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60 años de la muerte de Errol Flynn (14-10-2019)

Fue el icono absoluto del cine de aventuras del Hollywood dorado. Sin ser un gran actor, consiguió convertirse en una estrella aunque eso le supusiera encasillarse. Su vida de excesos le condujo a una rápida decadencia y una muerte precoz. Hoy, cuando se cumplen 60 años de su muerte, recordamos a Errol Flynn. 

Errol Leslie Flynn nació el 20 de junio de 1909 en Hobart, la capital de la isla australiana de Tasmania. Su padre era un oceanógrafo que poco después se convertiría en profesor de biología en la Universidad de Tasmania; parece por tanto que su pasión por el mar se la contagió su padre. Con un carácter difícil ya desde temprana edad, fue expulsado de varios colegios en Hobart, antes de trasladarse a Londres, donde permaneció entre 1923 y 1925. Vuelve entonces a Australia, pero termina expulsado del colegio en el que estudia en Sidney. Poco después se traslada a Nueva Guinea, donde ejerce numerosos trabajos, antes de regresar en 1931 a Sidney, donde se promete con una mujer con la que finalmente no se casa. 

El director de cine australiano Charles Chauvel quería filmar una adaptación de la historia del Motín del Bounty, pero no encontraba a un intérprete adecuado para el papel de Fletcher Christian, y no se sabe bien cómo, el papel recayó en Errol Flynn. Así, “In the wake of the Bounty”, de 1933, será su primer papel como actor:

Realizar esta película despierta en él la vocación de actor. Para proseguir su carrera se traslada a Londres, donde trabaja como extra en cine y como actor de teatro. Descubierto por el productor Irving Asher, de la Warner, es contratado para interpretar un papel protagonista en una película hoy perdida, pero que sirvió para que la productora lo llamara a Hollywood en 1935. En el viaje en barco conoce a la actriz Lili Damita, con la que se casa ese mismo año y con la que tiene en 1941 a su hijo Sean (quien desapareció en la Guerra de Camboya en 1970). 

Su carrera en Hollywood comienza con papeles menores, pero los contactos de su mujer le abrirán las puertas de la fama en poco tiempo. La Warner iba a rodar una adaptación de la novela de aventuras de Rafael Sabatini “El capitán Blood”, pero el actor inicialmente previsto, Robert Donat, tiene que cancelar por motivos de salud. Tras tentar a otros actores, como Leslie Howard o James Cagney, la productora se entusiasma con la prueba de cámara que hace Flynn y lo contrata para protagonizar la película que dirige Michael Curtiz junto a Olivia de Havilland, destacando su duelo frente a Basil Rathbone, que rodó sin utilizar dobles, como acostumbraría a hacer posteriormente:

La película fue un enorme éxito que disparó la carrera de Errol Flynn. De hecho, la Warner, que pensaba ofrecerle un papel secundario en “El caballero Adverse”, que iba a protagonizar Fredric March, cambió de parecer y prefirió ofrecerle un papel protagonista de nuevo junto a Olivia de Havilland en “La carga de la brigada ligera”, de nuevo dirigida por Michael Curtiz ambientada en la famosa derrota británica en la Guerra de Crimea. Estrenada en 1936, junto a Flynn y De Havvilland aparece un por entonces casi desconocido David Niven:

Errol Flynn insiste a continuación en cambiar de repertorio, y consigue protagonizar en 1937 el drama médico “Green Light”, el drama “Otro amanecer” y la comedia “El perfecto ejemplar”, pero ese mismo año su papel más célebre lo tendrá de nuevo en el género de las aventuras, “El príncipe y el mendigo” de William Keighley, sustituyendo a Patrick Knowles, actor con el que ya había trabajado previamente y lo haría en ocasiones futuras. Interpreta a Miles Hendon, que se verá obligado a defender a los dos jóvenes del título, interpretados por los gemelos Billy y Bobby Mauch del villano Duque de Hertfort, interpretado por Claude Rains, quien conoce el secreto de los dos jóvenes:

En 1937, Errol Flynn, que ya había publicado el año anterior su primer libro, “Beam Ends”, de carácter autobiografáfico, es enviado a España como corresponsal de guerra, y corre poco después el rumor de que ha muerto a causa de su afición por la bebida y las peleas. Y es que Flynn siempre llevó una vida de excesos, que ya eran sobradamente conocidos en aquella época. 

De regreso en Estados Unidos, es contratado para protagonizar el primer gran largometraje que la Warner va a rodar en color. De nuevo, una película de aventuras, de capa y espada: “Robin de los bosques”, dirigida por William Keighley y Michael Curtiz, en la que interpreta al famoso héroe Robin Hood. En el reparto figura de nuevo Olivia de Havilland como Lady Marian, Claude Rains y Basil Rathbone como los villanos y actores que acompañaban a menudo a Flynn como Alan Hale y Patrick Knowles:

La película fue un enorme éxito, probablemente el mayor en la carrera de Flynn. Su porte atlético, su caracter un tanto descarado pero siempre simpático, encajaban a la perfección con el papel del bandido inglés, al que siempre estará asociado. 

Curiosamente, ese mismo 1938 fracasa su nueva colaboración junto a de Havilland y Curtiz, la comedia “El hombre propone”. Más éxito tiene el drama “Las hermanas”, de Anatole Litvak, en el que interpreta al alcohólico marido de Bette Davis, siempre con problemas para conseguir un empleo:

También en 1938 protagoniza el film bélico de aviación “La escuadrilla de la aurora”, con un cast enteramente masculino en el que figuran de nuevo actores que le acompañaban a menudo en sus películas, como David Niven, Basil Rathbone o Donald Crisp:

Errol Flynn comienza 1939 protagonizando su primer western, “Dodge, ciudad sin ley”, de Michael Curtiz, en el que será el encargado de restablecer la ley en la temible ciudad, acompañado de nuevo por Olivia de Havilland y Alan Hale:

Y de nuevo trabaja a las órdenes de Curtiz y junto a Olivia de Havilland en “La vida privada de Elisabeth y Essex”, interpretando a Roberto Devereux, duque de Essex y secreto amor de Isabel I, interpretada por una Bette Davis con la que no mantenía una buena relación, ya que ella le acusaba de no saber actuar, algo que él no negaba:

En 1940 protagoniza 3 películas dirigidas todas ellas por Michael Curtiz, director que sin duda supo sacar lo mejor de él. La primera es el Western ambientado en la Guerra de Secesión “Oro, amor y sangre”, que protagoniza junto a Miriam Hopkins y Randolph Scott:

La segunda es otro western ambientado también en la guerra de secesión, de nuevo emparejado con Olivia de Havilland, en la que interpreta a Jeb Stuart, graduado en la academia militar de West Point junto al general Custer (interpretado por Ronald Reagan) que tiene que enfrentarse al radical religioso John Brown, interpretado por Raymond Massey:

La tercera es un retorno al género de aventuras, “El halcón de mar”, en la que interpreta a un pirata al servicio de Isabel I (Flora Robson) que se enfrenta a los españoles liderados por Claude Rains:

Las tres películas fueron éxitos de taquilla (si bien no tenía suerte con los premios, ya que nunca fue nominado al Oscar), y se convirtió en el actor más popular de la Warner. 

En 1941 estrenó de nuevo 3 películas, de entre las que sobresale “Murieron con las botas puestas” de Raoul Walsh, otra de sus películas más populares, en la que, de nuevo emparejado con Olivia de Havilland, interpreta al General Custer, derrotado y muerto en la batalla de Little Big Horn por el jefe indio Caballo loco, aquí interpretado por Anthony Quinn:

1942 no sería, por el contrario, un buen año para Errol Flynn. Ese año murió su compañero de juerga John Barrymore, si bien la leyenda de que Raoul Walsh, director de “Murieron con las botas puestas”, robó su cuerpo del velatorio para llevarlo a una última “juerga” con Flynn no parece ser cierto. También fue el año en el que se divorció de Lili Damita, divorcio que le supone acabar en bancarrota e irse a vivir a un barco. También ese año consigue la nacionalidad americana, pero cuando intenta alistarse en el ejército para combatir en la II Guerra Mundial (lo que echa por tierra la teoría de que era un simpatizante nazi) es rechazado por sus numerosos problemas de salud, debidos a sus viajes (la malía que había contraído en Nueva Guinea) y a su forma de vida de “vividor” (padecía varias enfermedades venéreas).

Su filmografía de ese año la componen dos películas dirigidas por Raoul Walsh. La primera es la bélica “Jornadas desesperadas”, en la que interpreta a uno de los pilotos de la RAFF caídos en Alemania, junto a Ronald Reagan o Alan Hale, y que tratarán de huir del país perseguidos por los nazis liderados por Raymond Massey:

La otra es “Gentlemen Jim”, biopic del boxeador James Corbett en el que es acompañado por la actriz Alexis Smith. Dado su pasado como boxeador, este será uno de los papeles favoritos de Flynn:

En 1943 protagoniza dos film bélicos en los que se enfrenta a Helmut Dantine: “Persecución en el Norte”, de Raoul Walsh, y “Al filo de la oscuridad” de Lewis Milestone, película con un magnífico reparto que incluye a Ann Sheridan, Walter Huston o Judith Anderson, que narra la rebelión de un grupo de la resistencia noruega:

También tiene su único número musical en “Adorables estrellas”, película coral destinada a recaudar fondos para la guerra:

En 1942 es acusado por dos adolescentes de abuso sexual, delito por el que es juzgado en 1943, siendo absuelto, pese a que el juicio dañó su carrera y su imagen pública. Pero durante el juicio conoce a Nora Eddington, joven de 19 años que trabaja en el juzgado y con la que se casa en 1944. Con ella tendrá dos hijos, Deirdree en 1945 y Rory en 1947. Ambos se divorciaron en 1949. 

En tan complicadas circunstancias en 1944 sólo estrena el film bélico de Raoul Walsh “Tres días de gloria”, mientras en 1945 vuelve a trabajar a las órdenes de Walsh en “Objetivo Birmania”, que pese a su incorreción histórica (los ingleses protestaron por su poca importancia en la historia frente a los americanos cuando fueron ellos los que realizaron la ofensiva) fue un gran éxito:

También regresa al western con “San Antonio”. En 1946 publica su segundo libro, “Showdown”. Pero se acumulan sus fracasos como actor. Destaca en 1947 su papel en “El aullido del lobo”, un thiller en el que interpreta uno de sus personajes más oscuros junto a Barbara Stanwyck:

El western de Raoul Walsh “Río de plata”, dirigido por Raoul Walsh y en el que vuelve a compartir pantalla con Ann Sheridan es uno de sus mayores éxitos de la época:

Ese mismo año la Warner trata de recuperar el viejo prestigio de Errol Flynn devolviéndole al género de las aventuras con “El burlador de Castilla”, que no conseguirá el éxito deseado en Estados Unidos (aunque sí en Europa):

Viendo que las aventuras ya no le dan el éxito de antes, la Warner le baja el sueldo y le contrata para protagonizar el drama “La dinastía de los Forsythe”, en la que trabaja junto a Greer Garson:

En 1950 se casa por tercera vez, con la actriz Patrice Wymore, con la que permanecerá hasta su muerte y con quien tiene a su hija Arnella en 1953. 

Dos westerns poco exitosos dan paso a “Kim de la India”, drama colonial basado en la obra de Kipling en el que interpreta al mentor del joven Kim, interpretado por Dean Stockwell:

Pese a este éxito puntual, la carrera de Errol Flynn no levanta cabeza. En 1953, ya en Gran Bretaña, rueda por última vez bajo contrato de la Warner la historia de aventuras “El señor de Ballantry”. Pero William Keighley no es un director del talento de Curtiz, lo que se nota en esas peleas tan mal coreografiadas, y Flynn aparece ya demasiado envejecido para seguir interpretando este tipo de papeles:

Libre del contrato con la Warner, Errol Flynn se traslada a Europa. Rueda en Italia y en Gran Bretaña, pero no consigue alcanzar ningún éxito y deja sin terminar su “Guillermo Tell”. Finalmente regresa a Hollywood en 1957, trabajando ese año en “¡Fiesta!”, adaptación de la obra de Hemingway en la que ya no trabaja como protagonista, cediendo este papel a Tyrone Power, emparejado aquí con Ava Gardner:

Su último papel significativo lo tiene en “Las raíces del cielo”, drama de 1958 dirigido por John Huston en el que interpreta a uno de los partidarios del revolucionario defensor de los elefantes Morel, interpretado por Trevor Howard:

En su último año produce documentales y una película sobre Fidel Castro, de quien se muestra partidario. 

Pero su cuerpo pasa factura de su vida de excesos. Tiene además problemas financieros, lo que le obligan a vender sus veleros. En octubre viaja a Vancouver para vender uno de ellos cuando sufre un rápido deterioro de salud y muere el día 10 a consecuencia de un infarto, agravado por sus muchas enfermedades. La autopsia relevó que su cuerpo aparentaba ser el de alguien con 70 años, y no los 50 que tenía Errol Flynn al momento de su muerte. Fue enterrado en el Forest Law Memorial Park Cemetery de Glendale. 

Sus intentos por trabajar en otros géneros no le fueron bien. Y es que su porte físico y su personalidad iban perfectos para las aventuras de capa y espada y para los westerns, mejor si eran en clave de comedia. Fue en estos géneros donde nos dejó algunas interpretaciones memorables y todavía insuperadas por ningún otro actor posterior. 

30 años de la muerte de Bette Davis (06-10-2019)

Hablar del Hollywood clásico nos trae de inmediato a la mente a unas cuantas figuras que llenaban las pantallas del incipiente cine sonoro. De entre las muchas actrices que trabajaron en aquella época, sólo un pequeño número de ellas alcanzaron el rango de estrella, y de entre ellas un pequeño puñado se convirtieron en iconos del cine. Este es sin duda el caso de la actriz que hoy nos ocupa, Bette Davis, una de las actrices más importantes del Hollywood dorado desde los años 30 hasta entrados los 60.

El nombre de nacimiento de Bette Davis era Ruth Elizabeth Davis, si bien de niña fue conocida como Betty. Nació el 5 de abril de 1908 en Lowell, ciudad del estado de Massachusetts, la primera hija de un abogado y una fotógrafa. En 1909 nació su única hermana, Barbara. Cuando sus padres se separaron, las dos hermanas se criaron en un internado, hasta que en 1921 su madre se las llevó a Nueva York. Su vocación de ser actriz nace ya en esa época, viendo a las estrellas del cine mudo, pero aumentará considerablemente en 1926, cuando ve una representación de la obra teatral de Henrik Ibsen “El pato silvestre”. Además, cambia su nombre de Betty a Bette por la obra de Balzac “La prima Bette”. 

Rechazada tras una audición por Eva le Galliene, que la consideraba frívola,tiene más suerte con George Cukor, consiguiendo su primer papel teatral. Poco después de debutar en Broadway, en 1929, recibe una invitación para realizar una prueba de cámara en Hollywood. Allí se muda con su madre en 1930, pero no supera las pruebas de cámara, y nadie ve en ella a una actriz. Por suerte, el director de fotografía Karl Freund se fija en sus ojos y los encuentra perfectos para encarnar a uno de los personajes de la película “Mala hermana”, de 1931, que será su primer papel en el cine:

Pero para su desgracia la película es un fracaso, además de oír comentarios sobre ella que afectaron a su autoestima. Además, sus siguientes papeles fueron siempre secundarios, sin atraer la atención del público, y a menudo en películas que fracasaron en taquilla. Así, tras 6 películas, la Universal, el estudio con el que había trabajado, decide no renovar su contrato. Parecía que la carrera cinematográfica de Bette Davis estaba acabada cuando el mítico George Arliss acudió en su rescate, eligiéndola para protagonizar con él “La oculta providencia”, estrenada en 1932, que será su primer papel protagonista:

En esta ocasión sí consiguió atraer la atención del público, y la Warner le ofreció un contrato. Davis permanecerá en dicho estudio durante 18 años nada menos. Así, en 1932 tiene un papel secundario en “Tres vidas de mujer” y comparte protagonismo con Spencer Tracy en el drama carcelario “Veinte mil años en Sing Sing”, dirigida por Michael Curtiz:

Su prestigio le permitía cobrar 1.000 dólares semanales, algo que la prensa aireó cuando el 18 de agosto de 1832 se casó con Harmon Oscar Nelson, a quien había conocido en un internado de Massachusetts años atrás y quién cobraba 100 dólares semanales. La prensa aireó esa diferencia de sueldos, algo que afectó a Nelson, quien se negó a que fuera ella quien comprara una casa. Bette Davis sufrió varios abortos en ese tiempo. 

Poco asidua a la comedia, en 1933 protagoniza una, “Ex lady”, junto a Gene Raymond, interpretando a una mujer que, en contra de lo que quiere la sociedad, no quiere casarse con su pareja porque cree que eso apagará el amor:

Pero todavía Bette Davis necesitaba un papel que la lanzara al estrellato. La RKO quería adaptar al cine la novela de William Somerset Maugham “Of human bondage”, pero varias actrices, entre ellas Katherine Hepburn o Irene Dunne rechazan interpretar a Mildred Rogers por ser un papel antipático, una especie de femme fatale que, obviamente, no iba a caer bien al público. Pero Davis vio la oportunidad de sacra el máximo partido a sus posibilidades interpretativas, queriendo resultar lo más realista posible en sus últimas escenas, moribunda, sin nada de glamour. John Cromwell, el director de la cinta, le dio libertad para actuar, confiando en ella, algo que no hizo al principio su compañero de reparto, Leslie Howard, aunque al final terminó cambiando de opinión. Así, en 1934 se estrenó “Cautivo del deseo”:

La película es un gran éxito y Bette Davis consigue por fin alcanzar el estrellato, pero no tiene demasiada suerte. Jack L. Warner se niega a cederla a la Columbia para que protagonice “Sucedió una noche”, teniendo que trabajar en películas mucho menos interesantes. Además, se da por sentado que va a ser nominada al Oscar por su papel en “Cautivo del deseo”, pero incomprensiblemente no es así (el Oscar de ese año lo gana Claudette Colbert precisamente por “Sucedió una noche”). Las protestas que generó esta ausencia provocaron que la Academia modificara sus normas en cuanto a quién tenía que elegir a los nominados: en lugar de hacerlo un pequeño comité, a partir de 1935 serán los propios intérpretes quienes seleccionen a los nominados. 

En 1935 Bette Davis interpreta un papel similar al de “Cautivo del deseo” en “Peligrosa”, esta vez junto a Franchot Tone. Eso sí, a diferencia del caso anterior, aquí su personaje tiene una redención final:

Y, en esta ocasión, ganará el Oscar a mejor actriz (en su primera nominación), premio que ha sido siempre considerado “consolatorio” por el que debía haber ganado el año anterior. 

Evitando su encasillamiento como Femme fatale, en 1936 protagoniza el drama criminal “El bosque petrificado”, como la hija del dueño de la taberna que asalta una banda de gangsters liderada por Humphrey Bogart. En esta ocasión vuelve a compartir pantalla con Leslie Howard:

Pese a todo, Bette Davis siente que la Warner le ofrece malas películas para trabajar, y decide incumplir su contrato y rodar dos películas en Londres. Para evitar la citación judicial, se traslada a Canadá, pero el juicio que tiene lugar en Londres no le va como esperaba, y regresa a Estados Unidos arruinada y teniendo que relanzar su carrera. 

En 1937 protagoniza el drama de cine negro “Una mujer marcada”, junto a Humphrey Bogart (que aquí interpreta al fiscal en lugar de al mafioso), que le valdrá el premio a mejor actriz en el Festival de Venecia:

Ese mismo año protagoniza “Kid Galahad”, nueva incursión en el cine negro dirigida por Michael Curtiz, junto a Edward G. Robinson y Humphrey Bogart (de nuevo aquí como villano) en un drama criminal ambientado en las mafias del boxeo:

En 1938 protagoniza “Las hermanas”, drama de Anatole Litvak en el que vive una tormentosa relación con Errol Flynn:

Pero el papel que relanza definitivamente su carrera es el de “Jezabel”, magistral drama sureño dirigido por William Wyler en el que vuelve a interpretar a una mujer caprichosa que le hace la vida imposible a Henry Fonda:

Esta película le vale su segunda nominación al Oscar, que de nuevo gana. Además, durante el rodaje comienza una relación sentimental con William Wyler, al que definirá como el amor de su vida, que marca el comienzo de uno de sus periodos más felices. Es en 1938 cuando se divorcia de su marido.

Además, muchos ven paralelismos entre Jezabel y Scarlett O’Hara, por lo que Bette Davis aparece como una de las favoritas para protagonizar “Lo que el viento se llevó”, junto a Errol Flynn como Rhett Butler. Pero Davis no quiere a Flynn como protagonista (de todos es sabido la mala relación entre ambos) y Selznick termina descartándola a ella también. 

Pese a todo, 1939 será un gran año para la actriz, que estrena 4 notables películas. Comparte de nuevo pantalla con Errol Flynn, pese a la mala relación entre ambos, en “La vida privada de Elizabeth y Essex”, interpretando a la Reina Isabel I de Inglaterra (pese a ser considerablemente más joven que la reina en el momento de la acción) a las órdenes de Michael Curtiz (y con la magistral partitura de Erich Wolfgang Korngold):

Interpreta también a otra reina, en este caso Carlota de Bélgica, esposa del Emperador Maximiliano de México, en “Juarez”, de William Dieterle, con Brian Aherne como Maximiliano y Paul Muni como el presidente electo de México Benito Juarez (rodeados, como siempre, de un magnífico plantel de secundarios), en una interpretación injustamente olvidada:

Y trabaja a las órdenes del director Edmund Goulding en dos películas. Una de ellas es “La solterona”, en la que se pelea con su hermana en la ficción, Miriam Hopkins (con quien tampoco tiene buena relación) por el amor del mismo hombre, George Brent:

La otra es “Amarga victoria”, en la que sufre un tumor cerebral y comparte pantalla de nuevo con George Brent:

Es por este papel por el que recibe su tercera nominación al Oscar. 

