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Centenario de la muerte de Ruggero Leoncavallo (09-08-2019)

De entre los llamados “compositores de una ópera” quizá sea Ruggero Leoncavallo el más destacable: tanto Mascagni como Giordano consiguen que más de una de sus obras perviva, aunque en menor medida, en el repertorio, y ni Cilea ni Ponchielli ven que su única obra en el repertorio tenga la inmensa popularidad que sigue teniendo (que siempre ha tenido desde que se estrenó) la mítica “Pagliacci”. Pero Leoncavallo es un compositor mucho más interesante que sólo por su magnífica “Pagliacci”. Y aprovechando el centenario de su muerte vamos a repasar su obra.

El nombre completo de Ruggero Leoncavallo era Ruggiero Giacomo Maria Giuseppe Emmanuele Raffaele Domenico Vincenzo Francesco Donato Leoncavallo (para que luego digan que los nombres de la realeza son largos…) y nació en Nápoles el 23 de abril de 1857. En parte por el oficio de su padre, Vincenzo, que era juez, y en parte por la mala salud de su madre, Virginia, pasó sus primeros años viajando de una ciudad a otra del sur de Italia. Se sabe que en 1859 estaba en Castellabate, en la provincia de Salerno, ya que la parroquia local cuenta con el acta de nacimiento y defunción de su hermana Irene (murió el mismo día del parto, o bien nació muerta). 

En 1862 la familia se establece en Montalto Uffugo, pueblo calabrés de la provincia de Cosenza, donde Ruggero Leoncavallo pasará sus años de niñez y adolescencia. Allí comienza su interés por la música, y recibe lecciones de piano de Sebastiano Ricci. El 4 de marzo de 1865 ve como su acompañante, criado de la familia, Gaetano Scavello, es asesinado cuando ambos salían de una representación teatral. Este suceso le serviría de inspiración al parecer para la futura “Pagliacci”. La presencia del compositor en su juventud en la ciudad en todo caso sigue presente desde la apertura en 2010 de un museo dedicado a su figura en la ciudad. 

Hacia 1873 muere su madre, y su padre es trasladado a Potenza. Ruggero, por el contrario, se traslada de vuelta a Nápoles para continuar sus estudios musicales, pasando en Potenza los veranos. Tras un breve periodo en 1976 como profesor de piano en Potenza, se traslada a Bolonia para continuar sus estudios. En esta ciudad, la ciudad wagneriana por excelencia de Italia, consigue conocer al propio Richard Wagner, que visitó la ciudad en diciembre de 1876 para unas representaciones de su temprana “Rienzi”, y causa gran admiración en Leoncavallo. 

Por influencia wagneriana, Ruggero Leoncavallo idea una trilogía operística ambientada en el renacimiento italiano, que llevaría como título “Crepusculum” (siguiendo con las similitudes wagnerianas en referencia a “El ocaso de los dioses”, último título de la tetralogía del Anillo), protagonizada por los Medici, Savonarola y César Borgia. Pero pronto cambia de proyecto, y escribe tanto la música como el libreto (al igual que Wagner, él mismo será el autor de sus libretos) de “Chatterton”, drama romántico basado en la obra de Alfred de Vigny pero inspirado en la vida real del poeta del siglo XVII Thomas Chatterton, que con su suicidio a los 17 años marca el prototipo de poeta maldito romántico. Por desgracia, cuando termina esta ópera, la primera que compone, el empresario encargado del estreno se fuga con el dinero y no hay forma de estrenarla. 

Tras pasar una breve temporada en Potenza, en 1879, por consejo de su tío Giuseppe se traslada a Egipto, donde da lecciones de piano a Tewfik Pasha, hermano del Jédive Ismail. Pero las revueltas de 1882 le obligan a huir del país rumbo a París. 

