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In Memoriam: Stanley Donen (21-02-2019)

Era el último director del Hollywood clásico que nos quedaba. Tenía 25 años cuando se estrenó con un clásico del cine musical, “Un día en Nueva York”, y nos regaló algunas de las mejores comedias y musicales durante los siguientes 20 años. Hace pocos días nos dejaba uno de mis directores favoritos, el mítico Stanley Donen. 

Stanley Donen nació el 13 de abril de 1924 en Columbia, en el estado de Carolina del Sur. Hasta 1937, que nació su hermana Carla, fue el hijo único de una pareja judía (aunque Donen se volvería ateo en su juventud), lo que le supuso sentir el acoso antisemita de una ciudad con poca población judía en la escuela. Su válvula de escape fue el cine: le encantaban los westerns, las comedias y los thrillers, pero por encima de todo le encantaba “Volando a Rio de Janeiro”, el musical que lanzó a la fama a Fred Astaire y Ginger Rogers. La película le sumergía en un mundo en el que todo era feliz y hermoso. Por ello comenzó a rodar películas caseras y a tomar lecciones de baile, tanto en Columbia como en sus vacaciones de verano en Nueva York, donde llegó a estudiar con Ned Wayburn, quien fuera profesor de baile de Astaire, además de poder ir a los musicales de Broadway. 

Terminada la escuela, comenzó a estudiar psicología en la universidad, pero lo abandonó al poco tiempo para trasladarse a Nueva York y probar suerte en el teatro. No tardó en conseguir un papel como bailarín en el musical “Pal Joey”, que lanzaría a la fama a su protagonista, Gene Kelly. Trabaja en teatro por algún tiempo antes de trasladarse a Hollywood en 1943, donde comienza como bailarín en musicales y coreógrafo. Con un contrato por un año para la Metro, vuelve a encontrarse allí con Gene Kelly, que trabaja para la misma productora como actor. Kelly consigue que le permitan a él diseñar sus propias coreografías, pero necesita a alguien que conozca los pasos que va a hacer para comunicarse con los cámaras y que estos puedan seguirlos; Donen necesita un trabajo, y Kelly se lo consigue como su asistente de coreografía. 

Juntos trabajan en “Levando anclas”, y Stanley Donen es quien tiene la idea de hacer un número de baile con Kelly y un personaje de animación; tras no conseguir el permiso de Disney para usar alguno de sus personajes, el elegido termina siendo el ratón Jerry de Hanna-Barbera. El éxito de la escena es inmediato tras el estreno.

Stanley Donen continúa trabajando como coreógrafo en Hollywood incluso en el periodo en el que Kelly se va a hacer el servicio militar, pero a su regreso continúan colaborando. Kelly quiere lanzarse a la dirección con un musical escrito por ambos, pero la productora no lo permite y contrata al mítico Busby Berkeley para dirigirlo. Pero, tras el éxito de dicho musical, “Llévame a ver el partido”, la productora autoriza a Kelly a dirigir su siguiente proyecto. Pero Kelly necesita a alguien tras las cámaras mientras el actúa, y el elegido es, cómo no, Stanley Donen, que a sus 25 años debuta como director en “Un día en Nueva York”,  de 1949, musical protagonizado por el propio Kelly, Frank Sinatra, Jules Munshin o Ann Miller, entre otros: 

El éxito de este musical le permite a Donen firmar un contrato con la Metro como director, ahora ya sin Kelly al lado. Tras problemas con Esther Williams que le impiden dirigir el primer proyecto que le adjudica, Donen es contratado para dirigir a su ídolo de infancia, Fred Astaire, en una película que es casi una biografía del propio Astaire, “Bodas reales”, de 1951, en la que se reproduce su equipo con su hermana Adele y los motivos de la separación. Tras retirar del proyecto a una enferma Judy Garland, el papel femenino protagonista recaerá en June Powell. Donen demostrará su virtuosismo en una de las más memorables y técnicas escenas del cine musical:

En 1951 se divorcia de sus primera esposa, la bailarina Jeanne Coyne, y en 1852 se casa con la actriz Marion Marshall, con la que tiene dos hijos, Peter en 1953 y Joshua en 1955. La pareja se divorciará en 1959, dando comienzo a una larga disputa legal por la custodia de los hijos. Entre ambos matrimonios, al parecer mantuvo un breve romance con Elizabeth Taylor, a la que dirigió en 1952 en “Marido a la fuerza”, segunda película que dirige en solitario y que fue un fracaso, en parte debido al retraso del estreno y a que el actor protagonista, Larry Parks, fue acusado durante la caza de brujas de McCarthy. 

Mientras tanto, Gene Kelly está en la cumbre de su éxito gracias a “Un americano en París”, por lo que decide volver a dirigir. El productor Arthur Freed quiere un musical que utilice antiguas canciones escritas por él y compuestas por Nacio Herb Brown, y de una de ellas sale el título de la película, “Cantando bajo la lluvia”, musical-collage ambientando en el paso del cine mudo al sonoro que dirigen mano a mano Kelly y Donen y que protagonizan el propio Kelly, Debbie Reynolds y Donald O’Connor:

La película supuso semejante éxito que le permitió a Stanley Donen seguir con su carrera como director. En el mismo 1952 estrenó la alocada comedia “Fearless Fagan”, basada en la historia real de un payaso que, cuando se enrola en el ejército, se lleva consigo su león. La película fue protagonizada por Carleton Carpenter y Janet Leigh:

En 1953 dirige la comedia musical “Tres chicas con suerte”, ambientada en el mundo del teatro musical y protagonizada por Debbie Reynolds y por el coreógrafo y futuro director de cine Bob Fosse, con quien tuvo problemas durante el rodaje:

Pese al fracaso de este último film, Stanley Donen sigue contando con la confianza de la Metro, que le encarga dirigir un proyecto largamente acariciado que llevaba al oeste y al género musical la historia del rapto de las sabinas. Pese a ser un proyecto menor, frente a los otros dos musicales que la metro rodaba en esa época, “Brigadoon” y “Rose Marie”, Donen contó para el proyecto con la música de Saul Chaplin, las letras de Johnny Mercer, una pareja protagonista formada por Howard Keel y Jane Powell, el actor y acróbata Russ Tamblyn y un importante elenco de bailarines y bailarinas, destacando siempre entre ellos el gran Tommy Rall. El resultado, estrenado en 1954, fue la mítica “Siete novias para siete hermanos”:

Con unos espectaculares números de baile que rozan la acrobacia, una partitura magnífica, las grandes voces de Keel y Powell y una historia divertida y entretenida, “Siete novias para sierte hermanos se convirtió en uno de los mejores musicales de la historia del cine y uno de los más queridos por el público. No sólo consiguió recaudar más que los otros dos musicales de la Metro juntos, sino que además se llevó una nominación al Oscar a mejor película, nada menos, pese a que los Oscars siempre ignoraron a Donen. 

Su siguiente proyecto, también estrenado en 1954, es el biopic musical del compositor de opereta Siegmund Romberg, “Profundamente en mi corazón”, protagonizado por José Ferrer y con la gran cantante de ópera Helen Traubel en el cast:

 

En 1955 regresa Gene Kelly para proponerle co-dirigir un nuevo musical, que en principio iba a ser una secuela de “Un día en Nueva York”. Con música de André Previn, “Siempre hace buen tiempo” supuso el fin definitivo de la colaboración entre Kelly y Donen, ya que Kelly siempre usó a Donen como un ayudante en lugar de trabajar en condición de igualdad con él. Será la última colaboración entre ambos, y también la última película que Donen rueda para la Metro antes de concluir su contrato:

Stanley Donen decide entonces trabajar por libre y no firmar en exclusiva con ninguna productora. No estrena hasta 1957, cuando rueda para la Paramount “Una cara con ángel”, utilizando algunas de las canciones del musical “Funny Face” de George e Ira Gershwin pero cambiando el argumento: un fotógrafo de moda, interpretado por Fred Astaire, descubre a una bibliotecaria poco preocupada por la moda, interpretada por Audrey Hepburn, y trata de convertirla en una gran modelo, hasta que surja el amor. Será la segunda y última vez en la que Donen dirija a Astaire, y la primera en la que trabaje con la Hepburn:

En 1957 estrena dos películas más: “Juego de pijamas”, con Doris Day, y “Bésalas por mí”, primera colaboración con Cary Grant. A continuación, Donen funda junto a Cary Grant su propia productora, “Stanley Donen productions”, siendo su primera película la genial “Indiscreta”, comedia romántica protagonizada por Cary Grant y la recién retornada a Hollywood Ingrid Bergman, poco asidua a la comedia, en una brillante película digna de ser mucho más recordada:

 

La película es un éxito que convierte a Donen en uno de los reyes de la comedia. Tras dirigir dos películas protagonizadas por Yul Brynner, “Volverás a mí” y “Una rubia para un gangster”, se traslada por unos años a Gran Bretaña, donde rodará la genial comedia “Página en blanco”, con música de Noël Coward, a quien había dirigido en “Una rubia para un gangster”, y un reparto de lujo formado por Cary Grant, Deborah Kerr, Jean Simmons y Robert Mitchum, en una magnífica historia de cuadriláteros amorosos:

 

Con joyas así, como para no ser el nuevo rey de la comedia. 

El traslado de Donen a Londres se debió a su tercer matrimonio, con Adelle, Condesa de Beatty, con la que permanecerá hasta 1969, divorciándose en 1971. Con ella tuvo un hijo, Mark, en 1962. 

Su siguiente película, estrenada en 1963, es la genial “Charada”, mezcla de intriga (Donen quería hacer una película del estilo de Hitchcock) y comedia protagonizada por Cary Grant, Audrey Hepburn y Walter Matthau, que se convertirá en otra de sus películas más famosas, gracias a escenas como la del baile o la de Cary Grant duchándose con el traje puesto, que la convierten en la película comercialmente más exitosa de Donen:

Stanley Donen repite combinación de intriga y comedia en su siguiente film, “Arabesco”, estrenado con gran éxito en 1966 y protagonizado por Gregory Peck y Sophia Loren: 

En 1967 estrena la comedia dramática “Dos en la carretera”, amarga historia contada en blash-backs de los 4 viajes por el sur de Francia de una pareja, formada por Audrey Hepburn y Albert Finney, a lo largo de 12 años, desde que se conocen hasta que su matrimonio está a punto de romperse, inspirándose sin duda en sus propias experiencias al respecto:

La película no fue un gran éxito en su momento, aunque a día de hoy sea considerada una de sus obras maestras. 

En 1969 estrena una de sus películas más peculiares, “La escalera”, que cuenta la historia de una pareja gay formada por Rex Harrison y Richard Burton, en una época en la que ese era un tema tabú en el cine, por lo que, de nuevo, la película es más apreciada en la actualidad que durante el estreno, que casi podría calificarse de fracaso:

Tras su divorcio, Stanley Donen regresa a Hollywood y se casa por cuarta vez, en 1972, con la actriz Yvette Mimieux, de la que se divorcia en 1985. 

El productor Robert Evans le propone a su regreso dirigir una adaptación del célebre cuento “El principito”, para el que cuenta con música escrita por Frederick Loewe (el compositor de “My fair Lady”), y Donen estrena la película en 1974. En el reparto, Gene Wilder y Bob Fosse, interpretando a la serpiente y coreografiando él mismo su baile:

La película fue un fracaso, como lo será también la siguiente, “Los aventureros de Lucky Lady”, protagonizada por Liza Minnelli y Gene Hackman.  No tendrá mejor suerte con su incursión en la ciencia ficción en “Saturno 3”, protagonizada por Kirk Douglas, Harvey Keitel y Farrah Fawcett:

Su última película fue la comedia “Lío en Rio”, protagonizada por Michael Caine y una jovencita Demi Moore, que fue un fracaso de crítica pero, al menos, no funcionó tan mal entre el público:

Posteriormente, Donen trabaja tanto en televisión como en teatro. En 1990 se casa por quinta vez, Pamela Braden, divorciándose en 1994. 

Sin nominaciones al Oscar, la Academia decide “arreglar” uno de sus mayores errores, dándole un Oscar honorífico, que le entregó Martin Scorsese, y que recogió cantando y bailando el “Cheek to cheek” que inmortalizara Fred Astaire en “Sombrero de copa”. Viendo su “discurso” de agradecimiento, sólo queda decir dos cosas: ya no hay galas de los Oscars como las de antes, y quien no se emocione con esto no sabe lo que es amar el cine:

Todavía en 1999 dirigió una película para la televisión, “Cartas de amor”, y continuó trabajando en Broadway. Desde los años 70 no conseguía alcanzar el éxito, quizá porque su forma de hacer cine, de entender el cine, no se ajustaba a los gustos de la época, y él no se adaptaba a los nuevos estilos. Y, pese a todo, continuaba trabajando en nuevos proyectos. Y todavía quiso casarse una nueva vez, con su pareja la escritora Elaine May, con la que vivió desde 1999 hasta su muerte. Finalmente, un infarto acababa con su vida a los 94 años en Nueva York el 21 de febrero. 

Admirado por muchísimos directores más jóvenes, Stanley Donen combinaba un inusual talento técnico a la hora de filmar con una exquisita habilidad para el musical y la comedia, regalándonos algunas de las películas más memorables de los años 50 y 60. Con su muerte concluye una era, ese Hollywood dorado que algunos tanto añoramos, porque viendo sus películas nos damos cuenta de que ya no se hace cine como el de antes. Porque hay que ser muy, muy, muy grande para hacer semejante cantidad de obras maestras en apenas 20 años. Y Donen era, y siempre fue, muy, muy, muy grande. 

In Memoriam: Albert Finney (07-02-2019)

“Un hombre cuenta sus historias tantas veces que al final él mismo se convierte en esas historias. Siguen viviendo cuando él ya no está. De esta forma, el hombre se hace inmortal.” El genial Tim Burton remataba con esta magnífica frase una de sus obras maestras, “Big Fish”, haciendo referencia a las historias sobre su vida que se inventaba el protagonista, Will Bloom, interpretado por un entrañable Albert Finney. Hace pocos días nos enterábamos de que Finney nos había dejado; se había convertido en inmortal a través de sus películas, por lo que repasamos a continuación su carrera. 

Albert Finney Jr. nació el 9 de mayo de 1936 en Pendleton, en el Gran Manchester, en el seno de una familia de poco nivel adquisitivo, que le impidió poder acceder a la Universidad. Pero pudo inscribirse en la Royal Academy of Dramatic Art, de la que se graduaría en 1956. Trabajó en diversas obras de teatro y en 1957 se casó por primera vez, con la actriz Jane Wenham, casi 9 años mayor que él, con la que tuvo a su único hijo, Simon, que trabajó como camarógrafo. 

Miembro de la Royal Shakespeare Company, interpretó en escena numerosas obras teatrales dicho autor, si bien su debut en Londres tuvo lugar en 1958 estrenando “The party”, obra de Jane Arden que dirigía y protagonizaba Charles Laughton junto a su mujer Elsa Lanchester. En 1959 llega a sustituir a un indispuesto Laurence Olivier en “Coriolano” de Shakespeare. 

Su debut en el cine tiene lugar en 1960 con un papel secundario en “El animador” de Tony Richardson, protagonizada por Laurence Olivier. Pero será ese mismo año cuando destaque por su segundo papel en cine, “Sábado noche, domingo mañana” de Karel Reisz, en la que interpreta a un frustrado trabajador que sólo busca divertirse los fines de semana y que se ven encerrado entre dos amores, papel que le convertirá en uno de los grandes iconos de “Free cinema” inglés de la época:

Gracias a este papel Albert Finney gana su primer BAFTA, como actor revelación, estando nominado además como mejor actor inglés. 

En 1962 es elegido, tras una dura prueba de casting de 4 días, para protagonizar la superproducción “Lawrence de Arabia” de David Lean, pero finalmente rechaza el papel al no querer atarse en un contrato de larga duración con el productor Sam Spiegel. Pero no tardó en alcanzar la fama, al protagonizar en 1963 la adaptación que Tony Richardson, director estrella del Free cinema, realizó de la novela de Henry Fielding “Tom Jones”, a modo de comedia de aventuras sobre un libertino en la Inglaterra del siglo XVIII. La película fue un gran éxito, ganando 4 Oscars, incluyendo mejor película y director, y consiguiendo Finney su primera nominación como actor, además de las nominaciones al BAFTA y al Globo de Oro, la copa Volpi de Venecia y el Globo de Oro a mejor estrella revelación:

En 1964 repite a las órdenes de Karel Reisz en otro de los grandes exponentes del Free cinema inglés de la época, “Night must fall”, en este caso un thriller:

En 1967 dirige su única película, “Charlie Bubbles”, comedia dramática que también protagoniza junto a Liza Minnelli, en la que intenta recuperar su relación con su esposa y su hijo:

Ese mismo año protagoniza una de sus películas más memorables, la genial “Dos en la carretera”, dirigida por Stanley Donen, comedia dramática que cuenta los diferentes viajes por Francia de una pareja, que forma junto a Audrey Hepburn, en diferentes momentos de su relación, desde que conocen hasta los momentos de crisis:

Pero los intereses de Albert Finney pasan más por el teatro que por el cine, por lo que su trabajo en la gran pantalla es en general poco relevante. Una de las excepciones vendrá en 1970 con su Ebenezer Scrooge en “Muchas gracias, Mr. Scrooge”, adaptación musical de la famosa novela de Charles Dickens “Cuento de navidad”, interpretación por la que gana un Globo de Oro como mejor actor de comedia o musical, de la que escuchamos la canción “I hate people”:

Divorciado desde 1961, en 1870 se casa con la actriz Anouk Aimée, de quien se divorciará en 1978.

El otro gran papel de Albert Finney en los años 70 será su histriónico Hercules Poirot (según él, se inspiró en la forma de interpretar de Charles Laughton” en la magistral “Asesinato en el Orient Express”, dirigida por Sidney Lumet y con un extenso reparto de auténtico lujo:

Por este papel recibe su segunda nominación al Oscar. Pero, pese al éxito, Finney se niega a repetir el papel en “Muerte en el Nilo”, al no quere aguantar el maquillaje en las altas temperaturas del país africano. Por ello, en lo que queda de década apenas trabaja en cine, salvo un papel secundario en “Los duelistas” de Ridley Scott. 