Tampoco es 1940 un mal año para Bette Davis precisamente. Ese año estrena “El cielo y tú”, drama de época dirigido por Anatole Litvak en el que comparte pantalla por única vez con Charles Boyer (ella, la reina del melodrama, sólo trabaja una vez junto al rey del melodrama, curiosidades de la vida):

Y nos regala uno de sus mejores papeles, a las órdenes de William Wyler, en la magistral “La carta”, interpretando a una mujer que asesina a su amante, junto a Herbert Marshall. La censura mete mano en el final de la película, pero no consigue echarla a perder, como en tantas otras ocasiones:

Por esta película recibe una nueva nominación al Oscar.

Por esas fechas mantiene un romance con su compañero de pantalla George Brent (con quien protagoniza “La gran mentira”, que se estrena en 1941). El le pide que se case con él, pero ella le rechaza. En diciembre de 1940 se casa con el posadero Arthur Farmsworth. 

De sus películas estrenadas en 1941 destaca su nueva colaboración con William Wyler, el director que mejor partido supo sacar de ella, en otro papel memorable, la malvada protagonista de “La loba”, de nuevo junto a Herbert Marshall, un sufrido esposo:

Por este papel consigue otra nominación al Oscar. 

En 1942 protagoniza “La extraña pasajera”, interpretando a una miedosa mujer controlada por su madre, Gladys Cooper, que gracias a un psiquiatra, Claude Rains, consigue superar sus temores y comenzar una relación con Paul Henreid:

Por esta película, recordada por la excelente banda sonora de Max Steiner, Bette Davis recibe una nueva nominación al Oscar. 

Pero en 1942 Estados Unidos entra en la II Guerra Mundial, y buena parte de los esfuerzos de Bette Davis se centran en recaudar dinero para el ejército. Participa además en películas propagandísticas como la hoy olvidada “Alarma en el Rhin”, por la que su partenaire Paul Lukas gana el Oscar a mejor actor:

Ese mismo año estrena “Vieja amistad”, en la que vuelve a compartir pantalla y enemistad, tanto en la ficción como en la realidad, con Miriam Hopkins (Davis pensaba que Hopkins la eclipsaba):

También en 1943 participa en el musical coral “Adorables estrellas”, con fines recaudatorios, en el que canta la canción “They’re either too young or too old”:

1943 es en todo caso el primer año desde 1938 en el que Bette Davis no recibe una nominación al Oscar, poniendo fin a 5 nominaciones consecutivas. También en diciembre de 1943 muere su esposo, a consecuencia de una fractura craneal que le provoca un desmayo mientras caminaba por la calle. Su muerte le afecta profundamente, y pese a que insiste en comenzar a trabajar a los pocos días en su nueva película, “El señor Skeffington”, tiene serios enfrentamientos con su director, Vincent Sherman. Pese a todo, la película, un drama estrenado en 1944 en el que vuelve a trabajar con Claude Rains, es un éxito y le trae una nueva nominación al Oscar:

En 1945 se casa por tercera vez, con el actor William Grant Sherry, con el que tiene a su única hija, Barbara, en 1947. Y ahí comienza su declive. Comete el error de rechazar protaginizar “Alma en suplicio”, que le valdrá un Oscar a Joan Crawford. En su lugar protagoniza “El trigo está verde” junto al debutante John Dall, insistiendo ante la productora en caracterizarse como una mujer mayor, tal como exigía la obra original, evitando la relación romántica que quería darle la productora:

Su primer gran fracaso tiene lugar en 1946 con “Engaño”, de Irving Rapper, drama criminal ambientado en el mundo de la música en el que vuelve a compartir pantalla con Paul Henreid y Claude Rains en una película que es más apreciada en la actualidad que en aquella época:

Ese mismo año protagoniza y produce “Una vida robada”, en el que interpreta a dos gemelas que se pelean por el amor de Glenn Ford, en una película que fue un fracaso de crítica, aunque tuvo buena acogida en taquilla:

El nacimiento de su hija le mantiene alejada de los rodajes durante 1947. Los siguientes años van a ser difíciles: además de rechazar grandes papeles, como el de “La reina de África”, los que protagoniza le traen problemas. “Encuentro invernal” es destrozada por la censura, mientras que en la comedia “La novia de junio” se enfrenta a Robert Montgomery, al que acusa de robaescenas. Finalmente, tras rodar por obligación “Más allá del bosque” termina su contrato con la Warner. 

Cuando parece que su carrera está acabada tiene un golpe de suerte: Claudette Colbert tiene un accidente y no puede protagonizar “Eva al desnudo”, película que Joseph L. Mankiewicz va a dirigir, ambientada en el mundo de las envidias teatrales. Bette Davis acepta protagonizar la película interpretando a la actriz Margo Channing, enfrentándose a la joven Anne Baxter. Davis estuvo perfecta en una película magistral por la que ganó varios premios, y tanto ella como Baxter estuvieron nominadas al Oscar a mejor actriz, pero ninguna lo consiguió:

Ese mismo año se divorcia de su marido, con el que mantenía una relación distante en los últimos años, y se casa con su compañero de rodaje Gary Merrill, con quien adoptará dos niños, Margot en 1951 y MIchael en 1952. Pero la película que rueda junto a su esposo, “Veneno para tus labios”, es un fracaso. Mejor suerte tiene con “La estrella”, en la que interpreta a una actriz cinematográfica en decadencia y que le vale una nueva nominación al Oscar:

Los años 50 son en todo casi difíciles para la actriz: problemas de salud, problemas familiares y poco éxito en el cine. De hecho, trata de emular el éxito de “La vida privada de Elixabeth y Essex” volviendo a interpretar a la Reina Isabel I en “El favorito de la Reina”, pero no consigue el efecto deseado. El resto de sus películas de la década no resultan memorables, y a ello se suma su fracaso en Broadway en 1960, el mismo año en el que se divorcia de Gary Merrill. Por fortuna, en 1961 llegó a su rescate Frank Capra, que le ofrece el mítico papel de Annie Manzanas en “Un gangster para un milagro”, última comedia de Capra en la que vuelve a trabajar con Glenn Ford:

Al año siguiente comparte pantalla con su rival Joan Crawford en  “Qué fue de Baby Jane”, drama oscuro dirigido por Robert Aldrich que muestra la tumultuosa relación entre dos hermanas que se odian:

Bette Davis recibe su última nominación al Oscar por esta película. Pero ese año el Oscar lo gana Anne Bancroft, y como está hospitalizada, quien lo recoge es Joan Crawford. Si la relación entre ellas era ya complicada, Davis no le perdonará nunca a Crawford ese gesto. 

En 1964 repite con Robert Aldrich en “Canción de cuna para un cadáver”, en la que inicialmente iba a volver a trabajar junto a Joan Crawford, pero ésta se retira y es sustituida por Olivia de Havilland, en otra película sobre complicadas relaciones familiares protagonizada también por Joseph Cotten:

Sus siguientes trabajos tuvieron lugar en Inglaterra. Instalada ya en un cine de intriga, en 1965 tiene un duelo con el niño Jack Hedley interpretando a su niñera en “A merced del odio”:

Y en 1968 protagoniza la comedia negra “El aniversario”, interpretando a la controladora madre del clan:

En los siguientes años trabaja en películas de terror y en televisión. De sus papeles en cine, siempre secundarios, destaca su participación en 1978 en la adaptación de la novela de Agatha Christie “Muerte en el Nilo”:

Diagnosticada en 1983 de cáncer de mama y con una relación cada vez más difícil con su hija, su último papel relevante lo tiene en 1987 en “Las ballenas de agosto”, en la que interpreta a una mujer ciega atendida por su hermana, Lillian Gish, en un reparto que completan Vincent Price y Ann Sothern:

Pese a que seguía buscando proyectos en los que trabajar, en 1989 reaparece el cáncer. Consigue viajar a España para recoger el Premio Donostia del Festival de Cine de San Sebastián, pero está demasiado débil para volver a Estados Unidos, así que viaja a Francia, donde muere pocos días después, el 5 de octubre de 1989, en la ciudad de Neully-sur-Seine. Fue enterrada junto a su madre y su hermana en el Forest Lawn Memorial Park de Los Angeles:

Con una carrera irregular, llena de altibajos, Bette Davis fue una actriz dotada para cualquier género, algo que demostró en su mejor etapa, a finales de los años 30 y comienzos de los 40, pero que recuperaba cuando elegía bien sus proyectos. No siempre pudo trabajar en los mejores proyectos ni con los mejores compañeros de reparto, pero siempre conseguía brillar como una de las mejores actrices de la historia del cine. 



75 años de la muerte de Leslie Howard (01-06-2018)


Prestigioso actor teatral británico que, con la llegada del cine sonoro, se convertiría en una gran estrella de Hollywood hasta su prematura muerte en la II Guerra Mundial, su participación en la mítica “Lo que el viento se llevó” lo mantiene en la memoria de los cinéfilos. Hoy, cuando se cumplen 75 años de su muerte, recordamos a Leslie Howard.




Leslie Howard Steiner nació el 3 de abril de 1893 en Londres. Su madre era británica, pero su padre era de origen húngaro-judío ( de ahí el apellido Steiner). Tras terminar sus estudios, combate brevemente en la I Guerra Mundial (momento en el que renuncia al uso del apellido Steiner, que lo identifica como alemán), pero por problemas de estrés se retira del ejército y comienza su carrera teatral. Ese mismo año se casa con Ruth Evelyn Martin, con la que tendrá dos hijos, Ronald, nacido en 1918 y que será también actor, y Leslie Ruth, nacida en 1924.

Al mismo tiempo que comienza su carrera teatral, participa en algunos cortos cinematográficos, pero su carrera en cine se detiene tras su traslado a Broadway, donde triunfa sobre los escenarios, pero, curiosamente, apenas interpreta obras de Shakespeare; de hecho, cuando en 1936 interpreta a Hamlet, tiene la mala suerte de que al mismo tiempo otra compañía la está representando con John Gielgud y Howard sale perdiendo en esta batalla.

Por suerte para él, la llegada del cine sonoro le abre las puestas de Hollywood, en especial para interpretar obras que ya había hecho en escena. Así, su primer papel será en 1930 en “Outward Bound”, cinta fantástica en la que interpreta un papel diferente al que había hecho en los escenarios:

En 1931 trabaja en la magnífica “Un alma libre” de Clarence Brown, en la que ve como su amada, Norma Shearer, se enamora del Gagnster interpretado por Clark Gable, al que su padre, Lionel Barrymore, está defendiendo en un juicio, lo que le obliga a tomar medidas drásticas:

En 1932 protagoniza “The animal Kingdom”, que acababa de interpretar en Broadway, interpretando a un hombre que se debate entre su mujer y su amante, interpretadas por Ann Harding y Myrna Loy:

Ese mismo año vuelve a trabajar junto a Norma Shearer en “La llama eterna” de Sidney Franklin, en la que interpreta a un viejo amargado porque, el día de su boda, un rival asesinó a su esposa. Años después, se encarga de criar a la sobrina de ésta, que se parece sorprendentemente a su desaparecido amor (ambos papeles interpretados por Shearer), hasta que se enamora del hijo del asesino de ella (ambos papeles interpretados por Fredric March):

Lo curioso es que, habitualmente, a Leslie Howard tenían que rejuvenecerlo, ya que interpretaba papeles mucho más jóvenes que él, pero en este caso la caracterización tiene que envejecerlo.

En 1933 alcanza un gran éxito con “La plaza de Berkeley”, de Frank Lloyd, en la que viaja en el tiempo y se convierte en uno de sus ancestros, lo que le pondrá en peligro al conocer los sucesos futuros que van a acontecer. Por este papel, Leslie Howard recibe una nominación al Oscar a Mejor Actor (nunca ganará la estatuilla):

Tras protagonizar ese mismo año “Secretos”, western de Frank Borzage junto a Mary Pickford, alcanza un gran éxito en 1934 al interpretar al joven noble británico que se dedica a salvar a condenados a la guillotina durante la revolución francesa en “La Pimpinela Escarlata”, que protagoniza junto a Merle Oberon y Raymond Massey:

Leslie Howard borda las dos facetas del papel, la petulancia pública y el arrojo de su oculta personalidad, con esa ironía y a menudo cinismo que tan bien sabía lucir ante las cámaras.

No menos éxito tendrá ese mismo año su papel en “Cautivo del deseo” de John Cromwell, adaptación de la novela de W. Somerset Maugham, en la que sufre un amor enfermizo hacia una manipuladora Bette Davis:

1936 será otro gran año para Leslie Howard, que protagoniza la adaptación que George Cukor realiza del “Romeo y Julieta” de Shakespeare, pese a que supera con mucho la edad del personaje (Howard supera los 40 y Romeo tiene 17), acompañado de la Julieta de Norma Shearer, el Mercutio de John Barrymore y el Tebaldo de Basil Rathbone:

Ese mismo año protagoniza también “El bosque petrificado”, junto a Bette Davis. Howard, que había interpretado la obra, insiste en el que el papel del Gangster Mantee lo interprete el actor que lo había hecho con él en Broadway, Humphrey Bogart, consiguiendo que la futura estrella despegara por fin, algo que Bogart siempre le agradeció a Howard:

En 1937 forma parte del triángulo amoroso que forma con Bette Davis y Olivia de Havilland en la comedia romántica “Es amor lo que busco”:

En 1938 se estrena en una nueva faceta: acompaña a Anthony Asquith dirigiendo la adaptación de la obra de George Bernard Shaw “Pygmalion” (el  mismo argumento en el que se basará el musical de Frederick Loewe “My Fair Lady”), interpretando además al protagonista, el profesor Henry Higgins, con Wendy Hiller como su pupila, Eliza Doolitle. Ambos serán nominados como mejores Actor y Actriz al Oscar, y Leslie Howard gana la Copa Volpi al mejor actor en el festival de Venecia por este papel:

En 1939 protagoniza el drama romántico “Intermezzo”, en el que acompaña a la desconocida en Hollywood Ingrid Bergman:

Y ese mismo año supera el durísimo casting para hacerse con el papel de Ashley Wilkis, el eterno amor de Scarlett O’Hara en “Lo que el viento se llevó”, siendo su interpretación la mejor de la película, por delante de las de Vivien Leigh, Clark Gable u Olivia de Havilland (vuelve a trabajar con estos dos últimos, con Gable después de “Un alma libre” en 1931 y con Olivia desde 1937 con “Es amor lo que busco”; repite también con George Cukor, el director que inicia el rodaje, hasta que le sustituye Victor Fleming):

En 1941 dirige y protagoniza “Pimpinela Smith”, en la que traslada la acción de Pimpinela Escarlata de la Francia Revolucionaria a la Alemania Nazi. La película es magistral, y nos regala una escena final absolutamente memorable, con una magnífica interpretación de un Leslie Howard que da lecciones de interpretación en cada una de sus escenas, pero en especial en esta última:

Su denuncia al régimen nazi es antológica.

Leslie Howard cuela en el rodaje, en un papel secundario, a Violette Cunnington (acreditada como Suzanne Clair), quien era su secretaria y amante desde 1938, y lo será hasta su muerte por neumonía en 1942. No es este el único romance del actor, ya que se le relaciona con Norma Shearer, Myrna Loy, Merle Oberon y otras actrices. Pese a todo, Howard nunca se separó oficialmente de su mujer.

Leslie Howard rueda otra película bélica en 1941, “Los invasores”, dirigida por Michael Powell y en la que comparte pantalla con Laurence Olivier. Y en 1942 dirige otro film bélico, “El gran Mitchell”, que protagoniza junto a David Niven:

Leslie Howard no volverá a trabajar ante las cámaras. Colaborará con Noël Coward en la realización de documentales bélicos, poniendo voz a algunos de ellos, además de dirigir en 1943 la mediocre comedia “El sexo débil”. La muerte de su amante le había afectado seriamente. Finalmente, el 1 de junio de 1943, el avión en el que viaja de Lisboa a Bristol es derribado por la Luftwaffe, muriendo en el acto. Los motivos por los que los nazis derribaron el avión se discuten a día de hoy: bien porque pensaban que Churchill iba a bordo, bien porque Goebels quería vengarse de él por considerarle un gran publicista anti-nazi, bien por las actividades diplomáticas encubiertas que pudo haber llevado el actor en la península (disuadir a Franco de entrar en la Guerra).

Leslie Howard fue el primer miembro del cast de “Lo que el viento se llevó” en morir, pero su prematura muerte no sólo nos eliminó a un gran actor, sino también a un prometedor director que ya había dado muestras de su gran talento tras la cámara. Pese a todo, por su breve carrera, es su labor ante las cámaras, en la que sobresalió como uno de los más solventes y polivalentes actores de su época, por la que hoy le recordamos.



130 años del nacimiento de Max Steiner (10-05-2018)


Fue quien revolucionó la visión que Hollywood tenía sobre las Bandas Sonoras tras la llegada del cine sonoro. Trabajador incansable, autor de unas 300 bandas sonoras, entre ellas algunas de las más memorables partituras cinematográficas, recordamos en el 130 aniversario de su nacimiento a Max Steiner.

Maximilian Raoul Steiner nació el 10 de mayo de 1888 en Viena, por aquel entonces capital del Imperio Austro-Húngaro y una de las ciudades musicalmente más importantes del momento. La familia Steiner, de origen judío, estaba muy vinculada al mundo teatral, mientras su madre había sido bailarina. De hecho, su padrino fue el compositor Johann Strauss. Vinculado desde muy niño al teatro, en especial al musical, las inclinaciones artísticas del joven Steiner no tardan en despuntar, abandonando la Universidad Tecnológica para poder estudiar en la Academia Imperial de Música. Allí, su enorme talento es percibido por grandes compositores como Gustav Mahler o Robert Fuchs, que le darán clases privadas, permitiéndole superar en un año cuatro cursos. Estudia numerosos instrumentos, además de armonía, contrapunto y composición.




En seguida despunta como compositor de opereta y como director de orquesta. Su éxito dirigiendo “Die lustige Witwe” de Franz Léhar hace que sea invitado a dirigirla en Londres en 1906. Steiner se establece en la capital británica, como compositor y director de obras teatrales y de sinfonías. Y allí permanecerá 8 años, hasta 1914, cuando comienza la I Guerra Mundial. Steiner es austriaco, y por lo tanto es visto como enemigo por la sociedad inglesa, así que gracias a su amistad con Hugh Grosvenor, duque de Westminster, consigue huir a Nueva York, donde llega en la miseria en diciembre de 1914.

Pero, una vez en Nueva York, comienza de inmediato a trabajar en Broadway, apenas en la faceta de compositor (“Peaches”de 1923), pero sí como director e incluso como arreglista y orquestador (orquestará por ejemplo la partitura de George Gershwin para “Lady be good” en 1924). En 1927 orquestaráy dirigirá el estreno de musical “Rio Rita” de Harry Tierney, y cuando en Hollywood se planea la adaptación cinematográfica del musical, en 1929, llaman a Max Steiner para dirigir la adaptación musical. Steiner se traslada a Los Angeles, y trabaja ya en exclusiva para el cine. Entre sus primeros trabajos relevantes se encuentran “Cimarron”, un western de 1931, y “Ave del paraíso”, película de aventuras de 1932. Pero su gran oportunidad vendrá cuando, en 1932, David O’Selznik cuenta con él para componer la partitura de “La melodía de la vida”, drama judío para el que compone un tema, como era característico en la época, para que suene en la apertura de la película. Pero Selznik se queda tan satisfecho con la partitura, que le encarga escribir más música, que sonará a lo largo de la película:

Pero será en 1933 cuando por fin aparezca su verdadero estilo. Ese año, la productora RKO, para la que Steiner estaba trabajando, iba a estrenar la ambiciosa “King Kong”. Originalmente, los productores no tenían intención de utilizar nueva música para la película, pero los decepcionantes resultados de los efectos especiales les empujaros a llamar a Steiner y darle carta blanca para componer una extensa partitura a lo largo de todo el film:

No era la primera partitura importante de Steiner, que ya había llenado de música la práctica totalidad del metraje de “Ave del paraíso”, pero en esta ocasión, la partitura fue todo un éxito. Si ya en 1931 la partitura que Alfred Newman había compuesto para “La calle” de King Vidor era más ambiciosa de lo tradicional (una pista más o menos larga para los títulos de crédito iniciales, una pista breve para el final de la película y, en ocasiones, algo de música diegética, es decir, que suena en la propia película, que los personajes están escuchando, en un baile o por la radio, por ejemplo), todavía se seguía evitando incorporar música que acompañara los diálogos de los personajes, por temor a que estos se perdieran. Steiner, por el contrario (al igual que Newman), considera que la música puede realzar las emociones del film, además de ayudar a ambientarlo. Por eso, su música tiene una gran riqueza cromática y temática. Pero todavía no ha llegado el tiempo de lucirla en su máximo esplendor, y partituras como la de “Las cuatro hermanitas”, película de George Cukor protagonizada por Katherine Hepburn, van a seguir ancladas en el concepto de tema inicial y poco más:

Max Steiner también adapta la música que se va a utilizar en algunos de los más importantes musicales de los años 30, en especial en esos protagonizados por Fred Astaire y Ginger Rogers, como “La alegre divorciada”, de 1934:

Más ambiciosa será en 1934 su partitura para “La patrulla perdida”, film bélico de John Ford ambientado en Mesopotamia. Sus ritmos irregulares le imprimen ese ambiente tenso que repetirá en numerosas ocasiones posteriores (e incluso reutilizará en “Casablanca”, como veremos más adelante):

Max Steiner recibirá sus dos primeras nominaciones al Oscar por ambas películas, “La alegre divorciada” y “La patrulla perdida”.

