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In Memoriam: Debbie Reynolds (28-12-2016)


Si ayer nos tocaba escribir sobre la trágica desaparición de Carrie Fisher, como las malas noticias nunca vienen solas, hoy nos toca despedir a su madre, la no menos mítica protagonista de “Cantando bajo la lluvia”, Debbie Reynolds. Parece que la muerte de una ha causado la de la otra.




Mary Frances Reynolds, que era su verdadero nombre, había nacido el 1 de abril de 1932 en El Paso, Texas, en el seno de una familia pobre que se traslada en 1939 a Burbank, en California, en cuyo instituto, en 1948, ganará el concurso de belleza del condado (Debbie Reynolds seguía siendo guapísima incluso en sus últimos años). Y todo a pesar de que, a causa de la pobreza familiar, nunca había destacado en el instituto por no poder ir bien vestida, no siendo asidua a las fiestas.

Será al ganar el certamen de belleza cuando la Warner Bros se ponga en contacto con ella, siendo Jack L. Warner quien le convenza de cambiar su nombre artístico por el de Debbie. Destacando por su bella voz, debuta en el cine en 1950 en varios musicales, de los cuales destaca “Tres palabritas” de Richard Thorpe, junto a Fred Astaire, por la que consigue una nominación al Globo de Oro como mejor estrella emergente:

En esta famosa canción (que inmortalizará posteriormente Marilyn Monroe) no es ella quien canta, sino que es doblada por Helen Kane. La película es un biopic y Debbie Reynolds interpreta precisamente a la propia Helen Kane.

Pero en 1950 su gran éxito musical viene de otra película, mucho menos conocida, “Two weeks with love”. en la que repite como pareja de un tal Carleton Carpenter (que no tenía ni idea de quién era) con este “Abba Dabba Honeymoon” en el que esta vez sí que es ella quien canta, y que se convierte en un éxito de ventas:

En 1951 aparece en “Mr. Imperium”, junto a Lana Turner y el gran bajo operístico Ezio Pinza, pero su salto a la fama llegará en 1952. Pese a las reticencias de Gene Kelly por no saber bailar claqué (Debbie Reynolds era en realidad acróbata”, fue seleccionada por Stanley Donen para protagonizar la mítica “Cantando bajo la lluvia”. Kelly la trató realmente mal al principio, lo que provocó que, en una visita al estudio, Fred Astaire (con quien ya había trabajado) se la encontrara llorando. Fue Fred quien le ayudó con las escenas de baile, algo que Debbie Reynolds siempre le agradeció. Pese a todo, la dureza del rodaje hizo que, al terminar esta famosa escena, sus pies estuvieran sangrando tras 3 horas de rodaje:

Pese a la dureza de la experiencia (la propia Debbie Reynolds diría que junto con el parto fue lo más duro de su vida), fue “Cantando bajo la lluvia” la película que la lanzará definitivamente.

En 1953 repite bajo las órdenes de ese gran director de musicales que es Stanley Donen en “Tres chicas con suerte”, donde comparte número de baile con otro mítico bailarín, nada menos que con Bon Fosse (quien será años después el director de películas como “Cabaret”):

Y en 1955 protagoniza junto a Frank Sinatra en otro musical, “El solterón y el amor”:

Ese mismo 1955 se casa con el cantante Eddie Fisher:

Con él tendrá dos hijos, Carrie Fisher en 1956 y Todd Fisher en 1958. Juntos protagonizarán en 1956 “Los líos de Susana”, por la que recibirá una nominación a los Globos de Oro:

Por esa época, Debbie Reynolds intenta alejarse del mundo del cine musical interpretando películas de corte más dramático, como “Banquete de bodas”, de Richard Brooks, en 1956, en la que interpreta a la hija de Bette Davis, que va a casarse y quiere una boda sencilla frente a los deseos de su madre.

Pero en 1957 vuelve al musical con “Tammy, la muchacha salvaje”, junto a Leslie Nielsen. La canción principal de la película alcanza un enorme éxito:

Su éxito musical continúa, y protagoniza otras películas de menor éxito en los años siguientes. Pero en lo personal serán años difíciles: su marido, Eddie Fisher, se lía con Elizabeth Taylor, amiga de Debbie Reynolds, lo que termina en divorcio en 1959 y en el distanciamiento de las dos (que se reconciliarán años después). El divorcio fue todo un escándalo que afectó seriamente a la carrera de Eddie, cuyo show televisivo fue cancelado.