Albert Finney regresa a las pantallas en 1981 con tres thrillers no especialmente relevantes. Más relevantes son sus películas de 1982: por un lado, el drama “Después del amor”, dirigido por Alan Parker y junto a Diane Keaton, interpretando de nuevo a una pareja en crisis:

Su otro gran éxito ese año es el musical “Annie”, dirigido por John Huston, en el que volvemos a escucharle cantar, en este caso junto a Carol Burnett:

De vuelta a la primera plana cinematográfica, en 1983 protagoniza “La sombra del actor”, de Peter Yates, acompañado de Tom Courtenay, drama ambientado en el teatro que le vale su tercera nominación al Oscar: 

En 1984 repite a las órdenes de John Huston en “Bajo el volcán”, drama que nos cuenta la historia del cónsul británico en México, alcohólico en una espiral de autodestrucción, junto a Jacqueline Bisset, que le valdrá su cuarta nominación al Oscar:

Su carrera a partir de esta época se orienta fundamentalmente a la televisión. Su siguiente papel cinematográfico relevante será el gangster Leo en “Muerte entre las flores” de Joel Coen:

En 1994 protagoniza “La versión Browning”, en la que interpreta a un profesor de literatura de un internado británico cuya esposa, Greta Gerwig, le es infiel con Matthew Modine, un joven profesor de ciencias mucho más popular entre los alumnos:

Papeles televisivos y alguna película menor le llevan a su vuelta a la primera plana en el año 2000, cuando Steven Soderberg le recupera para interpretar al jefe del bufete de abogados que contrata a Julia Roberts, la protagonista de “Erin Brockovich”:

Su genial interpretación de un personaje duro pero en el fondo entrañable le valió su quinta ý última nominación al Oscar, en este caso en la categoría de actor secundario. En todo caso, nunca ganó el premio, ni se le dio un merecidísimo Oscar honorífico. 

En el año 2003, Tim Burton le regaló el papel bombón del anciamo Will Bloom (interpretado en su versión joven por un espléndido Ewan McGregor) en una historia plagada de fantasía y con uno de los finales memorables del cine del siglo XXI:

Pese a una incomprensible ausencia en los Oscars, este es probablemente el papel por el que será más recordado Albert Finney. El mismo Tim Burton vuelve a contar con él para prestar su voz a uno de los personajes de su película de animación “La novia cadáver”, en concreto el del padre de la mujer con la que va a casarse el protagonista:

Albert Finney vuelve a colaborar con los directores con los que había trabajado previamente. Así, realiza un cameo en “Ocean’s Twelve” bajo las órdenes de Steven Soderbergh. Y en 2006 Ridley Scott le ofrece otro entrañable papel, como el anciano tío del protagonista, interpretado en su fase infantil por Freddie Highmore y en la adulta por Russell Crowe:

En el año 2007 participa en “El ultimatum de Bourne” y protagoniza junto a Philip Seymour Hoffman y Ethan Hawke la genial “Antes que el diablo sepa que has muerto”, drama dirigido por Sidney Lumet en el que interpreta al padre de los protagonistas, que perpetran un crimen contra su propia familia:

Albert Finney permaneció a continuación varios años desaparecido del cine. Se había casado, por tercera vez, en 2006 con la agente de viajes Penelope Delmage. Lo que no se supo hasta años después es que en 2007 se le diagnosticó un cáncer renal que requirió de cirugía y quimioterapia. Ya recuperado, en 2012 regresó brevemente al cine, primero en la nueva entrega de la saga Bourne, “El legado de Bourne”, y luego con un breve papel en “Skyfall”, de la saga Bond. Retirado definitivamente del cine, por desgracia para sus numerosos fans, apenas se tuvo más noticias de él hasta su muerte el pasado 8 de febrero, a los 82 años. 

Albert Finney era un actor muy querido por el público, en especial gracias a sus últimos papeles, lo que para muchos hace imperdonable que la Academia de Hollywood no le recompensara con un Oscar honorífico su vacío en los premios. Con él se nos va un enorme actor y uno de los últimos exponentes de la magnífica hornada de actores ingleses que invadieron Hollywood a finales de los 50 y en los años 60. 

Centenario del nacimiento de William Holden (17-04-2018)


Polifacético, prolífico, son adjetivos que encajan a la perfección con William Holden, un actor demasiado joven para formar parte del Hollywood dorado, al que llegó a muy temprana edad, y que supo extender esa forma de entender la interpretación décadas después. Un magnífico actor del que se celebra su centenario.




El verdadero nombre de William Holden era William Franklin Beedle Jr., y nació en la localidad de O’Fallon, al sur de Illinois, el 17 de abril de 1918, en el seno de una familia acomodada que tendría dos hijos más. En 1921 se trasladan a Pasadena, California, en cuyo instituto comenzará a trabajar como actor radiofónico. Estando en California, sólo había un pasito más para debutar en Hollywood, cosa que Beedle hace en 1938, aunque sin acreditar, Su nombre artístico iba a ser Bill Beedle, pero un asistente de director de Columbia le sugirió el nombre de William Holden, usando el apellido de la ex-esposa de ese asistente. Y así debuta ya de forma acreditada en “Sueño dorado”, de Rouben Mamoulian, interpretando a un joven violinista que se dedica al boxeo para ganar dinero y complacer a su ambiciosa amada, Barbara Stanwyck, frente al disgusto de su padre, Lee J. Cobb:

William Holden apenas tenía 20 años, y Barbara Stanwyck se encargó de impulsar su carrera, viendo el gran talento del joven. Ambos mantendrían una estrecha amistad de por vida. Por otro lado, Holden será conocido como “Golden Boy”, “chico dorado”, en alusión al título original del film.

Su siguiente papel reseñable será en 1940 en “Sinfonía de la vida”, melodrama de Sam Wood en el que se enamora de su vecina de al lado, Martha Scott (debutante en el cine y bastante mayor que él, pero quien había interpretado el papel en teatro), mientras la historia costumbrista nos presenta también a sus padres, Thomas Mitchell y Fay Bainter:

Por desgracia, las productoras para las que trabaja, Columbia y Paramount, no le ofrecen grandes papeles, así que tras casarse en 1941 con la actriz Brenda Marshall (con la que tendrá dos hijos, además de adoptar a la hija que ya tenía previamente la actriz), servirá en las Fuerzas Armadas durante la guerra, en la que morirá su hermano Robert. Tras la guerra, su papel más interesante será en el film negro “Cerco de odio”, de Rudolph Maté, de nuevo junto a Lee J. Cobb. Hasta que surja su gran oportunidad en 1950.

El gran Billy Wilder ha escrito una historia ambientada en el mundo del cine, con una apagada estrella de cine mudo y un ambicioso guionista, mucho más joven, aprovechándose de ella a modo de Gigolo. Wilder quiere a Montgomery Clift para el papel protagonista, pero éste lo rechaza, al considerarlo demasiado similar a su anterior papel en “La heredera”, temiendo ser encasillado. El papel recae entonces en el casi olvidado William Holden, que tendrá que enfrentarse a la estrella de cine mudo Gloria Swanson en una de las mejores películas de la historia, la mítica “El crepúsculo de los dioses”:

Pese a la soberbia actuación de la Swanson, he de decir que en mi opinión lo mejor de la película es precisamente la interpretación de Holden, que se vio recompensado con su primera nominación al Oscar y un nuevo impulso a su carrera, ya imparable.

Su siguiente papel, de nuevo en 1950, es en la comedia “Nacida ayer”, de George Cukor, en la que interpreta al periodista que tiene que “educar” a Judy Holliday, la novia del mafioso Broderick Crawford, para terminar enamorándose de ella:

Curiosamente, Judy Holliday le arrebatará el Oscar que tenía casi asegurado Gloria Swanson.

En 1952 es el padrino de la boda de Ronald Reagan y Nancy Davis, ya que es un gran amigo del futuro presidente de Estados Unidos. De aquí se deduce que Holden era republicano, si bien él nunca hará ningún comentario público con respecto a sus opiniones políticas.

William Holden participa a continuación en diversos films bélicos antes de regresar a la comedia en 1953 con “Por siempre mujer”, donde comparte protagonismo con Ginger Rogers:

Ese mismo año protagoniza otra comedia, “La luna es azul”, de Otto Preminger, en la que se enamora de Maggie McNamara frente a los celos de su vecino David Niven:

Ese mismo año protagoniza el western “Fort Bravo”, de John Sturges, junto a Eleanor Parker:

Pero si destaca en una película de 1953, esa será “Traidor en el infierno”, de nuevo a las órdenes de Billy Wilder, en la que interpreta uno de esos personajes cínicos y ambiguos que tan bien se le darán, en un campo de prisioneros nazi en el que hay un traidor al que hay que descubrir:

Si con su primera colaboración con Billy Wilder se llevó su primera nominación al Oscar, con esta segunda se lleva la segunda nominación y, por fin, el preciado premio al mejor actor:

Y Billy Wilder no tendrá mejor idea para su siguiente película que unir a los dos ganadores del Oscar de 1953, William Holden y Audrey Hepburn, junto a Humphrey Bogart en su nueva comedia romántica, “Sabrina”, en la que dos hermanos se enamoran de la hija del chófer de la familia:

Al parecer, durante el rodaje se produjo un romance entre ambos, pero ella le terminará rechazando por su deseo de formar una familia, algo imposible con Holden ya que éste afirmaba haberse hecho una vasectomía.

Pero 1954 es otro año tremendamente productivo en su carrera. Es uno de los protagonistas de la coral “La torre de los ambiciosos”, en la que un grupo de personas se pelean por ocupar el puesto del fallecido director de una empresa, junto a Barbara Stanwyck, Fredric March, Walter Pidgeon o June Allyson, que interpreta a su esposa:

Y trabaja en dos ocasiones junto a Grace Kelly. Una de las películas que rodarán juntos es “La angustia de vivir”, en la que ambos, él como amigo y ella como esposa, intentarán ayudar al alcohólico Bing Crosby, en una película que le valió a Grace Kelly el Oscar a mejor actriz:

Y la otra será la bélica “Los puentes de Toko-Ri”, ambientada en la guerra de Corea, en la que Grace Kelly interpreta a su esposa y está acompañado por Fredric March y Mickey Rooney:

En 1955 protagonizará dos sendos melodramas románticos. El primero, “La colina del adiós” de Henry King, en la que interpreta a un corresponsal de guerra que, en la guerra de Corea, se enamora de una enfermera asiática, interpretada por Jennifer Jones, en un amor interracial muy problemático:

La otra será “Picnic”, de Joshua Logan, en la que interpreta a un trotamundos que se enamora de la chica más guapa del pueblo al que acaba de llegar, interpretada por Kim Novak:

Siguiendo en el cine bélico que tanto frecuentará, en 1957 es uno de los protagonistas de la mítica “El puente sobre el río Kwai” de David Lean, en la que es el líder de la expedición que intenta volar el puente en cuestión, construido por un prisionero Alec Guinness que estará demasiado orgulloso de su trabajo:

En 1959 protagoniza junto a John Wayne el western de John Ford “Misión de audaces”, ambientado en la Guerra de Secesión, en la que Holden interpreta a un médico demasiado amable para el rudo John Wayne:

Ese mismo año establece en Kenia una reserva para la conservación de la fauna salvaje que todavía sigue en funcionamiento, destacando su labor en la conservación del críticamente amenazado antílope Bongo del Este. Esta pasión por la fauna salvaje la demostrará en el cine en 1961 con la película “El león”, que protagoniza junto a Capuccine, actriz con la que tendrá un romance.

Ese mismo año protagoniza “Satán nunca duerme”, drama de Leo McCarey en el que viaja como misionero a China para sustituir al anciano Clifton Webb, enfrentándose a los peligros del avance comunista:

El ritmo de trabajo de William Holden se va ralentizando en estos años, teniendo cada vez menos contratos y, en general, menos interesantes, en especial tras el fracaso de su nueva película junto a Audrey Hepburn, “Encuentro en París”, de 1964:

El western será quizá el género en el que mejor sobreviva durante esos años difíciles, destacando su trabajo como protagonista en “Alvarez Kelly”, de 1966, en la que interpreta a un mercader de ganado que se enfrenta al confederado Richard Widmark para poder llevar el ganado a los Yanquis que le han contratado:

Pero 1966 es un año trágico: William Holden tiene una casa en Suiza y pasa largas temporadas en Europa. Ese año, mientras conduce a gran velocidad por una autopista italiana, bajo los efectos del alcohol, al que es adicto, tiene un accidente que provoca la muerte del conductor del vehículo contra el que choca. La condena fue anulada, pero el suceso le traumatizaría de por vida.

Su recuperación para el cine vendrá en 1969 al protagonizar el western de Sam Peckinpah “Grupo salvaje” junto a Robert Ryan y Ernest Borgnine:

En 1971 protagoniza junto a Ryan O’Neal el western cómico de Blake Edwards “Dos hombres contra el oeste”:

Ese mismo año se divorcia de su esposa Brenda Marshall, para comenzar al año siguiente una relación con la actriz Stefanie Powers, con la que permanecerá hasta su muerte.

William Holden realiza algún otro western siguiendo la estela de la exitosa “Grupo salvaje”, antes de trabajar a las órdenes de Clint Eastwood en el drama “Primavera en otoño”, en la que interpreta a un hombre maduro que se enamora de una joven Hippie:

En 1974 interpreta al constructor del monumental rascacielos en “El coloso en llamas”, en medio de un reparto de lujo encabezado por Paul Newman y Steve McQueen:

En 1976 interpreta al productor televisivo de “Network”, de Sidney Lumet, que tiene que hacer frente a la amenaza que profiere en directo su amigo el presentador Peter Finch de suicidarse en directo a causa de su despido:

William Holden recibirá una tercera y última nominación al Oscar por esta película, pero el premio irá a parar, de forma póstuma, a su compañero de reparto Peter Finch.

En 1978, además de protagonizar la secuela de “La profecía”, trabaja con Billy Wilder por última vez en “Fedora”, drama de cine dentro del cine, en el que interpreta a un productor cinematográfico que intenta recuperar para el cine a una vieja estrella que vive oculta del mundo:

En 1980 regresa al cine de catástrofes, con peor resultado que “El coloso en llamas”, en “El día del fin del mundo”, en la que trabajará de nuevo junto a Paul Newman, en esta ocasión en una isla paradisíaca amenazada por la erupción de un volcán:

Su última película será en 1981, “S.O.B.”, de Blake Edwards, de nuevo ambientada en el mundo del cine junto a Julie Andrews.

William Holden llevaba años padeciendo alcoholismo. El 16 de noviembre de 1981, su cuerpo fue encontrado sin vida en su apartamento de Santa Monica. Al parecer, había muerto 4 días antes, el día 12, desangrado tras abrirse la frente contra la mesilla de su habitación, golpeándose la cabeza a causa de un tropezón con la alfombra. La autopsia reveló que Holden habría permanecido consciente algún tiempo tras el accidente, pero por algún motivo (¿estaba demasiado borracho?) no fue capaz de coger el teléfono y avisar a los servicios de emergencias. También se plantearon sospechas de complot o de suicidio que nunca serían demostradas. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas esparcidas por el Océano Pacífico.

William Holden tenía sólo 63 años cuando nos dejó, pero su inmenso legado de en torno a 70 películas nos muestra a un actor capaz de desenvolverse con gran soltura en cualquier género, un actor “de los de antes”, lejos de histrionismos y de la moda del Actor’s studio, que nos regaló una gran cantidad de magníficos papeles por los que merece ser recordado.



50 años de la muerte de Fay Bainter (16-04-2018)


Ya hemos hablado en anteriores ocasiones de grandes estrellas de los años dorados de Hollywood que con los años han caído en el olvido. Esto es aún más remarcable entre esos grandes intérpretes especializados en papeles secundarios, y en un mundo tan machista como el de Hollywood, ser actriz y secundaria es un pecado que parece llevar adosada una damnatio memoriae eterna. Hoy vamos a intentar rescatar del olvido a una magnífica actriz secundaria del Hollywood dorado, aprovechando el 50 aniversario de su muerte: la actriz Fay Bainter.




Fay Okell Bainter nació el 7 de diciembre de 1893 en Los Angeles. Desde temprana edad se interesará en la interpretación: debuta en teatro en su California natal ya en 1908. En 1910 se enrola en una compañía itinerante y en 1912 debuta por fin en Broadway, donde con los años alcanzará una gran fama, dado su enorme talento.

El 8 de junio de 1921 se casa con Reginald Venable, oficial de la Marina americana, con quien permanecerá hasta su muerte en 1964. Tendrán un único hijo, también llamado Reginald, en 1926, que también será actor.

En vista de su éxito, en 1933, la MGM la convence para debutar en el cine, cosa que hará en febrero de 1934 con “The side of heaven”. Pero no volverá a Hollywood hasta 1937, año en el que estrenará varias películas, de entre las que destaca “Olivia”, de George Stevens, comedia de época en la que interpreta a la inocente hermana mayor de Katherine Hepburn, mujer astuta capaz de inventarse la existencia de una sobrina para poder seducir a su amado Franchot Tone:

Pero será en 1938 cuando alcance el éxito, gracias a dos papeles que la convertirán en la primera intérprete nominada al Oscar por dos papeles en un mismo año. El primero será como actriz protagonista, por “White Banners”, de Edmund Goulding, en la que interpreta a una criada que entra al servicio de una rica familia, encabezada por Claude Rains, pero que en realidad busca en secreto encontrar a su hijo secreto:

La segunda nominación será como mejor secundaria, por la genial “Jezabel” de William Wyler, en la que interpreta a la madre de Bette Davis, la única que intenta, fallidamente, hacerle entrar en razón y comprender que no puede hacer cualquier cosa con tal de recuperar el amor de Henry Fonda:

Y será por este papel por el que gane el Oscar.