Repite con John Ford (y con el actor Victor McLaglen, que protagoniza ambas películas) en 1935 con “El delator”, partitura de carácter de nuevo opresivo, al contarnos la historia de un delator del IRA:

Esta partitura le valdrá su primer Oscar, aunque en estas fechas este premio no lo recibe el compositor, sino la productora.

Pero poco después, Selznik abandona la RKO y se lleva consigo a Steiner, que compondrá en 1936 la partitura de “El jardín de Alá”, que le valdrá una nueva nominación al Oscar. Además, Steiner firma un contrato con la Warner, siendo su primer trabajo para esta productora “La carga de la brigada ligera”, film bélico protagonizado por Errol Flynn y Olivia de Havilland, en el que de nuevo luce su capacidad para transmitir el dinamismo de las escenas bélicas y las marchas militares, como en este tema principal:

Pero en la Warner, Steiner se va a encontrar con un duro competidor: Erich Wolfgang Korngold, un prestigioso compositor clásico recién llegado a Hollywood, que goza de un contrato privilegiado y apenas compone una partitura al año. Steiner compondrá muchas partituras anuales, en películas como “La vida de Émile Zola”, “Ángeles con caras sucias” o “Jezabel”, película de William Wyler protagonizada por Bette Davis y Henry Fonda, para la que compone un bellísimo vals, de ritmo vienés en su tema principal y otro ritmo más agitado, de subdivisión ternaria, de sonoridad más eslava, en el segundo tema. Las influencias clásicas centroeuropeas de Steiner quedan claras:

El uso de la música para destacar aspectos fundamentales de la película resulta aquí muy evidente. Basta con volver a verla y fijarse en como un pequeño apunte musical subraya el momento en el que un mosquito pica a Henry Fonda (aunque esto sería un gazapo. Alerta spolier: se supone que los ricos burgueses de Nueva Orleans huyen al campo para no contagiarse de la fiebre amarilla, y que Henry Fonda se contagia por ir a menudo a la ciudad, pero la mencionada escena en la que le pica un mosquito transcurre en el campo, con lo que no tiene sentido).

Mientras, Max Steiner sigue trabajando con Selznik: “El pequeño Lord” en 1936, “Ha nacido una estrella” en 1937 y “Las aventuras de Tom Sawyer” en 1938, en la que se percibe su asimilación del estilo musical más propiamente americano, que conoce a fondo por su trabajo en musicales en sus primeros años americanos:

Pero Selznik llevará a la fama absoluta a Max Steiner con su siguiente y más ambicioso productor: la adaptación de la novela de Margaret Mitchell “Lo que el viento se llevó”, dirigida originalmente por George Cukor y posteriormente por Victor Fleming y protagonizada por Clark Gable y Vivien Leigh. La duración de la película ronda las 4 horas, y Steiner llena el metraje de música, en la que probablemente sea su mejor partitura (y la mejor banda sonora de todos los tiempos). El Tema de Tara es uno de los temas cinematográficos más célebres de la historia del cine, y con razón:

Pero, ¿qué tal encaja con las escenas, que es a fin de cuentas lo que nos importa? Veamos la escena más mítica de la película:

Steiner usa un recurso operístico muy wagneriano: el leitmotiv. Un leitmotiv es un tema musical asociado a un personaje, un lugar o una situación concreta. Por lo tanto, cada vez que lo escuchemos a lo largo de la ópera o de la película, sabemos que ese personaje, ese lugar o esa situación tienen una gran importancia en la escena. Pues bien, el tema de Tara es el leitmotiv de un lugar, de Tara, pero en realidad significa algo más: el hogar. Tras sufrir los horrores de la guerra, Scarlett tiene que huir de una Atlanta a punto de caer en manos Yankis y sólo desea volver a su hogar. Y cuando lo hace, se encuentra con una situación desoladora: pobreza, miseria, muerte, incluyendo la de su madre… no, el regreso al hogar no es lo que ella esperaba. Y además está ansiosa por poder comer. Por eso escuchamos esa melodía llena de tensión al comienzo de la escena. Entonces pronuncia el juramento de que nunca volverá a pasar hambre, y escuchamos ese tema de Tara: no importa la situación que se haya encontrado, Scarlett vuelve a estar en su hogar, y eso es lo que le da esa emotividad al tema, que tiene un notable carácter nostálgico, no es un tema alegre precisamente. Además, el tema es interpretado por los metales, mientras las cuerdas tocan el acompañamiento: estos metales le dan un componente heroico: el esfuerzo que ha costado volver a Tara ha sido titánico, pero ha merecido la pena, porque por fin volvemos a casa.

Por cierto, Selznik quería que Steiner usara música clásica en la partitura, pero Steiner pensaba que los americanos estaban familiarizados con muchos temas de música popular, pero no tenían la cultura clásica necesaria para entender las citas de compositores clásicos. Por eso, en las partituras de Steiner vamos a encontrar numerosas citas de canciones populares o de marchas militares, pero muy pocas referencias a obras clásicas.

En 1939, Max Steiner recibe dos nominaciones al Oscar, por “Lo que el viento se llevó” y por “Amarga victoria”. Pero, incomprensiblemente, ese año se irá de vacío.

Aquí se hace necesario explicar el estilo compositivo de Steiner. Él contaba con un dispositivo que le permitía ver la película montada y cronometrar exactamente en qué momento transcurría cierta escena clave. Mientras, iba desarrollando los leitmotivs que iban a aparecer en la partitura, y, una vez compuestos, los adaptaba al tiempo que le daba el cronómetro para que encajaran a la perfección con el momento que él buscaba. Los resultados están a la vista.

En los siguientes 4 años va atrabajar en exclusiva para la Warner. Su primera partitura remarcable será la de “La carta” en 1940, película de William Wyler de nuevo protagonizada por Bette Davis y ambientada en el sudeste asiático. Como cualquier gran compositor clásico, Steiner recurre a temas orientales que contribuyan a la ambientación de la película, mientras los temas más íntimos van a tener ese carácter opresivo tan característico de las partituras de Steiner:

Por esta partitura recibirá una nueva nominación al Oscar, nominación que repetirá en 1941 por “El sargento York”, dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Gary Cooper, en la que pasa de los temas de carácter más intimista de la primera mitad de la película a los temas militares de la segunda mitad:

Hay que destacar, en todo caso, que con un ritmo de trabajo tan frenético, Steiner por lo general sólo compone los temas, pero no los orquesta; esta labor cae a menudo en manos de Hugo Friedhofer, hasta que éste comience a destacar como compositor y sea sustituido por Murray Cutter.

En 1942 compone algunas de las mejores bandas sonoras de su carrera. Vuelve a trabajar con Errol Flynn y Olivia de Havilland, dirigidos por Raoul Walsh, en la mítica “Murieron con las botas puestas”, para la que compone uno de los temas de amor más bellos que salieron nunca de su pluma, además de temas de marcado carácter militar:

También compone la partitura de otra película mítica, “Casablanca”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey BogartIngrid Bergman y Claude Rains:

Aquí escuchamos un tema que nos recuerda demasiado al que ya hemos escuchado en “La patrulla perdida”. Además, Steiner usa como leitmotivs dos canciones existentes (nada novedoso, compositores como Wagner o Meyerbeer también lo habían hecho un siglo antes): por una parte, el himno francés, la marsellesa, que sirve como leitmotiv de libertad, de la resistencia anti-nazi, y por otro ese “As time goes by” de Herman Hupfeld, que sirve como tema de amor. Steiner quiso utilizar una canción suya, pero como la película ya había sido rodada, había que volver a rodar algunas escenas, y como Ingrid Bergman se había cortado el pelo para rodar “Por quién doblan las campanas” y no se encontró ninguna peluca que se asemejara a su cabello, no pudo incluirse la canción que Steiner quería componer. Por esta partitura, Steiner será nominado al Oscar (aunque Casablanca no entra en los Oscars de 1942, sino en los de 1943).

Y su otra gran partitura de ese año es “La extraña pasajera”, de nuevo con Bette Davis, Claude Rains y Paul Henreid (el Victor Lazslo de Casablanca), en una partitura de estilo melodramático en la que destaca la belleza de la melodía principal, lo que nos enlaza con la tradición melódica francesa, ya que las influencias musicales de Steiner, en especial las del romanticismo europeo, son numerosísimas:

Nueva nominación al Oscar, que en esta ocasión consigue llevarse a casa. Y, a diferencia de lo que sucedía en 1935, ahora sí que el Oscar se entrega al compositor.

En 1943 sigue trabajando en películas que en su momento fueron grandes éxitos, como “Alarma en el Rhin”, que le valió el Oscar a mejor actor a Paul Lukas, pero que hoy está completamente olvidada. Más destacables son sus trabajos de 1944. Una de ellas es “Las aventuras de Mark Twain”, protagonizada por Fredric March y Alexis Smith, con una sonoridad plenamente americana que le valdrá una nueva nominación al Oscar:

Ese año colabora también con el director Frank Capra (con quien había trabajado el año anterior en un documental) en la negrísima comedia “Arsénico por compasión”, protagonizada por Cary Grant, en la que combina melodías románticas, cómicas, de intriga y otras simplemente grotescas, según lo requiera la cambiante situación de tan alocada película:

También en 1944, la Warner trata de repetir el éxito de “Casablanca” con la casi olvidada “Pasaje a Marsella”, de nuevo con Michael Curtiz, Humphrey Bogart, Claude Rains, Peter Lorre o Sidney Greenstreet. Lógicamente, la partitura se le encarga a Max Steiner, que aquí, a diferencia de “Casablanca”, recurre mucho más a temas compuestos por él mismo, destacando la belleza melódica del tema de amor:

Y ese año vuelve a trabajar para Selznik por primera vez desde “Lo que el viento se llevó”, en esta ocasión para un drama ambientado en la II Guerra Mundial, en las esposas y familias que se quedan sin el padre, que está combatiendo en el frente. La película, protagonizada por Claudette Colbert, Jennifer Jones y Joseph Cotten, requiere de un tema principal tranquilo, amable, como la protagonista, pero al mismo tiempo capaz de transmitir esa nostalgia por el marido ausente, mientras Steiner compone otros temas de distinto carácter, destacando la grotesca melodía asociada al perro, interpretada por el fagot, y otros temas de carácter militar que nos recuerden la situación bélica que estamos viviendo, o cita la canción de cuna de Brahms:

Esta película le valdrá a Max Steiner su tercer y último Oscar. Trabajar con Selznik parece que le traía buena suerte.

En los siguientes años, sus mayores éxitos llegarán con adaptaciones musicales, como en “Rapsodia en azul”, de 1945, biopic de George Gershwin, o en 1946 con “Noche y día”, biopic de Cole Porter protagonizado por Cary Grant, ambos valedores de una nominación al Oscar. Pero quizá su partitura más reseñable de esos años sea la del clásico de cine negro “El sueño eterno”, de Howard Hawks, con Humphrey Bogart y Lauren Bacall, en cuyo tema principal va a predominar el aspecto más romántico de la película:

En 1947, es nominado por partida doble al Oscar, una por el musical “My wild irish rose” y la otra por “Vivir con papá”, comedia de Michael Curtiz protagonizada por William Powell, Irene Dunne y Elizabeth Taylor, de ritmo desenfadado y sonoridad de nuevo ya plenamente americana:

En 1948 destacan sus trabajos en dos películas protagonizadas por Humphrey Bogart, y ambas dirigidas por John Huston. La primera será la opresiva “Cayo Largo”, con Lauren Bacall, Edward G. Robinson y Lionel Barrymore, en la que consigue transmitir a la perfección ese ambiente de permanente tensión que requiere el film:

La otra será el drama “El tesoro de Sierra Madre”, en una partitura con la sonoridad mexicana que requiere la ubicación del film y que muestra también un carácter opresivo, como la atmósfera que viven esos ambiciosos buscadores de oro capaces de cualquier cosa con tal de conseguir el ansiado premio:

También trabaja de nuevo para Errol Flynn, en “El burlador de Castilla”, en la que consigue reproducir la música tradicional española, además de trabajar en un género, el de capa y espada, que tradicionalmente se había asociado a Korngold (“El capitán Blood”, “Robin de los bosques”, “El halcón de mar, todas ellas protagonizadas por Errol Flynn):

Pero su mejor trabajo ese año, y el único por el que consigue estar nominado al Oscar, será su trabajo en “Belinda”, la historia de una joven sorda interpretada por Jane Wyman que es violada. El tema principal, de nuevo de una exquisita belleza, nos transmite la inocencia de esta joven que, en el fondo, es una niña:

En 1949 recibe una nueva nominación al Oscar por “Más allá del bosque”, drama de King Vidor con Bette Davis y Joseph Cotten, y en 1950 es nominado por otra magnífica partitura, la de “El halcón y la flecha”, film de capa y espada protagonizado por Burt Lancaster y ambientado en el norte de Italia. Steiner recurre a ritmos típicos italianos, como la tarantella, para conseguir la mejor ambientación posible, aunque podamos encontrar similitudes incluso con la sinfonía italiana de Mendelssohn:

En 1951 compone la partitura del western de Raoul Walsh “Tambores lejanos”, protagonizado por Gary Cooper, y en la que de nuevo destaca su capacidad de ambientación gracias a la música, por el uso de percusiones que puedan evocarnos a los indios norteamericanos:

En 1951 pone música a la bélica “La flota silenciosa”, protagonizada por John Wayne, en una partitura llena de tensión:

En 1952 es nominado al Oscar por “El mensaje de Fátima”, y repite nominación en 1954 por la magistral partitura de “El motín del Caine”, magistral drama militar protagonizado por Humphrey Bogart y José Ferrer, para el que compone una de sus mejores marchas militares:

Ese mismo año se estrena en el género histórico, hasta ese momento propiedad de Alfred Newman y Miklós Rózsa, en “El talismán”, historia ambientada en las cruzadas con Rex Harrison y Virginia Mayo de protagonistas:

Y repite género, de forma más afortunada, en “Helena de Troya”, con un memorable tema principal que nos recuerda a sus grandes partituras del pasado:

Y ese año vuelve a estar nominado al Oscar por el drama bélico “Más allá de las lágrimas”, de nuevo dirigido por Raoul Walsh:

Pero su mejor partitura de la década está por llegar. Max Steiner no era el compositor preferido de John Ford, que prefería los estilos de Alfred Newman o Victor Young, en general menos ambiciosos, y con menor presencia en el metraje, que las partituras de Steiner, pero se vio obligado a contar de nuevo con él para uno de sus mejores westerns, “Centauros del desierto”, protagonizado por John Wayne y Jeffrey Hunter. Escuchando la magistral partitura que compone Steiner, sólo queda recordar que los grandes genios también se equivocan, y Ford no iba a ser la excepción:

Pero la película, incomprensiblemente, no recibe ninguna nominación al Oscar, y ni siquiera Steiner se libra de esta maldición que parecen tener los westerns de John Ford.

En 1959 trabaja en otro western, “El árbol del ahorcado”, dirigido por Delmer Daves y protagonizado por Gary Cooper. El ritmo de trabajo de Steiner se ha reducido considerablemente, y aquí no es difícil escuchar por momentos el mismo tema que sonaba en “Centauros del desierto”:

Y, pese a todo, Steiner alcanza ese año uno de los mayores éxitos (al menos comercialmente hablando) con el tema principal de “En una isla tranquila del sur”, también dirigida por Delmer Daves, protagonizada con la joven pareja de moda, Sandra Dee y Troy Donahue; esto permite a Steiner ser conocido por una nueva generación que en esos momentos se encontraba en la adolescencia:

Buscando repetir el éxito, Delmer Daves vuelve a contar con él en “Parrish”, drama protagonizado por Claudette Colbert, Karl Malden y, cómo no, Troy Donahue, el guaperas del momento. En un momento en el que la forma de entender las bandas sonoras está cambiando (influencias del jazz y de músicas populares la época, los cambios de concepto de Bernard Herrmann o Jerry Goldsmith), el estilo de Steiner también ha cambiado. Poco queda de aquel brillante compositor de estilo tardorromántico de creatividad incansable. Sus nuevas partituras, conservando aún en parte la brillantez melódica de su periodo de esplendor, han perdido mucha de la brillantez que tenían apenas una década antes:

Delmer Daves será uno de los directores que siga contando con él en los siguientes años, como prueba su colaboración en “Más allá del amor”, de nuevo con Troy Donahue, acompañado ahora por Angie Dickinson:

El otro será Raoul Walsh, que contará con él para el western “Una trompeta lejana”, protagonizado de nuevo por Troy Donahue (y pensar que hoy día nadie se acuerda de este actor…), en una partitura que recuerda peligrosamente a la marcha militar de “La carga de la brigada ligera):

Su último trabajo será para una película de la Disney, “Those Calloways”, de 1965. El tema grotesco para describir a los gansos para los que la familia Calloway quiere construir una reserva es de nuevo un recurso ya utilizado por Steiner, aunque la partitura no carece e interés:

En 1963, Max Steiner escribe una autobiografía que, por desgracia, no se publicó, y en la que parece ser que contaba detalles desconocidos de su infancia. De hecho, se desconoce de la fecha de divorcio de su primera esposa, con la que se casó en 1912. Steiner se casaría otras tres veces, pero sólo tendría un hijo, Ron, con su tercera esposa, la arpista Louise Klos. Su hijo murió en 1962, justo antes de comenzar a escribir sus memorias.

Retirado en sus últimos años, Max Steiner moría de un infarto el 28 de diciembre de 1971 en Beverly Hills a los 83 años, siendo enterrado en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery de Glendale.

Max Steiner se ganó con su incansable labor un importante lugar en la historia de la música cinematográfica, que revolucionó y que dominó durante dos décadas en las que nos regaló muchas de las partituras más memorables del Hollywood clásico. Aún a día de hoy sigue siendo un referente de todos los compositores sinfonistas de Hollywood, de los que fue el primer gran exponente.



50 años de la muerte de Fay Bainter (16-04-2018)


Ya hemos hablado en anteriores ocasiones de grandes estrellas de los años dorados de Hollywood que con los años han caído en el olvido. Esto es aún más remarcable entre esos grandes intérpretes especializados en papeles secundarios, y en un mundo tan machista como el de Hollywood, ser actriz y secundaria es un pecado que parece llevar adosada una damnatio memoriae eterna. Hoy vamos a intentar rescatar del olvido a una magnífica actriz secundaria del Hollywood dorado, aprovechando el 50 aniversario de su muerte: la actriz Fay Bainter.




Fay Okell Bainter nació el 7 de diciembre de 1893 en Los Angeles. Desde temprana edad se interesará en la interpretación: debuta en teatro en su California natal ya en 1908. En 1910 se enrola en una compañía itinerante y en 1912 debuta por fin en Broadway, donde con los años alcanzará una gran fama, dado su enorme talento.

El 8 de junio de 1921 se casa con Reginald Venable, oficial de la Marina americana, con quien permanecerá hasta su muerte en 1964. Tendrán un único hijo, también llamado Reginald, en 1926, que también será actor.

En vista de su éxito, en 1933, la MGM la convence para debutar en el cine, cosa que hará en febrero de 1934 con “The side of heaven”. Pero no volverá a Hollywood hasta 1937, año en el que estrenará varias películas, de entre las que destaca “Olivia”, de George Stevens, comedia de época en la que interpreta a la inocente hermana mayor de Katherine Hepburn, mujer astuta capaz de inventarse la existencia de una sobrina para poder seducir a su amado Franchot Tone:

Pero será en 1938 cuando alcance el éxito, gracias a dos papeles que la convertirán en la primera intérprete nominada al Oscar por dos papeles en un mismo año. El primero será como actriz protagonista, por “White Banners”, de Edmund Goulding, en la que interpreta a una criada que entra al servicio de una rica familia, encabezada por Claude Rains, pero que en realidad busca en secreto encontrar a su hijo secreto:

La segunda nominación será como mejor secundaria, por la genial “Jezabel” de William Wyler, en la que interpreta a la madre de Bette Davis, la única que intenta, fallidamente, hacerle entrar en razón y comprender que no puede hacer cualquier cosa con tal de recuperar el amor de Henry Fonda:

Y será por este papel por el que gane el Oscar.

Pese a haber sido nominada como mejor actriz protagonista, sus papeles posteriores van a ser a menudo de madre. Así será en 1940 en “El joven Edison”, interpretando a la madre del joven inventor, papel a cargo del genial Mickey Rooney:

También en 1940 será la madre de un jovencito William Holden (y la esposa de Thomas Mitchell) en esa mezcla de comedia costumbrista y melodrama dramático que es “Sinfonía de la vida”, adaptación de la premiada obra teatral de Thorton Wilde que dirige Sam Wood y que supone el debut cinematográfico de quien había sido la protagonista teatral, Martha Scott:

Tras participar en 1941 en el musical “Chicos de Broadway”, en 1942 trabaja en la primera película en la que trabajan juntos Katherine Hepburn y Spencer Tracy, “La mujer del año”, de George Stevens, en la que interpreta a una feminista. Y en 1943 repite como madre de Mickey Rooney en “La comedia humana”, drama (pese a lo que diga el título) dirigido por Clarence Brown:

En 1944 participa en el film negro “Aguas turbias”, interpretando a la tía de la protagonista, Merle Oberon. Y en 1945 es la madre de Jeanne Crain y Dick Haymes, y la esposa de Charles Winninger en “La feria del estado” adaptación musical de la película de 1933 “State fair” que componen directamente para el cine Richard Rodgers y Oscar Hammerstein, y en la que, curiosamente, ni Jeanne Crain ni Dana Andrews, los protagonistas, cantan ninguna de sus canciones, mientras que Fay Bainter (y otros, como Donald Meek o el ya mencionado Charles Winninger) sí que cantan sus pequeñas intervenciones:

En 1946 participa en el western “El virginiano” y comparte pantalla por primera vez con Danny Kaye en “El asombro de Broocklyn”, repitiendo con el mismo actor en 1947 en “La vida secreta de Walter Mitty”, en la que interpreta, como no, a su madre:

Fay Bainter apenas trabaja más en cine. En 1951 tiene un magnífico papel en “Cerca de mi corazón”, interpretando a la cariñosa pero firme directora del centro de adopción al que acude la pareja formada por Ray Milland y Gene Tierney en busca de un niño al que adoptar. Y en 1953 interpreta a la madre de Susan Hayward, que interpreta a la esposa del presidente Andrew Jackson, interpretado por Charlton Heston, en “La dama marcada”. Y tendrá un último papel en 1961 en el magnífico drama de William Wyler “La calumnia”, interpretando a la abuela (ya subimos de categoría) de la niña que acusa a dos profesoras, Shirley McLaine y Audrey Hepburn, de tener una escandalosa relación:

Fay Bainter, que había tenido dos nominaciones al Oscar en 1938, en los inicios de su carrera, tiene su tercera nominación por su última película. Su inmenso talento queda fuera de cualquier duda, pese a una filmografía no muy extensa y, a menudo, olvidada.