Debbie Reynolds se casará por segunda vez con el empresario Harry Karl en 1960, pero la ludopatía de éste traerá problemas económicos a la familia. Se divorciaron en 1973.

Su carrera cinematográfica mejora a principios de los años 60, participando en la coral “La conquista del oeste” en 1962:

Pero su mayor éxito llegará en 1964, con “Molly Brown, siempre a flote”, comedia musical en la que interpreta a una joven pobre y huérfana que busca hacer fortuna en el Oeste:

Por esta película recibirá una nueva nominación al Globo de Oro y su única nominación al Oscar, que perderá frente a Julie Andrews.

En 1964 protagoniza también la comedia de Vincente Minnelli “Adiós, Charlie”, junto a Tony Curtis:

En 1966 protagoniza “Dominique”, la historia de una monja que alcanza un gran éxito como cantante:

Su último éxito cinematográfico será “El novio de mi mujer”, una comedia junto a Dick Van Dyke:

En 1969 protagoniza su propio Show televisivo (que le vale una nueva nominación a los Globos de Oro). Pero los siguientes años los pasará haciendo teatro fundamentalmente, además de alguna breve aparición televisiva (un cameo en “Las chicas de oro”, por ejemplo). Mientras, en 1984 se casa por tercera y última vez con Richard Hamlett, de quien se divorciará en 1996.

En los años 90 regresa al cine. Tras un breve cameo en “El guardaespaldas”, aparece en 1993 en “El cielo y la tierra”, la última película de la trilogía sobre la Guerra de Vietnam de Oliver Stone. Su gran éxito, aún así, será en 1996 con “Las manías de mamá”, de Albert Brooks, en la que interpreta a la madre del propio director, que le valdrá la 5ª y última nominación a los Globos de Oro (que no ganará nunca):

Como defensora de los derechos LGTB, Debbie Reynolds apareció en 1997 en “In & Out” interpretando a la madre del personaje “gay” que interpreta Kevin Kline:

En la misma línea, aparecerá como personaje recurrente en la serie “Will & Grace” entre 1999 y 2006 como la madre de Grace:

En 2001 protagonizará el telefilm “Esas chicas fabulosas” junto a Elizabeth Taylor, Shirley McLaine y Joan Collins, con guión de su hija, Carrie Fisher:

Siguió trabajando hasta el último momento, siendo su última interpretación relevante en “Behind the candelabra” de Steven Soderbergh, en 2013, como la madre del pianista gay Liberace, que interpreta Michael Douglas:

Finalmente, en 2015 le fue concedido a título honorífico un Oscar Humanitario Jean Hersholt:

El año anterior, 2014, había recibido otro premio honorífico, el Screen Actors Guild, que le entregó su propia hija, Carrie Fisher:

Finalmente su hija Carrie Fisher sufrió un infarto el pasado 23 de diciembre del que no se repuso y murió el día 27. Mientras preparaban el funeral, Debbie Reynolds sufrió un infarto cerebral y murió el 28 de diciembre a los 84 años. No pudo separarse de su hija, al parecer. Así que no se me ocurre mejor forma de recordar a ambas que viéndolas cantar juntas:

 



In Memoriam: Carrie Fisher (27-12-2016)


El fenómeno fan que afecta a no pocas sagas cinematográficas convierte en mitos a actores y actrices que en demasiadas ocasiones han hecho poco más que participar en esas sagas (y casos hay tantos y tantos…), pero que sólo por eso ya consiguen hacerse un huequito en los corazones de esos fans. Pues bien, desde ayer, los (muchísimos) fans de Star Wars estamos de luto: hemos perdido a nuestra querida princesa Leia Organa, la actriz Carrie Fisher.




En sus 60 años de vida, no ha sido su carrera muy extensa, y desde luego con pocas películas remarcables. Pero las que lo son son suficientes para que tengamos que escribir un post es su memoria.

Carrie Frances Fisher nació en Beverly Hills el 21 de octubre de 1956. Su madre era la célebre actriz Debbie Reynolds (famosa protagonista femenina de “Cantando bajo la lluvia”, que fallecerá al día siguiente que su hija) y su padre el cantante y actor ocasional Eddie Fisher. Sus padres se habían casado el año anterior, y en 1958 tendrían un segundo hijo, Todd. Pero sus padres se divorciaron en 1959: el mejor amigo de Eddie, Mike Todd, había muerto en 1958 en un accidente aéreo, y de tanto “consolar” a su viuda, una tal Elizabeth Taylor, pues pasó lo que pasó. Divorcio a la vista. Los niños quedaron al cuidado de la madre, que en 1960 se casa con el magnate del calzado Harry Karl, quien gasta la fortuna de la actriz a causa de su ludopatía.