Pese a haber sido nominada como mejor actriz protagonista, sus papeles posteriores van a ser a menudo de madre. Así será en 1940 en “El joven Edison”, interpretando a la madre del joven inventor, papel a cargo del genial Mickey Rooney:

También en 1940 será la madre de un jovencito William Holden (y la esposa de Thomas Mitchell) en esa mezcla de comedia costumbrista y melodrama dramático que es “Sinfonía de la vida”, adaptación de la premiada obra teatral de Thorton Wilde que dirige Sam Wood y que supone el debut cinematográfico de quien había sido la protagonista teatral, Martha Scott:

Tras participar en 1941 en el musical “Chicos de Broadway”, en 1942 trabaja en la primera película en la que trabajan juntos Katherine Hepburn y Spencer Tracy, “La mujer del año”, de George Stevens, en la que interpreta a una feminista. Y en 1943 repite como madre de Mickey Rooney en “La comedia humana”, drama (pese a lo que diga el título) dirigido por Clarence Brown:

En 1944 participa en el film negro “Aguas turbias”, interpretando a la tía de la protagonista, Merle Oberon. Y en 1945 es la madre de Jeanne Crain y Dick Haymes, y la esposa de Charles Winninger en “La feria del estado” adaptación musical de la película de 1933 “State fair” que componen directamente para el cine Richard Rodgers y Oscar Hammerstein, y en la que, curiosamente, ni Jeanne Crain ni Dana Andrews, los protagonistas, cantan ninguna de sus canciones, mientras que Fay Bainter (y otros, como Donald Meek o el ya mencionado Charles Winninger) sí que cantan sus pequeñas intervenciones:

En 1946 participa en el western “El virginiano” y comparte pantalla por primera vez con Danny Kaye en “El asombro de Broocklyn”, repitiendo con el mismo actor en 1947 en “La vida secreta de Walter Mitty”, en la que interpreta, como no, a su madre:

Fay Bainter apenas trabaja más en cine. En 1951 tiene un magnífico papel en “Cerca de mi corazón”, interpretando a la cariñosa pero firme directora del centro de adopción al que acude la pareja formada por Ray Milland y Gene Tierney en busca de un niño al que adoptar. Y en 1953 interpreta a la madre de Susan Hayward, que interpreta a la esposa del presidente Andrew Jackson, interpretado por Charlton Heston, en “La dama marcada”. Y tendrá un último papel en 1961 en el magnífico drama de William Wyler “La calumnia”, interpretando a la abuela (ya subimos de categoría) de la niña que acusa a dos profesoras, Shirley McLaine y Audrey Hepburn, de tener una escandalosa relación:

Fay Bainter, que había tenido dos nominaciones al Oscar en 1938, en los inicios de su carrera, tiene su tercera nominación por su última película. Su inmenso talento queda fuera de cualquier duda, pese a una filmografía no muy extensa y, a menudo, olvidada.

Apenas una aparición televisiva en 1962 en el Show de Donna Reed marcan su desaparición de la vida pública. Viuda desde 1964, sucumbe a una neumonía el 16 de abril de 1968 en Los Angeles, a los 74 años. Dado que su esposo era militar, ella fue enterrada a su lado en el Cementerio Nacional de Arlington.

Su nombre está casi completamente olvidado hoy día, pero Fay Bainter es una de esas actrices que llevaban la profesión en la sangre, que no buscaban fama, dinero o gloria, que eran actrices por profesión y por vocación, sin ningún adorno. Y fue su enorme talento el que le ayudó a sobrevivir y a hacerse un pequeño hueco en la memoria de algunos cinéfilos que recuerdan algunas de sus magníficas interpretaciones.



25 años de la muerte de Audrey Hepburn (20-01-2018)


Prototipo de moda y glamour femenino, una delas actrices más famosas (y con más talento) de su época, su personalidad no iba muy acorde con ese estilo ostentoso al que se le asocia, retirándose tempranamente del mundo del cine para atender a sus funciones como Embajadora de UNICEF. Hoy hace 25 años que nos dejaba una enorme actriz y, al parecer, una mejor persona, la bellísima Audrey Hepburn.




El nombre de nacimiento de Audrey Hepburn era Audrey Kathleen Ruston, y nació en el barrio de Ixelles, en Bruselas, el 4 de mayo de 1929. Su madre era la holandesa Baronesa Ella van Heemstra, que tenía dos hijos de un matrimonio previo, Hendrik e Ian. Su padre era el inglés Victor Anthony Ruston, que años después incorporará al nombre familiar el apellido de su abuela, Hepburn, del que sale su nombre artístico.

Audrey Hepburn pasó su infancia entre Bélgica, Holanda y Londres, lo que le permite aprender inglés y holandés, además de francés, italiano y español.

En los años 30, sus padres se envuelven en movimientos fascistas. Finalmente, en 1935, su padre abandona a la familia y se muda a Londres, donde se envuelve en mayor grado en actividades fascistas, divorciándose en 1938, lo que traumatiza a Audrey, que por esa época, está estudiando en Inglaterra,y no tendrá contacto con su padre de nuevo hasta 1960.

Con el estallido de la II Guerra Mundial, Audrey Hepburn regresa con su madre, que se establece en la residencia familiar de Arnhem, Holanda, esperando que el país permanezca neutral, pero se equivoca, y Holanda es invadida por los Nazis. Su madre la llama Edda para sustituir su nombre inglés y evitarle problemas. Su adolescencia durante la Guerra resulta traumática: ve con sus propios ojos las deportaciones de judíos y las ejecuciones, entre cuyas víctimas se encuentran familiares, como su tío, militante de la resistencia. De hecho, Audrey se sentirá identificada con Anna Frank, ya que ambas tenían la misma edad.

Tras el desembarco de Normandía, la situación empeora, y Audrey sufre malnutrición, que desemboca en otros problemas de salud, como anemia y problemas respiratorios. Además, cuando termina la Guerra, la fortuna de su familia materna ha desaparecido, y su madre comienza a trabajar para poder pagarle las lecciones de ballet a su hija, primero en Amsterdan y, desde 1948, en Londres. Pero sus problemas de malnutrición presagian que no podrá desarrollar una carrera como bailarina, y los problemas económicos le hacen necesario empezar a trabajar, así que cambia de interés hacia la interpretación, trabajando en teatro y en pequeños papeles cinematográficos, además de recibir lecciones de locución con el actor Felix Aylmer. Finalmente, en 1952, tiene su primer papel cinematográfico destacable en “Secret people”, en la que Audrey rueda sus escenas de baile:

Poco después, se desplaza a América para protagonizar en Broadway el musical “Gigi”. Y, estando en Estados Unidos, realiza una prueba para protagonizar la película “Vacaciones en Roma”. Se supone que la protagonista va a ser Elizabeth Taylor, pero cuando Wiliam Wyler ve la prueba de cámara de Audrey, se queda impresionado, y descubre a la perfecta Princesa, Ana, que se escapa con un periodista americano, interpretado por Gregory Peck, del que termina enamorándose:

El resto ya es historia. Audrey Hepburn se convierte de la noche a la mañana en una estrella, y además gana el Oscar a Mejor Actriz con su primera película en Hollywood (y su primer papel protagonista en cine), junto con el BAFTA y el Globo de Oro:

Volverá a estar nominada 4 veces al Oscar, pero no lo ganará de nuevo.

El contrato que ha firmado con la Paramount le obliga a filmar una única película al año, así que puede dedicar el resto de su tiempo al teatro, ganando ese mismo año (1954; recordemos que los Oscars de las películas de 1953 se entregan en 1954) el premio Tony por su trabajo en “Ondine”, en la que comparte escenario con Mel Ferrer, con quien se casará ese mismo año (pese a los 12 años de edad que se llevan).

Su siguiente película será a las órdenes de otro gran director, en este caso Billy Wilder, para quien protagoniza “Sabrina”, comedia romántica en la que dos hermanos de una rica familia (Humphrey Bogart y William Holden) se disputan el amor de la bella hija del chofer de la familia, personaje que interpreta Audrey:

Además de conseguir una nueva nominación al Oscar y de ganar el BAFTA, esta película le sirve a Audrey Hepburn para conocer al modisto Hubert de Givenchy, a quien será fiel el resto de su carrera. Además, durante el rodaje mantendrá un romance con William Holden.

Su siguiente papel es el de la Condesa Natasha Rostova en la adaptación de la obra de Leo Tolstoy “Guerra y Paz” que dirige King Vidor, en la que compartirá rodaje con su marido Mel Ferrer y con el gran Henry Fonda (Audrey solía estar emparejada en pantalla con actores mucho mayores que ella, que podrían ser su padre como mínimo). El rodaje de la película, de enormes dimensiones, se extiende en el tiempo y al final se estrena en 1956:

Audrey Hepburn resulta siempre encantadora en pantalla, y eso la convierte en la pareja ideal para Fred Astaire en “Una cara con ángel”, libre adaptación del musical de los hermanos Gershwin, que dirige Stanley Donen. A Audrey le hace especial ilusión participar en esta película y poder bailar con un mito como Astaire:

Esta película se estrena en 1957, mismo año en el que repite bajo las órdenes de Billy Wilder en una película menor de la filmografía del gran director y guionista austriaco, “Ariane”, en la que compartirá pantalla con Maurice Chevalier, que interpreta a su padre, y Gary Cooper, otra de esas parejas que le duplica en edad:

Su siguiente película será otra superproducción que tardará dos años en estrenarse, en 1959: “Historia de una monja”, de Fred Zinnemann, en la que interpreta a una monja dedicada a la medicina tropical que sufre constantes problemas de vocación, rechazando al enamorado doctor con el que trabaja, interpretado por Peter Finch, para terminar renunciando al monacato durante la II Guerra Mundial. Algunos aspectos del personaje le hacen sentirse identificada con él (su personaje renuncia a ser monja por no poder mantener la neutralidad hacia los nazis que han asesinado a su familia, algo que a ella también le había sucedido en la vida real) convierten este papel en uno de sus favoritos y más logrados de toda su filmografía:

Por este papel, Audrey Hepburn recibe su tercena nominación al Oscar, además de ganar su segundo BAFTA. No elige igual de bien su siguiente papel, en la película “Mansiones verdes”, que dirige su marido Mel Ferrer, en la que interpreta a una misteriosa mujer que vive en lo profundo de la selva sudamericana, a la que busca el aventurero Anthony Perkins:

Repite error al acepar rodar el western “Los que no perdonan”, que dirige John Huston, interpretando a la hija adoptada de una familia que se descubre que es en realidad una india, provocando el rechazo del resto de la comunidad, siendo defendida apenas por su hermanastro Burt Lancaster, que está enamorado de ella. Audrey sufrió un accidente montando a caballo durante el rodaje que le rompió la espalda y le provocó un aborto; el rodaje se detuvo hasta su recuperación, pero la película, estrenada en 1960,  resultó un fracaso:

Tras el traumático rodaje, Audrey Hepburn se toma un año de descanso, durante el que tiene a su primer hijo, Sean, en 1960.

Tras esta pausa, su retorno al cine no podía haber sido más a lo grande: se necesitaba a una actriz para interpretar a Holly Golightly, la protagonista de “Desayuno con diamantes” de Truman Capote. El escritor quería a Marilyn Monroe, pero ésta buscaba alejarse de esos personajes de mujer tonta que había interpretado hasta entonces, y el papel recayó en Audrey, que obligó a realizar modificaciones en el guión, suprimiendo la bisexualidad de Holly y reduciendo al máximo las menciones a su prostitución. La película, tras no poder ser realizada ni por William Wyler ni por Billy Wilder, ambos directores con los que Audrey ya había trabajado (una lástima, cualquiera de ellos habría hecho maravillas), fue dirigida por Blake Edwards y co-protagonizada por George Peppard. Pero si algo destaca de esta maravillosa película es la partitura que realiza Henry Mancini, en especial esa bellísima “Moon river” que compone adaptada a la pequeña extensión vocal de Audrey; el resultado es pura magia, y nadie ha conseguido superar la interpretación de esta canción que realiza la Hepburn:

Si la magia no existe, que me expliquen entonces qué es esto… imposible no enamorarse de ella.

“Desayuno con diamantes se estrena en 1961, mismo año en el que estrena también “La calumnia”, drama dirigido por William Wyler, en el que ella y otra profesora, Shirley McLaine, son acusadas de lesbianismo por una alumna, para terminar descubriéndose que McLaine sí que está enamorada de Hepburn. La película fue muy polémica en la época:

Su siguiente película se estrena en 1963, “Charada”, genial sátira del cine de intriga en la que vuelve a trabajar bajo las órdenes de Stanley Donen y con Cary Grant como pareja, en una de sus películas más geniales, que le valió su tercer BAFTA:

Otra de esas películas que no te cansas de ver.

En 1964 protagoniza junto a William Holden “Encuentro en París”, fallida película de cine dentro del cine, pero tendrá un éxito considerablemente mayor con “My fair Lady”, que dirige George Cukor. La protagonista debería haber sido la entonces desconocida en Hollywoood Julie Andrews, que había realizado el papel en Broadway, pero Audrey Hepburn aceptó el papel para evitar que recayera en manos de Elizabeth Taylor. Rex Harrison, su compañero de reparto, que quería a Julie Andrews en el papel, al principio no se lo perdonó, pero parece que Audrey tenía una extraña capacidad para llevarse bien con todos sus compañeros de reparto. En todo caso, aunque cantó todas su partes, la mayoría de las canciones fueron dobladas por Marni Nixon, aunque se conservan las versiones con la voz original de Audrey, como en este “I could have danced all night”, que le sobrepasa vocalmente:

Pese a que “My fair lady” arrasó en los Oscars, Audrey se quedó sin nominación, y el Oscar a mejor actriz lo ganó… Julie Andrews, por esa “Mary Poppins” que la lanzaría a la fama.

En 1966 vuelve a trabajar a las órdenes de William Wyler en la genial comedia romántica “Cómo robar un millón y…”, interpretando a la hija de un estafador que se enamora de un policía, interpretado por Peter O’Toole, que tendrá que ayudarle a ocultar la estafa de su padre:

En 1967 estrenará dos películas. La primera, “Sola en la oscuridad”, en la que interpreta a una mujer ciega atacada por unos delincuentes, le vale su quinta y última nominación al Oscar:

La otra es la genial comedia dramática “Dos en la carretera”, dirigida por Stanley Donen, en la que, junto a Albert Finney, interpretan a una pareja en los diferentes viajes que realizan por Francia en distintas etapas de su matrimonio, cada vez más en crisis, en un momento en el que Audrey pasaba por una situación similar:

Audrey Hepburn sufrió dos abortos más, y la prensa estaba empeñada en que la pareja estaba en crisis, en especial por el carácter dominante de Mel Ferrer. Y pese a que Audrey lo negara repetidas veces, terminaron divorciándose en 1968. Poco después, en enero de 1969, se casa con el psiquiatra italiano Andrea Dotti, y, pese a pensar que ya no podría tener más hijos, se queda embarazada. En esta ocasión quiere tener un embarazo tranquilo para evitar problemas, y se retira del cine. Su hijo Luca nace en 1970, y en 1974 tendrá un nuevo aborto. Permanecerá retirada varios años, cuidando de su familia, hasta su regreso al cine en 1976 con “Robin y Marian”, crepuscular adaptación de la historia de Robin Hood, junto a Sean Connery, de amargo final, inmejorablemente ambientado por una de las mejores partituras de John Barry:

Su regreso al cine fue muy bien acogido, pero de nuevo se equivocó en los papeles que escogió, protagonizando en 1979 “Lazos de sangre”, intriga mediocre junto a Ben Gazzara y James Mason:

Durante el rodaje mantiene una relación con Ben Gazzara, lo que en la práctica termina de romper su matrimonio, ya muy deteriorado por las infidelidades de él. Pese a todo, no se divorciarán hasta 1982. Audrey rodará una última película junto a Ben Gazzara, la comedia “Todos rieron”, en 1981, que al igual que la anterior fue un fracaso que potenció una segunda retirada de la actriz. Sólo volverá a trabajar en el telifil “Amor entre ladrones” en 1986, teniendo su aparición final en 1989 en un breve papel en “Para siempre”, de Steven Spielberg, interpretando al ángel que se le aparece al fallecido Richard Dreyfuss, en una de las peores películas del director, que sólo se recuerda precisamente por Audrey:

Desde 1980, Audrey tendrá una relación estable con el actor Robert Wolders, aunque nunca llegarán a casarse, siendo esta la etapa más feliz de su vida, según afirmó ella.

En 1989 es nombrada Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF, lo que le llevará a viajar a Etiopía, Sudán del Sur, Vietnam y Somalia. En 1990 recibirá un Globo de Oro Honorífico Cecil B. de Mille:

A su regreso de Somalia, en 1992, acude al médico por un dolor abdominal que revelará que padece desde hace tiempo un cáncer de colon y que ha producido metástasis. Retirada en su casa de Suiza para pasar sus últimas navidades en familia, muere mientras duerme el 20 de enero de 1993, siendo enterrada en el cementerio de Tolochenaz, localidad próxima a Lausana en la que murió:

Un año después, en 1994, se le otorgará el Oscar Humanitario Jean Hersholt a modo póstumo, reconociendo así su labor humanitaria en UNICEF:

Nos dejaba con sólo 63 años y una filmografía bastante breve, pero realmente magnífica, Audrey Hepburn es para muchos un icono de la moda, algo de lo que ella siempre quiso huir, pero fue en realidad el prototipo de estrella sencilla que encandilaba al público y se preocupaba por los demás. Una grande que nunca será olvidada por sus innumerables fans, entre los cuales me encuentro.



25 años de la muerte de Anthony Perkins (12-09-2017)


Hay intérpretes que se encasillan en un género cinematográfico, para bien o para mal, pero los hay, pocos por suerte, que han tenido la desgracia de ser relacionados siempre con un único papel del que parece que nunca pueden librarse. Anthony Perkins con su Norman Bates es quizá el caso paradigmático, por desgracia para un actor de enorme talento cuyo recuerdo, tras su desaparición hace 25 años, se conserva sólo por el villano de Psicosis.




Anthony Perkins nació en Nueva York el 4 de abril de 1932, siendo el único hijo de Janet Esselstyn y del actor cinematográfico Osgood Perkins, que murió de un infarto 5 años después. Pese a apenas haberle conocido, Perkins siguió los pasos de su padre y debuta en el cine en 1953, en la película de George Cukor “La actriz”, en la que interpreta al joven enamorado de la protagonista, Jean Simmons. Pero será con su segundo papel, en 1956, en el clásico de William Wyler “La gran prueba” con el que salte al estrellato, interpretando al hijo mayor de la familia de cuáqueros formada por Gary Cooper y Dorothy McGuire:

Por este papel selleva su única nominación al Oscar (algo sorprendente e imperdonable) y un Globo de Oro a la mejor nueva estrella.