Apenas una aparición televisiva en 1962 en el Show de Donna Reed marcan su desaparición de la vida pública. Viuda desde 1964, sucumbe a una neumonía el 16 de abril de 1968 en Los Angeles, a los 74 años. Dado que su esposo era militar, ella fue enterrada a su lado en el Cementerio Nacional de Arlington.

Su nombre está casi completamente olvidado hoy día, pero Fay Bainter es una de esas actrices que llevaban la profesión en la sangre, que no buscaban fama, dinero o gloria, que eran actrices por profesión y por vocación, sin ningún adorno. Y fue su enorme talento el que le ayudó a sobrevivir y a hacerse un pequeño hueco en la memoria de algunos cinéfilos que recuerdan algunas de sus magníficas interpretaciones.



25 años de la muerte de Joseph Mankiewicz (05-02-2018)


Se inició en el mundo del cine como guionista, de donde pasará a la dirección, entrando en la historia por ganar el Oscar a mejor director en dos años consecutivos, 1949 y 1950. Un día como hoy hace 25 años nos dejaba un mito llamado Joseph Mankiewicz.




Joseph Leo Mankiewicz (que es conocido como Joseph L. Mankiewicz, aunque en este artículo suprimiremos la L para simplificar) nació el 11 de febrero de 1909 en Wilkes-Barre, estado de Pensilvania, hijo de inmigrantes judíos de origen alemán, siendo el menor de los e hijos de la pareja, después de Herman y Erna. En 1912 la familia se muda a Nueva York, donde su padre, profesor, se encarga de suministrar a sus hijos una cuidada educación. Tras graduarse en arte, su padre lo envía en 1928 a Berlín para estudiar en su universidad, pero Joseph se aficiona allí al teatro y malvive como corresponsal del Chicago Tribune y traduciendo subtítulos cinematográficos.

Así hasta que en 1929 le llama su hermano Herman, que trabaja como guionista en Hollywood (y que ganará un Oscar por el guión de “Ciudadano Kane”). Sin nada que perder, Joseph Mankiewicz se traslada a la Meca del cine, Allí trabaja como guionista, primero en la Paramount, consiguiendo una nominación al Oscar por “Las peripecias de Skippy” en 1931, antes de trasladarse a la Metro-Goldwyn-Mayer, en busca de mejores proyectos. Así, co-escribe el guión de “El enemigo público número 1”, de 1934, que ganará el Oscar a mejor guión, pero sin incluir a Mankiewicz.

En 1934 se casa por primera vez, con Elizabeth Young, de quien se divorcia en 1937, y con la que tiene un hijo, Eric Reynal.

Tras ver como su fama como guionista aumenta, le propone a Louis B. Mayer, presidente de la Metro, dirigir sus propios guiones; éste rechaza la idea, pero le permite producir algunas películas, de entre las que destacará “Historias de Filadelfia”, nominada al Oscar a mejor Película. Pero algún tiempo después, en 1944, regresa a su faceta como guionista, escribiendo “Las llaves del reino”, protagonizada por Gregory Peck y en la que aparece su segunda esposa, la actriz austriaca Rose Stradner, con la que estaba casado desde 1939 y que se suicidará en 1958. Juntos tendrán 3 hijos, siendo el más famoso de ellos el director y guionista Tom Mankiewicz.

Finalmente, en 1946 decide abandonar la Metro y pasarse a la Fox para poder dirigir sus propios guiones. Y así se estrena con “El castillo de Dragonwyck”, drama de intriga en la que una inocente Gene Tierney se casa con el rico propietario del castillo del título, Vincent Price, que esconde algún peligroso secreto:

Tras dirigir ese mismo año el film de cine negro “Solo en la noche”, en 1947 estrena la comedia “El mundo de George Apley”, protagonizada por Ronald Colman, en una ácida crítica a la elitista burguesía americana, y estrena también uno de sus mayores éxitos, “El fantasma y la Señora Muir”, de nuevo con Gene Tierney (interpretativamente bastante peor que en el film anterior) y un magnífico Rex Harrison como el fantasma del título, que se enamora de la protagonista:

En 1948 repite con Rex Harrison en el film negro “Escape”, y repite género (algo infrecuente en él) en 1949 con “Odio entre hermanos”, protagonizada por Edward G. Robinson y Susan Hayward. Pero en 1949 su gran éxito será “Carta a tres esposas”, magistral guión firmado por él, innovador en cuanto a su estructura dramática, en la que tres mujeres reciben la carta de una “amiga” suya en la que les confiesa que esa misma noche se fugará con el esposo de una de ellas. Pese a cierta mojigatería en su presentación de las mujeres, la película está magistralmente resuelta con sus continuos flash-backs y esa idea de no mostrar nunca en escena a la autora de la carta:

Tal fue el éxito del film que Joseph Mankiewicz ganó tanto el Oscar al mejor guión original como el de mejor director, con sólo 3 años de carrera en este campo:

Pero si alguien piensa que Mankiewicz ha llegado ala cima de su carrera, se equivoca totalmente. En 1950 vuelve a dirigir un guión original propio, “Eva al desnudo”, drama ambientado en el mundo teatral con sus envidias y trampas, que enfrentan a Bette Davis con la novata (pero no tan inocente) Anne Baxter:

Y la historia se repite: Joseph Mankiewicz gana tanto el Oscar a mejor Guión como el de mejor Director (además del de mejor película), en un año nada fácil, ya que competía contra una de las cumbres del cine, “El crepúsculo de los dioses” del gran Billy Wilder, al que machacó literalmente:

También en 1950 había dirigido “Un rayo de luz” drama antirracista en el que un médico negro, Sidney Poitier, atiende a dos hermanos criminales, uno de los cuales muere. El hermano superviviente, Richard Widmark, buscará venganza:

En 1951 se toma su venganza de la caza de brujas McCarthyana en la comedia dramática “Murmullos en la ciudad”, en la que el doctor interpretado por Cary Grant, recién casado con Jeanne Crain (una de las tres esposas de su mítica película), se niega a delatar a un amigo cuando un celoso colega interpretado por Hume Cronyn intenta arruinar su carrera:

El cine de Joseph Mankiewicz se caracteriza por su excelente forma de dirigir a sus intérpretes, pero también por su versatilidad, por su búsqueda constante de nuevos géneros en los que trabajar. Así, en 1952 dirige “Operación Cicerón”, historia de espías que nos cuenta la historia de Elyesa Bazna, interpretado por James Mason (aunque se le cambia el nombre por el de Ulysses Diello), que robó para los alemanes diversos planes de ataque de la embajada británica:

Por esta película se llevará una nueva nominación al Oscar a mejor director.

Su siguiente proyecto es más ambicioso si cabe: la adaptación de la obra de Shakespeare “Julio Cesar”, con un reparto de lujo en el que figuran Louis Calhern, James Mason, Deborah Kerr, Greer Garson, John Gielgud o Edmond O’Brien, y en el que sólo molesta el horrendo Marco Antonio de Marlon Brando:

Su siguiente film, estrenado en 1954, es “La condesa descalza”, ambientado en el implacable mundo del cine que destroza a una estrella, interpretada por Ava Gardner, acompañada por Humphrey Bogart, Rossano Brazzi y Edmond O’Brien, que ganará el Oscar a mejor secundario:

Y de este drama pasamos en 1955 a un musical, “Ellos y ellas”, protagonizado por Marlon Brando (Mankiewicz tenía mucha costumbre de repetir con los actores con los que trabajaba, como ya hemos podido comprobar), Frank Sinatra y Jean Simmons:

Tras unos años de parón, en 1958 estrena su adaptación de “El americano tranquilo” de Graham Greene, protagonizada por Audie Murphy y Michael Redgrave. La película se sitúa en la guerra de Vietnam, pero el ambiente anticomunista e Estados Unidos en ese momento obliga a modificar muchos elementos de la historia, algo que molesta especialmente a Greene. Y tras adaptar a Greene, en 1959 le toca el turno a Tennessee Williams con la perturbadora “De repente el último verano”, con Katherine Hepburn, Elizabeth Taylor y Montgomery Clift, en una película bastante polémica en aquella época por el argumento que trata:

Pero, para su desgracia, el siguiente proyecto que caería en sus manos resultaría ser un regalo envenenado. La Fox, con serios problemas económicos, se embarcó en el proyecto de rodar un peplum espectacular que fuera un éxito de taquilla: una nueva versión de la historia de la reina egipcia Cleopatra. Pero problemas durante el rodaje provocaron la caída del reparto elegido, y la huida del director previsto, Rouben Mamoulian). El proyecto fue a parar a Joseph Mankiewicz, que tuvo que hacer frente al rodaje de la película completa (lo rodado hasta su llegada no valía por el cambio de reparto), a los problemas ocasionados por el escandaloso romance de la pareja protagonista, Elizabeth Taylor y Richard Burton, a la enfermedad de ella, al traslado de la filmación de Londres a Roma y a un enorme incremento del presupuesto. Tras retrasos y retrasos en el rodaje, Mankiewicz presenta una versión de nada más y nada menos que 6 horas de duración, proponiendo dividirla en dos películas. El estudio lo rechaza y despide a Mankiewicz, pero ante la imposibilidad de que cualquier otro realice el montaje, vuelve a contratarlo para editar una versión que pasa primero a 4 horas y luego a 3. Pese al éxito de taquilla, el presupuesto se había incrementado de tal forma (de 2 millones de dólares previstos a 44) que no sirvió para recuperar lo invertido. La Fox se arruina del todo, y el peplum desaparece como género cinematográfico:

La película se estrena en 1963 y consigue 4 Oscars de 9 nominaciones, aunque Mankiewicz no es nominado.

Joseph Mankiewicz tarda años en recuperarse de la traumática experiencia. Si bien es cierto que en 1964 rueda una adaptación moderna de “Un cuento de navidad” de Dickens para televisión, no vuelve a dirigir cine hasta 1967, cuando estrena “Mujeres en Venecia” cínica y genial comedia criminal protagonizada por su actor fetiche, Rex Harrison, con Maggie Smith, Susan Hayward y Cliff Robertson en el reparto:

En 1970 dirige su único Western, “El día de los tramposos”, comedia cínica, ácida, que poco antes no habría pasado la censura ni en sueños, con sexo, desnudos, personajes moralmente ambiguos y constantes giros de guión, protagonizada por Kirk Douglas y Henry Fonda:

Y, por último, en 1972 estrena su última película, una de sus obras maestras, la genial “La huella”, duelo interpretativo entre Laurence Olivier y Michael Caine, llena de nuevo de constantes giros de guión y situaciones inesperadas:

Por esta película, Mankiewicz consigue una última nominación al Oscar a mejor Director. Pero él se retira a su granja del este, con su tercera esposa, Rosemary Matthews, con quien se casó en 1962, estudiando arte y psiquiatría. Viviría todavía 20 años más, pero no volvió a trabajar nunca. Murió finalmente el 5 de febrero de 1993, días antes de cumplir 84 años.

Director de culto, Joseph Mankiewicz demostró una capacidad única para construir buenos guiones, para dirigir actores y para pasar de un género a otro sin aparente dificultad. Nos legó para la posteridad, de entre su reducida filmografía (apenas una veintena de films) algunas obras maestras que se han convertido en films de culto y que son una verdadera demostración de lo que es el cine.



50 años de la muerte de Paul Muni (25-08-2017)


Aún entre los cinéfilos, pocos recuerdan su nombre, y menos aún su cara, y aún así fue una de las más destacadas estrellas del Hollywood de los años 30. Caído en el olvido desde los años cuarenta, hoy, cuando se cumplen 50 años de su desaparición, nos toca intentar hacerle justicia a Paul Muni.




El verdadero nombre de Paul Muni era Frederich Meshilem Meier Weisenfreund, y nacío el 22 de septiembre de 1895 en la ciudad de Lemberg, en la provincia austro-húngara de Galitzia (hoy día la ciudad de Lviv, en el oeste de Ucrania) en el seno de una familia de actores teatrales judíos. De hecho, su idioma materno será el Yidis.

En 1902, la familia se traslada a Estados Unidos y se establece en Chicago. Allí, el joven “Moony”, como era conocido, siguiendo los pasos de sus padres, debuta en el teatro local Yidis a los 12 años, interpretando a un anciano de 80, iniciando su pasión por las caracterizaciones y maquillajes complicados con los que transformaba completamente su figura. No tarda en alcanzar gran éxito dado su talento. Además, en 1921 se casa con Bella Finkel, otra actriz del teatro Yidis.

En 1926 debuta en Broadway, actuando por primera vez en inglés. Su prestigio como actor le lleva a firmar un contrato con la Fox (usando el nombre de Paul Muni, siendo Muni una adaptación del nombre con el que era conocido de niño, Moony) en 1929, debutando en el cine ese mismo año con “El valiente”, drama sobre un condenado a muerte. Gracias a este papel recibe su primera nominación al Oscar (en total se llevará 5, ganando una vez), pero la película no es un éxito comercial. Como su siguiente película, “Seven faces”, estrenada también en 1929, vuelve a ser un fracaso, regresa temporalmente a Broadway. Y es que Muni será siempre un actor de teatro más que de cine.

Vuelve a Hollywood en 1932 para filmar el clásico del cine de mafiosos “Scarface”, dirigido por Howard Hawks. Su interpretación del Gangster Tony Camonte, característico por su cicatriz en la cara, le devolvió al panorama cinematográfico:

También en 1932 protagoniza el drama carcelario “Soy un fugitivo” de Mervyn LeRoy, en la que su talento interpretativo le vale una segunda nominación al Oscar:

Había que estar ciego para no darse cuenta de que había nacido una estrella, y fue la Warner la que supo aprovecharse de ello, firmando un contrato con él.

Paul Muni protagoniza en los siguientes años algunos dramas y cine negro, pero en 1935 insiste hasta conseguir convencer a la Warner de filmar una película biográfica, algo que no se hacía desde la época de George Arliss (quien ganara el Oscar a mejor actor en 1930 por interpretar al primer ministro británico Disraeli). El resultado será “La tragedia de Luois Pasteur”, dirigida por William Dieterle:

Para prepararse el papel, Paul Muni lee todo lo que encuentra sobre el científico francés para poder meterse en su piel. El resultado: gana el Oscar a mejor actor:

Para verle, hay que ir al minuto 1:10.

En 1935 estrena también el drama “Barreras infranqueables”, dirigido por Archie Mayo, en el que comparte pantalla nada menos que con Bette Davis.

Tras un año sin estrenar nada, Paul Muni vuelve al cine en 1937, de nuevo con un drama biográfico en el que de nuevo está irreconocible: “La vida de Émile Zola”, ambientada en la época del “Caso Dreyfuss”, siendo interpretado el militar judío por Joseph Schildkraut:

La película gana el Oscar a mejor película, mejor guión y mejor secundario para Schildkraut. Esta vez Paul Muni, también nominado, se va de vacío.

Curiosamente, a William Dieterle no le gustaba el estilo interpretativo de Muni, ya que le resultaba en exceso histriónico (algo por otra parte bastante común en actores provenientes del teatro). Ese histrionismo resulta bastante más evidente en otro gran éxito que protagoniza en 1937, “La buena tierra” de Sidney Franklin, en la que interpreta a un campesino chino casado con Louise Rainer, que ganará el Oscar a mejor actriz:

Tras pasarse otro año, 1938, sin estrenar ninguna película, en 1939 estrena el drama negro “No estamos solos”. Y vuelve al cine biográfico, de nuevo dirigido por William Dieterle, en “Juarez”, en mi opinión su mejor papel, interpretando al presidente mexicano Benito Juarez, que tiene que enfrentarse al Emperador Maximiliano, interpretado por Brian Aherne, y a su esposa Carlota (Bette Davis en uno de sus mejores papeles). Aquí no hay histrionismo en la interpretación de Muni, sino una absoluta interiorización del personaje:

Pero Paul Muni cada vez trabaja menos en cine y dirige de nuevo su atención al teatro. Su siguiente estreno será en 1941, historia de aventuras ambientada en la exploración de Canadá en el siglo XVII, junto a actores como Vincent Price, John Sutton o Gene Tierney, en la que da rienda suelta a su histrionismo:

Su siguiente papel destacable será en 1944, en “Canción inolvidable”, esta vez como secundario, interpretando a Józef Elsner,  profesor de Frederic Chopin, interpretado por Cornel Wilde, dando de nuevo rienda suelta a su histrionismo:

Tras protagonizar un nuevo film bélico, en 1946 cambia de registro en la comedia “El diablo y yo”, dirigida de nuevo por Archie Mayo, en la que interpreta a un gangster asesinado que llega a un acuerdo con el diablo, interpretado por Claude Rains:

No vuelve a trabajar en cine en los años 40. Y Hollywood respira aliviado: Paul Muni no tiene buena fama. Pese a su timidez y deseo de pasar desapercibido, no soporta ver a nadie vestido de rojo en el set de rodaje, y su mujer es odiada por los directores por inmiscuirse continuamente en los rodajes. Muni vuelve al teatro (y realiza alguna aparición televisiva). Es en el escenario donde su técnica brilla más, donde mejor se percibe su estilo interpretativo, que ha ido trabajando desde niño, y que le permite ser perfectamente oído en el auditorio incluso cuando susurra. Protagoniza, entre otras, “Muerte de un viajante” y “Herencia del viento”, aunque tiene que suspender las representaciones de esta última en 1955 cuando se le diagnostica un tumor en el ojo, que tiene que ser extirpado. Poco después vuelve a seguir con las representaciones de la obra.

Paul Muni, que en 1952 había trabajado en cine en “Imbarco a mezzanotte” de Joseph Losey, vuelve por última vez en 1959 con “The last angry man”, drama ambientado en el mundo de la televisión que le vale una última nominación al Oscar. Pero sus crecientes problemas de salud le obligan a abandonar la interpretación, siendo su última aparición en 1962 en la serie “Saints and sinners”:

Retirado de la vida pública en su casa de California, Paul Muni moría allí el 25 de agosto de 1967 a causa de problemas cardíacos, siendo enterrado en el Hollywood Forever Cemetery.

Si habría que definir qué es una estrella apagada, en el sentido de olvidada, Paul Muni sería el prototipo perfecto: enormemente admirado durante unos pocos años, rápidamente olvidado, pero un enorme actor al que habría que devolver al primer plano del que nunca debió salir.



50 años de la muerte de Claude Rains (30-05-2017)




Hay actores (y actrices, no es cuestión de género) que, aunque  hayan ejercido toda su vida de secundarios, se convierten en verdaderos robaescenas, quitándoles el protagonismo a actores a menudo de talento muy inferior. De entre esos grandes secundarios de la historia, hay unos pocos que podrían disputarse el mérito de ser el mejor secundario de la historia; para mí, el campeón es quien hoy nos ocupa, Claude Rains. Ese actor al que todo fan del cine clásico conoce aunque no identifique.




William Claude Rains nació el 10 de noviembre de 1889 en Londres. No tuvo una infancia fácil en absoluto; él mismo afirmaba que se había criado en la ribera equivocada del Támesis. Su padre era el actor Fred Rains, que tuvo con su mujer Eliza 12 hijos, de los que sólo 3 sobrevivieron; el resto murió por malnutrición. Claude tenía problemas de pronunciación, además de un marcado acento de los bajos fondos londinenses. Abandonó temprano la escuela para vender periódicos y así ayudar económicamente a la familia, además de cantar en el coro de la iglesia.

Desde niño vivió por dentro el mundo del teatro acompañando a su padre. Ya con 10 años interpretó un pequeño papel, y después ejerció distintas labores dentro del teatro hasta dedicarse a la interpretación. Y en 1913 decide trasladarse a Nueva York, pensando que allí tendrá mejores oportunidades laborales. Pero no tardará en volver a Londres.

Y es que en 1914 estalla la I Guerra Mundial, y Claude Rains se enrola en el ejército, en el que sirve junto a actores como Basil Rathbone, Ronald Colman o Herbert Marshall. Será durante la guerra, en un ataque con gas, cuando pierda el 90% de visión de su ojo izquierdo. Pese a todo, alcanza el grado de capitán:

Terminada la Guerra, Claude Rains permanece en Londres, donde alcanza gran prestigio como actor. Llama así la atención de Sir Herbert Beerbohn Tree, que acababa de fundar la Royal Accademy of Dramatic Art. Se encarga de que Rains reciba clases de dicción que cambian por completo su forma de hablar, dándole un acento mucho más aristocrático. Poco después comienza a dar clases de interpretación en la propia academia, teniendo como alumnos a Charles Laughton o John Gielgud, ambos actores que siempre admiraron a su profesor, y posteriormente también pasarían por sus clases Laurence Olivier o Vivien Leigh. En la academia conocerá también a su primera esposa, Isabel Jeans. En total, Claude Rains se casó 6 veces, divorciándose de las 5 primeras, y tuvo una hija, Jennifer, con su cuarta esposa. Según contó John Gielgud, cuando era profesor, todas las alumnas suspiraban por él, ya que al parecer de joven no carecía de atractivo (aunque cinematográficamente no hayamos conocido esa faceta suya).