Desde niña, Carrie Fisher demuestra su afición por la lectura y la escritura, mientras que su faceta interpretativa es algo más tardía, debutando sobre los escenarios con 15 años, acompañando por lo general a su madre. Su debut cinematográfico llegará en 1975, en “Shampoo” de Hal Ashby, donde interpreta un personaje un tanto “lolitesco” que vuelve loco al ligón de Warren Beatty:

Dos años después, en 1977, se estrenará su siguiente película:

Y así es como se entra en la historia (no sólo Carrie Fisher, también Mark Hamill y Harrison Ford). Nada de princesitas que necesitan un príncipe azul que las proteja, no; una mujer con carácter, capaz de defenderse por si misma.

Conseguir hacerse con el papel de la princesa Leia Organa no fue fácil para Carrie Fisher: la competencia por hacerse con el papel era grande, y la condición que se le pudo para llevarse el papel fue adelgazar. Ahora se nos hace difícil imaginarnos Star Wars sin ella.

Durante el rodaje mantuvo un breve romance con Harrison Ford, pero en 1977 comenzará una relación más estable con el cantante Paul Simon (el de Simon & Garfunkel). Aquejada de trastorno bipolar, Carrie Fisher termina haciéndose adicta a diversos medicamentos, pero lo peor será su adicción a la cocaína durante los siguientes años. Bajo esta adicción rodará la segunda parte de Star Wars, “El Imperio contraataca”, que se estrena en 1980:

En 1980 estrena también “Granujas a todo ritmo”:

Durante el rodaje, su compañero de reparto, John Belushi, le diría que tenía serios problemas con la cocaína, según confesó ella misma. Curiosamente, será Belushi el que muera por una sobredosis dos años después.

También durante el rodaje mantiene un romance con su compañero de reparto Dan Aykroyd,aunque no tardó en volver con Paul Simon, con quien se casará en 1983 (y se divorciará al año siguiente), apareciendo en un videoclip de él ese mismo 1983.

En 1983 se estrena también la última entrega de la trilogía de Star Wars, “El retorno del Jedi”:

Mientras sigue haciendo teatro, su carrera cinematográfica es poco menos que lamentable. En los años 80 habría que destacar dos películas en las que intervino. En 1986 aparece en “Hannah y sus hermanas”, de Woody Allen:

Y en 1989 aparecerá en “Cuando Harry encontró a Sally”:

Pero su carrera dará un giro. En 1987 había publicado su novela semi-autobriográfica “Postales desde el filo”, que Mike Nichols lleva al cine en 1990 con Meryl Streep y Shirley McLaine, con guión de la propia Carrie Fisher, que será nominada al BAFTA de mejor Guión Adaptado:

Por estas fechas, Carrie Fisher mantiene una relación con el germán Bryan Lourd, con quien nunca llegará a casarse, pero con quien tiene a su única hija, Billy Catherine Lourd, en 1992. La pareja se rompió cuando él inició una relación con un hombre.

Si su carrera cinematográfica en los 90 es realmente lamentable (siendo lo más destacable su cameo en “Austin Powers: Misterioso agente internacional), continúa con más éxito su carrera como escritora, tanto de novelas como de guiones, aunque más como colaboradora que como escritora en estos casos. Su guión más importante será el del telefilm “These old broads”, de 2001, que protagonizan su madre Debbie Reynolds, Elizabeth Taylor, Shirley McLaine y Joan Collins.

Como actriz mejor le va haciendo cameos en películas como “Jay y Bob el silencioso contraatacan” en 2001:

Tras escribir obras autobiográficas, parecía que su éxito cinematográfico podría renacer con la nueva trilogía de Star Wars, y así la vimos en 2015 en el episodio 7, “El despertar de la fuerza”:

¡Cuántos nostálgicos nos emocionamos al volver a ver a Leia, dejando al nivel del polvo a los nuevos intérpretes de la saga! Era un nuevo renacer, que sigue con el episodio 8, que se estrenará a finales del años próximo. Pero Carrie Fisher no estará para verlo. Tras sufrir un infarto el pasado 23 de diciembre, no pudo recuperarse y nos dejaba cuatro días después, el 27 de diciembre, con sólo 60 años.