Anthony Perkins es miembro del Actor’s studio, y compagina su labor cinematográfica con la teatral, además de grabar varios discos como cantante (bajo el nombre de Tony Perkins), publicando el primero en 1957, del que destaca el tema “Moonlight swim”:

Tras participar en dos westerns en 1957, en 1958 gana un premio Tony por su trabajo en la obra teatral “Look Homeward, Angel”. Ese mismo año tiene también su primer papel protagonista en la comedia “La casamentera”, junto a Shirley Booth y Shirley McLaine:

Y protagoniza también el drama de época “Deseo bajo los olmos”, en el que se enfrenta a su tiránico padre, interpretado por Burl Ives, y se enamora de su madrastra, Sofia Loren:

En 1959 protagoniza “Mansiones verdes”, junto a Audrey Hepburn, ambientada en la selva venezolana:

Y tiene también un destacado papel en el drama nuclear “La hora final” de Stanley Kramer, junto a Gregory Peck, Ava Gardner y Fred Astaire, en la que interpreta a un joven militar australiano que tiene que asumir que él y su familia van a morir a causa de la nube radiactiva:

En 1960 protagoniza en Broadway el musical “Greenwillow” de Frank Loesser, por el que recibe una nueva nominación al Tony. Le escuchamos aquí, años después, cantando una de las piezas más conocidas de este musical “Never will I marry”:

En 1960 protagoniza también la comedia romántica “Me casaré contigo” de Joshua Logan junto a Jane Fonda, pero si ese año destaca por algo, es por ser elegido por Alfred Hitchcock para protagonizar una de sus más míticas películas, “Psicosis”, en la que su carácter tímido y en apariencia inofensivo esconde a un psicópata. Su magistral interpretación de Norman Bates es ya mítica:

Ese magistral primer plano final, con esa inquietante mirada, no le sirvió para recibir la nominación al Oscar que merecía.

Pero su mejor papel, en mi opinión, está por llegar. Será en 1961, en “No me digas adiós”, de Anatole Litvak, en la que interpreta al joven que se interpone en la abierta pareja formada por Ingrid Bergman e Yves Montand. Su carácter tímido e introvertido le va perfecto al papel, pero, de nuevo, los premios no le hacen justicia (bueno, no del todo: se lleva el premio al mejor actor en el Festival de Cannes, nada menos):

Los siguientes años su carrera transcurre en Europa. Anthony Perkins domina el francés, como podemos comprobar en esta canción que graba en 1963:

Así, en 1962 rueda “Fedra” de Jules Dassin junto a Melina Mercouri y “Un abismo entre los dos”, de nuevo de Anatole Litvak, junto a Sofia Loren. Rueda además en Francia “El proceso” de Orson Welles, basada en la obra de Franz Kafka, interpretando al protagonista, Josef K:

De sus siguientes papeles, habría que destacar su breve participación en la coral cinta bélica “¿Arde París?” de René Clément, en la que interpreta a uno de los primeros soldados americanos que entran en París para expulsar a los nazis.

En 1967 protagoniza otro musical, en este caso en televisión, “Evening Primrose”, con música de Stephen Sondheim (con quien al parecer tuvo una relación), del que escuchamos la canción “If you can’t find me, I’m here”:

Su carrera no le depara más grandes éxitos. Rueda junto a Paul Newman “Un hombre de hoy” en 1970 y “El juez de la horca” en 1972, y tiene un pequeño papel en 1974 en la genial adaptación de la obra de Agatha Christie “Asesinato en el Orient Express” de Sidney Lumet:

El 9 de agosto de 1973, Anthony Perkins, quien al parecer hasta pocos años antes sólo había tenido relaciones con hombres, se casa con la actriz y fotógrafa Berry Berenson. Con ella tendrá dos hijos: Oz en 1974 y Elvis en 1976.

Mientras decae su carrera cinematográfica, el teatro le trae nuevos éxitos, como su trabajo en “Equus” en 1974. También trabaja en televisión, donde en 1978 interpreta a Javert en la película televisiva “Los Miserables”:

En 1979 trabaja en la película de ciencia ficción de Disney “El abismo negro”:

Pero, encasillado en el cine de terror, vuelve a interpretar a Norman Bates en 3 nuevas ocasiones. De hecho, en 1986 no sólo protagoniza “Psicosis III”, sino que también la dirige:

Incluso repite como director en la comedia de terror “Un tipo con suerte”, pero no consigue relanzar su carrera, relegada a películas de baja calidad. Además, en 1990, durante el rodaje de “Psicosis IV” se le diagnostica SIDA. Pese a todo, en 1992 todavía rueda el thriller televisivo “In the deep woods” junto a Rosanna Arquette:

Finalmente, el 12 de septiembre de 1992, una neumonía termina con la vida de Anthony Perkins a los 60 años. Su mujer le sobrevive 9 años: un día antes de que se cumplieran esos 9 años, moría en uno de los aviones que se estrellaron contra el World Trade Center en los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Anthony Perkins es uno de los más trágicos casos de actor encasillado: con un enorme talento, su vinculación al personaje que le lanzó a la fama arruinó el resto de su carrera. Y, pese a todo, nos dejó unos cuantos papeles que le hacen merecer ser recordado como un grandísimo actor.



30 años de la muerte de Fred Astaire (22-06-2017)




Decepcionante en su primera prueba cinematográfica, que decía que no sabía actuar ni cantar, y que bailaba “un poco”, terminó convirtiéndose en una estrella cinematográfica y en el que quizá sea el bailarín más admirado del siglo XX, elogiado por bailarines tan diversos como Nureyev o Michael Jackson, pasando por Bob Fosse o su gran rival, Gene Kelly. Con una destreza técnica y una elegancia que levantaban admiración, Fred Astaire disfrutó de una larga vida, pero nos dejó hoy hace 30 años.




El nombre real de Fred Astaire era Frederick Austerlitz, y nació el 10 de mayo de 1989 en Omaha, estado de Nebrasca. Su padre, nacido en Austria, se había mudado a Omaha por motivos laborales, y allí se casó con su madre, americana de origen austriaco. Tenían ya una hija, Adele, nacida en 1896, que demostró un gran talento como bailarina, motivo por el que su madre quería dejar Omaha y trasladarse a una ciudad más grande.

El pequeño Fred rehusaba recibir lecciones de danza, aunque aprendió a tocar diversos instrumentos musicales. Pero en 1905 su padre pierde el trabajo, y la familia se muda a Nueva York, donde los dos hermanos reciben clases de baile para participar en espectáculos de vaudeville:

Por esas fechas, su madre decide cambiarles el apellido por uno que suene más americano, adoptando ya el nombre artístico de Fred Astaire. Con diversa fortuna, en esos años de juventud va desarrollando su estilo de baile.

En 1916 conoce a George Gershwin, convirtiéndose en amigos y colaboradores. Así, tras debutar en Broadway en 1917 con la revista “Over the Top”, Fred y Adele estrenarán varias obras musicales de Gershwin, como “Lady, be good” en 1924, “Funny face” en 1927 (que llevaría años después al cine, aunque muy modificada) y “The band wagon” en 1931 (que también llevará al cine), además de obras de otros autores, como “The bunch and Judy” de Jerome Kern. Escuchamos a la pareja de hermanos cantar el tema principal de “Funny face”:

Curiosamente, mientras la mayoría de compositores (Porter, Kern, Berlin) elogian la forma de cantar de Fred Astaire, Gershwin será más reacio a su voz (que nunca fue realmente buena, aunque sabía aprovecharla para cantar con un gusto irrepetible gracias a su dicción y fraseo siempre elegantes).

En 1932, la pareja que forma con su hermana Adele se disuelve cuando ella se casa. Libre de las ataduras de los contratos con su hermana, Fred Astaire protagoniza “Gay Divorce” con una nueva pareja, Claire Luce. En 1933 se casa con Phyllis L. Potter, con quien tendrá dos hijos, Fred en 1936 y Ava en 1942.

En 1933 se produce la prueba cinematográfica para el estudio RKO que mencionábamos al principio. Pese a su pobre resultado, Fred consigue un contrato, aunque lo primero que hace el estudio es cederlo a la Metro para unas breves escenas en “Alma de bailarina” en las que baila junto a Joan Crawford:

La elegancia de Astaire contrasta con la bruteza de la Crawford.

La primera película que rueda con la RKO es “Volando hacia Río de Janeiro”, que protagonizan Dolores del Río y Gene Raymond. Allí baila junto a Ginger Rogers esta “Carioca” que será el gran triunfo de la película:

¿Quién se acuerda de la pareja protagonista? Nadie, todo el mundo se fijó en los secundarios, en especial en él. La RKO propone entonces que Astaire y Rogers formen pareja artística, algo a lo que Astaire no está muy dispuesto, ya que tuvo de pareja a su hermana y no vuelve a querer ataduras. Pero el contrato se impone, y en 1924 estrenan “La alegre divorciada”, adaptación del musical de Cole Porter que Astaire protagonizó dos años antes (aunque con el título cambiado por la censura: una divorciada puede ser alegre, pero un divorcio no). Escuchamos a Fred cantar la famosa canción “Night and day”:

Los siguientes musicales que ruede la pareja serán collages de canciones de distintos autores. Fred Astaire insiste en que los números musicales tienen que estar siempre integrados en la acción del film (que serán siempre comedias, acompañados de actores cómicos como Edward Everett Horton, Eric Blore o Helen Broderick, con quien Fred ya había compartido escenario), además de exigir que las coreografías se realizaran en una toma única.

No era Ginger Rogers na gran bailarina, pero la pareja se complementaba a la perfección. El estilo de baile de Fred revoluciona el baile de salón, incorporando elementos afroamericanos, claqué y el estilo que habían desarrollado la pareja formada por Vernon e Irene Castle.

En 1935 ruedan “Roberta”, en la que no son la pareja protagonista, ya que ese puesto lo ocupan Irene Dunne (que canta un maravilloso “Smoke gets in your eyes”) y Randolph Scott, aunque Astaire le arrebata el protagonismo. Podemos apreciar además sus habilidades como pianista en este “I won’t dance”:

También en 1935 ruedan la que probablemente sea la mejor película de la pareja, la genial “Sombrero de copa”, famosa por este “Cheeck to cheeck”:

A estas películas siguen en 1936 “Sigamos la flota” y “En alas de la danza”, “Ritmo loco en 1937” y “Amanda” en 1938, todas ellas enormes éxitos. Fred Astaire prueba también suerte en solitario con “Señorita en desgracia”.

Tras 8 películas juntos (muchas dirigidas por Mark Sandrich, el que mayor partido supo sacarles), en 1939 cambia la temática de su siguiente película, “La historia de Irene Castle”, La propia Irene Castle participa en la realización de este guión biográfico, en el que el argumento no es tan cómico y en el que, además, Fred Astaire muere por primera vez en una película:

La película es un fracaso, y Fred Astaire, ahora considerado “veneno para la taquilla”, abandona la RKO, mientras Ginger Rogers permanecerá siendo la gran estrella del estudio. No era difícil trabajar con Fred, pero era muy cansado, por su insistencia en ensayar los números de baile (que se aprendía a la perfección), y Ginger estaba cansada.

Fred Astaire necesita ahora una nueva pareja que esté a la altura. Y la encuentra en Eleanor Powell, junto a la que rueda “La nueva melodía de Broadway”:

Por desgracia, no volvieron a trabajar juntos.

Su siguiente pareja fue Rita Hayworth, en 1941 en “Desde aquél beso” y en 1942 en “Bailando nace el amor”:

Fracasa en sus siguientes películas, “El límite es el cielo” en 1943 y “Yolanda y el ladrón” en 1945. Pero en 1945 comparte baile con Gene Kelly en “Ziegfeld follies”:

Así podemos compararlos y ver quién de los dos bailaba mejor.

En 1946 trabaja por segunda vez junto a Bing Crosby (con el que protagonizó en 1942 “Quince días de placer”) en “Cielo azul”. Y a continuación afirma que se retira. Quiere dedicarse a la equitación y funda una academia de baile.

Afortunadamente, la retirada es sólo temporal: Gene Kelly se encuentra indispuesto para rodar “Desfile de Pascua” junto a Judy Garland, y Fred Astaire le sustituye:

Además de este baile en solitario, es inolvidable la escena de los mendigos con Judy Garland:

En 1949 rueda por décima y última vez junto a Ginger Rogers “Vuelve a mí”:

En 1950, Fred Astaire es recompensado con un Oscar honorífico (pese a nunca haber sido nominado hasta el momento), que le entrega la propia Ginger Rogers:

Fred Astaire consigue volver a asentarse en la taquilla, pese a fracasos como “Let’s dance” y “Tres palabritas” en 1950 (aunque por esta última gana un Globo de Oro a mejor actor de comedia) y “La reina de Nueva York” en 1952. Pero si alguna película confirma su popularidad es “Bodas reales”, dirigida por Stanley Donen, en la que se marca uno de sus bailes más recordados:

En 1953 rueda, dirigido por Vincente Minnelli, el que es considerado uno de los mejores musicales de la época, “Melodías de Broadway 1955”, adaptación de “The band wagon” que ya había representado en su juventud. Destaca el número de los trillizos, junto a Nanette Fabray y Jack Buchanan:

La película destaca así mismo por una nueva canción compuesta expresamente para ella, “That’s entertainment”:

Su siguiente película es “Papá piernas largas”, junto a Leslie Caron. Pero durante el rodaje, a su mujer le diagnostican un cáncer y muere. Fred quiere retirarse, y propone pagar de su bolsillo los costes del film. El compositor Johnny Mercer consigue convencerle de que en ese momento lo mejor que puede hacer es terminar la película, que se estrena finalmente en 1955 con moderado éxito:

En 1957 protagoniza “Una cara con ángel”, de nuevo dirigida por Stanley Donen, junto a Audrey Hepburn, en una adaptación muy libre de “Funny Face” de George Gershwin que ya había interpretado junto a su hermana, en la que se incluyen nuevos números musicales como este “Bonjour, Paris”:

Incomprensiblemente, la película no es un éxito, como tampoco lo será la otra película que estrene en 1957, “La bella de Moscú”, adaptación musical de la Ninotchka de Lubitsch junto a Cyd Charisse, que queda lejos del encanto y la frescura de la original:

Fred Astaire todavía se mantiene ágil y esbelto, pero se le notan los años (va camino de los 60) y sus parejas son mucho más jóvenes. Por eso decide abandonar el cine musical para dedicarse a papeles dramáticos. Y se estrena en la magnífica “La hora final”, drama nuclear junto a Gregory Peck, Ava Gardner y Anthony Perkins, en el que interpreta el papel de un científico muy crítico con el armamento nuclear defensivo que provoca una guerra nuclear y con ello la extinción de la humanidad, en un discurso un tanto extraño para un republicano conservador y partidario de la intervención militar como él (pese a no utilizar nunca su faceta pública con fines políticos):

Por este papel consigue una nominación al Globo de Oro como mejor secundario.

A continuación trabaja en televisión y en algunas películas, en papeles generalmente secundarios, hasta que en 1968 vuelve al musical, esta vez de la mano de Francis Ford Coppola, en “El valle del Arco Iris”, junto a Petula Clark:

Es su último musical. Y no porque ya no pueda balar; aunque dijera lo contrario, lo demostró en la ceremonia de entrega de los Oscars en 1970:

Su papel posterior más memorable será en “El coloso en llamas”, en la que todavía mantiene ese estilo que le había hecho ser considerado uno de los actores mejor vestidos de Hollywood:

Por esta película recibe su única nominación al Oscar, como mejor secundario. Y, para sorpresa de todos, pierde frente a Robert De Niro (por El Padrino II). Y más tras haber ganado el BAFTA y el Globo de Oro.

Su última película es el thriller de terror “Historia macabra”, que se estrena en 1981. Había participado en otras películas, olvidadas, y en televisión, tanto en series como en programas de entretenimiento, como cuando en 1975 estuvo en el show de su amigo Bing Crosby y ambos cantaron deliciosamente ese “You’ve got a friend” de James Taylor:

El 24 de junio de 1980, Fred Astaire se casa por segunda vez, con la jockey Robyn Smith, 45 años más joven que él. Y junto a ella permaneció hasta el 22 de junio de 1987, cuando una neumonía acabó con su vida, a los 88 años. Poco antes había mencionado que su sucesor era Michael Jackson. Fue enterrado en el Oakwood Memorial Park Cemetery de California:

Fred Astaire no sólo era un excepcional bailarín, fue un coreógrafo que revolucionó el mundo del cine musical por su forma de entenderlo, además de demostrar unas dotes como actor dramático que nadie se esperaba en sus inicios. Sin duda, una de las mayores estrellas del Hollywood dorado.



20 años de la muerte de Fred Zinnemann (14-03-2017)


Hoy hace 20 años que nos dejaba un director ganador de cuatro Oscars (dos a mejor director y otros dos por sus cortos) y autor de algunas de las más míticas películas del cine de los años 50 a 70: Fred Zinnemann.




Y todo esto podría haberse ido al traste con los nazis. El cine, fue, como en algunos otros casos, lo que salvó de la muerte de Fred Zinnemann. Su nombre de nacimiento era Alfred Zinnemann, y nació el 29 de abril de 1907 en la ciudad de Rzeszów, por aquel entonces parte del Imperio Austro-Húngaro, actualmente perteneciente a Polonia. Era el primero de los dos hijos que tuvieron Oskar, médico de profesión, y Anna, ambos judíos.

Si bien de niño Fred quería ser músico, estudió derecho en la Universidad de Viena, graduándose en 1927. Pero durante su estancia como estudiante en Viena se siente atraído por el cine, y convence a sus padres para estudiar cinematografía en París en la Escuela Técnica de Fotografía y Cinematografía. Después trabaja en Berlín, donde ejerce precisamente las funciones de cinematógrafo (o director de fotografía) del film mudo “Los hombres del domingo”, en el que participaban futuras estrellas de Hollywood, Robert Siodmark como director y guionista y Billy Wilder como guionista. Esta estancia en Berlín le pone en contacto con el realismo cinematográfico alemán, que influirá en toda su carrera posterior. Poco después, desencantado con la situación social en Alemania y ante la llegada del cine sonoro, convence a sus padres para que le dejen emigrar a Hollywood, la meca del cine. Y esto le salvó la vida, ya que sus padres morirían durante el Holocausto nazi, como la mayoría de los judíos de su ciudad natal.