Y es que, pese a participar como secundario en una película muda inglesa en 1920, su debut real en el cine fue bastante tardío. En 1927 se traslada a Nueva York para trabajar en Broadway, y así en 1932 hace una audición para una película, pero no consigue el papel. Pero cuando en 1933 la Universal planea dirigir una versión de “El hombre invisible”, la primera opción, Boris Karloff, es rechazada por problemas de contrato, y cuando el proyecto cae en manos del director James Whale, él insiste en darle el papel a Rains. Y así es como debuta en el cine, en una película en la que sólo se le ve en los últimos segundos, pero cuya voz tiene un protagonismo inédito hasta la fecha:

Tras realizar varias películas menores, en general dentro del género de terror, firma un contrato con la Warner, que aprovecha mucho mejor su talento, y comienza a destacar en 1936, cuando ejerce de villano en “El caballero Adverse”, protagonizada por Fredric March y Olivia de Havilland:

Los siguientes años Claude Rains será el villano por excelencia de las películas de aventuras de la Warner, como en “El príncipe y el mendigo” de 1937, donde coincide por primera vez con Errol Flynn:

En este género, su papel más significativo es en 1938 en “Robin de los bosques”, interpretando al Príncipe Juan, junto a Errol Flynn, Olivia de Havilland y Basil Rathbone. Fue idea del propio Rains darle un estilo homosexual a su personaje:

En 1939 es cedido a la Columbia para participar en “Caballero sin espada” de Frank Capra, protagonizada por James Stewart, en la que interpreta a un senador corrupto, un papel que le permite mucho más juego interpretativo:

Por este papel recibe su primera nominación al Oscar como mejor actor secundario, que perderá frente a Thomas Mitchell por “La diligencia”.

En 1940 vuelve al cine de piratas con “El halcón de mar”, dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Errol Flynn, en la que interpreta a un villano mucho más ambiguo como el embajador español en Inglaterra:

En 1941 le tenemos en una comedia romántica, “El difunto protesta”, en la que Robert Montgomery muere y va al cielo antes de tiempo y Claude Rains tiene que buscarle un nuevo cuerpo en la tierra:

Y vuelve a trabajar con la Universal en una de terror, “El hombre lobo”, interpretando al padre del protagonista, Lon Chaney Jr.:

1942 es uno de sus mejores años, sin duda. Ese año trabaja por segunda vez (tras su breve papel en “Juarez”, en 1939) con su amiga Bette Davis (que le consideraba su mejor compañero de reparto) en “La extraña pasajera”, en la que interpreta al psiquiatra que tiene que ayudarla a superar la dependencia que tiene por su madre, Gladys Cooper, hasta que termine enamorándose de Paul Henreid:

Y ese mismo año participa en un mito del cine, una imperfección perfecta como es “Casablanca”, de Michael Curtiz, una película que debió ser un desastre pero que salió milagrosamente demasiado bien. Y es perfecta en buena parte gracias a la perfección de su reparto, como comprobamos en esta mítica escena final, con un inmenso Humphrey Bogart y Claude Rains como el cínico Capitán Louis Renault, ambiguo hasta la redención final:

Extrañamente, Casablanca no entró en los Oscars de 1942, sino en los de 1943. Claude Rains fue nominado como mejor secundario, pero perdió frente a Charles Coburn por “El amor llamó dos veces”.

En 1943 vuelve al terror de manos de la Universal protagonizando “El fantasma de la ópera”:

En 1944, la Warner busca repetir el éxito de “Casablanca” con otra película ambientada en la II Guerra Mundial y con un reparto muy similar; en este caso, el personaje de Claude Rains es bueno desde el principio. Pero la película no tuvo el éxito esperado:

Y ese mismo año repite por tercera vez junto a Bette Davis en “El señor Skeffington”, que relata la difícil relación de la pareja que forman ambos, siendo ella una vanidosa egocéntrica:

Aún siendo protagonista, es nominado al Oscar como mejor secundario, perdiendo en esta ocasión frente a Barry Fitzgerald por “Siguiendo mi camino”.

Repite como protagonista en 1945 con la adaptación de la obra teatral de George Bernard Shaw “Cesar y Cleopatra”, junto a su antigua alumna Vivien Leigh. Por este papel se convierte en el primer actor en recibir un sueldo de un millón de dólares, pero la película resulta ser un fracaso:

Claude Rains se quitó la espinita al año siguiente con el que quizá sea su mejor papel, el nazi fugitivo en Brasil que interpreta en “Encadenados” de Alfred Hitchcock, en el que es espiado por su propia esposa, Ingrid Bergman, y el verdadero amor de ésta, Cary Grant:

Por este papel recibe su cuarta y última nominación al Oscar, pero esta vez pierde frente a un veterano de la II Guerra Mundial que había perdido sus manos, Harold Russell, por hacer de sí mismo en “Los mejores años de nuestra vida”. Algo absolutamente incomprensible a día de hoy, que deja a uno de los mejores actores de la historia del cine sin Oscar.

En 1946 trabaja por cuarta y última vez junto a Bette Davis en “Engaño”, en la que ella, siendo la amante de él, recupera a su antiguo amor, interpretado por Paul Henreid, lo que lleva a un trágico final:

De sus siguientes películas, la más destacable es “Amigos apasionados”, de David Lean, en la que interpreta de nuevo al maduro marido de una joven, Ann Todd, que recupera a su antigo amor, Trevor Howard:

Sus papeles en cine en los años 50 no son en general destacables, ya que Claude Rains dirige su atención de nuevo al teatro, donde ganará un Tony al mejor actor por “Darkness at noon”. Hace también apariciones en televisión y actúa como narrador en diversas grabaciones fonográficas.

Destaca su papel como alcalde de Hamelin en la versión musical televisiva de “El flautista de Hamelin” que protagoniza Van Johnson:

Tras trabajar en “Esta tierra es mía” de Henry King en 1959, en 1960 interpreta al científico que descubre “El mundo perdido” de la obra de Ciencia Ficción de Arthur Conan Doyle:

En 1962 tiene un pequeño papel en “Lawrence de Arabia”, de nuevo dirigida por David Lean y protagonizada por Peter O’Toole:

Su último papel es como Herodes el Grande en “La historia más grande jamás contada” en 1965. Pero Claude Rains no se retiró, seguía esperando que le llamaran para algún nuevo papel, algo que por desgracia no sucedió. Rains, nacionalizado americano en 1939, pasó sus últimos años en el estado de New Hampshire, donde estaba escribiendo unas memorias que nunca llegaron a terminarse al sorprenderle la muerte a causa de una hemorragia abdominal el 30 de mayo de 1967, a los 77 años.

Al principio su alumno John Gielgud no le perdonó que desertara, que abandonara el teatro y se pasara al cine, pero después se daría cuenta de que lo que perdió el teatro lo ganó el cine, y que esto permitía que nuevas generaciones descubrieran su enorme talento. Sí, cuando ya no puede aparecer sobre las tablas, todavía se le puede ver en la pantalla, y así ha inspirado a tantos y tantos actores de generaciones posteriores. Un icono del Hollywood clásico, capaz de, con apariciones de apenas 5 minutos, eclipsar a los protagonistas; amar el cine significa necesariamente amar a Claude Rains.



40 años de la muerte de Joan Crawford (10-05-2017)


Actriz de cine mudo, bailarina de musical, reina del melodrama y estrella del cine de terror, a lo largo de su carrera tuvo que tocar casi todos los géneros para poder salir airosa. Un día como hoy hace 40 años nos dejaba una de las más destacadas actrices de la edad dorada de Hollywood, famosa por sus grandes ojos, duras facciones y carácter problemático: Joan Crawford.




Su verdadero nombre era Lucille Fay LaSueur (cualquier parecido con Joan Crawford es pura coincidencia), y nació un 23 de marzo de… probablemente 1904, aunque no se sabe con certeza el año, dudándose con 1905 o 1906, en San Antonio, Texas. Su padre, de origen francocanadiense (de ahí el apellido) abandonó a la familia poco antes de nacer ella, así que su madre se casó poco después con un empresario teatral,mudándose a Oklahoma. Pensaba que el nuevo marido de su madre, Henry Cassin, era su verdadero padre, hasta que su hermano Hal, un año mayor que ella, le contó la verdad. Su padrastro abusaba sexualmente de ella.

Por el lado positivo, del trabajo de su padrastro en el teatro adquirió su pasión por la danza, pero sufrió un accidente que le provocó 3 operaciones y 18 meses de reposo en los que no pudo ni siquiera ir a la escuela. Posteriormente, problemas judiciales de su padrastro provocaron el traslado de la familia a Kansas City, Missouri, donde continúa sus estudios.

En 1924 ya trabaja como bailarina y corista, además de casarse con el saxofonista James Welton. Consigue también ser conocida en Hollywood (sobre su participación en alguna película porno light no hay certeza). La cuestión es que en diciembre de 1924 consigue un contrato con la Metro, y ya en 1925 estrena varias películas mudas. Ya en 1928 protagoniza una película con Ramón Novarro, la estrella del cine mudo vista como sucesor del fallecido Rodolfo Valentino, “Across to Singapore”:

Pero la película que la lanzó a la fama fue estrenada también en 1928, “Vírgenes modernas”:

En 1929 protagoniza “Jugar con fuego”, en la que coincide con Douglas Faibanks Jr. , con quien se casa el 3 de junio de 1929, pese a la oposición inicial del padre de él, el mítico Douglas Fairbanks.

Pero los tiempos cambian, en 1927 se estrena “El cantor de jazz”, primer film sonoro de Hollywood, y el cine sonoro tarda poco en imponerse en los gustos de la sociedad. Intérpretes que hasta ahora no tenían problemas por su voz o acento ven como con el cine sonoro sus carreras llegan a su fin. Joan Crawford se estrena en el cine sonoro en 1929 con “The Hollywood revue of 1929”. Aunque los críticos la encontraron insegura con el nuevo cine sonoro, su voz no tenía problemas que le impidieran proseguir su carrera en las nuevas circunstancias.

En sus inicios en el cine sonoro destaca por supuesto su participación en musicales, como “Danzad, locos, danzad”, de 1931, en el que luce sus dotes como bailarina:

Pero, para su frustración, no consigue el papel protagonista de “Alma libre”, que recae en la esposa del productor Irving Thalberg, Norma Shearer, a quien odiaría el resto de su vida. Esta película fue el debut en el cine de Clark Gable, con quien Joan Crawford (que usa ya este nombre artístico) comparte pantalla en varias películas (incluyendo la que acabamos de ver).

En 1932 protagoniza “Bajo la lluvia”, drama de Lewis Milestone que no es bien recibido por un público aquejado de la crisis económica de la gran depresión y que prefiere comedias ligeras a una película sobre doble moralidad e intransigencia religiosa en la que un reverendo, Walter Huston, insiste en corregir a la perdida Joan Crawford, aunque en el fondo oculta otras intenciones:

También en 1932 forma parte del drama coral “Gran Hotel”, en el que no consigue evitar ser eclipsada por la enorme Greta Garbo, compartiendo además protagonismo con los hermanos Barrymore, Lionel y John:

En 1933 protagoniza “Alma de bailarina”, junto a Clark Gable y Franchot Tone, en la que comparte baile con el debutante Fred Astaire:

El estilo enérgico pero más bien basto de Joan Crawford contrasta con la exquisita elegancia de Fred Astaire.

En 1933 se divorcia de Douglas Fairbanks Jr., y en 1935 se casa con Franchot Tone, a quien conoció precisamente en esta película.

La implantación del Código Hays de censura a partir de 1933 cambia el tipo de películas que protagoniza, y pasa a trabajar sobre todo en dramas románticos, siendo el primero “Así ama la mujer”, en la que vuelve a compartir pantalla con Franchot Tone:

Sus compañeros de reparto en esos años serán Clark Gable, Franchot Tone e incluso Gary Cooper o el debutante Robert Taylor. Uno de sus mayores esfuerzos es el de lanzar la carrera de su esposo, pero éste no está interesado en llegar a ser una estrella, como ella quiere. No son buenos años para Joan Crawford, que llega incluso a ser considerada “veneno para la taquilla”.

Quizá su primer éxito post-código sea su participación como villana en “Mujeres”, comedia dramática de George Cukor de 1939, en la que no aparece ningún hombre, y en la que Joan Crawford interpreta a la mujer que le roba el marido a la protagonista, interpretada por Norma Shearer, personaje al que ella misma definía como “una perra” (creo que le corresponde más bien la definición de otro cánido, hembra del zorro…), y ella disfruta interpretando el papel, llevando incluso demasiado lejos su enfrentamiento con su enemiga Norma Shearer:

En 1939 se divorcia finalmente de Franchot Tone. Su carrera sigue en mal momento, y sólo alcanza cierto éxito con “Un rostro de mujer”, de 1941, de nuevo dirigida por George Cukor (famoso director de actrices que sacaba lo mejor de ellas”, interpretando a una mujer desfigurada metida en una banda criminal, que recupera un bello rostro gracias a la labor del cirujano Melvyn Douglas y que intenta redimirse, cueste lo que cueste,incluso si eso pasa por eliminar a su antiguo cómplice, Conrad Veidt:

En 1940, estando divorciada, Joan Crawford adopta a una niña, Christina, que de mayor escribirá un libro contando sus malísimas experiencias con su madre adoptiva, y que fue adaptado al cine en “Queridísima mamá”. Ella se vuelve a casar en 1942 con Philip Terry, y adoptarán juntos un niño. Christopher. Tras su nuevo divorcio, en 1946, adoptará a otras dos niñas, Cynthia y Cathy, que defenderán la memoria de su madre de los ataques de Christina.

En 1943 rompe su contrato con la Metro y pasa a servir como voluntaria durante la II Guerra Mundial. Terminada la guerra, firma un contrato con la Warner. Y cuando parecía que su carrera estaba acabada,tiene un golpe de suerte: una de sus grandes rivales, con la que competía por los mejores papeles, Bette Davis, rechaza protagonizar “Alma en suplicio”, de Michael Curtiz; el director no quiere ni oír hablar de Joan Crawford, prefiere a Barbara Stanwyck, pero el estudio se sale con la suya. “Alma en suplicio” es la historia de una mujer que ha entregado su vida a proteger a una hija ingrata, Ann Blyth, hasta que un asesinato le obliga a poner las cosas en su lugar:

Por esta película Joan Crawford recibe su primera nominación al Oscar, premio que ganará pero que no podrá recoger en la ceremonia por una enfermedad.

Resurge así como estrella del melodrama, protagonizando “De amor también se muere” de Jean Negulesco en 1946, junto a John Garfield, en la que interpreta el papel de una mujer manipuladora que cae rendidamente enamorada:

En 1947 protagoniza “Amor que mata”, de Curtis Bernhardt, interpretando de nuevo el papel de una mujer que cae rendidamente enamorada de Van Heflin, quien no corresponde a su amor y que se enamorará de la hija de su nuevo esposo, Raymond Massey (en uno de sus pocos papeles “de bueno”), lo que le obliga a tomar medidas drásticas:

Por esta película consigue una segunda nominación al oscar.

En 1949 protagoniza “Flamingo Road”, dirigida de nuevo por Michael Curtiz, en la que interpreta a una mujer que tiene que enfrentarse al mafioso local interpretado por Sidney Greenstreet:

Continúa trabajando para la Metro, pero cuando en 1952 protagoniza “Una mujer peligrosa”, que ella consideraba su peor película, decide que es el momento de romper su contrato. sabia decisión, ya que esto le permite protagonizar “Miedo súbito”, drama de intriga en la que interpreta a una rica escritora que se casa con un hombre más joven, Jack Palance, para descubrir que su esposo quiere matarla para quedarse con su herencia:

En 1954 protagoniza junto a Sterling Hayden uno de sus papeles más recordados en el western “Johnny Guitar”, de Nicholas Ray, en la que vuelve a interpretar a una mujer de mucho carácter con la fuerza necesaria para enfrentarse a sus enemigos:

El 10 de mayo de 1955 se vuelve a casar, en este caso con Alfred Steele, ejecutivo de Pepsi, que la dejará viuda en 1959, ocupando ella una plaza en la ejecutiva de la empresa.

Su carrera como actriz prosigue en dramas como “La abeja reina” de 1955 o “Hojas de otoño”, fallido film de 1956 dirigido por Robert Aldrich y que protagoniza junto al recién llegado Cliff Robertson, interpretando a una vieja solterona que se casa con un hombre mucho más joven en una historia que combina algún momento de intriga con enfermedades mentales:

Pero tras unos años más bien flojos, será de nuevo el director Robert Aldrich quien la devuelva al primer plano en 1962 al emparejarla con Bette Davis en la mítica “Qué fue de Baby Jane”, película esperpéntica con guiños de terror en la que las dos viejas enemigas lo dieron todo de su parte para dar más “credibilidad” a las dos hermanas que se maltratan mutuamente:

Bette Davis instaló en el set de rodaje una máquina de Coca-Cola sólo para fastidiar a Crawford, que era directiva de Pepsi. La rivalidad continuó en la temporada de premios: aunque Joan Crawford fue nominada al BAFTA, se quedó sin nominación al Oscar, a diferencia de Bette Davis. Pero cuando se anuncia que la ganadora del premio es la ausente Anne Bancroft, es Joan Crawford la que recoge el premio, provocando una mayor irritación e su compañera de reparto:

Tal es la enemistad entre ambas, que cuando Robert Aldrich quiere repetir el éxito con una nueva película, “Canción de cuna para un cadáver”, Bette Davis se niega a compartir pantalla con Joan Crawford, por lo que será Olivia de Havilland la que ocupe el lugar de la Crawford.

A partir de aquí, la mayor parte de la carrera de Joan Crawford será en cine de terror que es mejor olvidar, trabajando por última vez en 1970 en “Trog”:

Tras su retirada, escribió dos tomos de memorias. De su vida amorosa mejor no hablamos, porque nos ocuparía demasiado espacio. retirada de la vida pública desde 1974 a causa de un cáncer de páncreas, Joan Crawford murió finalmente el 10 de mayo de 1977, a causa no del cáncer sino al parecer de un infarto, a los 73 años (probablemente, dada la duda sobre su fecha de nacimiento) en Nueva York. Fue enterrada en Mausoleo Ferncliff de Greenburgh, Nueva York, junto a su último esposo, Alfred Steele:

Como en todo, para gustos los colores: no es Joan Crawford una de mis actrices favoritas (de hecho, prefiero mil veces a su rival Bette Davis, sin ser tampoco una de mis favoritas), y en general la mayoría de sus películas son más bien flojas o repiten los mismos estereotipos de papel. Pero su legado cinematográfico es sin duda enorme y nos dejó algunas películas para el recuerdo.



Centenario del nacimiento de Ernest Borgnine (24-01-2017)


Hay actores que, debido a sus rostros o a sus características interpretativas, no tienen mucho éxito en papeles protagonistas, pero se convierten en secundarios de lujo que aumentan el nivel de cada escena en la que aparecen. Y si saben aprovechar esas virtudes, pueden tener una larga y prestigiosa carrera. Éste sería el caso del actor que hoy nos ocupa, Ernest Borgnine, que cumpliría 100 años.




Ermes Effron Brognino había nacido en Hamden, en el estado de Connecticut, el 24 de enero de 1917. Sus padres eras inmigrantes italianos que se separaron dos años después de que Ernest naciera. Así que durante los 4 años siguientes, Ernest se crió con su madre en Italia. Pero la complicada situación política italiana les obligó a volver a los Estados Unidos, donde sus padres se reconciliaron (y tuvieron una niña, Evelyn, en 1925. Es en esta época cuando su padre cambia el apellido familiar de Borgnino a Borgnine.

De joven nada hacía presagiar que Ernest Borgnine se dedicaría a la interpretación. Aficionado al deporte en su etapa estudiantil, tras graduarse en la escuela se enroló en la Marina en 1935, licenciándose con honores en octubre de 1941. Pero el bombardeo japonés a la base americana de Pearl Harbour le hizo volver a enrolarse en la Marina, licenciándose de nuevo terminada la II Guerra Mundial, en septiembre de 1945. Años después recibirá diversos honores militares.

Ernest Borgnine regresa entonces a casa de sus padres, sin saber qué hacer. Trabaja en una fábrica, pero no le satisface. Entonces, su madre le sugiere que, por su personalidad, pruebe suerte en la interpretación, algo que a su padre no le entusiasma.Pero curiosamente Ernest le hace caso y decide probar. Debuta así sobre los escenarios en 1947, trasladándose a Broadway en 1949. Ese mismo año se casa con su novia de la marina, Rhoda Kemins, con la que tendrá una hija, Nancee, en 1952.