A la espera de ver su último trabajo, y con la incógnita de qué le sucederá a su personaje, nos toca despedirnos de Leia, de Carrie Fisher, con esa frase que cualquier fan de Star Wars está repitiendo constantemente estos días: Que la fuerza te acompañe.



Mi vida con Star Wars


Hoy es imposible no hablar de Star Wars. Y es que el mundo está dividido en dos grupos casi irreconciliables: los raros y los frikis. Los frikis de Star Wars y los raros a los que no les gusta la saga cinematográfica. Yo soy friki (sólo faltaría). El problema es que el grupo de los frikis está también dividido en dos subgrupos también prácticamente irreconciliables: los fieles a la trilogía original y los amantes de la trilogía precuela… y ahí ya me cuesta más decantarme…




Y es que cuando se estrenó la tercera entrega (actual episodio VI, El retorno del Jedi), allá por 1983, faltaban dos años para que yo naciera. Y sí, claro que en mi infancia vi la trilogía original, pero lo cierto es que no tengo ningún recuerdo claro (quitando aquello típico del simulador de Disneyland Paris que reproduce el ataque a la estrella de la muerte del final de la primera entrega). Pero sí recuerdo haber ido al cine al estreno de “Star Wars episodio I: la amenaza fantasma”, esa película odiada por los fans de la original. Tenía 14 años, conocía poco la saga original y mis conocimientos cinematográficos eran poco menos que nulos. Si alguien espera que me molesten los midiclorianos, se equivoca. Y por aquella época mí me gustaban las comedias estúpidas y escatológicas, de las que el rey era Jim Carrey. Vamos, que entre mis pelis favoritas estarían Dos tontos muy tontos o Ace Ventura:Operación África (Ay, cuánto tenemos que avergonzarnos a veces de nuestra infancia…). Así que comprenderéis que a alguien acostumbrado a ver a Carrey hablando con el culo no le iba a molestar el tal Jar-Jar, y mucho menos el gran jefe Nass…

Vamos, que la película me encantó. Poco importa que apenas supiera quién era Liam Neeson, y que seguramente fuera la primera vez que veía a Natalie Portman y a quien poco después se convertiría en uno de mis actores favoritos, Ewan McGregor (dos años después estrenaría una película mítica para mi generación, “Moulin Rouge”, y ya no he vuelto a perderle la pista desde entonces). Poco importaba que salieran Samuel L. Jackson o Terence Stamp: lo que importaba era que era una película con ritmo, con acción, divertida… ya he dicho que yo entonces tenía 14 años: no iba mucho al cine,  aunque en casa había visto bastante cine; en el fondo yo todavía tiraba bastante a lo que entonces llamábamos (de forma un tanto despectiva) pelis de dibujos (ahora las llamamos “de animación” para darle ese toque más serio y adulto, pero con 14 años te las quieres dar de guay diciendo que no ves esas cosas de niños porque ya eres mayor… y esas mamarrachadas no han cambiado con el paso del tiempo, me temo).

Así que nadie se extrañará de que fuera a los estrenos de los episodios II y III. Y ya adelanto que soy fan INCONDICIONAL del episodio II. Me encantó desde el principio. Creo que ya se nota de sobra que yo soy de la generación de YEDAI y de ESPADA láser (nada de YEDI ni SABLE laser… claro que poco importa cuando yo en casa veo las películas en versión original subtitulada, y esto son cosas del doblaje). Pero es que ese episodio II es… esas ambientaciones preciosistas (la Plaza España de Sevilla, el Lago Maggiore,,,), un villano con más carisma imposible (ese Dooku de Christopher Lee… inmejorable, desde luego), grandes interpretaciones del resto del reparto (pobre Hayden Christensen… a mí no me parece un mal actor, y su Anakin me encanta… igual medio mundo me odia por decir esto, pero es lo que hay…) y, por encima de todo, esa lucha final entre Dooku y un Yoda saltimbanqui que nos dejó a todos ojipláticos (y pensando en a ver qué harían en el episodio III para superar eso…). Sin ninguna duda es mi favorita de la segunda trilogía, y la situaría a nivel de la primera.

Con el episodio III las cosas cambiaron. No es que la peli estuviera mal, es que pasaba lo que tenía que pasar… y todavía me recuerdo en el cine intentando contener las lágrimas mientras las tropas de asalto masacran a todos los Jedis (¡que soy republicano!). Creo que no he sido capaz de volver a ver la peli completa desde que la vi en el cine. Pero no es problema  de la peli, sino mío.