Allí colabora con el director de documentales Robert J. Flaherty (famoso por haber dirigido en 1922 “Nanook el esquimal”), lo que influirá igualmente en su carrera, en la búsqueda del mayor realismo posible. Y esto se percibe en su debut como director, en la película mexicana “Redes”, de 1936, un drama de realismo social protagonizado en su mayoría por actores no profesionales, pescadores de la zona.

Ya a su llegada a Hollywood había trabajado como extra en “Sin novedad en el frente”, la película que ganaría el Oscar a mejor film en 1930, que dirigía Lewis Milestone, pero será despedido por sus críticas al director. Su opinión positiva sobre Hollywood en un principio se volvió más negativa, al ver como se limitaban los talentos, por lo que su carrera no arranca hasta los años 40. Pese a todo, en 1938 gana el Oscar al mejor corto por “That mothers might live”:

Dirige dos películas menores de terror de serie B en 1942, pero su primer gran éxito llega en 1944 con “La séptima cruz”, drama ambientado en un campo de concentración nazi, protagonizado por Spencer Tracy y Hume Cronyn, que, aunque rodado en estudio, cosa que no agradaba a Fred Zinnemann, incluye en la mayoría de papeles secundarios y extras a refugiados alemanes, en un intento de darle mayor realismo a la historia:

Los siguientes años fueron frustrantes para Zinnemann, que a parte de enterarse de la muerte de sus padres, veía como su contrato con la metro lo obligaba a dirigir dos películas en las que no estaba en absoluto interesado. La cosa cambió cuando, en 1949, pudo dirigir “Los ángeles perdidos”, un drama rodado como si fuera un documental, rodada en escenarios naturales de la devastada Alemania de postguerra que describe la búsqueda de una madre, Jarmila Novorná, de su desaparecido hijo, Ivan Jandl, que mientras es cuidado por un debutante (y nominado al Oscar) Montgomery Clift:

Estrenará en 1948 también “Acto de violencia”, un thriller de cine negro protagonizado por Van Heflin, Robert Ryan y Janet Leigh, que será según el propio Zinnemann la primera vez que se encuentre cómodo dirigiendo sabiendo qué es lo que quiere:

En 1950 dirige “Hombres”, debut cinematográfico de Marlon Brando, en el que éste interpreta a un militar tetraplégico. La película se rodó en un hospital y la mayoría de los personajes son tetrapléjicos reales:

En 1951 gana su segundo Oscar por el cortometraje “Benji”, ambientado en un hospital y protagonizado por un niño que sufre escoliosis. El objetivo del corto era recaudar fondos para la fundación de un hospital. Y dirige un nuevo largo, “Teresa”, de nuevo ambientado tras la II Guerra Mundial, sobre un soldado que se casa con una italiana, Pier Angeli, y se la lleva a Nueva York:

En 1952 dirige la adaptación de la obra teatral de Carson McCullers “Frankie y la boda”, con los protagonistas de la obra teatral, Ethel Waters (que había sido la segunda actriz afroamericana en ser nominada al Oscar, tras Hattie McDaniel, por “Pinky”), un jovencito debutante Brandon de Wilde (que sería nominado al oscar al año siguiente por “Raíces profundas”) y la también debutante Julie Harris, que pese a contar con 26 años interpreta a una niña de 12 años, y que se lleva una nominación al Oscar por este papel:

Y ese mismo año estrena uno de sus mayores éxitos, el western “Solo ante el peligro”, protagonizado por Gary Cooper y Grace Kelly, una metáfora del hombre de principios que se enfrenta él sólo a un mundo que quiere acabar con él, temática muy habitual en la filmografía de Fred Zinnemann. Con una fotografía árida, alejada del pictoricismo de John Ford, el western muestra otro aspecto del realismo tan propio de Zinnemann al transcurrir en tiempo real: la acción transcurre íntegramente en los 85 minutos que dura la película. Esta película se lleva 5 Oscars,incluido el de mejor actor para Cooper, y Zinnemann es nominado como mejor director, aunque no consigue el premio:

Si “Solo ante el peligro” fue un gran éxito (pese a no gustar a John Wayne o Howard Hawks, entre otros expertos en westerns), con si siguiente película el éxito será aún mayor: “De aquí a la eternidad”, basada en la novela de James Jones, estrenada en 1953, repite el esquema de lucha individual frente a un mundo opresivo (representado en especial por Prewitt, personaje interpretado por Montgomery Clift, elección personal de Fred Zinnemann, enfrentado al sargento Fatso Judson que interpreta Ernest Borgnine, aunque también en en Angelo Maggio interpretado por Frank Sinatra, que no era la elección de Zinnemann para el papel, o en el secreto amor de los personajes interpretados por Burt Lancaster y Deborah Kerr). Zinnemann emplea imágenes reales del bombardeo de Pearl Harbour para añadir realismo a la historia. El reparto se completa con Donna Reed, Philip Ober y el casi debutante Jack Warden:

La película obtuvo nada menos que 13 nominaciones al Oscar. Los tres protagonistas nominados, Lancaster, Clift y Kerr se fueron de vacío, no así los secundarios Sinatra y Reed. Ganó además los premios de mejor película y director:

Su siguiente película fue un sorprendente cambio de registro: un clásico musical de Rodgers&Hammerstein, “Oklahoma!”, de 1955, protagonizada por Gordon MacRae, Rod Steiger y la debutante Shirley Jones, que transmite esa esperanza que Zinnemann todavía deposita en América, una visión optimista y buenrrollista del país. Zinnemann demuestra aquí ser un todoterreno en uno de los mejores musicales filmados hasta la fecha:

Vuelve a su terreno habitual en su siguiente película, “Un sombrero lleno de lluvia”, de 1957, basado en la obra teatral de Michael V. Gazzo, historia sobre un heroinómano, contada casi como un documental, con una temática, las drogas, infrecuente y escandalosa en los 50. La película está protagonizada por Don Murray, Eva Marie Saint y el debutante Anthony Franciosa, que fue nominado al Oscar a mejor actor:

En 1959 se estrena su siguiente película, “Historia de una monja”, que nos cuenta la historia de una monja dedicada a la medicina con un conflicto de conciencia al estallar la II Guerra Mundial y afectar a su natal Bélgica, donde su padre es asesinado por los nazis. La estética de primeros planos, copiada del impresionismo alemán, le resultó fácil a Zinnemann gracias a la colaboración de su protagonista, Audrey Hepburn. Peter Finch y Edith Evans completan el reparto de esta película que consiguió 8 nominaciones al Oscar pero no se llevó ninguno:

En 1960 estrena la magnífica “Tres vidas errantes”, rodada en exteriores en Australia, con Robert Mitchum, Deborah Kerr, Peter Ustinov y Glynis Johns. La película consiguió 5 nominaciones al Oscar, incluyendo las de Kerr, Johns y el propio Zinnemann, pero tampoco ganó ninguno:

En 1964 fracasa en una película sobre los maquis tras la Guerra Civil Española, “Y llegó el día de la venganza”, pero se recupera con si siguiente película, la magistral “Un hombre para la eternidad”, de 1966, basada en la obra teatral de Robert Bolt, que narra la historia de Tomás Moro (interpretado por Paul Scofield, que ganará el Oscar a mejor actor) en su lucha de conciencia contra su rey, Enrique VIII, interpretado por Robert Shaw (nominado al Oscar a mejor secundario). La lucha del individuo contra el resto de la sociedad (ni siquiera su mujer, la también nominada Wendy Hiller) le apoya:

8 nominaciones al Oscar de las que gana 6, incluyendo mejor película y mejor director, el segundo en esta categoría que gana Fred Zinnemann:

Fred Zinnemann no volverá a estrenar hasta 1973, cuando presenta “Chacal”, la conocida historia sobre el intento de asesinato de Charles de Gaulle, rodada en los escenarios reales, como le gustaba a Zinnemann, que pese a todo temía el desagrado del público por una historia de la que se conocía el final, cosa que no sucedió, ya que la película fue un gran éxito:

En 1977 estrena su siguiente película, “Julia”, que cuenta la historia de la escritora Lillian Hellman, interpretada por Jane Fonda, y su amiga Julia, luchadora contra los nazis, interpretada por Vanessa Redgrave. La película, rodada de nuevo en escenarios reales, y que fue el debut de Meryl Streep en el cine, fue un enorme éxito que consiguió 11 nominaciones al Oscar, de los que gana 3: guión, actor secundario para Jason Robards y actriz secundaria para la maravillosa Vanessa Redgrave (su único Oscar). Jane Fonda, Maximilian Schell y el propio Zinnemann, en su última nominación, se fueron de vacío, por el contrario:

La película, por cierto, tiene momentos bastante duros que Zinnemann dirige con sumo realismo, como acostumbraba.

Fred Zinnemann comete el error de dirigir una película más, “Cinco días, un verano”. Podía habérsela ahorrado. No añadió nada a su carrera.

Desconocido por las nuevas generaciones de Hollywood, Fred Zinnemann vive retirado el resto de su vida, hasta que un infarto acaba con su vida en Londres el 14 de marzo de 1997, a poco más de un mes de cumplir los 90 años. Su esposa, Renee Bartlett, con la que llevaba casado desde 1936 y con la que tuvo un hijo, apenas le sobrevivió unos meses.

Aunque olvidado por muchas personas que trabajan en el cine, Fred Zinnemann fue una de las figuras más destacadas de Hollywood durante tres décadas, y no podemos entender la historia del cine si ignoramos su importante figura.



60 años sin Humphrey Bogart (14-01-2017)


Un día como hoy hace 60 años nos dejaba un icono del cine, uno de los actores más influyente de Hollywood y, de paso, mi actor favorito (y protagonista de mi película favorita, Casablanca), el inolvidable Humphrey Bogart.




Humphrey DeForets Bogart había nacido probablemente el día de navidad, 25 de diciembre de 1899 (aunque hay investigadores que sugieren que fue una estrategia de marketing y que su verdadera fecha de nacimiento sería el 23 de enero de 1900), el primer hijo de una pareja económicamente bien situada. Tuvo dos hermanas menores. Su madre, militante sufragista y directora de arte de una revista, usó al pequeño en algún anuncio publicitario, pero en la familia las muestras de afecto eran infrecuentes. Mal estudiante, fue expulsado de la universidad de Yale en 1918, por lo que se alista en la marina (había heredado de su padre la pasión por los barcos), donde en un accidente sufre una cicatriz en la boca que afectará su forma de hablar.

A su vuelta de la marina se encuentra con que su familia se haya en apuros económicos, por lo que ideológicamente se convierte en un liberal. Obligado a trabajar, se reencuentra con un amigo de la infancia, Bill Brady, cuyo padre, William A. Brady, tenía una compañía teatral. Humphrey Bogart trabajó para la compañía como escritor, productor y director, aunque no destaca en ninguna de estas facetas, hasta que debuta como actor en 1921, apareciendo en pequeños papeles en varias producciones. Por esta época comienza también su adicción al alcohol (que era ilegal en Estados Unidos en aquella época).

Bogart trabaja en innumerables obras teatrales de Broadway hasta 1935, cosechando críticas dispares. Interpreta por lo general papeles secundarios de galán en comedias. Trabajando en teatro conoce precisamente a sus dos primeras esposas; en 1922 conoce a Helen Menken, con quien se casa en 1927, divorciándose en 1927, casándose por segunda vez en 1928 con Mary Philips, que al igual que la anterior era actriz y mujer de mucho carácter (por su infancia, a Bogart le atraían las mujeres con carácter, que le recordaban a su madre).

El crack bursatil de 1929 afecta seriamente al teatro, por lo que muchos de los rostros más populares de Broadway emigran a Hollywood para trabajar en el cine, que además con el paso del cine mudo al sonoro necesita nuevas estrellas con voces adecuadas para sustituir a estrellas de cine mudo con voces feas o acentos muy marcados. Humphrey Bogart será uno de los actores teatrales que emigren a Hollywood, trabajando en pequeños papeles en películas perdidas o apenas conocidas.

En 1930 conoce por fin a un actor de Broadway al que admira, Spencer Tracy, del que se hará gran amigo y compañero de bebida. Spencer Tracy debuta en el cine precisamente ese año en la película de John Ford “Río arriba”, en la que coincidirá con Bogart por única vez:

Se hace raro ver tan jóvenes a ambos. Por cierto, será Spencer Tracy el primero en llamar a Bogart “Bogie”.

La carrera cinematográfica de Humphrey Bogart no despega (a diferencia de la de Tracy), por lo que hasta 1935 vive a caballo entre Hollywood y Broadway, pasando temporadas sin trabajo. Por esas fechas sus padres se han divorciado, y su padre muere en 1934; Bogart hereda su anillo de oro, que siempre llevaba consigo y que luce en numerosas películas.

Humphrey Bogart pasa por una temporada difícil, con su matrimonio en crisis (se divorciará en 1937) y sin apenas trabajo, hasta que se le ofrece interpretar al mafioso Duke Mantee en la obra teatral de Robert E. Sherwood “El bosque petrificado”, que protagoniza Leslie Howard. Su trabajo es un gran éxito, el primero de su carrera, y se realizan casi 200 funciones de la obra.

Pero cuando la Warner compra los derechos de la obra para la adaptación cinematográfica, que protagonizarán el propio Leslie Howard y Bette Davis, buscan a un actor más conocido para el papel del mafioso, siendo elegido Edward G. Robinson. Entonces Leslie Howard lanza un ultimátum: o Humphrey Bogart interpreta a Mantee, o él no participará en la película. La productora cede, y le da el papel a Bogart. La película es un éxito y lanza a Bogart al estrellato; él nunca olvidará el gesto de Leslie Howard:

El problema es que Humphrey Bogart queda encasillado en papeles de mafioso o, en el mejor de los casos, a protagonizar películas menores que se descartan para las grandes estrellas del estudio. Podemos destacar por ejemplo su papel secundario en “Ángeles con caras sucias”, de 1938, junto a James Cagney:

Trabaja en varias ocasiones más junto a James Cagney, que le quitará siempre el protagonismo, destacando en “Los violentos años 20”, de 1939:

Hay que destacar su participación en 1939, como secundario, en “Amarga victoria”, junto a Bette Davis, con quien ya había trabajado en numerosas ocasiones anteriores. Aquí no interpreta a un mafioso, y lo cierto es que ya percibimos su talento interpretativo en un papel que tampoco da mucho juego:

En 1938, Humphrey Bogart se casó por tercera vez, con la actriz Mayo Methot, matrimonio desastroso, afectado por el alcoholismo de la actriz.

La suerte de Bogart cambiará en 1941. Raoul Walsh (que ya trabajó con Bogart anteriormente) va a dirigir “El último refugio”. Paul Muni rechaza el papel protagonista, un mafioso con buen corazón. El papel recae entonces en George Raft, pero Bogart, interesado en protagonizarlo, le convence para que lo rechace y pueda interpretarlo él. Walsh no está convencido, ya que Bogart es un actor secundario, pero finalmente acepta. La película es un éxito y la química de Bogart con la actriz protagonista, Ida Lupino, provoca los celos de su mujer:

Es el último mafioso destacable en la carrera de Humphrey Bogart. la película es un absoluto éxito del que Bogart es el gran beneficiado. Además, el guión lo había escrito John Huston, de quien se hará un gran amigo (y compañero de bebida, de nuevo). Y Huston está trabajando en su primera película como director, “El halcón maltés”, la película que transformará el cine de mafiosos en un nuevo género, el cine negro. Y junto a Mary Astor, Sidney Greenstreet y Peter Lorre, el elegido para protagonizar la película como el detective Sam Spade, tras el rechazo de George Raft, es Humphrey Bogart. El resto ya es historia:

Lanzado definitivamente al estrellato, Humphrey Bogart es seleccionado para filmar una película de Michael Curtiz que nadie sabe de qué va, una soberana chapuza en la que participan dos de los actores de “El halcón maltés”, Peter Lorre y Sidney Greenstreet, así como Paul Henreid, Conrad Veidt, Claude Rains e Ingrid Bergman. La chapuza cinematográfica, que milagrosamente sale perfecta, se titula “Casablanca”:

El gesto de Humphrey Bogart en el momento en el que ve a Ingrid Bergman es para mí el compendio de lo que es una buena actuación: apenas con un pequeño movimiento de los músculos de la cara consigue transmitirnos todo el dolor que sufre en ese momento, como si acabaran de apuñalarle en el corazón (por cierto, la película le vale a Bogart su primera nominación al Oscar, que perderá ante el hoy olvidado Paul Lukas). Pero la película está plagada de grandes momentos, de grandes frases que con Bogart alcanzan la categoría de inolvidables:

Si por mí fuera pondría toda la película, que por algo es mi favorita. No sólo me emociono cada nueva vez que la veo, sino que descubro cosas de las que no me había enterado antes.

Durante la II Guerra Mundial, Humphrey Bogart viajará animando a las tropas americanas, además de participar en algunos films bélicos, como “Sahara” de Zoltan Korda, de 1943:

O la interesante “Pasaje a Marsella”, en la que repite con Michael Curtiz y buena parte del reparto de Casablanca (Claude Rains, Peter Lorre, Sidney Greenstreet o Helmut Dantine, que tenía un breve papel sin acreditar en Casablanca; sólo falta Ingrid Bergman, sustituida por la recientemente desaparecida Michèle Morgan):

En 1944 rueda también a las órdenes de Howard Hawks “Tener y no tener”, basada en la obra de Ernest Hemingway, película que muchos comparan con “Casablanca”, en la que comparte protagonismo con una joven debutante de 19 años: Lauren Bacall:

Con esta película comienza el romance de ambos, que se extenderá durante el rodaje de la siguiente película que protagonizan, “El sueño eterno”, cuyo rodaje se paraliza. Es en esas fechas cuando Humphrey Bogart consigue el divorcio de Mayo Methot y se casa con Lauren Bacall el 21 de mayo de 1945. Tendrán dos hijos, Steve, en 1949 (que recibe el nombre del personaje que Bogart interpretaba en “Tener y no tener”, y Leslie Howard (que recibe obviamente el nombre del actor gracias al que Bogart saltó a la fama) en 1952.