Una aparición en una serie de televisión, “”Captain Video”, llama la atención de Hollywood, y así Ernest Borgnine debuta en el cine en 1951 en “The Whistle at Eaton Falls”, y ese mismo año se traslada a vivir a Los Ángeles. Participa en algunas películas, pero su primer gran éxito será interpretando al malvado sargento James “Fatso” Judson, el que asesina al personaje que interpreta Frank Sinatra en la mítica “De aquí a la eternidad” de Fred Zinnemann, estrenada en 1953:

En 1954 le veremos en pequeños papeles en películas como el Western “Veracruz”, junto a Gary Cooper y Burt Lancaster, o en la cinta histórica “Demetrius y los gladiadores”, secuela de “La túnica sagrada” protagonizada por Victor Mature y Susan Hayward. Aunque quizá su participación más destacada sea en el western “Johnny Guitar”, protagonizado por Joan Crawford:

En 1955 será uno de los villanos que, liderados por Robert Ryan, se enfrenten a Spencer Tracy en la magnífica “Conspiración de silencio” de John Sturges:

Así de grandullón, y Spencer Tracy lo vence con una sola mano…

Ernest Borgnine tenía unas facciones duras que le hacían ideal para los papeles de villano, pero era también un personaje sumamente expresivo que daba mucho juego interpretativo, por lo que fue seleccionado para protagonizar la adaptación cinematográfica de la obra para televisión “Marty”, sobre un treintañero (en la película se especifica que tiene 24 años; Borgnine tenía 38 cuando la rodó, y aparenta ser mayor todavía) soltero que tiene que luchar contra su entorno opresivo para establecer una relación amorosa. Curiosamente, siendo Ernest Borgnine republicano, su pareja fílmica, Betsy Blair, conocida comunista, consiguió el papel por la presión que ejerció su marido por aquel entonces, Gene Kelly, que en caso de que no le dieran el papel a ella se negaría a rodar con el estudio el musical en el que trabajaba. Ernest Borgnine consigue una interpretación entrañable en uno de sus pocos papeles protagonistas:

Llegada la temporada de premios, Ernest Borgnine consigue una nominación al Oscar (la única de su carrera), compitiendo con Spencer Tracy por “Conspiración de silencio”, Frank Sinatra por “El hombre del brazo de oro”, James Dean por “Al este del Edén” y James Cagney por “Ámame o déjame”. Y no sorprendió que, tras llevarse el Globo de Oro, el Oscar también fuera para él, premio que le entregó Grace Kelly:

Pero este triunfo no lo abrirá las puertas a papeles protagonistas. De hecho, le veremos haciendo personajes secundarios de edad superior a la suya. Así, en 1956 lo tenemos en la comedia dramática “Banquete de bodas” de Richard Brooks, interpretando al esposo de Bette Davis (9 años mayor que él), como padre de Debbie Reynolds (15 años más joven), en un papel en el que en todo caso puede lucir sus grandes dotes interpretativas:

En 1956 le vemos también en “Jubal”, junto a Glenn Ford:

Y en 1958 interpreta al padre de Kirk Douglas (que era unos meses mayor que él) y de Tony Curtis interpretando al Rey Ragnar en “Los vikingos”:

En 1958 se divorcia de su mujer, casándose en 1959 con la actriz Katy Jurado, con la que estará hasta 1963. Mientras tanto, su carrera cinematográfica no pasa por un buen momento, con papeles en películas olvidadas o trabajos en Italia (siendo quizá el título más destacable “Barrabás”), por lo que Ernest Borgnine se pasa a la televisión, protagonizando la serie “Barco a la vista”, sobre unos marines desastrosos en la II Guerra Mundial, serie que durará hasta 1966:

Mientras tanto, Ernest Borgnine, tras divorciarse de Katy Jurado, se casa en 1964 con la actriz y cantante Ethel Merman, pero el matrimonio apenas dura 32 días: los fuertes caracteres de ambos provocaban continuas discusiones, y ambos reconocerían que fue un gran error. En 1965, Borgnine se casará por 4ª vez con Donna Rancourt, con la que tendrá un hijo, Christopher, que nace en 1969, y dos hijas, Sharon, nacida en 1965, y Diana, nacida en 1970.

Mientras tanto, en 1965 volvemos a verle en el cine, como uno de los pasajeros del avión Phoenix, pilotado por James Stewart que se estrena en pleno desierto, en “El vuelo del Fénix”, de Robert Aldrich:

Convertido en uno de los actores favoritos de Robert Aldrich, tendrá un pequeño papel en “Doce del patíbulo”, como uno de los altos mandos militares que le ofrecen la misión a Lee Marvin:

De nuevo en films de ambiente bélico, le veremos junto a Rock Hudson en “Estación Polar Cebra” de John Sturges en 1968:

Y en 1969 será uno de los componentes del “Grupo salvaje” de Sam Peckimpah:

Y en 1972 es uno de los protagonistas de “La aventura del Poseidón” de Ronald Neame:

Ese mismo año se divorcia de su esposa, para, al año siguiente, casarse por quinta y última vez con la empresaria Tova Traesnaes, con la que permanecerá el resto de su vida.

En 1973 vuelve a trabajar bajo las órdenes de Robert Aldrich en “El emperador del Norte”, volviendo a hacer de villano frente a Lee Marvin:

En los siguientes años trabajará en innumerables películas en papeles secundarios. Le tenemos por ejemplo en el breve papel del malvado padre del mendigo Mark Lester en “El príncipe y el mendigo” de Richard Fleischer de 1977:

Y en 1978 repite a las órdenes de Sam Peckimpah en “Convoy”, ejerciendo de villano:

En 1979 participa en la adaptación televisiva de “Sin novedad en el frente”, una de las mejores historias antibélicas escritas:

Pese a la edad, Ernest Borgnine seguirá apareciendo en numerosas películas, como “1997: Rescate en Nueva York” de John Carpenter o en un pequeño papel en la magnífica “Gattaca”. Su última película relevante será “Red”, en 2010.

Finalmente, el 8 de julio de 2012 moría Ernest Borgnine a los 95 años de un fallo renal. Nos dejaba así un actor casi mítico, eterno secundario de lujo en cerca de un centenar de films, ganador de un Oscar y una descripción perfecta de lo que es tener recursos interpretativos para sacar adelante cualquier papel, de comedia a drama, desde los más entrañables a los más odiosos. Con él se iba desde luego un actor con todas las letras, un actor de verdad.



60 años sin Humphrey Bogart (14-01-2017)


Un día como hoy hace 60 años nos dejaba un icono del cine, uno de los actores más influyente de Hollywood y, de paso, mi actor favorito (y protagonista de mi película favorita, Casablanca), el inolvidable Humphrey Bogart.




Humphrey DeForets Bogart había nacido probablemente el día de navidad, 25 de diciembre de 1899 (aunque hay investigadores que sugieren que fue una estrategia de marketing y que su verdadera fecha de nacimiento sería el 23 de enero de 1900), el primer hijo de una pareja económicamente bien situada. Tuvo dos hermanas menores. Su madre, militante sufragista y directora de arte de una revista, usó al pequeño en algún anuncio publicitario, pero en la familia las muestras de afecto eran infrecuentes. Mal estudiante, fue expulsado de la universidad de Yale en 1918, por lo que se alista en la marina (había heredado de su padre la pasión por los barcos), donde en un accidente sufre una cicatriz en la boca que afectará su forma de hablar.

A su vuelta de la marina se encuentra con que su familia se haya en apuros económicos, por lo que ideológicamente se convierte en un liberal. Obligado a trabajar, se reencuentra con un amigo de la infancia, Bill Brady, cuyo padre, William A. Brady, tenía una compañía teatral. Humphrey Bogart trabajó para la compañía como escritor, productor y director, aunque no destaca en ninguna de estas facetas, hasta que debuta como actor en 1921, apareciendo en pequeños papeles en varias producciones. Por esta época comienza también su adicción al alcohol (que era ilegal en Estados Unidos en aquella época).

Bogart trabaja en innumerables obras teatrales de Broadway hasta 1935, cosechando críticas dispares. Interpreta por lo general papeles secundarios de galán en comedias. Trabajando en teatro conoce precisamente a sus dos primeras esposas; en 1922 conoce a Helen Menken, con quien se casa en 1927, divorciándose en 1927, casándose por segunda vez en 1928 con Mary Philips, que al igual que la anterior era actriz y mujer de mucho carácter (por su infancia, a Bogart le atraían las mujeres con carácter, que le recordaban a su madre).

El crack bursatil de 1929 afecta seriamente al teatro, por lo que muchos de los rostros más populares de Broadway emigran a Hollywood para trabajar en el cine, que además con el paso del cine mudo al sonoro necesita nuevas estrellas con voces adecuadas para sustituir a estrellas de cine mudo con voces feas o acentos muy marcados. Humphrey Bogart será uno de los actores teatrales que emigren a Hollywood, trabajando en pequeños papeles en películas perdidas o apenas conocidas.

En 1930 conoce por fin a un actor de Broadway al que admira, Spencer Tracy, del que se hará gran amigo y compañero de bebida. Spencer Tracy debuta en el cine precisamente ese año en la película de John Ford “Río arriba”, en la que coincidirá con Bogart por única vez:

Se hace raro ver tan jóvenes a ambos. Por cierto, será Spencer Tracy el primero en llamar a Bogart “Bogie”.

La carrera cinematográfica de Humphrey Bogart no despega (a diferencia de la de Tracy), por lo que hasta 1935 vive a caballo entre Hollywood y Broadway, pasando temporadas sin trabajo. Por esas fechas sus padres se han divorciado, y su padre muere en 1934; Bogart hereda su anillo de oro, que siempre llevaba consigo y que luce en numerosas películas.

Humphrey Bogart pasa por una temporada difícil, con su matrimonio en crisis (se divorciará en 1937) y sin apenas trabajo, hasta que se le ofrece interpretar al mafioso Duke Mantee en la obra teatral de Robert E. Sherwood “El bosque petrificado”, que protagoniza Leslie Howard. Su trabajo es un gran éxito, el primero de su carrera, y se realizan casi 200 funciones de la obra.

Pero cuando la Warner compra los derechos de la obra para la adaptación cinematográfica, que protagonizarán el propio Leslie Howard y Bette Davis, buscan a un actor más conocido para el papel del mafioso, siendo elegido Edward G. Robinson. Entonces Leslie Howard lanza un ultimátum: o Humphrey Bogart interpreta a Mantee, o él no participará en la película. La productora cede, y le da el papel a Bogart. La película es un éxito y lanza a Bogart al estrellato; él nunca olvidará el gesto de Leslie Howard:

El problema es que Humphrey Bogart queda encasillado en papeles de mafioso o, en el mejor de los casos, a protagonizar películas menores que se descartan para las grandes estrellas del estudio. Podemos destacar por ejemplo su papel secundario en “Ángeles con caras sucias”, de 1938, junto a James Cagney:

Trabaja en varias ocasiones más junto a James Cagney, que le quitará siempre el protagonismo, destacando en “Los violentos años 20”, de 1939:

Hay que destacar su participación en 1939, como secundario, en “Amarga victoria”, junto a Bette Davis, con quien ya había trabajado en numerosas ocasiones anteriores. Aquí no interpreta a un mafioso, y lo cierto es que ya percibimos su talento interpretativo en un papel que tampoco da mucho juego:

En 1938, Humphrey Bogart se casó por tercera vez, con la actriz Mayo Methot, matrimonio desastroso, afectado por el alcoholismo de la actriz.

La suerte de Bogart cambiará en 1941. Raoul Walsh (que ya trabajó con Bogart anteriormente) va a dirigir “El último refugio”. Paul Muni rechaza el papel protagonista, un mafioso con buen corazón. El papel recae entonces en George Raft, pero Bogart, interesado en protagonizarlo, le convence para que lo rechace y pueda interpretarlo él. Walsh no está convencido, ya que Bogart es un actor secundario, pero finalmente acepta. La película es un éxito y la química de Bogart con la actriz protagonista, Ida Lupino, provoca los celos de su mujer:

Es el último mafioso destacable en la carrera de Humphrey Bogart. la película es un absoluto éxito del que Bogart es el gran beneficiado. Además, el guión lo había escrito John Huston, de quien se hará un gran amigo (y compañero de bebida, de nuevo). Y Huston está trabajando en su primera película como director, “El halcón maltés”, la película que transformará el cine de mafiosos en un nuevo género, el cine negro. Y junto a Mary Astor, Sidney Greenstreet y Peter Lorre, el elegido para protagonizar la película como el detective Sam Spade, tras el rechazo de George Raft, es Humphrey Bogart. El resto ya es historia:

Lanzado definitivamente al estrellato, Humphrey Bogart es seleccionado para filmar una película de Michael Curtiz que nadie sabe de qué va, una soberana chapuza en la que participan dos de los actores de “El halcón maltés”, Peter Lorre y Sidney Greenstreet, así como Paul Henreid, Conrad Veidt, Claude Rains e Ingrid Bergman. La chapuza cinematográfica, que milagrosamente sale perfecta, se titula “Casablanca”:

El gesto de Humphrey Bogart en el momento en el que ve a Ingrid Bergman es para mí el compendio de lo que es una buena actuación: apenas con un pequeño movimiento de los músculos de la cara consigue transmitirnos todo el dolor que sufre en ese momento, como si acabaran de apuñalarle en el corazón (por cierto, la película le vale a Bogart su primera nominación al Oscar, que perderá ante el hoy olvidado Paul Lukas). Pero la película está plagada de grandes momentos, de grandes frases que con Bogart alcanzan la categoría de inolvidables:

Si por mí fuera pondría toda la película, que por algo es mi favorita. No sólo me emociono cada nueva vez que la veo, sino que descubro cosas de las que no me había enterado antes.

Durante la II Guerra Mundial, Humphrey Bogart viajará animando a las tropas americanas, además de participar en algunos films bélicos, como “Sahara” de Zoltan Korda, de 1943:

O la interesante “Pasaje a Marsella”, en la que repite con Michael Curtiz y buena parte del reparto de Casablanca (Claude Rains, Peter Lorre, Sidney Greenstreet o Helmut Dantine, que tenía un breve papel sin acreditar en Casablanca; sólo falta Ingrid Bergman, sustituida por la recientemente desaparecida Michèle Morgan):

En 1944 rueda también a las órdenes de Howard Hawks “Tener y no tener”, basada en la obra de Ernest Hemingway, película que muchos comparan con “Casablanca”, en la que comparte protagonismo con una joven debutante de 19 años: Lauren Bacall:

Con esta película comienza el romance de ambos, que se extenderá durante el rodaje de la siguiente película que protagonizan, “El sueño eterno”, cuyo rodaje se paraliza. Es en esas fechas cuando Humphrey Bogart consigue el divorcio de Mayo Methot y se casa con Lauren Bacall el 21 de mayo de 1945. Tendrán dos hijos, Steve, en 1949 (que recibe el nombre del personaje que Bogart interpretaba en “Tener y no tener”, y Leslie Howard (que recibe obviamente el nombre del actor gracias al que Bogart saltó a la fama) en 1952.

La realización de “El sueño eterno”, película de cine negro dirigida de nuevo por Howard Hawks y basada en la novela de Raymond Chandler se paralizó con el fin de la II Guerra Mundial, temiendo que el tema no interesara y queriendo el estudio sacar partido de las cintas bélicas que había producido. Pero el éxito de la pareja Bogart-Bacall finalmente les convence para concluir la película, que se estrena en 1946:

La trama de la película es tan enrevesada que ni el director, ni los guionistas, ni el propio Chandler, sabían quién era el asesino de uno de los personajes. Pero la química de la pareja la convierte en un nuevo éxito.

Bogart y Bacall trabajan juntos en dos ocasiones más. La primera, en 1947, de nuevo en el campo del cine negro, en “La senda tenebrosa” de Delmer Daves, en la que Bogart interpreta a un fugitivo injustamente encarcelado al que ayuda el personaje que interpreta Bacall, que será la menos exitosa de las 4 películas que rodaron juntos:

Y, por último, en 1948, “Cayo Largo”, cine negro dirigido por John Huston que recuerda en cierto modo a “El bosque petrificado”, sólo que en esta ocasión Bogart es el héroe, mientras que el gangster es Edward G. Robinson:

Pero en 1948 trabaja también con John Huston en otra película, que le da a Huston el Oscar a mejor director (y a su padre, Walter Huston, el de mejor actor secundario), la exitosa “El tesoro de Sierra Madre”, en la que Bogart interpreta a uno de esos personajes moralmente ambiguos que tan bien se le daban:

Los siguientes años son complicados para Humphrey Bogart. Por un lado, como miembro del partido demócrata, encabeza las protestas contra la caza de brujas de McCarthy, por lo que recibe acusaciones de ser comunista, algo que él rechaza. Por otro lado, con el fin de independizarse de los estudios cinematográficos y poder elegir sus proyectos, funda una productora, Santana Productions, que terminará siendo un fracaso comercial. De las películas que protagoniza con esta productora destaca “En un lugar solitario”, otro caso más de cine negro que dirige Nicholas Ray y protagoniza junto a Gloria Grahame:

En 1951 protagoniza “Sirocco”, drama ambientado en la Siria colonial francesa en la que Humphrey Bogart interpreta a un cínico sin escrúpulos que juega a dos bandos, acompañado de un sorprendentemente sobrio Lee J. Cobb:

Pero 1951 es el gran año de Humphrey Bogart al protagonizar junto a Katherine Hepburn la genial “La reina de África”, en un papel en el que se nos muestra sorprendentemente cómico:

Por este papel se lleva su segunda nominación al Oscar (sorprendente que sólo lleve 2 a estas alturas), que finalmente consigue ganar, más que merecidamente:

Todavía trabajará una vez más con John Huston, en la comedia “La burla del diablo”, que parodia algunas de sus películas anteriores intentando emular a “Casablanca” hasta en el reparto, en el que figura Peter Lorre, aunque sustituyen a Sidney Greenstreet (que estaba ya a punto de morir) por el también voluminoso Robert Morley. La película fue un sonoro fracaso pese a contar con Jennifer Jones y Gina Lollobrigida:

Por el contrario, 1954 fue un muy buen año para Humphrey Bogart. Para empezar, trabaja por única vez bajo las órdenes del gran Billy Wilder en “Sabrina”, comedia romántica (curiosamente las pocas comedias que hizo Bogart fueron en su etapa final) en la que acompaña a William Holden y a una deliciosa Audrey Hepburn:

Protagoniza también la genial película de Joseph L. Mankiewicz “La condesa descalza”, como el cineasta que descubre a la talentosa bailarina de trágico final que interpreta Ava Gardner:

Y por último le tenemos como el estricto capitán naval, odiado por todos, al que el pánico le hace perder el control en la no menos magnífica “El motín del Caine” de Edward Dmytryk, que le vale su tercera y última nominación al Oscar:

Para quien dude del inmenso talento interpretativo de Humphrey Bogart, volver a ver esta película le resultará indispensable para comprobar lo equivocado que está. Magnífico trabajo de José Ferrer, por otra parte.

Repite bajo las órdenes de Edward Dmytryk en 1955 en “La mano izquierda de Dios”, drama sobre un “misionero” en China:

En 1955 vuelve a interpretar a un villano en “Horas desesperadas” de William Wyler, en la que interpreta a un fugitivo que secuestra a una familia en su casa. El papel del padre de familia iba a interpretarlo su amigo Spencer Tracy, pero problemas de presupuesto hicieron que éste se retirara del papel cediendo el puesto a Fredric March:

Y de 1955 es también la comedia “No somos ángeles” de Michael Curtiz en la que interpreta a uno de los tres fugitivos de la isla del diablo (los otros son Peter Ustinov y Aldo Ray) que ayudan casi milagrosamente a una familia durante la navidad:

Humphrey Bogart interpretará todavía una película más, estrenada en 1956, “Más dura será la caída”, de Mark Robson, en la que interpreta otro más de esos personajes cínicos pero con conciencia; para villano ya tenemos a Rod Steiger:

Pero para estas alturas Humphrey Bogart se encontraba ya muy enfermo. A consecuencia de su abuso del tabaco y el alcohol padecía un cáncer de esófago que incluso le impidió hacerse oír en algunas escenas de esta última película. Pese a someterse a diversas operaciones y tratamientos, la enfermedad estaba muy avanzada y Bogart murió finalmente el 14 de enero de 1957; pesaba sólo 36 kg, y acababa de cumplir 57 años. En su funeral, al que acudieron muchas de las grandes figuras de Hollywood, Spencer Tracy fue incapaz de pronunciar unas palabras a petición de la viuda, Lauren Bacall, por lo que fue John Huston el encargado de hablar. Fue incinerado, y sus cenizas se encuentran en el Forest Lawn Memorial Park Cemetery:

Con Humphrey Bogart se iba un mito, un icono del cine, el prototipo de hombre duro y cínico pero con sentimientos, aunque pudo interpretar incluso a galanes románticos superados los 50 años. Siempre nos quedará su filmografía, y, sobre todo, siempre nos quedará París.



25 años sin Frank Capra (03-09-2016)


No era fácil esperar que un joven italiano inmigrante de orígenes humildes se convirtiera en poco tiempo en una de las figuras míticas de la dirección cinematográfica de Hollywood. Pero fue el primer director que se llevó dos, y luego 3 oscars como mejor director, y todo eso en los años 30, aunque quizá la que hoy día se considere su obra maestra (y desde luego su película más conocida), “Qué bello es vivir”, sea de la siguiente década. Pasado su periodo de esplendor, retirado del cine desde principios de los 60, su figura fue revalorizándose de nuevo hasta ocupar el lugar que le corresponde en la historia del cine. Sí, hoy nos toca recordar a Frank Capra cuando se cumplen 25 años de su muerte, a los 94 años.




Frank Capra había nacido en Italia. En concreto, el 18 de mayo de 1897 venía al mundo Francesco Rosario Capra en la localidad siciliana de Bisacquino. Era el menor de 7 hermanos; el mayor de ellos, Benedetto, vivía en California, por lo que en 1903 (cuando Frank tenía 5 años), la familia emigra a Estados Unidos en barco, en el pasaje más barato que encuentran; Capra mantendrá durante toda su vida un pésimo recuerdo del viaje, a diferencia de su recuerdo de la llegada a Nueva York, de la primera vez que vio la estatua de la libertad, que su padre le describió como un símbolo de libertad.