En la capital francesa trabaja como pianista en cafés y profesor de canto. Conoce a numerosas celebridades, además de a Berthe Rambaud, que será su esposa. En 1886 compone un poema sinfónico para tenor y orquesta, “La nuit de mai”, basado en un poema de Alfred de Musset, que estrena con éxito en 1887. Escuchamos la obra dirigida por Nello Santi y con Salvatore Fisichella:

Termina de componer su ópera “I Medici” (la única que realiza de la trilogía que tenía prevista) y en 1888 se traslada a Milán para mostrársela al editor Giulio Riccordi, quien en principio se muestra dispuesto a estrenarla en 1891, pero finalmente se echa atrás.

Por esas fechas Pietro Mascagni revoluciona el mundo de la ópera con su “Cavalleria rusticana”, ópera breve en un acto, de ambientación rural y realista, que da comienzo al movimiento conocido como Verismo. Intentando seguir ese éxito, Ruggero Leoncavallo recurre a sus recuerdos de infancia para, en 5 meses, escribir el libreto y componer una nueva ópera: “Pagliacci“. El rechazo de Ricordi lleva a Leoncavallo a presentársela a su rival Edoardo Sonzogno, quien acepta estrenarla, algo que sucede el 21 de mayo de 1892 en el Teatro Dal Verme de Milán, dirigida por Arturo Toscanini, logrando un enorme éxito que perdurará hasta la actualidad, en parte gracias al aria “Vesti la giubba”, una de las más famosas del repertorio tenoril, que escuchamos cantada por Franco Corelli:

No menos famoso es el prólogo, monólogo para barítono en el que cuenta sus ideales artísticos, los propios de ese verismo-realismo predominante en la época, y que escuchamos aquí cantado por un magnífico Piero Cappuccilli, con bis incluido:

Además, siguiendo el modelo de Mascagni, Ruggero Leoncavallo compone un intermezzo sinfónico entre los dos actos de los que consta la ópera, y en el que retoma el tema del prólogo. Lo escuchamos dirigido por Riccardo Chailly para poder apreciar mejor las dotes como orquestador de Leoncavallo: 

Gracias al éxito de “Pagliacci”, Sonzogno compra los derechos de “I Medici” que posee Ricordi y la estrena también en el Teatro Dal Verme milanés el 9 de noviembre de 1893, pero en esta ocasión la estética wagneriana, la falta de unidad dramática y el aliento romántico de esta historia ambientada durante la conjura dei Pazzi contra Lorenzo y Giuliano de Medici, que termina con la muerte del segundo, no consigue ser un éxito y desaparece de inmediato del repertorio. Escuchamos el final de la ópera con Plácido Domingo como Giuliano y Carlos Álvarez como Lorenzo de Medici:

En 1894 estrena en Milán un nuevo poema sinfónico “Séraphitus Séraphita”, basado en una obra de Honoré de Balzac, y en 1896 estrena por fin en Roma su primera ópera, Chatterton, de nuevo sin éxito. Pese a todo, hay que señalar que el propio leoncavallo dirigirá la grabación de esta ópera en 1908 con Francesco Signorini en el papel protagonista, del que escuchamos el aria “To sola a me rimano o poesia”:

Pero, además de estrenar sus óperas antiguas, Ruggero Leoncavallo continúa componiendo nuevas óperas. Pone su atención en las “Scènes de la vie de Bohème” de Henry Murger, que le recuerdan a sus años vividos en París, pero por esas mismas fechas Giacomo Puccini también decide trabajar sobre la misma obra (el resultado será la famosa “La Boheme“), y Leoncavallo se lo toma como un desafío personal. Su obra sigue más de cerca el argumento de la original, pero con ello resulta más confusa y menos emotiva. Leoncavallo estrena su versión de “La Boheme” el 6 de mayo de 1897 en el Teatro La Fenice de Venecia con un considerable éxito, pero en seguida será eclipsada por la homónima de Puccini (muy superior tanto dramática como musicalmente), y en la actualidad se representa muy poco (si bien es la ópera de Leoncavallo que más se representa tras “Pagliacci”). Escuchamos aún así algunos fragmentos que todavía sobreviven, comenzando por el aria del protagonista, Marcello (diferencia sustancial con la de Puccini: aquí los protagonistas no son Rodolfo y Mimì, sino Marcello y Musetta), “Testa adorata”, cantada por Giuseppe di Stefano: 