La realización de “El sueño eterno”, película de cine negro dirigida de nuevo por Howard Hawks y basada en la novela de Raymond Chandler se paralizó con el fin de la II Guerra Mundial, temiendo que el tema no interesara y queriendo el estudio sacar partido de las cintas bélicas que había producido. Pero el éxito de la pareja Bogart-Bacall finalmente les convence para concluir la película, que se estrena en 1946:

La trama de la película es tan enrevesada que ni el director, ni los guionistas, ni el propio Chandler, sabían quién era el asesino de uno de los personajes. Pero la química de la pareja la convierte en un nuevo éxito.

Bogart y Bacall trabajan juntos en dos ocasiones más. La primera, en 1947, de nuevo en el campo del cine negro, en “La senda tenebrosa” de Delmer Daves, en la que Bogart interpreta a un fugitivo injustamente encarcelado al que ayuda el personaje que interpreta Bacall, que será la menos exitosa de las 4 películas que rodaron juntos:

Y, por último, en 1948, “Cayo Largo”, cine negro dirigido por John Huston que recuerda en cierto modo a “El bosque petrificado”, sólo que en esta ocasión Bogart es el héroe, mientras que el gangster es Edward G. Robinson:

Pero en 1948 trabaja también con John Huston en otra película, que le da a Huston el Oscar a mejor director (y a su padre, Walter Huston, el de mejor actor secundario), la exitosa “El tesoro de Sierra Madre”, en la que Bogart interpreta a uno de esos personajes moralmente ambiguos que tan bien se le daban:

Los siguientes años son complicados para Humphrey Bogart. Por un lado, como miembro del partido demócrata, encabeza las protestas contra la caza de brujas de McCarthy, por lo que recibe acusaciones de ser comunista, algo que él rechaza. Por otro lado, con el fin de independizarse de los estudios cinematográficos y poder elegir sus proyectos, funda una productora, Santana Productions, que terminará siendo un fracaso comercial. De las películas que protagoniza con esta productora destaca “En un lugar solitario”, otro caso más de cine negro que dirige Nicholas Ray y protagoniza junto a Gloria Grahame:

En 1951 protagoniza “Sirocco”, drama ambientado en la Siria colonial francesa en la que Humphrey Bogart interpreta a un cínico sin escrúpulos que juega a dos bandos, acompañado de un sorprendentemente sobrio Lee J. Cobb:

Pero 1951 es el gran año de Humphrey Bogart al protagonizar junto a Katherine Hepburn la genial “La reina de África”, en un papel en el que se nos muestra sorprendentemente cómico:

Por este papel se lleva su segunda nominación al Oscar (sorprendente que sólo lleve 2 a estas alturas), que finalmente consigue ganar, más que merecidamente:

Todavía trabajará una vez más con John Huston, en la comedia “La burla del diablo”, que parodia algunas de sus películas anteriores intentando emular a “Casablanca” hasta en el reparto, en el que figura Peter Lorre, aunque sustituyen a Sidney Greenstreet (que estaba ya a punto de morir) por el también voluminoso Robert Morley. La película fue un sonoro fracaso pese a contar con Jennifer Jones y Gina Lollobrigida:

Por el contrario, 1954 fue un muy buen año para Humphrey Bogart. Para empezar, trabaja por única vez bajo las órdenes del gran Billy Wilder en “Sabrina”, comedia romántica (curiosamente las pocas comedias que hizo Bogart fueron en su etapa final) en la que acompaña a William Holden y a una deliciosa Audrey Hepburn:

Protagoniza también la genial película de Joseph L. Mankiewicz “La condesa descalza”, como el cineasta que descubre a la talentosa bailarina de trágico final que interpreta Ava Gardner:

Y por último le tenemos como el estricto capitán naval, odiado por todos, al que el pánico le hace perder el control en la no menos magnífica “El motín del Caine” de Edward Dmytryk, que le vale su tercera y última nominación al Oscar:

Para quien dude del inmenso talento interpretativo de Humphrey Bogart, volver a ver esta película le resultará indispensable para comprobar lo equivocado que está. Magnífico trabajo de José Ferrer, por otra parte.

Repite bajo las órdenes de Edward Dmytryk en 1955 en “La mano izquierda de Dios”, drama sobre un “misionero” en China:

En 1955 vuelve a interpretar a un villano en “Horas desesperadas” de William Wyler, en la que interpreta a un fugitivo que secuestra a una familia en su casa. El papel del padre de familia iba a interpretarlo su amigo Spencer Tracy, pero problemas de presupuesto hicieron que éste se retirara del papel cediendo el puesto a Fredric March:

Y de 1955 es también la comedia “No somos ángeles” de Michael Curtiz en la que interpreta a uno de los tres fugitivos de la isla del diablo (los otros son Peter Ustinov y Aldo Ray) que ayudan casi milagrosamente a una familia durante la navidad:

Humphrey Bogart interpretará todavía una película más, estrenada en 1956, “Más dura será la caída”, de Mark Robson, en la que interpreta otro más de esos personajes cínicos pero con conciencia; para villano ya tenemos a Rod Steiger:

Pero para estas alturas Humphrey Bogart se encontraba ya muy enfermo. A consecuencia de su abuso del tabaco y el alcohol padecía un cáncer de esófago que incluso le impidió hacerse oír en algunas escenas de esta última película. Pese a someterse a diversas operaciones y tratamientos, la enfermedad estaba muy avanzada y Bogart murió finalmente el 14 de enero de 1957; pesaba sólo 36 kg, y acababa de cumplir 57 años. En su funeral, al que acudieron muchas de las grandes figuras de Hollywood, Spencer Tracy fue incapaz de pronunciar unas palabras a petición de la viuda, Lauren Bacall, por lo que fue John Huston el encargado de hablar. Fue incinerado, y sus cenizas se encuentran en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery:

Con Humphrey Bogart se iba un mito, un icono del cine, el prototipo de hombre duro y cínico pero con sentimientos, aunque pudo interpretar incluso a galanes románticos superados los 50 años. Siempre nos quedará su filmografía, y, sobre todo, siempre nos quedará París.



30 años de la muerte de Cary Grant (29-11-2016)


Hay estrellas que eclipsan a casi cualquier otra que se les acerque. Y cuando pensamos en ese Hollywood dorado de los años 30 y 40, entre los primeros nombres que se nos viene a la mente seguramente se encuentra el de Cary Grant. No es que fuera el mejor de su época, pero gracias a su carisma, a su presencia, pervive como una de las mayores estrellas del cine aún cuando se cumplen 30 años de su desaparición.




El verdadero nombre de Cary Grant era Archibald Alexander Leah, y había nacido en la británica ciudad de Bristol el 18 de enero de 1904. Había tenido un hermano mayor al que no conoció, ya que murió en 1900, con un año de edad. Su infancia no fue feliz, a causa del alcoholismo de su padre y de la depresión clínica de su madre (que parece ser que nunca se recuperó de la muerte de su primer hijo), que fue internada en un centro psiquiátrico cuando el pequeño Archibald tenía 9 años. Su padre le mintió, diciéndole primero que se había ido de viaje y luego que había muerto. No será hasta 1935 que se entere que su madre estaba viva, cuando su padre, a punto de morir, se lió con las mentiras que le había contado. En todo caso, antes de ser internada, su madre se esforzó por darle una buena educación: ella misma le enseñó a cantar y bailar, y se empeñó en que aprendiera a tocar el piano.

Tras el internamiento de su madre, su padre se muda con él a la casa de su abuela, pero un año después se vuelve a casar para formar una nueva familia de la que su hijo no forma parte. El abandono del padre, así como el supuesto abandono de la madre, traumatizan al futuro Cary Grant y dificultan su socialización.

Aficionado al teatro, se une a una compañía acrobática, y en sus años de estudiante destaca por sus dotes acrobáticas y deportivas que le hacen muy popular, aunque tiene fama de estudiante problemático. El resto de su tiempo lo pasa en el teatro. Finalmente, en 1918 es expulsado de su escuela (uno de los rumores decía que había sido sorprendido en el vestuario de las chicas), por lo que vuelve a unirse a la troupe acrobática a la que había pertenecido años antes, lo que le permite sobrevivir los siguientes años, con un contrato hasta los 18 años. Pero en 1920, cuando tiene 20 años, la compañía emprende una gira por Estados Unidos, y él decide quedarse en el país, junto con otros miembros de la compañía, cuando ésta vuelve a Gran Bretaña.

Los siguientes años los pasa trabajando en teatro, donde perfecciona sus dotes para la comedia. Obtiene un importante éxito que finalmente le lleva a Hollywood, donde consigue a finales de 1931 un contrato de 5 años con la Paramount, ya que el mánager de la compañía, B. P. Schulberg, se da cuenta de su enorme potencial. En esta época cambia su complicado nombre por el más llamativo de Cary Grant. Así debuta en la comedia romántica “Esta es la noche”, en la que interpreta a un campeón de lanzamiento de jabalina con problemas de celos:

En 1932 estrenó varias películas, de entre las que destaca su participación en “La Venus rubia”, como el amante de Marlene Dietrich en una película todavía anterior al código Hays de censura, que nos permite ver a un Grant más canalla, papel que le va como un guante:

Protagoniza también junto a Silvia Sidney la adaptación cinematográfica de “Madame Butterfly”, en otro papel de  galán más bien canalla pero al que no le falta un cierto encanto. La película por otra parte está hoy completamente olvidada (pero está completa en Youtube… me la apunto como asignatura pendiente):

Si bien estas y otras películas de 1932 en las que trabaja junto a grandes estrellas no le convierten todavía a él en una estrella, ya hacen que su nombre empiece a ser conocido. Entre otras cosas, consigue llamar la atención de una reciente estrella, la problemática Mae West, que se empeña en que sea el protagonista de su siguiente película, “Lady Lou”, de 1933, en la que es la película de menor duración en conseguir la nominación al Oscar de mejor película. Un éxito de taquilla que salvó a la Paramount de la quiebra:

Mae West siempre presumió de haber sido quien descubriera a Cary Grant. Aunque eso no sea del todo cierto, sí lo es que Grant alcanzó el estrellato gracias a sus dos colaboraciones con ella. Y es que ese mismo 1933 volvieron a trabajar juntos en “No soy un ángel”:

En 1933 aparece también, aunque irreconocible bajo su disfraz, entre el inmenso elenco de la adaptación de “Alicia en el país de las maravillas” de Norman Z. McLeod.

Pero el código Hays que implanta la censura cinematográfica en 1933 echa a perder la carrera de la irreverente Mae West, y a Cary Grant le cuesta encontrar su sitio. Una serie de fracasos comerciales en 1934 le lleva a la Paramount a prescindir de Cary Grant, considerado “poco rentable” (es cierto que tardará unos años en ser rentable, pero si habrían esperado esos años…). Así, en 1935 trabaja para la RKO en “La gran aventura de Silvia” de George Cukor, en la que trabaja por primera vez junto a Katherine Hepburn. La película tampoco es un éxito comercial, pero el trabajo de Grant es alabado por la crítica, y él siempre consideró esta película su lanzamiento definitivo:

Terminado su contrato con la Paramount en 1936, Cary Grant decide no renovar y ser un artista libre (el primero en hacerlo), lo que curiosamente aumenta su sueldo. Por esta época, en todo caso, comparte vivienda con su amigo Randolph Scott (los rumores sobre una relación entre ambos o sobre la posible bisexualidad de Grant no han podido ser confirmados), ya que Grant se había divorciado en 1935 de su primera esposa, Virginia Cherrill, con la que llevaba un año casado, y vivirán juntos hasta que Grant vuelva a casarse en 1942 con Barbara Hutton. Compartir vivienda suponía un importante ahorro para dos estrellas emergentes cuyos sueldos no les permitían tener una mansión para cada uno.

Pasando por diversos estudios en sus siguientes trabajos, alcanza su máximo éxito por fin en 1937 con “La pícara puritana” de Leo McCarey, junto a Irene Dunne y Ralph Bellamy, una screwball comedy, género en el que Grant brillará por delante de cualquier otro actor. Si bien la relación con McCarey no fue buena, éste elogió la capacidad cómica de Grant y su habilidad para improvisar diálogos. La comedia es divertidísima, a lo que desde luego contribuye mucho el talento de Grant:

Por si no fuera suficiente, en 1938 protagoniza junto a Katherine Hepburn un mito del screwbal comedy, “La fiera de mi niña” de Howard Hawks, con la simpática compañía de dos leopardos nada menos. Pese a su recelo inicial sobre cómo enfocar el personaje (le recomendaron tomar el ejemplo de Harold Lloyd), fue el propio Cary Grant quien le ayudó a Katherine Hepburn a desarrollar sus dotes para la comedia. El resultado no podía ser más brillante (ni más desternillante; conviene ver la película con la caja de kleenex al lado, porque es imposible no acabar llorando de la risa):

Yo ya sólo con el trailer me parto de risa. ¡Gracias, Howard Hawks, por regalarnos esta joya!

En 1939 repite con Howard Hawks en “Sólo los ángeles tiene alas”, película de aventuras junto a Jean Arthur:

Y realiza un gran trabajo en la adaptación de la obra de Rudyard Kipling en “Gunga Din”, de George Stevens, donde forma un genial trío cómico junto a Victor McLaglen y Douglas Fairbanks Jr. como unos soldados poco fiables en la India de época colonial. Una película de aventuras que conviene no perderse:

1940 será un gran año para Cary Grant, con 3 grandes comedias. La primera, “Luna nueva” de nuevo dirigida por Howard Hawks, junto a Rossalind Russell y Ralph Bellamy (que parece que era el único actor que podía intentar quitarle a la chica) en el que algunos consideran uno de sus mejores papeles cómicos:

Cary Grant repite junto a Irene Dunne y trabaja junto a su amigo Randolph Scott en “Mi mujer favorita”:

Pero el mayor éxito de Cary Grant en 1940 fue la última película que estrenó, “Historias de Filadelfia” de George Cukor, de nuevo junto a Katherine Hepburn, aunque aquí su papel es más secundario frente al de James Stewart (que, inesperadamente, se llevó el Oscar a mejor actor):

Otra de las grandes películas de la historia, totalmente imprescindible.

En 1941, la carrera de Cary Grant da un giro: en los siguientes años (básicamente los años de la II Guerra Mundial) rodará menos comedias, mientras rueda la mayoría de los dramas de su filmografía, lo que le da alguna que otra alegría. De hecho 1941 fue un buen año para él, con el estreno de dos grandes películas. La primera, el melodrama “Serenata nostálgica”, en el que repite junto a Irene Dunne (una pareja que desprende química por todos lados). Por esta película consigue su primera nominación al Oscar (pero pierde frente a Gary Cooper, que lo gana por “El sargento York”):

Por otro, colabora pro primera vez (lo hará 4 veces) con el director Alfred Hitchcock, en “Sospecha”, como el marido de Joan Fontaine. Cary Grant borda el ambiguo personaje al que la censura le cambia el final (estropeando con ello la película… y no digo más para no hacer spoiler):

¿Habrá veneno en ese vaso de leche?

El 26 de junio de 1942 Cary Grant consigue la nacionalidad americana y se casa ese mismo año con la millonaria Barbara Hutton, de quien se divorciará en 1945. Por otra parte, son años en los que la Guerra centra toda la atención del país, y Grant realiza giras para promover la compra de bonos de guerra y visita a militares hospitalizados. Su trabajo cinematográfico se reduce en esos años.

En 1942 estrena dos películas. Por un lado, el drama “El asunto del día”, de George Stevens, en la que interpreta a un presidiario huido que busca refugio en casa de una antigua amiga, Jean Arthur, que ha alquilado una habitación de su casa a un juez, Ronald Colman, al que Grant tratará de convencer de su inocencia:

Y protagoniza junto a Ginger Rogers la comedia de Leo McCarey “Hubo una luna de miel”, ambientada en la II Guerra Mundial:

En 1943 protagoniza el film bélico “Destino Tokio”. Se nota la influencia de la Guerra en las películas de la época…

1944 es un año mucho mejor para Cary Grant. Estrena dos películas más que importantes en su carrera. En primer lugar, un drama, “Un corazón en peligro”, junto a la gran Ethel Barrymore. Esta película le valdrá su segunda y última nominación al Oscar, pero esta vez quien se lo arrebate será (flipando) Bing Crosby por “Siguiendo mi camino” (si al menos hubiera sido Alexander Knox por “Wilson” o el también nunca premiado Charles Boyer por “Luz que agoniza” me callaría, pero es que esto ya no tiene nombre):

Y por otro lado, Cary Grant vuelve a la comedia más alocada en su única colaboración con Frank Capra, la mítica “Arsénico por compasión”, en la que de nuevo tiene un recital de muecas y gestos cómicos que tanto éxito le darán en la comedia:

Sus siguientes estrenos tendrán lugar dos años después, en 1946, ya terminada la guerra. Por un lado tenemos el biopic del compositor Cole Porter, “Noche y día”:

Y por otro lado, Cary Grant vuelve a trabajar por segunda vez con Alfred Hitchcock en “Encadenados”, que le empareja por primera vez con la que será su gran amiga Ingrid Bergman, y en la que también trabajan dos grandes secundarios como Claude Rains y Louis Calhern. Este es en mi opinión (a parte de ser, junto con Rebeca, mi favorita de Hitchcock) el mejor papel de Cary Grant, está simplemente espléndido en una película de intriga, un drama romántico por el que incomprensiblemente no sólo no se llevó el Oscar (se podría discutir si se lo merecía más que el ganador ese año, Fredric March por “Los mejores años de nuestra vida”… yo es que soy muy fan de March), es que ni siquiera fue nominado, algo realmente imperdonable. Veamos una de las escenas más tensas de la película:

Cary Grant supera ya los 40 años pero mantiene su buen aspecto como para seguir siendo un galán, papel que no abandonará en toda su carrera.