Una vez trasladados a Los Angeles, Frank Capra pasa su infancia en lo que él mismo dfinirá como un “gueto” italiano, en el que su padre mantiene su oficio de frutero, mientras el joven Frank reparte periódicos hasta terminar el instituto. Entonces, pese a la oposición de sus padres, entra en la universidad para estudiar ingeniería química, graduándose en 1918, algo que él mismo definirá como un cambio en su forma de ver la vida.

En seguida ingresa en el ejército, pero enferma de gripe española, que le mantiene convaleciente durante un año; su padre había muerto en 1916 y se necesita que Frank trabaje, pero no puede, así que finalmente se irá de la casa familiar y viajará trabajando en lo que puede, incluso como extra en algunas películas. En 1921 incluso dirige un documental de media hora. Pero luego empieza a trabajar vendiendo libros, hasta que lee un anuncio en el periódico: un nuevo estudio cinematográfico ha abierto en Hollywood. Capra llama y miente al afirmar que tiene experiencia cinematográfica, con lo que consigue ser contratado para dirigir una película muda, que termina en dos días.

De ahí pasará a otro estudio, dirigido por Harry Cohn, en el que trabajará como editor cinematográfico y asistente de dirección, hasta que comienza a escribir gags cómicos para Harry Langdon. Cuando éste abandone el estudio para poder rodar largometrajes, se llevará a Capra no sólo como guionista, sino también como director, debutando en 1926 con “El hombre cañón”:

Pero en 1928 vuelve con Harry Cohn, ahora director de Columbia, para la que dirigirá 7 películas, algunas de ellas exitosas. Pero el gran reto vendrá con la aparición del cine sonoro. En 1929 dirigirá su primera película sonora, “La nueva generación”. DE los siguientes años destacarán películas como “La mujer milagro”, protagonizada por Barbara Stanwyck en 1931, o la comedia romántica de ese mismo año “La jaula de oro”:

De 1933 destaca “Dama por un día” (de la que él mismo rodará un remake en 1961), por la que recibirá su primera nominación al Oscar:

Pero su gran éxito llega en 1934 con “Sucedió una noche”, una comedia romántica (que abre el camino de los que serán poco después las “screwball comedies”, comedias de rápidos diálogos y situaciones hilarantes en las que se pondrá en juego la hombría del protagonista, que en este caso será Clark Gable, junto a Claudette Colbert:

Esta será la primera de las 3 películas que hasta la fecha se han llevado los 5 Oscars principales: película, Director, Actor y Actriz protagonistas (en ese año todavía no existían las categorías de secundarios, que comienzan en 1936) y el guión que le corresponda. Capra se lleva su primer Oscar, por tanto.

Su siguiente película, en 1936, será en este caso la primera de esa serie de relatos sobre hombres buenos que luchan contra un entorno malvado; su héroe ideal será Gary Cooper, el “Cinderella man” (o, según el doblaje, Ceniciento”), en “El secreto de vivir”:

Frank Capra se lleva su segundo Oscar a mejor director por esta película, muy del gusto del público de entreguerras, por lo que Capra abandona el género de la comedia romántica por este tipo de películas con moraleja (a veces comedias, a veces dramas).

Su siguiente película es la utópica “Horizontes perdidos”, esa maravillosa película en la que el gran Ronald Colman acaba en la mítica Shangry-La, por la que volverá a ser nominado al Oscar:

Frank Capra improvisa mucho en sus películas, e incluso adapta el tipo de personaje al actor que lo interpreta; así, cambia el estilo del Gran Lama más enérgico del originalmente previsto Walter Connolly a uno mucho más calmado, más adecuado para el estilo de Sam Jaffe.

En 1938 dirige otra de sus obras maestras, la genial “Vive como quieras”, con puntos de comedia romántica (la pareja formada por James Stewart y Jean Arthur), pero con ese elemento de moraleja, de lucha contra el malvado ambiente de los negocios, que representa el excéntrico Lionel Barrymore y su no menos excéntrica familia:

La película gana los Oscars de mejor película y director, así que vamos a ver a Frank Capra recoger sus tres Oscars:

En 1939 dirige “Caballero sin espada”, ambientada en el mundo de la política, con un joven idealista (repite con James Stewart) enfrentándose a la maquinaria política de Washington en un magnífico ejemplo de filibusterismo político:

Frank Capra volvió a ser nominado, pero la película no gustó demasiado a las altas esferas en el ambiente de pre-guerra que se vivía en EStados Unidos.

En 1941 estena “Juan Nadie”, de nuevo junto a Gary Cooper y Barbara Stanwyck, en este caso metiéndose de lleno con las miserias del periodismo:

Pero Estados Unidos entra en la II Guerra Mundial poco después del estreno, y Frank capra se envuelve en la filmación de documentales bélicos, 11 en total, entre largos y cortos, llevándose el Oscar a mejor documental en 1943 por “Preludio a la Guerra”.

En 1944 estrena por fin una nueva película, la comedia negra “Arsénico por compasión”, siguiendo la línea de las screwball comedies, con Cary Grant, el intérprete ideal de este género, como un hombre a punto de casarse que tiene que hacer frente a dos tías que envenenan a ancianos sin familia y un hermano asesino:

En 1946, terminada ya la guerra, dirige su gran obra maestra, “Qué bello es vivir”, donde nos cuenta la historia de Clarence, un ángel que, para conseguir sus alas, debe ayudar a George Bailey (de nuevo James Stewart), que va a suicidarse, haciéndole ver lo que sería de los demás si él nunca hubiera existido, para que vea todo el bien que ha hecho a otros. Difícil contener la lagrimita:

Se quedará sin Oscar en su última nominación, pero ganará el Globo de Oro.

De 1948 es “El estado de la unión”, de nuevo ambientada en el mundo de la política; Frank Capra fue siempre un republicano muy conservador, de fuertes valores, defensor del trabajo individual, y eso se deja ver en su obra, y en especial en esta película protagonizada por Spencer Tracy y Katherine Hepburn:

Pero su estilo cinematográfico, que tanto gustaba en los años 30, ya no se lleva tras la guerra, y Frank Capra se desilusiona. Se libra de testificar en el Comité de Actividades Antiamericanas durante la caza de brujas del senador McCarthy, pese a haber trabajado a menudo con personas incluídas en la lista negra, pero su trabajo se reduce a dos películas menores en 1950 y 1951, protagonizadas por Bing Crosby, y a mediometrajes de animación para televisión, hasta que en 1959 estrena “Millonario de ilusiones”, la historia de un padre de vida ligera (Frank Sinatra) que tiene que hacerse cargo de la crianza de su hijo:

En 1961 estrena su última película, “Un gangster para un milagro”, remake de “Dama por un día”, con Bette Davis y Glenn Ford, otra gran obra maestra:

Aunque tenía algún proyecto más, Frank Capra no volvió a dirigir ninguna película.

Frank Capra había estado casado entre 1923 y 1928 (cuando se divorcia) con Helen Howell, y se volverá a casar en 1932 con Lucille Warner, que le dejará viodo en 1984 y con la que tendrá 4 hijos (aunque el segundo, John, muere en 1938 con 3 años). Su nieto Frank, hijo de su hijo mayor, también será director de cine.

Mientra su figura era recuperada por nuevas generaciones de directores, Frank Capra pasó el resto de su vida alejado del cine. Tras comenzar a sufrir problemas cardiacos en 1985, finalmente murió de un infarto el 3 de septiembre de 1991 a los 94 años. Será enterrado en el mismo cementerio que su mujer, el Coachella valley Public Cemetery, cerca de La Quinta, California, donde murió.

Los tres oscars que ganó sitúan a Frank Capra como uno de los grandes directores de cine de la historia, y más si tenemos en cuenta las no pocas obras maestras que nos dejó, comenzando por la inolvidable “Qué bello es vivir”.



Glenn Ford en el centenario de su nacimiento (01-05-2016)


A veces un único papel en el cine puede marcar la carrera de un intérprete, para bien o para mal. En el caso que nos ocupa hoy, más bien para mal: Glenn Ford fue un gran actor que ni siquiera recibió una nominación al Oscar: ser el protagonista de la famosísima (pero más bien mediocre) “Gilda” pesó demasiado en su carrera. Una carrera plagada de buenas interpretaciones (no sobresalientes, desde luego, pero siempre convincentes) que, en el centenario de su nacimiento, nos conviene recordar.




Gwyllyn Samuel Newton Ford (afortunadamente pasó a la fama con el más sencillo nombre de Glenn Ford, que a ver quién recuerda su nombrecito real…) nació el 1 de mayo de 1916 en Quebec, Canadá, aunque a los 8 años se trasladó con su familia a Santa Monica, California, donde desde joven se introduce en grupos teatrales. De ahí el salto al cine es el camino lógico, y Glenn Ford ficha por la compañía Columbia en 1939, debutando en “Heaven with a barber wire fence”. Su primer film relevante será en 1940 con “La dama en cuestión”, de Charles Vidor, en la que comparte pantalla con Brian Aherne y con Rita Hayworth, quien será pareja habitual suya en la pantalla y fuera de ella, ya que mantuvieron un romance (no vamos a hablar de la vida sentimental de Ford, con sus 4 matrimonios e innumerables romances, porque a parte de corresponder más a la prensa rosa, no acabaríamos).

Desde sus comienzos como actor ya llamó la atención del director John Cromwell, quien en 1941 le ofrece un papel en “Así acaba nuestra noche”, en la que compartirá pantalla con el gran Fredric March y con la (desgraciadamente) fugaz estrella Margaret Sullavan, en la que interpreta a un fugitivo alemán durante la II Guerra Mundial. Su interpretación atrae la atención de los medios.

Pero poco después Estados Unidos entra en la II Guerra Mundial: Ford se embarca primero en una gira para promocionar la compra de bonos de guerra (durante la que conoce a la actriz y bailarina Eleanor Powell, que será su primera esposa y con quien se casará en 1943, divorciándose en 1959), y luego se enrola en la Marina.

Terminada la guerra regresa al cine en 1946, protagonizando junto a Bette Davis “Una vida robada”. Pero será otra película de ese mismo año la que le lleve a la fama: d nuevo dirigido por Charles Vidor y junto a Rita Hayworth, será el protagonista de “Gilda”. La película no gustó a la crítica (con razón), pero sí al público. El resto es ya historia:

Ford trabaja en esos años en western menores y en algunas otras películas de cine negro, aunque de nuevo sus films más memorables serán junto a Rita Hayworth (pese a que ambos cometieron el error de rechazar protagonizar “Nacida ayer”, que supuso el lanzamiento definitivo de William Holden y el Oscar para Judy Holliday). En 1948 protagonizaron “Los amores de Carmen”. No sé bien qué pintaba Glenn Ford como Don José (no pega ni con cola), pero bueno…

Volverían a trabajar juntos (pero esta vez sin la dirección de Charles Vidor) en 1952 en “La dama de Trinidad”:

Mal iba así la carrera de Glenn Ford, pero alguien acudiría a su rescate. Siendo un actor habitual del cine negro, el gran director alemán Fritz Lang se fijó en él para protagonizar dos míticas películas de ese género. La primera, en 1953, “Los sobornados”, joya del cine negro que protagonizará junto a Gloria Grahame:

La segunda, en 1954, de nuevo junto a Gloria Grahame y con Broderick Crawford, “Deseos humanos”, basada en una obra de Zola:

Gracias a estas películas, su prestigio como actor aumentó considerablemente, y así protagonizó un puñado de películas en 1955, de las que destacaremos dos. La primera, el drama “Melodía interrumpida”, en el que interpreta al esposo de Eleanor Parker, una cantante de ópera que sufre un accidente que le impide retomar su carrera, quizá su papel más dramático hasta la fecha:

La otra, la magnífica “Semilla de maldad” de Richard Brooks, en la que interpreta a un idealista profesor que tiene que enfrentarse a conflictivos alumnos (entre ellos un magnífico Sidney Poitier)… ¿conseguirá su objetivo?:

En 1956 comienza a colaborar con otro director, Delmer Daves, en varios Western, siendo el primero de ellos Jubal, junto a Ernest Borgnine y un malvado Rod Steiger:

En 1957 será “El tren de las 3:10”, en la que interpreta a un forajido al que captura Van Heflin, en otro de sus mejores papeles:

Y trabajará de nuevo con Delmer Daves en 1958 en “Cowboy”. Pero quizá más relevante resulta su participación en otro Western, pero de Anthony Mann, el remake de “Cimarrón” de 1960, junto a Maria Schell. A falta de otra cosa en Youtube, veamos la escena final (spoiler obvio):

En 1961 protagonizará uno de sus mayores éxitos, “Un gangster para un milagro”, de Frank Capra. Protagonizada por una inolvidable “Annie Manzanas” de Bette Davis y rodeado por unos secundarios robaescenas (Thomas Mitchell en su último papel, Edward Everett Horton o Peter Falk), Glenn Ford consigue mantener el tipo… y más, ya que se llevará el Globo de Oro al mejor actor de comedia (aunque los Oscar de nuevo le ignorarán injustamente):

En 1962 comete un serio error: protagonizar “Los cuatro jinetes del Apocalipsis” de Vincente Minnelli. Acertadamente trasladada la acción de la I a la II Guerra Mundial, con sobresalientes interpretaciones de Charles Boyer, Paul Lukas, Paul Henreid o Karlheinz Böhm, Glenn Ford resultaba demasiado mayor (más de 40 años) para interpretar al protagonista (y competir con el Rodolfo Valentino de la versión muda, algo poco menos que imposible). El fracaso fue absoluto:

Pese a todo, en 1963 volverá a trabajar con Vincente Minnelli, con mucho mejor resultado, en la genial comedia “El noviazgo del padre de Eddie”, interpretando al viudo padre de un Ron Howard al que le quedaban muchos años para ganar el Oscar a mejor director (qué pena que creciera…):

Cada vez más cómodo en la comedia, acompañará a Geraldine Page en “Querido corazón”, de Delbert Mann, en 1964:

Volverá a trabajar con Rita Hayworth en “La trampa del dinero”, aparecerá fugazmente en “¿Arde París?” de René Clément y trabajará en no pocos westerns, como “Los desbravadores” de Burt Kennedy, de 1965, junto a Henry Fonda:

O en “Duelo a muerte en Río Rojo” de Richard Thorpe, de 1967, junto a Angie Dickinson:

Pero su ritmo de trabajo se reduce notablemente, y cada vez trabaja más en televisión. En 1976 trabaja en “La batalla de Midway”, aunque quizá su papel más remarcable sea el de Jonathan Kent en “Superman”de Richard Donner, en 1978:

Su último papel en cine fue en 1991 en “Visiones mortales” Mejor que se lo habría ahorrado.

En 1987 recibió el Premio Donostia, en el que se emocionó recordando a Rita Hayworth, que acababa de morir, y eligió para proyectar en la ceremonia su film más mítico, “Gilda”. Desde mi punto de vista, un error, pero claro, la mitomanía es muy fuerte…

Retirado de la vida pública, Glenn Ford murió de un infarto (sufría del corazón desde tiempo atrás) el 30 de agosto de 2006, a los 90 años, en su casa de Beverly Hills. Está enterrado en el cementerio Woodlawn, en Santa Monica. Tuvo un único hijo, Peter, con su primera esposa, Eleanor Powell.

Infravalorado por la crítica, seguramente por causa de esa “Gilda” que mejor sería olvidar, Glenn Ford fue un actor más que solvente, adaptable a casi cualquier género y que nos regaló un buen puñado de interpretaciones que en un día como hoy nos conviene recordar. Sus dos films con Fritz Lang, “El tren de las 3:10”, “Cimarrón” o “Un gangster para un milagro” bien merecen un repaso.



Herbert Marshall 50 años después de su muerte (22-01-2015)


En la introducción de la página de inicio de este blog ya mencioné que hay actores que son estrellas mientras que otros, pese a su talento, no alcanzan nunca el estrellato. Este es seguramente el caso del actor que nos ocupa, el gran Herbert Marshall, del que hoy se cumple el cincuentenario de su muerte.




Herbert Marshall nació en Londres el 23 de mayo de 1890, siendo su padre un prestigioso actor teatral. Por ello se crió con sus tías mientras sus padres estaban de gira, lo que le provocó una inicial opinión negativa sobre el teatro, aunque finalmente terminó trabajando en el mundo del teatro (según él mismo dij, no sabía hacer otra cosa).

Entonces comienza la I Guerra Mundial, y Herbert se alista en el London Scottish Regiment junto a otros actores como Basil Rathbone, Ronald Colman, Cedric Hardwicke y Claude Rains. En la guerra, durante la segunda batalla de Arras, le dispararon en la rodilla derecha, lo que provocó que tuvieran que amputarle la pierna a la altura de la cadera, estando hospitalizado 13 meses. Por ello, inicialmente rechaza volver a actuar, pero finalmente, con la ayuda de una pierna protésica, vuelve al mundo de la actuación.

Tras trabajar los siguientes años en teatro, Herbert Marshall debuta en el cine en un film mudo británico en 1927. Su debut en Hollywood será ya con un film sonoro, una versión de “La carta” de 1929 protagonizada por Jeanne Eagels en la que él interpreta al amante asesinado. En 1930 protagoniza el film “Asesinato” de Alfred Hitchcock, y se asienta como la pareja perfecta de muchas de las grandes actrices del momento, especialmente cuando, en 1932, acompaña a Marlene Dietrich en “La venus rubia”, de Josef von Sternberg (junto a un casi debutante Cary Grant):

Aunque quizá el mayor éxito de Herbert Marshall en 1932 fuera protagonizar la magnífica comedia de Ernst Lubitsch “Un ladrón en la alcoba”, junto a Miriam Hopkins y Kay Francis (se rumorea que mantuvo romances con ambas durante el rodaje). Sin duda era un gran actor dramático, pero aquí demostró sus grandes dotes para la comedia en esta joya del gran Lubitsch:

Se nota que todavía no existe el Código Hays (la censura ultracatólica que estropeará el cine desde 1933 hasta más o menos los años 60).

Otra de sus películas relevantes de esa época fue la adaptación de la novela de W. Somerset Maugham “El velo pintado”de 1934, en la que interpreta a un médico que viaja a China y, para castigar a su adúltera esposa, se la lleva a una zona remota afectada por el cólera. Su rival en el amor era George Brent, y su pareja… ¡nada más y nada menos que la gran Greta Garbo! Y consigue mantener el tipo ante ese animal escénico que era la divina sueca, lo que ya es todo un mérito que otros grandes actores no siempre lograron.

En 1935 protagoniza otras comedias románticas, como “El ángel de las tinieblas”, junto al gran Fredric March y a Merle Oberon, o “Una chica angelical” de William Wyler, junto a Margaret Sullavan:

En 1936 comparte pantalla con Katherine Hepburn en “Una mujer se rebela”, mientras que en 1937 lo hará con Barbara Stanwyck en “Desayuno para dos” y de nuevo con Marlene Dietrich en “Ángel” y en 1938 con Claudette Colbert en “Zazá”. Había compartido ya pantalla con la mayoría de las grandes actrices del momento. Pero en 1940 llega un importante cambio de registro.

Ese año vuelve a trabajar bajo la dirección de Alfred Hitchcock en “Enviado especial”, pero sobre todo protagonizará el melodrama dirigido por William Wyler “La carta”, en el que en esta ocasión interpreta al esposo un tanto “calzonazos” de la anti-heroína que interpreta una Bette Davis en uno de sus mejores papeles, de nuevo en una adaptación de una novela de W. Somerset Maugham:

Si la escena inicial ya te deja sin respiración, mejor no hablemos de la escena final, pura gloria cinematográfica.

El gran éxito del tandem Davis-Marshall-Wyler se repite en 1941 con otra joya, “La loba”. Bette Davis como villanísima está espléndida, pero Herbert Marshall nos regala aquí el que en mi opinión es su mejor papel, el de ese esposo inocente que no soporta los chanchullos de su mujer, pero que tiene que soportar que ella le quiera ver muerto… ¡y vaya si lo logra!:

A partir de aquí, Herbert Marshall deja de ser el galán romántico que había sido en los años 30 (la edad no perdona) para ser un secundario de lujo, de eso que llaman “actores de carácter”, que lucirá su talento en films tan conocidos como “Duelo al sol”, en el que interpreta al padre de Jennifer Jones, ejecutado al principio del film, o ese “El filo de la navaja” en el que interpreta al propio escritor de la obra, que es de nuevo W. Somerset Maugham:

Clifton Webb y Lucille Watson, todo un lujado.

Sus apariciones son cada vez menos abundantes, aunque seguirá teniendo apariciones memorables, como en “Cara de ángel”, de 1952, interpretando al padre de Jean Simmons, junto al gran Robert Mitchum:

En esos años le veremos aparecer en películas de aventuras, como “La mujer pirata” o “Coraza negra”, en la que interpreta al protector del protagonista, Tony Curtis, y en films históricos como “El favorito de la reina”, de nuevo junto a Bette Davis. Aparecerá también en “Sed de triunfo” de Sidney Lumet, en el film de terror-ciencia ficción “La mosca” o en el de suspense “Un grito en la niebla” (protagonizada por Doris Day en un papel muy distinto a lo que nos acostumbra). Su último papel destacable fe en “5 semanas en globo”, siendo su última aparición “El tercer día” en 1965. Su salud estaba ya en declive y murió de un infarto el 22 de enero de 1966.

Quizá a día de hoy nos acordemos poco de él, pero Herbert Marshall fue un actor de gran talento que aportó su presencia a no pocas grandes películas, pasando de protagonista a ese tipo de secundarios que siempre suman puntos a cualquier película que aspire a cierta calidad. No será una estrella, es cierto, pero desde luego merece ser recordado como el gran actor que fue. Y quien no me crea, que vuelva a ver “La loba”, y luego ya hablamos.