Y escuchamos también el aria de Mimì “È destin! Debbo andarmene” cantada por Lucia Popp

Tomando como punto de partida también su juventud parisina compone una nueva ópera, “Zazà”, ambientada en los cafés-concierto de la capital francesa, con toques de opereta y una heroína trágica. La ópera se estrena en el Teatro Lirico de Milán el 10 de noviembre de 1900, dirigida por Arturo Toscanini, y obtiene un gran éxito que perdura 20 años. Hoy desconocida y desaparecida del repertorio, es probablemente tras “Pagliacci” la mejor de las óperas de Leoncavallo y la que más merecería ser recordada. Comenzamos escuchando el aria de la protagonista Zazà “Angioletto, il tuo nome?”, que canta cuando conoce a la familia de su amado, cantada por Renée Fleming:

Escuchamos ahora el que quizá sea el pasaje más famoso de la ópera, el aria del barítono Cascart “Zazà, piccola zingara” cantada por Tito Gobbi:

Y terminamos escuchando el aria del tenor, “E un riso gentile”, en la que se percibe el estilo musical de los cafés parisinos, cantada por Giovanni Martinelli:

Desde finales del siglo XIX, Ruggero Leoncavallo se había establecido en la localidad suiza de Brissago, cerca de Locarno, donde en 1903 hizo construir una villa. Allí compondrá en 1904 una canción para Enrico Caruso, la famosa “Mattinata”. Escuchamos la versión que grabó Caruso en 1904 con el propio Leoncavallo al piano:

Por encargo del Kaiser Guillermo, el 13 de diciembre de 1904 estrena “Der Rolando von Berlin”, ópera medieval de carácter romántico con libreto original en italiano del propio Leoncavallo traducido al alemán por Georg Dröscher. La ópera permanece completamente olvidada, pero aprovechamos para escuchar su extensa obertura:

En 1906 realizó una exitosa gira por Estados Unidos con la compañía de la Scala de Milán. En 1910 estrena sin éxito “Maia”, pero el 16 de septiembre de 1912 obtiene un gran éxito (quizá el mayor después del de “Pagliacci”) con el estreno en Londres de su ópera de carácter verista “Zingari”, de la que escuchamos el aria del protagonista, Radu, “Dammi un amore” cantada por José Carreras:

Desde principios de siglo, Ruggero Leoncavallo había trabajado también en el campo de la opereta italiana, y el 24 de junio de 1912 estrena una de las más conocidas, “La reginetta delle rose”, de la que escuchamos la canción de la protagonista cantada por Lina Pagliughi:

En 1916 estrena otras dos operetas destacadas, “Prestami tua moglie” y “Goffredo Mameli”, pero los problemas económicos le obligan a vender su villa de Brissago, ciudad en la que hay otro museo dedicado a su figura. Continúa componiendo, en este caso una ópera basada en la obra teatral de Sofocles, “Edipo Re”, con libreto de Giovacchino Forzano (autor también del libreto de “Zingari”), pero no logró terminarla (fue estrenada póstumamente en 1920 en Chicago): el 9 de agosto de 1919 moría, a los 62 años, en la localidad toscana de Montecatini Terme. El funeral florentino fue muy concurrido, estando allí Pietro Mascagni y su gran rival, Giacomo Puccini. Enterrado originalmente en el Cimitero delle Porte Sante, junto a la basílica de San Miniato al Monte, donde años después será enterrada su esposa, en 1989 los restos de ambos fueron trasladados al pórtico de la iglesia renacentista de la Madonna del Ponte de Brissago. 