En 1947 interpreta a un ángel en “La mujer del Obispo”, comedia dramática junto a Loretta Young y David Niven en otro de sus mejores papeles:

Su siguiente película relevante fue en 1949 cuando vuelve a trabajar con Howard Hawks en otra de esas hilarantes comedias, “La novia era él”, en la que interpreta a un militar francés que tiene que vestirse de mujer para poder ir a Estados Unidos con su mujer, Ann Sheridan, que interpreta a una militar americana:

El 25 de diciembre de 1949 Cary Grant se casa por tercera vez, con la actriz Betsy Drake, con la que trabajó en dos ocasiones /en 1948 en “En busca de marido” y en 1952 en “Hogar, dulce hogar”. El matrimonio fue complicado para ambos, pero será el más largo en la vida de Grant: se divorciaron en 1962.

En 1952 Cary Grant vuelve a trabajar en una comedia de Howard Hawks, “Me siento rejuvenecer”, junto a Ginger Rogers y Marilyn Monroe:

En 1953 trabaja por primera vez junto a Deborah Kerr en “La mujer soñada”, de nuevo una comedia romántica:

En 1955 trabaja por tercera vez junto a Alfred Hitchcock (al estar fuera del sistema de estudios, se podía permitir el lujo de elegir en qué proyectos quería trabajar y recibir sueldos mayores) en “Atrapa a un ladrón”, que siendo una película de intriga como es habitual en el director inglés, es también una comedia romántica que empareja a Cary Grant con Grace Kelly. Grant seguía interpretando al galán romántico y seductor a sus 50 años, pero ahora con parejas mucho más jóvenes que él (a Grace Kelly le sacaba nada menos que 25 años, podría ser su padre; a Deborah Kerr, 17; a Audrey Hepburn 25; a Jayne Mansfield 29; y a Sofia Loren, 30). Aún así,la química entre Grant y Kelly es espectacular:

En 1957 estrena tres películas. La primera, “Bésalas por mí”, es su primera colaboración con el director Stanley Donen (con el que realizará sus mejores trabajos en sus últimos años) que lo empareja con la rubia explosiva Jayne Mansfield:

La segunda fue la fallida “Orgullo y pasión” de Stanley Kramer, una extraña incursión de Cary Grant en el cine de época (aunque luzca de maravilla el uniforme militar decimonónico inglés) rodada en España junto a Frank Sinatra y Sofia Loren. Parece que Grant aceptó el trabajo para poder huir de su mujer, pero durante el rodaje se enamoró de Sofia Loren, quien prefirió a Carlo Ponti para su desesperación. Además, el rodaje de esta película le impidió poder interpretar, como él quería, el papel de “El puente sobre el río Kwai” que finalmente hará William Holden:

Y, finalmente, el remake que el propio Leo McCarey dirigió de su “Tú y yo” que rodara en 1939 con Charles Boyer e Irene Dunne. Si la primera versión era más melodramática (no se podía esperar otra cosa de Charles Boyer), esta nueva, que empareja a Cary Grant de nuevo con Deborah Kerr, es más comedia, en la que, de nuevo, la química de la pareja protagonista nos deja una película inolvidable:

 

Maravillosa esta escena final (perdonadme, yo es que veo a Deborah Kerr y pierdo cualquier atisbo de objetividad que pueda tener… aunque Cary Grant está igualmente espléndido).

En 1958, un contrato con la Paramount le obliga a volver a rodar junto a Sofia Loren, algo que a él no le apetecía precisamente. El resultado fue “Cintia”, otra encantadora comedia en la que, ¡milagro!, Cary Grant es el padre viudo de tres niños (que más que sus hijos podían ser sus nietos… pero es que cuando se trata de Cary Grant, antes muerto que perder su estilo de la galán):

También en 1958 vuelve a trabajar con Stanley Donen y con su gran amiga Ingrid Bergman en “Indiscreta”, una genial comedia que le traerá a Cary Grant la primera de sus 5 nominaciones a los Globos de Oro (todas ellas como mejor actor de comedia), de las que tampoco ganará ninguna (lo que es muy difícil de entender… en nominaciones sin premio sólo le gana Paul Newman y empata con Susan Sarandon):

En 1959 consigue su segunda nominación con la comedia bélica “Operación Pacífico” de Blake Edwards, aunque aquí como galán tiene la difícil competencia de Tony Curtis:

Como siempre, la comicidad de Grant viene por sus gestos, por sus reacciones, más que por los chistes y gags que pueda tener.

De 1959 es también su última colaboración con Alfred Hitchcock, la mítica “Con la muerte en los talones”, película con la que confieso que empecé a odiar a Grant por su verborrea incontrolable que me ponía nervioso… claro que eso es lo que a fin de cuentas busca la película:

Retiro lo dicho, Cary Grant vuelve a estar genial.

En 1960 vuelve a trabajar por tercera vez junto a Stanley Donen en la deliciosa “Página en blanco”, como el marido cornudo de una maravillosa Deborah Kerr junto a una alocada Jean Simmons y un sorprendentemente divertido Robert Mitchum. Por esta película consigue su tercera nominación al Globo de Oro:

Su nivel de trabajo se reduce ya notablemente, no estrenando nada hasta 1962, con “Suave como el visón”, junto a Doris Day, con la que consigue su 4ª nominación al Globo de Oro:

Cuando Ian Fleming creó el personaje de James Bond, se inspiró en Cary Grant. Así que cuando se va a comenzar a rodar la saga cinematográfica del personaje, con “Agente 007 contra el Dr. No”, en 1962, los productores quieren a Grant como protagonista, pero finalmente lo descartan porque Grant sólo se comprometía a hacer una película, mientras los productores buscaban hacer una saga. Ellos se lo perdieron (y Sean Connery salió ganando, de paso).

En 1962 se divorcia también de Betsy Drake, de quien estaba separado desde 1958. Hay que recordar que Betsy Drake le introdujo en el mundo del LSD, que por aquella época era legal.

En 1963 trabaja por última vez junto a Stanley Donen en la genial comedia de intriga “Charada”, que protagoniza junto a Audrey Hepburn. Por esta película, otra de esas joyas de su filmografía, se llevó su 5ª y última nominación a los Globos de Oro:

Yo lo que quiero saber es cómo el muy granuja podía tener semejante química con actrices mucho más jóvenes que él. Estaba a punto de cumplir 60 años y la pareja que hace con la deliciosa Audrey Hepburn es encantadora.

En 1964 protagoniza junto a Leslie Caron y Trevor Howard la comedia bélica “Operación Whisky”:

Pero ya no hay más comedias románticas en su filmografía. Se retira del cine en 1966 con la comedia “Apartamento para tres”, junto a Samatna Eggar y Jim Hutton:

Y así se retira del cine. De poco sirvió que Alfred Hitchcock le ofreciera el papel protagonista de “Cortina rasgada” en 1966: Cary Grant había decidido retirarse del cine. Ya tenía 62 años, en julio de 1965 se había casado por 4º vez con la actriz Dyan Cannon y acababa de nacer su única hija, Jennifer, el 26 de febrero de 1966. Era el momento de retirarse.

Se divorció de Dyan Cannon en 1968, y justo después sufrió un grave accidente de tráfico. En 1970, la Academia de Hollywood finalmente decide compensarle concediéndole un Oscar honorífico. Grant llevaba 12 años boicoteando la gala de entrega de premios, pero fue a recoger este Oscar honorífico que tanto merecía:

Años de retraso. Como decía Frank Sinatra, Cary Grant hacía fácil la interpretación, su estilo era siempre sencillo, recurriendo a histrionismos sólo como efectos cómicos pero sumamente contenido en sus interpretaciones más dramáticas.

Cary Grant todavía tuvo tiempo de casarse una 5ª vez, en 1981, con la agente de relaciones públicas Barbara Harris. En sus últimos años se dedicó a hacer giras para presentar “Una noche con Cary Grant”, sesiones en las que se proyectaba alguna de sus películas y luego él respondía a las preguntas del público. Fue durante una de esas giras que, estando en Davenport, Iowa, sufrió una hemorragia cerebral el 29 de octubre de 1986. No era la primera que sufría, ya había tenido otra dos años atrás, pero en esta ocasión fue fatal y Cary Grant murió esa misma noche. Tenía 82 años. Fue incinerado y sus cenizas esparcidas en California, por lo que nos quedamos sin poder visitar su tumba.

No era el mejor actor de su generación, desde luego, pero con una filmografía repleta de títulos básicos de la historia del cine y en la que compartía cartel con algunas de las mejores actrices de su época (4 veces con Katherine Hepburn, 3 veces con Irene Dunne o Deborah Kerr, 2 veces con Ingrid Bergman), Cary Grant es historia del cine, una figura icónica que pocos, si acaso alguno, pueden disputarle. 30 años después de su muerte todavía seguimos riéndonos a carcajadas con sus comedias y emocionándonos con sus películas dramáticas. Porque Cary Grant siempre será el perfecto icono del Hollywood clásico.



Centenario del nacimiento de Peter Finch (28-09-2016)


Los años 50 habrían sido nefastos para el cine de Hollywood con la implacable irrupción de intérpretes y directores salidos del Actor’s studio, con sus exageraciones e histrionismos, si no habría sido por una serie de actores y actrices británicos que se trasladaron a Hollywood, a menudo salidos del mundo del teatro, con una forma de interpretar mucho más cercana al estilo de las grandes estrellas de los años 30 y 40. Ellas siguieron los pasos de Deborah Kerr; ellos, más tardíos, los de Richard Burton, en ambos casos unos de los mejores actores de la historia del cine. Pues entre los actores que acudieron a Hollywood a principios de los años 50 y que mantuvieron el gran nivel interpretativo de las décadas anteriores se encuentra el un tanto olvidado Peter Finch, de quien hoy se celebra su centenario.




Frederich George Peter Ingle Finch nació en Londres el 28 de septiembre de 1916. Su origen es casi un culebrón venezolano: su madre, Alicia Fisher, estaba casada por aquellas fechas con George Finch, a quien Peter consideró su padre biológico hasta muchos años después. Pero la realidad es que su padre biológico era en realidad Edward Dallas Campbell, con quien su madre mantenía una relación extramatrimonial, y con quien se casaría en 1922, ya que George se divorció de ella por esta infidelidad.

Tras el divorcio, la custodia del pequeño Peter Finch recayó en George (de ahí que le considerara su padre durante muchos años), quien lo dejó con su madre, Laura, que vivía en Francia. Pero en 1925 se trasladó con su “nieto” a Madrás, donde el pequeño pasará unos meses en un monasterio budista, lo que afectará a sus creencias el resto de su vida (Finch siempre se consideró budista).

En 1926 se traslada a vivir con su tío-abuelo a Sidney, donde pasará el resto de su infancia y terminará sus estudios. Comienza a trabajar en un periódico, pero le atrae la interpretación, por lo que debuta en teatro en 1933, y de ahí al cine, debutando en un corto que adapta la historia de la Cenicienta en 1935. Realiza algunos trabajos cinematográficos menores en Australia, hasta que se enrola en el ejército durante la II Guerra Mundial, trabajando en algunos documentales de propaganda bélica.

Terminada la guerra, crea su propia compañía de teatro, lo que le da bastante fama en Australia, hasta que, durante unas vacaciones, la pareja formada por Laurence Olivier y Vivien Leigh le descubren; Olivier le invita a trasladarse a Londres y se convierte en su mentor. Pero al igual que éste, Peter Finch sufre de pánico escénico, por lo que se siente atraído por el cine; ya en 1950 tiene un breve papel en “The wooden horse”, entre otros pequeños papeles en esos años.

Realiza algunos papeles cinematográficos tanto en Hollywood (como villano en “Los arqueros del Rey”, basada en la historia de Robin Hood), como en Gran Bretaña, aparecendo en 1953 en “The history of Gilbert and Sullivand” y en 1954 en “El detective”, comedia protagonizada por Alec Guinness.

Peter Finch estaba casado desde 1943 con Tamara Tchinarova, con la que trabajó en varias ocasiones y con la que en 1950 tiene una hija, Anita. Pero desde 1948 comienza un romance con la esposa de su mentor, Vivien Leigh, que durará varios años. Y en 1954 se supone que Leigh va a protagonizar una gran producción americana dirigida por William Dieterle y ambientada en la India (lugar de origen de Leigh): “La senda de los elefantes”. El papel protagonista se lo ofrecieron a Olivier, pero este lo rechazó por sus muchos compromisos teatrales y cedió su lugar a su protegido Finch. Pero al poco de comenzar el rodaje, Vivien Leigh sufre una crisis nerviosa y abandona la película, siendo sustituida por Elizabeth Taylor; el resto es ya parte del mito de Hollywood; pocas veces la Taylor se vería tan hermosa en pantalla:

Competir contra Dana Andrews por el amor de Lizz Taylor en un papel tan desagradable ya es todo un logro, hay que reconocerlo.

Su siguiente papel relevante es en “El príncipe negro”, en la que interpreta al villano francés que se enfrenta al príncipe Eduardo de Inglaterra que interpreta Errol Flynn:

En 1956 vuelve a Inglaterra, donde protagoniza “La batalla del Río de la Plata”, film bélico casi documental de Michael Powell y Emeric Pressburger en la que interpreta al capitán del barco nazi que durante la II Guerra Mundial se ve obligado a atracar en Montevideo, en una de sus clásicas interpretaciones llena de matices y sin histrionismos:

Sigue trabajando en Gran Bretaña, donde en 1957 obtiene su primera nominación al BAFTA por “Alarma en Extremo Oriente”. Pero su siguiente gran éxito vendrá en 1959, en una película americana (aunque con reparto británico en su práctica totalidad), “Historia de una monja” de Fred Zinnemann, en la que interpreta al médico ateo que casi conquista el corazón de la monja interpretada por Audrey Hepbrun, consiguiendo por su papel su segunda nominación al BAFTA:

Ese mismo año, tras descubrir su romance con Vivien Leigh, su mujer se divorcia de él, que se casa poco después con Yolanda Turner, con quien tendrá dos hijos.

En 1960 consigue ganar por fin el BAFTA con “Los juicios de Oscar Wilde”, en la que interpreta al famoso escritor:

Ese mismo año participa también en la adaptación que la Disney hace de “Kidnaped”, la novela de aventuras de Robert Louis Stevenson. Y en 1961 protagoniza junto a Angie Dickinson “Misión en la jungla”:

En 1961 también Peter Finch gana su 2º BAFTA por “No love for Johnnie:

De sus siguientes papeles hay que destacar su interpretación del esposo de Anne Bancroft en “Siempre estoy sola” de Jack Clayton, por la que ella se llevó nominación al Oscar y al Globo de Oro, y ganó el BAFTA, en 1964:

En 1965 forma parte del amplio reparto de “El vuelo del Fénix” de Robert Aldrich, mucho mejor que el más reciente remake:

En 1967 colabora por primera vez con John Schlesinger en la adaptación de la obra de Thomas Hardy “Lejos del mundanal ruido”, en la que interpreta a uno de los 3 pretendientes de Bathseva Everdeen, la bellísima Julie Christie: el violento y desagradable William Boldwood, que compite con Alan Bates y el magnífico Terence Stamp. Peter Finch se encuentra muy cómodo en esta adaptación de una novela victoriana, dándonos otra de sus grandes interpretaciones:

Tras repetir en 1968 con Robert Aldrich en “La leyenda de Lylah Clare”, Peter Finch protagoniza en 1969 “La tienda roja” de de Mikhail Kalatozov, en la que interpreta al explorador italiano Umberto Nobile, atormentado en sus últimos años por las decisiones que tomó tras el accidente en la expedición al polo norte. Otro papel matizadísimo en el que compite en talento con Sean Connery, que interpreta a Roald Amundsen. Por desgracia no encuentro ningún vídeo interesante en youtube para poder compartir.

Pero el lanzamiento definitivo de Peter Finch viene en 1971 con su segunda colaboración con John Schlesinger, “Domingo, maldito domingo”, en la que interpreta a un judío que lucha con Glenda Jackson por el amor del atractivo Murray Head. Por este papel no sólo se lleva su 4º BAFTA, sino que por fin consigue, más que merecidamente (está realmente magnífico) su primera nominación al Oscar y al Globo de Oro:

Mientras tanto, Finch se había divorciado de su segunda esposa en 1965, y unos años antes había tenido probablemente una hija con la cantante Shirley Bassey, con la que tuvo una aventura. Pero finalmente en 1972 se casa por tercera vez, con Mavis Barrett, con la que tendrá una hija; en total tendrá 4 hijos oficiales.

En 1973 protagoniza la fallida adaptación musical de “Horizontes perdidos”. Pero eso no quita que podamos disfrutar de su interpretación, y más en esta escena junto al gran John Gielgud:

Finalmente, en 1976 protagoniza el que será su mayor éxito, “Network”, de Sidney Lumet, en la que interpreta a un presentador de televisión que, al ser despedido, anuncia ante las cámaras que se suicidará en directo, en un papel mucho más extrovertido de lo que nos tiene acostumbrados:

La película es un gran éxito, pero Peter Finch no podrá disfrutarlo: sufre un infarto y muerte el 14 de enero de 1977, con 60 años. Es enterrado en el Hollywood Forever Cementery:

Pocos días después, su última película triunfa en los Oscars: gana el demejor guión original, mejor actriz secundaria para Beatrice Straight, mejor actriz para Faye Dunaway… y la de mejor actor para Peter Finch (en la misma categoría estaba nominado su compañero de reparto William Holden). Pese a que tanto James Dean (2 veces) como Spencer Tracy ya habían sido nominados póstumamente, Peter Finch tiene el triste honor de ser el primer actor en ganarlo después de muerto:

El Oscar lo anuncia su compañera de reparto en “Horizontes perdidos”, Liv Ullman, lo recoge el guionista Paddy Chayefsky y finalmente sube al escenario su viuda. Muy tardío (demasiado) para uno de los grandes talentos interpretativos de los años 50, 60 y 70. Un soplo de aire fresco frente a tanto histrionismo y tanto método, un actor de verdad. De esos a los que nunca te cansas de ver. La historia del cine no le ha hecho la justicia que merece, y hoy está un poco olvidado, así que nada mejor que recuperar sus películas para recordarle como el gran actor que fue.



In Memoriam: Marni Nixon (25-07-2016)


Se la conocía como “la voz fantasma” de Hollywod. Y es que su voz es reconocible para cualquier aficionado al cine (especialmente al cine musical, claro), pero su aspecto físico era poco menos que un enigma. Por eso, ahora que nos dejó hace 2 días, conviene que recordemos a Marni Nixon.