El nacimiento de las bandas sonoras: Max Steiner versus Erich Wolfgang Korngold

[vc_row][vc_column][vc_column_text]Hoy hablamos de Max Steiner y de Erich Wolgang Korngold como padres de las Bandas Sonoras. Y es que A día de hoy nos parece que una buena banda sonora es indispensable para acompañar debidamente a una película, pero esto no fue así desde el principio.




Y es que la música era indispensable para acompañar al cine mudo, que al carecer de sonido podía resultar un tanto “aburrido” sin ella. Camile Saint-Saëns es considerado el primer gran compositor en componer para el cine, de hecho. Pero con la aparición del cine sonoro, en 1927, todo cambió. Triunfó un nuevo género, imposible en el cine mudo, como era el musical, pero los demás géneros se despojaron de la música como elemento narrativo; si se escuchaba música, es porque salía en la propia pantalla. Las bandas sonoras se limitaban apenas a un tema inicial en los títulos de crédito y a otro tema al final de la película.

El primero en cambiar esta situación fue el norteamericano Alfred Newman en 1931 con la música que compuso para el film “La calle”, donde la música adquiere más relevancia. Pero serán dos importantes nombres de los años 30 los que evolucionen la banda sonora sentando las bases de lo que conocemos hoy: Max Steiner y Erich Wolfgang Korngold. Repasaremos en este post su trayectoria y destacaremos sus similitudes y diferencias.

Y comenzamos con el primero de los dos, Max Steiner:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”http://filmmusiccritics.org/wp/wp-content/uploads/2010/11/Max_Steiner.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Maximilian Raoul Steiner nació en Viena el 10 de mayo de 1888. Su familia estaba muy vinculada al mundo de la música vienesa, e incluso su padrino fue Richard Strauss. Su precocidad musical se ve claramente en el hecho de que terminó un curso de 4 años en la Academia imperial de música de Viena en un único año. Estudió de hecho con Gustav Mahler, y así, con 15 años, compone y estrena una opereta. El éxito le lleva a Londres, donde reside unos años, pero entonces comienza la I Guerra Mundial. Él, como austriaco, es encarcelado como enemigo, pero su amistad con el Duque de Westminster le salva: éste le ayuda a viajar a Estados Unidos, a donde llega en diciembre de 1914.

Una vez en Nueva York, sin dinero, trabaja como director de orquesta y arreglista en los musicales y operetas que se representan en Broadway, donde permanecerá hasta 1929. Pero entonces un compositor con el que había colaborado, Harry Tierney, le propone unirse al departamento musical del estudio cinematográfico RKO. Steiner su muda a California en 1929 y trabaja en bandas sonoras como las de Cimarrón o Ave del Paraíso. En 1932 produce su primera partitura importante, en “La melodía de la vida” de Gregory La Cava:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=ERT9isi_PBc”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Con esta partitura, Steiner comienza a sentar las bases de lo que será su idea compositiva, acompañando a la película completa, idea que desarrollará aún más al año siguiente, 1933, con una de sus partituras más famosas y desde luego la más importante que se había hecho hasta la fecha, “King Kong”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=S8NsEXwoIuY”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Problemas de producción del film provocaron que pidieran a Steiner que volcara todo su talento en la música. Y Steiner aplica en esta partitura su concepto musical tardorromántico, de impactante acompañamiento dramático y rica orquestación (una orquesta de 80 músicos, una locura para el Hollywood de la época). El resultado fue tal que muchos críticos creen que parte del éxito del film residió precisamente en la música que compuso Steiner. Incluso el actor y músico Oscar Levant afirmó que era “una sinfonía acompañada por una película”.

El éxito le trajo un gran prestigio, pero también un enorme trabajo, ya que era el responsable musical de los estudios. Entre sus siguientes éxitos en 1934 destacan “Cautivo del deseo” y su primera colaboración con John Ford, “La patrulla perdida”, con la que obtuvo su primera nominación al Oscar. Ese mismo año tuvo otra nominación por la adaptación musical de “La alegre divorciada”, que protagonizaban la pareja de moda del musical de baile, Fred Astaire y Ginger Rogers, para quienes realizó más adaptaciones (la genial “Sombrero de copa” entre ellas).

Trabajar con Ford no le dio malos resultados. Vuelve a hacerlo en 1935 con “El delator”, por la que Ford gana el Oscar a mejor director, Victor McLaglen el de mejor actor… y Steiner el de mejor Banda sonora (aunque en esa época el Oscar no se entregaba al compositor, sino al estudio).[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=slAAQVAFASQ”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]El éxito y su amistad con David O. Selznick le llevan a dejar en 1937 la RKO y a firmar por la Warner, para la que compondrá unas 140 bandas sonoras. Pero ya en 1936 se estrena su primer trabajo en la Warner, en una película protagonizada por Errol Flynn (Steiner compone varias bandas sonoras de las películas de Flynn), “La carga de la brigada ligera”, por la que vuelve a ser nominado al Oscar:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=g6kId7Ugk-k”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Sorprende de esta partitura su capacidad para acoplarse al ritmo del caminar de los soldados o del galope de los caballos, con esa capacidad descriptiva que tanto caracteriza el estilo de Steiner. Ese mismo año estuvo nominado también por su trabajo en “El jardín de Alá”, protagonizada por Charles Boyer y Marlene Dietrich, en la que su estilo musical se adapta a las sonoridades árabes que requiere la ambientación, como en esta escena:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=FPaEllkOh84″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Repitió nominación en 1937 por “La vida de Emile Zola”, que protagonizaba Paul Muni, y de nuevo en 1938 por “Jezabel”, en la que vuelve a trabajar con Bette Davis en uno más de los melodramas en los que colaborarán. Se trata de una partitura brillante, como la de este bellísimo vals:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=Wk6I7YDf3hg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Por desgracia no encuentro en youtube la escena que me hubiera gustado poner, esa en la que a Henry Fonda le pica un mosquito, para ver cómo destaca la música ese instante fundamental en el posterior desarrollo de la historia.

La Warner estaba empeñada en tener el mejor equipo de compositores de todos los estudios (por ello Korngold también trabajará para ellos), y por eso no es de extrañar que cuidaran también el aspecto musical de ese proyecto que llevaban años acariciando, mimando… y es que una película tan esperada como “Lo que el viento se llevó” requería una partitura a su altura. ¿Lo consiguió Steiner? Juzgad por vosotros mismos:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=N_Z4DmualTc”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Se trata de una partitura extensa (tiene que cubrir las aproximadamente 4 horas que dura la película), llena de leitmotivs como este asociado a Tara, que aún no siendo un personaje, sino un lugar, tiene una gran importancia en la historia. Y es que qué sería de escenas como esta sin esa música:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=gn26pEDEhyY”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Quitadme la fotografía y la música y ¿qué me queda? Y es que sigo pensando que la película es un tostón infumable, pero el trabajo de Steiner es de tal envergadura que en mi opinión es la mejor banda sonora nunca compuesta.

Y ese año, Steiner estuvo de nuevo doblemente nominado al Oscar (la otra nominación fue por “Amarga victoria”, de nuevo junto a Bette Davis), pero incomprensiblemente no ganó; el premio fue para Herbert Stothart por “El mago de Oz”. Vale, el de mejor canción para “Over de rainbow” es indiscutible, pero comparar ambas partituras da risa…

En 1940 vuelve a colaborar con Bette Davis en “La carta”, por la que repite de nuevo nominación. Y lo será de nuevo en 1941 por “El sargento York”, pero en mi opinión ese año tiene una partitura mucho más interesante. Y es que vuelve a trabajar para Errol Flynn en “Murieron con las botas puestas”, una partitura que me encanta y de la que escuchamos aquí la suite:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=EDoYuGrU6E0″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Resulta my fácil distinguir los temas asociados a los indios, los temas militares y, sobre todo, ese bellísimo tema de amor que escucharemos, por ejemplo, en ese encuentro nocturno de Custer con su amada, interpretada, cómo no, por Olivia de Havilland. La inspiración melódica de Steiner alcanza unas cotas de belleza difícilmente superables.

Y a estas alturas, con un talento fuera de dudas, con tantos grandes trabajos y nominaciones al Oscar, es difícil entender por qué sólo había ganado una vez… pero por fin Max Steiner iba a recibir el reconocimiento que se merecía. Y es que en 1942 vuelve a componer la partitura que acompaña a otro de esos melodramas en los que brilla Bette Davis, “La extraña pasajera”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=In-UUA0BDM0″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y esta vez sí, con esta partitura de gran belleza melódica se lleva su segundo Oscar. Merecidamente, sin duda.

Y repitió nominación en 1943 (aunque por una película estrenada en 1942, no entiendo por qué entró en los premios del año siguiente), por una película mítica… Casablanca:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=JsjPVNJlk_I”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La película ganó 3 Oscars (película, director y guión), pero no el de banda sonora. Y no deja de ser lógico, ya que buena parte de la banda sonora no es original, sino adaptación de canciones ya existentes. No es la única vez que Steiner utiliza canciones ya existentes en sus bandas sonoras (lo hace en Murieron con las botas puestas o en Desde que te fuiste, por ejemplo), pero es que aquí esas canciones son en buena parte los temas principales, funcionan como los leitmotivs: la Marsellesa como ese canto a la libertad, y el As time goes by como el tema de amor.

Si hasta ahora relacionamos a Steines con películas protagonizadas por Errol Flynn o por Bette Davis (para quien ese mismo 1943 compone la de “Alarma en el Rin”), a partir de ahora lo asociaremos también al nombre de Humphrey Bogart. Así, repite con buena parte del equipo de Casablanca en 1944 en otro film bélico, Pasaje a Marsella:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=ymNpbG7WKUA”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]De nuevo, entre ritmos miliares, nos regala con otro bello tema de amor para señalar la historia de Bogart con Michèlle Morgan.

Pero 1944 es su año por otra gran partitura, de una película bélica digámoslo… diferente. “desde que te fuiste” es la historia de la familia que un soldado americano deja en casa: la esposa, Claudette Colbert, y las hijas, Jennifer Jones y Shirley Temple. Para ella, Steiner compone una rica partitura que podemos escuchar a continuación:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=GDdnWTL1SJY”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Desde esa cita a la canción de cuna de Brahms como referencia a los niños que se quedan sin sus padres, esos ritmos bailables que escuchamos en esos momentos en los que la abnegada esposa busca consuelo en el viejo amigo (interpretado por Joseph Cotten) del que casi se enamora, hasta ese uso entre cómico y grotesco del fagot para el perro… pero sobre todo ese tema central, de una bellísima melancolía, que nos recuerda la soledad dela protagonista.

Steiner gana aquí su 3º (y último Oscar). La película, que en su día fue un éxito dada la situación de guerra que vivía Estados Unidos, está hoy bastante olvidada (no es la mejor de la época, desde luego), pero la partitura merece ser recordada como una de las más brillantes de Steiner.

Tras ese tercer Oscar, su carrera sigue con las adaptaciones musicales de “Rhapsody in blue” o de “Noche y día” (esa especie de biopic sobre Cole Porter que protagoniza Cary Grant), con nuevas nominaciones al Oscar (sin mayor relevancia) y con más films de Bogart, como “El sueño eterno” o “Cayo largor”, aunque la más remarcable será posiblemente la de “El tesoro de Sierra Madre”, de 1948:

[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=PbeCSLG8Brk”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Ciertos aires mexicanos y otros más ligeros, más aventureros, no eclipsan el opresivo tema central, de gran dramatismo, buen símbolo para la ambición y la codicia que se crea entre esos buscadores de oro en las colinas mexicanas.

Pero la nominación al Oscar en ese mismo 1948 le viene por otro fil, “Belinda”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=XvdgXadzvQY”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]De nuevo otra bellísima melodía, de carácter casi infantil para describir la inocencia de esa jovencita sordomuda ingenua y ajena a la realidad que es Belinda (aunque la interprete la no tan jovencita Jane Wyman…)

En 1949 vuelve a estar nominado por el último melodrama de Bette Davis para la Warner, “Más allá del bosque”, y repite nominación en 1950 por la genial partitura de “El halcón y la flecha”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://vimeo.com/150420087″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En los 50 sigue trabajando y recibiendo nominaciones al Oscar, pero en mi opinión si siguiente partitura relevante es la que le trae su penúltima nominación al Oscar, en 1954: “El motín del Caine”, de nuevo con Humphrey Bogart:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=5Yzez9h9x7M”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En este caso la música nos sitúa en el ambiente militar en el que la película tiene lugar.

Su última nominación fue en 1955 por “Más allá de las lágrimas”, pero será al año siguiente cuando vuelva a regalarnos dos grandes partituras a la altura de su enorme talento.

La primera se sale bastante de su ámbito, al ser una de esas películas histórico-épicas que asociamos más a la música de Miklós Rózsa que a la suya. Pero La partitura de “Helena de Troya” es otra joya de su producción:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=bd5Sq225JTE”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La música nos traslada muy bien a épocas remotas y lugares exóticos.

Pero ese mismo 1956 compone una de sus grandes obras maestras. Y es que después de muchos años, el gran John Ford vuelve a contar con él para componer la partitura de la que será una de sus mejores películas, ese maravilloso Western protagonizado por John Wayne titulado “Centauros del desierto”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=ccPBMI9Lixo”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Es una partitura bellísima, pero Ford no está satisfecho. Y es que su forma de entender la banda sonora difiere sustancialmente. Para Steiner, la música debe realzar las emociones, enfatizarlas, mientras que para Ford las imágenes bastan por sí mismas (por algo su fotografía es de un enorme preciosismo,con esos claroscuros que casi recuerdan a Caravaggio), por lo que prefiere a otros compositores como Alfred Newman o Victor Young. O incluso prescinde de ellos, como sucede en esa joya suya que es “El último Hurra”, protagonizada por Spencer Tracy en 1958 y en la que ni se menciona en los créditos quien es el autor de las escasas notas musicales que suenan en algún momento de la película.

Lo extraño no es que Max Steiner no fuera nominado al Oscar, es que la película no recibió ninguna nominación, cosa que hoy consideramos absolutamente incomprensible.

Todavía tendrá tiempo de componer algunas notables partituras En 1959 compone el que será uno de sus mayores éxitos, “En una isla tranquila al sur”, protagonizada por el joven galán del momento, Troy Donahue:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=zAwZ7hCxNVo”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Y en 1961 volverá a poner música a otra película protagonizada por Troy Donahue, “Parrish”:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=UYiARPSdNTU”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Compondrá todavía hasta 1965, pero los años 60 cambian el concepto de Banda sonora en el cine, y Steiner ya no encaja con los nuevos modelos (aunque otros seguirán su estela en el futuro).

Tras unos últimos años de silencio, Max Steiner muere a los 83 años, el 28 de diciembre de 1971, en Hollywood, y está enterrado en un nicho del Gran Mausoleo del Forest Lawn Memorial Park de Glendale, California.

Pasamos ahora a Erich Wolfgang Korngod:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/a/a4/Erich_Wolfgang_Korngold_01.jpg/250px-Erich_Wolfgang_Korngold_01.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Korngold nace en Brno (actualmente en la República Checa, en aquella época parte del Imperio Austro-Húngaro) el 29 de mayo de 1897 en el seno de una familia de tradición músical. Niño prodigio, estudia con Alexander von Zemlinsky y estrena sus primeras obras a temprana edad. En 1920, con sólo 23 años, estrena su obra maestra, la ópera “Die tote Stadt”, que por suerte se está recuperando actualmente. Ya en su época fue alabada por Richard Strauss o por Giacomo Puccini. Trabaja también como arreglista de operetas, y es así como Max Reinhardt le llama para arreglar la música de Mendelssohn para “El sueño de una noche de verano” que iba a dirigir junto a William Dieterle. Korngold consigue un contrato muy interesante: podrá trabajar desde Viena sin apenas pisar Estados Unidos, y tndrá plena autoridad para elegir las películas en las que quiere trabajar. Y así llega su primera banda sonora original, “El capitán Blood”, debut cinematográfico de Errol Flynn y Olivia de Havilland, en 1935:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=4mSRwrNo09g”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1936 compone la música de otra película de época, “El caballero Adverse”, protagonizada por Fredric March y de nuevo Olivia de Havilland:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=vtBfBlJMSt0″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Por esta partitura gana su primer Oscar.

Su siguiente trabajo es una partitura más que interesante, de nuevo en esas películas de época que tan bien se le dan, ese “El príncipe y el mendigo” que protagoniza, de nuevo, Errol Flynn:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=HkdPdi0S7Y8″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Para su próximo prooyecto, decide cambiar las condiciones: quiere mudarse a Hollywood: la situación en Viena se está poniendo peligrosa. Y lo hace justo a tiempo: al poco de abandonar Viena, se produce el Anschluss, la anexión de Austria a la Alemania Nazi, y la condición de judío de Korngold le hubiera puesto en gran peligro. Ya en Estados Unidos, Korngold compone una genial banda sonora, de gran complejidad, para ese “Robin de los bosques” que protagonizan Errol Flynn y Olivia de Havilland, que le valdrá su segundo Oscar, y el primero que recoge el compositor en lugar del estudio.[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=uT6dLPfSCL8″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Ya aficando en Estados Unidos, en 1939 compone dos grandes bandas sonoras. La primera de ellas, “La vida privada de Elizabeth y Essex, protagonizada por Errol Flynn y Bette Davis, le vuelve a dar una nominación al Oscar:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=3OOYbkWjKKo”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Pero a mí la que más me gusta es la de “Juarez”, con Paul Muni como Benito Juarez, Brian Aherne como Maximiliano de México y Bette Davis como su esposa Carlota. Desde ese tema mexicano hasta la cita de “La paloma” de Sebastián Iradier, los aires marciales que acompañan a la guerra final y la ejecución de Maximiliano y, sobre todo, el bellísimo tema de amor:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=-Xtp1f-bLPk”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1940 recibe su última nominación al Oscar por “El halcón de mar”, de nuevo protagonizada por Errol Flynn:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=Phv5mSGcaes”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1941 escribe una partitura mucho más dramática y opresiva para “El lobo de mar” destacando el ambiente que reina en el barco de ese malvado Edward G. Robinson:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=fHzOHQB-2bw”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1942 escribe una de sus partituras más conocidas para una película que no conozco de nada, Kings row:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=AJwa9mX0bxA”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]En 1943 compone otra de sus obras maestras, para el melodrama “La ninfa constante”, que protagonizan Joan Fontaine y Charles Boyer, que le permite explotar sus grandes dotes como melodista:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=Zo3BvRzuvaM”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]La última partitura que vamos a destacar es la de “Decepción”, de 1946, en la que Paul Henreid interpreta a un chelista y Claude Rains al director de orquesta, por lo que el chelo tiene una gran importancia en la partitura, como en el concierto que escuchamos en esta escena:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_video link=”https://www.youtube.com/watch?v=of0Ou4HVld8″][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Pero al padre de Korngold nunca le gustó que su hijo se dedicara a componer bandas sonoras, así que a su muerte, Korngold decide volver a Viena para componer música de concierto. Allí se encuentra con que su estilo musical tardorromántico no gusta a un público acostumbrado a música más vanguardista, por lo que termina volviendo a Hollywood, aunque sólo partyicipará en una nueva película, Magic Fire, adaptando música de Wagner y haciendo un cameo como el director de orquetsa Hans Richter. Muere en Hollywood el 29 de noviembre de 1957, con 60 años, y es enterrado en el Hollywood forever cementery:[/vc_column_text][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image source=”external_link” external_img_size=”full” alignment=”center” custom_src=”http://image2.findagrave.com/photos/2001/222/korngolderich.jpg”][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Steiner y Korngold tienen en común no pocas cosas. Ambos provienen de familias de origen judío muy vinculadas al mundo musical del Imperio Austro-Húngaro en el que nacieron. Por ello su formación musical es la de tradición tardorromántica que seguían Mahler, Zemlinsky o Richard Strauss. Y ambos llevaron este mismo estilo a América, aunque Steiner lo haría unos 20 años antes que Korngold. Pero su forma de entender la banda sonora es diferente.

Ya hemos mencionado que la intención de Steiner era destacar con su música el dramatismo de ciertas escenas, aumentar la emoción que siente el espectador en los distintos momentos de la película, además de ambientarla. Korngold entiende las bandas sonoras de manera muy distinta: para él son como óperas sin palabras, describen la acción a la manera de un poema sinfónico de Liszt o de Richard Strauss. La música de Korngold se puede escuchar en una sala de conciertos al margen de las imágenes de la película y aún así se puede de alguna forma seguir el argumento de la historia; con la de Steiner esto es imposible, porque su finalidad es muy distinta, no es una música independiente de lasimágenes como la de Korngold.

Cuál de los 2 estilos gusta más es cuestión de gustos; yo en lo que respecta a bandas sonoras me quedo con Steiner (soy muy fan de Die Tote Stadt y del concierto de violín de Korngold, porque era un magnífico compositor, pero como autor de bandas sonoras en mi opinión peca de ambicioso). Además, no deja de resultar curioso que, teniendo Korngold la posibilidad de elegir los títulos en los que quería trabajar, a diferencia del multitarea Steiner, las películas para las que trabajó Korngold permanezcan hoy, en su mayoría, casi olvidadas, frente a los grandes éxitos que protagonizó Steiner. Steiner era de alguna forma el artesano, mientras que Korngold era el artista, pero quizá el tiempo no les ha tratado como tales. En todo caso, ambos son fundamentales para el desarrollo de las bandas sonoras, y su estilo será continuado por gente como Maurice Jarre (en sus bandas sonoras sinfónicas, no en las de sintetizador), John Barry, Ennio Morricone, John Williams, James Horner, Hans Zimmer o Michael Giacchino, por ejemplo. El legado de estos dos maestros de la música sigue vivo tanto a través de su obra como de su influencia en las generaciones futuras. Y seguramente la mayoría de fans de las bandas sonoras de “Star Wars” o de “El señor de los anillos” ignoren que, sin Steiner y Korngold, no serían lo que hoy conocemos.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row]