Después de esto es normal que haya visto no pocas veces la trilogía original. Y claro, ya he dicho en no pocas ocasiones que a mí en el cine lo que menos me importa son los efectos especiales… los jóvenes que se han criado con la trilogía nueva no soportan los efectos viejunos de la trilogía original… ¡y a mí que más me da! Protagonizada por 3 actores casi desconocidos (Harrison Ford había tenido un breve papel en otra película de George Lucas, “American Graffiti”) que resultaron muy acertados (igual seré de los pocos fans del Luke de Mark Hamill, pero es que me encanta), sumados a actores más que consagrados (ese enorme Alec Guiness como el viejo Ben, o el gran Peter Cushing como un villano a la altura de Christopher Lee) y una película rompedora para la época (por cierto, aquí el doblaje en español tiene su gracia, que tener a Constantino Romero como Darth Vader es siempre un lujazo).

A diferencia de muchos, quizá el episodio V, “El imperio contraataca” sea de los 3 el que menos me gusta. Quizá porque no termina, porque tenemos que ver el episodio VI para rematarlo. Aún así, la aparición de Yoda, con sus míticas frases (“Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”) le aportaba una gracia nueva. Pero bueno, mi película favorita es la VI… quizá sea culpa de los Ewoks…

Conclusión, ¿me gusta la trilogía nueva? Sí. ¿Más que la antigua? Globalmente, no. Pero me da igual, yo le doy a todo.

Y así llegamos al episodio VII. Vamos a intentar no hacer spoilers…

Íbamos al cine sin saber prácticamente con qué nos íbamos a encontrar… sabíamos que aparecían Harrison Ford, Mark Hamill y Carrie Fisher. Y son las viejas glorias las que salvan la película precisamente (incluyendo a un John Williams al que ya echamos de menos en Jurassic World y en El puente de los espías… está mayor, pero sigue siendo, tras Max Steiner, mi compositor de bandas sonoras favorito, y tanto los temas nuevos como las reorquestaciones de los temas antiguos son maravillosas… por cierto, el uso de leitmotivs en toda la saga daría para un post propio, y de los largos…). Como ya hicieron en las dos trilogías precedentes, han apostado por rostros poco conocidos como protagonistas… y a diferencia de los casos anteriores, esta vez han fracasado. Con medio Hollywood deseando aparecer en la saga, resulta difícil explicarse cómo no han encontrado mejores actores. Adam Driver es un villano carente de carisma, a parte de feo con ganas (ya sabemos que no lo han cogido por su cara bonita, desde luego); para villanos está mucho mejor Domhnall Gleeson, que parece que puede haber heredado por lo menos parte del talento de su padre Brendan. Y la pareja de Daisy Ridley y John Boyega son eclipsados (sobre todo él, un personaje infumable y una interpretación pésima) por un Harrison Ford que no sabes si es Han Solo o Indiana Jones, pero da igual, porque llena la pantalla.

En general veo un error de planteamiento. SE oye por ahí que la trilogía-precuela que hizo George Lucas siguiendo su idea original no satisfizo a los fans, hartos de midiclorianos y chorradas, y se ha querido ahora contentar a los fans recuperando la estética de la trilogía original. Y la recupera tanto que hay demasiadas escenas que son casi un calco de las anteriores. Y otras escenas con desenlace predecible que se alargan eternamente (me refiero sobre todo a la escena entre Han Solo y Kylo Ren… y no puedo contar más). No creo que sea culpa de J. J. Abrams (aunque hay también una escena que recuerda demasiado a Star Treck…), como de la Disney, que comete un importante error. Y es que Disney es al cine lo que fue Risto Mejide a la música en OT o lo que es Florentino Pérez al fútbol: sólo ven dinero. Sólo piensan en lo que les va a generar ganancias, al margen de la calidad. Y claro, las ganancias se generan contentando al público… pero esto tiene dos peligros importantes: primero, el público se equivoca muy a menudo (basta con ver cuáles son las películas más taquilleras cada año y cuánta gente ve las películas realmente buenas). Y el segundo es que aún intentando complacer al público se pueden equivocar… y yo creo que se han equivocado. Ya veremos lo que pasa en los próximos episodios (que espero con ganas), pero ayer salí del cine un poco en plan: me ha entretenido, pero me ha faltado algo… pues tendremos que esperar (un par de añitos) para ver si en el próximo episodio compensan eso que me faltaba en este.

Que la fuerza os acompañe.