La producción de Ruggero Leoncavallo permanece a día de hoy en el olvido con la excepción de la Mattinata y de la célebre “Pagliacci”. Es quizá el momento de redescubrir otras obras suyas para encontrarnos con un compositor mucho más interesante de lo que habitualmente se piensa, de estilo ecléctico pero con grandes momentos de inspiración musical.



230 años del estreno de Don Giovanni (29-10-2017)


La trilogía Dapontiana (formada por “Le nozze di Figaro”, “Don Giovanni” y “Così fan tutte”) suele ser considerada como una de las cumbres de la historia de la ópera, y fue sin duda revolucionaria gracias a los magníficos libretos de Lorenzo DaPonte y a la genial música que compone Wolfgang Amadeus Mozart, mucho más ágil y dramática que en sus dramas italianos de corte más clásico.




“Don Giovanni” fue un encargo del Emperador José II, que elige el mismo tema que había utilizado Giuseppe Gazzaniga con gran éxito, con libreto de Lorenzo Da Ponte, pero la ópera no será estrena en Viena,  sino en Praga, donde Mozart gozaba de un enorme favor del público, tras el éxito del estreno en dicha ciudad de su anterior ópera, “Le nozze di Figaro”, donde obtuvo un éxito todavía mayor que en Viena.

Para esta ópera, Mozart incluye numerosas innovaciones sonoras, como el uso de bandas en escena para tocar las diferentes danzas del final del primer acto o el uso de la mandolina en la serenata del protagonista.

La ópera, cuya obertura Mozart compuso al parecer el día antes del estreno, se estrena en Praga el 29 de octubre de 1787, con enorme éxito, mientras en Viena no se estrenará hasta el 7 de mayo de 1788, cuando Mozart añade varios temas nuevos, incluyendo dos de las arias más famosas de la ópera, “Dalla sua pace” y “Mi tradì quell’alma ingrata”. La gran popularidad que alcanza desde entonces Don Giovanni no ha cesado, y es por muchos considerada una de las obras cumbre de la historia de la ópera, aunque, como siempre, hay opiniones dispares sobre cual de las tres que forman la ya mencionada trilogía es superior (yo en concreto prefiero “Le nozze di Figaro”). En todo caso, aquí ya se apuntan pequeños indicios que apuntan hacia un romanticismo incipiente que se desarrollarán mucho más a fondo en “Die Zauberflöte“.

Como siempre, antes de repasar la ópera, dejo un enlace del libreto y su traducción al español.

La ópera comienza con la ya citada obertura que escuchamos dirigida por Carlo Maria Giulini:

La ópera consta de dos actos. El primero comienza una noche, frente a la casa del comendador de Sevilla. Allí está Leporello, sirviente de Don Giovanni, harto de tener que servir a su amo en sus aventuras amorosas a esas horas de la noche. Sale entonces Donna Anna, la hija del Comendador, intentando librarse del acoso del libertino. Leporello es consciente de que servir a un amo así le va a llevar al desastre. Don Giovanni insiste en proseguir en sus avances amorosos pese a los gritos de ella, pero entonces sale el Comendador, espada en mano, y se enfrenta a Don Giovanni. Aquí gana la juventud, y sin ninguna piedad Don Giovanni lo atraviesa con su espada y el viejo comendador muere. Escuchamos esa escena de apertura con Ildebrando D’Arcangelo como Leporello, Carlos Álvarez como Don Giovanni, Adrianne Pieczonka como Donna Anna y Franz-Josef Selig como el Comendador:

Don Giovanni, con aire burlón, se aleja junto a Leporello, mientras llega de vuelta Donna Anna, que había ido a buscar a su prometido Don Ottavio para conseguir ayuda. Allí se encuentra con el cadáver de su padre y se desmaya. Tras volver en sí, le hace jurar a su amado que vengará a su padre. Escuchamos el dúo cantado por Renée Fleming y Paul Groves:

Cambiamos de escena. Sigue siendo de noche. Leporello le recrimina a su amo su conducta, ante la furia de éste, pero la cosa se calma en cuanto Don Giovanni percibe la presencia de una mujer. Es una mujer que llega de viaje buscando al amante que la ha traicionado, a lo que Don Giovanni se dispone a conquistarla. Escuchamos así el aria “Ah! Chi mi dice mai” cantada por Elisabeth Schwarzkopf:

Pero resulta que la mujer es Donna Elvira, y el amante que la ha traicionado, el propio Don Giovanni. Ella le recrimina su conducta por haberla abandonado en Burgos tras prometer casarse con ella, pero él le dice que tenía sus motivos, y huye, dejando a Leporello contándole cuáles son esos motivos. Sin la presencia de su amo, Leporello le cuenta la verdad: Don Giovanni persigue a todas las mujeres , no importa su edad o su belleza, sólo para aumentar su lista de conquistas, que registra en una libreta y que ya supera las 2.000. Escuchamos el aria del catálogo “Madamina, il catalogo è questo” cantada por Giuseppe Taddei:

Una vez sola, Elvira clama venganza.

Cambiamos de escena. Un grupo de campesinos celebran la boda entre Zerlina y Masetto. Escuchamos el dúo de ambos con Marilyn Horne y Leonardo Monreale:

Don Giovanni oye el ruido de boda y se decide a seducir a la novia. para ello, les invita a su palacio y ordena a Leporello que les agasaje, mientras él se quiere quedar con Zerlina. Masetto se opone, pero no puede luchar contra Don Giovanni y se va enfadado con Zerlina. Escuchamos su aria “Ho capito” cantada por Ferruccio Furlanetto:

Una vez solos, Don Giovanni seduce a Zerlina. Ella no tarda en sucumbir a sus encantos y tenemos así el dúo “La ci darem la mano”, que escuchamos cantado por Cesare Siepi y Mirella Freni:

Pero llega Donna Elvira para detener la escena y alejar a Zerlina. Don Giovanni le acusa de estar loca, pero ella sigue previniendo a Zerlina contra el bribón en el aria “Ah, fuggi il traditor” que escuchamos cantada por Sena Jurinac:

Donna Elvira se lleva a Zerlina para fastidio de Don Giovanni, pero entonces aparecen Donna Anna, de luto, y Don Ottavio. Como no le reconocen, Don Giovanni les ofrece su ayuda.Llega entonces de vuelta Donna Elvira para alejar a Donna Anna, pero él le acusa de nuevo de estar loca, mientras la pareja duda de a quién creer. Escuchamos el cuarteto con Hermann Prey, Cheryl Studer, Gundula Janowitz y Gösta Winberg:

Donna Elvira se va y Don Giovanni dice seguirla para evitar que cometa una locura. Pero con esta última frase, Donna Anna reconoce en él al asesino de su padre y le cuenta a su amado lo sucedido: como él entró en su alcoba, ella lo confundió con él, pero al darse cuenta del error, intentó librarse de él y, al acudir su padre en su ayuda, lo mató. Ella le obliga a vengarse en el aria “Or sai chi l’onore” que escuchamos cantada por Elisabeth Grummer:

Donna Anna deja solo a Don Ottavio, que se muestra sorprendido por lo que acaba de escuchar, pero que promete vengarse, ya que su paz depende de la de su amada. Escuchamos así el aria “Dalla sua pace” cantada por Léopold Simoneau:

Cambiamos de escena. Leporello está harto de las fechorías de su amo, pero es incapaz de abandonarlo. Don Giovanni, recién llegado, le cuenta lo sucedido con Zerlina y Donna Elvira, y entonces le da instrucciones para la fiesta que prepara para seducir a Zerlina y a algunas campesinas más. Escuchamos su aria “Fin ch’han dal vino” cantada por Samuel Ramey:

Estamos ahora ya en la fiesta en casa de Don Giovanni. Zerlina trata de calmar a un enfurecido y celoso Masetto, que mucha boquita, pero luego no va a ser capaz (afortunadamente) de hacerle nada a su mujer. Escuchamos el aria “Batti, batti, o bel Masetto” cantada por Mirella Freni:

Masetto malentiende el miedo de Zerlina, que ya sabe lo que pretende Don Giovanni, y se pone más celoso. Llega éste, preparando la fiesta, y trata de seducir a Zerlina, mientras Masetto observa todo escondido. Suena una danza y el anfitrión invita a todos a pasar. Llegan entonces tres enmascarados, que son Don Ottavio, Donna Anna y Donna Elvira, para confirmar si Elvira tiene razón en sus acusaciones. Leporello, al verles, les invita a la fiesta. Vemos la primera parte del final con Thomas Allen como Don Giovanni, Claudio Desderi como Leporello, Ann Murray como Donna Elvira, Edita Gruberová como Donna Anna, Francisco Araiza como Don Ottavio, Natale de Carolis como Masetto y Susanne Mentzer como Zerlina, mismo reparto que veremos en la segunda parte del final:

Mientras, dentro de la casa se baila y se come. Masetto arde de celos cada vez que ve a Don Giovanni acercarse a Zerlina. Da orden a Leporello de entretener a Masetto, pero de pronto se escucha un grito de socorro de Zerlina, al que acuden todos. Don Giovanni trata de disimular acusando a Leporello de ser el seductor, pero Don Ottavio no cae en la trampa y le amenaza con una pistola. Pese a tener a todos en su contra, Don Giovanni se mantiene altivo y burlón. Escuchamos el resto del final:

Pasamos al segundo acto. En una calle, Don Giovanni y Leporello discuten, ya que el criado quiere abandonar a su amo tras verse traicionado. Con dinero, consigue mantenerlo a su servicio, pero no acepta dejar de perseguir mujeres como le pide Leporello. Se intercambian las ropas para que Don Giovanni pueda intentar seducir a la sirvienta de Donna Elvira. Se escucha cantar, desesperada de amor, a Donna Elvira, y Don Giovanni, escondido, le declara falsamente su amor para que ella vaya con Leporello y le deje el camino libre. Escuchamos el dúo y el terceto con Tito Gobbi, Erich Kunz y Elisabeth Schwarzkopf:

Pese a su negativa inicial, Leporello le sigue el juego a su patrón y responde al amor de Donna Elvira. Mientras, con el campo libre, Don Giovanni le canta una serenata a la sirvienta, “Deh, vieni alla finestra”, que escuchamos cantada por Cesare Siepi:

Llega en ese momento Masetto con un grupo de campesinos para matar a Don Giovanni, y éste, haciéndose pasar por Leporello, les propone un plan para dividirlos. Escuchamos su aria “Metà di voi qua vadano” cantada de nuevo por Cesare Siepi:

Una vez solos, Don Giovanni le da una paliza a Leporello y escapa. Llega entonces Zerlina, que trata de curar a su amado y recordarle que todo es culpa de sus celos. Escuchamos el aria “Vedrai, carino” cantada por Lucia Popp:

Mientras, Leporello intenta librarse de Donna Elvira, que se le ha pegado como una lapa, y consigue escaparse, mientras aparecen Don Ottavio intentando consolar a Donna Anna. Donna Elvira sigue en busca de su “falso” amor cuando llegan Zerlina y Masetto, y al encontrar a Leporello vestido como su amo, quieren matarlo. Donna Elvira le defiende. Leporello confiesa su verdadera identidad, para frustración de Donna Elvira. Escuchamos el sexteto con Bryn Terfel, Kiri Te Kanawa, Renée Fleming y Jerry Hadley:

Leporello suplica piedad, consigue convencer a Masetto de que no ha sido él quien le ha dado la paliza y que ha sido su amo quien le ha conducido por el mal camino. . Todos entonces se preparan para matar a Don Giovanni. Escuchamos el aria cantada por Christian Gerhaher:

Ya sin dudas de que Don Giovanni es el asesino del Comendador, Don Ottavio les promete a todos que va a vengarse de él. Escuchamos el aria “Il mio tesoro” cantada por Léopold Simoneau:

Mientras, Donna Elvira, sola, desespera por esta nueva traición de su amado, pero pese a desear vengarse, todavía siente piedad de él. Escuchamos su magnífica aria “Mi tradì quell’alma ingrata” cantada por Elisabeth Schwarzkopf:

Cambiamos de escena. Ya es de noche, Don Giovanni salta la tapia de un cementerio, intentando esconderse pero siempre en son burlón. Llega Leporello y se entera por él de los sucedido, mientras le cuenta que ha seducido a una de las chicas de Leporello. Pero entonces se escucha una voz proveniente de la estatua del difunto Comendador, diciendo que deje en paz a los muertos. Aterrados, Leporello lee la inscripción de la estatua, que anuncia su venganza. Don Giovanni obliga al aterrado Leporello a invitar a la estatua a cenar esa noche en su casa. Escuchamos la escena con Cesare Siepi, Otto Edelman y Deszö Ernster:

Cambiamos de escena. En casa de Donna Anna, esta rechaza casarse con Don Ottavio por el momento, lo que desespera al joven, que la acusa de crueldad. Ella le muestra su dolor por verse obligada a aplazar la boda y afirma sentirse dolida porque él le haya llamado cruel. Escuchamos el aria “Non mi dir” cantada por Edda Moser:

Cambiamos de escena: estamos en un salón de la casa de Don Giovanni, donde está preparada la mesa para la cena. Una orquesta está tocando música (entre la que Mozart se hace un guiño  a sí mismo metiendo un fragmento de “Le nozze di Figaro”, que Leporello dice conocer muy bien). Leporello se muere de envidia al ver a su amo engullendo de forma poco elegante, y termina comiendo él también a escondidas. Llega entonces Donna Elvira para dar una última oportunidad a su amor; Leporello se apiada de ella, pero el corazón de piedra de su amo no cambia, sólo piensa en disfrutar de las mujeres y del vino. Elvira se marcha y se le escucha gritar. Leporello va a ver qué sucede y grita también.

Leporello le cuenta lo que ha visto: la estatua del Comendador se dirige hacia allí. Ante la negativa del criado a abrir la puerta, el propio Don Giovanni la abre ante un Comendador que ha aceptado su invitación para cenar. Negándose a comer, el Comendador le devuelve la oferta, y en su orgullo Don Giovanni acepta y le extiende su mano, que es atrapada por el invitado de piedra. El Comendador le insta a arrepentirse, y ante la negativa del libertino a hacerlo, se lo lleva al infierno. Escuchamos la escena final con Cesare Siepi, Otto Edelman, Lisa della Casa y Deszö Ernster:

La ópera en principio terminaba aquí, pero la censura obligó a Mozart a incluir un final moralizante. Llegan todos en busca de Don Giovanni, pero Leporello les cuenta lo que ha sucedido. Ya sin su amenaza, todos preparan su nueva vida: Donna Anna le pide a Don Ottavio un año más para aceptar casarse con él; Donna Elvira se retira a un convento; Masetto y Zerlina se van a cenar a casa y Leporello busca un nuevo patrón. Y todos cantan que ese es el final que le espera a los malvados:

Terminamos, como siempre, con un Reparto Ideal:

Don Giovanni: Cesare Siepi o Samuel Ramey.

Leporello: Giuseppe Taddei.

Donna Elvira: Elisabeth Schwarzkopf o Lisa Della Casa.

Donna Anna: Elisabeth Grummer o Edda Moser.

Don Ottavio: Léopold Simoneau.

Director de Orquesta: Carlo Maria Giulini.

Crónicas:

Quincena musical 2016

ABAO-OLBE 2017