, “Tancredi”, de la que escuchamos el aria “Di tanti palpiti” cantada por Daniela Barcellona:

Y seguimos con otra obra muy frecuente en su repertorio, “Otello”, de la que escuchamos una magnífica versión del dúo “Ah, vieni” con Gregory Kunde y Maxim Mironov:

Escuchamos ahora el final de “Ermione” con Angela Meade:

Y ahora escuchamos un fragmento de la poco conocida “Torvaldo e Dorliska”, con Lucia Valentini-Terrani y Lella Cuberli:

Le escuchamos ahora dirigiendo a Ewa Podles en el aria “Mura felice” de “La donna del lago”:

Y para terminar le escuchamos dirigiendo a Gregory Kunde en la gran escena de Arnoldo de “Guillaume Tell”:

Con proyectos por delante pese a sus 89 años, la muerte el pasado 6 de marzo de Alberto Zedda nos ha sorprendido a todos. Y es que su incansable labor como divulgador de la obra rossiniana le mantendrá en la memoria de todos los operófilos de los que se ha ganado la más profunda admiración.



Crónica: Stiffelio de Verdi en ABAO-OLBE (24-01-2017)


Parecía que ayer todo se ponía en mi contra para poder viajar a Bilbo para la representación del Stiffelio verdiano. Problemas de salud y otros de tráfico que por poco me hacen perder el autobús, en esta ocasión, no consiguieron vencer las ganas que tenía de ver esta ópera.




Porque sí, aquí hay un frikazo al que le encanta Stiffelio. Su temática, en especial ese extraño final con el tema del perdón (algún día ahondaremos en ello) la hacen única, y además musicalmente tiene bastantes pasajes magníficos, que ya nos recuerdan a otros que oiremos en Rigoletto, La Traviata o incluso Aida. Sí, una ópera desconocida de Verdi, pero no una obra menor, sin duda.

He criticado en varias ocasiones a ABAO-OLBE por la poca valentía en los títulos que ofrece. Y personalmente no considero un atrevimiento ofrecer Stiffelio como una apuesta arriesgada; no deja de ser una ópera verdiana realmente accesible. Pero claro, no puedo evitar recordar lo que escuché una vez al coger el bus de vuelta a Donostia hace unos años tras las funciones de Billy Budd; algo así como “Yo con esto no salgo tarareando”. Pues yo sí que puedo tararear el “And farewell to ye” (el “O beauty” me pilla demasiado grave). Y claro, supongo que a esa gente le pasará lo mismo con Stiffelio (pese a tener pasajes tan tarareables como las cabalettas de soprano y barítono). Pero claro, yo no voy a la ópera para salir tarareando (eso ya lo hago todos los días), voy a la ópera buscando que me emocionen. Y eso no pasa siempre, por diversos motivos; unas veces no empatizas con la ópera por su argumento, otras los solistas no están a la altura o la producción es mala… pero yo ayer desde luego me emocioné. Objetivo conseguido en esta ocasión.

Antes de dar más detalles dejo un enlace de la producción.

Lo primero, un par de tironcillos de orejas. Los sobretítulos ayer iban como les daba la gana. Y lo de meter dos intermedios en una ópera de apenas dos horas se antoja excesivo (y especialmente molesto para quienes vamos de fuera, que a fin de cuentas tenemos ganas de llegar de vuelta a casa lo antes posible; yo al llegar a Donostia me encontré con el coche helado y me tocó esperar a que se descongelara a las 12:30 de la noche con un grado bajo cero).

Creo que no hay más tirones de orejas que dar,lo que ya dice mucho.

La producción escénicamente era sencilla pero efectiva. Quizá lo más complicado fuera el segundo acto, que transcurre en el cementerio, pero sin demasiada complicación, con unas pocas tumbas, se resolvió muy bien. La última escena, en la iglesia, con una piedra colgando sobre la cabeza de cada uno de los presentes, imaginé que representaría que todos son pecadores y por lo tanto ninguno puede arrojarle la primera piedra a la adúltera, detalle que me pareció muy interesante.

La Orquesta Sinfónica de Bilbao, dirigida por Francesco Ivan Ciampa, sonó magnífica, con una brillante obertura en la que se jugó con las dinámicas (obertura que tanto me recuerda a la de La Traviata) y acompañando el resto del tiempo a los cantantes sin taparlos. Casi diría que sorprendió el muy buen nivel que lucieron. Lo mismo por cierto aplicable al coro, con importantes intervenciones, al que creo que nunca había escuchado a tan alto nivel (demasiadas funciones con resultados mediocres hacen perder la fe… visto lo de ayer, error por mi parte. Esperemos que no sea un espejismo).

La ópera necesita 4 comprimarios para los que ABAO-OLBE contó con 4 cantantes debutantes en su temporada. Son papeles que permiten poco lucimiento,  y no tengo nada que decir sobre ellos; ni brillaron (no tenían ocasión de hacerlo) ni estropearon la función.

El papel del barítono, Stankar, recaía en otro debutante en Bilbao, Roman Burdenko. Lució una noble voz de barítono verdiano, sin problemas de tesitura y de adecuadísimo estilo, además de una interpretación muy madura de un personaje bastante complejo. Muy satisfactoria su bellísima aria “Lina, pensai che un angelo”. Quizá se le podía pedir apianar un poquito más en la cabaletta “O gioia inesprimibile”, pero es un detalle menos en una muy buena interpretación.

El papel protagonista de Stiffelio recaía en Roberto Aronica, y he de decir que de las tres veces que le he visto en el Euskalduna, es la vez que más me ha gustado. la voz recorre todo el auditorio (una proeza ya de por sí), pero el cantante, generalmente más bien basto, se metió ayer en la piel del personaje (que ya sabemos que domina, es uno de los pocos que han interpretado Stiffelio y que podemos escucharlos; hay una versión suya en Youtube) y supo dar en el clavo en su interpretación, enfatizando más su faceta más airada pero con una correcta introducción. Los agudos, aunque de ataque discutible, eran verdaderos cañonazos, y así normal emocionarse en la bellísima escena final. Me esperaba casi un desastre y mi sorpresa fue mayúscula.

La gran triunfadora de la noche fue en todo caso la soprano Angela Meade como Lina. Escénicamente es una piedra, cierto, pero domina su voz de tal forma que hace con ella lo que quiere. Unos graves poderosísimos, un agudo certero (aunque quizá algo excesivo de vibrato), solvencia absoluta en la coloratura, potencia, y unos pianísimos en el agudo que recordaban a la Caballé (pese a que alguno de ellos se le rompiera). Si ya estuvo magnífica en su pregiera del primer acto, arrasó en su escena del segundo, con un recitativo y aria maravillosos y una cabaletta (“Perder dunque voi volete”, una predilección personal) brillante que me hizo quedarme con las ganas de pedirle un bis. No sé si los aplausos finales fueron un premio suficiente a su magnífica interpretación. Un lujo contar con ella para este Stiffelio.

Sé que en muchas ocasiones he sido bastante exigente con ABAO-OLBE, que hay cosas que no perdono y no me he mordido la lengua para decirlo. Por eso me parece de justicia no mordérmela tampoco en este caso, aunque para lo contrario: Gracias de todo corazón por hacerme disfrutar lo que disfruté ayer, una ópera tan injustamente infrecuente como Stiffelio que, teniendo en cuenta que no será fácil conseguir grandes cantantes para interpretarlo, tuvo un nivel que me extrañaría volver a ver. Una noche de lujo.