Margaret Nixon McEathron, que era el verdadero nombre de Marni Nixon, nació en California el 22 de febrero de 1930. Desde joven estudió cantó, lo que le llevó tanto a cantar para el cine como a cantar ópera, canciones y musicales.

Como cantante de ópera, su carrera se centra fundamentalmente en los teatros de la costa oeste, como Los Ángeles, San Francisco y Seattle, cantando papeles de Mozart o La Traviata de Verdi, lo que ya nos deja claro una vocalidad de soprano lírico-ligera. No encuentro grabaciones suyas cantando ópera, pero sí algunas piezas de música clásica, como en este caso, acompañando a Leonard Bernstein (con quien colaboró a menudo) en una pieza de Pierre Boulez:

Volvemos ahora a escucharla junto a Leonard Bernstein cantando las 3 canciones de Auvernia de Joseph Canteloube:

La escuchamos ahora cantar el aria de la bachiana brasileira nº 5 de Heitor Villa-Lobos:

Marni Nixon destacó también cantando canciones de Kurt Weill o de Arnold Schönberg.

Pero por lo que recordamos a Marni Nixon es por sus participaciones cinematográficas (además, su primer marido, con quien se casó en 1950 y se divorció en 1969 fue el compositor Ernest Gold, ganador del Oscar a mejor banda sonora por “Éxodo”). Su primera intervención fue en 1948 dando voz a los ángeles que escucha Ingrid Bergman en “Juana de Arco”. Después dobló en las canciones a Margaret O’Brien en 1948 en “Big City” y en 1949 en “El jardín secreto”, que escuchamos a continuación:

En 1953 pondrá las notas más agudas para Marilyn Monroe en “Diamonds are the girl’s best friend” de “Los caballeros las prefieren rubias”, aunque su verdadero gran éxito fue doblar en las canciones a Deborah Kerr en el musical “El rey y yo” en 1956:

El trabajo es magnífico, parece que sea la propia Deborah Kerr la que canta… pero no, Deborah Kerr no cantaba (desconozco el porqué, y no deja de ser sorprendente ya que su forma de hablar era ya de por sí bastante cantarina); Yul Bryner sí que canta él mismo,por si había que aclararlo, de hecho cantó este musical en Broadway. Marni Nixon volvió a dolar a Deborah Kerr en 1957 en la canción que canta su personaje en “Tú y yo”:

En 1961 le toca trabajar en “West Side Story” para doblar en las canciones a Natalie Wood (y también en un breve momento a Rita Moreno). No deja de resultar curioso el en mi opinión error de casting de Natalie Wood (y de su pareja en la película, Richard Beymer), ya que no sólo no sabían cantar, tampoco sabían cantar (a diferencia de Deborah Kerr,que no cantaba pero sí bailaba), lo que provocó que se cortaran sus escenas de baile. De entre todas las canciones de la película, yo me quedo con este “Somewhere”:

Su nombre nunca apareció en los títulos de crédito de estas películas, y se le negó recibir royalties por su participación, aunque Leonard Bersntein (con quien como ya hemos viso, colaboró a menudo) le cedió un porcentaje de los suyos.

Su otra intervención más destacable fue en 1964. Insatisfechos por los resultados de Audrey Hepburn como cantante (pese a que hubiera grabado todas sus canciones)en “My Fair Lady”, decidieron sustituir su voz por la de Marni Nixon (excepto en “Just yoy wait”, donde se conservó la versión de la propia Hepburn). Cuando, en épocas recientes, hemos podido escuchar las versiones originales de la propia Hepburn, nos daos cuenta del gran esfuerzo que hizo, pero es que el agudo final del “I could have danced all night” no podía sonar bien… así que vamos a escuchar a Marni Nixon en dos de las canciones de “My Fair Lady”:

Siempre se ha rumoreado que Marni Nixon estuvo detrás de que Audrey Hepburn se quedara sin nominación al Oscar, por un papel que, por otra parte siempre se esperó que interpretara Julie Andrews, quien había estrenado el musical. En todo caso, la jugada salió bien, porque el Oscar se lo llevó precisamente Julie Andrews por “Mary Poppins”, en la que, por cierto, también escuchamos brevemente a Marni Nixon en esta escena de animación, poniendo voz a las tres ocas:

Será en 1965 cuando por fin podamos verla en su única aparición cinematográfica, gracias a Robert Wise (el director de “West Side Story”), con un breve papel en “Sonrisas y lágrimas”, el de la hermana Sofía (es la que canta la segunda frase de la canción, para reconocerla mejor):

Su carrera proseguirá como profesora de canto, como actriz de teatro y musical y haciendo grabaciones discográficas (grabará el papel de “Mary Poppins”, por ejemplo), e incluso poniendo voz a la abuela de la película de animación de Disney “Mulán”:

En 2001 participa en las funciones del musical “Follies” de Stephen Sondheim:

Finalmente, un cáncer de mama se la llevaba, a los 86 años, el pasado 24 de julio. Pese a que su nombre a penas sea conocido y que casi nadie reconozca su cara, es una parte fundamental de la historia del cine, y como tal merece ser recordad.



Gregory Peck en el centenario de su nacimiento (05-04-2016)


Mencionaba en un post reciente que, en mi opinión, los mejores intérpretes fueron los de los años 30. Entendiendo estos años 30 como una forma de actuar, una forma de ver el cine. Por eso, hoy vamos a hablar de un actor, mejor dicho de un enorme actor, que pese a debutar en el cine a mediados de los 40, es de alguna forma el último gran representante de esos actores de los 30 (junto con Robert Mitchum, que comenzó en el cine en fechas similares; incluso William Holden es anterior): Gregory Peck. Una extensa filmografía que se extiende desde los 40 hasta los 70, con gran variedad de géneros, lo sitúan como un digno heredero de los Gary Cooper, James Stewart o Henry Fonda que ya llevaban años de carrera a sus espaldas. Y no pocos papeles memorables.




Eldred Gregory Peck nacía el 5 de abril de 1916 en San Diego, California. Su padre, farmacéutico, de origen anglo-irlandés, era católico, y su madre, de origen anglo-escocés, se convirtió también al catolicismo al casarse; detalle este importante en la vida del actor. Sus padres se divorciaron cuando él tenía 6 años, y pasó los siguientes años con su abuela materna, hasta que ésta murió y fue criado por su padre. Comienza a estudiar medicina, pero se siente atraído por la interpretación, se une a grupos teatrales y así termina encontrando su vocación; debuta en San Francisco en 1941 y en Broadway en 1942. De ahí al cine hay sólo un paso.

Debuta en 1944 con “Días de gloria”, de Jacques Tourneur, film bélico ambientado en la Rusia de la II Guerra Mundial, pero será con su segunda película con la que llame la atención: “Las llaves del reino”, de John M. Stahl, de ese mismo año, en la que interpreta al protagonista absoluto, un misionero católico escocés en China. El papel le viene por momentos algo grande al todavía novatillo Peck, pero en general se pude decir que tiene una más que interesante interpretación, que le valdrá su primera nominación al Oscar (la primera de las 5 que tuvo, cuatro de ellas en los años 40):

En 1945 protagoniza dos grandes películas: por un lado, es el perfecto galán romántico en el meodrama de época “El valle del destino”, junto a Greer Garson, en el que ya luce impecable en un papel romántico que le sienta como un guante:

Su otro gran papel ese año fue en “Recuerda”, su primera colaboración con Alfred Hitchcock, junto a Ingrid Bergman, donde interpreta a un doctor que sufre amnesia; otra gran interpretación de Gregory Peck:

En 1946 vuelve a regalarnos dos memorables papeles. El más recordado sea, seguramente, el de Lewt McCanles, el malvado hermano de Joseph Cotten en “Duelo al sol” de King Vidor, su primer western y su primer villano, que entabla una funesta relación de amor-odio con la bellísima Jennifer Jones que no podía acabar bien. Inolvidable la escena final:

Su otro gran papel ese mismo año fue mucho más amable, el granjero Penny Baxter, esposo de Jane Wyman y padre de Claude Jarman Jr. en “El despertar” de Clarence Brown, por la que recibe su segunda nominación al Oscar y gana el Globo de Oro por uno de sus mejores papeles. Sólo por esta escena ya merece la pena su interpretación, al nivel de muy pocos actores (y más teniendo en cuenta que Gregory Peck no era un actor muy rico en recursos interpretativos, pero los que tenía los sabía usar al máximo, como esa maravillosa voz):

Es, además, el primero de sus papeles de “padrazo”, papel que interpretaba como nadie (y que llevará a su máxima expresión con su maravilloso Atticus Finch).

En 1947 de nuevo nos regala dos grandes papeles. El primero, en su segunda y última colaboración con Alfred Hitchcock, “El proceso Paradine”, esa en la que Hitch quiso reunir a Greta Garbo e Ingrid Bergman (pobre Gregory si se hubiera tenido que enfrentar a las dos a la vez, a ver quién hubiera resistido eso…), pero que se quedó sin ambas y tuvo que conformarse con la debutante Alida Valli y con Ann Todd. Además de otro debutante, Louis Jourdan, y de Charles Laughton, la gran triunfadora fue realmente Ethel Barrymore, nominada al Oscar a mejor secundaria. Pero bueno, Gregory Peck sigue de nuevo impecable:

La otra es “La barrera invisible”, de Elia Kazan, en la que interpreta a un reportero que se hace pasar por judío para experimentar el antisemitismo de su entorno (muy en la línea de Kazan, defendiendo el método del Actor’s studio… no trago a Kazan, ni como cineasta ni como persona, por si no se nota…). Gregory Peck interpreta a un personaje socialmente comprometido, muy similar a lo que era en su propia vida, acompañado de Dorothy McGuire, John Garfield, Ann Revere o Celeste Holm, además de hacer de padre (de nuevo papel de padrazo) de Dean Stockwell (de quien ya había sido padre brevemente en “El valle del destino”):

Gregory Peck consigue su tercera nominación al Oscar. La cuarta la conseguirá en 1949 por “Almas en la hoguera” de Henry King, aunque de nuevo se quedará sin él (a diferencia de su compañero Dean Jagger, que se lleva la estatuilla a mejor Secundario) por un general de aviación durante la II Guerra Mundial; un héroe americano en la línea de personajes interpretados por Gary Cooper o James Stewart:

En 1951 protagoniza la película bíblica “David y Betsabé” de Henry King, junto a Susan Hayward, aunque el papel no le pega mucho, seamos sinceros:

Ese mismo año colaborará con el director Raoul Walsh en una cinta de aventuras en el mar, “El capitán Horatio Hornblower”, repitiendo en 1952 con la magnífica “El mundo en sus manos”:

Ese mismo 1952 protagoniza otra de sus memorables películas, “Las nieves del Kilimanjaro” de Henry King, basada en la novela de Ernest Hemingway, donde está acompañado por Susan Hayward y Ava Gardner:

Pero más memorable será aún su papel, en 1953, en “Vacaciones en Roma”, de William Wyler, donde acompaña a la debutante Audrey Hepburn, de quien se convertirá en amigo inseparable durante toda su vida (y a quien presentará a quien será su primer marido, Mel Ferrer). Se trata de una simpática comedia llena de escenas memorables, como ese paseo en moto por Roma o esta en la boca della verità (que ya nos gustaría verla así de vacía, y no con las colas que hay que hacer hoy día para hacerse la fotito de rigor):

En 1954 protagoniza la comedia inglesa “El millonario”, de Ronald Neame, como la pobre víctima de la apuesta de dos ricos hermanos británicos aburridos de la edad: le dan un cheque de un millón de libras, pero no podrá utilizarlo durante un mes:

El 30 de diciembre de 1955 se divorcia de su primera mujer, Greta Kukkonen (que era 5 años mayor que él), con quien llevaba casado desde 1942 (aunque él mismo confirmó que mantuvo un romance don Ingrid Bergman durante el rodaje de “Recuerda” estando casado) y con quien tenía 3 hijos. El día siguiente se casó con Veronique Passani, una reportera a la que conoció en 1952, con quien tendría 2 hijos y con quien vivirá hasta su muerte. Eso sí, la boda fue civil, ya que la iglesia católica no permitía la boda sin una nulidad previa de su anterior matrimonio. Pese a todo, Gregory Peck fue siempre un católico creyente, aunque no especialmente “ortodoxo” en su forma de ver ciertos aspectos.

De vuelta al cine, en 1956 protagoniza “El hombre del traje gris”, junto a Jennifer Jones y Fredric March, y también uno de sus grandes éxitos, la adaptación del “Moby Dick” de Herman Melville que realizará John Huston, en el papel del capitán Ahab (papel para el que Huston en principio quería a su padre, Walter Huston, pero éste murió antes del rodaje). Otra de esas interpretaciones memorables de la historia del cine:

En 1957 vuelve a la comedia acompañando a Lauren Bacall en “Mi desconfiada esposa” de Vincente Minnelli:

En 1958 protagoniza otro clásico del cine, “Horizontes de grandeza” de William Wyler, junto a Jean Simmons y Chartlon Heston, en un western de familias enfrentadas que le valió el Oscar a mejor secundario a Burl Ives, que interpreta al patriarca de la familia rival del suegro del personaje que interpreta Gregory Peck:

En 1959 interpreta al escritor F. Scott Fitzgeral en el drama biográfico “Días sin vida” de Henry King, acompañado por Deborah Kerr:

Ese mismo año protagoniza la historia de unos supervivientes a un holocausto nuclear en “La hora final” junto a Ava Gardner, Fred Astaire y Anthony Perkins:

En 1961 es uno de los protagonistas del clásico de cine bélico “Los cañones de Navarone”, junto a Anthony Quinn y David Niven:

Pero será 1962 su mejor año, al protagonizar dos grandes éxitos. El primero de ellos, “El cabo del terror”, en el que interpreta a un abogado al que un malvado Robert Mitchum quiere hacer la vida imposible por haberle encarcelado años atrás. Gregory Peck no solía usar dobles para las escenas de acción, lo que tuvo que sufrir Mitchum en sus propias carnes en la escena de la pelea de ambos:

Pero su mayor éxito fue, desde luego, protagonizar la adaptación que Robert Mulligan dirigió del libro de Harper Lee “Matar a un ruiseñor”. Su Atticus Finch es sin duda su mejor papel y el mejor “padrazo” de la historia del cine, a parte de un personaje tan idealista como el propio Gregory Peck:

Gregory Peck, que llevaba sin ser nominado al Oscar desde 1949, consigue aquí su 5ª nominación. Y, para desgracia de Peter O’Toole (que protagonizaba la multipremiada Lawrence de Arabia), esta vez se lleva el premio, merecidísimo tanto por la interpretación en sí como por la trayectoria de un actor que llevaba años pidiendo el premio a gritos. Pocas veces la academia estuvo tan acertada:

Peck gana también el Globo de Oro, premio al que es nominado al año siguiente de nuevo por “El capitán Newman”. Y protagoniza más películas en los 60, aunque su ritmo de trabajo disminuye. Destacamos entre ellas su colaboración con Stanley Donen en 1966 en “Arabesco”, junto a la actriz que le dio el Oscar, Sofia Loren:

Mientras, le caen premios honoríficos, como el Oscar humanitario Jean Hersholt en 1968 o el Globo de Oro Cecil B. de Mille en 1969, año en el que protagoniza el western “El oro de Mackenna”.

Su trabajo en los 70 pierde interés, aunque protagoniza “La profecía” en 1976, o “McArthur, el general rebelde” en 1977, por la que recibe una nominación al Globo de Oro, pese a no admirar al general McArthur como persona:

Y es que en los años 70 la actividad política de Gregory Peck aumenta. Siempre había apoyado al partido demócrata, y incluso el presidente Lyndon Johnson pensó en él como embajador en Irlanda (teniendo en cuenta el origen irlandés del actor). Pero es en 1970 cuando se le propone enfrenarse al republicano Ronald Reagan como candidato a gobernador de California. Aunque más tarde Peck confesó que nunca estuvo interesado en ser candidato, sí que impulsó a su hijo Corey a serlo años más tarde. Su activismo social (contra la guerra de Vietnam, la proliferación nuclear o a favor del control de armas, justo lo opuesto a lo que hacía su compañero de reparto en “Horizontes de grandeza”, Chartlon Heston) hicieron que Nixon lo incluyera en su lista de enemigos por su activismo social (algo que haría también con Paul Newman, Jane Fonda y otros actores y actrices).

Quizá por eso sorprenda su interpretación, en 1978, de un villano de la talla del nazi Josef Mengele en “Los niños del Brasil”, frente al cazanazis que interpreta Laurence Olivier. Su espectacular interpretación le valió una nominación al Globo de Oro:

Gregory Peck trabaja poco a partir de los 80, aunque su participación en televisión aumenta, incluyendo una nueva adaptación de Moby Dick en 1998 (aunque ya no interprete al Capitán Ahab, sino al Padre Mapple, papel por el que gana un Globo de Oro). En cine, a parte de una breve aparición en el remake que Scorsese hace de “El cabo del miedo” (en el que aparecen también otros dos miembros del film original, Robert Mitchum y Martin Balsam), quizá su último papel relevante sea el protagonista de “Gringo viejo”, en el que luce espléndido en 1989 junto a Jane Fonda:

Tim Burton quería contar con él para interpretar al abuelo Joe en “Charlie y la fábrica de chocolate”, pero el papel lo interpretó finalmente David Kelly; Peck no tuvo siquiera ocasión de aceptarlo. Mientras dormía, una bronconeumonía se lo llevó el 12 de junio de 2003 (tengo un vago recuerdo del momento en el que me enteré, aunque a mis 18 años no le conocía demasiado). Tenía 87 años. Fue enterrado en el mausoleo de la catedral católica de Los Ángeles:

Aunque sus inicios en el cine fueran un tanto tardíos, Gregory Peck fue uno de los últimos exponentes de ese Hollywood dorado que tanto añoramos los cinéfilos, porque ya no hay actores como él. Nos dejó un buen puñado de interpretaciones inolvidables por las que todavía le recordamos con admiración y con cariño (en este último aspecto, su Atticus Finch es imprescindible, claro) como una de las más grandes estrellas de Hollywood.